miércoles, 24 de agosto de 2016

Gustavo Bueno, nuestro mayor filósofo

Gustavo Bueno, nuestro mayor filósofo
Iván Vélez
Dos días después del fallecimiento de su esposa, Bueno nos abandonó dejándonos una irrepetible trayectoria y muchas y muy fértiles vías de trabajo.
Publicado en Libertad Digital · Madrid, domingo 7 de agosto de 2016
A punto de cumplir 92 años, falleció en su casa de Niembro Gustavo Bueno, sin duda el mayor filósofo que haya desarrollado su obra en español. Fundador y principal autor del materialismo filosófico, Bueno construyó un sistema capaz de integrar y reinterpretar elementos propios del marxismo o de la escolástica hasta lograr poner en pie una obra monumental objeto de estudio de la llamada Escuela de Oviedo que ya ha desbordado las fronteras españolas, pues en la mexicana ciudad de León (Guanajuato) está a punto de inaugurarse un centro de estudios basado en su vasto legado.
Trabajador incansable, hombre generoso y accesible, Bueno, al igual que Platón, no distinguió entre temas mayores y menores, entre escenarios solemnes y humildes ambientes. Por ello, no hay aspecto de la realidad que no haya sido objeto de su estudio y análisis a lo largo de una larga y lúcida vida atravesada por profundos cambios políticos, ideológicos y tecnológicos. Este mismo año, Bueno había publicado un libro, titulado El Ego trascendental, que constituye una de sus más acabadas obras, un libro que deberá ir ligado a su persona del mismo modo que lo estuvieron aquellos Ensayos materialistas, menos leídos de lo que debieran, que a menudo acompañaron su nombre antes de que el riojano acometiera la demolición, alimentado por la impiedad propia de un hombre de su temple, de los principales mitos que dominan nuestro presente. Así lo hizo en su libro El mito de la Cultura, en el que se atrevió a demoler tan poderoso mito del presente.
El autor de la teoría del cierre categorial, definido como ateo católico, también construyó una filosofía materialista de la religión, expuesta en El animal divino, que queda resumida en esta audaz frase: “El hombre hizo a los dioses a imagen y semejanza de los animales”.
Tras ser apartado de sus clases universitarias, Bueno continuó su magisterio por otras vías, ya acudiendo a los diversos foros en los que su presencia era requerida, ya a través de la fundación que lleva su nombre, mantenida gracias al enorme trabajo de su hijo, Gustavo Bueno Sánchez, impulsor del Proyecto de Filosofía en Español, que hoy constituye la mayor fuente documental de la filosofía en nuestro idioma.
Repasar la obra de Bueno de una forma tan morosa como la que ofrece el espacio de un breve artículo periodístico es un vano propósito, razón por la cual no podemos sino aludir fugazmente a varios de los aspectos principales de la misma. Destacaremos la serie de mitos que el filósofo español sometió a su crítica. Por el fino tamiz –crítica procede de criba, como le gustaba recordar– manejado por Bueno pasaron derechas e izquierdas políticas, pero también el fundamentalismo científico que aspira a convertirse en un nuevo credo que dé cumplimiento al imposible fin de la Historia mil veces anunciado.
Hombre comprometido con su tiempo, Bueno no rehuyó la batalla política. Si durante el franquismo, desarrollado sobre el trasfondo de la Guerra Fría, se mantuvo crítico e independiente, lejos de las interesadas alternativas que confeccionaron la actual España autonómica, marcada por las más provincianas señas de identidad y los intereses sectarios, Bueno no bajó la guardia a la hora defender a la Nación frente a sus muchos enemigos en el tiempo abierto tras la muerte de Franco. España frente a Europa constituye un verdadero arsenal argumentativo en favor de un pasado, el imperial, que sirvió para construir una de las partes formales del mundo, la Hispanidad, pero también para defender a España de sus muchos hijos enfermos, los mismos que comenzaron a atacar al calceatense del modo más grosero.
Dos días después del fallecimiento de su esposa, Bueno nos abandonó dejándonos una irrepetible trayectoria y muchas y muy fértiles vías de trabajo. Los que tuvimos la inmensa fortuna de conocer en persona a don Gustavo, es el caso de quien firma este texto, nunca olvidaremos al hombre que hoy nos ha dejado en aquel mismo lugar al que unos jóvenes, conmovidos por sus obras, nos acercamos hace dos décadas para conocer al filósofo. Hasta siempre, maestro.

Iván Vélez, editor de Gustavo Bueno: 60 visiones sobre su obra.

Radio Materialista - Episodio 39 (Tras el fallecimiento de Gustavo Bueno)

domingo, 21 de agosto de 2016

Iván Vélez - Catalanismo y partidos enemigos de España

Conferencia de Iván Vélez para la X Escuela de Verano de la Fundación Denaes

Mi querida España

Artículo publicado el 4 de agosto en el blog "España Defendida" de La Gaceta:
http://gaceta.es/ivan-velez/querida-espana-04082016-1201
Mi querida España

Es bien conocida la aversión, rayana en lo patológico, que despierta en muchos de nuestros compatriotas la exhibición de símbolos nacionales, especialmente aquellos individuos que se autodenominan –no pierdan el tiempo exigiendo mayores precisiones- «de izquierdas». Es también notorio el complejo que padecen aquellos que se llaman «de centro», atormentados ante la posibilidad de ser llamados «fachas» por parte de los anteriormente citados. En tal tesitura, con un amplio sector de nostálgicos de la bandera de la II República, que probablemente ignoren los colores de la república cantonalista decimonónica, con otro enredado en proyectos federalizantes o plurinacionales, es común la búsqueda de alternativas al uso de los símbolos mentados. En tal contexto, acaso uno de los himnos no oficiales que más se tolera en los diversos bandos y sectas sea el célebre Mi querida España, compuesto por esa misma Cecilia cuya vida quedó segada la madrugada del 2 de agosto de 1976 cuando su Seat 124 se estrelló contra un carro de bueyes en la zamorana localidad de Colinas de Trasmonte.
            El tema había aparecido en su disco Un ramito de violetas, publicado en1975 por la potente disquera norteamericana CBS, y sólo pudo ver la luz después de una leve modificación de su letra, tras haber sido excluida por la censura franquista de las listas de canciones radiables. Ante esta importante traba comercial, Cecilia no tuvo reparos en cambiar la original «Esta España viva, esta España muerta», por el conocido «Esta España mía, esta España nuestra», dando así materia a la especulación en relación con su ideología y capacidad crítica.
Cuarenta años después de aquella fatídica noche, conviene, no obstante, tener presente el nombre real de Cecilia, quien recibió las aguas bautismales como Evangelina Sobredo Galanes, pues su primer apellido nos conducirá hacia una personalidad eclipsada por la de la cantautora: José Ramón Sobredo y Rioboo (1909–1990), autor, el 4 de mayo de 1952, de un artículo publicado en Arriba que también incluía la palabra España en su título: «Castilla, corazón de España». El escrito formaba parte de una serie de respuestas dadas a un texto de Rafael Calvo Serer publicado en ABC que llevaba por título «España es más ancha que Castilla» y que de algún modo preludiaba las acciones ulteriores del opusino valenciano, promotor, entre otros, de la Junta Democrática que se presentó en París en 1974.
Sobredo, hijo de Luis Sobredo Corral, firmante de un manifiesto republicano en 1919 y miembro numerario de la Real Academia de Jurisprudencia, había ingresado en la carrera diplomática en 1943, circunstancia que le llevaría a ocupar diferentes cargos en un buen puñado de naciones –Inglaterra, Estados Unidos, Costa Rica, China, Argelia…- en algunas de las cuales Evangelina/Cecilia tuvo acceso a las corrientes musicales y modas del momento. El diplomático también formó parte en 1948, año del nacimiento de su hija Evangelina, de la primera Junta de Investigaciones Atómicas, dependiente de la Presidencia del Gobierno, y embrión de la Junta de Energía Nuclear fundada en 1951, de la cual Sobredo fue secretario. La temprana fecha, apenas tres años después de las detonaciones de Hiroshima y Nagasaki, da cuenta de hasta qué punto la idea de una España atrasada y aislada debe ser sometida a revisión. En la puesta en marcha de tal iniciativa, acompañada de la fundación de la sociedad Estudios y Patentes de Aleaciones Especiales (EPALE) fue clave la acción de Esteban Terradas Illa (1883-1850), temprano estudioso de Einstein, desposeído de su cátedra de Análisis Matemático durante la República y regresado a España desde Argentina tras el fin de la Guerra Civil, así como la de personalidades como José María Otero de Navascués y Manuel Lora Tamayo, hombres con los que trabajó estrechamente Sobredo.
El proyecto nuclear propició que en 1950, según declaraciones públicas de Otero, estuviera constituido un grupo de «unos veinte investigadores» que habían adquirido sus conocimientos fuera de nuestras fronteras, al tiempo que informaba de la construcción en Sierra Nevada de un laboratorio para investigar las radiaciones cósmicas, si bien el proyecto quedó seriamente comprometido debido a la muerte, ese mismo año, del propio Terradas. La iniciativa nuclear, como es sabido, dio como fruto, en 1957, la construcción de centrales como Zorita y Garoña, y acarició usos no civiles, es decir, bélicos,  a principios de los años 60, contando con el apoyo de Luis Carrero Blanco, cuyo asesinato cerró tal vía, hoy implanteable a una sociedad marcada por el Síndrome del Pacifismo Fundamentalista. Cabe, no obstante, señalar, que el propio Terradas, un año antes de su muerte, había pronunciado un discurso en la Real Academia de las Ciencias, titulado «Las Ciencia y las Armas», en el que, si bien otorgaba a la Ciencia, en singular, la exclusividad de la orientación del futuro, se mostraba consciente de la importancia de las armas en el desenvolvimiento de las naciones.
En este ambiente ideológico creció, educada musicalmente por una monja estadounidense y rodeada de sus siete hermanos, Evangelina, probablemente ajena a la profundidad de los proyectos en los que estuvo involucrado su progenitor. Marcada por el folclórico pacifismo de Simon & Garfunkel, de quienes tomó para sí el nombre de una de sus canciones, Cecilia, prematuramente muerta, dejaría en el aire esa letra: «Esta España viva, esta España muerta» cuya ambigüedad invita a ser reinterpretada cuatro décadas más tarde, aplicada a esa España que no un 9 de noviembre, sino un6 de diciembre, aprobó una nueva Constitución largamente incubada y convenientemente desnuclearizada.


viernes, 22 de julio de 2016

Extrema derecha, sedevacantismo y yihad

Artículo publicado el 18 de julio de 2016 en el blog "España Defendida" de La Gaceta:

Extrema derecha, sedevacantismo y yihad

Coincidiendo con la fiesta nacional de Francia, el francés islamizado que respondía, antes de ser abatido a tiros por la policía, al nombre de Mohamed Bouhlel, dejó un rastro de cadáveres sobre el Paseo de los Ingleses de Niza. Los datos que se van conociendo abundan en los detalles del plan trazado por Bouhlel para llevar a cabo la matanza de politeístas, que así considera el Islam a quienes, apegados al trinitarismo, no circunscriben su biblioteca al Corán o se resisten a poner en las metafóricas manos del Entendimiento Agente Universal sus prescindibles cuerpos. Paralelamente, los medios de comunicación, incluyendo a las televisoras nacionales españolas, han tratado una vez más de buscar fisuras en la fe mahometana de Bouhlel, aportando irregularidades morales en su vida cotidiana. Al parecer, el francés avecindado en el departamento de los Alpes Marítimos no observaba el precepto del ayuno durante el ramadán, dato irrelevante si tenemos en cuenta que el Islam permite a sus agentes el recurso del disimulo o taqiyya entre los infieles.
En tal contexto, alertan los medios más beatíficamente afines a los dictados de lo políticamente correcto, de las posibilidades de que la «extrema derecha» de Le Pen acceda al poder galo, siendo probable que con su llegada al Elíseo, los adoquines que tapaban las playas francesas hasta el mitificado mayo del 68, vuelvan a colocarse, para disgusto de los cultivadores del multiculturalismo. Así, agitando el espantajo de la «extrema derecha», es como tapan sus vergüenzas tan burdos analistas, incapaces de encajar la realidad de un islam que lleva en su seno, por más que algún santón enchilabado lo niegue, las ideas que llevan a un hombre sometido a ceñirse el cinturón bomba o a empuñar el arma a la que diera nombre un patriota ruso encuadrado en el heroico Ejército Rojo: Mijaíl Timofeyevich Kaláshnikov.
Sin embargo, la tan cacareada «extrema derecha» que aparece en las telepantallas acusa una gran imprecisión, pues sus límites y características aparecen casi siempre borrosos, por más que palabras como «xenofobia», «intolerancia» o «ultranacionalismo» acompañen al mentado rótulo. Pese a tal confusión, máxime en un día como hoy, 18 de julio, la pregunta sobre lo que es la «extrema derecha» en España, variante patria de una «extrema derecha» europea, encontrará muchas respuestas deícticas, aquellas que señalarían al franquismo cuya más reproducida iconografía nos remite a saludos con Hitler y palios protectores. Un franquismo, en el que habrían cohabitado nazis y católicos de los cuales sobreviven todavía algunas reliquias en forma de plataformas o partidos cultivadoras de tan lejanas esencias. Un régimen político comúnmente denominado «nacionalcatolicismo» que necesariamente habría de cambiar cuando la Iglesia Católica Apostólica Romana dio ese gran giro conocido como Concilio Vaticano II tras el que se dio vía libre a la libertad religiosa y se aprobaron reformas que marcarían enormes distancias con lo hombres de la Iglesia que se agarraron a la guerrera de Franco al verse amenazados por diferentes modulaciones de la izquierda política.
En la estela de tal Concilio es donde hemos de situar una particular iniciativa ideológica que culminó con el secuestro, por parte de las izquierdas, del también impreciso «socialismo» cuyas bases fraguaron durante el franquismo, marcado por un anticomunista periodo de acumulación capitalista que articuló un mercado capaz de establecer las condiciones objetivas para que cristalizara un democracia partitocrática que pronto dominarían los socialdemócratas europeístas abjuradores del marxismo que ocuparon el poder tras los famosos «cuarenta años de vacaciones» con que los viejos comunistas replicaron a quienes presumían de histórica honradez. Un socialismo que, en su dimensión obrerista, estuvo acompañado por organizaciones como la Hermandad Obrera de Acción Católica, con sus conocidas centrales regionales en Cataluña y las Vascongadas: FOC y ESBA que daban por hecha la fragmentación de la clase obrera nacional española que defendía el más sindicalista falangismo que perdió peso durante los años 50.
Regresemos ahora a la imagen fija, tan cara para los caricaturistas, de militares acompañados por hombres ensotanados. La estampa perdura, mas introduce gran confusión, pues a mediados de los 60 los clérigos habían mutado, quedando como marginal alternativa las organizaciones sedevacantistas que aún perduran casi como elemento anecdótico y curioso que, ahora sí, puede ser identificadas con una derecha plenamente reconocible por su intento de mantener la pureza ritual religiosa. Críticos de los resultados del Concilio que orilló los órganos para introducir las guitarras en las iglesias, para introducir lenguas vernáculas en lugar del latín, los sedevacantistas contemplan con añoranza el Syllabus de Pío IX en el que ya se advertía de las «nefandas maquinaciones de los hombres inicuos, que arrojando la espuma de sus confusiones, semejantes a las olas del mar tempestuoso, y prometiendo libertad, siendo ellos, como son, esclavos de la corrupción, han intentado con sus opiniones falaces y perniciosísimos escritos transformar los fundamentos de la Religión católica y de la sociedad civil, acabar con toda virtud y justicia, depravar los corazones y los entendimientos, apartar de la recta disciplina moral a las personas incautas, y muy especialmente a la inexperta juventud, y corromperla miserablemente, y hacer porque caiga en los lazos del error, y arrancarla por último del gremio de la Iglesia católica». Rigoristas de la liturgia romana, los últimos resistentes del viejo orden consideran que la sede romana permanece vacante al entender que los últimos Papas -Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco- son herejes por impulsar o mantener los postulados del Concilio tras cuya implantación cambió el rostro de un franquismo que sigue viéndose bajo el prisma maniqueo derecha/izquierda.
Laicos y afrancesados fueron los días del zapaterato; europeístas y democráticos continúan siendo los de Rajoy, quien ha de cargar, por aquello de la lucha electoral, con la adjudicación de cierta carga franquista, con un rancio derechismo, en suma. Lejos del combate partidista, la Europa que embelesa por igual a nuestros políticos, construida durante el último medio siglo a golpe de altas dosis democracia de mercado, recibe, impotente y acomplejada, los golpes yihadistas que buscan la implantación de regímenes teocráticos en unos territorios en los que la religión se contempla como una cuestión personal conservable a lo sumo por su carácter cultural. El viejo el lema de Condorcet: «No cesaremos hasta que la cabeza del último rey cuelgue de las tripas del último sacerdote», parece una extravagancia cuando se contempla cómo la censura actúa para presentar como delincuentes o locos a los soldados de Alá. 

lunes, 11 de julio de 2016

40 años de la Carta de Argel

Artículo publicado el 8 de julio de 2016 en el blog de La Gaceta "España Defendida":
40 años de la Carta de Argel 

Sin que ningún medio se hiciera eco de ello, el pasado día 4 de julio se cumplieron 40 años de la aprobación en Argel de la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos. La Declaración, compuesta por una treintena de puntos que sucedían a un Preámbulo que se dibujaba sobre el nuclear tiempo de silencio marcado por la existencia de dos bloques, el norteamericano y el soviético, y las secuelas de la época de descolonización, llegaba casi tres décadas después de que se hiciera pública laDeclaración Universal de Derechos del Hombre y tan sólo uno antes de que en Londres se aprobara la Declaración universal de los derechos del animal,de cuyos efectos ya nos hemos ocupado anteriormente. Individuo, pueblos y aquellos miembros del reino animal que así lo merecían a los ojos de la Liga Internacional de los Derechos del Animal, veían, en mayor o menor grado de consciencia, cómo sus derechos quedaban recogidos negro sobre blanco.
En el caluroso julio de 1976, invitados por el Frente Polisario, asistieron unos cuantos españoles a la Conferencia Internacional dedicada a África: Antonio Masip Hidalgo,Emilio Menéndez del ValleFernando Mariño Menéndez, terna vinculada a la socialdemocracia española, y un joven Gustavo Bueno Sánchez, quienes coincidieron con Josep Ribera Pinyol, elemento clerical catalán que dirigíaAgermanament, dependiente del Arzobispado de Barcelona que más tarde se transformaría en el Centro de Información y Documentación Internacionales en Barcelona, y el independentista canario Antonio Cubillo, que habría de sufrir un atentado personal que sin duda hemos de relacionar con las tensiones vividas en un archipiélago que, según Otero Novas, vio amenazada su pertenencia a España si no se incorporaba a la OTAN.
Como alguno de los asistentes, en concreto el ecuatoguineano Cruz Melchor Eya Nchama, ex miembro de la Organización Juvenil Española de la Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalistas, se encargaron de señalar, la Proclamación contenía en su propio título la semilla de la confusión, pues ¿qué debía entenderse por «pueblo»? En efecto, «pueblo» puede interpretarse de diferentes modos, como así ocurriría de inmediato por parte de algunos de los participantes pero también de ciertos ausentes. En julio de 1976 Francisco Francohabía cubierto su ciclo biológico, si bien desde el mismo arranque de su mandato la palabra «pueblo» había sido profusamente empleada. Sirva como ejemplo el hecho de que en el Fuero del Trabajo, redactado bajo el influjo ideológico de esa F.E. y de las J.O.N.S. de cuya pertenencia se ufanaba Ella Nchama, fechado en Burgos en la guerracivilista primavera de 1938, ya se hablaba en su Preámbulo de «pueblo español» en este contexto:

"Renovando la tradición católica, de justicia social y alto sentido, humano que informó nuestra Legislación del Imperio, el Estado Nacional, en cuanto es instrumento totalitario al servicio de la integridad patria, y Sindicalista, en cuanto representa una reacción contra el capitalismo liberal y el materialismo marxista, emprende la tarea de realizar —con aire militar, constructivo y gravemente religioso— la Revolución que España tiene pendiente y que ha de devolver a los españoles de una vez para siempre la Patria, el Pan y la Justicia.
Para conseguirlo —atendiendo por otra parte a cumplir las consignas de Unidad, Libertad y Grandeza de España— acude al plano de lo social con la voluntad do poner la riqueza al servicio del pueblo español, subordinando la economía a su política."

Como puede comprobarse, el pueblo al que aludía el Fuero, al margen de esencialismos originarios y determinismos históricos, era la propia Nación española –si bien se emplea la fórmula «Estado Español» en convivencia con el término «Nación»- sin distinciones particularistas.
Sin embargo, 38 años después, con el falangismo apaciguado por vías como las de laCentral Nacional Sindicalista trufada de individuos procedentes de otros predios obreristas, incluidos algunos rescatados de la CNT, con la emergencia, en los desarrollistas años 60, de unas Comisiones Obreras en las cuales la aportación eclesiástica –ya presente en el Fuero- eclipsó a los representantes del marxismo, el texto había perdido vigencia, quedando sus aspiraciones como objeto de reivindicación de organizaciones como el Partido del Trabajo, en el que militó el leninista Juan Verdejo Lucas, hijo de destacado falangista que el 13 de agosto de 1976 pagó con su vida la realización de una pintada que pedía pan, trabajo y libertad.
Desactivada la totalización sindicalista, la nacional también iría erosionándose en paralelo, apoyada en diversos grupúsculos obsesionados con la búsqueda o creación de determinadas comunidades diferenciadas que prefigurarían las estructuras autonómicas pseudonacionales presentes. Fueron ellos quienes peor digirieron el artículo 21 que tanto comprometía sus distáxicas intenciones:

«Estos derechos deben ejercerse respetando los legítimos intereses de la comunidad en su conjunto, y no pueden servir de pretexto para atentar contra la integridad territorial y la unidad política del Estado, cuando éste actúa en conformidad con todos los principios enunciados en la presente declaración».


El punto 21 venía a desactivar cualquier intento de lectura interna legitimadora del secesionismo que desde los años cincuenta fue reorganizándose en España por varias vías que oscilan entre el independentismo más montaraz y el federalismo. Prueba de hasta qué punto hizo daño tal artículo es el hecho de que algunos sectores del mundo político español, en particular los representantes de las sectas catalanistas y vasquistas, se aprestaron a llevar a cabo su borrado en las publicaciones que de la Declaración se hicieron, un intenso lavado para el cual fue de gran ayuda la habitual presencia de agua bendita. Sirva este artículo como recuerdo de aquellos argelinos días.

Buenos días España | 08/07/2016

miércoles, 6 de julio de 2016

El PACMA y el regreso de los dioses

Artículo publicado el 2 de julio de 2016 en el blog "España Defendida" de La Gaceta:
http://gaceta.es/ivan-velez/pacma-regreso-los-dioses-02072016-0006
El Pacma y el regreso de los dioses

Cuando aún no ha pasado una semana de la celebración de las Elecciones Generales, en este tiempo de posibles pactos, destaca, al margen de tan oscuros arreglos, la cantidad de votos obtenida por el antes denominado Partido Antitaurino Contra el Maltrato Animal y hoy renombrado Partido Animalista Contra el Maltrato Animal, vulgo PACMA. Nada menos que 284.848 españoles introdujeron en las urnas la papeleta en la que figura la cabeza de un toro, reliquia de aquel primer impulso antitaurino, al cual se acerca un ingrávido pájaro verde. Un 1,19 % de los votantes se decantó por tal partido, o lo que es lo mismo, casi igual cantidad que los que dieron su voto al Partido Nacionalista Vasco, añeja y racista formación –Euskadi y Ley Vieja- que, aupada por el sistema electoral, podrá emplear sus 5 escaños para seguir chantajeando a la Nación española desde la Carrera de san Jerónimo. Pese a las diferencias existentes entre el animalista PACMA y el católico PNV, algo les une: su hispanofobia. No en vano, el partido hoy renombrado comenzó llamándose Zezenketen aurkako eta animalien aldeko alderdia, y en 2010 hubo de negar pertenecer al entorno de ETA, dejando en el aire la sospecha. En cualquier caso, todo parece indicar que el PACMA accederá al Congreso en una próxima ocasión, pudiendo allí impulsar sus objetivos -«en PACMA creemos en un mundo más justo para todos»-, esos cuya consecución exigirá el borrado o al menos la difuminación de las líneas que separan a los hombres del resto de animales, singularmente lamacrofauna, toda vez que protozoos y amebas parecen quedar al margen de ese «todos» aludido.
El terreno ya viene, en cierto modo, ecológica y sosteniblemente abonado, si tenemos en cuenta que algunas de las aspiraciones pacmanianas ya se han logrado. En lo relativo a su antitaurinismo, ya son unas cuantas las regiones y municipios españoles donde la lidia del toro bravo está prohibida, singularmente en la Cataluña en la que se mantienen los correbous, seña identitaria de una tierra plagada de plazas de toros en los cuales campaba por sus respetos el denostado flamenquismo tan caro para los impertinentes viajeros del XIX. Por otra parte, y pese a que los nacionalistas catalanes ya hicieron su tarea en tal frente, en contra de sus pares vascos que difícilmente podrán en un futuro próximo erradicar las corridas de toros, que tales caprichos y desajustes existen entre los históricos miembros de GALEUSCA, la aspiración maximalista del PACMA también cuenta con un camino abierto gracias a las simpatías que por el Proyecto Gran Simio han sido mostradas en ese mismo Congreso que todavía se resiste a los animalistas pata negra. Fue hace ya una década cuando, a instancias del PSOE, en concreto gracias a la iniciativa del doblemente verde –al verde omeya andalucista y el verde ecologista- Francisco de Asís Garrido Peña, se tramitó una proposición no de ley pidiendo el reconocimiento de los simios como sujetos de derechos humanos, es decir, como personas, pues los derechos son, inequívocamente, instituciones humanas sólo posibles en un estado civilizatorio concreto de cuyo paralelo animal no tenemos todavía noticia.
La proposición, que hoy despierta menos chanzas que en 2006, hemos de situarla en la estela de ese krausismo que surtió, de forma representada o no, de tantos contenidos ideológicos al PSOE de Zapatero. En efecto, sépanlo o no quienes participaron del zapaterato, el krausista español Julián Sanz del Río ejerció una gran influencia en lo que respecta al tema que nos ocupa. Su pacifismo panenteísta -el mundo es un ser finito que se desarrolla en el seno del Dios infinito- es plenamente compatible con proyectos irenistas como esa Alianza de Civilizaciones que el PP deRajoy no ha desactivado y por una idea armonista de la Naturaleza como la que opera en el fondo de muchas de las aspiraciones de las organizaciones animalistas. En tal contexto, todo parece indicar que, o bien el PACMA acaba accediendo al Congreso, o gran parte de sus anhelos serán debidamente incorporados en las ofertas programáticas que los partidos mayoritarios ofrecerán en el próximo escaparate electoral a los ciudadanos españoles con derecho a voto.
La cuestión animalista, como es sabido, involucra muy diversos aspectos de la realidad española. Por un lado, es patente la contradicción que, en lo relativo al toro bravo, al margen de su identificación como símbolo español, suscita el enfrentamiento entre ambientalistas y animalistas. Si los primeros quieren salvar los ecosistemas o nichos ecológicos, la dehesa, donde crece el toro de lidia, debe salvaguardarse, si bien dicha salvaguardia está enteramente condicionada por la propia existencia de un animal criado para morir en la arena. Por lo que respecta a los animalistas representados por el PACMA, la salvaguardia del toro, impidiendo su sacrificio, supondría una enorme merma de ejemplares, pues es conocido el alto precio que supone conseguir el trapío propio de un toro que ha de comparecer en la plaza. En definitiva, la prohibición de las corridas comprometería la existencia del propio toro tal y como ha sido fabricado, mediante selección, por el hombre. Por otro lado, frente a ambas posturas ideológicas, aparecen problemas de otra escala que ponen el foco en algo en lo que no parecen reparar estos cultivadores del Mito de la Naturaleza. Tanto unos como otros, especialmente los más fanatizados, obvian una tozuda realidad: el hecho de que tanto los animales como los ecosistemas citados se encuentran dentro de una sociedad política concreta. Así es, tanto toros como dehesas forman parte de la capa basal de una sociedad política llamada España cuyo desarrollo hacia el capitalismo de mercado pletórico se llevó a cabo al alto precio de descapitalizar en gran medida el medio rural que ahora encuentra como modo de vida la cría de toros, de esos cerdos que han sido erradicados de ciertos menús para respetar lasuperstición mahometana, o del mantenimiento de cotos de caza en los que en ocasiones se juntan, bien pertrechados, hombres progresistas tales como Garzón –Baltasar, que no Alberto-o Bermejo.

Concluimos. Parece fuera de toda duda el previsible auge de un animalismo más o menos intenso. Los hechos parecen volver a dar la razón a Gustavo Bueno cuando en su obra El animal divino (Oviedo 1985) ya apuntaba la posibilidad de una reconciliación del hombre con la naturaleza, ya sea por la vía del ambientalismo, por la del animalismo o por la confección de démones con apariencia de animales humanizados o de superhéroes terrenales o cósmicos. El filósofo español es también autor de estas palabras: «El hombre hizo a los dioses a imagen y semejanza de los animales», unos dioses para los que el PACMA trata de reconstruir su panteón.

Buenos días España | 01/07/2016

martes, 5 de julio de 2016

Brexit. El desmantelamiento de un dique

Artículo publicado en el blog "España Defendida" de La Gaceta:
Brexit. El desmantelamiento de un dique

La mañana del viernes 24 de junio de 2016 ha amanecido con la noticia de que los resultados de la consulta hecha a los súbditos de Su Graciosa Majestad, han arrojado un saldo favorable al llamado Brexit, es decir, a la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea en la que ha participado con el calculado tacticismo propio de una sociedad política de sus características y trayectoria histórica. La noticia ha estremecido a muchos ideólogos y propagandistas, ingenuos o sobornados, que continúan ejercitando ese papanatismo europeísta del que ya hablara Unamuno, en contraposición con la derrotista afirmación orteguiana -«España es el problema, Europa la solución»- a la que se han acogido políticos españoles de todo pelaje y condición.
Los resultados permiten diversas interpretaciones, ya sean estas realizadas desde la plataforma de la Unión Europea ya en clave nacional, pues, mal que les pese a los más ardorosos defensores del proyecto europeísta que cuenta con Hitler como uno de sus más visionarios diseñadores –la Europa de los pueblos que pone los ojos en blanco a muchos hispanófobos regionalistas españoles-, las naciones soberanas siguen resistiendo. Y ello a pesar de los esfuerzos hechos por incontinentes políticos como José Manuel García-Margallo, favorable a «ceder toneladas de soberanía»,o por el pulcro Albert Rivera y su proyecto de resolver nuestros problemas internos disolviendo la nación en esa estructura que comenzara a articularse una vez agotadas las bélicas fumarolas de la II Guerra Mundial, cuando, tras la clausura de los hornos crematorios nazis, el bloque capitalista cayera en la cuenta de que la URSS ofrecía una verdadera alternativa, un Estado del bienestar al que enseguida se le dio réplica construyendo un dique que ahora acusa el paso del tiempo y muestra sus profundas fisuras.
Mirándose en su propio espejo, los Estados Unidos del Norte de América trataron de impulsar unos Estados Unidos de Europa, o al menos de una parte de esta. El proyecto contaba con un Reino Unido en el que sobresalía la rotunda figura de Churchill, y nacía con el trasfondo de otra importante armazón comercial, la de laCommonwealth. Tales circunstancias fundacionales marcarían la participación en la nueva Europa de ese mismo Reino Unido que tras pasar por las urnas se replanteará sus relaciones con la Europa en la que de nuevo vuelven a mandar Alemania y Francia. En lo simbólico, la Europa posbélica se puso en marcha bajo una enseña en la que flotaba una enorme letra E en rojo sobre un fondo blanco. Entre los principales constructores del bloque anticomunista cuya primera expresión institucional fue el Comité Internacional de Coordinación de Movimientos por la Unidad Europea, figuraban organizaciones como el Movimiento por la Europa Unida,con Churchill a la cabeza, la Internacional Liberal, en la que estaba integrado el dolarizado Salvador de Madariaga, los demócratas cristianos de Nuevos Equipos Internacionales y la Liga Independiente para la Cooperación Europea y elConsejo Francés para la Europa Unida. Bajo la amenaza soviética, el 7 de mayo de 1948 se abrióen La Haya el Congreso de Europa, al cual concurrió, por parte del católico Santo Padre, monseñor Paolo Giobbe. El Movimiento Europeo comenzaría de este modo a rodar, incorporando incluso a la Unión Internacional Campesina y alMovimiento Socialista para los Estados Unidos de Europa. A Churchil le acompañarían, en la presidencia de honor: BlumDe Gasperi y SpaakUnitarismo ypacifismo fueron las primeras notas programáticas dominantes. Si bien, y pues tras el horror de la guerra parecía fácil definir lo que se entendía por paz, aunque se tratase, como es natural, de la de los vencedores, contigua a la de los amplios cementerios resultantes de la contienda, el unitarismo ofrecía diversas posibilidades. La federación, bendecida incluso por Pío XII, aparecía como una más que probable alternativa.
En tal contexto, las reticencias que desde Francia existieron para la incorporación al club o biocenosis –seguimos la definición dada por Gustavo Bueno- europea de Gran Bretaña, acabarían siendo vencidas, al igual que lo sería la inclusión de España en los tiempos del felipismo aupado al poder tras la decisiva financiación socialdemócrata alemana y la renuncia al marxismo. El nuevo e interior PSOE había llegado por fin al poder en una España en la que los norteamericanos habían cuidado a ciertos sectores contestatarios anticomunistas imbuidos de federalismo, liberalismo y europeísmo. Las consecuencias no se harían esperar: la España homologable mercantil y democráticamente a las sociedades capitalistas de su entorno, estaba madura para desmantelar su industria puesta en marcha tras una guerra y un periodo de potente estatalización. El Talgo daría paso al AVE movido por motores Siemens,SEAT -Sociedad Española de Automóviles de Turismo- sería absorbida por el alemán«automóvil del pueblo» tan característico del europeísta periodo hitleriano. El premio por todo ello, al menos desde el punto de vista ideológico, era la integración en Europa, si bien, las sectas separatistas comenzarían a pronunciar una de sus frases favoritas: «en Europa nos encontraremos…»
Sin embargo, esa construcción mercantil, ese sedicente proyecto político, comenzó a perder sentido una vez que la URSS se desvaneció. Es entonces cuando, en plena retirada de las gorras de plato, aparecerían los turbantes en los europeos Balcanes a los que la sublime Europa no consideró propios. El resurgimiento alemán era también un hecho. Un cuarto de siglo después, el panorama político había girado radicalmente y la amenaza no era ya el comunismo, sino el islamismo y las oleadas de inmigrantes atraídas por las condiciones de vida de aquellas tierras por las que pasó Marshall.
Sea como fuere, el Brexit, que viene a suceder a esa permanencia a la carta del Reino Unido en la Unión Europea, ha tenido lugar tras un proceso democrático. Un Brexit que vino precedido por el windsoreo de la Papisa Isabel II, cabeza de la iglesia anglicana cuyo papel en todo este asunto pone de relieve la profunda impronta religiosa que todavía acusan las naciones europeas, algunas de las cuales se envuelven, confundidas y medrosas, en la bandera de las doce estrellas sobre fondo azul, la enseña que confeccionara Arsene Heitz inspirándose en la Virgen de la Inmaculada Concepción y en las palabras del Apocalipsis:
«Una gran señal apareció en el cielo, La Mujer vestida de sol y la luna bajo sus pies, y en su cabeza una corona de doce estrellas.»

martes, 21 de junio de 2016

La cápsula del tiempo de Muros

Texto publicado en The Muros Times:
https://issuu.com/muradano2000/docs/a_botella_viaxeira

La cápsula del tiempo de Muros

El 6 de noviembre de 1988, dos hermanos estadounidenses, Koriahn y Travis Doughty, lanzaron una botella al Atlántico en las playas del estado de Maine. Un año después, la botella, con su mensaje escrito, fue encontrada por cinco amigos que buscaban los pequeños tesoros y despojos que deja el temporal sobre la arena.
Los niños, que no hablaban la lengua de Shakespeare, entregaron el mensaje a la hermana de uno de ellos, quien lo guardó en su libro de inglés a la espera de que comenzara el curso escolar, momento en el que se lo enseñó a su maestro, Amado Barrera, quien les animó a contestarlo. La respuesta se dio, sin embargo, el intercambio epistolar y oceánico, se quebró.
Casi tres décadas después, el maestro, ya jubilado, inició la búsqueda de sus protagonistas por Internet, hasta dar con ellos de nuevo, retomando la relación no ya en las olas, sino en la más concurrida red de la actualidad.
            Muchas son las botellas que se lanzan al mar conteniendo mensajes que a menudo buscan lo mismo que aquellos niños que lo eran por aquel entonces: encontrar un interlocutor del que es improbable recibir respuesta. El caso que nos ocupa, sin embargo, tiene la particularidad de haber visto cómo ese círculo abierto en la playa de Maine, se cerraba en el buzón en el que los Doughty hallaron la respuesta de los niños gallegos. Rota la relación postal, una tecnología novedosa ha permitido retomar el intercambio.
Todo arrancó en un gesto inicial adornado por la aureola del azar. La botella lanzada al mar flotaría libre hasta llegar a cualquier costa, tal parece el pensamiento de los hermanos norteamericanos. Sin embargo, el viaje de esa vítrea cápsula del tiempo, lejos de estar marcado por la libertad, estaba fuertemente determinado por la corriente del Golfo, la cálida corriente que asciende por el Atlántico para caer sobre las costas gallegas, la misma que los marinos españoles emplearon para su regreso a España desde un Nuevo Mundo que sólo pudo ser concebido como tal al insertarse, por la vía de los hechos, es decir, de los viajes, en un globo del que Magallanes y Elcano verificaron su esfericidad atravesando estrechos y cruzando océanos.
El conocimiento de la evidencia determinista de tal corriente fue el que llevó a otro marino español, Andrés de Urdaneta, a buscar su correlato en el llamado Lago Español, el Océano Pacífico, donde el clérigo guipuzcoano fue capaz de trazar un tornaviaje que permitió esbozar uno de los primeros proyectos globalizadores, el que conectaba Europa y Asia, dándole centralidad a América. Siglos después, la metáfora de la navegación gravita sobre ese Internet que ha servido para volver a comunicar a  aquellos a los que un día unió un papel surcado de arrugas que semejan un oleaje.

Iván Vélez