Iván Vélez, arquitecto y escritor, presenta en el programa La Redacción Abierta, una nueva edición del libro 'Sobre la Leyenda Negra', esta vez con prólogo de María Elvira Roca Barea. La obra nos transporta hasta el origen de la leyenda negra, un concepto que aflora en periodo de crisis y que se ha logrado convertir en todo un género periodístico. Es el conjunto de mecanismos que distorsionan la verdad histórica. Una falsa realidad vinculada al protestantismo que en la actualidad se ha sumergido en el separatismo y en la izquierda. España está en crisis económica y política. Existe una amenaza de secesión sobre la mesa que se sustenta en la leyenda negra´.
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jueves, 17 de mayo de 2018
martes, 17 de abril de 2018
La Inquisición
Durante siglos, la Inquisición, ha pasado por constituir una de las páginas más oscuras de la historia de España. Siempre ha sido percibida como la causa principal del atraso español, una terrible institución que provocaba centenares de miles de víctimas controlando la sociedad española y asfixiando la creatividad artística hispana. Pero lo cierto es que la época de mayor esplendor en todos los órdenes, incluyendo el cultural, coincide con los siglos más activos de la Inquisición. Fernando Paz e Iván Vélez ahondan en ello.
lunes, 29 de enero de 2018
martes, 6 de diciembre de 2016
sábado, 15 de octubre de 2016
martes, 13 de septiembre de 2016
viernes, 29 de enero de 2016
Iván Vélez. Sobre la Leyenda Negra. José Manuel Rodríguez Pardo
Reseña de José Manuel Rodríguez Pardo publicada en Connotas. Revista de Crítica y Teorías Literarias, (enero 2014 - diciembre 2015, Hermosillo, Sonora, México, pp. 239-249)
Iván Vélez. Sobre la Leyenda Negra
Fue en 1914
cuando el «mozo de lenguas» Julián Juderías publicó su texto ganador del premio
convocado por la revista La Ilustración Europea y Americana en el año
1913 sobre la imagen de España en el extranjero. En él definía la Leyenda Negra
como «la leyenda de la España inquisitorial,
ignorante, fanática, incapaz de figurar entre los pueblos cultos lo mismo ahora
que antes, dispuesta siempre a las represiones violentas; enemiga del progreso
y de las innovaciones; o, en otros términos, la leyenda que habiendo empezado a
difundirse en el siglo XVI, a raíz de la Reforma, no ha dejado de utilizarse en
contra nuestra desde entonces y más especialmente en momentos críticos de
nuestra vida nacional» (Julián Juderías, La Leyenda Negra. Estudios acerca
del concepto de España en el extranjero.
Octava edición. Casa Editorial Araluce, Barcelona, 1941, pág. 20).
Justo un
siglo después de que Julián Juderías publicase su obra clásica, el prolífico
filósofo español Iván Vélez ha publicado su obra Sobre la Leyenda Negra,
donde no sólo profundiza en la temática abordada por el propio Juderías, Emilia
Pardo Bazán o Vicente Blasco Ibáñez (a quienes Iván Vélez dedica extensos
capítulos de su libro), en cuyas obras se acuñó el término «Leyenda Negra».
Vélez va más allá: además de hacer arqueología del término, pretende mostrar
cómo la Leyenda Negra está más viva que nunca, esta vez bajo formas mucho más
sutiles que enarbolan los modernos enemigos de la Nación Española y de la
comunidad hispánica de naciones en la que se encuentra integrada: los
nacionalismos fraccionarios, los partidarios del indigenismo que corrompen la
Idea de Hispanidad y los pánfilos que defienden al Islam como una religión de
paz y colaboran en la restauración de una idealizada Al Andalus.
Tenemos ante
nosotros un libro compuesto de una miscelánea de temas relativos a la Historia
de España y su visión negrolegendaria, algunos previamente publicados en otros
lugares, como la revista digital El Catoblepas, y articulados mediante
el sistematismo del materialismo filosófico fundado por Gustavo Bueno, que
cumple ya el final de su cuarta oleada, con influencia en los más diversos
lugares del mundo, especialmente en la comunidad hispánica de ambos
hemisferios.
En el Prólogo
de la obra (págs. 7-15), Pedro Insua destaca esa idea de deformación
caricaturesca de la Historia de España, convertida en «ese
monstruo amorfo, devorador de civilizaciones, del que hablaba Draper. Este
retrato, o mejor, insistimos, caricatura negrolegendaria tiene, además, efectos
prácticos inmediatos, de nuevo en contraste con Alemania, dificultando,
obstaculizando e incluso poniendo en riesgo la propia persistencia actual de España
como nación. […] De este modo aparece esta caricatura de España como una
configuración, que es el contenido fundamental de la Leyenda Negra, que nada
tiene que ver con su Historia, con la verdad histórica de España, sino más bien
con una ficción que, en seguida, sirve de arma ideológica, bien dentro de
España, alimentando a aquellas facciones sediciosas que buscan la desafección
hacia España, bien fuera de ella, en favor de las naciones rivales. Una
caricatura, en todo caso, que solo se revela como tal cuando lo podemos
contrastar con el original» (págs. 11-12).
Un ejemplo paradigmático de todo ello es la expulsión de
los judíos de España en 1492, cuya singularización omite las expulsiones
realizadas previamente en otros lugares de Europa, tales como la de Inglaterra
en 1290, las realizadas en numerosas ocasiones por Francia en el siglo XIV o en
1497 de Portugal, previamente en Lituania en 1445 y 1495, etc., todas ellas sin
posibilidad alguna de conversión al cristianismo, que es lo que realmente caracteriza
a la realizada por España (la mayor parte de los judíos aceptaron bautizarse
antes de ser expulsados o incluso retornando poco tiempo después), aparte de
que conservaron sus bienes. Sin embargo, «mediante esta metodología de
omitir/exagerar, aplicada al asunto de la expulsión de los judíos, España
aparece retratada, singularizada, significada, como la “destructora de Israel”,
sin más» (pág. 14).
Así, frente
a la omisión y exageración que caracteriza a lo que Gustavo
Bueno ha denominado como «metodología negra», consistente en «omitir y
exagerar», como decía Juderías, en comparación con las obras de otros países de
Europa, como Francia, Inglaterra o Alemania, Vélez propone otra
perspectiva: «Así, revirtiendo, decimos, la
metodología negra (en donde hay omisión,
practica Vélez la alusión; en
donde hay exageración, Vélez
pone proporción), se van
enmendando, resolviendo, cuestión a cuestión, los perfiles caricaturescos que
de España arroja la Leyenda Negra, hasta reducirlos a un retrato de España más
ajustado a la realidad histórica. Una realidad histórica que resulta ser, a la
postre, bastante más favorable a España de lo que muchos querrían, contrastando
enormemente el retrato verdadero que de España descubre la Historia, con el que
viene ofreciendo la Leyenda, aún siendo verdad que se propaga mucho más la
caricatura negrolegendaria que el retrato histórico. Es más, todo el mundo,
empezando por los propios españoles, ha oído hablar de la caricatura; pocos
conocen el retrato» (pág. 15).
El propio
Iván Vélez señala como rasgos principales de esa Leyenda Negra antiespañola «el
fanatismo, la intolerancia y el oscurantismo cuyo máximo símbolo era la
Inquisición, obstáculo insalvable para que en ella penetren los aires de
progreso que iban ligados a la reforma protestante. Son éstos algunos de los
conocidos rasgos de la Leyenda Negra, cuya influencia es tan grande que
envuelven ideológicamente toda una metodología de interpretación de la Historia
de España construida sobre las que cabe denominar cuestiones negrolegendarias a
las que vamos a dedicar este trabajo que no se detendrá en algunos temas
clásicos de la Leyenda Negra —Inquisición, Antonio Pérez, Las Casas...— sino
que tratará de avanzar en las líneas que consideramos profundizaciones o
desarrollos de tal leyenda, líneas actuales como puedan ser el indigenismo o la
islamofilia» (págs. 21-22).
Así, como no
podía ser de otra forma, Vélez dedica un importante capítulo de la primera
parte de su obra en analizar el tópico principal en todo el mundo para definir
la Leyenda Negra: la denostada «Inquisición Española», convertida en
paradigma de la cerrazón, fanatismo y oscurantismo hispánicos por escritores de
la mayor importancia de la literatura universal: ya fuera Edgar Allan Poe en su
relato El pozo y el péndulo, que recrea un ambiente de mazmorras del que
el protagonista es rescatado de la ciudad de Toledo por un general francés
durante la Guerra de Independencia española (llevado por su compatriota Roger
Corman al cine), o la figura del «Gran Inquisidor» de Sevilla que Dostoievski retrató en Los hermanos
Karamazov, el Tribunal del Santo Oficio representa el paradigma de
la «España negra». Un tribunal que, por el contrario, comparado a las
inquisiciones de los países protestantes (éstas desaparecidas de los libros por
efecto de la metodología negrolegendaria) no tuvo nada de malévolo: «Los
números se han rebajado sensiblemente, y hoy es aceptada la idea de que la
Inquisición, en sus 356 años de existencia, ajustició en la hoguera a unos
2.000 judaizantes, a los que han de sumarse cerca de 300 moriscos, 150
protestantes o iluminados, 130 acusados de sodomía o bestialismo junto a varias
decenas de brujas. Cifras, en todo caso, muy alejadas de los cientos de miles
de brujas y católicos eliminados en los países protestantes» (pág. 45).
De hecho,
fue la Corona de Aragón y no Castilla la que implantó en el siglo XIII una
inquisición dependiente directamente del Papado; la denominada «Inquisición
Española» fue una «usurpación» que realizaron los Reyes Católicos del tribunal eclesiástico,
convertido ahora en tribunal político y aceptado a regañadientes por el
pontífice Sixto IV que otorgó la bula correspondiente en 1478. Una inquisición
que además no persiguió a judíos sino a cristianos, ya fueran nuevos o viejos,
y solicitada especialmente por los nuevos, tanto para perseguir a los
cristianos que seguían judaizando, poniendo en evidencia al resto, como para
evitar las persecuciones que los cristianos realizaban contra los judíos. «La
iniciativa fue alentada, en gran medida, por los cristianos nuevos o conversos,
muchos de los cuales, pues la mayoría de judíos pobres se mantuvo fiel a su
religión, mantuvieron o accedieron a puestos destacados, al margen de la
sinceridad con la que profesaran la fe católica. La nueva institución servía
para castigar a aquellos que, convertidos a la fe católica, regresaban a
prácticas judaicas, al tiempo que ponía coto a los desmanes cometidos
anteriormente» (pág. 47).
Otro de los
tópicos de la Leyenda Negra es la supuesta crueldad y rapacidad de España en
América, literalmente el exterminio de pueblos indígenas y culturas enteras,
que retrató de forma caricaturesca (esto es, a la manera negrolegendaria) el
escritor español Rafael Sánchez Ferlosio en su obra del año 1994 Esas Yndias
equivocadas y malditas, donde no hace más que difundir la famosa idea del
«Encuentro entre dos mundos» que se utilizó en 1992 como lema para no hablar de
«descubrimiento», «conquista» u otras palabras ofensivas a oidos piadosos. Pero
la idea de «encuentro» parece suponer una trayectoria lineal en la misma
dirección pero de sentido opuesto que llevasen los españoles y los amerindios
precolombinos, cuando la realidad es que fue España y no esos amerindios quien,
gracias a Cristóbal Colón, Juan Sebastián Elcano y otros navegantes definió los
límites del globo terráqueo, la primera globalización en sentido estricto, y
dibujó la geografía de una América cuyo descubrimiento fue constitutivo de una
nueva realidad, esto es, transformó el mundo que hasta entonces se conocía: «En
cualquier caso, la empresa del Descubrimiento y conquista de América no permite
simplificaciones tales como la llegada de unos españoles que acceden a una
tierra que se presenta como totalidad. Tal totalización, cuando menos
geográfica, sólo pudo hacerse tras la llegada precisamente de los españoles,
quienes dieron nombre a un todo que encubría la realidad de unos pueblos
distintos entre sí —en muchos casos inconexos— cuya existencia era conflictiva»
(pág. 69).
Lejos de la
perspectiva negrolegendaria que presenta a los españoles como seres rapaces y
depredadores, la obra de España en América fue civilizadora; una obra que desde
el primer momento entró en conflicto precisamente con los misioneros que se
empeñaban, en virtud del don de lenguas del Espíritu Santo tan caro al
indigenismo actual, simplemente enseñarles los Evangelios en sus dialectos
tribales para su salvación espiritual, y no, como señaló el jurista Juan de
Solórzano Pereira, la formación de «”hombres políticos”, para lo cual debían
ser atraídos a las ciudades e integrarse en instituciones hispanas de carácter
civil y religioso. Los objetivos no eran nuevos, pues éstas eran las
originarias indicaciones que se dieron con un objetivo: la construcción de un
imperio generador, civilizador en suma» (pág. 71).
De hecho, se
mantuvieron estructuras anteriores a la conquista, «entre las cuales destaca la
figura de una nobleza hereditaria, los llamados curacas —legítimos señores a
ojos de Las Casas— a cuyo servicio, no siempre ingenuo, continuaron estando
numerosos cabecillas indígenas. Este conservacionismo fue útil a la hora de
adaptar algunas instituciones castellanas como el cabildo. Una cédula del año
1549 sienta las bases para instaurar el cabildo en las ciudades indias, siendo
los hombres más destacados de las mismas, indios en definitiva, los que
ocuparon los cargos principales» (pág. 92). En definitiva, el Imperio Español
asimiló a los indígenas como súbditos suyos en lugar de exterminarlos; fue,
como señala Gustavo Bueno, un imperio generador, a la manera del Imperio
Romano, y no un imperio depredador como el inglés o el portugués, dedicado
solamente a extraer beneficio económico de colonias o factorías a las que se
dejaría de lado una vez que no fueran rentables.
En la obra
de Iván Vélez no podían faltar referencias a escritores tan significativos como
Emilia Pardo Bazán y Vicente Blasco Ibáñez, así como su contribución a darle
cuerpo al término «Leyenda Negra»; Pardo Bazán con su famosa conferencia «La
España de ayer y de hoy» (1899), donde compara la denominada «Leyenda negra» a
la presunta «Leyenda rosa» (págs. 219 y ss.), y Blasco Ibáñez con disertación
sobre idéntico tema en conferencias durante su gira por Argentina como «La
Leyenda Negra de España» (1909). Además, Blasco argumenta «en sintonía con los
primeros que se ocuparon de la naturaleza del Imperio español, defensores de la
tutela del indio ignorante del catolicismo, que era visto como una suerte de
buen salvaje o niño al que se debía tutelar por medio de las instituciones
españolas hasta alcanzar su madurez no sólo en materia religiosa, sino también
en lo tocante al orden político, y ello sin perjuicio de que los españoles
reconoceran y aun respetaran ciertas estructuras precolombinas. El Imperio
trataba de dotar de “policía” al indio, “policía” o civilidad que, una vez
adquirida, permitirá que surjan las ya citadas naciones fundadas en el siglo
XIX sobre estructuras en modo alguno indígenas» (págs. 251-252).
Culminaba
Juderías su famoso relato sobre la Leyenda Negra resaltando «la actitud digna y
serena del pueblo que hizo tanto en el mundo y que aspira tan sólo a la
consideración y al respeto de los demás» (Julián Juderías, La Leyenda Negra,
ed. cit., pág. 528), lo cual da que pensar acerca de la vigencia de la
cuestión negrolegendaria, que quedaría como una mera controversia metodológica
para explicar «el pasado». Pero lo cierto es que la Leyenda Negra es parte
fundamental de nuestro presente, y el gran mérito del libro de Vélez es
demostrarlo con la crítica a auténticos engendros ideológicos como el
indigenismo, abanderado por impostores tales como el recientemente fallecido
escritor Eduardo Galeano y su ignominioso libelo Las venas abiertas de
América Latina (1971), donde se realiza una exposición de todos los tópicos
candentes en la Hispanoamérica de la Guerra Fría infestada de una modulación
del indigenismo, la Teología de la Liberación.
Indigenismo que toma su
referencia de la identificación realizada por el mejicano Carlos de Sigüenza y
Góngora en la segunda mitad del siglo XVII, «quien identificará al legendario
semidiós maya [Quetzalcoalt] con Santo Tomás, quedando así resuelto el problema
de la incomunicación cristiana de los nacidos en el Nuevo Mundo antes de la
llegada de los españoles» (pág. 135), idea recuperada un siglo más tarde, en
los prolegómenos de la independencia americana, por el clerigo Fray Servando
Noriega de Mier, deduciéndose de semejante interpretación teológica (que
consideramos una alucinación, un delirio) precisamente lo que la Historia común
de España y América a todas luces negaba: que América fuese una unidad
perfectamente definida y con una identidad cristiana previa a la presunta
«invasión» de los opresores europeos.
De este modo, en los años
previos a la celebración del V Centenario del Descubrimiento de América,
surgieron toda una serie de instituciones y eventos de marcado carácter
indigenista, como el denominado «I Simposio Iberoamericano de Estudios
Indigenistas, ocurrido en Sevilla en diciembre de 1987 y organizado por la
Comisión Nacional Española para la Conmemoración del Quinto Centenario del
Descubrimiento de América, evento que sucedió a la Reunión de líderes Indios
celebrada en Madrid un año antes. […] El Simposio sevillano dejó una
ilustrativa declaración en la que se habla de “estado español”, pretendida
superestructura que, al margen de servir para omitir el vocablo tabú —España—,
envolverá a naciones étnicas peninsulares del mismo modo que lo habría hecho en
América el Imperio español. La declaración auspiciada por instituciones
españolas, desaconsejaba celebrar los fastos del V Centenario con estos
argumentos: “1992 no debe ser motivo de celebración, ni mucho menos un punto de
apoyo para la continuidad de la dominación sobre los pueblos y las culturas
indias ni para la exaltación del proyecto civilizatorio europeo sobre las otras
civilizaciones”, [...]» (págs. 309-310).
O, en fecha más reciente,
la Constitución de lo que se denomina como «Estado Plurinacional de Bolivia»,
cuyo «reconocimiento de las diversas nacionalidades étnicas bolivianas puede agitar
la secular rivalidad, de tintes raciales, no sólo entre los populares “cambas”
y “collas”, sino, a escalas más reducidas, entre minorías mucho menos
reconocibles. En definitiva, una Bolivia plurinacional es, por su condición de
contradicción de términos, políticamente inviable, y la fragmentación impulsada
desde sus mismas instituciones no es más que una oferta a terceros para
aprovechar esta autoinducida división que pone en bandeja victorias comerciales
o políticas a naciones que no se hayan dejado arrastrar hasta tales extremos
por el Mito de la Cultura» (pág. 311). De hecho, la Leyenda Negra parece
reavivarse en Hispanoamérica al calor de este secular indigenismo «cuando una
empresa española se implantan exitosamente en Hispanoamérica. El recelo, cuando
no las descalificaciones con las que son recibidas, vienen frecuentemente
unidas a la acusación del pretendido intento, por parte de tales empresas, de
resucitar un colonialismo que nunca existió, como hemos tratado de probar, en
unos territorios cuya articulación dentro del Imperio se hizo por medio de
instituciones que distaban enormemente de las colonias con que otros imperios
rivales abrieron sus horizontes» (pág. 312).
No podemos sino
finalizar esta reseña de la misma manera que lo hace el autor del libro:
citando la amenaza que constituye para España la actual islamofilia y el famoso
«Mito de las Tres Culturas», otro jalón fundamental en la pervivencia de la
Leyenda Negra en nuestro presente, el mito de una España intolerante que habría
destruido esa presunta convivencia pacífica entre judíos, cristianos y
musulmanes. Fábula invocada por escritores como el español Juan Goytisolo y que
hoy constituye una referencia imprudente, sobre todo desde que el yihadismo más
radical, el que va de Bin Laden al actual Estado Islámico, reivindica la
recuperación de Al Andalus, la actual España, como territorio que fue islámico
y debe volver a serlo por todos los medios. Goytisolo, que fue «discípulo de
Américo Castro y autor de Reivindicación del conde Don Julián (1970),
novela de fuerte contenido simbólico dedicada al más representativo traidor de
la historia española» (págs. 314-315), es el ejemplo de pánfilo («amigo de
todos») que, ignorando la amenaza real que implica remover esos pasajes
medievales de la Historia para quienes los viven como de plena actualidad (como
los mentados yihadistas), habla con ignorancia e inconsciencia, asumiendo en el
fondo la propia idea negrolegendaria de una España destructora de idílicos
pueblos que convivían en armonía y paz.
Y es que, como
culmina Iván Vélez su libro, «la islamofilia puede favorecer proyectos que
operan en contra de la Nación española, abriendo el camino a un peligro cuyo
objetivo final se sitúa —así se ha manifestado de manera explícita desde
ciertas posiciones islamistas— en la restauración de Al Ándalus, territorio
que, lejos de identificarse con la Andalucía actual, incluiría la práctica
totalidad de la Península, afectando así no sólo a España y Portugal, sino
también a los proyectos secesionistas que tratan de construir nuevas naciones
independientes a partir de postulados hispanófobos. Tan sólo cabe conjeturar
que la islamización de España podría mantener la unidad de la misma al verse
integrada en el califato universal que propugna Al Qaeda, si bien ello se
alcanzaría al precio de perder su identidad» (pág. 319).
lunes, 30 de noviembre de 2015
Entrevista en la revista ONE Magazine
Entrevista publicada el 30 de noviembre de 2015. Por Antonio Manzano:
Un libro desentraña la 'Leyenda Negra' de los españoles
Los
atentados del pasado 13 de noviembre en París han dado lugar a numerosas
reacciones patrióticas espontáneas de los ciudadanos franceses. Hay quien cree
que estos comportamientos cívicos difícilmente se verían entre los españoles
ante situaciones emocionales en las que dejar aflorar los sentimientos. ¿Por
qué en nuestro país el sentimiento nacional tiende a ser más débil?
Efectivamente,
continúa siendo un enigma un curioso fenómeno que, en nuestro entorno
histórico-geográfico-cultural, sólo se da en España: no se conoce ningún pueblo
que se aprecie menos a sí mismo que los españoles; ninguna sociedad moderna y
democrática está afectada por el complejo de ser lo que naturalmente se es. Y,
ante las reacciones tan sinceras y emotivas de los franceses, cabría pararse a
reflexionar brevemente sobre los limitados, al menos aparentemente,
sentimientos nacionales de los españoles.
Hay
quien piensa que esos complejos tienen unas causas relativamente cercanas: la
Guerra Civil, la pérdida de los territorios de América y Filipinas, las guerras
carlistas –guerras civiles al fin y al cabo-… Pero llama la atención que hay
quien encuentra las causas mucho más atrás, nada menos que hace 5 siglos,
cuando se elaboró la ‘Leyenda Negra’ antiespañola.
Cabria,
pues, preguntarse ¿es posible que las campañas propagandísticas elaboradas
contra Felipe II –Rey entre 1556 y 1598- sigan causando efectos hoy, a más de
400 años? ¿Es posible que aquella persistente propaganda negativa haya calado
tanto en la mentalidad de los españoles, generación tras generación que, por
ello, no nos damos cuenta que estamos condicionados por ella?
Porque
lo cierto es que hay muchos españoles que se muestran aparentemente
acomplejados, que eluden pronunciar la palabra España y la sustituyen por “este
país” o, en el mejor de los casos, por “nuestro país”; al menos esta expresión
alude a un concepto colectivo de pertenencia. Hay muchos españoles que no
aprecian lo que simboliza la bandera, porque desconocen sus orígenes y qué
representa verdaderamente, y por ello no sienten respeto por ella.
Otros
muchos españoles tararean el Himno Nacional como si estuvieran en una verbena
–chunda, chunda…- en lugar de permanecer en respetuoso silencio, porque la
realidad histórica es que nuestro Himno carece de letra. Otros, finalmente, sienten
rechazo a la idea de que España es una gran y antigua nación, la primera de las
europeas; la primera que logró constituir el primer Estado moderno; la que, sin
ella, no se comprende Europa, ni América…
Estos
curiosos comportamientos, que pueden ser descritos como de falta de aprecio, de
indiferencia o, en el extremo, de rechazo, están en el extremo opuesto de lo
que se registra en nuestro entorno y acabamos de ver en Francia.
Para
ahondar en este curioso fenómeno típicamente español, y a fin de ayudar a
superar esta mentalidad, hemos entrevistado a Iván Vélez, autor del libro
‘Sobre la Leyenda Negra’, de reciente aparición.
Sobre
la Leyenda Negra
¿Qué
hace un arquitecto como Vd. escribiendo un libro sobre un tema como este?
Siempre
me interesó la Historia de España y el poderoso influjo que tiene sobre la
actualidad. Ese es el punto de partida que me llevó a ir ahondando en un
terreno a veces aquejado del gremialismo que nos envuelve.
¿Qué
visión tenía Vd. sobre la Leyenda Negra previamente a la elaboración del libro?
Antes
de comenzar a investigar en estos temas de un modo específico, la visión no era
nítida, si bien siempre me pareció evidente que los españoles tenían cierta
vergüenza de su pasado histórico.
¿Y
tras haberlo escrito?
Mi
visión sobre estas cuestiones cambió enormemente, se aclaró, a finales de los
noventa, sobre todo a partir de la lectura de la obra de Gustavo Bueno, quien
establece una distinción entre imperios ‘generadores’ y ‘depredadores’, de gran
finura y potencia. Una vez escrito el libro, con todo el estudio que lleva
implícito, mi visión es mucho más crítica, razón por la cual aprecio aún más la
labor española y sus frutos: la Hispanidad.
¿Qué
utilidad, más allá del entretenimiento, tiene hoy en día leer sobre la Leyenda
Negra? ¿Y sobre nuestra historia en general?
Aunque
pueda parecer un tema especulativo o de especialistas, la Leyenda Negra, por
constituir un prisma deformador de la Historia de España, tiene un enorme
influjo en la actualidad. Ello hace necesario conocer lo que hemos denominado
metodología ‘negrolegendaria’ para poder ahondar sin ataduras en nuestra rica
Historia.
Algunos
de los temas ‘negrolegendarios’ oscurecen áreas de la actualidad. No hay más
que pensar en nefastos mitos como el del supuesto genocidio americano, de tan
graves consecuencias en nuestra actualidad. Compare el lector la labor española
en América con la llevada a cabo por los ingleses…
Todas
las potencias tienen sus ‘leyendas negras’, pero¿cómo es posible que sigamos
hablando de la Leyenda Negra española, ya entrado el siglo XXI?
Ciertamente,
el caso español es especial. La Leyenda Negra persiste de un modo único. La
clave de ello es la asunción de los postulados de la misma por parte de los
españoles y de los hispanoamericanos, ambos hijos del Imperio español.
¿Hay
alguna verdad histórica, documentada, en lo que relata la Leyenda Negra?
Evidentemente,
en la rica y larga Historia de España hay momentos y actuaciones criticables,
oscuros, si bien, en términos generales, y puesto que podemos sostener que el
nuestro fue un imperio ‘generador’ de otras sociedades, tales hechos palidecen
ante las naciones políticas soberanas nacidas de la transformación de tal Imperio.
Ello por no hablar de un legado tan importante como la lengua, la religión
católica –que erradicó la idolatría y la antropofagia-, el derecho, las
universidades, el urbanismo,…
¿Podría
pensarse que nuestros complejos de ser españoles derivan de que nos creemos lo
que cuenta la Leyenda Negra?
Absolutamente.
Es increíble que en una nación como la nuestra, donde se conservan algunos de
los archivos más importantes del mundo, haya tal desconocimiento de nuestra
Historia. A la actual situación han contribuido sin duda las erráticas y
disolventes políticas educativas que venimos padeciendo desde hace décadas.
A
ello hemos de unir una crisis nacional que busca la balcanización de España,
comenzando por renegar de la Historia común y elaborando otras de fuerte
carácter etnográfico y poco apego al rigor.
Tras
la elaboración de este libro, ¿qué conceptos históricos positivos e importantes
debemos tener claros los españoles acerca de nuestro pasado?
A
mi juicio creo que debemos emplear con naturalidad conceptos que hoy son casi
un tabú, como pueden ser «imperio» o «guerra», pues sólo manejando estos en
conjugación con otros, como pueden ser «civilización», podemos entender una
Historia de escala universal como la nuestra.
¿Qué
podría hacerse, y por quién, para destruir los efectos actuales de la Leyenda
Negra en los complejos de los españoles? No parece que las obras historicistas
cinematográficas y televisivas españolas recientes –Alatriste, Isabel…- hayan
conseguido mucho.
En
efecto, ese sector es clave. Convendría incidir en el terreno audiovisual e ir
despojando de esta carga ‘negrolegendaria’ producciones como la teleserie
Carlos, en la cual aparece deformado Hernán Cortés o en la que se habla
constantemente de «Las Españas», omitiendo cuidadosamente el singular con las
intenciones que todo el mundo puede imaginar.
Existe,
no obstante, un reciente interés por la Historia de España que debiera ser
aprovechado. Sin duda, las administraciones públicas tienen una gran
responsabilidad en el triste panorama actual. En todo caso, el cambio debiera
venir apoyado en la confección de un plan educativo estable, riguroso y común a
todos los estudiantes españoles.
¿Harán
falta más libros como este que insistan en los errores de la Leyenda Negra?
Sí.
Hemos de tener en cuenta, así lo hemos intentado en Sobre la Leyenda Negra, que
la propia naturaleza del Imperio español, obliga a estudiar el pasado no sólo
de la España actual, sino también de Hispanoamérica. Queda mucha tarea que
hacer, muchos documentos que exhumar y analizar.
De
hecho, en mi caso, desde la aparición del libro hasta hoy, he continuado
indagando en algunas de estas cuestiones, pues la actualidad va proporcionando
nuevos materiales tales como el movimiento indigenista mapuche, que parece
vigorizarse en Argentina, o la crítica de nuevos libros escritos bajo la
perspectiva de la Leyenda Negra. Por otro lado, continúo con la búsqueda en
hemerotecas y no descarto incorporar nuevas referencias.
Para
terminar, diga lo que quiera a nuestros lectores sobre esta cuestión.
Animaría
a los lectores a acercarse a las obras que analizan la Leyenda Negra, pues este
género historiográfico es más que necesario para acercarse sin complejos a la
Historia de España, tan contaminada ideológicamente por compatriotas
vergonzantes y extranjeros interesados en menoscabar nuestra imagen y labor
histórica.
lunes, 19 de octubre de 2015
miércoles, 14 de octubre de 2015
lunes, 12 de octubre de 2015
'Celebramos el Descubrimiento, no un encuentro'
Entrevista de Rafael Núñez Huesca para La Gaceta, lunes 12 de octubre de 2015:
IVÁN VÉLEZ, SOBRE LA FESTIVIDAD DEL 12 DE OCTUBRE
'Celebramos el Descubrimiento, no un encuentro'
Rafael Núñez Huesca
Viernes, 9. Octubre 2015 - 15:36
¿Qué es la Leyenda Negra?
La Leyenda Negra es un prisma a través del cual se deforma la Historia de España. Una guerra propagandistica que atenúa las virtudes y acentúa los defectos. Hay una metodología negrolegendaria que resulta de esa visión de los hechos históricos españoles. La Leyenda Negra tiene dos características esenciales: es incesante y se va modulando, se va adaptando al contexto histórico.
¿Cuándo surge el término Leyenda Negra?
Emilia Pardo Bazán fue la primera que lo utiliza con carácter historiográfico en 1899. Blasco Ibáñez lo recoge en 1909 en unas conferencias en Argentina. Es entonces cuando se empieza a usar en la prensa, en algunos círculos al menos. Y es en 1914 cuando Juderías lo hace famoso.
¿Quién la crea?
El origen se situa en Italia, por las tropas españolas que allí guerreraron, pero cobra importancia en los Países Bajos. Tanto por el protestantismo como por la llegada de las noticias de lo que pasaba en América. Y Bartolomé de las Casas y Antonio Pérez ayudaron, obviamente, a difundir las exageraciones, mentiras y medias verdades. El salto cualitativo se da con la aparición de la imprenta, una herramienta esencial. Se unieron ideología y tecnología.
¿Y qué dice la Leyenda Negra, hacia dónde van sus críticas?
Hay dudas sobre la conversión y de la profundidad religiosa de los españoles. Por la presencia de moros y judíos, ya sabe. Y eso que los judíos de España venían expulsados del resto Europa. Los Reyes Católicos expulsan a los judíos como antes habían sido expulsado de Francia o Inglaterra. Los judíos manejaban leyes privadas que hacían muy difícil su integración en una sociedad que pretendía homogeinizarse. La nación se forjaba en base al nervio de religioso, de nuevo, como el resto de naciones europeas. Es inherente a todas sociedad de la época. En Inglaterra con los anglicanos, Holanda con protestantes, luteranos...
Otras naciones sufrieron campañas de desprestigio y no arrastran el estigma hasta hoy.
España era el imperio de la época.
Hubo otros imperios, antes y después, ¿por qué nosotros?
Porque nosotros nos lo hemos creído. Hemos asumido como cierto todo. Y otra razón: nunca nos hemos defendido. Ya lo denunció Quevedo en 1609 en un libro imprescindible para entender el problema de nombre "España defendida" (el entrevistado busca en el libro un verso de Quevedo "que demuestra que ya a principios del XVII se daba el problema"):
¡Oh, desdichada España, revuelto he mi veces en la memoria tus antiguedades y anales, y no he hallado por qué causas seas digna de tan porfiada persecución. Sólo cuando veo que eres madre de tales hijos, me parece que ellos, porque los criaste, y los extraños porque ven que los consientes, tienen razón de decir mal de ti!
¿Existía ya en aquél momento algo parecido a una tentación localista, cierta nostalgia foral que entorpeciera el proceso de construcción nacional ?
El regionalismo nace el XIX.
¿Antes no había nada?
Nada.
¿Y 1714?
Un invento.
¿Y 1640?
Son revueltas que hay infinitas.
Se independizó Portugal.
Cataluña es algo con la llegada de los Borbones. Es justo al revés de como dicen. Felipe V es el gran benefactor de Cataluña. Sienta las bases de esa región que tenía unos problemas demográficos gravísimos.
Y acaban con los fueros y los decretos de Nueva Planta.
Lógico. Eso lo hicieron en la Revolución Francesa en 1789. En toda nación política se tiene que acabar con todos los fueros, si no hay tal. No admite privilegias. Nación de ciudadanos sujetos a la ley.
La Iglesia
El paple de la Iglesia a la hora de forjar nuestra historia, nuestra identidad y la de los pueblos hispánicos.
Fundamental. Y se lo dice un ateo. Un ateo católico.
Para muchos estudiosos, el papel de la Iglesia ha sido excesivo y casi omnipresente. Y eso explica en parte nuestra crisis perpetua.
El tema clerical es atacado mucho desde el extranjero, es cierto. Sobre todo a raíz de la Ilustración. Voltaire fue durísimo. Hizo una asociación religiosidad-incultura que ahondó aún más en el descrédito de España. Para ellos, España no era, culturalmente, homologable al resto de Europa. La Inquisición, por ejemplo, se empieza a criticar en la Ilustración, no antes. La crítica es del XVIII. Y también opera en contra de España el mito de Europa, que considera a Europa el receptáculo de las ideas más sublimes. Y el mito de la cultura, que dice que la salvación vendrá por la cultura y no a través de la religión.
Pero la religiosidad era lo habitual en las sociedades de aquella época.
Sí, pero nuestra religiosidad era católica y el catolicismo no es racista. Por eso en América se pudieron convertir. Ahí está el indio Juan Diego, de la Virgen de Guadalupe. No se puede decir lo mismo del protestantismo. Lutero es un gran antisemita. Y Erasmo habla con tufo racista.
Todo esete enorme caudal de embustes y patrañas... ¿ha afectado a nuestra identidad nacional?
Sí.
A muchos españoles les cuesta abrazar la idea de España. Otros, directamente, reniegan de ella.
El regionalismo ocurre en todas partes. Ahora bien, la identificación de España con Castilla no ha ayudado, bien es cierto que, demográficamente, Castilla pesaba ocho veces más que Aragón.
¿No hubo Leyes que impedían el comercio con América a los aragoneses, catalanes, valencianos...?
No existían esas leyes. Eso es un mito. Los puertos estaban monopolizados por Cádiz y Sevilla, eso sí. Pero es diferente.
¿Antes de eso, ¿un catalán podía comerciar con América?
Si iba a Cádiz o Sevilla, por supuesto. De hecho muchos catalanes participaron en la Conquista/Evangelización de América integrados en las filas de la Iglesia. Hubo hasta virreyes catalanes. Y protagonistas vascos, a mansalva. Lo que pasa es que la vieja Corona de Aragón solía mirar más al Mediterráneo. Tenga en cuenta que a las sectas catalanistas les gusta desmarcarse de toda relación histórica común con España.
¿España ha sido diferente?
Sí, en lo siguiente (Iván Vélez, en esta respuesta, anima al entrevistador: "apunta, apunta"): España ha integrado a las sociedades con las que se encontró en América, mientras otras naciones las exterminaron. Fundamos universidades, colegios y ciudades. Los otros expoliaron. En particular Inglaterra y Holanda. En la América española los indios tienen sus apllidos, un idioma, unas leyes, un urbanismo; no así en otros imperios.
Yo me refería a otra excepcionalidad, la turbulenta, ya sabe, las guerras civiles permanentes, el poco peso del liberalismo, la preponderancia de la Iglesia, las dificultades para vertebrar la nación…
A esos autores habría que decirles, por ejemplo, que dónde está la unidad de Alemania. Es de antesde ayer. O la de Italia. Las fronteras españolas llevan siglos fijadas. Y la unión es de facto entre Isabel y Fernando pero ya venía apuntada por infinidad de matrimonios. El compromiso de Caspe es un ejemplo.
La Hispanidad
¿Qué es la Hispanidad?
Es una de las partes del mundo actual en su aspecto histórico, político y cultural. La identidad hispánica está vinculada a la lengua, al sustrato religioso y a una serie de instiruciones civiles. Pero quien quiera saber de verdad qué es la Hispanidad no tiene más que ir a una plaza de armas de una ciudad hispanoamericana, ahí están todas las instituciones: Iglesia, cabildo, ayuntmaiento, audiencia, mercado… todos los poderes. Hoy podemos decir que la Hispanidad es la lengua española.
¿Los habitantes de la Hispanidad se sienten identificados con ella?
Algunos no. La Leyenda Negra opera en contra de esa unidad cultural. Uno de los peligros que corre la Hispanidad es el avance de las iglesias evangélicas. Son de carácter disolvente. Dirigidas todas por EEUU. Volvemos al papel de la religión a la hora de forjar la identidad nacional española y la posterior Hispanidad: su aportación ha sido determinante y su impronta indudable. España fue un imperio doblemente católico: católico por lo religioso y católico por universal.
¿Y no puede ser que esa identificación tan estrecha entre Iglesia y nación sea una de las causas del desapego de las izquierdas a la idea de España?
Las izquierdas en España, excepto la liberal, son anticlericales. No ateas, son anticlericales. Quieren quemar al cura, no negar la posibilidad de Dios.
¿De ese anticlericalismo viene el antiespañolismo?
Es un factor importantísimo, desde luego.
El nacionalcatolicismo fusionó los dos ejes argumentales en un solo movimiento.
Claro, Franco acaba por confirmar la sospecha.
¿Cuándo se produce ese divorcio entre las izquierdas y la idea de España?
Durante el Regimen se produjo mucha desafección. Casi todos los movimientos disgregadores se larvan en el Franquismo.
¿Se celebra la Hispanidad en Hispanoamérica?
Cada vez menos. Por el indigenismo. En otras zonas de América no hay indígenas que puedan resistir.
Indigenismo, otra vez la izquierda...
La izquierda y, paradójicamente, la Iglesia. La teoría de la liberación, ya sabe. El indigenismo es el mito del buen salvaje.
¿El mundo anglosajón está devorando la Hispanidad?
Sí.
¿Es enemigo de la Hispanidad?
Es rival y tiene otra identidad.
Puerto Rico y Cuba son dos bationes de la Hispanidad que están a punto de ser fagocitadas por los EEUU. ¿Existe un desprestigio de lo hispano?, ¿del idioma incluso? Ya conoce el fenómeno del spanglish y cómo las segundas generaciones de inmigrantes pierden, por lo general, el español. Un idioma, el nuestro, por cierto, sin predicamento alguno en áreas tan fundamentales hoy en día como lo tecnológico o lo científico. ¿Estamos siendo fagocitdados por una identidad global anglosajona?
Es difícil decirlo en una totalidad. Por ejemplo, en México no existe nada en inglés. En México no hay señales de stop, hay "pare". El papanatismo anglófilo está más presente en España que en muchos paíes americanos. Se defiende más el idioma allí que aquí.
Ellos también tienen problemas para afirmar su identida hispánica.
México es un ejemplo calrísimo. Existe una ambivalencia brutal. Conviven la hispanofilia y la hispanofobia. Por ejemplo, en Bolivia, el núcleo del indigenismo es la hispanofobia, además de un componente racista que, por cierto, puede acabar con Bolivia. El gran enemigo no es la anglofilia, que también, es el indigenismo.
En 1992, durante el Quinto centenario, se acuñó un término nuevo: "encuentro".
Nada de "encuentro" entre culturas. Lo que se produjo el 12 de Octubre de 1492 no fue ningún encuentro, fue un Descubrimiento.
¿Por qué Descubrimiento y no encuentro?
Porque en América no había un grupo ni una civilización, había cientos. El mito es creer que existía “el indígena”. Y no. En el actual México había grupos enfrentados a muerte, un mosaico de sociedades políticas en distintos grados de desarrollo. De arcadia nada.
Bueno, entonces se produce el encuentro entre una cultura y muchas culturas.
Eso sí.
Luego hubo un encuentro.
No, hubo un Descubrimiento.
Es una postura etnocéntrica. Dice usted que los españoles llegamos allí y descubrimos a una gente… pero esa gente ya existía.
Ellos no sabían ni que existía América.
¿Quién?
Los que estaban allí.
Ni nosotros. Cólon creyó que llegaba a Japón.
Nosotros sí, hicimos cartografía y enseguida se fue aclarando dónde estábamos. Es absurdo hablar de encuentro.
¿Por qué?
Porque España tenía unas instituciones con unos objetivos y seencuentra…
¿Se encuentra?
Tropieza. Tropieza con unas sociedades que no ignoró y a las que tuvo que ir integrando. Era un imperio civilizador. Creaba ciudadanos, los asimilaba, así lo ordenó Isabel la Católica. Porque había un modelo, un ortograma imperial según el cual toda sociedad con la que se fueran topando había que convertirla e integrarla.
¿Y esa influencia no se produjo bidireccionalmente?
No.
Nos trajimos de allí productos, palabras...
Sí, pero el español que iba allí no hablaba náhuatl y los de allí sí hablaron español. Hubo una enorme desproporción de influencias. España pudo (subraya pudo) llegar a las costas de Veracruz, donde estaba el imperio Azteca. Lo que es imposible es que Moctezuma hubiera podido llegar a España. Imposible. Por muchos motivos: tecnológicos, ideológicos, teológicos... de todo tipo. Sólo una de las civilizaciones tenía la capacidad de descubrir a la otra.
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