sábado, 14 de febrero de 2026

De la mano

La Gaceta de la Iberosfera, 21 de julio de 2025.

https://gaceta.es/opinion/de-la-mano-2-20250721-0100/ 

De la mano

La semana pasada, el representante de la Comisión Europea ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea hizo público el descubrimiento del Mediterráneo. Tras sesudas investigaciones, el gobierno de la Unión Europea ha llegado a la conclusión de que la amnistía concedida por Sánchez a los golpistas catalanes no se debió al interés general de España, sino a su propia ambición, largamente cultivada en ambientes envueltos por una nube de vapor. Esos que frecuentó, al parecer, alguien que responde a las iniciales J. B. Se especula con que las grabaciones de sus visitas a las saunas de los Gómez allanaron el camino recorrido por el famoso Peugeot.  

Hace casi ocho años, Puigdemont a bordo de un Skoda primero, y de un Mazda, después, huyó al que creía paraíso, hoy convertido en un lugar hostil: Europa. Como tantos otros españoles que se autodesprecian por serlo, el de Amer creyó que más allá de los Pirineos todo el monte sería orégano. Al cabo, él es catalán, y es sabido, tal reza la propaganda, que los catalanes, a diferencia del resto de españoles, son europeos y, por ende, demócratas y tolerantes. La causa de la fantasmagórica República catalana, a la que un mozo de escuadra se encargó de bajar los humos, debía ser atendida en Bruselas. Y así lo pareció al principio, cuando el golpista se paseaba por algunas ciudades del Viejo Continente que, según el credo supremacista de los Torra, Junqueras y demás, hace frontera con África en el Ebro. Por seguir con la enumeración de vehículos relacionados con la corrupción de la nación española, es decir, con la secesión de parte de su territorio, Puigdemont, gracias a la pasividad de las fuerzas del orden, se dio un garbeo por Barcelona el año pasado a bordo de un Honda.

Sin embargo, recientemente, las cosas se han empezado a torcer para el prófugo de la justicia española. Europa se muestra insensible ante el narcisismo de los catalanistas. Lo último, a pesar de que Albares se deja la vida en ello, ha sido un nuevo rechazo a que el catalán sea oficial dentro de la UE. Antes de recibir ese nuevo jarro de agua fría, el de Amer ya había vuelto su mirada hacia la opresora España. Hastiado de tanta incomprensión, el ex presidente de la Generalidad ha pedido amparo a las polvorientas togas del Tribunal Constitucional. Su objetivo es lograr la suspensión de la orden nacional de detención que mantiene Pablo Llarena. Ante la tenacidad del juez, Gonzalo Boye, condenado en 1996 a 14 años de prisión por colaborar con ETA en el secuestro de Emiliano Revilla, ha solicitado la adopción de una medida cautelarísma. Trata, con ello, de evitar los perjuicios que estaría sufriendo su cliente ante un final muy distinto al que deseamos los que no vemos interés general alguno en amnistiar a golpistas.

Mientras se resuelve la situación judicial de Puigdemont, Sánchez se sigue plegando a todas y cada una de las exigencias de un catalanismo que ha salido reforzado de aquel 1 de octubre de 2017. La pieza que ahora quieren cobrarse los secesionistas es nada menos que una financiación singular, es decir, privilegiada, para la región. Un cupo catalán que, de implantarse, será muy difícilmente reversible. Tanto como ese, en palabras de Mikel Buesa, pufo vasco, que en su día defendió Cristóbal Montoro, oportuna cortina de humo que disipa la obscena imagen esbozada por Boye: la de un Gobierno, el de España, y la de los secesionistas, yendo de la mano.

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