La Gaceta de la Iberosfera, 25 de agosto de 2025.
https://gaceta.es/opinion/una-polemica-dellaostia-20250825-0045/
Una polémica DellaOstia
La pasada semana, la pareja de Guillem Roma, concejal de distrito de ERC en el barrio barcelonés de Gracia, pidió un helado de «xocolata i maduixes», es decir, de chocolate y fresa, en la heladería DellaOstia, propiedad del argentino Leandro Rincón. La empleada que en ese momento atendía a la clientela, y que lleva poco tiempo en la Ciudad Condal, dijo no conocer el significado de «maduixes». En ese momento, Rincón terció en la conversación para recordar que en Cataluña hay dos idiomas oficiales, el español y el catalán, antes de afirmar que «en última instancia, estamos en España». Oída la palabra tabú, la clienta llamó «imbécil» al argentino. Al día siguiente, como represalia ante tamaño agravio, la heladería amaneció vandalizada. Como detalle histórico-narcisista, hemos de recordar que hace una década, los secesionistas, que creían acariciar con los dedos su ansiada república, publicitaban esta como una Cataluña en la que habría «helado de postre cada día», sin aclarar si este contendría «maduixes». La república en la que, tal y como recordó aquel mozo de escuadra, muchos idiotas creyeron, duró menos de lo que tarda un helado en derretirse, sin embargo, los efectos de décadas de adoctrinamiento persisten en amplios sectores de la sociedad catalana.
Como es sabido, los secesionistas siempre han intentado, y medio lo han conseguido gracias a la figura del diplomático salvadoreño Francisco Galindo, mediador entre Junts y el gobierno de Sánchez, internacionalizar el «conflicto». Pues bien, lo ocurrido en la heladería DellaOstia lo ha conseguido, ya que el diario argentino Clarín se ha hecho eco de la actitud cerril de estos embrutecidos representantes del seny que ahora tratan de hundir el negocio de Rincón.
Como es lógico, desde mi perfil en X salí en apoyo de la heladería con el siguiente mensaje: «En España, lo más cercano al totalitarismo, idea límite, es la inmersión lingüística obligatoria en Cataluña. Con sus chivatos, sus multas y sus paniaguados».
La reacción de la horda secesionista fue la previsible. Unos me pedían que me metiera en mis asuntos que, al parecer, se circunscriben a lo que ocurre en mi Cuenca natal. La mayoría de los mensajes estaban en catalán y empleaban, con buen criterio, el vocablo «Conca», en lugar de Cuenca. Repare el lector en lo que ocurre en el caso contrario: los hostigadores de DellaOstia exigen que los topónimos catalanes se mantengan en catalán incluso cuando se habla en español. En apoyo de este error, a menudo emboscados en argumentos leguleyos —el nombre oficial y tal— acuden siempre los progres útiles. Por supuesto, no han faltado insultos de todo tipo y alusiones al franquismo, monomanía de muchos catalanistas que deben gran parte de la prosperidad arruinada por ellos mismos, al general gallego.
Satisfecho del resultado obtenido, hacer ver la xenofobia y el supremacismo de estas gentes, un día después publiqué otro mensaje en el que aludía al presidente de la Generalidad, callado cual mascarilla ante el comportamiento de algunos de sus gobernados: «No veo ningún mensaje de apoyo de @salvadorilla a la heladería vandalizada por fanáticos catalanistas. Esta es la convivencia tan cacareada por el @PSOE».
El tono de las respuestas fue el mismo. Más xenofobia y más insultos, la mayoría de ellos formulados por esos sujetos que viven «en catalán» y ante los que no pierdo el tiempo en responder a sus bramidos, salvo en el caso de un personaje especialmente chulesco, un tal Sergi Maraña.
Estas pequeñas tormentas en un vaso de agua, desencadenadas por personajillos que se ocultan bajo nombres tan ficticios como esa Cataluña ajena a España en la que fantasean con vivir, son elocuentes del nivel de odio que se ha inoculado en parte de esa sociedad, envenenada por los efectos de un cóctel que mezcla falsedades históricas con altas dosis de adulación. El resultado es el descrito: un colectivo narcisista que desprecia a quienes considera enemigos. A la cabeza de este proceso que busca privilegios y otorga títulos de buen catalán, figura un presidente apoyado en unas siglas, antaño engañacharnegos, que hoy constituyen la herramienta más poderosa para alcanzar los objetivos del catalanismo de toda la vida.
Mientras todo eso ocurre, X nos permite mantener el combate frente a esta horda que berreará su victimismo y su odio el próximo 11 de septiembre, fecha ideal para escribir nuevos mensajes.
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