La Gaceta de la Iberosfera, 8 de diciembre de 2025.
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La pax etarra
Durante la ceremonia de entrega de los Premios Goya del año pasado, muchos, en mi caso gracias a las redes, pues soy, por decirlo elegantemente, refractario a ver estas ceremonias, descubrimos a Inés Hernand. Erguida sobre la alfombra roja, la Hernand se derritió cuando tuvo ante sí a Pedro Sánchez. A la pregunta «¿Cuál es la última película que ha visto?», el antaño valedor de Cerdán, Ábalos, Koldo y Salazar respondió con una dosis de cálculo directamente proporcional a la de las subvenciones que otorga al gremio: «Muchas, no te puedo decir una». Insatisfecha con la respuesta, la reportera, lanzada al tuteo, inquirió: «¿Te ha gustado La sociedad de la nieve?». El presidente del Gobierno le contestó: «No me ha gustado, me ha encantado». Hernand cerró el encuentro con un: «Eres un icono, presi, ¡te queremos!». Mientras la espigada figura presidencial abandonaba el plano, Hernand, cual tifosi, gritó puño en alto: «¡Uh! ¡Toma! Para RTVE Play».
Un año después —Moncloa sí paga a aduladores— la Hernand ha vuelto a la que Rosa María Mateos calificó como Televisión Espantosa. Por motivos que se me escapan, intervino en una charla, imagino que motivacional, aunque, de hecho fue doctrinal, en Operación Triunfo. Ante los triunfitos, doña Inés se pronunció respecto a la banda terrorista ETA y sobre su entorno. Tras afirmar que hay mucha tergiversación, sentenció: «la izquierda abertzale vasca era pacifista».
Como es lógico, sus palabras han desatado una catarata de críticas, pero también de adhesiones por parte de aquellos que quieren echar un manto de olvido sobre la actividad criminal de los terroristas supremacistas vascos y de los que, tratando de borrar su pecado original maketo, también dieron tiros en la nuca de españoles, pusieron bombas-lapa, extorsionaron bajo la fórmula del «impuesto revolucionario» o fueron chivatos al servicio de los del hacha y la serpiente. De tan amplio colectivo nada dijo la Hernand, tampoco los jóvenes concursantes, acaso por ignorancia, acaso porque no conviene nombrar la soga en casa del ahorcado.
Con EHBildu como socio prioritario del PSOE, alianza que según el periodista Jorge Calabrés cristalizó en 2018 durante una reunión entre el «icono» y el, según Zapatero, «hombre de paz», es decir, Otegui, no es conveniente, si se quiere medrar dentro del sistema, criticar a los gestores de la pax etarra. Aunque Hernand es consciente de ello, sin embargo, días después de describir a aquel mundo como una suerte de espejo de anabaptistas, la comunicadora ha intentado matizar… empleando una fórmula muy usada por ese entorno: la condena de «todo tipo de violencia». O lo que es lo mismo, anegando la especie, en este caso el terrorismo etarra, en el amplio género de la violencia.
Aunque sintomáticas, las palabras de la inconófila Hernand, no sorprenden en absoluto. Lo que representa EHBildu es una parte constitutiva del actual régimen que en su realización configurará una España, o lo que quede de ella, caracterizada por las desigualdades y los privilegios, muchos de ellos, como es el caso del vasco, cimentados en sangre de españoles. Por lo que respecta a ETA más de 850 compatriotas pagaron con su vida ser un obstáculo para la consecución de unos planes que ahora se canalizan sin el engorroso trámite de las capuchas y las pistolas. Es sobre alfombras tan confortables como aquella en la que se produjo el encuentro Hernand-Sánchez, donde hoy se avanza, revestida de prestigioso progresismo, en lo que se denomina «construcción nacional», proceso hecho a costa de la destrucción nacional de la que es responsable el bipartidismo, y que tiene a los españoles como paganos.
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