sábado, 2 de marzo de 2019

La verdadera historia de la primera vuelta al mundo: así se convirtió Elcano en leyenda

El Mundo 29 de enero de 2019:
https://www.elmundo.es/papel/historias/2019/01/29/5c4f3ecf21efa04f638b4696.html


De la primera, y española, circunnavegación de la Tierra

«Flacos como jamás hombres estuvieron». Con estas palabras describió Juan Sebastián Elcano el estado de los diecisiete hombres que junto a él descendieron de la nao Victoria el 6 de septiembre de 1522 en Sanlúcar de Barrameda. Hace exactamente un siglo, el guipuzcoano Elías Salaverría atrapó sobre el lienzo las miradas perdidas de aquellos marineros que, ya en Sevilla, iluminados por la temblorosa luz de unos velones, dejaron atrás las tablas del barco y se dirigieron descalzos hacia la iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, en acción de gracias, después de haber «dado la vuelta a toda la redondeza del mundo». La expresión corresponde de nuevo a Elcano. Como ocurriera en 1919, el año que ahora arranca ofrece la posibilidad de conmemorar una fecha redonda: los quinientos años desde que cinco naves bajaran por el Guadalquivir para comenzar un viaje histórico. Tres años después de la botadura fluvial, el espectral conjunto de hombres aludido regresó a España después de circunnavegar la Tierra.
En el contexto de tan importante aniversario, se ha desatado una pequeña tormenta, tan académica como diplomática, al saberse que Portugal ha tratado de obtener, por parte de la UNESCO, el reconocimiento de la Ruta Magallanes como Patrimonio de la Humanidad. La iniciativa, en marcha desde hace años, convertiría a Elcano en un mero continuador de un viaje cuyo mérito cabría atribuir a Magallanes, portuense de nación. Según la interpretación portuguesa, la gesta del de Guetaria vendría impulsada por una suerte de inercia debida a Magallanes. Sea como fuere, el desajuste interpretativo ofrece una magnífica oportunidad de regresar a lo ocurrido hace medio milenio.
Insatisfecho con el trato recibido por la corona portuguesa, Fernando de Magallanes, que ya había navegado hasta la India, ofreció sus servicios a Carlos I. El ir y venir de pilotos y navegantes se recortaba sobre el fondo del Tratado de Tordesillas de 1494, que había dividido la esfera terráquea en dos mitades, con las islas de Cabo Verde como referencia fundamental. A 370 leguas al oeste de ese archipiélago se estableció un meridiano de demarcación que dio lugar a una polémica en el Pacífico, a propósito del lado –español o portugués- en el que caían las Molucas. En un momento en el cual se creía que el diámetro del planeta era inferior al real, era obligado tratar de fijar tan lucrativo enclave. Todo ello determinó que desde España se impulsara una armada que buscaba un fin muy diferente al que ahora se celebra. Las cinco naves tenían como principal misión la búsqueda de un paso natural a través del Nuevo Mundo que acortara el viaje hacia la Especiería. Una vez descubierto el estrecho, las naves capitaneadas por Magallanes debían dirigirse al Maluco, surcando en todo momento aguas españolas.
Si estos eran los principales objetivos, entre los cuales no se hallaba la vuelta al mundo, hay que señalar, en relación a la autoría del proyecto, que fue el poderoso mercader burgalés de origen converso, Cristóbal de Haro, dedicado al negocio de las especias, quien aportó la mayor parte de los 1.592.769 maravedís que dieron viabilidad al viaje de un Magallanes que era ya súbdito del rey Carlos. Fue el monarca español quien el 22 de marzo de 1518 firmó en Valladolid unas capitulaciones muy favorables a Fernando de Magallanes, que recibió los títulos de capitán general de la expedición, adelantado y gobernador de las tierras que descubriera. Haro no estaba solo, pues contó con el apoyo de los Welser y del poderoso Fonseca, obispo de Burgos. Por otro lado, aunque había tenido grandes intereses comerciales en Lisboa, el hundimiento de una flota dedicada al tráfico de esclavos negros por parte del portugués Lusarte, había provocado su hostilidad hacia el reino vecino. Si estos fueron los fines y los principales apoyos financieros del proyecto, en lo que respecta a la composición de la tripulación de las naves, las proporciones vuelven a decantarse claramente hacia el lado español, que aportó dos tercios del total de hombres. Apenas veinticuatro portugueses subieron a los barcos dentro de un total aproximado de doscientos cincuenta marineros.
Pese a la cuidada preparación y la nitidez del plan que había de seguirse, la flota, en la que Elcano se integró como contramaestre de la Concepción, encontró dificultades incluso antes de soltar amarras, lo cual demuestra hasta qué punto las dudas en relación al diámetro de la Tierra, afectaban tanto a portugueses como a españoles. Prueba de ello es el hecho de que, ante la posibilidad de que las Molucas cayeran dentro de la demarcación española establecida en Tordesillas, los portugueses, por la vía diplomática primero y por otras más expeditivas después, trataron de abortar la partida de los barcos.
Tras dejar atrás la península, Magallanes hizo escala en enclaves que consideraba situados dentro del lado español. Entre ellos estaba el Río de la Plata, ya descubierto por Juan Díaz de Solís mientras buscaba el anhelado paso hacia el Pacífico. La condición fluvial de esas aguas obligaba a seguir hacia el sur, hacia un rumbo tan desconocido como gélido. Ante la prolongada estancia en Puerto de San Julián, no tardó en urdirse un complot en el que participaron tanto españoles como portugueses. El 7 de abril de 1520 Gaspar de Quesada, capitán de la Concepción, fue decapitado y descuartizado, mientras Juan de Cartagena y el fraile Pedro Sánchez Reina quedaron desterrados en una isla en la que hallaron su final. Superadas innumerables dificultades, el estrecho ante el que se abría la Mar del Sur, apareció por fin.
En medio de la inmensidad oceánica descubierta por Núñez de Balboa, la flota, con la excepción de la San Antonio, que regresó a España y de la Santiago, que naufragó, alcanzó la que llamaron Isla de los Ladrones, hoy Guam. Esta escala fue la primera de una larga serie en la que Magallanes trabó relaciones con los reyes locales e intentó implantar el cristianismo. En Mactán, una lanza segó la vida del almirante, al que sucedió el débil Lopes Carvalho. Ante la inoperancia de Lopes, Gonzalo Gómez de Espinosa tomó el mando y Juan Sebastián Elcano la capitanía de la Victoria. Ambos decidieron dirigirse a Tidore, donde reinaba un musulmán que llamaron Almanzor, para obtener especias. Estando allí, el portugués Pedro Alfonso de Lorosa alertó del riesgo que corrían por la cercanía de una factoría establecida por sus compatriotas. Era necesario abandonar Tidore y fue en entonces cuando se produjo un giro trascendental. Con las naves cargadas de clavo y dispuestas para zarpar, se detectó una vía de agua en la Trinidad. Los trabajos de reparación y carenado llevarían mucho tiempo, por lo que la Victoria partió, pero no hacia el Darién dominado por los españoles, sino en una dirección opuesta, hacia la demarcación portuguesa. Empujada por los vientos que soplaban en aquella dirección, la nave pilotada por Elcano puso su proa hacia España abriéndose paso entre los mares portugueses.
Una vez reparada, la Trinidad trató sin éxito de cruzar el Pacífico. Los vientos desfavorables y una recia tempestad le impidieron seguir la corriente de Kuro Siwo que en 1565 sirvió a Andrés de Urdaneta para establecer el camino de regreso de Asia a América, el llamado Tornaviaje, que permitió la puesta en marcha del Galeón de Manila con el que Oriente, Nueva España mediante, estableció un crucial nexo comercial con Europa. Después navegar durante meses, la Trinidad, en su regreso a las Molucas, cayó en manos portuguesas, en las que sus escasos supervivientes permanecieron cautivos durante años.
Por su parte, la Victoria, capitaneada por Elcano, navegó durante meses sin tocar tierra hasta remontar el cabo de Buena Esperanza. Cuenta Pigafetta, que aquellos hombres se movieron más por el honor que por la vida, con un único objetivo: volver a su patria. Por el camino, muchos encontraron en el mar su última morada. Desesperados, atacados por el hambre y las enfermedades, decidieron tocar las islas de Cabo Verde, haciéndose pasar por viajeros que regresaban de América. Fue allí donde tuvieron constancia de la realidad de su vuelta completa a la Tierra, al observar que mientras ellos creían hallarse en el día 9 de julio de 1522, los portugueses decían vivir un día más tarde. Un par de meses después, los supervivientes celebraron en Sevilla la procesión que encabeza nuestro escrito.
Hecha esta sucinta descripción de tan prodigiosos hechos, el factor portugués queda ajustado a sus justos y minoritarios términos. La empresa tuvo el inequívoco sello español, pero fueron las complejas circunstancias que la envolvieron, las que propiciaron una decisión, la de Elcano y sus compañeros, con la que aquellos hombres, como tantos otros de su tiempo, buscaron alcanzar la fama. El lema concedido por Carlos I al de Guetaria: Primus circumdedisti me  -El primero que me circundaste-, no deja lugar a dudas de quién abrió aquella ruta circular, por más que quinientos años más tarde, en los tiempos del consenso y el diálogo, una iniciativa conjunta, nombrada con el término geográfico «Península Ibérica», trate de repartir, democráticamente, los méritos de aquel viaje que Portugal trató en vano de impedir.

Banderas bicolores sobre lienzo

El Debate 23 de febrero de 2019
https://eldebate.es/politica-de-estado/banderas-bicolores-sobre-lienzo-20190223


Banderas bicolores sobre lienzo

            Hace exactamente siglo y medio, el pintor italiano Achille Battistuzzi terminó su obra Vista de la finca de Manuel Girona a Sarriá, óleo conservado actualmente en el Museo de Historia de Barcelona. Un molino de viento junto a un palacete amansardado, centran la composición en la que un surtidor de agua opera como eje vertical y la montaña de Montjuich como horizonte. Destaca también, en el tercio izquierdo, la presencia de una bandera española que ondea sobre lo que parece un pabellón con cubierta de madera a la orilla de un lago en el navega un pequeño velero. Recién llegado de su Italia natal, el virtuosismo de Battistuzzi llamó la atención de una clientela tan distinguida como Manuel Girona, miembro destacado de una poderosa saga dedicada en origen al negocio textil al que tanto favoreció la llegada del Borbón hoy vilipendiado por gran parte del catalanismo más hispanófobo. La muy catalana institución del hereu favoreció la creciente acumulación de capital familiar que ya en la segunda mitad del XIX había diversificado sus actividades.
            Hombre de gran presencia en la vida financiera, fundador del Banco de Barcelona, el primero del Estado, autorizado en 1844, pero también cultural de la Barcelona de su época, Manuel Girona extendía su poder hasta la capital de España, allí donde tenía gran peso el grupo catalán en el que figuraban apellidos tan sonoros como Güell, Ferrer-Vidal, Serra, Muntadas o Jover. En muchos de aquellos sonoros clanes se apoyaron diversos gobiernos nacionales. En concreto, Manuel Girona y Agrafel, que fue alcalde de su ciudad con la restauración borbónica, ocupó desde 1885 el cargo de senador vitalicio por el Partido Conservador.
            Madrid era, lógicamente, el lugar desde donde se tomaban las decisiones más importantes, incluidas las relacionadas con el Caribe, en las que tantos intereses catalanes estaban en juego, y a las que los Girona no fueron ajenos. Prueba de ello es el hecho de que en 1876, el Banco Hispano Colonial, que Manuel había fundado junto a su hermano Jaime, apoyó económicamente al gobierno conservador con un empréstito para la pacificación de Cuba. Fue en ese contexto bélico de trasfondo económico y arancelario en el cual otros pinceles, los de Ramón Padró, sirvieron para dar forma, en 1872, a otra obra pictórica: «Embarque de los voluntarios catalanes en el puerto de Barcelona». En ella, los muchachos catalanes, el colectivo español más grande que abandonó la península para defender la causa nacional, pero también la del mundo en el que se movió Girona, lucen barretinas coloradas que destacan sobre la vestimenta blanca que abarrota una barca de cuyo mástil cuelga una bandera inequívocamente bicolor. Las dos pinturas se unen a una larga lista en la que destaca la presencia de la señera nacional vinculada a unos catalanes que sólo empezaron a repudiar, en parte, esos colores, muchos años más tarde. Basta citar entre ellas el cuadro del pintor gerundense Francisco Sans Cabot dedicado a la batalla de Tetuán, con Juan Prim como protagonista, o el fresco del pintor barcelonés Eduardo Llorens Masdeu, en el que se plasma el embarque de los voluntarios catalanes para la guerra de Cuba en 1869, que decora el palacio de Sobrellano, en la Comillas en la que nació el mismo Antonio López que, una vez enriquecido en Cuba, se estableció en Barcelona para entablar estrechas relaciones con gentes como Girona. Presente en la vía pública hasta que su estatua fuera mandada retirar por Ada Colau, debido a sus negocios esclavistas, compartidos con gran parte de los hombres que engrandecieron la Ciudad Condal, López, cuyo pecado original fue su origen montañés, ha sido el primero al que se le ha aplicado una damnatio memoriae tan grotesca como esa que ahora ha eliminado la denominación Príncipe de Asturias con el propósito, tan indocto como propio de la Colau, de «desborbonizar» Barcelona, ciudad que pudo desbordar sus murallas gracias, precisamente, a las medidas impulsadas por la acción botifler, dinastía bajo la cual se instituyó la bandera que flameaba en los predios de Girona.

Protagonistas de la España democrática. La oposición a la dictadura 1939-1969

Libertad Digital 28 de febrero de 2019
https://www.clublibertaddigital.com/ideas/sala-lectura/2019-02-28/ivan-velez-protagonistas-de-la-espana-democratica-la-oposicion-a-la-dictadura-1939-1969-87293/


Protagonistas de la España democrática. La oposición a la dictadura 1939-1969

            Hace años, ante la irrupción de rostros juveniles en el panorama partitocrático español, el filósofo leonés Tomás García López, empleó el vocablo «efebocracia» para referirse a un colectivo que venía a sustituir a los políticos que habían protagonizado las últimas décadas de la política española. La lógica sustitución generacional vino acompañada por diversos juicios de valor relativos a la Transición y a la Constitución de 1978. Parafraseando a Gil de Biedma, aquellos jóvenes vinieron a llevarse la vida (política) por delante. Aquellos que no volverían a ser jóvenes, pretendían dejar huella. Al cabo, toda generación se siente tentada de cambiar lo hecho por sus predecesores, máxime si estos, como en el caso que nos ocupa, son vistos como una suerte de subproducto de un franquismo que habría marcado aquel mitificado proceso transformista, que no revolucionario. Las críticas no eran nuevas. Desde los ambientes marcados por el trevijanismo, se ha insistido hasta la saciedad en el hecho de que el texto del 78 no es más que una carta otorgada, para reconocer inmediatamente la dificultad de llevar a cabo un proceso constituyente dentro de una atmósfera tan viciada como la actual, a la que habría que sumar la lógica desafección de muchos de nuestros conciudadanos, que harto tienen con superar sus dificultades cotidianas antes de criticar a Hobbes o matizar a Tocqueville. Sea como fuere, el movimiento efebocrático señalado por García López venía a suceder a otros ocurridos en diversos momentos de nuestra vida política. En el presente artículo nos referiremos a lo ocurrido a finales de la década de los 60 en España, cuando se publicó un libro de elocuente título: Protagonistas de la España democrática. La oposición a la dictadura 1939-1969, obra que incluye en su título dos fechas que se prestan a la conmemoración.
            Antes de comentar la obra citada, conviene detenerse en los detalles de su edición. Según consta, el libro, de 746 páginas, vio la luz gracias a Ediciones Sociales, con sede en Barcelona, París y Madrid, y con la Librería Española, sita en el 72 rue de Seine, París 6ᵉ, como depositario. En su contracubierta, el volumen informaba sobre su autor, del que dice nos hace saber que:

«Sergio Vilar nace en 1936. Ha sido secretario de redacción del semanario de artes y letras Revista, de Barcelona, desde el año 1958 al 1961. Subdirector de la revista literaria Papeles de Son Armadans (1961-1964, Palma de Mallorca). Redactor-jefe y a la vez crítico literario del semanario Destino, de Barcelona (1964-1966).
Desde el 1961 es miembro del comité internacional de redacción de la revista Les Lettres Nouvelles, de París. También desde 1961 publica numerosos artículos en el diario La Vanguardia, de Barcelona. En otras revistas españolas y extranjeras como Cuadernos para el Diálogo, de Madrid; Serra d'Or, de Barcelona; Cuadernos Americanos, de México; Sur, de Buenos Aires, &c., Sergio Vilar asimismo ha publicado diversos artículos y ensayos políticos, históricos y culturales.
Los libros que ha publicado son: Manifiesto sobre arte y libertad. Encuesta entre los intelectuales y artistas españoles (Las Américas Publishing Co., New York 1962; y Editorial Fontanella, Barcelona 1964). Cataluña en España, un estudio de los problemas de Cataluña relacionados con los del País Vasco, Galicia, Castilla y Andalucía (Ayma, S. A. Editora, Barcelona 1968). El poder está en la calle, un análisis a fondo del movimiento para-revolucionario de mayo en Francia (Editorial Cuadernos para el Diálogo, Madrid 1968).»

            En cuanto al libro, su estructura y contenido chocan contra la idea simplista de un franquismo capaz de desplegar un poder omnímodo. Protagonistas, concebido cuando a Franco le quedaban nueve años de vida, muestra hasta qué punto el monolitismo atribuido al Régimen constituye un mito que diluye los importantes matices, la lucha entre familias afines y opositoras al mismo. Cuestiones tales como «La formación de una nueva clase política democrática», «La “unidad” de las derechas y las tendencias “multiunitarias” de las izquierdas» o «Desde el capitalismo hacia el socialismo», que dan nombre a algunos capítulos, prueban hasta qué punto la España de la segunda mitad de los 60 poseía una compleja composición ideológica que Vilar, obligado a dar un orden a sus entrevistas, distribuyó en bloques aglutinados en función del espectro izquierda/derecha y del origen de los personajes escogidos.
            Por lo que respecta a la izquierda, concretamente a la adscrita a lo que denomina «Madrid», militarían gentes como Marcelino Camacho, Tierno, Tamames, Raúl Morodo, Boyer o Aranguren. En Euzkadi (sic), destacarían como izquierdistas Ramón Ruibal y Enrique Múgica, mientras que en Cataluña lo harían el hoy apenas recordado Manuel Sacristán, Castellet o Carlos Barral. En cuanto a Andalucía, destaca en ella la figura de Carlos Castilla del Pino, mientras que en Valencia lo hace Joan Fuster y en Galicia, Ramón Piñeiro y Domingo García–Sabell.
            En el centro, con idéntica estructura territorial, destaca Jordi Pujol, acompañado por Josep Benet y Heribert Barrera en Cataluña. En Madrid la centralidad correría a cargo de Joaquín Ruiz-Giménez y Dionisio Ridruejo, mientras que Euzkadi estaría dominado por el así tenido por centrista, Partido Nacionalista Vasco.
            Por último, en cuanto a la derecha, esta se concentraría exclusivamente en Madrid. Seis son los nombres enumerados: los Gil Robles, Fernando Álvarez de Miranda, Joaquín Satrústegui, Antonio de Senillosa y Santiago Nadal. En cuanto al resto de regiones, estas, a juicio de Vilar, no parecen albergar en su seno elementos derechistas.
            Hacia el final del libro se abordan futuribles que se desarrollan bajo títulos como: «Lo que tal vez “puede pasar”», «Un Gobierno de transición», «A favor de la República», «A favor de la Monarquía».
            Lanzado desde Francia, el libro resultó desconcertante para muchos. Entre los que más recelaron de la obra destacó uno de los fundadores de Acción Nacionalista Vasca: José Domingo de Arana, concejal de Bilbao durante la II República y firmante, en diciembre de 1957, de la monárquica y donjuanista Unión Española. El autor de Presente y futuro del Pueblo Vasco: Hombre, Raza, Nacionalidad, Universalidad (Ercilla Libros, Bilbao 1968) creyó que Sergio Vilar estaba al servicio del Partido Comunista. Tal sospecha motivó el envío de una carta a  Gil Robles y a otras personalidades, entre ellas Manuel de Irujo, en la que, bajo el membrete «Un libro anunciado para «organizar» la oposición, intenta «liquidar» la oposición responsable a beneficio del Partido Comunista», afirmaba:

«He leído, con indignación creciente, el pesadísimo libro de ese torpe, cínico y desaprensivo estafador político que se llama Sergio Vilar, en el que se incluye referencia de una entrevista que usted le concedió, y que él aprovecha, como hace con algunas más de otros entrevistados importantes por su significación, para sugerir al lector, con la dosificada interpolación de insidiosas apostillas, odiosas caricaturas presentadas como si fuesen fieles semblanzas».
            Ignoraba don José Domingo que ya en 1965, el sello del Centro de Estudios y Documentación Sociales A. C., publicó en México un libro titulado: Esa gente de España…, obra firmada por Américo Castro, Raúl Morodo, José Marra López, Eduardo Martínez de Pisón, José Ferrater Mora, Manuel Medina Ortega… y Sergio Vilar.
            Arana no fue el único desconcertado por la publicación de Protagonistas, pues incluso el PCE lo creyó elaborado por uno de los suyos. Razones había para mantener tal hipótesis, pues Sergio Vilar se autoexilió de España, incorporándose al Partido, en el que permaneció infiltrado diez años, tal y como se deduce de su obra de 1981 titulada El disidente. Comunistas y anticomunistas fueron, en realidad, víctimas de las sutiles maniobras del Congreso por la Libertad de la Cultura, financiador de una obra de la que John Clinton Hunt ya tenía noticia en octubre de 1966. De hecho, en abril de 1967, Vilar entregó el borrador del libro, para el que obtuvo una bolsa  extraordinaria de 3.000 francos franceses, beca que formaba parte de todo un programa que Olga Glondys publicó en su artículo, «El Congreso por la Libertad de la Cultura y su apoyo a la disidencia intelectual durante el franquismo» (Revista Complutense de Historia de América, Madrid 2015, vol. 41, pp. 121-146). En la lista hallamos sonoros nombres, de los que tan solo citaremos a los agraciados en el curso 1966/67:
            Durante ese ciclo se entregaron becas de libros, dotadas con 4.000 francos franceses, a: Javier Muguerza por Filosofía de la significación; a Luis García San Miguel por Teoría del saber jurídico (Crítica de la razón jusnaturalista), a Carmen Martín Gaite por Macanaz y España entre dos siglos, a Rafael Tasis por Carta a un exiliat català  y a Carlos Moya Valgañón por Durkheim y la Teoría Sociológica .
            Las bolsas de viaje al extranjero para jóvenes intelectuales, dotadas con 5.000 francos franceses, fueron a parar a Francisco Carrillo, Raimundo Ortega Fernández y Pascual Palacios Tardez.
            Vilar recibió la referida beca adicional de 3.000 francos franceses por su libro Protagonistas de la España democrática.
            Décadas después de la publicación de aquel trabajo, puede entretenerse el lector en completar la trayectoria vital de aquellos protagonistas y reubicarlos, en función de sus obras, en el lugar ideológico-topológico correspondiente.

Pedro Sánchez: manual de resistencia y europeísmo

Libertad Digital 21 de enero de 2019:
https://www.clublibertaddigital.com/ideas/sala-lectura/2019-02-28/ivan-velez-protagonistas-de-la-espana-democratica-la-oposicion-a-la-dictadura-1939-1969-87293/


Pedro Sánchez: manual de resistencia y europeísmo

            No pocas chanzas ha desencadenado la publicación del libro, firmado por Pedro Sánchez –Pérez-Castejón, no confundir con el humanista contrarreformista toledano De Acre- Manual de supervivencia, obra a la que, según se ha podido saber, ha dado «forma literaria» Irene Lozano, verdadero modelo de subsistencia dentro del mundo partitocrático, que ha sabido encontrar acomodo en la secretaría de Estado de la España Global, nombre que sustituye a la llamada Marca España. El motivo fundamental de la avalancha de comentarios jocosos, que sustituyeron al inicial estupor propiciado por el hecho de que Sánchez sea el primer Presidente del Gobierno que pone su nombre bajo el título de un libro mientras desempeña tan alta responsabilidad, ha venido aparejado al conocimiento de la que, al parecer, fue la primera decisión tomada por el otrora jugador de baloncesto del Ramiro de Maeztu. Según su propia confesión, lo primero que hizo el matrimonio presidencial nada más llegar a La Moncloa fue sustituir el colchón antes ocupado por Rajoy y su esposa, la discreta Viri. «Dos que duermen en el mismo colchón acaban siendo de la misma opinión», tal es el motivo que llevó al presidente y a su señora a poner un colchón de por medio con los ácaros, pelos y otros fluidos corporales –el «caldito de tu cuerpo» del que hablara Kiko Veneno- que pudiera atesoran el lecho de sus predecesores en el cargo.
            Si esta medida higienista ha sido enormemente comentada, no le ha ido a la zaga la cita, deformada, que Sánchez o quien haya escrito ese párrafo, ha atribuido a San Juan de la Cruz en lugar de a su verdadero autor, el agustino fray Luis de León, que regresó a su cátedra salmantina tras dar con sus huesos en la cárcel inquisitorial en la que, por cierto, dispuso de pluma y papel con los que siguió escribiendo.
            Manual de resistencia, en efecto, ofrece materia de deleite para todo aquel que quiera ver en él la manifestación de una personalidad que muchos han caracterizado como marcada por la vanidad y el narcisismo, en cuyo reverso otros han visto la mueca de la venganza de aquel que en su día fue repudiado por su partido y prometió regresar fortalecido. No negaremos que algo de eso puede haber en la personalidad de quien no tiene rubor en hablar de este modo del mismísimo Felipe VI:
          «Suele decirse que en los momentos difíciles es cuando se conoce verdaderamente a las personas. En aquellos días intensos, don Felipe y yo tuvimos la oportunidad de conocernos de verdad, en lo más personal, en una situación que ninguno de los dos buscábamos ni esperábamos, y en la que nos colocó la irresponsabilidad de otros. Enseguida nos reconocimos mutuamente como las personas que íbamos a sacar al país del riesgo de bloqueo. Conectamos de forma especial, confiamos el uno en el otro y se estableció una relación muy franca. Hablábamos por teléfono de manera regular. Una corriente de confianza mutua se estableció entre nosotros. Me consta que más de una vez ha explicado a interlocutores amantes de la cizaña que aquello a lo que me comprometí con él lo hice. En efecto, cumplí mi palabra.»
            En definitiva, muchas de las aproximaciones a lo que se ha dado en llamar sanchismo, están fuertemente marcadas por el psicologismo. Y no faltan motivos para ello, pues el político madrileño que da nombre a tan personalísimo movimiento, el mismo hombre en cuya biografía se abre un abismo que separa a Pedro Sánchez del Presidente del Gobierno, gusta de emplear un solemne «mi persona» que deshumaniza al dudoso doctor. Según tal interpretación, Sánchez sería un hombre pagado de sí mismo capaz de desdecirse compulsivamente con tal de acceder a un sillón, el presidencial, en el que ya ha permanecido casi nueve meses. No dudamos de que los finis operantis de Sánchez hayan sido un importante factor en su carrera, sin embargo, no parece que en el político madrileño esté concentrada toda la fauidad y el egoísmo de la llamada «clase política». En efecto, Sánchez no es el único que tiene la voluntad de alcanzar el poder, pero lo ha alcanzado, por lo que se hace preciso buscar las causas extrasomáticas que han acompañado su ascenso, y creemos que algunas de estas se hallan en el último capítulo de su Manual, titulado «Continuar la historia».
            En ese último fragmento, Sánchez aborda lo que denomina «renovación del pacto constitucional», y es en esas páginas donde, a nuestro juicio, aparecen algunas claves de su éxito, un éxito que sintoniza con algunos de los principales atributos de la ideología dominante. Sánchez no duda en afirmar que la tarea reformatoria «debe hacerse con participación, de abajo arriba. El Congreso de los Diputados ha de abrirse. En la Comisión Constitucional debe escucharse a colectivos, ONG, personalidades…». Un movimiento de poder ascendente que conecta con una sociedad marcada por la ilusión democrática que refuerza una tecnología accesible a todo consumidor. Si esta afirmación, de gran carga adulatoria, conecta de inmediato con la clientela política, el método –una mezcla entre «cultura de diálogo» y «consenso»- que Sánchez ofrece para alcanzar soluciones, constituye sin duda el, por decirlo en términos escolásticos, «único modo» empleado por aquellos que, no en vano, tienen un sitio reservado en el Parlamento.
            Después de cantar las glorias de los padres de esa Constitución, peaje obligado para todo aquel político que trate de sobrevivir dentro del ramo, que ahora trata de transformar, Sánchez hace un canto tan europeísta como federal. Así, el doctor afirma: «Ahora ya sabemos dónde estamos: estamos en una Europa federal donde las regiones tienen un papel determinante que desempeñar; las ciudades, un peso específico, en tanto que el Estado nación ha empezado a transferir a entes supranacionales algunas competencias, como la política económica; y pronto se van a empezar a incorporar parámetros de política social en el semestre europeo, como se aprobó en la Cumbre de Gotemburgo». La nación, aquello sobre lo que Sánchez ha extendido su acción de gobierno, se desdibuja en esta catarata de afirmaciones que serán bien recibidas por las facciones separatistas que han apuntalado su frágil estancia en la Presidencia. Europa, el mito político más poderoso de la España que surgió tras las tensiones de la Guerra Fría y la transformación del franquismo en la actual democracia, de momento coronada, marca el final, la teleología a la que se acoge un Pedro Sánchez que, como tanto españoles, permanece imantado por el círculo de estrellas que flotan sobre un virginal fondo azul: «Si España reformara su Constitución, sería el primer país europeo que lo hiciera en el siglo XXI para adaptarla a Europa y daríamos un ejemplo de impulso y de convicción en los valores europeos. Por otro lado, dentro de España también tendría un efecto muy poderoso. Aquí Europa siempre nos ha hecho dar lo mejor de nosotros mismos, nos ha inspirado ideales de mejora del país, más democrático, más abierto. Nuestras ambiciones nacionales en el siglo XX han estado ligadas a la Unión Europea: primero fue ingresar y después cumplir los criterios de Maastricht para estar en el euro. No se trata de ningún experimento, sino de continuar la historia de España. Encontrándonos con Europa de nuevo, volveremos a encontrarnos con nosotros mismos.»

Cuando los dioses nacían en Extremadura

Libertad Digital 14 de febrero de 2019:
https://www.clublibertaddigital.com/ideas/sala-lectura/2019-02-14/ivan-velez-cuando-los-dioses-nacian-en-extremadura-87197/


Cuando los dioses nacían en Extremadura

Apenas un par de meses antes de que se cumplan los quinientos años de la llegada de Hernán Cortés a las playas de Veracruz, todo parece indicar que el mayor peso conmemorativo lo llevarán las telepantallas. Desde hace tiempo se tiene noticia de una miniserie de televisión que emitirá Amazon, en la que el conquistador metelinense será interpretado por Javier Bardem, dirigido por Spielberg con guión de Steven Zaillian y dirigido por Spielgberg. Paralelamente, actor español Óscar Jaenada protagonizará la serie Hernán. El hombre.
Junto con un congreso que se celebrará en el Medellín natal de Cortés, estos son, al parecer, los únicos acontecimientos cortesianos que tendrán lugar este año, después de que el Ministro de Cultura, Jose Guirao, confesara, en relación a organizar algo en tierras mexicanas, que se trata de un tema «complicado». Las palabras de Guirao muestran hasta qué punto los complejos históricos siguen vigentes entre las fuerzas de la Cultura. En vista de esta omisión, el hueco conmemorativo dejado por el Gobierno ha sido inmediatamente ocupado por una iniciativa del partido Ciudadanos que ha servido  para que, una vez más, Podemos exhiba toda su carga negrolegendaria y para que el PSOE señale, con acierto, que ya el anterior Gobierno debiera haber previsto estos fastos. El tiempo dirá, en un momento político tan convulso como el actual, en qué queda esta esta propuesta.
Sin embargo, si este es el panorama actual, no siempre fue así. Para decirlo de otro modo, no siempre se tuvo a Cortés como un asesino o un genocida, que tales acusaciones son las que suele recibir desde la autodenominada izquierda. Prueba de ello es el libro que vamos a comentar y el contexto en el que fue escrito. Nos estamos refiriendo a Cuando los dioses nacían en Extremadura, obra del escritor falangista Rafael García Serrano, que vio la luz en 1949, dos años después de que se hallaran los restos mortales del conquistador. La obra del autor de Diccionario para un macuto, no era la primera aproximación a la figura de Cortés en los años de posguerra. En 1940, Ramón J. Sender fue autor de una obra de teatro con el título: Hernán Cortés. Retablo en dos partes (Ediciones Quetzal, México 1940) que se imprimió gracia a una editorial por él fundada y en la que el conquistador, hombre atormentado y resentido, no sale muy bien parado, a pesar de que se valoren sus triunfos. Situado en las antípodas ideológicas de Sender, Rafael García Serrano escribió la obra referida como respuesta a un concurso de guiones cinematográficos convocado por el Instituto de Cultura Hispánica, organismo que trataba de buscar en América lo que se negaba en Europa. El guión fue escrito conjuntamente con Alberto Crespo y suponía una réplica a la película norteamericana Capitán de Castilla. Presentado como un héroe asistido por la Providencia, el Cortés que se recorta en las páginas de esta obra, bebe fundamentalmente de la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo, y de las Cartas de Relación de Hernán Cortés. En una muestra de sinceridad, el escritor navarro confesó que se sirvió del Hernán Cortés de Madariaga, a pesar de que en la obra del escritor liberal, Cortés parece «un alumno de la Institución Libre de Enseñanza con bolsa de viaje en Ginebra». Estas palabras de García Serrano, no impidieron que Madariaga declarara que se trataba de la mejor novela sobre la conquista.
Hija de su tiempo, Cuando los dioses nacían en Extremadura constituye una trepidante aproximación a un puñado de hombres de acción incompatibles con las alternativas indigenistas, genéricas, incluso ecologistas, que se plantean con el propósito de anular la obra de aquel que, según Bernal, dejó atrás su casa para «comer con trompetas o  morir ahorcado».

Jesús Vidal: «A mí sí me gustaría tener un hijo como yo»

Libertad Digital 7 de febrero de 2019:
https://www.clublibertaddigital.com/ideas/tribuna/2019-02-07/ivan-velez-jesus-vidal-a-mi-si-me-gustaria-tener-un-hijo-como-yo-87138/


Jesús Vidal: «A mí sí me gustaría tener un hijo como yo»

            Con paso presuroso y algo inseguro, Jesús Vidal, abrazado al bronce goyesco, se acercó al micrófono, tocó el soporte con sus dedos y comenzó su discurso con la mayor elegancia: felicitando al resto de nominados. Después, el actor leonés, que con el 10% de visión del que dispone en uno de sus ojos, apenas pudo vislumbrar al público que llenaba el Palacio de Exposiciones y Congresos de Sevilla para celebrar la gala de los Premios Goya, comenzó a desgranar sus agradecimientos. No hubo en sus palabras el habitual victimismo gremialista que ya dio sus frutos en forma de rebaja del I.V.A. para el ramo cinematográfico, tampoco moralinas adscritas a una tan viscosa como imprecisa idea de izquierda política, fideísmo obligatorio para todo aquel que quiera ganarse los garbanzos tras una claqueta. Antes de retirarse con el busto en sus manos, el premio Goya al actor revelación arrancó aplausos y lágrimas a los asistentes con frases como la que sigue: «A mí sí me gustaría tener un hijo como yo, porque tengo unos padres como vosotros», en referencia a su madre, a quien atribuyó su pasión por la dramaturgia, y a don José Vidal Conde, su fallecido padre.
            Las palabras de Vidal, que en la película Campeones interpreta a un discapacitado intelectual, venían cargadas de emoción pero, sobre todo, de hondura. Y lo hacían en el escenario más adecuado pues, por razones que se nos escapan, el colectivo cómico, los peyorativamente llamados titiriteros, debido a su sectarismo mil veces exhibido, son proclives a la defensa de determinadas causas políticas, morales, pero también éticas. No descubrimos nada nuevo si afirmamos que una amplia mayoría de los que se conmovieron con la intervención del actor premiado, son favorables al aborto libre, y lo hacen aferrados a algunos de los más groseros argumentos, tales como «en mi cuerpo mando yo» o «nosotras parimos, nosotras decidimos». En definitiva, muchas de las féminas que hubieron de retocar su humedecido rimmel después del discurso de Vidal, hubieron impedido la existencia del Marín que forma parte del filme. He aquí la contradicción que el actor premiado y la exitosa Campeones han colocado frente a un colectivo mayoritariamente favorable al aborto libre.
            Antes de acometer la crítica de los planteamientos más comunes, o más publicitados, de las fuerzas de la Cultura en relación a este asunto, es oportuno acudir a las cifras oficiales de abortos o, si se prefiere, acudiendo al atajo eufemístico, del número de interrupciones voluntarias del embarazo, fórmula convertida incluso en una terna de asépticas siglas: I.V.E. Si atendemos a los datos de las mujeres residentes en España, entre 2016 y 2017, años en los que se produjo un descenso de nacimientos de un 4,3%, los abortos han aumentado en un 1,4%. Dentro de este último parámetro ha de tenerse en cuenta que, del total, sólo un 16% corresponde a mujeres españolas, mientras que el 48% lo es de centro y sudamericanas, colectivo católico que de manera creciente acusa la penetración evangélica, mientras que un 27% se debe a abortos realizados en mujeres subsaharianas. Presentados morosamente esos datos, nos limitaremos a ofrecer, en relación a tan controvertido problema, una alternativa a la opción individualista, etimológicamente egoísta, e incluso mercantilista, manejada usualmente en los ambientes aludidos. Una alternativa que se acoge a los postulados de la bioética materialista fundada por Gustavo Bueno.
            Como punto de partida, nuestro planteamiento rechaza la idea de la existencia de un embrión concebido como una parte formal o una suerte de prolongación del cuerpo de la madre, circunstancia que facultaría a esta, al menos en términos justificativos, para despojarse de él como se despoja de una uña demasiado larga. Entre otras razones, porque para la existencia de tal embrión es necesaria una carga genética ajena a la de la mujer, la que corresponde al varón, que por diversos cauces ha llegado a fecundar el óvulo femenino. Desmontado el argumento ligado al en «mi cuerpo mando yo», pues el que ha de convertirse en feto es un cuerpo diferenciado del de la madre o gestante, la existencia embrionaria está determinada por lazos mucho más amplios, algunos de los cuales, los familiares, los condensó Vidal en su emotiva ligazón: «A mí me gustaría tener un hijo como yo por tener padres como vosotros».
            Hechas estas consideraciones, es preciso aclarar que las posiciones materialistas, por más convergencias que se puedan encontrar, son ajenas a la existencia, negada por imposible, de un ser supremo al que cupiera en exclusiva la potestad de dar y quitar vidas. De hecho, desde nuestras posiciones, el aborto no queda radicalmente negado en virtud, precisamente, de las contradicciones e incluso incompatibilidades que puede llegar a plantear la existencia del embrión, algo que ocurre cuando la viabilidad de este amenaza la vida de la madre, que ha de protegerse en virtud de la compleja red social en que esta se halla inserta. El mismo problema se plantea con los embarazos producto de una violación. En ambos casos, conviene reiterar que no nos encontramos ante la eliminación de una parte el cuerpo de la mujer, sobre el que se pudiera decidir, sino, precisamente ante la destrucción de otro cuerpo, de otro individuo cuya trayectoria vital compromete seriamente la de la madre.
            Las palabras que hicieron brotar lágrimas y aplausos en la grada sevillana, muestran hasta qué punto, personas alejadas de los cánones exitosos desvelan la realidad del imprescindible pluralismo que antecede al canon, y nos recuerdan hasta qué punto, la mayoría de nosotros vivimos desviados del modelo individualista, del exitoso y metafísico «hombre hecho a sí mismo» que a menudo se asoma al celuloide. Al cabo, el interior de la tierra sigue recordándonos cómo, apoyados unos en otros, hemos llegado hasta aquí. Sirva la prodigiosa historia con la que cerramos esta pieza, como remoto ejemplo de ello:
            En 1957 unos arqueólogos encontraron los restos de un neandertal de una antigüedad de 40.000 años en una cueva del Kurdistán iraquí. El fósil de Shanidar 1, que así se llamó al individuo, mostró las evidencias de un homínido que, tras sufrir un fuerte golpe en la cabeza, perdió probablemente la visión de un ojo. A esta lesión se sumó la amputación del antebrazo derecho y daños en una pierna. Sin, el esqueleto presentaba signos de curación. Shanidar 1 murió a los 40 años, y pudo alcanzar tan elevada edad gracias a la asistencia o compasión de sus congéneres.


Cortés en México: «un tema complicado»

Libertad Digital 31 de enero de 2019:
https://www.clublibertaddigital.com/ideas/historia-espana/2019-01-31/ivan-velez-cortes-en-mexico-un-tema-complicado-87073/


Cortés en México: «un tema complicado»

            «Es que allí ese tema es complicado», así se pronunció José Guirao, ministro de Cultura y Deportes del reino de España cuando, después de desgranar el contenido del programa Foco Cultura España-México, en el que tendrá un gran protagonismo el 80 aniversario de la llegada de los exiliados españoles al México cardenista, se le preguntó por la llamativa ausencia de actos conmemorativos de la llegada de Hernán Cortés a aquellas tierras, acontecimiento del cual se cumplirá medio milenio en abril del presente año. El quite de Josep Borrell, que anunció que «se hará algo» una vez establecidos los oportunos contactos con «intelectuales mexicanos», no ha podido evitar el alud de críticas provocado por una ausencia celebratoria que se antoja vergonzante.
            Parece claro que el ánimo de Guirao acusa el peso de la leyenda negra, que tiene en Cortés a una de sus figuras más representativas e identificables. El escapismo laudatorio del ex director del Reina Sofía no hace, sin embargo, más que dar continuidad a una de las líneas tradicionales de su ministerio. No ha de olvidarse que el Ministerio de Cultura ha entregado el Cervantes, premio que lleva el nombre de un soldado escritor defensor del Imperio español y del catolicismo al que hoy se trata de ajustar a los márgenes ideológicos del momento, a consumados cultivadores de la oscura leyenda, tales como Rafael Sánchez Ferlosio o Juan Goytisolo. Pese a todo, en uno de los proyectos anunciados y financiados, lleva don José la penitencia cortesiana.
            Como es sabido, antes de sus años maduros, José Luis Rodríguez Zapatero, autodefinido como rojo, puso en marcha una maquinaria, mayoritariamente propagandística, asociada a la llamada Memoria Histórica. En la estela de esta maniobra de tintes ideológicos que ha operado a favor del maniqueísmo hoy reinante en amplios sectores de la sociedad española, artificiosamente dividida, ¡en 2019!, en franquistas y antifranquistas, se han impulsado muy diferentes proyectos memorísticos, algunos realmente forzados, con el fin de inyectarle una constante actualidad a unos hechos que todavía no han alcanzado el siglo de antigüedad. En este contexto podemos ubicar los fastos anunciados por Guirao a propósito de los 80 años del comienzo del exilio español de posguerra en México etiquetado, común e imprecisamente, como republicano. La atención al viaje de aquellos españoles contrasta con el intencionado olvido del que serán víctimas aquellos otros compatriotas que llegaron a las playas continentales americanas acompañando a Cortés. La omisión de Guirao, tendente a esquivar tan «complicado» asunto, resulta, no obstante, estéril si se tiene en cuenta un episodio poco conocido que conecta directamente a un destacado miembro del PSOE exiliado con Hernán Cortés o, por mejor decir, de sus reliquias.
            Los hechos nos conducen al año 1946 y a la oronda figura de Indalecio Prieto. En aquel año aparecieron unos documentos elaborados por el hispanófilo Lucas Alamán, en los que se precisaba la ubicación de los restos del conquistador, salvados de su destrucción en 1822. En tan convulsas fechas, Alamán logró preservar los huesos de don Hernando ocultándolos provisionalmente bajo la tarima del Hospital de Jesús, fundado por el propio Cortés. Con los ánimos más templados, los restos quedaron ocultos en 1836 dentro de una pared del altar del templo anexo al hospital. Allí, tal y como se pudo comprobar tras la apertura del muro más de un siglo después, se hallaba la incompleta osamenta del de Medellín. La exhumación se llevó a cabo después de que se descubriera que José de Benito, subsecretario de la Presidencia del Consejo de Ministros, había sustraído los papeles aludidos de la caja fuerte de la Embajada Española en México en los que se conservaban. Fue Fernando Baeza Martos, asistente al contubernio de Múnich, hombre vinculado al Comité español del Congreso por la Libertad de la Cultura y posterior senador del PSOE por Huesca, quien dio la voz de alerta que precipitó los acontecimientos, al saber que De Benito pretendía salir con los documentos en dirección a Europa.
            En los días que rodearon al redescubrimiento de las reliquias óseas, destacó la voz de Indalecio Prieto, ya entregado a la restauración borbónica. El socialista ovetense publicó en la prensa mexicana una serie de artículos en los que se incluían afirmaciones del siguiente tenor:
            «Mexicanos: Os habla un español que, por carecer de toda representación, puede y debe hablaros con entera libertad; un español –nada más, pero nada menos- y consiguientemente un hermano vuestro. Hermano no sólo por vínculos de raza y de idioma sino, además, por lazos de gratitud. […]
            El pueblo de México está ya en posesión de los restos mortales de tan gigantesca figura humana. No sólo porque cuanto hay en suelo de México pertenece a los mexicanos, sino porque además, según su voluntad postrera, el Conquistador yacerá para siempre aquí, en la patria que fundó, en unión de los nobles indios, aquí deben quedar los huesos. Pero han de quedar dignamente, glorificándolos, elevando sobre ellos un majestuoso monumento. ¿Obra sólo de los mexicanos? No, obra de mexicanos y españoles. Hernán Cortés es vuestro, mas también nuestro, muy nuestro. ¿Por qué no hermanarnos, más aún, en torno a su glorificación?
            El 16 de diciembre de 1940, para festejar la Independencia de México, aquel día conmemorada, hablé a los mexicanos desde una estación radiodifusora. De aquel discurso son estas palabras:
            “¿Quién puede negar la grandeza a la obra de España en América? ¿Y quién puede negar la grandiosidad de esa misma obra en las tierras de México? Los templos, los palacios, las casonas andaluzas y extremeñas del tiempo colonial, esa arquitectura maravillosa en que, asegurada la comodidad, el arte, para ornarla, se entretuvo en exquisiteces, eso ¿qué es, sino español? Mientras las soberbias catedrales se levanten en vuestro suelo, y permanezcan erguidos los magníficos palacios, hasta no derrumbarse las casas de bello patio interior que recuerdan a Andalucía; en tanto todas esas edificaciones subsistan, España estará aquí, amorosamente, no imperiosamente, pero estará, y la huella de su genio resultará imborrable. Pensemos, dejando desbordar alocadamente la imaginación, que un fenómeno telúrico o una gigantesca ola de odio derribara tanta muestra del genio español. ¡Pues no bastaría para borrar la traza de España aquí! Tendrían vuestros literatos que romper las plumas con que escriben en castellano, y tendríais vosotros todos, mexicanos, que enmudecer. Porque en tanto habléis nuestro viril idioma, limpio de acentos duros, de gangosidades confusas, y de dulzarronerías empalagosas, este idioma sonoro y bello en que cada palabra parece un diamante y todo él una joya majestuosa, en tanto lo habléis, que lo hablaréis siempre, no podréis negar la huella de lo español en México… ¿Qué es, sino español, el magnífico respeto a la inteligencia y a la sabiduría que figura en vuestras fórmulas sociales cuando decís: Sr. Ingeniero, Sr. Licenciado…? Esa es una vieja costumbre española, que en nuestra patria fue extinguiéndose. ¿Qué es, sino española, vuestra delicada cortesía, que tiene, aun entre las clases humildes, extraña expresión?... Yo, que no milito en la Iglesia Católica, y que acaso crea que ésta perdió mucho de su pureza fundacional inspirada en las doctrinas de Cristo, ahogándola, en parte, entre la pompa excesiva de sus ritos, afirmo que la Iglesia Católica ha sido y es una soberbia congregación de abnegaciones y un ejemplo excelso de disciplina. Pues bien, este hombre descreído no puede menos de reconocer la inmensa superioridad de la religión católica sobre los cultos idolátricos practicados por las razas que poblaban México cuando el país fué conquistado, porque en los altares católicos no hay inmolaciones, no se sacrifican vidas humanas, no se depositan, en holocausto a los ídolos, dioses o no de la guerra, corazones palpitantes de hombres a quienes al pie del ara se les desgarraban las entrañas para el sacrificio. Idioma, costumbres, cultura, religión, todo eso trajo España a México. Pero, además, cualesquiera que sean las salpicaduras crueles de la conquista, y que se hayan repetido durante la dominación -¿qué conquista y qué dominación están libres de ellas?- queda aquí un testimonio irrecusable del sentido humano que tuvo la empresa española. ¿Cuál es ese testimonio? Los millones de indios que todavía pueblan el territorio mexicano. España no los exterminó, sino que respetó su vida”». (Novedades, Ciudad de México, 28 de noviembre de 1946).
           
            Las razones por las que España, pero también México, nación política que surgió de la transformación del Virreinato de la Nueva España, debieran conmemorar lo ocurrido hace quinientos años, se amontonan. Con el libertador Cortés, del yugo mexica que atenazaba a diversas naciones étnicas, se entiende, llegó el modo hispánico, las instituciones políticas y religiosas que desactivaron una dominación que exigía un tributo de sangre. Conscientes de que el sectarismo es probablemente la seña de identidad más característica de la partitocracia española, ofrecemos esta adhesión cortesiana socialista, por si pudiera servir para accionar los oxidados resortes del principio de no contradicción.

Vargas Llosa frente al PEN neoyorquino-catalanista

Libertad Digital 24 de enero de 2019:

Vargas Llosa frente al PEN neoyorquino-catalanista

            «Con mentiras disimuladas, el PEN de Nueva York exagera y deforma lo que ocurre en España y en Cataluña», así se manifestó recientemente Mario Vargas Llosa, presidente del PEN Internacional entre 1977 y 1980, que actualmente ocupa ese cargo en calidad de emérito, en un artículo reciente publicado en El País. La reacción del de Arequipa vino motivada por un escrito del PEN -Poetas, Ensayistas y Novelistas- de Nueva York, titulado: «Una tendencia preocupante: la libertad de expresión bajo fuego en Cataluña». La suave polémica sirve como inmejorable excusa para indagar a propósito del club y sus relaciones con España o, por mejor decir, con ciertos sectores de la España de los 70. El texto neoyorquino, que recoge las habituales patrañas del catalanismo, ha visto la luz tras una visita a los Estados Unidos de Joaquín Torra, en la cual, el autor de Los últimos 100 metros –hacia la República de Cataluña, se entiende- ha tratado de erosionar la imagen de la nación de la que, al igual que otros 240 cargos cuatribarrados, percibe mensualmente más sueldo que el Presidente del Gobierno con el que negocia con un lazo amarillo prendido en su solapa.
            En su réplica periodística, don Mario critica con razón el hecho de que los redactores de la nota oculten la flagrante ilegalidad que supuso la votación del 1 de octubre de 2017, antes de denunciar la torcida descripción de los hechos, sin dejar pasar la oportunidad de contar cómo, en su día, él mismo hubo de pasar el filtro de la censura franquista. Fiel a su acendrado liberalismo, el Premio Nobel de Literatura de 2010 señala al PEN neoyorkino otros lugares más propicios para la crítica, tales como Venezuela, Cuba o Nicaragua, países donde se cierran periódicos, radios y televisiones, y se persigue ferozmente a la oposición política.
            Presentados los hechos actuales, hemos de retroceder exactamente medio siglo. Concretamente al 13 de enero de 1969, cuando el escritor francés Pierre Emmanuel, pseudónimo de Noël Mathieu, que llevaba una década dedicado al control del Comité español del Congreso por la Libertad de la Cultura, tras el cual, fundaciones interpuestas mediante, se ocultaba la CIA, escribió a Pablo Martí Zaro, principal ejecutivo del Congreso en España, para proponerle la resurrección del viejo PEN Club Español, extinguido en 1936. La idea, no obstante, había partido años atrás en la mente de José Luis Cano, cofundador de la revista literaria Ínsula y director de la colección Adonais de poesía. Buscando su inserción en la legalidad española del momento, los estatutos se habían redactado y presentado en la Jefatura Superior de Policía en 1965 con las firmas de José Antonio Maravall, Fernando Chueca Goitia y el propio Cano. Ente la lista de los integrantes del nuevo PEN, cuya presidencia de honor debía recaer en Menéndez Pidal después de la renuncia de Azorín, figuraba el agente de la CIA, John C. Hunt, miembro a  su vez de tal club. El permiso, sin embargo, fue denegado por incumplir la Ley de Asociaciones de 1964. La negativa venía motivada por los lazos internacionales que se adivinaban en el PEN Español, pero también por el hecho de que cada uno de sus miembros debía oponerse a toda restricción de la libertad de expresión en su propio país. De nada sirvieron las gestiones que Chueca, presidente del dolarizado Comité español, hizo con Carlos Robles Piquer, Director General de Información y cuñado de Fraga.
            Pese a estos reveses, el grupo español no cejó en su empeño de hacer viable la iniciativa que trataba de impulsar Emmanuel. En 1971, Martí Zaro y Cano viajaron a la reunión del PEN Club Internacional, ya presidido por el ex integrante de la resistencia francesa. También resultaron estériles las maniobras realizadas por el ex trotsquista Julián Gorkin a favor de la iniciativa. Años más tarde, el 9 de septiembre de 1976, José Luis Cano ofreció, en una carta al director de El País, ofreció una reconstrucción de aquel proceso. Su epístola apuntaba a otra razón que operó en contra de la admisión legal del PEN Español: «Quizá pudo influir en ello el hecho de que, a nuestra iniciativa, Henrich Böll, presidente del Pen Internacional, enviara al ministro de Justicia español un telegrama de protesta por la condena de dos años de prisión al escritor Luciano Rincón». El telegrama estaba condenado al fracaso si se tiene en cuenta que la condena venía motivada por la publicación de un libro titulado Francisco Franco, historia de un mesianismo. Miembro del Frente de Liberación Popular, el célebre «Felipe», Luciano Rincón mantuvo una estrecha relación con el anarquista José Martínez Guerricabeitia, editor que le publicó la obra referida y principal impulsor de la revista Cuadernos de Ruedo ibérico, constituida en París en 1961. Conviene también recordar que Fernando Claudín y Jorge Semprún, revisionistas expulsados del PCE en noviembre de 1964, fueron acogidos en este proyecto que, justo en esas fechas, se vio oportunamente fortalecido. Rincón, que empleó el pseudónimo «Luis Ramírez», evolucionó hacia la Liga Comunista Revolucionaria y mantuvo contacto con el etarra Txabi Echevarría, autor del asesinato del agente de la guardia civil, Antonio Pardines.
            En 1970 aparece la relación entre el Comité español del Congreso por la Libertad de la Cultura y Mario Vargas Llosa, afincado en la Barcelona en la que reinaba editorialmente Carmen Balcells. Allí, después de que el Comité español reconstituyera su estructura en torno a Seminarios y Ediciones S. A. después de que la prensa aireara la tutela de la Central de Inteligencia Americana, se trató de poner en marcha un coloquio que debía titularse: La destrucción de los lenguajes en el Arte y en la Literatura contemporáneos. La idea era que lo acogiera y aportara cierto capital, el Colegio de Arquitectos de Barcelona. Entre los participantes estaban Pierre Emmanuel, Konstanty Aleksander Jelenski, Roland Barthes y Umberto Eco, a quienes debían acompañar Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, representantes de la literatura hispanoamericana, etiquetada, no por casualidad, como «realismo mágico». Con todo dispuesto, el coloquio no pudo celebrarse al recibirse una orden de prohibición que llegó el mismo día en que este debía comenzar.
            En 1975 Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, tan involucrado en los trevijanistas asuntos guineanos, trató de revitalizar el proyecto del PEN Español. Años más tarde, en 1978, una titubeante Asociación PEN Club Español de Madrid se inscribió en el Ministerio del Interior. Ya en 1984 se constituyó el PEN Club Español, con José María de Areilza como presidente y escasa actividad. No fue esta la única refundación de tan quebradizo colectivo, que reapareció en 1992 para desdibujarse y ser suspendido a finales de 2015 por el PEN Club Internacional, en el que el barcelonés Carles Torner, que también ha sido secretario del pancatalanista PEN Catalán, ocupaba el cargo de director ejecutivo.
            Establecidas las conexiones, apenas un apunte, entre política y literatura, sobre el trasfondo de la Guerra Fría, el escrito del PEN de Nueva York se hace más entendible. El mentado Comité español del Congreso por la Libertad de la Cultura, de aromas europeístas e impronta anticomunista en el tiempo en el que existían la URSS y el PCE, tenía el inequívoco objetivo de favorecer la implantación de un modelo federal para España, en el cual debía jugar un papel imprescindible el colectivo catalán, que supo jugar sus cartas culturales, pero también políticas y financieras, para ir elaborando la falsilla sobre la que se escribió la actual Constitución, esa que habla de nacionalidades y regiones y señala que: «El castellano –no el español- es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla. Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatuto».

Carta de España a la Provincia de España

Artículo publicado el 9 de febrero en El Debate:
https://eldebate.es/rigor-historico/carta-de-espana-a-la-provincia-espana-20190209


Carta de España a la Provincia España

            El 8 de julio de 2017, Antonio José España Sánchez S. J., fue nombrado Provincial de los jesuitas en España por el venezolano, Arturo Sosa, General de la Compañía de Jesús. España Sánchez sucedía de este modo a Francisco José Ruiz Pérez S. J., que pasó a ser Decano de Teología de la Universidad de Deusto. Pérez, tinerfeño de nación, había accedido a esa dignidad coincidiendo con un cambio trascendental en la Compañía, que el 21 de junio de 2014 integró todas las provincias jesuitas de España en una sola, denominada Provincia de España. La transformación vino determinada, en gran medida, por la creciente falta de vocaciones, que ha reducido a esta organización a un número que apenas supera el millar de integrantes, a los que arropan más de 200 instituciones y miles de colaboradores, necesarios para atender a un más que estimable patrimonio y diversos negocios siempre sujetos a las contingencias terrenales, españolas, en este caso.
            Apenas situado en un cargo en el que deberá permanecer durante seis años, España comenzó su labor poco antes del estallido golpista catalanista, acontecimiento que ha hecho brotar de su pluma dos epístolas. La primera de ellas, cauta ante la tensión reinante, se hizo pública el 11 de octubre de 2017. La segunda, Reflexión en clave de Provincia sobre la cuestión territorial y social de Cataluña, que ve la luz en estos días de mesas de partidos y relatores, acusa en su título la previsible omisión de la palabra «España». La ausencia, en absoluto casual dada la taimada redacción que caracteriza a los seguidores del santo de Loyola, es coherente con la perspectiva paulina que incorpora el Provincial en su misiva, dirigida a sus «compañeros jesuitas y –nótese la observancia de la actual perspectiva de género- amigos y amigas en el Señor». En efecto, don Antonio José, que no emplea el término «nación», cita al de Tarso -«Dios nos reconcilió consigo por medio del Mesías y nos encomendó el ministerio de la reconciliación (2 Cor 5, 19)»-, evitando exhibir su posición respecto un conflicto del que no ofrece referencias políticas concretas. Una vaguedad de corte psicologista le sirve para esquivar cualquier compromiso: existe cierto hastío en «buena parte de España, pero la realidad es que este tema nos afecta a todos y no debería percibirse como algo ajeno».
            Sin embargo, pese a la impronta paulina de la circular y a las maniobras elusivas, el problema nacional -territorial, prefiere el clérigo- no es del todo ajeno a los jesuitas españoles, pues como el mismo España confiesa empleando la más pulcra terminología políticamente correcta, la crisis, por más provincial que se pretenda, preocupa a los religiosos y a su influyente entorno, razón por la cual, desde los sucesos golpistas, llevan debatiendo al respecto: «a lo largo del curso pasado hemos desarrollado en la Provincia algunas experiencias de diálogo entre jesuitas, entre laicos, entre laicos y jesuitas... de distintas percepciones y sensibilidades ante la situación de Cataluña. La metodología utilizada nos ha ayudado a abordar estas cuestiones buscando puntos de encuentro y acogiendo la posición del otro». La evidente ruptura social producida en Cataluña queda de nuevo oculta tras un vocablo que sintoniza con el discurso dominante: «sensibilidades».
            La solución a tan honda crisis estaría, no obstante, ya prevista en la obra de san Ignacio, pues como España se ocupa de recordarnos, en los ejercicios espirituales diseñados por el santo, se abogaba por «ser más prompto a salvar la proposición del próximo, que a condenarla; y si no la puede salvar, inquiera cómo la entiende, y, si mal la entiende, corríjale con amor [...]». O lo que es lo mismo, los jesuitas apuestan por la vía del diálogo, término que figura hasta en cuatro ocasiones en el documento, junto a otros como los de «pluralidad» o «identidad», incorporados tres veces en la Reflexión, en la que figura esta concepción de «provincia» que tan bien se solapa a la idea de España manejada por la clase política del Estado de las Autonomía: «Como Provincia, hemos de seguir tomando conciencia de la enorme pluralidad histórica, cultural, lingüística e identitaria que tenemos. Eso no debería ser percibido como una amenaza sino como una gran riqueza, y cada uno ha de ser respetado profundamente en lo referente a su identidad o identidades». Una apelación, la identitaria, que ha operado a favor del encapsulamiento eusquérico o catalanista de muchos miembros de la babelizada Compañía. En este, como en otros ámbitos de nuestra vida política y económica, las lenguas se alzan como verdaderas fronteras que, en el caso jesuítico, comprometen seriamente la movilidad de un colectivo menguante. En el pecado particularista lleva la penitencia la Provincia de los jesuitas en España.
            Tras este ejercicio de funambulismo, subyace el habitual cálculo de una organización en la cual han militado hombres de trayectorias tan ajustadas a los tiempos como la del padre Llanos, confesor de Franco primero y vecino del Pozo del Tío Raimundo después. Conviene, pues, estar atento a la entrega de nuevas reflexiones, pues no ha de olvidarse que en los lejanos años sesenta, fueron los jesuitas quienes reclamaron iglesias indígenas (sic), que se vieron acompañadas de hachas y serpientes, y que en sus ambientes educativos se fraguaron relevantes personalidades deslumbradas por las culturas españolas, coartada perfecta para la fragua de la actual realidad territorial. Hoy, los efectos distáxicos de aquella ideología posconciliar se hacen evidentes y, por más que el padre España se reafirme en que la misión de su Compañía es «la de crear una sociedad más justa, más fraterna y más evangélica», incluso la integridad de la Provincia, comienza a verse comprometida.

Ochenta años después de la muerte de Machado

Artículo publicado el 17 de febrero de 2019 en El Debate:
https://eldebate.es/rigor-historico/ochenta-anos-despues-de-la-muerte-de-machado-20190216


Ochenta años después de la muerte de Machado

            La polémica suscitada por la deficiente actividad conmemorativa en relación a hechos históricos tan relevantes como el quingentésimo aniversario de la llegada de Cortés a México o el de la primera circunnavegación, unida a la inestable situación política en la que queda España después de que parte de los separatistas que habían aupado al poder a Pedro Sánchez le retiraran su apoyo, determinando la convocatoria de elecciones generales, dejarán en segundo plano otros aniversarios que en su día tuvieron gran relevancia. Entre ellos destaca el octogésimo aniversario de la muerte de Antonio Machado, ocurrida el 22 de febrero de 1939.
            Diez años después de que el escritor adquiriera forma cadavérica, Machado comenzó a ser homenajeado por distintos grupos ideológicos. En 1949 Cuadernos Hispanoamericanos, revista dirigida por Pedro Laín dependiente del Instituto de Cultura Hispánica, le dedicó un número monográfico en el que al sevillano se le limaron las aristas ideológicas para presentarlo como un poeta popular.
            Un lustro después, en febrero de 1954, en Madrid se celebraron los encuentros «Entre la poesía y la Universidad», tras los cuales estaba Enrique Múgica. Fuera de España, el poeta continuaba siendo una referencia para las izquierdas definidas de la época, especialmente para los comunistas, activos en su exilio o la clandestinidad. De hecho, el PCE incluyó al poeta en su «Mensaje del PCE a los intelectuales patriotas», fechado en abril de 1954, un año después de los acuerdos entre España y los Estados Unidos, del cual extractamos este pasaje:

          «Las hiperbólicas alabanzas al honor de la bandera no pueden ocultar la tragedia nacional que significa ese acto de compra y venta de España, entre los yanquis y franquistas.
          Ello viene a dar razón, una vez más, a Antonio Machado, quien decía que los señoritos –y el franquismo representa un señoritismo de la peor especie– invocan la patria para venderla.
          […] Pero el Partido Comunista de España, el Partido de Miguel Hernández, el partido junto al cual transcurrieron los últimos años de vida y de trabajo de Antonio Machado; el Partido de Pablo Picasso tiene derecho a pedir a los intelectuales, incluso a los más alejados de su política, que traten de conocerle tal cual es, objetivamente, a través de su propia ideología, de sus propios principios y objetivos, y no a través de la pintura grosera que de ellos hace el franquismo, enemigo del pueblo y enemigo de la intelectualidad. Semejante conocimiento objetivo, incluso si no implica la adhesión a nuestras ideas, sólo puede facilitar el establecimiento de un frente de lucha común contra los enemigos de nuestra Patria, los imperialistas yanquis y sus perros franquistas.»
           
            Al Mensaje del PCE le siguió, en febrero de 1955, el artículo de Rafael Alberti, «Retorno de Antonio Machado», que vio la luz en el semanario Les Lettres Francaises.
            El vigésimo aniversario de la muerte de Machado, abrió el abanico laudatorio. En 1959, se celebraron dos homenajes, uno en la Segovia en la que dio clases don Antonio, y otro en el Collioure en el que le sorprendió la muerte. El primero de ellos se apoyó en un manifiesto firmado por Ramón Menéndez Pidal, director de la Academia de la Lengua, a cuyo nombre acompañaban los de Gregorio Marañón, Pérez de Ayala, Teófilo Hernando, Joaquín Garrigues, Gabriel Celaya, Lauro Olmo, Buero Vallejo, Julián Marías, Dionisio Ridruejo, Pedro Laín, Aranguren, Alfonso Sastre, Raúl Morodo, Moreno Galván y Luis Felipe Vivanco entre otros.
            En cuanto al homenaje de Collioure, alentado por el PCE, contó con un comité de honor integrado, entre otros, por Louis Aragon, Jean Paul Sartre, Marguerite Duras, Simone de Beauvoir, Raymond Queneau y Pablo Picasso, autor de un dibujo realizado para la ocasión. A la cita se adhirieron: Menéndez Pidal, Gregorio Marañón, Gonzalo Lafora, Teófilo Hernando, Manuel Aleixandre, Dámaso Alonso, Gabriel Celaya, Blas de Otero, Eugenio de Nora, Ridruejo, Pedro Laín, Joaquín Garrigues, Valentín Andrés Álvarez, Gallego Díaz, Montero Díaz, Rafael Lapesa, Julián Marías, Cela, Jesús Fernández Santos, Alfonso Sastre, Buero Vallejo, José Herrera Petere, Rafael Alberti, Max Aub, Léon Felipe, Juan Antonio Bardem y Luis García Berlanga.
            Más allá de estos actos, a los que hay que sumar el organizado por La Sorbona, en el que participó Marcel Bataillon, el aniversario tuvo una amplia repercusión en las publicaciones de la época. Por citar algunas revistas, podemos referirnos a Acento Cultural vinculada al SEU, así como a Praxis, Cuadernos de Arte y Pensamiento, Caracola o Ínsula.
            Como es sabido, la poesía de Machado sirvió durante décadas como fondo lírico para muchas de las reivindicaciones de la así llamada «izquierda española». Hoy, estas facciones parecen haber abandonado a aquel hombre que en 1909 se casó con Leonor Izquierdo poco después de que esta, hija de un sargento de la guardia civil, cumpliera los quince años.