domingo, 22 de febrero de 2026

El «comichariado»

La Gaceta de la Iberosfera, 22  de diciembre de 2025.

https://gaceta.es/opinion/el-comichariado-20251222-0008/ 

El «comichariado»

De un tiempo a esta parte, al menos desde 2011, fecha del primer registro documentado en esa convulsa ágora llamada Forocoches, el vocablo «charo» ha servido para designar a mujeres feministas de izquierda —no se precisa si comunistas, socialistas o anarquistas—- marcadas por un sectarismo crispado, vocinglero, las más de las veces. Existe, incluso, un fenotipo ¿charico?, carne de meme, con su imprescindible cabellera rizada y violeta, gafas de pasta y fular militante, últimamente palestino, abrazando el cuello de mujeres de la edad de aquella Señora a la que cantara Serrat en pleno éxtasis hormonal. Contrafigura del machirulo, la charo consume sus días combatiendo al heteropatriarcado, representado por los rostros pálidos de hombres heterosexuales, mientras, a despecho de sus lentes, se muestra miope ante la discriminación que sufren las mujeres coranizadas. El velo, dicen, es una opción libremente aceptada. Pelillos violáceos a la mar.

Empoderada, la charo, sin embargo, se siente molesta por recibir semejante apelativo. «Charo» suena demasiado vulgar para quien combate tan potentes estructuras. «Charo» es un diminutivo cariñoso de Rosario, nombre tradicional de la mariana y católica España. Nombre también de Rosario Sánchez Mora, la dinamitera a la que cantó Miguel Hernández. Por estas y otras razones, aquellas que en 2020 decían que el machismo mataba más que el coronavirus pretenden censurar la palabreja. Con este fin, el Ministerio de Igualdad, desde su Observatorio de la imagen de las mujeres, hizo público recientemente un informe titulado, Análisis del discurso misógino en redes: una aproximación al uso del término «Charo» en la cultura del odio. En sus 19 páginas, el texto aborda el drama que sufre la «charía», siempre expuesta a «agresiones verbales [que] actúan como pequeños discursos virales —que caben en un mensaje corto— hasta convertirse en etiquetas genéricas que funcionan como mecanismos de desacreditación del feminismo, contribuyendo a frenar los avances en materia de igualdad y derechos humanos». «Charo», dicen los autores del informe, se usa con impunidad, con ligereza, «sin que el agresor (sic) asuma las consecuencias que implicarían otros calificativos más explícitos».

Urge, por lo tanto, tomar medidas contra esta nueva maniobra de la «extrema derecha», pues en ese ámbito, en el de la manosfera, en el de la «masculinidad hegemónica», se concentran los usuarios del neologismo. «Charo», en definitiva, es palabra cara para los miembros de la «subcultura misógina», que no son feministas… porque no son socialistas. La situación es tan grave. Una victoria machirula por charificación podría «privar a las generaciones más jóvenes de referentes». Las consecuencias, sentencian, podrían ser «de amplio alcance».

Afortunadamente, España cuenta con un Gobierno capaz de hacer frente a este apocalipsis semántico. El Gobierno de la Ley del «sólo sí es sí» dispone nada menos que de Ana Redondo, ministra de Igualdad. Capaz de afirmar que la mujer dispone de «una presunción de veracidad», la Redondo ya ha manifestado su intención de erradicar el término. A tan necesaria censura se añade el proyecto de institucionalización de la figura del «agente de igualdad». Adscritos a lo que el ingenio popular acaso acabe por llamar el comichariado, los nuevos agentes —¿acaso agentas denominadas comicharos?— bien podrían comenzar su tarea en la calle Ferraz.

 

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