domingo, 22 de febrero de 2026

El Fraga de al-Andalus

La Gaceta de la Iberosfera, 3 de noviembre de 2025.

https://gaceta.es/opinion/el-fraga-de-al-andalus-20251103-0018/ 

El Fraga de al-Andalus

En Almería, capital de la provincia que dijo no en el referéndum autonómico de 1980, Juan Manuel Moreno Bonilla, presentó recientemente la Cátedra de la Historia del Andalucismo, fruto del acuerdo entre el ayuntamiento de la ciudad, su universidad y la Fundación Alejandro Rojas-Marcos. El contexto del anuncio fueron las jornadas dedicadas al LX aniversario de la Segunda Generación Andalucista, en el que se presentó el fondo Archivo Histórico del Partido Andalucista 1965-2015 de la Universidad de Almería.

¿Andalucismo en 1965? La respuesta es afirmativa. Fue en pleno franquismo cuando, en busca de una alternativa no comunista para España, se fomentó este movimiento político cuyo origen conduce a las fantasías de Blas Infante, figura venerada por Moreno Bonilla, a quien la maldad popular ha rebautizado como Moruno Bonilla, cambio de apellido que le aproxima al muladí cuyo busto, siempre acompañado por flores no voxeras, se alza en la puerta del salón de plenos del Parlamento de Andalucía, antaño Hospital de las Cinco Llagas.

Uno de los encargados de explorar las vetas regionalistas fue el camisa vieja Dionisio Ridruejo, que en 1964, inmerso ya en ambientes atlantistas fomentados por la CIA, durante un contubernio celebrado en la Ametlla del Vallés, lanzó la idea de crear «una especie de Instituto para el estudio del pluralismo español». El resultado fue el diseño de una Asociación de Culturas Peninsulares que debería tener centros en Madrid, Castilla-León (con Extremadura), Vascongadas, Asturias, Cataluña, Mallorca, Valencia, Galicia, Andalucía y Canarias. Por lo tanto, el arco temporal descrito por Rojas-Marcos tiene sentido con el añadido de ese antifranquismo que se exige a toda iniciativa desplegada desde el poder en la actual democracia coronada… fruto de la transformación del régimen anterior, tal y como ha recordado recientemente Juan Carlos I en el anticipo de unas memorias que tendrán mucho de olvido.

La nueva cátedra impulsada por Moreno Bonilla no tiene nada de novedoso, pues el malagueño es quien más ha impulsado el andalucismo desde los días de la Transición. Bajo su mandato, abierto en su día gracias al apoyo de VOX, a un constante blasinfantismo se ha unido la instauración del Día de la Bandera Andaluza, enseña ahistórica que siempre le acompaña. En ocasiones, como en el viaje que hizo a Alemania en enero de este año, la verdiblanca fue la única que presidió su reunión con el ministro-presidente del estado federado de Baden-Württemberg. 

Todo ello ha convertido a Moreno Bonilla en el campeón del andalucismo, en una suerte de Fraga de Andalucía, a menudo identificada con un idílico e irreal al-Andalus. En esta escalada, Rojas-Marcos es su principal escudero. Con él firmó en diciembre un acuerdo para impulsar el «habla andaluza», anticipo de la nueva tajada que se ha presentado en Almería, tierra que hay que andalucizar más, del mismo modo que en las Vascongadas se hace en la castellanizante Álava. Que no por conocidos, los trucos del autonomismo pierden su operatividad.

Moreno Bonilla transita por la senda de Fraga, por esa que recorrió Feijoo hasta convertirse en cabeza de un PP que, siempre que ha podido, ha hecho el trabajo sucio de los regionalistas o secesionistas, el fomento del hecho diferencial que, en el caso del andalucismo, plantea la duda —doctores habilitará la Junta— de si se decanta por el ceceo o por el seseo.

 

 

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