domingo, 22 de febrero de 2026

El caserío y la serpiente

La Gaceta de la Iberosfera, 1 de diciembre de 2025.

https://gaceta.es/opinion/el-caserio-y-la-serpiente-20251201-0001/ 

El caserío y la serpiente

Según desveló el periodista Jorge Calabrés en un artículo publicado en el diario El Español el 24 de noviembre, Pedro Sánchez y Arnaldo Otegui se reunieron en secreto en un caserío entre el 24 y el 31 de mayo de 2018 después de que se conociera la sentencia de la Audiencia Nacional sobre la financiación ilegal del Partido Popular. El cónclave sirvió para pactar la moción de censura que desalojó a Mariano Rajoy de La Moncloa. Hecha pública la noticia, tanto desde La Moncloa como desde las Vascongadas llegaron los desmentidos.

En el caso de Sánchez, cuya relación con la verdad es tan traumática, se entiende la negativa. Al cabo, ETA acabó con la vida de algunos socialistas. El mentís, negado por Ábalos y Koldo, sonó a automatismo. De creer a Sánchez, lo publicado por Calabrés sería otra «inventada». Sin embargo, todos sabemos el resultado de la anterior: García Ortiz ha sido condenado. Por su parte, el periodista ha respondido desde esas redes que todavía se niegan a pasar por el aro sanchista: hasta la fecha las noticias que ha ido publicando, siempre negadas desde Ferraz, han resultado veraces.

Sea como fuere, se produjera o no la reunión con el que dentro de ETA era apodado El Gordo, con aquel a quien Zapatero ungió como «hombre de paz», no parece que el encuentro ocasione merma alguna en electorado socialista, cuya sangre lleva lustros helada, tal y como vaticinó la madre de Joseba Pagazaurtundúa hace dos décadas. EHBildu es el socio más fiable del actual Gobierno, los presos etarras van saliendo de la cárcel y la construcción nacional de Euskal Herria sigue su proceso. Al tiempo, el viejo PNV busca cómo salvar los muebles, sobre todo los sillones, ante el empuje generacional de los filoetarras, convenientemente revestidos de filtros ecológicos, de género y de multiculturalidad. La sustitución, empero, todavía no toca. Al PSE le siguen saliendo las cuentas con los recogenueces y evita así una alianza que todavía, aunque cada vez menos pues la cal ha sido sustituida por toneladas de antifranquismo retrospectivo, huele a sangre y a la pólvora de los 9 mm Parabellum.

Si el desmentido de Sánchez parece inevitable, el de Otegui resulta extraño. Una reunión testa a testa con el aspirante a presidente de la opresora España es un auténtico trofeo para los suyos. La cita sería la viva imagen de la bilateralidad. 

En el caso, y Calabrés asegura tener pruebas del encuentro desde hace un año, de que aquella reunión se produjera, cabe preguntarse las razones que empujan a Otegui a negarla. Y estas acaso tengan que ver con el auge de un nuevo terrorismo callejero que ha rebrotado en las Vascongadas, esta vez, sin necesidad de mayores matices, contra el fascismo. Desde la perspectiva de los nuevos cachorros, la reunión podría interpretarse como una cesión, como un pasteleo con un Estado, el español, esencialmente fascista. 

La última Vuelta a España constituyó un laboratorio para los antifascistas que se mueven entre la aldea y el globo. Esos que pudieran ver en Otegui a un colaboracionista. Los mismos que deben seguir agitando el árbol del que dependen los privilegios vascos consagrados por un régimen que, por decirlo al modo cervantino, no tuvo inconveniente en «criar la sierpe en el seno».

 

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