miércoles, 23 de noviembre de 2016

"El mito de Cortés" en Cima&Holzenthal Magazine

Venezuela, paraíso de politólogos

Artículo publicado en el Blog "España Defendida" el 20 de noviembre de 2016 en La Gaceta:
Venezuela, paraíso de politólogos

Durante el verano de 1961Enrique Tierno Galván (1918-1986) es invitado a la Universidad de Princeton. Desde ese año hasta 1978, el Viejo Profesor dirigió, dentro de la editorial Tecnos, la Colección Estructura y Función, que en los años de la Guerra Fría nutrió al público de lengua española con traducciones de obras de lógica y filosofía de la ciencia de corte neopositivista y analítico, así como de ensayos de sociología y politología atlantista.
Ese mismo año, la revista comunista Nuestras Ideas, editada en Bruselas, le dedica en su número de julio un artículo, «Sociología de la Decadencia», firmado por Antonio Paz, en el que se realiza una ácida crítica del autor de Introducción a la Sociología, don Enrique, por su pretensión de reducirlo todo a categorías lógicas. Críticas de las que extractamos este párrafo:
«Para Tierno Galván lo que diferencia a un obrero de su patrono, no es el lugar que uno y otro ocupan, en las relaciones de producción, sino que el primero, tiene resentimiento y el segundo no. En resumen, las clases sociales no existen sino sólo fenómenos psicológicos.»
Lustros después, tal y como recordaba Ignacio Gracia Noriega (1945-2016), Tierno, «maestro de la perogrullada» al decir de don Ignacio, cual castizo Zaratustra, todavía seguía buscando a un obrero con el que poder dar una pátina mínimamente proletaria a su Partido Socialista Popular, configurado en gran medida por gentes provenientes del mundo académico.
El demoledor artículo de Nuestras Ideas, venía, no obstante, firmado bajo pseudónimo. Embozado tras la firma de Antonio Paz, el verdadero autor del texto era Juan Carlos Rey, nacido en San Sebastián en 1936, y emigrado a Venezuela, donde reside, desplegando una más que apreciable actividad. Rey había recalado en Venezuela siguiendo la estela de su familia, de simpatías franquistas, tras terminar el bachillerato en Madrid. En el país hispanoamericano desarrolló Rey su brillante carrera académica, cimentada en sus estudios de Derecho, durante los cuales ingresó en el Instituto de Estudios Políticos como Auxiliar Investigación dos años antes de publicar el artículo aludido. La vinculación de Rey con tal instituto se prolongó hasta su jubilación en 1985. Graduado en 1960, visitó París entre 1960 y 1962, desde donde viajó a España en diferentes ocasiones. Es en ese contexto en el que entra en contacto con Federico Sánchez -Jorge Semprún- y Fernando Claudín, director de la revista. La relación con la ideología marxista se había producido en la Universidad Central de Venezuela, donde,  pese a no militar en formaciones políticas o estudiantiles, frecuentó a un grupo de jóvenes estudiante universitarios españoles antifranquistas, algunos de los cuales pertenecían al Partido Comunista de España en Caracas, o a la ASU (Asociación Socialista Universitaria).
El Instituto de Estudios Políticos en el que arrancan estas actividades de Juan Carlos Rey, fue un lejano proyecto que nos remite a la Asamblea General de Falange celebrada en Salamanca en febrero de 1937 dentro de un amplio proyecto que también atendía a aspectos propagandísticos. Tal Instituto cristalizó en España en septiembre de 1939, y sería el modelo de su réplica venezolana, dirigida por el germanizado y combatiente en el ejército de la República, en el que alcanzó el grado de capitán del Alto Estado Mayor, Manuel García-Pelayo (1909-1991), quien décadas después fue designado como primer Presidente del Tribunal Constitucional español. Formado al lado de García-Pelayo, Juan Carlos Rey le sustituyó en la presidencia de tal Instituto.
Si la crítica a Tierno es interesante, no menos lo será otro artículo, «Venezuela y Cuba: dos perspectivas», aparecido en el undécimo número de Nuestras Ideas, correspondiente al mes de abril de 1961. El pseudónimo empleado esta vez fue Carlos Martínez, y tal argucia se entiende al observar las críticas vertidas por Rey sobre la Venezuela en la que estaba instalado, al margen del paréntesis europeo. El texto muestra la decepción respecto de Venezuela y la ilusión que le produce la reciente revolución cubana. Rey observa Venezuela bajo el prisma marxista, apostando por la transformación de la democracia burguesa en una democracia proletaria. El artículo, que lamenta que entre 1811 y 1961, Venezuela haya conocido 26 constituciones, destila un profundo antiamericanismo, y lamenta proyectos fallidos como el encabezado por Haya de la Torre (1895-1979) y el APRA en Perú. Para Juan Carlos Rey, hay algo que lastra el desarrollo de Hispanoamérica: el fatalismo yanqui, marcado por un potente intervencionismo colonialista de la potencia norteamericana.

Las líneas académicas trazadas por García-Pelayo y Rey vendrían a desdibujarse a finales del convulso siglo XX, cuando emergió la figura del comandante Hugo Chávez Frías (1954-2013), quien, como sus predecesores, contó con asesoría española, la de los aduladores y sentimentales profesores que aprovecharon la estela de la Fundación CEPS para desembarcar en Sudamérica. Los bien remunerados asesores españoles encontraron de este modo un terreno propicio para pasar del plano teórico a uno más real y prosaico, el que sirvió para tratar de implantar el así llamado Socialismo del siglo XXI. De regreso de tal viaje, con la lección propagandística bien aprendida, los antaño asesores, hogaño profesionales de la política, queman sus vidas en defensa de «la gente», es decir, de sus votantes.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Buero centenario. Historia de una dimisión

Artículo publicado el 13 de noviembre de 2016 en el blog "España Defendida" de La Gaceta:
Buero centenario. Historia de una dimisión

"Lamentábase recientemente Victoria Rodríguez, viuda de Antonio Buero Vallejo (1916-2000), de que coincidiendo con el centenario del nacimiento de su marido no haya dinero para subir a las tablas una obra del dramaturgo alcarreño. El centenario, empero, ha sido conmemorado por la Biblioteca Nacional, que le ha dedicado una modesta exposición, Del dibujo a la palabra, en su Sala Mínima, a la que se han sumado una serie de actos en la SGAE, Sociedad a la que Buero perteneció desde 1949, diez años después de que terminara la Guerra Civil en la que nuestro hombre, encuadrado en el bando republicano, estuvo a las órdenes del comandante médico húngaro Goryan. Buero, dotado para las artes plásticas, se desempeñó como ilustrador de La Voz de la Sanidad de la XV División. En ese sanitario contexto conocerá a Miguel Hernández, de quien realizó un famoso retrato.
            Terminada la guerra, tras su paso por un campo de concentración en Castellón, será conducido a Madrid, donde es condenado a muerte. No ejecutada la sentencia, Buero pasó por diversas cárceles hasta alcanzar la libertad. Orillada su faceta pictórica, el de Guadalajara se volcará en otra de sus pasiones: la dramaturgia. Pronto llegarán los premios: El Lope de Vega, convocado por el Ayuntamiento de Madrid, en 1949, por Historia de una escalera, o el Nacional de Teatro en 1956 y 1957. Atesorando un gran prestigio en el mundo de la escena, Buero llamaría la atención de un importante proyecto: el impulsado por el Congreso por la Libertad de la Cultura (CLC), que no en vano tenía como agente liberado en España a otro hombre de las tablas: Pablo Martí Zaro, que en 1951 obtuvo el Premio Nacional Calderón de la Barca, y que pronto contactaría con Dionisio Ridruejo. Retomaremos esos asuntos más abajo…
            La prensa ha recordado en estas fechas la vinculación que existió entre Buero y Orson Welles, sustanciada en la elaboración de una adaptación a nuestro idioma del guión que el norteamericano, apoyado en Shakespeare, había preparado para la película Campanadas a medianoche. El productor Emiliano Piedra (1931–1991) fue quien hizo el encargo, ofreciendo a cambio 200.000 pesetas y la aparición de Buero en los títulos de crédito, circunstancia, esta última, que este rechazó por las muchas modificaciones introducidas por Piedra en su trabajo. El rodaje en España comenzó, no obstante, el 14 de octubre de 1964.
            Los vínculos norteamericanos de Buero habían comenzado antes. En mayo de 1961, junto a personalidades como AldecoaLilí Álvarez o Luis Díez del Corral, es invitado a participar en «Soluciones occidentales a problemas de nuestro tiempo», organizado por la Asociación Española de Cooperación Europea, organismo que serviría para canalizar diversas iniciativas culturales financiadas por la CIA en España, particularmente las de la Comisión española del CLC, en cuya nómina estaba Martí Zaro, beneficiario en 1958 de una beca de la misma Fundación March que había premiado a Buero en 1956 por su Hoy es fiesta.
            Desembarcada en España tal Comisión, que en 1966 entregó 2.500 pesetas por un trabajo titulado Realismo y realidad en la literatura contemporánea, a Julián Marías y al mismo Guillermo de Torre (1900-1971), cuñado de Borges, cuyas cartas con Buero son expuestas en la exposición de la Biblioteca Nacional, don Antonio participaría asiduamente en diversas actividades impulsadas por tal plataforma europeístafederalista y, sobre todo, anticomunista. Buero figurará varias veces como jurado en la concesión del Premio de los Escritores Europeos, galardón auspiciado por esta plataforma, e incluso formará parte, junto a CelaMenéndez PidalPemán, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Vicente Aleixandre, Pedro Laín Entralgo, Julián Marías, Lafuente Ferrari, Chueca Goitia, José Antonio Maravall, Aranguren, y otros, del intento de recuperar el Pen Club Español. Buero se integrará incluso en el consejo asesor de la editorial Seminarios y Ediciones.
            La quiebra de la dolarizada trama político-literaria llegaría una vez que la propia prensa norteamericana, el New York Times, principalmente, destapó la desagradable realidad: los dineros que financiaban tan culturales programas venían de la célebre Central de Inteligencia. Las fundaciones que lo distribuían no eran sino burdas tapaderas… Conocedores de tal circunstancia, los principales integrantes de la Comisión española: Laín, Ridruejo, Chueca, Manet y Martí Zaro, se reúnen para tejer una estrategia. Un año más tarde, el 30 de junio de 1967, el colectivo escribirá una carta que mostraba estupor, pero dejaba la puerta abierta a continuar con tan jugosas actividades.

             Tan sólo un miembro de la Comisión dimitió. Su nombre: Antonio Buero Vallejo. El 15 de abril de 1967, Martí Zaro escribe a Roselyne Chenu para comunicarle que, a pesar de los esfuerzos realizados para que reconsiderara su situación, «Buero Vallejo a été la seule exception, comme vous le savez». El sustituto no tardaría en aparecer. Su nombre: Carlos Santamaría Ansa, hombre que recién había dejado atrás su etapa como secretario del Movimiento Pacifista Internacional Pax Christi, con sede en la misma París desde la que el poeta Pierre Emmanuel dirigía la Comisión española de la que Buero hizo mutis.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Buenos días España | 11-11-2016

Buenos días España | 04-11-2016

Buenos días España | 28-10-2016

Buenos días España | 21-10-2016

Buenos días España | 14-10-2016

domingo, 6 de noviembre de 2016

Radio Materialista - Episodio 41 (El debate de investidura de Rajoy y la crisis del PSOE).

Berga y la desobediencia

Artículo publicado el viernes 4 de noviembre de 2016 en el blog "España Defendida" de La Gaceta:
Berga y la desobediencia

             La reciente detención de la alcaldesa cupera de Berga, Montserrat Venturós, ha vuelto a servir como inmejorable marco para que los catalanistas saquen a pasear los manidos tópicos que conforman su prontuario ideológico, tan retorcido como victimista. Como es sabido, doña Montserrat ha sido conducida por los Mozos de Escuadra al juzgado de su ciudad, donde ha permanecido alojada cuatro horas. La razón que ha motivado la detención realizada por el cuerpo policial regional que muchos catalanistas consideran embrión de un hipotético ejército catalán, ha sido su doble incomparecencia ante el juez que la acusa de delito electoral, acusación motivada por mantener la bandera independentista en la fachada de la casa consistorial durante las elecciones autonómicas del 27 de septiembre y las generales que se celebraron el 20 de diciembre.
            Liberada y rodeada de cámaras, Venturós, que hasta la fecha se ufanaba de su carácter desobediente, ha alzado el puño izquierdo, que no el derecho, y ha expelido las habituales palabras propias de los hispanófobos que operan alimentados por la propia España. El trance por el que ha pasado la alcaldesa es, según unas manifestaciones que bien pudiera suscribir algún miembro del clan Pujol, «un ataque absolutamente antidemocrático e insultante contra el pueblo catalán». Rivales en el mercado electoral, pero coyunteros en sus viscerales anhelos sediciosos, Puigdemont no ha perdido la oportunidad de proferir unas palabras de apoyo «a Montse Venturós y a los cargos electos que sufren persecución por sus ideas. La libertad de expresión no es ningún delito». Hasta aquí el reparto de pasto propagandístico catalanista. A partir de ahora, la resolución de un juicio que no tendría lugar en muchas de las democráticas naciones europeas en las que se miran este par de españoles enfermos. Sencillamente, porque en esa Europa en la que pretenden incorporar a una Cataluña liberada del yugo español, no se dan las suicidas facilidades que encuentran en España facciones antinacionales como las que respaldan a Venturós y Puigdemont, personajes que en otras latitudes, o bien debieran actuar en la clandestinidad o formarían parte de esa cuota de esperpentos y extravagantes que toda sociedad política alberga en su soberano seno.
            Más allá del campo leguleyo, la habitual apelación al «pueblo catalán», sea eso lo que fuere, parece aludir no sólo a cuestiones relacionadas con el proceso de independencia que impulsan muy diversas organizaciones catalanas, sino también a cierto recorrido histórico marcado por las singularidades de tal pueblo. En definitiva, estamos convencidos de que si preguntásemos a los susodichos individuos por el origen del sentimiento independentista, estos lo situarían en un incierto y lejano pasado, pero pasado, en suma. Ocurre, no obstante, que existen datos documentales que cuestionan seriamente el pretendido sentimiento unánime del pueblo cuya representatividad se arroga la Venturós.
            Los hechos nos conducen al caluroso viernes 1 de julio de 1966, fecha en la que Francisco Franco visitó Berga. En carne mortal, el modelo que sirviera para fundir en bronce la decapitada estatua ecuestre que ha sido ultrajada y derribada recientemente en Barcelona, recorrió las calles de la localidad del modo que puede observarse en una grabación del NO-DO. Los casi cuatro minutos de televisión material sirven para comprobar hasta qué punto los bergadanos mostraron su júbilo al ver pasar, impecablemente vestido de blanco, al general gallego, que pasó revista a unas tropas formadas tras la efímera arquitectura de un gran arco en el que, junto al yugo y las flechas, figuraban lemas tales como «Franco Caudillo de España, Berga está contigo», o «Franco Caudillo de la paz y del progreso».
            La visita continuó con un triunfal desfile vehículos aclamados por la muchedumbre que se agolpaba bajo innumerables metros de banderas españolas colgadas de los balcones. Entre la aplaudidora multitud aparece incluso un conjunto de carteles rotulados… en catalán. Ya bajo techo, y tras la preceptiva visita al santuario de Queralt, ante la presencia de los 309 alcaldes de la provincia de Barcelona, Franco recibió la primera Medalla de Oro de la ciudad, al tiempo que era nombrado Hijo predilecto de la provincia. Huelga decir que donde ahora está proscrita y sustituida por la independentista estelada, la enseña nacional estuvo omnipresente durante toda la visita. A la luz de este documento audiovisual, la desobediente actitud de Montserrat Venturós parece contar con escasos precedentes locales. Antes al contrario, las imágenes de hace 50 años insinúan una dócil obediencia a la situación política de un régimen en el cual ocupaban puestos relevantes catalanes como el opusino Laureano López Rodó, ministro responsable de los Planes de Desarrollo Económico y Social a los que tanto debe la Cataluña actual que atrajo a tantos obreros de otras provincias españolas. Obediencia que comenzaba por las manos de quien impuso la medalla a Franco, nada menos que un predecesor en el cargo ahora ocupado por Venturós, el alcalde de Berga Juan Noguera Sala (1921-1990), impoluto acompañante del Caudillo en su visita a una ciudad que recibió al Jefe del Estado con una Patum extraordinaria.
             En efecto, la apoteosis bergadana de Franco fue posible gracias a los esfuerzos del por entonces alcalde Noguera, quien a sus 18 años ya se había incorporado al Frente de Juventudes para dar el salto a la FET-JONS, desde donde se aupó a delegado local de la Organización Juvenil Española en Berga. Su fulgurante ascenso le llevaría a ser miembro de la Guardia de Franco, delegado comarcal de la Organización Sindical Española y jefe local del Movimiento. En 1952 ya era concejal. Un año más tarde se convertiría en teniente de alcalde antes de alcanzar, en 1958, la vara de mando que cedería en 1979 tras reconvertirse en miembro de la Unión de Centro Democrático y haber sido Procurador en Cortes.
             Ediles antagónicos, Noguera y Venturós -franquista el primero en los tiempos de Franco, independentista la segunda en los días del «derecho a decidir»-, muestran los verdaderos límites de la desobediencia característica de esa Berga leal en su momento, botifler al cabo, al Borbón Felipe V.

martes, 25 de octubre de 2016

Ningún ser humano es ilegal

Artículo publicado el sábado 22 de octubre de 2016 en el blog "España Defendida" de La Gaceta:
Ningún ser humano es ilegal


El pasado 20 de octubre, tras el amotinamiento de un grupo de inmigrantes ilegales internos en el Centro de Internamiento de Extranjeros de Aluche sito en los terrenos que ocupara la legendaria cárcel que inmortalizara Eloy de la Iglesia (1944-2006) en aquellas películas que dieron cuerpo a un género conocido como cine quinqui, sirvió como ocasión propicia para que los representantes de Podemos desempolvaran un lema que hizo fortuna hace dos décadas: «Ningún ser humano es ilegal».
            La frase comenzó a circular a mediados de los años 90, cuando España era un destino anhelado por muchas personas que llegaban a nuestras costas o eran salvados en alta mar, tras jugarse la vida en pos de un futuro mejor que el que dejaban tras sus mojadas espaldas. En pleno auge de las ONG, las imágenes de hombres exhaustos acudían puntuales a los informativos y a unas telepantallas que apelaban a la caridad cristiana canalizada por la Iglesia o a la agnóstica solidaridad, liderada en gran medida por Amnistía Internacional, organización fundada clandestinamente en Gran Bretaña en 1961 que contó con una sección española visible en 1977.
            Con el episodio carabanchelero como telón de fondo, Pablo Manuel Iglesias Turrión, que llevaba días pidiendo el regreso del activismo callejero, organizó una protesta en el Congreso de los Diputados que terminó con una teatral entrega de panfletos marcados con las letras D H. La operación mediática se cerró con un tuit del político madrileño que decía lo siguiente:  
            Les hemos dejado a los ausentes miembros del Gobierno la Declaración DDHH. A ver si así no olvidan que ningún ser humano es ilegal #CIEsNo
            Las actividades podemitas no terminan ahí, sino que tendrán continuidad en las calles, toda vez que el grupo morado ha arropado –se sopesa la incorporación de algunos podemitas a la misma- una convocatoria de la Coordinadora 25-S, plataforma que se hizo visible en 2012, titulada de un modo elocuente: «Rodea la investidura». Conocedores de los réditos obtenidos tras aquel asedio al Congreso, secuela del llevado a cabo, en los tiempos del 11M, en la sede del PP, iniciativa tras la cual, según se han jactado algunos de sus más narcisistas ideólogos, estarían los hoy encuadrados en Podemos, la formación morada tratará de hacer lo propio en la predecible investidura de Mariano Rajoy, para cuyo éxito, mientras «la gente» protesta en la calle, es indispensable el colaboracionismo del PSOE que dejó caer al negacionista Pedro Sánchez. Presentados de este modo los hechos, y más allá de la estrategia alborotadora y cortoplacista señalada, nos interesa en este artículo regresar sobre el manido asunto de los seres humanos ilegales.
            Y nos interesa especialmente, porque el hecho de que Podemos invoque los Derechos Humanos compromete seriamente algunas de las habituales etiquetas con las que se les suele calificar, especialmente con aquella que pretende hacer pasar al grupo de Iglesias como una formación comunista. Como el lector sabe, la Declaración de los Derechos Humanos fue aprobada por la Asamblea general de las Naciones Unidas el 10 de noviembre de 1948 en un contexto fuertemente marcado por poderosas imágenes de carácter bélico que incluían la devastación atómica y los campos de exterminio nazis. La Declaración, condicionada por tales circunstancias, venía, de algún modo, a actualizar la revolucionaria Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, aprobada por la Asamblea francesa y condenada por el papa Pío VI, que percibió en ella una suerte de invasión de competencias, pues hasta la fecha los derechos de gentes apelaban a Dios en lugar de a ese ciudadano salido de la primera generación de izquierda política.
            La Declaración de 1948 no fue firmada por la Unión Soviética y los países del Telón de Acero. Tampoco por la India, China, y los países musulmanes, que andando el tiempo aprobarían otros derechos limitados, naturalmente, por la sharía. Al fin y al cabo, la URSS estalinista que daba forma al comunismo realmente existente en la época, no olvidaba que Marx ya había visto como burgués el precedente galo… Sea como fuere, los eticistas Derechos Humanos quedaban establecidos para un hombre sin atributos, muchos de los cuales, entre ellos la nacionalidad, los recibe de sociedades políticas concretas que imposibilitan la existencia de esa Humanidad de la que emanarían tales derechos, sólo garantizables tras la cristalización de una suerte de Estado global que resultaría del borrado de las fronteras que traspasan los hombres que huyen de conflictos bélicos o de la miseria.
            Tan inalcanzables requisitos, pues la Humanidad apelada no es más que una idea aureolar, ya manejada, por ejemplo, en los círculos krausistas decimonónicos tan implantados en la España de la época, chocan frontalmente con una de las aspiraciones irrenunciables de Podemos: el reconocimiento del llamado «derecho a decidir» de diferentes regiones españolas, es decir, el derecho a la independencia de unos territorios que serían hurtados a la Nación española por una parte de la misma. Por decirlo de otro modo, el fideísmo hispanófobo de Podemos va en la dirección contraria de una realidad, acaso inalcanzable, a la que únicamente se llegaría desdibujando fronteras…

            Por último, otra de las principales contradicciones que marcan a los morados es aquella que surge no ya en relación con los Estados, sino la que nos remite a la composición de las sociedades políticas. Refractarios al uso de la expresión «clase social», los miembros de Podemos prefieren emplear otras: «la gente» o «los de abajo», denominaciones que pueden simplificarse como «aquellos que nos apoyan o votan». Es dentro de los estrechos márgenes de tales contradicciones, imperceptibles para tan miopes políticos, en el que se mueve tal formación, aupada por mercenarios medios de comunicación que reparten su pasto ideológico sobre una serie de oleadas de españoles adoctrinados en el irenismo panfilista que marcó los gobiernos de aquel José Luis Rodríguez Zapatero, a quien Iglesias Turrión calificó como «un referente progresista mundial» en su tesis doctoral, entregada a la Humanidad en 2008.

España en América: ¿Genocidio o Liberación?

Seguimos con la serie de Historia y Política centrándonos en la figura de Hernán Cortés como icono de la leyenda negra, a propósito del nuevo libro de nuestro invitado, Iván Vélez. Abordamos no sólo la investigación histórica, sino las implicaciones sobre la política y la sociedad de este figura legendaria en la actualidad. Datos y sorpresas de todo tipo aguardan al oyente en un nuevo y polémico programa de Radio Ansite. Con Iván Vélez y Pepe Crespo.


sábado, 15 de octubre de 2016

José Luis Abellán. Invención de una marginalidad

Artículo publicado el viernes 14 de octubre de 2016 en el blog "España Defendida" de La Gaceta:
José Luis Abellán. Invención de una marginalidad

«… mientras tanto, la Universidad española me seguía negando toda posibilidad de promoción, en el mismo 1981, el rectorado de don Angel Vián Ortuño me negó el   acceso a catedrático propuesto por la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación, donde yo era profesor. Al fin, bajo el rectorado de don Francisco Bustelo, y con la iniciativa del nuevo ministro de Educación, don Federico Mayor Zaragoza, se me promovió en mayo de 1982 al nombramiento de catedrático extraordinario. Era un reconocimiento tardío que se me hacía no sólo en relación con el que había recibido   antes fuera de España, sino incluso, dentro de nuestro país, con respecto al que había recibido en otras esferas ajenas a la Universidad. A título de ejemplo, recordaré que el 5 de diciembre de 1980 se me había nombrado Socio de Honor del Hogar de Ávila, en Madrid; el 1 de diciembre de 1981 el Ministerio de Cultura me concedió el Premio Nacional de Ensayo para ese año; en abril de 1982 el PSOE me galardonó con el Premio “Pablo Iglesias”', y el 1 de mayo del mismo año fui nombrado “Honorary Fellow” de la Society of Spanish and Spanish-Americam Studies (EE.UU.)».

         De esta forma tan personalísima se expresaba José Luis Abellán en un escrito titulado «Ensayo de autobiografía intelectual», que vio la luz en 1983 dentro de Anthropos. Como tantos otros, Abellán, al referirse a sí mismo, no pudo resistirse a añadir unas dosis de victimismo acompañadas de cierta distorsión de los hechos, pues desde hacía diez años, nuestro hombre ya pertenecía al Cuerpo de Profesores Adjuntos Numerarios de la Universidad. En concreto, vinculado a la Cátedra de Filosofía de la Historia e Historia de la Filosofía española que, desde 1946, ocupaba, entre parisinas ausencias, el opusino Rafael Calvo Serer, por entonces ya enredado en la promoción de la Junta Democrática que se presentó en París junto al ya eurocomunista Santiago Carrillo y al acaudalado y regio prestamista automovilista, Antonio García-Trevijano.
         Involucrado en las protestas universitarias de 1956, a las cuales, según la confesión hecha durante su detención, asistió «mayormente a observar lo que ocurría», siendo «golpeado en la boca por un falangista; que, como consecuencia de este incidente, al día siguiente, decidió no salir de casa por lo que no tomó parte ni pudo observar los sucesos de la calle de Alberto Aguilera» (Jaraneros y Alborotadores, Madrid 1982), las actividades académicas más trascendentales de Abellán nos conducen a los inicios de la década de los 60, pues es en ella cuando, tras pasar por las piadosas manos del padre Manuel Mindán, se doctora en 1960 bajo la atenta mirada de José Luis López Aranguren. Es la desgarbada figura de Aranguren la que nos conducirá a unos lugares poco conocidos dentro de la biografía de este ateneísta de largo vuelo. Junto a la silueta de Aranguren, las de Paulino Garagorri y Julián Marías serán familiares para don José Luis, pero también, según confesión del propio Abellán en Cuadernos para el Diálogo –contextualice el lector los interlocutores de tal diálogo- la del mismo Pedro Laín con quien polemizó Calvo Serer. Por último, el doctor Abellán coincidió también con Tierno Galván en la Universidad de Rio Piedras dirigida por el orteguiano Jaime Benítez. El denominador común de todos ellos era su pertenencia a la Comisión española del Congreso por la Libertad de la Cultura (CLC), auspiciado por los servicios de inteligencia norteamericana. La cercanía a tales personalidades propició el hecho de que en 1966 Abellán aparezca en la documentación de dicha comisión gracias al borrador titulado: «El pensamiento filosófico español desde 1850 a 1950», trabajo que sin duda puede considerarse embrionario de su Historia crítica del pensamiento español (Espasa Calpe, Madrid 1979). Medio siglo después de presentar aquellos cuatro folios en los que Laín, Marías y Aranguren aparecen como representantes del pensamiento católico liberal, y Tierno –el mismo Tierno encargado de inyectar filosofía analítica a través de la editorial Tecnos en la que publicó Abellán- queda encuadrado en el de «Filosofía de la Ciencia», parece este un momento propicio para recordar reconstruir este episodio.
         La editorial Seminarios y Ediciones, puesta en marcha por este colectivo, realizó un anticipo por valor de 42.000 pesetas sobre derechos de autor por un libro que debía titularse Filosofía española en América. A tal punto llegaría el compromiso de Abellán por el dolarizado grupo liberalcultural, que en abril de 1972 adquirió 5 acciones nominativas, a razón de 1000 pesetas cada una, que formaban parte del capital de la editorial Seminarios y Ediciones, S. A. El libro finalmente apareció coeditado con Ediciones Guadarrama, con el título de Filosofía española en América 1936-1966 (Madrid 1967, 325 págs.). 
         Los objetivos de la operación norteamericana, la configuración de una ideología propicia a los particularismos federalizantes, se alcanzaron de un modo razonable, como puede advertirse en la Constitución de 1978. En plena apoteosis democrática, Abellán apareció dentro de la sección de cultura de ABC el miércoles 18 de noviembre de 1998 presentando su libro El exilio intelectual en América. Los transterrados de 1939, cuyo origen también figuraba en el borrador de 1966 con el título de «La emigración filosófica a América» como parte del duodécimo capítulo: «La guerra civil y sus consecuencias». El acto, presidido por Pedro Laín, tuvo como participante al socialdemócrata Ignacio Sotelo, otrora ridruejista, agraciado en 1963 con una bolsa de viaje a Alemania concedida por el CLC por un valor de 3000 francos. En dicha jornada, Abellán reconoció las deficiencias de su libro publicado en 1967, «claramente impuestas por la situación política de entonces», según sus propias palabras. Culminaba de ese modo un victorioso proceso socialdemócrata que ha permitido a muchos de los que contribuyeron de algún modo a su cristalización, fabular unas biografías beatíficamente acogidas en sus plataformas ideológicamente afines.

Leyenda Negra y 12 de Octubre

Intervención en Las Noticias de Intereconomía. 11 de octubre de 2016.