domingo, 22 de febrero de 2026

Pendones de España

La Gaceta de la Iberosfera, 29 de diciembre de 2025.

https://gaceta.es/opinion/pendones-de-espana-20251229-0005/ 

Pendones de España

En 1912 se publicó en Cádiz la obra, «Preservativo contra la Irreligión, o los planes de la Filosofía contra la Religión y el Estado, realizados por la Francia para subyugar la Europa, seguidos por Napoleón en la conquista de España, y dados a luz por algunos de nuestros sabios en perjuicio de nuestra patria«, salida de la pluma del fraile capuchino Rafael de Vélez, cuyo nombre en el siglo era Manuel José Anguita Téllez. En el libro se afirmaba que todo hombre tiene la obligación de defender «su verdadera religión y su patria» y se alertaba de los planes de una «falsa filosofía» para destruir el cristianismo. La filosofía, en cursiva, era la emanada de la Ilustración, que había conducido a la decapitación del rey de Francia y a la divinización, decía el religioso, de la razón. La eliminación del monarca, realizada bajo la égida de Marianne, figura femenina inspirada en el jesuita Juan de Mariana y su teoría del regicidio, cortocircuitó el derecho divino que acompañaba a su corona. El miedo a que esas ideas penetrara en España determinó obras como la de Vélez, pero también otras como el Centinela contra franceses de Antonio de Campmany.

Dos siglos después, no hay alerta alguna ante los planes de la filosofía. Entre otras cosas, porque no hay ni ha habido nunca una única filosofía, del mismo modo que, por mucha propaganda gubernamental que se acumule, no existe una única ciencia. El influjo de la Ilustración sigue siendo, sin embargo, muy potente. De hecho, el sanchismo cultiva esa división entre luces —la ciencia— y sombras —la religión, pero sólo la católica— negando cualquier racionalidad a estas.

Las fechas navideñas son un fiel exponente de los complejos que condicionan la conducta del sanchista promedio. De hecho, en su discurso, el 1, que no tiene problema alguno en pronunciar la palabra «ramadán», omitió cuidadosamente el vocablo «Navidad», sustituido por unas neutras «fiestas» que si hace décadas se identificaban con la el nacimiento de Jesús de Nazaret, que no de Palestina, hoy esa conexión no es nada evidente. Este año, el siempre meritorio Bolaños ha superado a su jefe al lanzar un mensaje a la «comunidad cristiana», como si tal comunidad fuera una minoría, un colectivo marginal. Sobre la alternativa felicitaria que conmemora al Sol invicto, prefiero no comentar nada.

Dos siglos después de la publicación del Preservativo, las amenazas contra la nación española son otras. Entre ellas destaca la islamización. Los hombres que profesan la fe de Mahoma superan el 5% de la población española y su proyección augura un potente crecimiento. Los barrios islamizados son una realidad ajena a lo que fueron, pues el Islam también maneja una visión dualista, maniquea, de la realidad. Frente al Dar al-Islam -Casa del Islam-, se abre el Dar al-Harb: la Casa de la Guerra. Y es precisamente en ese contexto bélico plagado de incompatibilidades donde se forjó España. Al margen de la profundidad o ausencia de fe de los españoles, lo cierto es que la nación española se hizo frente al Islam. Por ello, determinadas celebraciones y tradiciones que desde el ámbito progre se perciben como casposas, debieran cobrar mayor importancia por su simbolismo. Algunas coinciden con las fiestas navideñas. El 26 de diciembre se celebra en Almería el Día del Pendón, que recuerda que en esa misma fecha, en 1489, los Reyes Católicos entraron a la ciudad. Días después, el 2 de enero, se hace lo propio en Granada. El acto central es el tremolar del pendón desde el balcón del Ayuntamiento, acto al que acuden, puntuales algunos elementos pertenecientes a la facción andalucista izquierdista, siempre dispuestos a exhibir sus complejos y su ignorancia. Bien haría el público que aspira a mantener su estilo de vida, en acudir a estas y otras conmemoraciones de hechos del pasado que han impedido que las españolas pisen la calle veladas.

 

 

El «comichariado»

La Gaceta de la Iberosfera, 22  de diciembre de 2025.

https://gaceta.es/opinion/el-comichariado-20251222-0008/ 

El «comichariado»

De un tiempo a esta parte, al menos desde 2011, fecha del primer registro documentado en esa convulsa ágora llamada Forocoches, el vocablo «charo» ha servido para designar a mujeres feministas de izquierda —no se precisa si comunistas, socialistas o anarquistas—- marcadas por un sectarismo crispado, vocinglero, las más de las veces. Existe, incluso, un fenotipo ¿charico?, carne de meme, con su imprescindible cabellera rizada y violeta, gafas de pasta y fular militante, últimamente palestino, abrazando el cuello de mujeres de la edad de aquella Señora a la que cantara Serrat en pleno éxtasis hormonal. Contrafigura del machirulo, la charo consume sus días combatiendo al heteropatriarcado, representado por los rostros pálidos de hombres heterosexuales, mientras, a despecho de sus lentes, se muestra miope ante la discriminación que sufren las mujeres coranizadas. El velo, dicen, es una opción libremente aceptada. Pelillos violáceos a la mar.

Empoderada, la charo, sin embargo, se siente molesta por recibir semejante apelativo. «Charo» suena demasiado vulgar para quien combate tan potentes estructuras. «Charo» es un diminutivo cariñoso de Rosario, nombre tradicional de la mariana y católica España. Nombre también de Rosario Sánchez Mora, la dinamitera a la que cantó Miguel Hernández. Por estas y otras razones, aquellas que en 2020 decían que el machismo mataba más que el coronavirus pretenden censurar la palabreja. Con este fin, el Ministerio de Igualdad, desde su Observatorio de la imagen de las mujeres, hizo público recientemente un informe titulado, Análisis del discurso misógino en redes: una aproximación al uso del término «Charo» en la cultura del odio. En sus 19 páginas, el texto aborda el drama que sufre la «charía», siempre expuesta a «agresiones verbales [que] actúan como pequeños discursos virales —que caben en un mensaje corto— hasta convertirse en etiquetas genéricas que funcionan como mecanismos de desacreditación del feminismo, contribuyendo a frenar los avances en materia de igualdad y derechos humanos». «Charo», dicen los autores del informe, se usa con impunidad, con ligereza, «sin que el agresor (sic) asuma las consecuencias que implicarían otros calificativos más explícitos».

Urge, por lo tanto, tomar medidas contra esta nueva maniobra de la «extrema derecha», pues en ese ámbito, en el de la manosfera, en el de la «masculinidad hegemónica», se concentran los usuarios del neologismo. «Charo», en definitiva, es palabra cara para los miembros de la «subcultura misógina», que no son feministas… porque no son socialistas. La situación es tan grave. Una victoria machirula por charificación podría «privar a las generaciones más jóvenes de referentes». Las consecuencias, sentencian, podrían ser «de amplio alcance».

Afortunadamente, España cuenta con un Gobierno capaz de hacer frente a este apocalipsis semántico. El Gobierno de la Ley del «sólo sí es sí» dispone nada menos que de Ana Redondo, ministra de Igualdad. Capaz de afirmar que la mujer dispone de «una presunción de veracidad», la Redondo ya ha manifestado su intención de erradicar el término. A tan necesaria censura se añade el proyecto de institucionalización de la figura del «agente de igualdad». Adscritos a lo que el ingenio popular acaso acabe por llamar el comichariado, los nuevos agentes —¿acaso agentas denominadas comicharos?— bien podrían comenzar su tarea en la calle Ferraz.

 

Quedan más balas en la recámara

La Gaceta de la Iberosfera, 15 de diciembre de 2025.

https://gaceta.es/opinion/quedan-mas-balas-en-la-recamara-20251215-0115/ 

Quedan más balas en la recámara

Hace más de medio año, la prensa no alineada con el sanchismo tuvo acceso a un audio en el que Leire Díez, vulgo «la fontanera de Ferraz», pedía información para dañar al teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Balas, jefe de la Unidad de Delincuencia Económica de la UCO y principal responsable de explorar parte, pues la totalidad parece inabarcable, de la corrupción que asedia o, por mejor decir, caracteriza al PSOE. En el tiempo que le dejaban sus trabajos de investigación que debieran culminar en la publicación de un libro, la «fontanera» trataba de atacar a Balas, pues el mando de la benemérita podía hacer aflorar datos comprometedores para Begoña Gómez y David Sánchez.

En su conversación con Alejandro Hamlyn, empresario dedicado al negocio de la compraventa de hidrocarburos, hoy huido de España, la fontanera, que considera a Balas parte de «la camorra de la Guardia Civil», dejó claro que quería destruir al incómodo mando de la Guardia Civil. Sin embargo, Balas, de quien la Díez llegó a decir que «si Balas está muerto, mejor», fue quien condujo a la ex socialista, que así la llaman los corifeos del sanchismo, a un calabozo del que salió el pasado sábado a cambio de algo que pronto sabremos. Imputada por cohecho y tráfico de influencias por el Juzgado de Instrucción nº 9 de Madrid, la de Portugalete se enfrenta a un futuro incierto que acaso la lleve a una prolongada estancia carcelaria. El tiempo de una futura condena bien podría aprovecharlo la Díez del mismo modo que lo hizo Antonio Escohotado durante su reclusión en la cárcel de Cuenca. Si don Antonio salió de prisión con el manuscrito de su Historia general de las drogas, escrito en el primer ordenador del que dispuso un interno en las instituciones penitenciaras españolas, doña Leire podría pisar de nuevo las calles con su anunciado libro sobre unas cloacas que parece conocer bien. Mientras el mercado editorial espera, el tiempo y las sentencias dirán.

Mientras todo eso ocurre o no, Grande-Marlaska, que en su día destituyó a Manuel Sánchez Corbi cuando estaba al frente de la UCO, intenta hacerse con su control, en lo que parece una vana ilusión, pues el Instituto Armado, agraviado por el trato dado a Pérez de los Cobos, resiste al embate sanchista. El método elegido para llevar a cabo esta maniobra es clásico: la patada hacia arriba. El coronel Rafael Yuste ya la ha recibido con su ascenso a general de brigada. Por su parte, Balas, que sigue vivo y bien vivo, y nada dispuesto a revelar la información que tanto preocupa en una Moncloa que, ahora sí, sufre de insomnio, pasará a ser coronel en la primavera de 2026, dejando vacante el puesto que ahora ocupa. 

Blindada por un prestigio ganado a pulso, la UCO no da muestras de doblegarse ante ataques mediáticos ni turbias maniobras. De hecho, el anuncio del ascenso de Yuste a general, lejos de suponer un parón en su trabajo, no ha impedido el registro llevado a cabo en la sede Correos en busca de pruebas que señalen a la catedrática Begoña Gómez.

A la espera del anuncio del sucesor de Yuste, otras figuras, como la del general de Policía Judicial, Alfonso López Malo, emergen sobre un colectivo difuso, casi indetectable, difícilmente controlable: el de los agentes que trabajan codo con codo con aquellos jueces que no están dispuestos a manchar sus togas con el polvo del camino. Afortunadamente, quedan más balas en la recámara.

 

La pax etarra

La Gaceta de la Iberosfera, 8 de diciembre de 2025.

https://gaceta.es/opinion/la-pax-etarra-20251208-0010/ 

La pax etarra

Durante la ceremonia de entrega de los Premios Goya del año pasado, muchos, en mi caso gracias a las redes, pues soy, por decirlo elegantemente, refractario a ver estas ceremonias, descubrimos a Inés Hernand. Erguida sobre la alfombra roja, la Hernand se derritió cuando tuvo ante sí a Pedro Sánchez. A la pregunta «¿Cuál es la última película que ha visto?», el antaño valedor de Cerdán, Ábalos, Koldo y Salazar respondió con una dosis de cálculo directamente proporcional a la de las subvenciones que otorga al gremio: «Muchas, no te puedo decir una». Insatisfecha con la respuesta, la reportera, lanzada al tuteo, inquirió: «¿Te ha gustado La sociedad de la nieve?». El presidente del Gobierno le contestó: «No me ha gustado, me ha encantado». Hernand cerró el encuentro con un: «Eres un icono, presi, ¡te queremos!». Mientras la espigada figura presidencial abandonaba el plano, Hernand, cual tifosi, gritó puño en alto: «¡Uh! ¡Toma! Para RTVE Play».

Un año después —Moncloa sí paga a aduladores— la Hernand ha vuelto a la que Rosa María Mateos calificó como Televisión Espantosa. Por motivos que se me escapan, intervino en una charla, imagino que motivacional, aunque, de hecho fue doctrinal, en Operación Triunfo. Ante los triunfitos, doña Inés se pronunció respecto a la banda terrorista ETA y sobre su entorno. Tras afirmar que hay mucha tergiversación, sentenció: «la izquierda abertzale vasca era pacifista». 

Como es lógico, sus palabras han desatado una catarata de críticas, pero también de adhesiones por parte de aquellos que quieren echar un manto de olvido sobre la actividad criminal de los terroristas supremacistas vascos y de los que, tratando de borrar su pecado original maketo, también dieron tiros en la nuca de españoles, pusieron bombas-lapa, extorsionaron bajo la fórmula del «impuesto revolucionario» o fueron chivatos al servicio de los del hacha y la serpiente. De tan amplio colectivo nada dijo la Hernand, tampoco los jóvenes concursantes, acaso por ignorancia, acaso porque no conviene nombrar la soga en casa del ahorcado. 

Con EHBildu como socio prioritario del PSOE, alianza que según el periodista Jorge Calabrés cristalizó en 2018 durante una reunión entre el «icono» y el, según Zapatero, «hombre de paz», es decir, Otegui, no es conveniente, si se quiere medrar dentro del sistema, criticar a los gestores de la pax etarra. Aunque Hernand es consciente de ello, sin embargo, días después de describir a aquel mundo como una suerte de espejo de anabaptistas, la comunicadora ha intentado matizar… empleando una fórmula muy usada por ese entorno: la condena de «todo tipo de violencia». O lo que es lo mismo, anegando la especie, en este caso el terrorismo etarra, en el amplio género de la violencia.

Aunque sintomáticas, las palabras de la inconófila Hernand, no sorprenden en absoluto. Lo que representa EHBildu es una parte constitutiva del actual régimen que en su realización configurará una España, o lo que quede de ella, caracterizada por las desigualdades y los privilegios, muchos de ellos, como es el caso del vasco, cimentados en sangre de españoles. Por lo que respecta a ETA más de 850 compatriotas pagaron con su vida ser un obstáculo para la consecución de unos planes que ahora se canalizan sin el engorroso trámite de las capuchas y las pistolas. Es sobre alfombras tan confortables como aquella en la que se produjo el encuentro Hernand-Sánchez, donde hoy se avanza, revestida de prestigioso progresismo, en lo que se denomina «construcción nacional», proceso hecho a costa de la destrucción nacional de la que es responsable el bipartidismo, y que tiene a los españoles como paganos. 

 

El caserío y la serpiente

La Gaceta de la Iberosfera, 1 de diciembre de 2025.

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El caserío y la serpiente

Según desveló el periodista Jorge Calabrés en un artículo publicado en el diario El Español el 24 de noviembre, Pedro Sánchez y Arnaldo Otegui se reunieron en secreto en un caserío entre el 24 y el 31 de mayo de 2018 después de que se conociera la sentencia de la Audiencia Nacional sobre la financiación ilegal del Partido Popular. El cónclave sirvió para pactar la moción de censura que desalojó a Mariano Rajoy de La Moncloa. Hecha pública la noticia, tanto desde La Moncloa como desde las Vascongadas llegaron los desmentidos.

En el caso de Sánchez, cuya relación con la verdad es tan traumática, se entiende la negativa. Al cabo, ETA acabó con la vida de algunos socialistas. El mentís, negado por Ábalos y Koldo, sonó a automatismo. De creer a Sánchez, lo publicado por Calabrés sería otra «inventada». Sin embargo, todos sabemos el resultado de la anterior: García Ortiz ha sido condenado. Por su parte, el periodista ha respondido desde esas redes que todavía se niegan a pasar por el aro sanchista: hasta la fecha las noticias que ha ido publicando, siempre negadas desde Ferraz, han resultado veraces.

Sea como fuere, se produjera o no la reunión con el que dentro de ETA era apodado El Gordo, con aquel a quien Zapatero ungió como «hombre de paz», no parece que el encuentro ocasione merma alguna en electorado socialista, cuya sangre lleva lustros helada, tal y como vaticinó la madre de Joseba Pagazaurtundúa hace dos décadas. EHBildu es el socio más fiable del actual Gobierno, los presos etarras van saliendo de la cárcel y la construcción nacional de Euskal Herria sigue su proceso. Al tiempo, el viejo PNV busca cómo salvar los muebles, sobre todo los sillones, ante el empuje generacional de los filoetarras, convenientemente revestidos de filtros ecológicos, de género y de multiculturalidad. La sustitución, empero, todavía no toca. Al PSE le siguen saliendo las cuentas con los recogenueces y evita así una alianza que todavía, aunque cada vez menos pues la cal ha sido sustituida por toneladas de antifranquismo retrospectivo, huele a sangre y a la pólvora de los 9 mm Parabellum.

Si el desmentido de Sánchez parece inevitable, el de Otegui resulta extraño. Una reunión testa a testa con el aspirante a presidente de la opresora España es un auténtico trofeo para los suyos. La cita sería la viva imagen de la bilateralidad. 

En el caso, y Calabrés asegura tener pruebas del encuentro desde hace un año, de que aquella reunión se produjera, cabe preguntarse las razones que empujan a Otegui a negarla. Y estas acaso tengan que ver con el auge de un nuevo terrorismo callejero que ha rebrotado en las Vascongadas, esta vez, sin necesidad de mayores matices, contra el fascismo. Desde la perspectiva de los nuevos cachorros, la reunión podría interpretarse como una cesión, como un pasteleo con un Estado, el español, esencialmente fascista. 

La última Vuelta a España constituyó un laboratorio para los antifascistas que se mueven entre la aldea y el globo. Esos que pudieran ver en Otegui a un colaboracionista. Los mismos que deben seguir agitando el árbol del que dependen los privilegios vascos consagrados por un régimen que, por decirlo al modo cervantino, no tuvo inconveniente en «criar la sierpe en el seno».

 

Sánchez, encarnación de la soberanía popular

La Gaceta de la Iberosfera, 24 de noviembre de 2025.

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Sánchez, encarnación de la soberanía popular

Con la publicación del fallo de la Sala Segunda del Tribunal Supremo aún caliente, el frente sanchista ha desplegado una feroz crítica hacia los jueces. Poco importa que algunos de los firmantes de la resolución, pues la sentencia todavía no se ha conocido, fueran los mismos que firmaron las condenas del caso Gurtel. Aquellos espejos de imparcialidad han quedado, definitivamente, empañados. La veda abierta contra los togados todavía no controlados en su totalidad por el que Rubalcaba llamara Gobierno Frankenstein, continúa. 

En la carrera por atacar a los jueces que no fallan como quisiera el Gobierno y sus socios, el llamado galgo de Paiporta se anticipó y sentenció que Álvaro García Ortiz era inocente «y más aún tras lo visto en el juicio». Antes, también, de conocerse la condena por un delito de revelación de secretos, Ione Belarra, siempre a rebufo de Pablo Iglesias, propuso, nada menos que en la sede de la soberanía nacional, que no popular, un plan para «reventar a la derecha». En plena carrera toguicida, el golpista Junqueras se volvió a rasgar las vestiduras ante la parcialidad política, lawfare en jerga cosmopaleta, de la justicia española, reminiscencia del franquismo, esa sustancia eterna. Por último, la meritoria Yolanda Díaz ha animado a tomar las calles frente a los «togados reaccionarios» que han condenado al fiscal general del Estado para reclamar, imagino, una justicia popular.

Siendo todo ello tan preocupante como previsible, creo necesario señalar la gravedad de unas manifestaciones de Pedro Sánchez. Durante la presentación de la serie Anatomía de un instante, proyectada en el Congreso de los Diputados con motivo del aniversario del 23F, el presidente dijo estar dispuesto «a defender la soberanía popular frente a aquellos que se creen con la prerrogativa de tutelarla». La sustitución del adjetivo «nacional» por «popular» no puede considerarse una cuestión semántica, pues Sánchez no da puntada sin hilo. No la ha dado, de hecho, durante su ya largo mandato, en el que ha puesto en circulación el término «cosoberanía», con el que ha tratado de contentar a sus socios al tiempo que se descargaba de responsabilidades.

El ex alumno del Real Centro Universitario María Cristina elude siempre que puede el término «nacional», insoportable para sus socios. Sin embargo, lo que mueve a Sánchez no es únicamente un cálculo de equilibrios parlamentarios. La apelación al pueblo, a los españoles de ahora, a los que viven, a los que votan, aporta una carga de actualismo muy oportuna para sus propósitos. La idea de soberanía que él maneja, y de la que, probablemente, se considere encarnación, coincide con el censo electoral. De hecho, aunque el PSOE suele jactarse de una larga trayectoria, el horizonte histórico del presidente no va más allá del zapaterato, todo un referente frente al viejo González.

La nación, y Sánchez lo sabe perfectamente, tiene hondas raíces. Tiene una conexión con el pasado, responsabilidad incómoda para el inquilino de la Moncloa. Del pretérito proceden ese poder que no parece dispuesto a emponzoñarse con el polvo que tanto gusta a Conde-Pumpido. Los jueces que no han sentenciado a favor del confesado objetivo con el que se trató de ganar «el relato», el del Gobierno, naturalmente, son un puñado de fachas. Urge poner remedio. Sin embargo, las contradicciones afloran de inmediato, pues Sánchez y sus socios no piensan en el mismo pueblo. La fórmula plurinacional, tan cara para el autodenominado «Gobierno de progreso», no puede admitir la existencia del pueblo español, pues es incompatible con los pueblos gallego, catalán y vasco. Para estos, el español es un carcelero que les niega el «derecho a decidir», paralizado, de momento, por esos individuos ataviados con vestidura talar.

 

¿Romper es romper?

La Gaceta de la Iberosfera, 17 de noviembre de 2025.

https://gaceta.es/opinion/romper-es-romper-20251117-0021/ 

¿Romper es romper?

Durante el pleno celebrado la semana pasada, Míriam Nogueras le dijo a Pedro Sánchez que es «un cínic i un hipòcrita». Los calificativos llegaron traducidos al oído del presidente a través de los pinganillos que se usan para dar satisfacción, una más, a los narcisistas que así lo han impuesto a cambio de dar un apoyo que ahora retiran al Uno. Hartos de dilaciones en la obtención de lo que arrancaron a Sánchez a cambio de llevarlo a La Moncloa, los supremacistas, por boca de la Nogueras —«romper es romper»—, ya le han advertido de que tumbarán todas aquellas leyes que impulse el autopublicitado «Gobierno de progreso».

La ruptura, sin embargo, tiene mucho de teatralización. Prueba de ello es que la semana pasada, los neoconvergentes impidieron la aprobación de una enmienda del PP a la ley de movilidad sostenible que buscaba suprimir la fecha de cierre de las centrales nucleares de Almaraz, Asco I y Cofrentes. Un regalo envenenado, pues está por ver el efecto que tendrá esta decisión que remite al viejo ¿Nuclear? No, gracias, de hace décadas, tendrá para el PSOE en Extremadura. La diputada ya lo advirtió: «Si algunos piensan que el que no haya prosperado una enmienda del PP es una victoria, más grande será la derrota». Todo parece indicar que el nuevo fracaso legislativo lo sufrirá Bolaños y que su revés impedirá que el Gobierno controle aún más el togariato.

El anuncio de Nogueras, al que ha seguido la petición de que Sánchez se someta a una moción de confianza o que, directamente, convoque elecciones, tiene muchas lecturas. A nivel estatal, a Junts le será muy complicado mantenerse en un no cerrado, pues la legión de asesores que arropan al hombre profundamente enamorado sabrán ofrecer tentadoras iniciativas que beneficiarán, acaso en exclusiva, a Cataluña. Y, en ese caso, Junts tendrá que aceptar pues, como todos los secesionistas que mantenemos con nuestros impuestos, el partido de Puigdemont está en la construcción nacional mientras los de Ferraz están en una cogobernanza que permita mantener la empresa a flote.

Tanto el PSOE como Junts aspiran a sobrevivir a la espera de que el viento demoscópico les sea más favorable. En el primero de los casos, los de Sánchez han puesto toda la carne, es decir, todas las chistorras, en hacer de RTVE una sesión continua de sanchismo por la que desfilan untados propagandistas. Unas dosis de antifranquismo retrospectivo mantienen prietas las filas más añejas mientras se espera la resolución favorable de los casos judiciales. La inocencia abonará la idea de que en España existe una asfixiante judicialización de la política. La condena, también.

En cuanto a Junts, son sus hijos los que ahora lo devoran, por lo que está obligado a mostrar firmeza ante el gobierno del Estado opresor. Alianza Catalana pisa fuerte en las encuestas. Orriols va con todo. La de Vich rescata las más rancias esencias del catalanismo que con tanta habilidad manejó Pujol ante las naderías estadistas apellidadas Suárez, Calvo Sotelo, González, Aznar, Zapatero y Rajoy. Todos ellos cedieron y cedieron, mientras el traficante de misales tejía una red para la que se reclutaron individuos coranizados insolubles en el agua bendita del catalanismo.

 

Pero España no era aún España

La Gaceta de la Iberosfera, 10 de noviembre de 2025.

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Pero España no era aún España

La 50.ª edición del premio Cervantes ha recaído en Gonzalo Celorio (México, 1948). El encargado de comunicar tan alta distinción, dotada con 125.000 euros, fue el ministro descolonizador, Ernest Urtasun, que encareció «la excepcional obra literaria y labor intelectual con la que ha contribuido de manera profunda y sostenida al enriquecimiento del idioma y de la cultura hispánica» del escritor mexicano. 

Según una regla no escrita, este año tocaba Hispanoamérica, Latinoamérica para el ministro negrolegendario. Por ello, la cuota tenía que mirar al Nuevo Mundo, lugar en el que la lengua de Cervantes se enriqueció notablemente, y en el que el canon de Nebrija fue una herramienta fundamental para la conservación y sistematización de las principales lenguas de los llamados «pueblos originarios». Pueblos primigenios cuya existencia, en muchos casos, se produjo a costa de la desaparición de otros no menos originarios, cuyas lenguas también fueron borradas en aquel mundo, que sólo pudo ser nuevo por la existencia de otro antiguo —¿poblado de otros pueblos originarios?— ágrafo.

La concesión del mayor premio de las letras hispanas a Celorio ha coincidido con las desafortunadas, por decirlo de forma suave, palabras pronunciadas por el ministro José Manuel Albares, en relación a la conquista llevada a cabo por los españoles hace más de medio milenio. Recordemos. Atildado, Albares, dijo que aquel proceso produjo «dolor e injusticia hacia los pueblos originarios», abriendo así —la puntita— la vía para llegar hasta donde Andrés Manuel primero, y Claudia Sheinbaum, después, quieren llegar: a la petición de perdón por parte de España. Hasta tal punto esto es así, que la Sheinbaum, en un perfecto español, manifestó que lo hecho por Albares, «es muy importante, es el primer paso», exigiendo nuevas zancadas, a saber de quién. En este contexto, el autor de Tres lindas cubanas ha manifestado, a propósito de la conquista: «fue violenta, pero España no era aún España».

Las palabras de Celorio parecen obedecer a un afán exculpatorio acaso condicionado por la gratitud hacia quien le ha concedido tan importante premio. La España premiadora no sería la España conquistadora y violenta. Sin embargo, galanterías aparte, Celorio yerra estrepitosamente, porque el 13 de agosto de 1521, fecha en la que cae Tenochtitlan tras un duro asedio en el que participaron numerosos pueblos aliados de los españoles, España existía desde hacía tiempo. De no ser así, ¿qué imaginativas mentes habrían bautizado como La Española al actual Santo Domingo? Y lo que es aún más asombroso viniendo de un mexicano: ¿ignora Celorio que su actual nación se construyó sobre las estructuras del virreinato de la Nueva España? 

El nombre, que remite a una España pretérita, anterior, ha sido atribuido a Juan de Grijalva, que llegó a esas costas en 1518. Nueva España aparece en el papel el 20 de agosto de 1520 gracias a la pluma del escribano Gerónimo de Alanís, en un documento que acompañó a una probanza promovida por Juan Ochoa de Elejalde en nombre de Hernán Cortés por el oro perdido en la salida de Tenochtitlan. El propio Cortés, de hecho, usó esa denominación en su Segunda Carta de Relación, escrita en Segura de la Frontera el 20 de octubre de 1520.

Claro que España existía, pero, lógicamente, lo hacía ajustada a las estructuras del Antiguo Régimen. La España peninsular era parte de un imperio en cuya vanguardia, frente a la amenaza otomana, estuvo Miguel de Cervantes Saavedra. Haciéndose eco de la leyenda de la quema de las naves, el Príncipe de los Ingenios dedicó a Hernán Cortés estas elogiosas palabras en El Quijote

¿Quién barrenó los navíos y dejó en seco y aislados los valerosos españoles guiados por el cortesísimo Cortés en el Nuevo Mundo?

Y estas otras en El licenciado Vidriera:

[…] merced al cielo y al gran Hernando Cortés, que conquistó la gran Méjico, para que la gran Venecia tuviese en alguna manera quien se le opusiese. Estas dos famosas ciudades se parecen en las calles, que son todas de agua: la de Europa, admiración del mundo antiguo; la de América, espanto del mundo nuevo.

 

El Fraga de al-Andalus

La Gaceta de la Iberosfera, 3 de noviembre de 2025.

https://gaceta.es/opinion/el-fraga-de-al-andalus-20251103-0018/ 

El Fraga de al-Andalus

En Almería, capital de la provincia que dijo no en el referéndum autonómico de 1980, Juan Manuel Moreno Bonilla, presentó recientemente la Cátedra de la Historia del Andalucismo, fruto del acuerdo entre el ayuntamiento de la ciudad, su universidad y la Fundación Alejandro Rojas-Marcos. El contexto del anuncio fueron las jornadas dedicadas al LX aniversario de la Segunda Generación Andalucista, en el que se presentó el fondo Archivo Histórico del Partido Andalucista 1965-2015 de la Universidad de Almería.

¿Andalucismo en 1965? La respuesta es afirmativa. Fue en pleno franquismo cuando, en busca de una alternativa no comunista para España, se fomentó este movimiento político cuyo origen conduce a las fantasías de Blas Infante, figura venerada por Moreno Bonilla, a quien la maldad popular ha rebautizado como Moruno Bonilla, cambio de apellido que le aproxima al muladí cuyo busto, siempre acompañado por flores no voxeras, se alza en la puerta del salón de plenos del Parlamento de Andalucía, antaño Hospital de las Cinco Llagas.

Uno de los encargados de explorar las vetas regionalistas fue el camisa vieja Dionisio Ridruejo, que en 1964, inmerso ya en ambientes atlantistas fomentados por la CIA, durante un contubernio celebrado en la Ametlla del Vallés, lanzó la idea de crear «una especie de Instituto para el estudio del pluralismo español». El resultado fue el diseño de una Asociación de Culturas Peninsulares que debería tener centros en Madrid, Castilla-León (con Extremadura), Vascongadas, Asturias, Cataluña, Mallorca, Valencia, Galicia, Andalucía y Canarias. Por lo tanto, el arco temporal descrito por Rojas-Marcos tiene sentido con el añadido de ese antifranquismo que se exige a toda iniciativa desplegada desde el poder en la actual democracia coronada… fruto de la transformación del régimen anterior, tal y como ha recordado recientemente Juan Carlos I en el anticipo de unas memorias que tendrán mucho de olvido.

La nueva cátedra impulsada por Moreno Bonilla no tiene nada de novedoso, pues el malagueño es quien más ha impulsado el andalucismo desde los días de la Transición. Bajo su mandato, abierto en su día gracias al apoyo de VOX, a un constante blasinfantismo se ha unido la instauración del Día de la Bandera Andaluza, enseña ahistórica que siempre le acompaña. En ocasiones, como en el viaje que hizo a Alemania en enero de este año, la verdiblanca fue la única que presidió su reunión con el ministro-presidente del estado federado de Baden-Württemberg. 

Todo ello ha convertido a Moreno Bonilla en el campeón del andalucismo, en una suerte de Fraga de Andalucía, a menudo identificada con un idílico e irreal al-Andalus. En esta escalada, Rojas-Marcos es su principal escudero. Con él firmó en diciembre un acuerdo para impulsar el «habla andaluza», anticipo de la nueva tajada que se ha presentado en Almería, tierra que hay que andalucizar más, del mismo modo que en las Vascongadas se hace en la castellanizante Álava. Que no por conocidos, los trucos del autonomismo pierden su operatividad.

Moreno Bonilla transita por la senda de Fraga, por esa que recorrió Feijoo hasta convertirse en cabeza de un PP que, siempre que ha podido, ha hecho el trabajo sucio de los regionalistas o secesionistas, el fomento del hecho diferencial que, en el caso del andalucismo, plantea la duda —doctores habilitará la Junta— de si se decanta por el ceceo o por el seseo.

 

 

sábado, 21 de febrero de 2026

Junts y la ruptura blanda

La Gaceta de la Iberosfera, 27 de octubre de 2025.

https://gaceta.es/opinion/junts-y-la-ruptura-blanda-20251027-0738/ 

Junts y la ruptura blanda

Después de terminar esta columna, he puesto un 3-1 en la porra familiar. Aunque el Madrid juega en casa, mi pronóstico tiene, como siempre, mucho de deseo. En unas horas sabré si he acertado. Unas horas después de que este escrito se publique, sabremos algo más del rumbo que va a tomar Junts. Las aguas de la política, permítaseme el tópico, siempre son procelosas, pero en el caso de las que surcan los neoconvergentes, su derrota va camino de algo parecido al Mar de los Sargazos. Puigdemont está atrapado en una situación kafkiana. Veamos.

Tras su huida al corazón de Europa en julio de 2023, la geometría d´Hont convirtió a sus siete escaños en llave de gobierno del Estado opresor. Consciente de ello, el de Amer buscó, ante todo, escapar de la acción de la justicia española. Sin embargo, a pesar de que Sánchez elaboró una ley de amnistía a la medida de los golpistas, algo que Josep Pagès le espetó -nosotros, Junts per Catalunya, somos los responsables de que la redacción de la amnistía sea la que es- a Cayetana Álvarez de Toledo en Comisión Constitucional del pasado 28 de febrero, Puigdemont sigue sin pisar Cataluña. Desde 2017, la única visita conocida a Cataluña fue aquella en la que los mozos de escuadra respetaron escrupulosamente los semáforos, permitiéndole volver a Europa. Con Cerdán en prisión, su actual visitante es Rodríguez Zapatero. Por lo que respecta a cuestiones ajenas a Su Golpidad, escasos avances. Las competencias de inmigración no han sido transferidas y el catalán sigue sin ser oficial en la Unión Europea, aunque su marginación en Cataluña la ejerce ahora Salvador Illa. La foto con Sánchez aún no se ha producido, aunque todo parece indicar que se hará, cuando toque. «¡Hala, ya tenéis el corte!», espetó Sánchez a sus dóciles periodistas la semana pasada.

En estas circunstancias, Junts se plantea la ruptura con el PSOE y sus socios. La decisión dependerá, la cosmética democrática así lo exige, del voto de la militancia, ente la cual se cuentan alcaldes que agarran con fuerza sus varas. Sin embargo, ¿qué significa romper? Votar por libre, tras fruncir mucho el ceño o aumentar la tensión mandibular de Miriam Nogueras es una vía ya explorada. La otra es mucho más arriesgada. Se llama moción de censura. Y dentro de esa senda, la medida podría conducir a la elección de una figura que inmediatamente convocara elecciones. Sin embargo, y sin descartar la remontada socialista, es decir, la posibilidad de que el PSOE alcanzara un número de escaños suficiente para entregar lo común a las sectas extractivas a cambio de mantenerse en La Moncloa, es muy posible que las urnas propiciaran un gobierno PP-VOX. En ese caso, Junts sería acusado de propiciar el regreso de la temida derecha, espantajo que agitaría Sánchez para aglutinar al izquierdismo estatal, al poder en España. 

El tiempo corre contra Puigdemont. Si hasta julio de 2023, el olvido, que como afirma el tango, todo destruye, era su mayor amenaza, hoy debe tomar una decisión apremiado por el ascenso de Alianza Catalana, marca emergente que ha recuperado las esencias hispanófobas del catalanismo. Con la estrella de David sobre su solapa, ajena a la deriva de la flotilla, Orriols es una firme alternativa al personalismo de Puigdemont, que tendrá que romper sin romper del todo. Como en el caso del Clásico, pronto lo sabremos.

 

Iglesias y las agallas

La Gaceta de la Iberosfera, 20 de octubre de 2025.

https://gaceta.es/opinion/iglesias-y-las-agallas-20251020-0100/ 

Iglesias y las agallas

En 2010, Rosa Díez fue escrachada. En aquel tiempo conocimos ese vocablo adscrito al lunfardo revolucionario. El acto de hostigamiento tuvo lugar en la Universidad Complutense que, desde hacía tiempo, era de todo menos universal, pues desde hace décadas, el entrismo llevado a cabo por facciones izquierdistas orilló a sus azulados predecesores. Tres lustros después, la semana pasada, la universidad catalana, controlada por secesionistas, ha vuelto a ofrecer su rostro más hispanófobo, representado por una pancarta en la que se pudo leer: «Fuera escoria castellana de la UAB». Una prueba más de la convivencia alcanzada por Sánchez tras darlo todo a las sectas que allí operan.

Regresemos por un momento al escrache complutense. Íñigo Errejón, su hermano Guillermo y Rita Maestre, que jugaba a revolucionaria desde el «sóviet de la Complu», jugaron un papel protagonista bajo la dirección de Pablo Manuel Iglesias. Las imágenes son reveladoras. Iglesias mueve sus peones y cuando la tensión sube, se mantiene inmóvil, haciendo gala de un activismo voyeur. Él es un coreógrafo, un ideólogo, alguien a quien no deben llegarle las salpicaduras del barro en el que se adentran sus correligionarios. Refugiado en su engolamiento Iglesias siempre eludió el cuerpo a cuerpo. Abandonó, incluso, Asturias —para él, Asturies— por unas pintadas roedoras en una carretera. Se blindó en su mansión ante una megafonía insoportable, pues, recordemos, él no puede decir España.

Retirado de la circulación política oficial, la tentación de salir de las sombras ha devuelto a Iglesias a una actualidad distinta a la tabernaria. Su regreso, que evoca aquel machirulo «VUELVE», se ha producido en la llamada Uni de Otoño Podemos, que nada de universal tiene. Durante su intervención, Iglesias se insinuó al PSOE: «aquí nos tenéis para reventar a los activos de la derecha y llegar donde sea necesario». 

Dañada tras su fallido asalto a los cielos, la formación morada trata de agarrarse a un nuevo «No a la guerra» que es un sí a Hamás y un no radical, aniquilador —«Desde el río hasta el mar»— a Israel, al que sólo falta atribuir una reedición de los Protocolos de los sabios de Sión. Iglesias no podía perderse esta ocasión. No podía dejar todo en manos de Montero y Belarra, esas que recientemente se derritieron en presencia de Otegui. ¿Acaso no se derritió antes Iglesias en aquella herriko taberna?

Tras victimizarse en presencia de sus tifosi, Iglesias pasó a la ofensiva, siempre desde la barrera. En este caso parapetado tras una mesa de debate titulada: «Poderes más allá de la democracia: cómo hacerles frente». Las «agallas» a las que apeló, deberán ponerlas otros, pues harto tiene ÉL con diseñar estrategias gramscianas contra jueces cultivadores del lawfare y periodistas a los que hay que amordazar. No por casualidad, Sarah Santaolalla, principal propagandista animal print del sanchismo, compartió mesa con Iglesias. Frente al Sumar «pagafantas», Iglesias pretende recuperar terreno ofreciendo esencias democráticas, es decir, sectarias, al PSOE, dueño de casi todos los resortes del Estado, generoso subvencionador de medios afines, hábitat del que Iglesias nunca salió.

Coincidiendo con las palabras de Iglesias Turrión, Pedro Sánchez homenajeó al primer Pablo Iglesias, al fundador del PSOE. En la red X, el yerno de Sabiniano escribió: «175 años después, su inspiración sigue presidiendo nuestro compromiso. Orgullosos de nuestra memoria». Todo un canto a quien demostró tener agallas suficientes como para decirle a Antonio Maura: «Hemos llegado al extremo de considerar que antes de que Su Señoría suba al poder debemos llegar hasta el atentado personal». Doce días después de hablar así en el Congreso de los Diputados, Maura sufrió un atentado.

 

12-O, Día de la Sanchidad

La Gaceta de la Iberosfera, 13 de octubre de 2025.

https://gaceta.es/opinion/12-o-dia-de-la-sanchidad-20251013-0000/ 

12-O, Día de la Sanchidad

Llegó un nuevo 12 de octubre y, como es tradición, no defraudó. No hubo sorpresas. Un año más, puntuales a su cita anual, las izquierdas españolas cumplieron con el trámite negrolegendario. Nada que celebrar, repitieron, con gesto grave. Irene Montero, siempre vocinglera, relacionó la fecha con el que calificó como «genocidio del pueblo palestino». El acuerdo de paz inducido por Trump escuece en el podemismo, cuya génesis universitaria siempre estuvo envuelta en kufiyas y otros fetiches. Como acompañamiento a los alaridos monterianos, Ione Belarra ahondó en la matraca. Belarra no soporta el desfile militar que, diche, expulsa a la «gente de izquierdas» de este país al que no nombra y a las «nacionalidades históricas», cuyos nombres da por sabidos. En su intervención se acordó incluso de la «caza de brujas de la Edad Media», en una evocación velada a la Inquisición. Ese disco rayado apellidado Belarra, repitió una y otra vez la palabra «genocidio», que casa mal con la petición de un homenaje a «los pueblos hermanos de América Latina», pues si hubo genocidio esos pueblos no podrían hoy existir. Por otro lado, ¿qué sino los atributos de la Hispanidad nos une a tales pueblos? ¿Cómo, si no hubiera sido por la implantación de estructuras virreinales tendría algo en común una española como la Belarra y un boliviano? Contradicciones son esas que la diputada deberá cabalgar.

Si los topicazos podemitas resonaron con la habitual vehemencia, Pedro Sánchez no fue a la zaga de los susodichos subproductos morados. Sánchez se descolgó con un vídeo que se abría con una confesión: al profundo amor que profesa a la antigua contable de los vaporosos negocios de su finado suegro, el doctor añadió el orgullo que siente de ser español. Extraño amor el suyo, pues su mantenimiento en la presidencia del gobierno de España, palabra que no aparece en el vídeo, se produce a costa de dar cesiones continuas a las facciones hispanófobas que todos mantenemos. Dicho de otro modo, el de Sánchez es un amor que mata, que desmantela, que debilita a la nación.

En el vídeo no aparecen imágenes que conecten al espectador con el pasado histórico. Hacerlo supondría aceptar muchas de las cosas que detesta el PSOE o que aborrecen la totalidad de sus socios: una historia común. Las tan cacareadas «nacionalidades históricas» gustan de dar un salto mortal para vincularse a ficciones victimistas cuando no a fantásticos pasados truncados por una España que Sánchez no nombra.

La pieza contiene una dosis guerracivilista —El Guernica— y mucha cultura, mucho folclore, mucha tradición, excepción hecha de la tauromaquia, claro está. El espectador ve desfilar una serie de imágenes que ilustran otra de las ideas-matraca del bipartidismo: la diversidad. Una anciana enmascarillada recibe su dosis vacunífera. La UME —entérate, Mañueco—, lanza un chorro de agua. Una bandera arco iris ondea, en ausencia de la rojigualda. Zerolo aplaude desde la tribuna del Congreso. El «genocidio» de Gaza también se asoma entre mujeres, mujeres y más mujeres. Mujeres instrumentalizadas por el Gobierno de las pulseras fallidas y de dosis tan aplastantes de propaganda como para sanchizar, incluso, el 12 de octubre.

 

Lechuga, sol y chistorra

La Gaceta de la Iberosfera, 6 de octubre de 205.

https://gaceta.es/opinion/lechuga-sol-y-chistorra-20251006-0001/ 

Lechuga, sol y chistorra

Poco más de doscientos habitantes, según el censo, tiene Maranchón. El pueblo, sin embargo, mantiene las huellas de su antiguo esplendor. Cuna de tratantes, la localidad alcarreña alcanzó renombre en el ya desaparecido mundo de la muletería. Su fama trascendió a la hoy llamada «Siberia española», con capital en Molina de Aragón. En su episodio nacional, Narváez, Galdós contó que los maranchoneros, de los que también habló Baroja, llegaron a emplear obligaciones de pago para facilitar las transacciones con sus clientes. Como ocurría con tantos otros oficios, los maranchoneros tenían incluso una jerga propia: la migaña —palabra que puede proceder de la expresión «me engaña»— para hacer sus tratos. 

Hace mucho tiempo que el motor de explosión, hoy amenazado por el eléctrico, eclipsó a las acémilas. Sin embargo, la picaresca y su lenguaje, que tanto llamó la atención de Cervantes, goza de buena salud. Prueba de ello son las últimas revelaciones de la UCO, que nos han descubierto la jerga koldiana, pues al antaño portero del club Rosalex, se debe el renombre de los billetes de 100, 200 y 500 euros. Lechuga, sol y chistorra son los nombres que el navarro daba a un papel moneda que al contrario de lo que dice la copla, no corría como la falsa moneda, sino como jugosas retribuciones de difícil encaje contable. Cada cual tiene sus referencias, y si los Pujol hablaban de misales para referirse a los millones de pesetas que iban hacia sus cuentas andorranas, Koldo ha secularizado ese vocabulario para confeccionar un plato combinado similar a los que pudo degustar, junto al resto de peugeotnautas, mientras reconstruían a Sánchez. El escándalo cuenta, en este caso, con la imagen de sobres con el logotipo del PSOE, para los que la empresa radicada en Ferraz ha elaborado un contraargumento —se trataría de retribuciones limpias— que el tiempo y las togas se encargarán de avalar, con uve… o no. 

Al cierre de esta columna, Sánchez tiene imputados a su hermano, del que hemos sabido que vivió como un topo en Moncloa para mejorar sus balances fiscales, a su esposa, a sus dos ex secretarios de Organización y al Fiscal General del Estado, al que le separan tres semanas de sentarse en el banquillo de los acusados. Los sobres vendrían ahora a «barcenizar» al PSOE y hemos de recordar que la imaginativa contabilidad genovesa fue la excusa para articular la moción de censura que llevó a Sánchez a un Palacio de La Moncloa que no abandonará sin usar cualquier recurso a su favor. Su demostrada amoralidad es su mayor fortaleza.

Mal harían quienes acarician con los dedos el fin del sanchismo. El PSOE es el principal constructor del régimen del 78 y las inercias de este son potentes. La exigencia de transparencia y de honradez, esa de la que tanto ha presumido el partido de Sánchez, son valores maleables sujetos al momento político. Hace siete años, la trama Gürtel, es decir, la de la financiación ilegal del PP, desbancó a Rajoy. Hoy, las noticias que vamos conociendo se asemejan mucho a un caso análogo. Sin embargo, los socios del Gobierno callan. Y las razones de ese silencio son bien conocidas. Sánchez es un auténtico filón para las sectas extractivas que la democracia «que los españoles se dieron» ha fomentado. Sólo él sería capaz de indultar y amnistiar a golpistas, de mantener abierto un canal de negociación con Puigdemont, de permitir el trato privilegiado que se da a los etarras o de dar una financiación privilegiada a la región que acumula más deslealtad. 

Por todas estas razones, no cabe esperar ningún movimiento por de Sumar, EH Bildu, ERC, etc. Para los primeros, Sánchez, que los devorará, es la garantía de una supervivencia que se agotaría en unas elecciones inmediatas. Para los otros, el madrileño no es más que un español, es decir, un individuo en el que se concentran los contravalores del supremacismo que España financia con algo más que lechugas, soles y chistorras.