lunes, 25 de noviembre de 2019

Apunte sobre la manipulación del 11 de septiembre de 1714

Hoy Aragón, 14 de septiembre de 2019:
https://www.hoyaragon.es/opinion/manipulacion-11-septiembre-1714/

Apunte sobre la manipulación del 11 de septiembre de 1714


Cénit propagandístico anual del secesionismo catalán, con su adecuada dosis de victimismo e hispanofobia, la jornada del 11 de septiembre tiene como momento de máxima emotividad la ofrenda floral en los que los diversos grupos políticos y sociales de la región rinden homenaje al patriota español Rafael Casanova. En efecto, muerto ya octogenario después de huir de Barcelona disfrazado de monje después de la toma de la ciudad por parte del bando borbónico, don Rafael, último conseller en cap de la Barcelona carlista, nunca habló de la nación catalana ni actuó bajo otro pabellón que no fuera aquel en el que figuraba Santa Eulalia. «Por su rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España», con estas palabras, censuradas hoy por las facciones lazis, concluyó el bando con el que convocó a sus conciudadanos en una última e inútil defensa de una plaza, la barcelonesa, que era ya residual, pues hacía tiempo que el bando felipista, suscrito el Tratado de Utrecht, era virtual vencedor de una guerra de sucesión que no de secesión, en la cual participaron las principales potencia europeas, alienadas con uno u otro aspirante al trono español.
            Hasta siglo y medio después, concretamente hasta que en 1863, Víctor Balaguer le dedicara una calle en el Ensanche del Plan Cerdá, pocos recordaban a Casanova. Fue en 1886 cuando diversas entidades católicas celebraron una misa en la Parroquia de Santa María de la Mar en recuerdo de los fallecidos en aquella jornada. La ceremonia la ofició el canónigo de Vic, Jaume Collell, fundador de La Veu del Montserrat y, ya junto a Jacinto Verdaguer, de La Veu de Catalunya. Poco después, con motivo de la Exposición Universal de Barcelona, el ayuntamiento hoy regido por Ada Colau, erigió una estatua en honor de Casanova en el Paseo de San Juan, frente al Arco de Triunfo, lugar del que luego fue movida hasta ocupar su actual emplazamiento. Fue en aquel lugar donde se concentraron los partidarios de la Liga de Cataluña y donde, ya en 1894, el monumento recibió sus primeras flores. También fue a sus pies donde se dieron, ya tras la Guerra de Cuba a la que Cataluña aportó el mayor número de voluntarios de toda España, las escaramuzas entre catalanistas y lerrouxistas.
            Con la estatua ya instalada en la Ronda de San Pedro, la Diada de 1923 sirvió para el desahogo de ciertos elementos de Acción Catalana, formación surgida de la Liga, que lanzaron gritos contra unidad de España y vivas a Abd-el Krim. Primo de Rivera, alzado a la categoría de dictador gracias, en gran medida, a la burguesía catalana harta del secular pistolerismo anarquista, prohibió los homenajes, medida que tuvo continuidad, con la retirada, incluso, de la estatua, durante el franquismo. Antes, en 1937, a los homenajes se había sumado la CNT, adelantando el actual apoyo sindical al secesionismo, como se ha podido comprobar recientemente a propósito del texto emitido por UGT y CCOO, sindicatos subvencionados que, olvidando el cultivo del mito de la clase obrera, prefieren su cuarteamiento en nacioncillas ibéricas.
            Recuperada en los ambientes del clericalcatalanistas de los años 60, en el cual se movían los fundadores de Omnium Cultural, organización que arrancó en 1961, la Diada adquirió un carácter netamente nacional o, por mejor decir, nacionalista, orientado a erosionar la soberanía española y a servir de punto de partida de un expansionismo que incluye tierras aragonesas, cuando Jordi Pujol estampó su firma el 12 de junio de 1980, año en el cual se declaró fiesta nacional (sic) de Cataluña.

Hernán Cortés, un nuevo Herodes según la leyenda negra

OkDiario, 1 de julio de 2019:
https://okdiario.com/opinion/hernan-cortes-nuevo-herodes-segun-leyenda-negra-4318457

Hernán Cortés, un nuevo Herodes según la leyenda negra


Su desbordante personalidad y la escala de sus conquistas, han convertido a Hernán Cortés en un verdadero icono de la leyenda negra. Severo en la aplicación de la justicia, tanto en el castigo de los delitos cometidos por sus compatriotas como en el de los protagonizados por los naturales -en Tlaxcala, cuando descubrió la presencia de espías en su campamento, ordenó que se les amputasen las manos-, el de Medellín, capitán general del pequeño ejército español, encabezó algunas acciones sangrientas durante su penetración hacia el corazón del Imperio mexica. De entre todas ellas destaca poderosamente la matanza que tuvo lugar en la ciudad sagrada de Cholula, condición esta, la religiosa, que subrayó Cortés al hablar de sus numerosas «mezquitas», vocablo que asignó a sus muchas pirámides.
            Establecida la crucial alianza con los tlaxcaltecas, Cortés marchó hacia la ciudad lacustre de Tenochtitlán. Antes, hizo escala en Cholula. Allí, después de un cálido recibimiento, la hostilidad cholulteca fue creciendo, mientras se descubrían inquietantes señales: algunas calles estaban cortadas, en el suelo se habían excavado zanjas, ocultadas con ramas y tierra, en cuyo fondo esperaban varas aguzadas para herir a los caballos y en las azoteas había gran cantidad de piedras para ser usadas como proyectiles. A estos datos, presentes en las crónicas, ha de sumarse una historia, de tintes románticos, que introduce en escena a doña Marina para convertirla en delatora. Demos la palabra a Bernal Díaz del Castillo:

Y una india vieja, mujer de un cacique, como sabía el concierto y trama que tenían ordenado, vino secretamente a doña Marina, nuestra lengua. Como la vio moza y de buen parecer y rica, le dijo y aconsejó que se fuese con ella a su casa, si quería escapar la vida, porque ciertamente aquella noche o otro día nos habían de matar a todos, porque ya estaba así mandado y concertado por el gran Montezuma, para que entre los de aquella cibdad y los mexicanos se juntasen y no quedase ninguno de nosotros a vida, o nos llevasen atados a México.
            Doña Marina, tras fingir aceptar la oferta de la anciana, comunicó la traza a Cortés, que dio una razón más prosaica en su Segunda Carta de Relación para efectuar un gran castigo:
Y así por esto como por las señales que para ello veía, acordé de prevenir antes de ser prevenido, e hice llamar a algunos de los señores de la ciudad diciendo que les quería hablar y les metí en una sala y en tanto hice que la gente de los nuestros estuviese apercibida y que en soltando una escopeta diesen en mucha cantidad de indios que había junto al aposento y muchos dentro de él. Así se hizo, que después que tuve los señores dentro de aquella sala, dejélos atando y cabalgué e hice soltar la escopeta y dímosles tal mano, que en pocas horas murieron más de tres mil hombres».
            O lo que es lo mismo, podemos afirmar, usando una terminología actual, que Cortés lanzó un ataque preventivo a quienes pretendían aniquilar a su ejército. Así se hizo. La matanza de Cholula causó una gran conmoción en los dominios de Moctezuma, pero tuvo también gran repercusión en los ambientes españoles en los que se cuestionaba la legitimidad de la conquista. A la cabeza de los críticos se hallaba fray Bartolomé de Las Casas, que dio a Cortés el calificativo de «nuevo Herodes» a partir de aquel episodio. El dominico llegó a afirmar, en su Brevísima relación de la destrucción de Las Indias, que Cortés, mientras se producía la masacre, recitó desde uno de los tejados el siguiente romance, tomado de La Celestina:
Mira Nero de Tarpeya
a Roma cómo se ardía;
gritos dan niños y viejos,
y él de nada se dolía.

            Como es lógico, Bernal, testigo de aquellos hechos, combatió la versión de Las Casas. El soldado cronista percibió hasta qué punto la obra del dominico podía ser perniciosa para los intereses hispanos, como en efecto así fue, al proporcionar tanta materia a lo que se dio en llamar, siglos después, leyenda negra. Estas fueron las palabras que dedicó al religioso esclavista en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España:
Y aun dícelo de arte en su libro a quien no lo vio ni lo sabe, que les hará creer que es ansí aquello e otras crueldades que escribe, siendo todo al revés, e no pasó como lo escribe.
            La versión de Cortés y Díaz del Castillo la avaló, años más tarde, el conquistador Bernardino Vázquez de Tapia, que si en un principio, cuando andaba enemistado con Cortés, trató de presentar lo ocurrido como una caprichosa atrocidad, rectificó después, y se refirió a aquellos acontecimientos como necesarios y prudentes:
[…] ni nos querían dar de comer, ni maíz para los caballos, sino toda la gente de mal arte. Y como el marqués vio todas estas cosas, temió de alguna traición y mandó que toda la gente estuviese muy apercibida, y andando con gran aviso inquiriendo, supo que allí, cerca de Cholula, estaba una guarnición de gente de México y, ratificado dello, determinó, que antes que nos tomasen durmiendo, de dar en los unos y en los otros, y ansí lo hice, aunque con no poco peligro nuestro.
            Como última verificación de lo ocurrido, podemos acudir a la pesquisa que el propio Emperador Carlos ordenó hacer a los franciscanos en la ciudad. Bernal se refirió a ella de este modo:
Y también quiero decir que unos buenos religiosos franciscanos, que fueron los primeros frailes que Su Majestad envió a esta Nueva España después de ganado México, según adelante diré, fueron a Cholula para saber e inquirir cómo y de qué manera pasó aquel castigo y por qué causa, e la pesquisa que hicieron fue con los mesmos papas e viejos de aquella cibdad; y después de bien informados dellos mismos, hallaron ser ni más ni menos que en esta mi relación escribo, y no como dice el obispo.
            A la vista de los testimonios aportados, parece evidente que, tal y como él mismo afirmó, de no haberse adelantado, Cortés y los suyos hubieran perecido en Cholula. Ello no fue, sin embargo, obstáculo para que aquella mancha sangrienta quedase siempre asociada al conquistador de Medellín, modelo de otros muchos, y de la propia doña Marina, a la que muchos prefieren llamar Malinche, para hacer de ella una mujer tan liviana y como traidora de un México inexistente.

La conquista de México en su Quinto Centenario

Zenda, 25 de marzo de 2019:
https://www.zendalibros.com/la-conquista-mexico-quinto-centenario/

La conquista de México en su Quinto Centenario


En 1651, Antonio de Solís y Rivadeneyra publicó su Historia de la conquista de Méjico. Más de un siglo había transcurrido desde que Cuauhtémoc había sido apresado mientras huía de la devastada Tenochtitlan. La captura del último tlatoani certificó el sometimiento del imperio mexica a aquel puñado de españoles capitaneados por Hernán Cortés. En definitiva, desde hace tres siglos largos, la conquista de México figura en muchos de los títulos que reconstruyen la caída de la ciudad de Tenochtitlan, aquella que fascinó y aterró por igual a los barbudos.
            Coincidiendo con los quinientos años de la llegada de los españoles a las costas continentales y con el encuentro de Moctezuma y Cortés, parece oportuno revisitar las crónicas. Así lo consideró La Esfera de los Libros cuando, en febrero de 2018, me encargó este libro. Aceptado el reto de escribir sobre un tema tan manido, era obligado establecer cierto orden y delimitar los confines de la historia que se pretendía contar. Una historia confeccionada a partir de las fuentes clásicas. He aquí la primera exigencia, pues a pesar de que los españoles eran dados a dejar por escrito, con objetivos mundanos pero también trascendentes, sus acciones, existen dos corrientes principales de crónicas: la cortesiana y la bernaldiana. En el primer caso, las Cartas de Relación de Cortés abren un conjunto que se completa con la obra de Francisco López de Gómara. Toda una serie de historias de México se acogen a esta influencia de exaltación del héroe de Medellín. La otra la protagoniza la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, obra que reparte los méritos de aquella hazaña entre el colectivo e incorpora una deliciosa viveza, incluso crudeza, en muchos de sus pasajes. Entre estos dos polos he tratado de moverme, con la intención de descubrir al Cortés que se oculta tras su propio mito y con la de tratar de ofrecer un cuadro realista de aquella heterogénea hueste que anduvo entre volcanes y navegó sobre el lago Texcoco. Existe otra familia de estudios, los apoyados en esas fuentes, ya convertidos en verdaderos clásicos, como es el caso de la obra de Thomas, que se apoya, como es mi caso, en la obra de Cervantes de Salazar; o las más recientes, debidas a Restall o Camilla Townsend, autora de una obra dedicada a doña Marina. Toda esta bibliografía demuestra que el Anáhuac distaba mucho de ser una Arcadia feliz en la que imperaba un supersticioso y pusilánime Moctezuma.
            Muy al contrario, y ese ha sido uno de los principales objetivos del libro, aquella era una realidad compleja que supo entender Cortés, que se convirtió en un libertador –del yugo mexica, se entiende- de totonacas o tlaxcaltecas. Paralelamente a esta acción pactista, existió un sordo pulso entre Moctezuma y Cortés que es necesario recrear. Un extraño pulso diplomático bajo el que se desarrolló el viaje a la ciudad de los lagos. De hecho, Cortés recibido ceremoniosamente en la capital, a la que accedió junto al emperador. Comenzaba ahí una fase, de atmósfera cortesana, interrumpida por la llegada a la costa de Narváez, que rompió el tenso equilibrio alcanzado en Tenochtitlan.
            Una nueva fase narrativa se abre en ese momento, pues la reconstrucción de las batallas, de la Noche Triste y de la ofensiva anfibia final, exigieron la búsqueda de un ritmo y un tono épico que no descuidara la cruda realidad a la que da lugar la guerra. Tomada Tenochtitlan, se planteó un interrogante: ¿cómo cerrar La conquista de México? La respuesta la dieron la biografía de Cortés y las diferentes cartografías mexicanas. En efecto, los fronteras de los Estados Unidos Mexicanos no coinciden con las del periodo de máxima expansión del Virreinato de la Nueva España. Tal posibilidad obligó a acometer la desgraciada expedición a Las Hibueras o las expediciones hacia los territorios norteños. Incluso a prestar atención a las empresas marinas en las que estuvo involucrado Cortés, aquellas en cuyos límites aparecieron tierras que recibieron nombras tan fantásticos como California. Todo ello forma parte de esta obra que se aproxima a la fascinante conquista de México.

Iván Vélez

Hernán Cortés: el héroe y el mito

OkDiario, 25 de junio de 2019:
https://okdiario.com/opinion/hernan-cortes-bigger-than-life-sin-pelicula-que-haga-justicia-4295554

Hernán Cortés: el héroe y el mito


Como ocurre con todos los grandes hombres que han dejado su impronta en la Historia universal, Hernán Cortés se mueve entre los datos que los documentos propios y los de sus coetáneos se conservan, y las trazas del mito o mitos que gravitan sobre el de Medellín. Por lo que a su aspecto se refiere, la apariencia de Cortés oscila entre el retrato que de él hizo el acuarelista alemán Christoph Weiditz, que lo trató y lo pintó en El libro de los trajes, cuando el conquistador tenía cuarenta y dos años, y el busto de bronce dorado que esculpió Manuel Tolsá  a finales del XVII para ser colocado en el Hospital de Jesús fundado por el conquistador y todavía en funcionamiento. En él, el anguloso rostro weiditziano suaviza sus rasgos y eleva sus ojos hacia el cielo de un modo similar a las representaciones de Alejandro, con quien tantas veces se ha comparado a Cortés. A esos hitos plásticos ha de unirse el célebre mural de Rivera, en el cual la deformidad física trata de hacer aflorar las malformaciones morales de un hombre en el que se concentrarían todos los atributos de la Leyenda Negra. Muchos son, en definitiva, los corteses a los que dio vida Hernán Cortés Monroy Pizarro Altamirano, hidalgo nacido probablemente en 1485 en Medellín y muerto el 2 de diciembre de 1547 en Castilleja de la Cuesta de mal «de cámaras», años después de que él mismo incorporara estas elocuentes palabras en su Quinta Carta de Relación, dirigida al emperador Carlos: «Según lo que yo he sentido, Muy Católico Príncipe, puesto que desde el principio que comencé a entender en esta negociación yo he tenido muchos, diversos y poderosos émulos y contrarios».
            Hernán fue un muchacho inquieto al que sus padres quisieron encauzar por la vía de las letras, es decir, de las leyes, enviándolo a Salamanca, donde vivía su tío Francisco Núñez de Valera, escribano casado con la hermanastra de su padre, Inés Gómez de Paz. Allí aprendió Gramática y todos los rudimentos legales que tan útiles le fueron durante su vida. Con los saberes y experiencia adquiridos, junto con algunas recomendaciones, el joven estuvo en condiciones de pasar a América. La primera ocasión se presentó en 1502, dentro de la gran flota de Nicolás de Ovando, a quien acaso conoció durante la estancia de éste en la Extremadura a la que Cortés había regresado. Al parecer, el muchacho no pudo embarcarse debido a las lesiones que se produjo al caer desde un tejado mientras cortejaba a una mujer casada. La fecha comúnmente aceptada de su viaje a Las Indias es el año 1504. Lo hizo a bordo del navío La Trinidad. Así lo declaró él mismo años más tarde en un memorial dirigido al Emperador. Su primer destino fue La Española. Allí trabajó durante seis años en la escribanía de la villa de Compostela de Azúa, antes de pasar a Cuba, donde se convirtió en un hombre influyente y adinerado que alcanzó un profundo conocimiento de los españoles que vivían en la isla. Esta intuición le acompañó durante toda su vida y le permitió salir airoso de difíciles trances.
            Todo ello determinó que el Gobernador de Cuba, Diego Velázquez de Cuéllar, se fijara en él para encabezar la tercera de las expediciones a Tierra Firme con las que aquel hombre trataba de obtener la vanguardia en la carrera hacia el continente. Fue en Veracruz donde, aupado por los descontentos, fundó un cabildo, se erigió en capitán general y justicia mayor y envió una serie de tesoros, que llegó a contemplar Alberto Durero, y documentos, según los cuales, aquel municipio se situaba bajo la obediencia del rey Carlos y cortaba amarras con un Velázquez al que movía el interés puramente personal. También fue allí donde barrenó y echó al través las naves, impidiendo el regreso del bando velazquista a Cuba. El mito prefiere hacer arder aquellas naves, si bien, en ningún documento de la época se habló del fuego.
            A partir de entonces, el de Medellín mantuvo constantes contactos con los emisarios de Moctezuma, al tiempo que establecía una serie de alianzas con los pueblos tributarios del emperador mexica. Sin duda, fueron sus habilidades diplomáticas, unidas a su severidad en la aplicación de la justicia, las que permitieron que su hueste, de poco más de quinientos españoles, se viera sensiblemente aumentada con la incorporación de guerreros nativos. La audacia de Cortés le llevó a entrar en la ciudad lacustre de Tenochtitlan, corazón del imperio mexica, donde poco después, tras conocerse el ataque lanzado sobre la Villa Rica de Veracruz, hizo prisionero a Moctezuma, cuya captura garantizó durante un tiempo la seguridad de los españoles. Meses después, la llegada a la costa de Pánfilo de Narváez, enviado por Velázquez, rompió aquella extraña atmósfera cortesana. Hostigados por los mexicas, los españoles abandonaron Tenochtitlan en la catastrófica Noche Triste, a la que siguió la batalla de Otumba y la contraofensiva en la cual tuvieron un papel fundamental los aliados tlaxcaltecas. Tras un duro asedio, invadida por la pestilencia favorecida por el hacinamiento de sus habitantes, la ciudad cayó definitivamente en manos españolas con la captura de Cuauhtémoc. La victoria precedió al nombramiento de Cortés como Marqués del Valle de Oaxaca. Al señor novohispano le fueron concedidos 23.000 vasallos y grandes extensiones de tierra. A este éxito se unió su ascenso en la escala social española, gracias a su boda con Juana de Zúñiga, que le dio a su hijo Martín, tocayo del Martín que tuvo con doña Marina, al que quiso tanto como para solicitar al Papa una bula de legitimidad y procurarle el hábito de Santiago.
            La conquista del Imperio mexica no aquietó a Cortés. Convertido en armador, sus barcos navegaron por el Pacífico atravesado por Elcano en ayuda de quienes siguieron aquella derrota. Con él al mando de una flotilla, ascendió hacia el norte para descubrir y dar un nombre mitológico a una nueva tierra: California. Todo ello ocurrió después de que emprendiera una catastrófica expedición por la selva de Honduras en pos del rebelde Cristóbal de Olid. Si estos fueron los lugares en los cuales destacó su figura, el sometimiento al Juicio de Residencia, por el que estaban obligados a pasar todos los gobernantes españoles, le mantuvo rodeado del papel al que tanto debía. Al cabo, la legitimación de sus acciones la logró gracias a su habilidad con su pluma. Envuelto en mil pleitos y en razonamientos a propósito de la conveniencia de la encomienda indiana, Cortés pasó sus últimos años en España, donde recibió el trato propio de un hombre que había alcanzado la gloria en un mundo nuevo y exótico. Antes de que su cuerpo fatigado exhalara su último aliento, el de Medellín era ya espejo de conquistadores. Moría el hombre, nacía el mito.

Motivos para reivindicar a Cortés

El Mundo, 26 de marzo de 2019:
https://www.elmundo.es/papel/historias/2019/03/15/5c8a4bb221efa00f308b45dc.html

Motivos para reivindicar a Cortés


Dentro de un mes se cumplirán quinientos años desde que Hernán Cortés y sus compañeros desembarcaran en las costas hasta las que llegaba el poder de Moctezuma. En aquellas playas se hizo patente la división entre los alrededor de quinientos cincuenta españoles que viajaron desde Cuba con el hidalgo de Medellín. Mientras unos pretendían trocar objetos por oro, otros estaban decididos a establecerse. En Veracruz comenzó a fraguarse el Cortés que ha pasado a la Historia, el hombre que barrenó, que no quemó, sus naves, y decidió penetrar en una tierra habitada por pueblos sometidos al poder mexica que exigía tributos materiales y humanos cuya sangre y corazones eran ofrecidos a los dioses.
            Hábil diplomático, Cortés selló alianzas con las naciones oprimidas por los mexicas y supo escapar de las trampas del astuto Moctezuma quien, finalmente, le recibió en la ciudad lacustre de Tenochtitlan. Temiendo caer en una trampa, los españoles apresaron al emperador mexica, convirtiéndolo en el garante de su seguridad. Aquel frágil equilibrio se quebró con la llegada de Pánfilo de Narváez, enviado por el gobernador de Cuba para apresar a Cortés, que abandonó la ciudad para neutralizar a tan peligroso visitante. Fue en su ausencia cuando Alvarado hizo la matanza del Templo Mayor, tras la cual se produjo la desastrosa Noche Triste. En su retirada, Cortés fue, no obstante, capaz de vencer en la mítica batalla de Otumba y, una vez repuesto en la ciudad aliada de Tlaxcala, rehacerse y lanzar un contragolpe anfibio sobre Tenochtitlan que combinó la acción de la infantería, la caballería y la de los bergantines sobre el lago Texcoco. Tras un crudo asedio, el 13 de agosto de 1521, la ciudad cayó en manos españolas.
            Como ocurre en aniversarios de semejante escala, es de prever que aquellos hechos dejarán un rastro de obras y reinterpretaciones a ambos lados del Atlántico. Al cabo, Cortés, que figura por méritos propios en el panteón heroico español, quiso terminar sus días en la Nueva España en la que se cimentaron los actuales Estados Unidos Mexicanos. Mientras llega tan esperado como, previsiblemente, enconado debate, ofrecemos a continuación una serie de motivos para reivindicar al de Medellín, teniendo muy presente aquella afirmación quevedesca: «Bien sé a cuántos contradigo».

1.      Rectificación del modelo antillano.
Entre las acciones más audaces realizadas por Cortés destaca el hundimiento, que no quema, de las naves. En Veracruz trazó una estrategia para romper con el gobernador de Cuba y también propuso un sistema que evitara la destrucción de los indios: «…algunos, por temor que les han de ser quitados e removidos los indios que en estas partes tobieren, como ha sido fecho a los vezinos de las Islas, están siempre como de camino e no se arraigan ni heredan en la tierra, de donde resulta no poblarse como convernía ni los naturales ser tratados como era razón, e si estobieren ciertos que los ternían como cosa propia, que en ellos habían de suceder sus herederos e sucesores, ternían especial cuidado de no solo no los destruir ni desipar mal, aun de los conservar e multiplicar, por tanto, yo en nombre de Su Magestad, digo e prometo que a las personas que esta Instrucción tobieren e quisieren permanecer en estas partes, no les serán removidos ni quitados los dichos indios que por mí, en nombre de Sus Magestades, tobiesen señalados para en todos los días de su vida, por ninguna cabsa ni delito que cometa, si no fuere tal que por él merezca perder los bienes e por mal tratamiento de los dichos naturales…».

2.      Fundador de un cabildo, célula revolucionaria hispana.

            A Cortés se debe la fundación del cabildo de la Villa Rica de la Veracruz, entendida por algunos, entre ellos Manuel Giménez Fernández, como una revolución comunera en el Nuevo Mundo. La fundación de Veracruz dio continuidad al desbordamiento peninsular que siguió al descubrimiento de América. Un desbordamiento que cabe calificar como civilizatorio por la búsqueda de integración de la población nativa, pero también, en un plano puramente fisicalista, por el hecho de que el Imperio español se apoyó no en factorías sino en una tupida red de ciudades que articularon todo territorio, no solo la costa. Siglos después, a principios del XIX, los cabildos fueron la pieza clave de la revolución hispana –criolla y urbana- que, en nombre del rey y de la religión católica, transformó el Imperio español en un conjunto de naciones soberanas.

3.      Cortés y el valor de la palabra escrita

            Gran parte del éxito de Cortés se debió a su habilidad con la pluma, destreza que adquirió en Salamanca. El metelinenese fue un escritor incansable que pronto percibió el efecto que en los indios producía la palabra escrita. En Cozumel, enterado de que había españoles, redactó una misiva que circuló por la isla oculta entre los cabellos de un indio. El papel dio como resultado la aparición del clérigo Jerónimo de Aguilar, superviviente de un naufragio. Durante toda la conquista, la escritura castellana, superior a los métodos gráficos de los mexicas, supuso un poderoso método de comunicación que sorprendió a los indios. Cervantes de Salazar así lo confirmó, cuando dijo que estos se admiraban «de que el papel supiese hablar». En el Anáhuac, las cartas se movieron de manera incesante, implantando una tecnología alfabética desconocida, para la que, finalizada la conquista, se habilitó una imprenta. Gracias a la llegada de hombres letrados se pudieron confeccionar tempranas gramáticas de lenguas prehispánicas. En 1547 fray Andrés de Olmos compuso su Arte para aprender la lengua mexicana. En 1555, fray Alonso de Molina publicó el Vocabulario en lengua mexicana y castellana.

4.      Cortés libertador.
            Una de las interpretaciones más polémicas que de Cortés se han dado es aquella que responde al calificativo de «libertador», máxime cuando tal adjetivo suele vincularse al Bolívar que rompió con la «desnaturalizada madrastra» España. Sin embargo, la llegada de Cortés permitió que muchas naciones étnicas se sacudieran el yugo mexica, que apretaba hasta el punto de exigir abultados tributos, incluidos los de sangre. La incursión hispana hacia Tenochtitlan se hizo con batallas pero, sobre todo, mediante el sellado de alianzas con una serie de pueblos que prefirieron colocarse bajo la obediencia de aquellos barbudos que hablaban de un remoto rey Carlos, que continuar recibiendo la temible visita de los recaudadores mexicas.
5.      Erradicación de los sacrificios humanos
            Cortés era un cristiano de su tiempo que repudiaba lo que consideraba idolatría. Como es sabido, el culto a los dioses zoomorfos venía acompañado por sacrificios humanos en los cuales el cuchillo de piedra se adentraba en los pechos de los hombres para extraer sus corazones antes de descuartizar los cuerpos sin vida de aquellos desdichados. Frente a la alucinada interpretación que hizo Las Casas, capaz de justificar aquellas muertes argumentando que la vida humana es lo máximo que se podía ofrecer a los dioses, Cortés pidió a los emisarios de Moctezuma que le transmitieran un nítido mensaje. El de Medellín pretendía que el huey tlatoani «conosciese los errores grandes en que él y todos los suyos viven, adorando muchos dioses en figura de animales, con sacrificios de hombres sin culpa e inocentes, viviendo en muchas cosas contra toda razón y ley natural». Ya frente a él, insistió en un mandato que, envuelto en argumentos religiosos, tenía un trasfondo ético: la conservación de las vidas humanas. La victoria hispana permitió que aquellas prácticas se erradicaran gradualmente.
6.      Cortés y la Controversia de Valladolid.

En una decisión inaudita, la conquista se detuvo. Ante la posibilidad de que el Emperador se condenase por las acciones de sus vasallos, se organizó un debate de altos vuelos teológicos en el que se enfrentaron Las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda: la Controversia de Valladolid, tras la cual se impusieron las tesis sepulvedanas. El autor de Historia del Nuevo Mundo, condensó en esta frase el objetivo de unos argumentos que permitieron continuar con la acción hispana: «Así con el correr del tiempo, cuando se hayan civilizado más y con nuestro imperio se haya reafirmado en ellos la probidad de costumbres y la Religión Cristiana, se les ha de dar un trato de más libertad y liberalidad». Su conclusión venía cimentada en la descripción que de la realidad del Nuevo Mundo le había dado un profundo conocedor de lo que ocurría al otro lado del Océano. Su nombre era Hernán Cortés, al que el traductor de Aristóteles había conocido en persona cuando este regresó por última vez a España.

7.      Cortés, un hombre de mar.

            En 2019, además del encuentro entre Cortés y Moctezuma, ocurrido el 8 de noviembre de 1519, se conmemora el inicio de la circunnavegación culminada por Elcano. Cortés no fue ajeno al móvil que impulsó a Magallanes: el viaje a Las Molucas. De hecho, el de Medellín buscó durante toda su vida un paso natural inexistente, el que conectara el Atlántico con el mar descubierto por Núñez de Balboa. El extremeño estuvo siempre ligado al arte de marear y al de armar barcos. El 20 de junio de 1526, el Emperador Carlos pidió a Cortés que auxiliara a Loaysa y a los supervivientes de la nao Trinidad, capitaneada por Gonzalo Gómez de Espinosa. Además de aquella misión, Cortés organizó diversas expediciones marítimas que dieron como resultado el descubrimiento de una tierra a la que se dio un nombre fabuloso: California. Hoy aquellas playas están bañadas por el Mar de Cortés.

8.      Cortés empresario

La sed de oro movió a los españoles en América. Tal es la tesis negrolegendaria más extendida. Sin embargo, ni todos los españoles buscaban oro –repare el lector en la gran presencia de clérigos-, ni los españoles fueron los únicos deslumbrados por el metal, como se demostró en la Venezuela a la que llegaron los nada refinados banqueros alemanes. Cortés tuvo minas, pero también impulsó otros muchos negocios. En 1526 escribió a su padre solicitando bastimentos, ovejas, carneros y simiente de morera, industria por la que mostró un gran interés. En su carta dijo: «yo he sido el primero que en esta tierra he criado árboles de morales y he criado y aparejado seda y he hallado las tintas de carmesí e otras colores convinientes e provechosas para ella, y porque de criarse y multiplicarse en esta Nueva España en mucha cantidad de los dichos árboles de morales redundará en señalado servicio de Sus Magestades e acresçentamiento de su Real Patrimonio, mucho provecho de los españoles e naturales conservación e buen tratamiento dellos». Las tintas carmesí eran la cochinilla. Ya empleada por los mexicas, fue durante mucho tiempo el segundo producto más valioso, tras el oro, que salía de Nueva España, pues no se podía cultivar en Europa.

9.      Señores por méritos propios.

            Según contó Bernal, antes de culminar la conquista, Cortés motivó en ocasiones a sus soldados con la promesa de convertirlos en una suerte de señores feudales. Y en efecto, así ocurrió. Aunque después de la caída de Tenochtitlan muchos se sintieron insatisfechos, el metelinense otorgó más de quinientas encomiendas, cuyos propietarios quisieron conservar y entregar a sus descendientes. Muchos de aquellos hombres solicitaron al rey escudos de armas en los que figuraban unas hazañas que sirvieron para dar inicio a algunos de los más distinguidos linajes novohispanos. En la Nueva España se reproducía lo ocurrido en la península, trocando a los infieles mahometanos por los idólatras indígenas.

10.  Cortés y el mestizaje
            Probablemente el efecto más destacable del Imperio español en el Nuevo Mundo fue la configuración de una sociedad mestiza que contrasta con el proceder depredador y fuertemente racista anglosajón. Si de mixtura de razas hablamos, Cortés, de quien Bernal dijo que «dábase a mujeres» dejó una descendencia amplia en la que han de incluirse los hijos que tuvo con mujeres indígenas. Entre ellos destaca el que tuvo con doña Marina, su intérprete y amante. Para el mestizo Martín, solicitó Cortés una bula papal de legitimidad. Asimismo, le procuró el prestigioso hábito de Santiago. De los sentimientos para con este hijo, habla por sí solo lo que el ya Marqués de Oaxaca escribió en una carta a su primo Francisco Núñez. En ella Cortés dijo: «Pues hágoos saber que no le quiero menos que al que Dios me ha dado en la marquesa».

Hernán Cortés, conquistador del Imperio mexica

OkDiario 9 de julio de 2019:
https://okdiario.com/opinion/hernan-cortes-conquistador-del-imperio-mexica-4350344

Hernán Cortés, conquistador del Imperio mexica


Hijo de Martín Cortés y de Catalina Pizarro Altamirano, Hernán Cortés nació en Medellín en 1485. Durante su juventud estudió durante dos años en Salamanca, ciudad en la que obtuvo una formación en leyes que le fue muy útil durante toda su vida. Sin terminar sus estudios, regresó al seno familiar, donde permaneció poco tiempo. Pronto dejó el ambiente familiar para dar el salto al Nuevo Mundo. En el Caribe hizo valer sus habilidades y observó de qué modo se desenvolvían los hombres ávidos de fortuna y fama, mientras acrecentaba su hacienda esperando su momento.
Hombre de prestigio, Cortés llamó la atención de Diego Velázquez, Gobernador de Cuba, que le confió una expedición con la que trataba de reponerse de los reveses sufridos por Francisco Hernández de Córdoba y Juan de Grijalva. De Cuba salieron alrededor de quinientos cincuenta soldados, entre ellos treinta y dos ballesteros y trece escopeteros. Al ejército han de sumarse doscientos indios y algunos esclavos negros, junto a cierto número de indias de servicio. A bordo de los navíos viajaron diez cañones de bronce, cuatro falconetes y dieciséis caballos. En aquel contingente se había incorporado un importante número de participantes en las dos expediciones, hombres descontentos que en las playas de Veracruz dieron a Cortés el respaldo para fundar un cabildo y enviar desde allí, documentos y joyas al rey Carlos I. La ruptura con Cuba se había consumado, para dar comienzo a la incursión en el imperio dominado por Moctezuma, cuyos emisarios tomaron contacto con los barbudos de inmediato.
En el litoral se produjo la primera batalla, la de Centla, en la que algunos creyeron ver al apóstol Santiago combatiendo del lado cristiano. También allí, Cortés mandó barrenar y desmantelar la mayor parte de su flota para impedir que la facción que quería regresar a Cuba, pudiera hacerlo. Con el paso del tiempo, a aquella trascendental decisión se le añadieron las llamas que completan la imagen mítica de Cortés quemando sus naves. Desde la costa, los españoles penetraron y comenzaron a establecer alianzas con los pueblos tributarios de Tenochtitlan. La primera de ellas se hizo con Cempoala, sin embargo, la decisiva fue la que sellaron con los mayores enemigos de los mexicas, los tlaxcaltecas, principales aliados de los españoles durante la conquista. Mientras todo esto ocurría, Moctezuma alternaba ofrendas con las que trataba de disuadir a aquellos hombres de entrar en su ciudad, con estrategias bélicas.
En la ciudad sagrada de Cholula, el Emperador había previsto acabar con los españoles. Cortés, viendo las señales de una posible emboscada, se adelantó e hizo un baño de sangre entre la nobleza cholulteca. La conmoción de aquella matanza allanó el camino de los castellanos, que cruzaron entre volcanes y se dirigieron a la capital del imperio, donde fueron recibidos fastuosamente. La ciudad lacustre de Tenochtitlan les impresionó hondamente. Era tan bella como peligrosa, pues la isla, dentro de un lago comunicado por calzadas interrumpidas por puentes levadizos, permitía dejar aislados a sus visitantes. Temerosos de ello, los españoles secuestraron a Moctezuma, que ya había atacado a los blancos en su retaguardia.
Durante meses, Cortés y Moctezuma convivieron dentro del palacio de Axayácatl. Sin embargo, aquella calma quedó rota con la llegada a la costa de los hombres de Velázquez, encabezados por Pánfilo de Narváez. Aquellos españoles, pronto establecieron pactos con Moctezuma, que seguía conservando mucho de su poder. Era preciso neutralizar a aquellos españoles que amenazaban lo logrado hasta ese momento, por lo que Cortés abandonó la ciudad dejando en ella a Pedro de Alvarado. La victoria, cayó con facilidad del lado del extremeño, que usó de toda su astucia para desactivar a Narváez. Con muchos de los soldados de este incorporados a su tropa, Cortés no tuvo tiempo para paladear su victoria, pues en la capital, Alvarado, temiendo un ataque, había masacrado a la nobleza mexica. A partir de entonces, la calma abandonó a los españoles, que se vieron asediados en su palacio. De nada sirvió hacer salir a Moctezuma a la azotea para amansar a sus súbditos. El Emperador, que había perdido su poder, fue abatido de una pedrada.
Muerto Moctezuma, Cortés dispuso la huida de la ciudad, que se produjo durante la que pasó a la Historia como la Noche Triste. En ella, gran parte del ejército español y de los aliados tlaxcaltecas, murieron en los pasos de la calzada de Tacuba a manos de los mexicas. Golpeados por aquel revés, los españoles fueron capaces de vencer en la batalla de Otumba y de regresar a Tlaxcala, donde fueron atendidos. Un factor añadido, una epidemia para la que los naturales no tenían defensas, comenzó a propagarse. En Tlaxcala, Cortés diseñó un contragolpe anfibio. Allí dio orden de confeccionar unos bergantines que debían navegar por la laguna en apoyo de la infantería y la caballería. Así se hizo. Bajo las órdenes de Martín López se cortó la madera y se elaboraron las piezas que, a hombros de los indios, se llevaron a la orilla del lago Texcoco donde se armaron los bergantines.
La ofensiva final sobre Tenochtitlan combinó las acciones en las calzadas con el apoyo de aquellos barcos para los que las canoas no eran rival. Poco a poco, el ejército español, aumentado por un creciente número de aliados, fue encerrando a los bravos mexicas, que fueron capaces de hacer mucho daño antes de su rendición causada en gran medida por el desabastecimiento y las enfermedades. El 13 de agosto de 1521, después de más de dos meses de asedio en los que la ciudad quedó arrasada, el último emperador, Cuauhtémoc, fue apresado mientras trataba de huir a bordo de una canoa.

En respuesta a AMLO: la conquista de México, un gradual proceso de mestizaje

Artículo publicado el 26 de marzo de 2019 en El Mundo:
https://www.elmundo.es/espana/2019/03/26/5c9a584ffdddff7bb58b4674.html

En respuesta a AMLO: la conquista de México, un gradual proceso de mestizaje


«¡Viva nuestra madre santísima de Guadalupe!, ¡viva Fernando VII y muera el mal gobierno!»
Estas fueron las palabras que dieron forma al Grito de Dolores lanzado al aire en la mañana del 16 de septiembre de 1810 el sacerdote novohispano Miguel Hidalgo y Costilla. Aquella declaración, de evidente raigambre escolástica, es la que se considera la chispa de un proceso que dio lugar, no sin dificultades, a la cristalización de una nueva nación política que hoy lleva el nombre de Estados Unidos Mexicanos.
Más de dos siglos después, Andrés Manuel López Obrador, presidente electo de México, puesto al que accedió gracias al partido Movimiento Regeneración Nacional, cuyo acrónimo, MORENA, juega con el apelativo con el que es conocida la Virgen de Guadalupe, presente en el Tepeyac y en cualquier rincón de la nación hispanohablante más poderosa, ha anunciado que hace tiempo envió sendas cartas al Rey de España y al Papa para que: «se haga un relato de agravios y que se pida perdón a los pueblos originarios por las violaciones a lo que ahora se conocen como derechos humanos; hubo matanzas, imposiciones... la llamada conquista se hizo con la espada y con la cruz».
La polémica, como es lógico, ha estallado a ambos lados del Océano que separó o, por mejor decir, unió durante siglos a España y a la Nueva España que sucedió a la conquista encabezada por Hernán Cortés, cuya astucia le permitió percibir las fisuras que se abrían en el aparentemente omnímodo poder de Moctezuma, circunstancia que aprovechó para tejer una serie de alianzas con aquellos pueblos sometidos al poder de mexica, que vieron en la llegada de los barbudos la ocasión propicia para sacudirse un yugo que exigía, entre otros, un tributo de sangre humana. Dos años después de la llegada de Cortés y sus compañeros, cayó Tenochtitlan. Sin embargo, la conquista no dio paso a una sustitución radical de una sociedad por otra, sino a un gradual proceso de mestizaje. El componente hispano era absolutamente minoritario, razón por la cual muchos de los linajes prehispánicos mantuvieron su poder. Puede AMLO comprobar esta afirmación acudiendo a la obra de su compatriota Bernardo García Ramírez, profesor del Centro de Estudios Históricos del  Colegio de México y miembro de la Academia Mexicana de la Historia.
Habla también AMLO de las violaciones de «los que ahora se conocen como derechos humanos», acaso sin saber que la prefiguración de tales derechos, cuya Declaración se hizo en 1948 como reacción a las atrocidades de la II Guerra Mundial, la hicieron españoles que vivieron a la sombra de la cruz y que contaron con la protección de la espada. Destacados teólogos que debatieron en la Controversia de Valladolid, impulsada por la misma Corona que mandó cesar temporalmente la conquista, tras la cual se reforzó una protección, la de los naturales, ya presente en el testamento de Isabel la Católica.
La vía epistolar de López Obrador da continuidad a los bucles indigenistas con los que se envolvió en el Zócalo de la Ciudad de México, lugar en el que protagonizó una ceremonia que, aparentemente, podía resultar una simple maniobra con objetivos electorales o populares. Sin embargo, el paso de la escena a la palabra escrita, implantada en el Nuevo Mundo por aquellos españoles rodeados de cartas de relación y probanzas de méritos, da cuenta de hasta qué punto AMLO está contaminado por una leyenda negra tan nociva para los españoles como para los mexicanos. Una leyenda que, en lo referente a la conquista española de un México que en absoluto puede identificarse con la nación política gobernada por el tabasqueño, se fraguó durante el siglo XIX, pero que no se sostiene dos siglos más tarde.
Quiéralo o no AMLO, el México actual, en el cual sobreviven comunidades indígenas a menudo marginadas por su dosis de melanina, se construyó sobre las estructuras –políticas, económicas, jurídicas, urbanísticas, religiosas- del Virreinato de la Nueva España. Fueron esas instituciones, de origen peninsular, las que permitieron que en aquellas tierras, que incluían las islas Filipinas desde las que partía el Galeón de Manila, se constituyera una sociedad que asombró, por grado de desarrollo, a Humboldt. El México que se cimentó sobre el virreinato, y que en modo alguno fue restauración de la realidad precortesiana, constituye hoy el centro de gravedad de la Hispanidad, realidad nada baladí que un gobernante de la talla de AMLO debiera valorar para sacudirse el sahumerio negrolegendario que nubla su discurso.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Hernán Cortés: las armas y las letras

La Aventura de la Historia, n. 246.
Hernán Cortés: las armas y las letras

El 13 de agosto de 1521, día de san Hipólito, Cuauhtémoc agarró la empuñadura del puñal que Cortés llevaba al cinto, para pedirle la muerte tras haber sido capturado por García de Holguín en la laguna de Tenochtitlan. Clemente en el triunfo, Cortés consoló al último tlatoani mexica. Después, con la ciudad envuelta en un grave silencio, una tormenta cayó como cae el telón que cierra una obra de teatro. La escena, en efecto, ofrece materia para el drama y supone la apoteosis de aquel se ha comparado con Julio César o Alejandro.
En la primavera de 2019 se cumplirán quinientos años desde que Hernán Cortés, acompañado por algo más de quinientos españoles, se asentara en las playas hasta las que llegaba el poder de Moctezuma. En los arenales, el de Medellín comenzó a adquirir los atributos que le hicieron entrar en la Historia universal. Sobre unos pliegos de papel, manejó con pulso legal la pluma que tanto empleó durante su vida, por más que las estatuas a él erigidas prefieran representarlo con una espada. Fue allí donde cortó amarras con Diego Velázquez y decidió penetrar en el Imperio mexica.
En su marcha hacia la ciudad lacustre, más allá de las batallas con las diferentes naciones étnicas, se forjó la alianza que resultó decisiva. De no haberse convertido en libertador de los tlaxcaltecas, tanto él como sus hombres hubiesen sido aniquilados después de la Noche Triste. En la ciudad de Tlaxcala diseñó un contragolpe anfibio. La imagen de las piezas con las que se confeccionaron los bergantines a orillas del lago Texcoco, cruzando la sierra a hombros de los indígenas es, junto a la quiebra de las naves, la que mejor ilustra la audacia de aquellos barbudos movidos por la búsqueda de riqueza pero también de fama.
El 13 de agosto de 1521, Cortés alcanzó su cénit heroico, sin embargo, el hombre convertido en mito, no se sumió en la quietud. Pacificada la tierra, Cortés, cuyas hazañas asombraron a Europa gracias a sus Cartas de Relación, se convirtió en un modelo para algunos de sus compatriotas. Entre ellos destacó Cristóbal de Olid, en pos del cual partió el conquistador, seguido por un extravagante séquito que se adentró en la selva de Honduras. Perdido su rastro, a sus manos llegó una carta en la que se le daba por muerto y, aunque, como narró Bernal, «tomó tanta tristeza que luego se metió en su aposento y comenzó a sollozar», el capitán fue capaz de regresar, aclamado por los indígenas, para proseguir con sus incesantes proyectos.
Incapaz de permanecer quieto en su marquesado, don Hernando, que había ascendido en la nobleza española tras su matrimonio con Juana de Zúñiga, partió hacia una tierra que recibió el fabuloso nombre de California. Hasta allí llegó otro papel, firmado por su esposa, que le pedía «que mirase los hijos e hijas que tenía, y dejase de porfiar más con la fortuna y se contentase con los heroicos hechos y fama que en todas partes hay de su persona». Cortés, en efecto, regresó, pero no dejó descansar la pluma, con la que pleiteó incansablemente hasta el fin de sus días. Gracias a tan modesto instrumento, también sabemos de otro Cortés, oculto tras el brillo de su coraza, cuya figura adopta los perfiles de un estadista.

Corrompida Universidad catalana

Libertad  Digital 31 de octubre de 2019 https://www.clublibertaddigital.com/ideas/tribuna/2019-10-31/ivan-velez-corrompida-universidad-catalana-89137/
Corrompida Universidad catalana

En pleno bloqueo de las aulas por parte del sector secesionista estudiantil, los decanos catalanes han manifestado su voluntad de otorgar su particular bula académica a aquellos alumnos que hayan resultado detenidos u hospitalizados durante los disturbios que siguen produciéndose en los campus catalanes. Según ha expresado tan magnífico colectivo, el importe de las matrículas de estos sujetos será devuelto a aquellos heroicos alumnos que han visitado las dependencias judiciales por destacar violentamente en el curso de una huelga que cuestiona una sentencia judicial: la que ha condenado a los delincuentes que, regaladamente, todavía pernoctan en la prisión de Lledoners. Las manifestaciones del decanato eran, no obstante, previsibles, pues muchos de estos adoradores del mito de la cultura han visto coronada de ese modo su trayectoria profesional después décadas de controladas acciones realizadas dentro de los estrechos márgenes delimitados por la administración que hoy encabeza el racista Torra, diligente y tosca herramienta del fugado Puigdemont. Como es sabido, la cúspide del sistema universitario catalán, espejo en el que se miran todos aquellos que tratan de medrar en ese ambiente lazificado, está constituida por una suerte de solemnes comisarios que velan por la estricta observancia de los preceptos hispanófobos. Desde ese vértice hacia la base educativa, se mueven multitud diminutos meritorios, de egos envanecidos por las emanaciones del supremacismo.
            Es este colectivo docente el encargado de administrar el pasto espiritual catalanista que hace creer a quienes se acercan a la corrompida universidad catalana, que forman parte de un solo y, por supuestos, superior pueblo. Frente a ellos, como respuesta del Estado, la nada, ilustrada por el número, único en toda la región, de inspectores que debieran velar por, entre otras cuestiones, la defensa de aquellos alumnos que no están dispuestos a comulgar con las ruedas de molino talladas en su día por Jordi Pujol y su cohorte de manipuladores sociales.
Abandonado el control del mundo educativo por parte del Estado desde hace décadas, pues los partidos hegemónicos, cautivos de su tacticismo y su prisa por acceder a La Moncloa, siempre cedieron esta crucial parcela, era de esperar que las calles barcelonesas acabaran repletas de encapuchados matriculados que buscaran bajo los adoquines la prometida Cataluña libre de una España siempre presentada como yugo, ya sea el de sus majestades católicas ya el de un Franco ahora convertido en figura central de un Gobierno presidido eventualmente por un narcisista guerracivilista.
            Pese a que, sin duda, esas cesiones gubernamentales son las principales causantes de la situación actual, no es menos cierto que todo ello ha ocurrido gracias a la colaboración de una ingente cantidad de docentes que, por motivos diversos, se han plegado a un plan cuidadosamente trazado y anunciado. Frente a tan dóciles adoctrinadores, tan solo se han revelado algunos colectivos, siempre desamparados, o excepciones individuales que han gozado del total abandono por parte de sus colegas. La primera respuesta se dio en 1981. Congregados en torno al Manifiesto de los 2.300, aquellos que estamparon su firma al pie de aquel escrito, conscientes de los efectos que tendría la inmersión lingüística, hubieron de protagonizar una diáspora. La bala que una noche primaveral atravesó la rodilla de Federico Jiménez Losantos evocó los versos de Mayakovski en un descampado barcelonés. Aquel proyectil, a diferencia de lo anunciado por el poeta ruso, no puso el punto final a una vida. El plomo lastró la respuesta a la implantación de una medida de la que hoy vemos sus desnacionalizadores frutos. A aquellos dos millares de firmantes podemos sumar nombres como los de Dolores Agenjo, Ana Losada o Francisco Oya. También los que ahora hacen causa común en el colectivo S´ha acabat, que trata de derribar las puertas atrancadas por una masa embrutecida. Todos ellos se han resistido a la apisonadora catalanista asistida por Madrid, lugar desde donde un ministro fuera de órbita tuitea con las trazas de un equilibrista versado en los arcanos de la equidistancia política y la fatuidad.

Educar en la mentira

Libertad Digital 24 de octubre de 2019, https://www.clublibertaddigital.com/ideas/sala-lectura/2019-10-24/ivan-velez-educar-en-la-mentira-cataluna-89085/

Educar en la mentira
No es la primera vez que Pedro Antonio Heras Caballero aborda el análisis del adoctrinamiento en el odio a España que se practica en determinadas, cada vez más, instancias educativas españolas. En la ya extensa producción ensayística del cordobés figuran títulos como La España raptada. La formación del espíritu nacionalista o Por la educación hacia la independencia. La (de)formación en la escuelas de Cataluña y el País Vasco, obras que suponen un giro respecto de otros libros suyos como La oposición al franquismo en las comarcas de Tarragona. 1939-1977. A Tarragona, lugar en el que ha desarrollado su carrera docente, ha dedicado Heras otros trabajos ajenos a la temática de Educar en la mentira. Adoctrinamiento y manipulación en las aulas de Cataluña y el País Vasco, libro que recientemente ha aparecido dentro del catálogo de Almuzara.
            Por innecesario, pues su contenido es plenamente revelador, Educar en la mentira carece de un capítulo específico de conclusiones. La crítica ejercida por su autor a propósito de lo que el subtítulo denuncia, el adoctrinamiento y la manipulación de los estudiantes en las dos regiones españolas que pugnan por alcanzar un mayor grado de hispanofobia, domina toda la obra y se hace visible gracias al cotejo, exhaustivo, de lo enseñado en las escuelas y de lo que realmente ocurrió en el pasado. Un pasado que tiene, como incierto punto de arranque, nada menos que la Prehistoria, época sobre la que en las aulas catalanas, pues al bloque catalán, análogo al vascongado, dedicamos esta reseña, no se proyectan términos geográficos –la Península Ibérica- sino otro de nítida coloración política: Cataluña. Fue a esa Cataluña a la que llegaron los romanos, con los que llegó el latín vulgar, que se asentó en las costas del Mediterráneo por las que transitaban mercaderes y legionarios, mientras «en el interior de la Península se transmitirá el latín culto que hablaban los funcionarios romanos. Por eso las tierras con menos presencia popular tuvieron un desarrollo más alejado del latín». La ruptura milenaria entre Cataluña y el centro de la Península, estaría ya prefigurada al menos en el terreno lingüístico.
            Si estas fases temporales son objeto de interés en los libros de texto catalanes, no ocurre lo mismo con los periodos dominados por visigodos y árabes, a los que se presta muy escasa atención. Aunque el actual territorio de Cataluña albergó ciudades visigodas tan importantes como Barcelona, Lérida o la Tarragona donde murió san Hermenegildo, los redactores de la doctrina dan un salto histórico que les permite llegar al terreno donde mejor funcionan sus mitos fundacionales: la Marca Hispánica establecida por Carlomagno. Lo sorprendente a propósito del hito fundacional carolingio es el hecho de que en un libro se le pregunte al alumno el motivo por el cual «penetraron en territorio catalán los guerreros francos»… Pese a semejante paradoja, la de unos fundadores que llegan ya a un territorio ya fundado y dotado de personalidad propia, el tiempo, corto históricamente, marcado por Carlo Magno, ocupa gran espacio en los manuales y sirve como antesala a la aparición en escena de Wifredo el Velloso, muerto en 879 y considerado el fundador de la dinastía catalana (sic). De este modo se abre la pretendida historia milenaria de Cataluña. Sobre tan débiles cimientos historiográficos, los educadores están en disposición de proceder al ejercicio confuso y falsificador de la así llamada Corona catalano-aragonesa, maniobra en la cual juega un importante papel, no el inexistente conde de Cataluña, sino el de Barcelona. Heras recuerda oportunamente que los de Pallars Soberano, Pallars Jussá, Rosellón Ampurias y Urgell, fueron condes coetáneos del barcelonés. En el caso del último, huelga decir el importante papel que jugó en el Compromiso de Caspe que entronizó a Fernando de Trastámara, hecho calificado como «fatídico para el país». La fantasiosa y sedicente Corona catalano-aragonesa aparece en la página 34 ilustrada, con evidente exceso cartográfico, en un mapa que se distribuyó oficialmente en centros de enseñanza para uso de alumnos y profesores.
            La, al decir de Heras, guerra civil catalana ocurrida entre 1462 y 1472 resulta de difícil análisis o ideologización por parte de los amanuenses del credo nacionalista catalán, pues en ellas se produce un choque entre las sacrosantas instituciones catalanas, y ello a pesar de la contaminación propiciada por la llegada del de Antequera, y los no menos catalanes menestrales que se rebelaron. Un poco más adelante, en sintonía con la ensoñación catalano-aragonesa, Heras reproduce textos en los cuales la unión entre Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, lo es, bien que de manera diferenciada, entre España y… Cataluña. Son precisamente esos reyes los que permiten el despliegue de una visión netamente negrolegendaria, la arrojada sobre el descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo. Descrita como una auténtica devastación de unas tierras material y culturalmente muy ricas, la atribución de la misma recae, en exclusiva, sobre los castellanos.
            Si todos estos periodos históricos son fértiles para la propaganda catalanista, el éxtasis llega cuando se aborda la Guerra de Sucesión, teatro principal de la farsa historiográfica en la que cumple un extravagante, por falsificado, papel, Rafael de Casanova, a menudo representado por el cuadro de Estruch, La batalla del 11 de septiembre, óleo de principios del XX en el que aparece herido junto al pendón de Santa Eulalia. Como es de prever, la legislación de Nueva Planta es interpretada como una agresión extranjera, española. A esta guerra le sucederá, un siglo más tarde, la de la Independencia, del Francés según una particular visión que interpreta la independencia como exclusivamente catalana, en ningún caso española. Tras las guerras carlistas, el siguiente conflicto bélico, la Guerra de Cuba, supone un verdadero quebradero de cabeza, pues es sabido que el mayor número de voluntarios lo hizo tocado por la barretina. Sin embargo, nada se pone por delante de los propagandistas de la causa cuatribarrada que, en una maniobra de distracción, enfatiza el ambiente de pesimismo que envolvió a España tras aquella derrota caribeña.
            Es en el tramo final, el dedicado al tiempo más reciente, donde la carga ideológica es más profunda. Macià, el Estat Catalá, el Estatuto segundorrepublicano y Companys, son el trampolín perfecto para, sortenando las complicidades de muchos catalanes con la causa franquista, acceder a los días de hoy, abiertos, en lo que respecta a un consentido plan de desespañolización de los catalanes, por Jordi Pujol, principal constructor de este gran aparato embrutecedor que opera en las aulas para producir españoles enfermos dispuestos a dejarse arrastrar por tsunamis de odio a España.

En esta prisión triste y rigurosa...

Libertad Digital 17 de octubre de 2019 https://www.clublibertaddigital.com/ideas/historia-espana/2019-10-17/ivan-velez-en-esta-prision-triste-y-rigurosa-89019/


En esta prisión triste y rigurosa...

Es tan grande mi pena y sentymiento
en esta prisión triste y rigurosa,
ausente de mis hijos y mi esposa
que de puro sentillo no lo siento.

O, si llegase presto algún contento,
o, si cansada ya la ciega diosa
conmigo se mostrase más piadosa,
poniendo treguas en tan gran tormento.

Mas, ay que mi esperanza entretenida
consume el alma en tan larga ausencia,
a donde está aresgada onra y vida.

Mas, yo confío en Dios que mi conciencia
sé yo (que está tranquila aunque) afligida
al menos reconozcan mi ynocencia.

            En un muro del sótano del actual Archivo Histórico Provincial de Cuenca, antigua cárcel de la Inquisición, con redondeada caligrafía, se conserva grabado este soneto atribuido a Manuel de Castro, preso que estuvo recluido en ese viejo caserón que se asoma a la hoz del Huécar.
            Casado en Madrid en 1714 con la vallisoletana Catalina Blanco y Peña, con quien tuvo tres hijos, el último de ellos nacido mientras se encontraba cautivo, Manuel, nacido en Toledo en el seno de una familia judaizante, llegó a Cuenca siendo un niño, acompañando a su madre, Mariana Díaz, hija de unos libreros y joyeros de esa ciudad. El niño fue educado en el Colegio de la Compañía de Jesús antes de pasar al Colegio de San Julián donde, bajo el magisterio de Juan de Albendea estudió, con el provecho demostrado, Gramática antes de marchar a Madrid cumplidos los diecisiete años, para trabajar en un establecimiento de venta de libros. Fue en la capital donde Manuel fue arrestado por la Inquisición, acusado de judaizante. Tras dos años de prisión, Manuel fue reconciliado con la iglesia y condenado a cárcel perpetua, o de la penitencia, pena que debía cumplir en la ciudad Cuenca. Allí, su  familia fue condenada con el mismo castigo y el secuestro de sus bienes, circunstancia que empujó a sus miembros a pedir limosna, pues la cárcel perpetua permitía la salida de la prisión para mendigar o trabajar, con la que sostenerse. Según refiere Heliodoro Cordente, a quien seguimos en la reconstrucción de este caso, desde su celda, Manuel envió una carta a su mujer a través de otro preso, Antonio Muñoz del Caño, en la que le pedía que empeñara algunos bienes para librarse del sambenito. Muñoz cumplió con el recado nada más llegar a Madrid pero, confundido, entregó el papel a la hermana de Catalina, que la rompió y acusó de pícaro a su remitente. Encolerizado, nuestro hombre llegó a acusar a su mujer, para luego desmentirlo, de judaizante. Mientras todo eso ocurría, Manuel, mediante un ingenioso sistema de notas que dejaba en el llamado «vaciadero», logró comunicarse con su hermana y madre, también presas, hasta ser descubiertos por el alcaide de la prisión. A partir de entonces, los acontecimientos se precipitaron.
            El 9 de agosto de 1723, el reo fue atormentado y torturado en el potro, sin que se lograse su confesión. Ante sus sollozos y peticiones de misericordia, se le dio el trompazo, es decir, fue colgado de un pie primero y de otro después, quedando semiinconsciente. En ese estado, se solicitó el reconocimiento de un médico, ante la sospecha de que el atormentado hubiera tomado alguna sustancia para soportar el dolor o hubiese hecho un «algún pacto». Las sospechas sobre la familia De Castro, avaladas por el contenido de las notas descubiertas por el alcaide de la cárcel, no se disiparon. El 15 de marzo de 1724, la muñeca derecha de Mariana Díaz se quebró a la cuarta vuelta de mancuerda, mientras era torturada en el potro, razón por la que se suspendió el interrogatorio y se requirió la presencia del médico y el cirujano.
            Menos resistente al tormento, probablemente asustada por lo ocurrido a su madre, su hermana Águeda, alias «La Mona», pidió audiencia para confesar el 20 de abril de 1724. En su declaración acusó a su abuela, Clara Fernández, a su madre, tía, hermano y otras reclusas, de judaizar. Águeda reconoció que durante su cárcel penitencial se reunía con estas personas para entonar oraciones hebraicas y practicar el ayuno propio de los judíos. Asimismo, confirmó las acusaciones hechas por dos mujeres, Josefa Rodríguez, La Pepa y su sobrina, La Picha, que habían declarado que Manuel observaba la ley de Moisés. Según se supo, en la tienda de comestibles de La Pepa, Manuel de Castro leía el libro de Miguel de Montreal, Engaños de muxeres y desengaño de hombres, y recitaba salmos de David. Fue también allí donde La Pepa comunicó haber leído en la catedral un edicto contra la memoria del abuelo de Manuel, Diego Díaz, alias «Tablillas», muerto en la cárcel de la penitencia, cuyos huesos fueron quemados el 21 de febrero de 1723, ante lo cual, Manuel respondió diciendo que su abuelo estaba en el Cielo y que lo que había ardido era «un palo».
            A las acusaciones de su hermana se sumaron las de su tía, Rosa Díaz y la de su madre, realizada el 4 de mayo. Manuel de Castro fue condenado a la hoguera el 9 de agosto de 1723 por «impenitente, negativo y relaxo». Buscando la salvación de su alma, mediante la confesión de sus delitos y el arrepentimiento de sus pecados, los inquisidores mantuvieron con el reo varias audiencias especiales con calificadores del Santo Oficio. Finalmente, el 12 de mayo de 1724, el condenado, alias «Abraham», confesó que durante toda su vida había practicado la religión hebraica. El reconocimiento de sus yerros puso fin a un proceso en el que todos los acusados fueron declarados culpables, incluso Mariana Díaz, que antes de confesar había sido sentenciada a la reconciliación con la Iglesia. El 23 de julio de 1724, el clan familiar fue conducido al convento de San Pablo. Allí se celebró un auto de fe público en el que se leyeron las sentencias. Relajados al brazo secular, Manuel, Mariana, Rosa y Águeda fueron ejecutados en la hoguera en el Campo de San Francisco.