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domingo, 4 de octubre de 2020

Santa Sofía y la paz de la fe (islámica)

 El Mundo, 23 de julio de 2020:

Santa Sofía y la paz de la fe (islámica)

            El pasado 10 de julio, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, firmó el retorno al culto musulmán de la basílica de Santa Sofía. La ceremonia signataria se inscribió dentro de un contexto de enorme carga simbólica, pues el anuncio de la recobrada condición del templo se llevó a cabo a las 20.53 hora local, dígitos que remiten, siquiera parcialmente, al año en que Constantinopla ingresó en el Dar al-Islam, territorio de los hombres coranizados que hoy celebran la recuperación de tan singular lugar de culto, a la espera de que ocurra lo propio en el occidente andalusí, concretamente en Córdoba. Construida en el siglo IV, fue después de que en 1453 el sultán Mehmet Fatih se hiciera con la ciudad, cuando la imponente cúpula levantada por Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto acogió el rezo hacia un Dios de impronta aristotélica y rostro inexistente. El avance otomano conmovió al mundo cristiano, hasta el punto de que el mismo año en que cayó Constantinopla, Nicolás de Cusa escribió su De pace fidei –La paz de la fe-, obra que recrea una reunión celestial presidida por el Todopoderoso, a la cual concurren diecisiete representantes de diversas religiones y naciones históricas, entre ellas España, Francia y Alemania, y una serie de naciones étnicas. A todos ellos se suman un arcángel, el Verbo Divino, san Pedro y san Pablo, encargados de entablar el diálogo con los diferentes personajes que van compareciendo.

            Cuatro décadas después de que la media luna tomara Constantinopla, la cruz recuperó terreno que gracias a unos reyes, distinguidos con el título de católicos, que, después de culminar la Reconquista, hallaron un nuevo continente en el que se ensancharon los límites de la Cristiandad. El repliegue occidental del Islam contó con el apoyo de Roma y el júbilo de las naciones europeas tras el logro que figura en el epitafio de Isabel y Fernando -Mahometice secte prostratores-. Un objetivo ya señalado en 1478 por Sixto IV en su bula Exigit sincerae devotionis affectus, documento que abría la puerta a la implantación de la Inquisición española. En ella, el papa, incluyó estas líneas:

 

            someter en nuestros tiempos a vuestra autoridad el reino de Granada y las tierras a él agregadas que habitan los infieles, y convertir a estos mismos a la fe verdadera, lo que vuestros predecesores impedidos en diversas formas no pudieron, y todo ello para exaltación de la tal verdadera fe y salvación de las almas y para vuestra perfecta alabanza con la apreciada ganancia del premio eterno de la bienaventuranza.

 

            Erradicada aparentemente la fe mahomética de España, la amenaza islámica, en sus formas turca y berberisca, distaba mucho de disiparse. Ni siquiera Lepanto sirvió para terminar con un peligro que se vio aumentado ante la evidencia de que gran parte de la población morisca se mantenía impermeable a las aguas cristianas. A la apostasía, se unió el delito de lesa majestad que realmente motivó la expulsión de los moriscos, llevada a cabo por Felipe III y apoyada en una serie de decretos que van desde 1609 a 1613. El lacrimógeno testimonio cervantino de Ricote, concentrado en la fórmula «y no era bien criar la sierpe en el seno», habla a las claras de cómo se comportaban muchos de los mahometanos tenuemente cristianizados. A todo ello han de sumarse las connivencias galas con el mundo islamizado, mantenidas todavía en nuestros días, que Quevedo denunció en su Visita y Anatomía de la cabeza del Eminentísimo Cardenal Armando Richelieu, cuando, al describir la prodigiosa exploración craneana llevada cabo por Vesalio, puso en boca del galeno estas alegóricas palabras:

 

…teniendo yo por cierto que la cabeza del Cardenal no tenía seso ninguno, vi el lugar suyo lleno y atestado de sesos; y como era contra mi opinión, admirado me entré en la celda con mis instrumentos y, desenvolviéndolos, vi que era un turbante, de tal manera puesto y mullido, que al principio, aun hallando en él algunas medias lunas, dudaba si eran sesos o turbante.

 

            Mientras todo esto ocurría en una España cuyas iglesias y catedrales hallaron fundamento, es decir, cimientos, en mezquitas que, en ocasiones, se habían asentado sobre estratos cristianos, Santa Sofía permaneció como mezquita hasta 1935, cuando Kemal Atatürk, fundador y primer presidente de la República de Turquía, la convirtió en museo, después de permanecer cerrada al culto desde 1931. La recuperación del estatus que extinguió Atatürk, se ha llevado a cabo después de que el Consejo de Estado turco decretara que la conversión de 1935 fue ilegal. Queda expedita, de este modo, la vía para que Diyanet, fundación religiosa estatal en la que figura el hijo del presidente turco, Bilal Erdogan, proceda a restaurar el culto interrumpido por Attatürk, medida que será bien acogida por el electorado de Erdogan, que ha hecho oídos sordos a las voces que han querido, de manera ingenua, frenar la mentada restauración invocando la condición de Patrimonio de la Humanidad que Santa Sofía ostenta desde 1985.

            Una Humanidad o, por mejor decir, una idea de Humanidad sostenida desde una parte de la misma, que muestra sus perfiles más metafísicos al obviar el hecho de que el inmueble no pertenece sino a una sociedad política concreta, Turquía, en creciente grado de islamización que, previsiblemente, se mostrará cada vez más refractaria a las manifestaciones artísticas que responden a los cánones establecidos por Grecia y Roma, al tiempo que se mantiene como firmante de los Derechos Humanos en el Islam, tan distantes de los enunciados en 1948 como reacción a los horrores de la II Guerra Mundial.

            El simbolismo de la decisión de Erdogan es muy ilustrativo, tanto de los derroteros por los que se mueve el político y gran parte de la sociedad turca, como de la esterilidad del proyecto Alianza de Civilizaciones puesto en marcha por el José Luis Rodríguez Zapatero prebolivariano y el propio líder turco, que acaso vio en el presidente español al pánfilo útil, llegado al poder gracias a los atentados del 11M, que le permitiera ganar tiempo y espacio en determinadas moquetas, en particular las de la Asamblea General de la ONU, mientras afianzaba su poder en Turquía. Tres lustros después del inicio de aquel pueril proyecto, la verdad desagradable asoma y Erdogan no parece dispuesto a aceptar, más que en beneficio propio, los objetivos marcados por la propia Alianza de Civilizaciones: «fomentar el diálogo y la cooperación entre diferentes comunidades, culturas y civilizaciones y construir puentes que unan a los pueblos y personas más allá de sus diferencias culturales o religiosas, desarrollando una serie de acciones concretas destinadas a la prevención de los conflictos y a la construcción de la paz». Una realidad armónica inalcanzable, que choca frontalmente con esas tozudas realidades llamadas naciones políticas, movidas por intereses propios y delimitadas por unas fronteras que son algo más que líneas sobre un mapa coloreado en el que se mueven migrantes.

            Así las cosas, las dificultades para establecer los límites y el número de civilizaciones susceptibles de una tal alianza, que requeriría, además, de la disolución de las incompatibilidades entre las ideas cristiana y musulmana de hombre, son enormes. En estas condiciones, la Alianza de Civilizaciones, a la que España sigue contribuyendo económicamente, y cuyo Alto Representante de las Naciones Unidas es el ex ministro Miguel Ángel Moratinos, constituye poco más que una estructura susceptible de ser operativa geopolíticamente dentro de estrategias como la manifestada recientemente por ZP, a quien suponemos todavía alineado con su aliciesco proyecto, cuando expresó su deseo de poner a los trumpianos EE.UU., que no a su alternativa, «en una posición imposible».

            Mientras todo esto ocurre en los brumosos cenáculos globalistas, los hombres atravesados por el entendimiento agente universal elevarán sus plegarias a la atmósfera atrapada bajo la cúpula de Santa Sofía, ganando terreno para una causa, la teocrática, invisible para ojos como los de un presidente, Sánchez, dueño de una perra llamada Turca, que probablemente comparta con Nicolás de Cusa la beatífica idea de que existe una única fe manifestada mediante diversos ritos.


lunes, 25 de noviembre de 2019

Motivos para reivindicar a Cortés

El Mundo, 26 de marzo de 2019:
https://www.elmundo.es/papel/historias/2019/03/15/5c8a4bb221efa00f308b45dc.html

Motivos para reivindicar a Cortés


Dentro de un mes se cumplirán quinientos años desde que Hernán Cortés y sus compañeros desembarcaran en las costas hasta las que llegaba el poder de Moctezuma. En aquellas playas se hizo patente la división entre los alrededor de quinientos cincuenta españoles que viajaron desde Cuba con el hidalgo de Medellín. Mientras unos pretendían trocar objetos por oro, otros estaban decididos a establecerse. En Veracruz comenzó a fraguarse el Cortés que ha pasado a la Historia, el hombre que barrenó, que no quemó, sus naves, y decidió penetrar en una tierra habitada por pueblos sometidos al poder mexica que exigía tributos materiales y humanos cuya sangre y corazones eran ofrecidos a los dioses.
            Hábil diplomático, Cortés selló alianzas con las naciones oprimidas por los mexicas y supo escapar de las trampas del astuto Moctezuma quien, finalmente, le recibió en la ciudad lacustre de Tenochtitlan. Temiendo caer en una trampa, los españoles apresaron al emperador mexica, convirtiéndolo en el garante de su seguridad. Aquel frágil equilibrio se quebró con la llegada de Pánfilo de Narváez, enviado por el gobernador de Cuba para apresar a Cortés, que abandonó la ciudad para neutralizar a tan peligroso visitante. Fue en su ausencia cuando Alvarado hizo la matanza del Templo Mayor, tras la cual se produjo la desastrosa Noche Triste. En su retirada, Cortés fue, no obstante, capaz de vencer en la mítica batalla de Otumba y, una vez repuesto en la ciudad aliada de Tlaxcala, rehacerse y lanzar un contragolpe anfibio sobre Tenochtitlan que combinó la acción de la infantería, la caballería y la de los bergantines sobre el lago Texcoco. Tras un crudo asedio, el 13 de agosto de 1521, la ciudad cayó en manos españolas.
            Como ocurre en aniversarios de semejante escala, es de prever que aquellos hechos dejarán un rastro de obras y reinterpretaciones a ambos lados del Atlántico. Al cabo, Cortés, que figura por méritos propios en el panteón heroico español, quiso terminar sus días en la Nueva España en la que se cimentaron los actuales Estados Unidos Mexicanos. Mientras llega tan esperado como, previsiblemente, enconado debate, ofrecemos a continuación una serie de motivos para reivindicar al de Medellín, teniendo muy presente aquella afirmación quevedesca: «Bien sé a cuántos contradigo».

1.      Rectificación del modelo antillano.
Entre las acciones más audaces realizadas por Cortés destaca el hundimiento, que no quema, de las naves. En Veracruz trazó una estrategia para romper con el gobernador de Cuba y también propuso un sistema que evitara la destrucción de los indios: «…algunos, por temor que les han de ser quitados e removidos los indios que en estas partes tobieren, como ha sido fecho a los vezinos de las Islas, están siempre como de camino e no se arraigan ni heredan en la tierra, de donde resulta no poblarse como convernía ni los naturales ser tratados como era razón, e si estobieren ciertos que los ternían como cosa propia, que en ellos habían de suceder sus herederos e sucesores, ternían especial cuidado de no solo no los destruir ni desipar mal, aun de los conservar e multiplicar, por tanto, yo en nombre de Su Magestad, digo e prometo que a las personas que esta Instrucción tobieren e quisieren permanecer en estas partes, no les serán removidos ni quitados los dichos indios que por mí, en nombre de Sus Magestades, tobiesen señalados para en todos los días de su vida, por ninguna cabsa ni delito que cometa, si no fuere tal que por él merezca perder los bienes e por mal tratamiento de los dichos naturales…».

2.      Fundador de un cabildo, célula revolucionaria hispana.

            A Cortés se debe la fundación del cabildo de la Villa Rica de la Veracruz, entendida por algunos, entre ellos Manuel Giménez Fernández, como una revolución comunera en el Nuevo Mundo. La fundación de Veracruz dio continuidad al desbordamiento peninsular que siguió al descubrimiento de América. Un desbordamiento que cabe calificar como civilizatorio por la búsqueda de integración de la población nativa, pero también, en un plano puramente fisicalista, por el hecho de que el Imperio español se apoyó no en factorías sino en una tupida red de ciudades que articularon todo territorio, no solo la costa. Siglos después, a principios del XIX, los cabildos fueron la pieza clave de la revolución hispana –criolla y urbana- que, en nombre del rey y de la religión católica, transformó el Imperio español en un conjunto de naciones soberanas.

3.      Cortés y el valor de la palabra escrita

            Gran parte del éxito de Cortés se debió a su habilidad con la pluma, destreza que adquirió en Salamanca. El metelinenese fue un escritor incansable que pronto percibió el efecto que en los indios producía la palabra escrita. En Cozumel, enterado de que había españoles, redactó una misiva que circuló por la isla oculta entre los cabellos de un indio. El papel dio como resultado la aparición del clérigo Jerónimo de Aguilar, superviviente de un naufragio. Durante toda la conquista, la escritura castellana, superior a los métodos gráficos de los mexicas, supuso un poderoso método de comunicación que sorprendió a los indios. Cervantes de Salazar así lo confirmó, cuando dijo que estos se admiraban «de que el papel supiese hablar». En el Anáhuac, las cartas se movieron de manera incesante, implantando una tecnología alfabética desconocida, para la que, finalizada la conquista, se habilitó una imprenta. Gracias a la llegada de hombres letrados se pudieron confeccionar tempranas gramáticas de lenguas prehispánicas. En 1547 fray Andrés de Olmos compuso su Arte para aprender la lengua mexicana. En 1555, fray Alonso de Molina publicó el Vocabulario en lengua mexicana y castellana.

4.      Cortés libertador.
            Una de las interpretaciones más polémicas que de Cortés se han dado es aquella que responde al calificativo de «libertador», máxime cuando tal adjetivo suele vincularse al Bolívar que rompió con la «desnaturalizada madrastra» España. Sin embargo, la llegada de Cortés permitió que muchas naciones étnicas se sacudieran el yugo mexica, que apretaba hasta el punto de exigir abultados tributos, incluidos los de sangre. La incursión hispana hacia Tenochtitlan se hizo con batallas pero, sobre todo, mediante el sellado de alianzas con una serie de pueblos que prefirieron colocarse bajo la obediencia de aquellos barbudos que hablaban de un remoto rey Carlos, que continuar recibiendo la temible visita de los recaudadores mexicas.
5.      Erradicación de los sacrificios humanos
            Cortés era un cristiano de su tiempo que repudiaba lo que consideraba idolatría. Como es sabido, el culto a los dioses zoomorfos venía acompañado por sacrificios humanos en los cuales el cuchillo de piedra se adentraba en los pechos de los hombres para extraer sus corazones antes de descuartizar los cuerpos sin vida de aquellos desdichados. Frente a la alucinada interpretación que hizo Las Casas, capaz de justificar aquellas muertes argumentando que la vida humana es lo máximo que se podía ofrecer a los dioses, Cortés pidió a los emisarios de Moctezuma que le transmitieran un nítido mensaje. El de Medellín pretendía que el huey tlatoani «conosciese los errores grandes en que él y todos los suyos viven, adorando muchos dioses en figura de animales, con sacrificios de hombres sin culpa e inocentes, viviendo en muchas cosas contra toda razón y ley natural». Ya frente a él, insistió en un mandato que, envuelto en argumentos religiosos, tenía un trasfondo ético: la conservación de las vidas humanas. La victoria hispana permitió que aquellas prácticas se erradicaran gradualmente.
6.      Cortés y la Controversia de Valladolid.

En una decisión inaudita, la conquista se detuvo. Ante la posibilidad de que el Emperador se condenase por las acciones de sus vasallos, se organizó un debate de altos vuelos teológicos en el que se enfrentaron Las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda: la Controversia de Valladolid, tras la cual se impusieron las tesis sepulvedanas. El autor de Historia del Nuevo Mundo, condensó en esta frase el objetivo de unos argumentos que permitieron continuar con la acción hispana: «Así con el correr del tiempo, cuando se hayan civilizado más y con nuestro imperio se haya reafirmado en ellos la probidad de costumbres y la Religión Cristiana, se les ha de dar un trato de más libertad y liberalidad». Su conclusión venía cimentada en la descripción que de la realidad del Nuevo Mundo le había dado un profundo conocedor de lo que ocurría al otro lado del Océano. Su nombre era Hernán Cortés, al que el traductor de Aristóteles había conocido en persona cuando este regresó por última vez a España.

7.      Cortés, un hombre de mar.

            En 2019, además del encuentro entre Cortés y Moctezuma, ocurrido el 8 de noviembre de 1519, se conmemora el inicio de la circunnavegación culminada por Elcano. Cortés no fue ajeno al móvil que impulsó a Magallanes: el viaje a Las Molucas. De hecho, el de Medellín buscó durante toda su vida un paso natural inexistente, el que conectara el Atlántico con el mar descubierto por Núñez de Balboa. El extremeño estuvo siempre ligado al arte de marear y al de armar barcos. El 20 de junio de 1526, el Emperador Carlos pidió a Cortés que auxiliara a Loaysa y a los supervivientes de la nao Trinidad, capitaneada por Gonzalo Gómez de Espinosa. Además de aquella misión, Cortés organizó diversas expediciones marítimas que dieron como resultado el descubrimiento de una tierra a la que se dio un nombre fabuloso: California. Hoy aquellas playas están bañadas por el Mar de Cortés.

8.      Cortés empresario

La sed de oro movió a los españoles en América. Tal es la tesis negrolegendaria más extendida. Sin embargo, ni todos los españoles buscaban oro –repare el lector en la gran presencia de clérigos-, ni los españoles fueron los únicos deslumbrados por el metal, como se demostró en la Venezuela a la que llegaron los nada refinados banqueros alemanes. Cortés tuvo minas, pero también impulsó otros muchos negocios. En 1526 escribió a su padre solicitando bastimentos, ovejas, carneros y simiente de morera, industria por la que mostró un gran interés. En su carta dijo: «yo he sido el primero que en esta tierra he criado árboles de morales y he criado y aparejado seda y he hallado las tintas de carmesí e otras colores convinientes e provechosas para ella, y porque de criarse y multiplicarse en esta Nueva España en mucha cantidad de los dichos árboles de morales redundará en señalado servicio de Sus Magestades e acresçentamiento de su Real Patrimonio, mucho provecho de los españoles e naturales conservación e buen tratamiento dellos». Las tintas carmesí eran la cochinilla. Ya empleada por los mexicas, fue durante mucho tiempo el segundo producto más valioso, tras el oro, que salía de Nueva España, pues no se podía cultivar en Europa.

9.      Señores por méritos propios.

            Según contó Bernal, antes de culminar la conquista, Cortés motivó en ocasiones a sus soldados con la promesa de convertirlos en una suerte de señores feudales. Y en efecto, así ocurrió. Aunque después de la caída de Tenochtitlan muchos se sintieron insatisfechos, el metelinense otorgó más de quinientas encomiendas, cuyos propietarios quisieron conservar y entregar a sus descendientes. Muchos de aquellos hombres solicitaron al rey escudos de armas en los que figuraban unas hazañas que sirvieron para dar inicio a algunos de los más distinguidos linajes novohispanos. En la Nueva España se reproducía lo ocurrido en la península, trocando a los infieles mahometanos por los idólatras indígenas.

10.  Cortés y el mestizaje
            Probablemente el efecto más destacable del Imperio español en el Nuevo Mundo fue la configuración de una sociedad mestiza que contrasta con el proceder depredador y fuertemente racista anglosajón. Si de mixtura de razas hablamos, Cortés, de quien Bernal dijo que «dábase a mujeres» dejó una descendencia amplia en la que han de incluirse los hijos que tuvo con mujeres indígenas. Entre ellos destaca el que tuvo con doña Marina, su intérprete y amante. Para el mestizo Martín, solicitó Cortés una bula papal de legitimidad. Asimismo, le procuró el prestigioso hábito de Santiago. De los sentimientos para con este hijo, habla por sí solo lo que el ya Marqués de Oaxaca escribió en una carta a su primo Francisco Núñez. En ella Cortés dijo: «Pues hágoos saber que no le quiero menos que al que Dios me ha dado en la marquesa».

En respuesta a AMLO: la conquista de México, un gradual proceso de mestizaje

Artículo publicado el 26 de marzo de 2019 en El Mundo:
https://www.elmundo.es/espana/2019/03/26/5c9a584ffdddff7bb58b4674.html

En respuesta a AMLO: la conquista de México, un gradual proceso de mestizaje


«¡Viva nuestra madre santísima de Guadalupe!, ¡viva Fernando VII y muera el mal gobierno!»
Estas fueron las palabras que dieron forma al Grito de Dolores lanzado al aire en la mañana del 16 de septiembre de 1810 el sacerdote novohispano Miguel Hidalgo y Costilla. Aquella declaración, de evidente raigambre escolástica, es la que se considera la chispa de un proceso que dio lugar, no sin dificultades, a la cristalización de una nueva nación política que hoy lleva el nombre de Estados Unidos Mexicanos.
Más de dos siglos después, Andrés Manuel López Obrador, presidente electo de México, puesto al que accedió gracias al partido Movimiento Regeneración Nacional, cuyo acrónimo, MORENA, juega con el apelativo con el que es conocida la Virgen de Guadalupe, presente en el Tepeyac y en cualquier rincón de la nación hispanohablante más poderosa, ha anunciado que hace tiempo envió sendas cartas al Rey de España y al Papa para que: «se haga un relato de agravios y que se pida perdón a los pueblos originarios por las violaciones a lo que ahora se conocen como derechos humanos; hubo matanzas, imposiciones... la llamada conquista se hizo con la espada y con la cruz».
La polémica, como es lógico, ha estallado a ambos lados del Océano que separó o, por mejor decir, unió durante siglos a España y a la Nueva España que sucedió a la conquista encabezada por Hernán Cortés, cuya astucia le permitió percibir las fisuras que se abrían en el aparentemente omnímodo poder de Moctezuma, circunstancia que aprovechó para tejer una serie de alianzas con aquellos pueblos sometidos al poder de mexica, que vieron en la llegada de los barbudos la ocasión propicia para sacudirse un yugo que exigía, entre otros, un tributo de sangre humana. Dos años después de la llegada de Cortés y sus compañeros, cayó Tenochtitlan. Sin embargo, la conquista no dio paso a una sustitución radical de una sociedad por otra, sino a un gradual proceso de mestizaje. El componente hispano era absolutamente minoritario, razón por la cual muchos de los linajes prehispánicos mantuvieron su poder. Puede AMLO comprobar esta afirmación acudiendo a la obra de su compatriota Bernardo García Ramírez, profesor del Centro de Estudios Históricos del  Colegio de México y miembro de la Academia Mexicana de la Historia.
Habla también AMLO de las violaciones de «los que ahora se conocen como derechos humanos», acaso sin saber que la prefiguración de tales derechos, cuya Declaración se hizo en 1948 como reacción a las atrocidades de la II Guerra Mundial, la hicieron españoles que vivieron a la sombra de la cruz y que contaron con la protección de la espada. Destacados teólogos que debatieron en la Controversia de Valladolid, impulsada por la misma Corona que mandó cesar temporalmente la conquista, tras la cual se reforzó una protección, la de los naturales, ya presente en el testamento de Isabel la Católica.
La vía epistolar de López Obrador da continuidad a los bucles indigenistas con los que se envolvió en el Zócalo de la Ciudad de México, lugar en el que protagonizó una ceremonia que, aparentemente, podía resultar una simple maniobra con objetivos electorales o populares. Sin embargo, el paso de la escena a la palabra escrita, implantada en el Nuevo Mundo por aquellos españoles rodeados de cartas de relación y probanzas de méritos, da cuenta de hasta qué punto AMLO está contaminado por una leyenda negra tan nociva para los españoles como para los mexicanos. Una leyenda que, en lo referente a la conquista española de un México que en absoluto puede identificarse con la nación política gobernada por el tabasqueño, se fraguó durante el siglo XIX, pero que no se sostiene dos siglos más tarde.
Quiéralo o no AMLO, el México actual, en el cual sobreviven comunidades indígenas a menudo marginadas por su dosis de melanina, se construyó sobre las estructuras –políticas, económicas, jurídicas, urbanísticas, religiosas- del Virreinato de la Nueva España. Fueron esas instituciones, de origen peninsular, las que permitieron que en aquellas tierras, que incluían las islas Filipinas desde las que partía el Galeón de Manila, se constituyera una sociedad que asombró, por grado de desarrollo, a Humboldt. El México que se cimentó sobre el virreinato, y que en modo alguno fue restauración de la realidad precortesiana, constituye hoy el centro de gravedad de la Hispanidad, realidad nada baladí que un gobernante de la talla de AMLO debiera valorar para sacudirse el sahumerio negrolegendario que nubla su discurso.

sábado, 5 de octubre de 2019

Pimienta, canela y jengibre, los otros 'metales preciosos' de la conquista de América

El  Mundo,10 de junio de 2019:
https://www.elmundo.es/cultura/2019/06/10/5cfd466e21efa0744a8b4641.html


Pimienta, canela y jengibre, los otros 'metales preciosos' de la conquista de América

            A punto de alcanzar el ecuador del año, los actos conmemorativos de la primera circunnavegación son, sin duda, los más relevantes, máxime después de que el Gobierno socialista, abrumado por su complejidad, apartara de sí un cáliz, el cortesiano, que AMLO se encargó de rellenar. En estas circunstancias, la gesta de Elcano es un pretexto ideal para exponer asuntos como el que pretendemos, morosamente, presentar en esta pieza.
            El origen hemos de buscarlo en la primavera de 1492, cuando, en las capitulaciones otorgadas a Cristóbal Colón, se hablaba de «perlas, piedras preciosas, oro, plata», pero también de «especiería», bienes materiales que acompañaban al objetivo más preciado, incluido en el salvoconducto en latín entregado a navegante por los Reyes Católicos. En él se subrayaba el fin principal de la empresa: «fidei ortodoxe aumentum», es decir, el aumento de la fe ortodoxa. Meses después, la flota colombina echó sus anclas en un archipiélago que no era la antesala de Las Indias, sino de lo que se demostró ser un inesperado continente que transformó la concepción del mundo. Como consecuencia del descubrimiento, Portugal y España, potencias marítimas hegemónicas, trataron de establecer con precisión la longitud de unas líneas que, en Tordesillas, dividieron en dos el globo. En ese contexto, la ubicación de las Molucas fue el impulso que llevó a Magallanes a buscar un paso natural que permitiera acceder a tan rico enclave. La polémica a propósito de la propiedad de las islas se resolvió en 1529, con la firma del Tratado de Zaragoza en el que España vendió, reservándose el derecho de recompra, las islas a Portugal por 350.000 ducados. De este modo, la Especiería, que había contado con una factoría española en Tidore y con la Casa de Contratación de La Coruña para canalizar aquel comercio, quedó fuera del orbe hispano, circunstancia que ofreció la oportunidad de construir una suerte de Especiería Occidental en las no menos occidentales Indias, actividades productivas que rompen el tópico de unos españoles ávidos únicamente de metales precisos.
            Las nuevas tierras favorecían la posibilidad de aproximar el acceso a materias y productos propios de Oriente. Entre ellos destacaba la seda, cuya implantación en la Nueva España nos remite a Hernán Cortés, que el 1 de octubre de 1526 pidió por carta a su padre el envío de carneros y merinos y «simiente de seda». Una década más tarde, solicitaba un trato favorable a su soberano, empleando estos argumentos:

cómo yo he seido el primero que en esta tierra he criado árboles de morales y he cridado y aparejado seda y he hallado las tintas de carmesí e otras colores convinientes e provechosas para ella, y porque de criarse y multiplicarse en esta Nueva España en mucha cantidad de los dichos árboles de morales redundará en señalado servicio de Sus Magestades e acresçentamiento de su Real Patrimonio, mucho provecho de los españoles e naturales conservación e buen tratamiento dellos…

            Las «tintas carmesí» las procuraba la cochinilla, inexistente en Europa, razón por la cual alcanzó precios desorbitantes.
            La llegada del primer virrey, Antonio de Mendoza y, más tarde, la de su hijo, el conocido como don Francisco de Mendoza, El Indio, supuso un impulso para esa suerte de Especiería Occidental. Debilitada la ruta hacia Oriente, máxime tras el desastre de la expedición de López de Villalobos, don Francisco buscó una alternativa. Una vez terminada su relación geográfica del Perú, encargó en 1552 el Libellus de Medicinalibus Indorum Herbis, dedicado a la medicina inca. El libro debía acompañar a un propósito diferente al señalado en su título. En efecto, Mendoza viajó a la Corte para entregar a Carlos I unas muestras de jengibre y raíz de China cosechadas en la Nueva España. El éxito mendocino venía a dar cumplimiento a una real provisión fechada en 1518, en la que se estimulaba a los españoles para cultivar clavo, jengibre y canela en América. Animado por aquel éxito, años después, Mendoza redactó un documento en el que solicitaba una serie de ventajas para cultivar, a ambos lados del Atlántico: pimienta, clavo, canela, jengibre y sándalo. Dentro de aquella operación, a las condiciones económicas se añadió la del secreto que debía guardarse en relación a esas actividades, pues Portugal, que atesoraba la genuina Especiería, nada debía saber de ellas.
            Don Francisco de Mendoza, al que se le exigieron unos plazos para hacer las plantaciones, logró así un monopolio del que el rey obtendría grandes beneficios. No obstante, en el caso de que la rentabilidad fuera muy elevada, la corona podría recuperar todo el control a cambio de una elevada renta anual para Mendoza. A pesar de las altas expectativas, el negocio fracasó. En 1571, con Martín Enríquez como virrey novohispano, el monopolio de Francisco de Mendoza, fallecido en 1563, cesó y dio paso al cultivo de jengibre en Andalucía.
            Años antes, en 1565, Andrés de Urdaneta había logrado completar el tornaviaje que abrió la ruta que unió España con aquella Indias que trató de alcanzar Colón. Por ellas navegó el Galeón de Manila o Nao de China, que a las dos Indias con Europa.

Iván Vélez




sábado, 2 de marzo de 2019

La verdadera historia de la primera vuelta al mundo: así se convirtió Elcano en leyenda

El Mundo 29 de enero de 2019:
https://www.elmundo.es/papel/historias/2019/01/29/5c4f3ecf21efa04f638b4696.html


De la primera, y española, circunnavegación de la Tierra

«Flacos como jamás hombres estuvieron». Con estas palabras describió Juan Sebastián Elcano el estado de los diecisiete hombres que junto a él descendieron de la nao Victoria el 6 de septiembre de 1522 en Sanlúcar de Barrameda. Hace exactamente un siglo, el guipuzcoano Elías Salaverría atrapó sobre el lienzo las miradas perdidas de aquellos marineros que, ya en Sevilla, iluminados por la temblorosa luz de unos velones, dejaron atrás las tablas del barco y se dirigieron descalzos hacia la iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, en acción de gracias, después de haber «dado la vuelta a toda la redondeza del mundo». La expresión corresponde de nuevo a Elcano. Como ocurriera en 1919, el año que ahora arranca ofrece la posibilidad de conmemorar una fecha redonda: los quinientos años desde que cinco naves bajaran por el Guadalquivir para comenzar un viaje histórico. Tres años después de la botadura fluvial, el espectral conjunto de hombres aludido regresó a España después de circunnavegar la Tierra.
En el contexto de tan importante aniversario, se ha desatado una pequeña tormenta, tan académica como diplomática, al saberse que Portugal ha tratado de obtener, por parte de la UNESCO, el reconocimiento de la Ruta Magallanes como Patrimonio de la Humanidad. La iniciativa, en marcha desde hace años, convertiría a Elcano en un mero continuador de un viaje cuyo mérito cabría atribuir a Magallanes, portuense de nación. Según la interpretación portuguesa, la gesta del de Guetaria vendría impulsada por una suerte de inercia debida a Magallanes. Sea como fuere, el desajuste interpretativo ofrece una magnífica oportunidad de regresar a lo ocurrido hace medio milenio.
Insatisfecho con el trato recibido por la corona portuguesa, Fernando de Magallanes, que ya había navegado hasta la India, ofreció sus servicios a Carlos I. El ir y venir de pilotos y navegantes se recortaba sobre el fondo del Tratado de Tordesillas de 1494, que había dividido la esfera terráquea en dos mitades, con las islas de Cabo Verde como referencia fundamental. A 370 leguas al oeste de ese archipiélago se estableció un meridiano de demarcación que dio lugar a una polémica en el Pacífico, a propósito del lado –español o portugués- en el que caían las Molucas. En un momento en el cual se creía que el diámetro del planeta era inferior al real, era obligado tratar de fijar tan lucrativo enclave. Todo ello determinó que desde España se impulsara una armada que buscaba un fin muy diferente al que ahora se celebra. Las cinco naves tenían como principal misión la búsqueda de un paso natural a través del Nuevo Mundo que acortara el viaje hacia la Especiería. Una vez descubierto el estrecho, las naves capitaneadas por Magallanes debían dirigirse al Maluco, surcando en todo momento aguas españolas.
Si estos eran los principales objetivos, entre los cuales no se hallaba la vuelta al mundo, hay que señalar, en relación a la autoría del proyecto, que fue el poderoso mercader burgalés de origen converso, Cristóbal de Haro, dedicado al negocio de las especias, quien aportó la mayor parte de los 1.592.769 maravedís que dieron viabilidad al viaje de un Magallanes que era ya súbdito del rey Carlos. Fue el monarca español quien el 22 de marzo de 1518 firmó en Valladolid unas capitulaciones muy favorables a Fernando de Magallanes, que recibió los títulos de capitán general de la expedición, adelantado y gobernador de las tierras que descubriera. Haro no estaba solo, pues contó con el apoyo de los Welser y del poderoso Fonseca, obispo de Burgos. Por otro lado, aunque había tenido grandes intereses comerciales en Lisboa, el hundimiento de una flota dedicada al tráfico de esclavos negros por parte del portugués Lusarte, había provocado su hostilidad hacia el reino vecino. Si estos fueron los fines y los principales apoyos financieros del proyecto, en lo que respecta a la composición de la tripulación de las naves, las proporciones vuelven a decantarse claramente hacia el lado español, que aportó dos tercios del total de hombres. Apenas veinticuatro portugueses subieron a los barcos dentro de un total aproximado de doscientos cincuenta marineros.
Pese a la cuidada preparación y la nitidez del plan que había de seguirse, la flota, en la que Elcano se integró como contramaestre de la Concepción, encontró dificultades incluso antes de soltar amarras, lo cual demuestra hasta qué punto las dudas en relación al diámetro de la Tierra, afectaban tanto a portugueses como a españoles. Prueba de ello es el hecho de que, ante la posibilidad de que las Molucas cayeran dentro de la demarcación española establecida en Tordesillas, los portugueses, por la vía diplomática primero y por otras más expeditivas después, trataron de abortar la partida de los barcos.
Tras dejar atrás la península, Magallanes hizo escala en enclaves que consideraba situados dentro del lado español. Entre ellos estaba el Río de la Plata, ya descubierto por Juan Díaz de Solís mientras buscaba el anhelado paso hacia el Pacífico. La condición fluvial de esas aguas obligaba a seguir hacia el sur, hacia un rumbo tan desconocido como gélido. Ante la prolongada estancia en Puerto de San Julián, no tardó en urdirse un complot en el que participaron tanto españoles como portugueses. El 7 de abril de 1520 Gaspar de Quesada, capitán de la Concepción, fue decapitado y descuartizado, mientras Juan de Cartagena y el fraile Pedro Sánchez Reina quedaron desterrados en una isla en la que hallaron su final. Superadas innumerables dificultades, el estrecho ante el que se abría la Mar del Sur, apareció por fin.
En medio de la inmensidad oceánica descubierta por Núñez de Balboa, la flota, con la excepción de la San Antonio, que regresó a España y de la Santiago, que naufragó, alcanzó la que llamaron Isla de los Ladrones, hoy Guam. Esta escala fue la primera de una larga serie en la que Magallanes trabó relaciones con los reyes locales e intentó implantar el cristianismo. En Mactán, una lanza segó la vida del almirante, al que sucedió el débil Lopes Carvalho. Ante la inoperancia de Lopes, Gonzalo Gómez de Espinosa tomó el mando y Juan Sebastián Elcano la capitanía de la Victoria. Ambos decidieron dirigirse a Tidore, donde reinaba un musulmán que llamaron Almanzor, para obtener especias. Estando allí, el portugués Pedro Alfonso de Lorosa alertó del riesgo que corrían por la cercanía de una factoría establecida por sus compatriotas. Era necesario abandonar Tidore y fue en entonces cuando se produjo un giro trascendental. Con las naves cargadas de clavo y dispuestas para zarpar, se detectó una vía de agua en la Trinidad. Los trabajos de reparación y carenado llevarían mucho tiempo, por lo que la Victoria partió, pero no hacia el Darién dominado por los españoles, sino en una dirección opuesta, hacia la demarcación portuguesa. Empujada por los vientos que soplaban en aquella dirección, la nave pilotada por Elcano puso su proa hacia España abriéndose paso entre los mares portugueses.
Una vez reparada, la Trinidad trató sin éxito de cruzar el Pacífico. Los vientos desfavorables y una recia tempestad le impidieron seguir la corriente de Kuro Siwo que en 1565 sirvió a Andrés de Urdaneta para establecer el camino de regreso de Asia a América, el llamado Tornaviaje, que permitió la puesta en marcha del Galeón de Manila con el que Oriente, Nueva España mediante, estableció un crucial nexo comercial con Europa. Después navegar durante meses, la Trinidad, en su regreso a las Molucas, cayó en manos portuguesas, en las que sus escasos supervivientes permanecieron cautivos durante años.
Por su parte, la Victoria, capitaneada por Elcano, navegó durante meses sin tocar tierra hasta remontar el cabo de Buena Esperanza. Cuenta Pigafetta, que aquellos hombres se movieron más por el honor que por la vida, con un único objetivo: volver a su patria. Por el camino, muchos encontraron en el mar su última morada. Desesperados, atacados por el hambre y las enfermedades, decidieron tocar las islas de Cabo Verde, haciéndose pasar por viajeros que regresaban de América. Fue allí donde tuvieron constancia de la realidad de su vuelta completa a la Tierra, al observar que mientras ellos creían hallarse en el día 9 de julio de 1522, los portugueses decían vivir un día más tarde. Un par de meses después, los supervivientes celebraron en Sevilla la procesión que encabeza nuestro escrito.
Hecha esta sucinta descripción de tan prodigiosos hechos, el factor portugués queda ajustado a sus justos y minoritarios términos. La empresa tuvo el inequívoco sello español, pero fueron las complejas circunstancias que la envolvieron, las que propiciaron una decisión, la de Elcano y sus compañeros, con la que aquellos hombres, como tantos otros de su tiempo, buscaron alcanzar la fama. El lema concedido por Carlos I al de Guetaria: Primus circumdedisti me  -El primero que me circundaste-, no deja lugar a dudas de quién abrió aquella ruta circular, por más que quinientos años más tarde, en los tiempos del consenso y el diálogo, una iniciativa conjunta, nombrada con el término geográfico «Península Ibérica», trate de repartir, democráticamente, los méritos de aquel viaje que Portugal trató en vano de impedir.

sábado, 19 de enero de 2019

Vox y la extrema derecha (de barrio)

El Mundo 10/12/2018.
https://www.elmundo.es/opinion/2018/12/10/5c0e7440fdddffabb38b471c.html


Vox y la extrema derecha (de barrio)

            El recuento de las papeletas introducidas en las urnas andaluzas el pasado domingo 2 de diciembre, ha ofrecido datos de difícil encaje dentro de los estrechos márgenes en los que a menudo se mueven los adscritos al llamado «análisis político». ¿Cómo explicar el cambio cromático experimentado por Sedella, municipio que se despertó enrojecido y se acostó coloreado de un verde muy distinto al impulsado por el muladí Blas Infante? Si los resultados de Sedella son sorprendentes, los que han arrojado algunas de las zonas más deprimidas de Sevilla son también dignos de atención. En el barrio de la Oliva, colindante con las Tres mil viviendas, patria chica de Pata Negra, donde todavía rasga las cuerdas Emilio, Cara café, el togado Francisco Serrano ha multiplicado por quince los votos cosechados por su partido hace cuatro años. En las Letanías el crecimiento es aún mayor, mientras que en San Jerónimo casi un 10% de sus vecinos, mayoritariamente obreros, han depositado su fe democrática en Vox. En definitiva, se trata de unos porcentajes prácticamente coincidentes con los que la formación de Abascal ha obtenido en la comunidad autónoma, estructura contra la que arremete el bilbaíno. A la luz de estas puntadas estadísticas, cabe cuestionar la mediática identificación que se ha establecido entre Vox y la «extrema derecha», rótulo cargado de estereotipos sociológicos difícilmente compatibles con los de aquellos que viven en los ambientes citados.
            La calificación, de inequívoca carga peyorativa, constituye un apetitoso pretexto para ahondar en el uso y origen de la expresión. Como es bien sabido, la división entre izquierda y derecha nos obliga a visitar la Francia revolucionaria, allí donde comenzó a desarrollarse una geografía política que el tiempo se encargó de extremar. El origen de este orden nos lleva a la sesión del 28 de agosto de 1789 de la Asamblea Nacional, constituida meses antes. En aquella jornada los partidarios del veto real se situaron a la derecha, mientras que los que buscaban un veto atenuado o nulo, lo hicieron a la izquierda. La oposición al veto evidenciaba la realidad de la inversión teológica que venía a romper el orden imperante durante siglos, razón por la cual, la Iglesia católica, con su fino instinto, pero también los sectores monárquicos que habían visto cortocircuitado el pactum translationis, trataron de ponerse al día terminológicamente en todas las naciones históricas europeas. En efecto, décadas más tarde de la aparición de la izquierda liberal en España, nuestra particular y escolástica revolución, la expresión «extrema derecha», en el sentido referido, empezó a convivir con usos vinculados a cuestiones puramente topológicas. El lunes 3 de abril de 1848, el diario monárquico madrileño La Esperanza, incluyó el siguiente fragmento en el artículo que abrió sus páginas: «Si los monárquicos nos hemos puesto al corriente de lo que es censo electoral, y mayoría parlamentaria, y sorteo de secciones, y mensage, y respuesta al mensage, y orden del dia, y discusión de totalidad, y discusión por articulos, y derecha, é izquierda, y estrema izquierda, y extrema derecha, y bancos de enfrente, y banco negro, y comités y clubs, etc. etc.; si todo esto sabemos ya, y sobre ello hemos adquirido alguna facilidad, sea de perorar, sea de redactar cualquier artículo ó correspondencia, también se nos ha olvidado ó no hemos llegado a aprender en nuestras respectivas profesiones lo que nos hacia falla para poder, con el ejercicio de ellas , ser útiles á nuestras familias y semejantes». La polarización entre las derechas y las izquierdas, la consolidación de una jerga todavía vigente, era un hecho.
            Ciento setenta años después, la configuración de los bloques políticos españoles orbita en torno a dualismos tales como el delimitado por el par «democracia/fascismo», etiquetas que, más allá de sus aspectos éticos y estéticos, tienen como fiel de una hipotética balanza, la cuestión nacional o, por mejor decir, la unidad nacional. En este contexto ideológico, el autodenominado demócrata, muchas veces identificado con un izquierdismo nebuloso, indefinido, opondrá escasos argumentos a una secesión oculta y presupuesta bajo la voluntariosa fórmula denominada «derecho a decidir». En el otro lado, aquel que se muestre partidario de mantener la unidad territorial de la nación se convertirá de inmediato en «fascista». Delimitados los bloques, tan sólo quedaría por establecer una gradación en la intensidad, necesariamente derechista, entre quienes se oponen la balcanización de España y su entrega a las élites regionales y a las grandes corporaciones, que no otra cosa se produciría tras la llamada «autodeterminación». Una aplicación de tal método clasificatorio explica el hecho de que Vox haya sido situado en el extremo derechista pues, no contento con apostar por la unidad territorial y denunciar a quienes tratan de erosionarla mediante escaramuzas golpistas, el partido de Abascal arremete programáticamente contra las autonomías, estructuras necesarias para crear las condiciones necesarias para la construcción de pseudoestados.
            Todo ello, unido a la sorpresa electoral del primer domingo de diciembre, explica la sobreactuada reacción de Pablo Iglesias Turrión, cabeza visible de un subproducto partitocrático que representa la quintaesencia del régimen del 78. Flanqueado por los suyos, ante las cámaras en las que ha apoyado –lean su confesión en la conversación que da cuerpo a Nudo España- su éxito político, la voz teñida de circunspección del podemita, lanzó una «alerta antifascista». Moviéndose dentro de su habitual esquematismo, el profesor agitó las calles contra un partido que, según su particular interpretación, habría venido a sacar del armario fascista, aromatizado por esencias franquistas, a nada menos que 400.000 adultos andaluces, emboscados a la espera de la menor oportunidad de encontrar una plataforma en la cual dar cauce a su xenofobia y racismo. La reacción no se hizo esperar. Apenas unas horas más tarde del llamamiento, algunas ciudades se llenaron de ardorosos antifascistas capaces de hacer ondear la centralista bandera de la URSS junto a las de las pretendidas repúblicas andaluza y catalana. La cuestión nacional de nuevo en la calles, pues tales banderas, las estrelladas, se mueven al compás de una idea de España entendida como prisión de naciones, identitarias, por supuesto. Unas naciones cuya existencia estaría también amparada por unos derechos históricos que plantean la cabalgable contradicción de tener un origen monárquico, pues era el rey quien concedía los fueros.
            En este contexto, tras la celebración de unas elecciones impecables en su aspecto procedimental, ¿qué sentido, más allá del acusatorio, tiene calificar a Vox como partido de extrema derecha? Si no nos equivocamos, el programa económico del partido de Abascal tiene un sesgo mucho más liberal que estatalista. Si no erramos, Vox es partidario de la preservación de determinadas tradiciones, algunas de ellas ligadas a la Iglesia católica, concesión impensable en la Italia mussoliniana. Si no hemos entendido mal a sus dirigentes, el control de la inmigración no responde a un instintivo rechazo al extranjero, sino a al más puro realismo político.
            Si comenzábamos en Sevilla, queremos terminar nuestro viaje en Cádiz, donde Vox ha pasado de 2.000 a los 57.279 votos, el 11,25% de una provincia que ha dado innumerables artistas flamencos. Uno de ellos, Tomasito, representa una heterodoxia que le permite colaborar con músicos de diversos estilos. Si en las calles granadinas se hizo visible el destello de las banderas estrelladas, en el vídeo que de la canción Todo lo bello es gratis, que protagoniza el jerezano junto al barcelonés Joe Crepúsculo, aparece una chatarrería del barrio de San Blas. De su techo cuelga una bandera española. Lo que representa ese símbolo, España, es lo que ha movido a muchos, incluso a algunos de los que venden herrumbre para comprar papelinas, a escoger la papeleta de Vox, pues lejos de la cargada y petulante atmósfera académica no están los fachas, sino los españoles.

domingo, 30 de septiembre de 2018

Memoria histórica y justicia

Artículo publicado el viernes 28 de septiembre de 2018 en El Mundo:
http://www.elmundo.es/opinion/2018/09/28/5bacd0d2ca4741aa668b4662.html

Memoria histórica y justicia popular
            La llegada a la Presidencia del Gobierno de Pedro Sánchez ha supuesto la reactivación de la Ley de Memoria Histórica, tanto en lo que atañe a su cumplimiento, como, sobre todo, en lo relativo a su dimensión ideológica. Nadie puede ignorar que este aspecto ofrece inequívocos réditos electorales, o al menos propagandísticos, como ha demostró la propuesta del PSOE de exhumar los restos de Franco de la Basílica del Valle de los Caídos. En un hemiciclo dominado por la partitocracia de obediencia ciega, que tumba gobiernos a puerta cerrada con televisión en abierto, votaciones como la que tuvo lugar a propósito de ese sepulcro, sirven como parteluz, como aviso a electores. Los partidarios de extraer la que dicen momia, sintonizan con la versión histórica que se abrió paso durante la Transición, la que trata de borrar la evidencia de su origen franquista, mientras que los que tímidamente se abstienen, acusarían el peso de un lastre del que son incapaces de zafarse. En tales circunstancias, el maniqueísmo está servido, y la identificación de los grupos abstencionistas con la ultraderecha, con la caverna, responde a automatismos pavlovianos.
            La que puede llamarse «prueba de la momia», ofrece grandes prestaciones clasificatorias, aquellas que permiten a quienes la superan, acceder a esa condición inmarcesible aparejada a la llamada «superioridad moral». Una hegemonía que nos resistimos a llamar «de la izquierda», porque la izquierda se dice de muchos modos, y porque en el grupo que sustenta al actual Gobierno figura una de las derechas más arcaicas y oportunistas de Europa: el Partido Nacionalista Vasco. Para alcanzar tal estado, son necesarios varios pasos. El primero de ellos exige la puesta entre paréntesis del periodo franquista, haciendo de este un tiempo monolítico y oscuro. Paralelamente a esta simplificación, en riguroso ejercicio maniqueo, surge una imagen mitificada de la II República. Mediante esa voluntariosa pirueta, se accede a un tiempo en el que se hallan todas las justificaciones, aplastadas brutalmente por la bota militar. El golpe del 18 de julio habría venido a truncar vidas plenas, tanto las individuales como las de los pueblos, razón por la cual no es raro encontrar banderas tricolores al lado de cualquier reivindicación actual que, se supone, hubiera sido bien acogida en aquellos añorados días.
            Sin embargo, más allá de la ensoñación, el manejo de los documentos, tanto de la etapa franquista como de la segundorrepublicana, ofrece una realidad más compleja de la que nos trasmiten los que se empeñan en contarnos cómo pasó. El estallido de la Guerra Civil, propició la creación de unos tribunales populares que debían responder a una justicia adjetivada de idéntico  modo al del frente tras el cual se desarrolló. Su función era castigar los delitos de adhesión: perturbación del orden público, tenencia de armas y explosivos, divulgación de noticias útiles para el espionaje o la creación de actitudes derrotistas entre la población; y los de auxilio a la rebelión: denuncias falsas, registros domiciliarios o detenciones realizadas sin autorización, actos de pillaje, apropiación o incautación indebida, etc. Ni que decir tiene, que aquellos tribunales perseguían con dureza los delitos de rebelión y sedición, así como los cometidos contra la seguridad exterior del Estado. Hechas estas consideraciones de carácter general, queremos exponer algunos ejemplos ilustrativos del funcionamiento de la justicia popular. Para ello habremos de internarnos en la Casa del Corregidor de Cuenca, pues fue allí donde, en 2011, se encontró gran cantidad de documentación del Juzgado de Instrucción nº 1 de la ciudad. Abandonada u olvidada durante el traslado de los Juzgados al edificio de la Audiencia Provincial, hoy, decenas de expedientes y registros judiciales que abarcan desde 1665 a 1938, se conserva en el Archivo Histórico Provincial de la ciudad, accesibles para quien quiera acceder a fuentes originales.
            En los papeles referidos a la Guerra Civil, aparece una casuística que va desde los delitos más graves dentro de un contexto bélico, a otros más sutiles, que hablan a las claras del orwelliano ambiente vivido durante aquel periodo. En concreto, llaman la atención los expedientes referidos al delito de «derrotismo», tan sujeto al subjetivismo, la arbitrariedad, e incluso a la histeria colectiva inducida por esas acusaciones. Vayamos, pues, con varios ejemplos. El primero de ellos es un proceso abierto contra Fidela Muñoz Aroca, que compareció en la Comisaría de Seguridad (Grupo Civil) el 7 de febrero de 1939, acusada por el jornalero ovetense Rafael Díaz Cueto. El soldado de ametralladoras de la quinta división dijo «que al pasar por la calle de José Cobo de esta localidad, observó un grupo y oyó que una señora que en él se encontraba, se manifestaba en contra del régimen legalmente constituido diciendo “que mientras que no fuesen al frente otros individuos, no tenían que ir nadie como soldados” y esto lo decía dirigiéndose a los que se encontraban con ella, añadiendo que “todo lo que decía Negrín era mentira y que no había que hacerle caso”, por lo cual le requirió para que no formulara dichas frases, contestando ella en forma insolente, requiriendo por este motivo al guardia de la sesenta y nueve compañía llamado Claudio Muñoz Herranz para que la invitara a personarse en esta Dependencia, como así se hizo, que no tiene más que decir».
            Llamada a declarar, la detenida dijo que «se refería únicamente a que lo mismo que iban al frente todos los viejos llamados por el Gobierno, tenía que ir un individuo llamado Mariano Delgado y que reside en Villalba de la Sierra y el cual no se ha presentado a su llamamiento, y que como Negrín decía que todos los útiles que hubiesen tenían que incorporarse y este no lo había hecho, por eso lo comentaba, pero sin pretender dirigir frases en contra del Gobierno de Unión Nacional, que no tiene más que decir».
            Doña Fidela no fue la única que aludió a Negrín. A menos de dos meses del final de la guerra, las críticas arreciaban. Los movimientos fronterizos de Azaña y Negrín, hicieron sospechar a muchos que, como había ocurrido en África y Cuba, determinados sectores de la sociedad española eludirían los efectos más crudos de la guerra o, incluso, la posguerra. La ilusión popular comenzaba a eclipsarse. El 10 de febrero de 1939, Ricardo de León Cardiel, secretario del juzgado municipal de Horcajo de Santiago tuvo que declarar «por propagar vulos en contra del Régimen». El funcionario, afiliado a la U.G.T., compareció en la Comisaría de vigilancia de Tarancón, denunciado por el peluquero Severiano García Osto, sargento de la 77 Brigada, 307 Batallón, 4ª Compañía. Allí, hubo de responder sobre estas palabras, pronunciadas mientras tomaba unas copas en casa de su acusador: «Que el presidente Negrín que se había marchado al extranjero y que no sabe donde se encuentra a estas horas el Gobierno y que el doctor Negrín es un imbécil con decir que hay que resistir que si él estubiera en las trincheras no aguantaría tanto como los que están en las trincheras y que todo el territorio leal sería tomado por el telefóno cuando estuviera normalizada la situación en Cataluña y que todas estas palabras las sabía él de muy buena tinta».
            Un último expediente permite recrear aquella enrarecida atmósfera. Se trata del referido al derrotista Juan Antonio García Quintano, comerciante que habló «en contra del Régimen». El acusado había dicho «“Que la guerra no duraría ni el mes en curso; que entraría un Gobierno Militar y abrirían las puertas a todos, y que las fuerzas llevaban tres días acuarteladas en Madrid, por lo que él lo creía así”, deprimiendo con estas manifestaciones la moral pública». Aquellas manifestaciones determinaron su traslado desde la Prisión del General Porlier, al Juzgado Especial de Guardia de Cuenca.
            Los casos descritos ofrecen una visión cruda y realista, propia de una guerra civil a la que, ochenta años más tarde, sólo cabe acercarse a través de la documentación, lejos de la deformadora lente tallada por la memoria y la emotividad.

sábado, 23 de junio de 2018

¿Renovar el pacto constitucional?

Artículo publicado el viernes 22 de junio de 2018 en El Mundo:
http://www.elmundo.es/opinion/2018/06/22/5b2bb7b3e5fdeaee658b45f7.html


¿Renovar el pacto constitucional?

Bien sé a quuantos contradigo…
Francisco de Quevedo

            Menos de una semana después de la toma de posesión de Pedro Sánchez ante el Rey, del cargo de Presidente del Gobierno de España, el federalismo ha regresado al primer plano de la actualidad política. Si en su primera semana como Ministra de Política Territorial y Función Pública, Meritxel Batet, en una intervención ante su partido, el PSC, invocó las virtudes taumatúrgicas el diálogo, y afirmó que era necesaria una reforma constitucional tan urgente como viable, e incluso deseable, con el noble propósito de que Cataluña se sintiera «feliz dentro de España», un conjunto de intelectuales han dado continuidad a esas palabras, mediante el manifiesto titulado Renovar el pacto constitucional.
            El escrito comienza denunciando el «repliegue» de una Estado que ha respondido con «inmovilismo» a los «errores» de los independentistas catalanes, insinuando, en este y en otros pasajes, la existencia de una suerte de teleología política que conduciría indefectiblemente hacia la estructura política que el colectivo abajofirmante propone. Es decir, hacia un modelo federal del cual nada se precisa, pues en cuanto aparece tal fórmula, una pregunta surge automática: ¿cuántos y que nombres tienen los sujetos federables? Una pregunta que requiere de respuesta, pues en el momento de contabilizar los territorios federables, recordemos la experiencia cantonalista, es muy probable que el número de aspirantes superaría todas las expectativas. Muchos de los redactores del manifiesto, cultivadores del mito de la II República, también parecen haber olvidado de que en los ambientes germanizantes en que se redactó su Constitución, se evitó cuidadosamente el modelo federal. La II República se definió como un «Estado integral compatible con la autonomía de los municipios y de las regiones», y se proclamó sobre un territorio que ya había estado reagrupado en función de parámetros eclesiásticos o militares, que prefiguraron, más las primeras que las segundas, las actuales delimitaciones autonómicas. Una geografía que incluso contó con otro orden germanizante, el nazi, cuyo diseño de la cartografía hispana, fechada en 1945, tiene indudables semejanzas con la España que finalmente se configuró con el concurso de marcos alemanes, altas dosis de socialdemocracia incubada durante la Guerra Fría, y falsilla constitucional germánica.
            El manifiesto, huelga decirlo, mira directamente a la Cataluña que aspira, por boca de sus actuales representantes políticos, a la independencia. Por ello causa estupor leer en él afirmaciones tales como que «las reivindicaciones nacionales catalanas, vascas, gallegas o de otros territorios…», no deben entenderse como «una amenaza a la democracia española ni a la unidad del Estado». Cabe, pues, preguntarse, ¿en nombre de qué espiritualismo se puede caracterizar la secesión, como una simple cuestión de anhelos? Sólo una visión sublime, despegada de la tierra, propiedad de todos y no de unos cuantos españoles, por más henchidos de supremacismo que estén, puede ocultar el hecho de que tal secesión supone la expropiación de parte del territorio nacional, incluidos sus recursos, por un conjunto de compatriotas allí asentados.
            El texto gravita una y otra vez sobre las cuestiones identitarias y la búsqueda del acomodo de sus reivindicaciones, sin aclarar si estas identidades existen desde la noche de los tiempos, o son simples subproductos elaborados con materiales etnolingüísticos, cuando no racistas, disueltos en agua bendita. En la España de la inmersión lingüística obligatoria, no deja de sorprender que el manifiesto sostenga que una buena gestión de las tales aspiraciones identitarias «ha de conducir a una España más cohesionada, más tolerante y más estable».
            Tras estas consideraciones de carácter general, el escrito localiza, certero, el origen de todo el problema: la sentencia constitucional 31/2010, que bloqueó la mágica solución alumbrada por Maragall y Rodríguez Zapatero, cuyo paso por las urnas logró el apoyo del 36% de eso que se ha dado en llamar, bajo la actual divisa amarilla, un sol poble. Así presentada la situación, los autores parecen solicitar un gesto de generosidad hacia unas comunidades de las que se acentúa su carácter «histórico», adjetivo que nada añade, a no ser que se busquen legitimidades en el Antiguo Régimen, pues, ¿acaso las revoluciones que transformaron a los súbditos en ciudadanos no se hicieron sobre determinados escombros puramente históricos?
            El manifiesto parece otorgar unas esencias nacionales, en el sentido político, a las tales comunidades históricas que, tan resignadas como generosas, habrían aceptado carecer «de poder constituyente», en aras de un acuerdo de equilibrio, de «un pacto entre personas». El espectro de Rousseau parece desfilar por la pantalla del ordenador, antes de que aparezca la siguiente imagen apocalíptica, aquella que va ligada al poderoso tabú de la recentralización. Izquierdistas confesos, bien que casi siempre indefinidos, muchos de los que han sumado su pluma al remolino de firmas que figura al pie del texto, acaso desconozcan estas líneas escritas por Lenin hace poco más de un siglo en su El Estado y la Revolución:

El federalismo es una derivación de principio de las concepciones pequeñoburguesas del anarquismo. Marx es centralista. […] ¡Sólo quienes se hallen poseídos de la “fe supersticiosa” del filisteo en el Estado pueden confundir la destrucción de la máquina del Estado burgués con la destrucción del centralismo!

            «Todo camina hacia atrás, como si el diseño territorial de 1978 hubiese sido un error que debe ser corregido devolviendo poderes al centro», afirman fatalistas los redactores de un manuscrito bajo cuyas líneas parece operar un determinado final que obliga a corregir los yerros centralizadores. Una corrección que debe evitar –la terminología guerracivilista o abertzale brota, irenista, en este punto- la existencia de vencedores y vencidos. La salida debe ser civilizada, reconocedora de la diversidad y consolidadora de una unión sólo posible bajo una forma federal. Para nuestros conciudadanos, todos los caminos territoriales conducen a Quebec. Allí donde un suponemos que pulcro tribunal, sentenció hace dos décadas que:

La democracia no se agota en la forma en la que se ejerce el gobierno. Al contrario, la democracia mantiene una conexión fundamental con objetivos sustantivos, el más importante de los cuales es el autogobierno. La democracia da cobijo a las identidades culturales y grupales. Dicho de otra manera, el pueblo soberano ejerce su derecho al auto-gobierno a través de la democracia.

            Como colofón a la propuesta renovadora no podía faltar la apelación a otro mito, el de Europa. La impronta orteguiana aparece de nuevo al invocar a una Europa «que podría ofrecer una propuesta constitucional inclusiva que asegurase la concordia y ofreciese estabilidad y seguridad para una generación». Pudorosos, acaso para ocultar sus fuentes, los autores no han incluido la sentencia que don José expelió en su día. España es el problema y Europa la solución, parece clamar un texto tan oportunista que sintoniza perfectamente con lo manifestado por el nuevo Presidente. En efecto, casi al tiempo que se escogían las palabras del texto comentado, don Pedro Sánchez Pérez-Castejón, en cuya estela se adivinan canonjías, afirmó que Europa, el lugar en el que los catalanistas buscan la internacionalización de su causa secesionista, es «nuestra nueva patria».