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viernes, 14 de febrero de 2014
miércoles, 27 de marzo de 2013
Entrevista a Gustavo Bueno
Entrevista a Gustavo Bueno publicada en el número 7 de la revista Cuaderno de Materiales de noviembre de 1998:
Entrevista a Gustavo Bueno
(Sergio Boró Herrera, Isidro Jiménez Gómez, Juanjo Sánchez Pérez e Iván Vélez Cipriano)
Gustavo Bueno Martínez, nacido en Santo Domingo de la Calzada en 1924, es actualmente profesor emérito honorífico en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Oviedo. Tras una larga trayectoria pedagógica e investigadora, primero como profesor de instituto en Salamanca y luego como Catedrático de Fundamentos de Filosofía e Historia de los sistemas filosóficos en la Universidad de Oviedo, Gustavo Bueno trabaja todavía en su obra más ambiciosa y original, la Teoría del Cierre Categorial, un análisis filosófico del estatuto gnoseológico de las ciencias. También han gozado de gran divulgación su Filosofía de la religión (a la que ha dedicado sus últimos años como profesor) y, últimamente, la crítica del mito de la Cultura. Sin embargo, es menos conocida aquella parte de su obra dedicada a la filosofía política, a la cual pretendemos acercarnos a través de esta entrevista.
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Cuaderno de Materiales.- Aún a pesar de los esfuerzos de Foucault y otros, o justamente gracias a ellos, hablar del poder parece, cada vez más, hablar de algo misterioso y oscuro, ¿tanto se ha complejizado la estructura sociopolítica desde que los reyes mandaban sobre sus súbditos como para tener que renunciar a distinciones tan clásicas como la de gobernantes/gobernados, que usted mismo emplea?
Gustavo Bueno.- Bien, a mi me parece que todo esto tiene que ver, sobre todo, con un montaje de la industria editorial italo-francesa que, expertos como son en lanzar modas, han lanzado la moda del postmodernismo, con Lyotard, Baudrillard y todos estos retóricos. Y ahí uno de los temas, claro, es el poder, que está en relación con los grandes relatos. Cuando hablan del poder están hablando seguramente de una plasmación del poder que tiene que ver con la tiranía. En realidad no es sino una crítica racionalista y moderna al poder, en el sentido del siglo XVIII y la Ilustración. Contra la tiranía, contra el poder: la marsellesa incrementada con todo lo que ellos quieran. Ese el es motor de Foucault. Pero claro, la marsellesa está muy bien para desfilar, o para hacer trabajos de liceo.
La cuestión es si ese poder localizado en unos grupos determinados, por ejemplo de carácter tiránico, no es simplemente sino una modulación del poder. Si disuelves enteramente en una sociedad o en un sistema cualquiera todo el poder, en el sentido de que cada individuo sea el centro de poder único, el sistema global resulta ser aleatorio, indeterminista (ese es un poco el estado del indeterminismo en el anarquismo tipo Agustín García Calvo); salvo que se crea o añada la hipótesis adicional de que en el seno de todos aquellos individuos actúa una especie de armonía preestablecida, una coincidencia leibniciana donde todos tienden a lo mejor. Pero claro, eso es una fantasía morisca, porque en realidad la humanidad no está hecha de individuos sino de grupos: el "hombre" no existe. Existe el hombre en tal sitio, en tal otro, en tal otro... lo demás es pura metafísica. Entonces resulta que si defines el poder a partir de morfologías que se parezcan a las nuestras, concretamente a las de los primates (aunque se puede ir más atrás en los mamíferos), el poder es simplemente la influencia de unos mamíferos sobre otros, influencia que no es secundaria sino constitutiva. En los mamíferos de lactancia prolongada, el poder está determinado por la propia transmisión de padres a hijos. Es decir, es imposible que sin la influencia, buena o mala, de los padres, el hijo exista siquiera. Recuerdo el problema que se organizó con aquella pedagogía no dirigista, que aquí en España entró en los años 60/70, y que dio lugar a lo que por entonces se denominó "hijos de PNNes". Los "PNNes", los profesores no numerarios, no querían "dirigir" a sus hijos sino dejarles actuar espontáneamente, y entonces, claro, los niños se quemaban y se caían. No se les quería poner ninguna barrera, ni siquiera se les quería enseñar a hablar. Esto es idealismo, espiritualismo, un desconocimiento absoluto del proceso ontogenético de humanización: cada nueva generación de niños no es sino una generación de mamíferos, con unas ciertas disposiciones en el cerebro, pero que hacen falta complementar. Son los límites impuestos por la etología, tampoco las aves vuelan si no se les enseña.
Algo parecido ocurre en bioética con el famoso informe Belmont, que viene a ser como la biblia en la bioética de influencia americana (en España se dedica a ésto Diego Gracia). El primer principio propugna la desaparición del paternalismo en la relación médico/enfermo, para que no haya poder, de tal manera que el médico deja de tener "autoridad hipocrática" sobre el enfermo. Y entonces el enfermo se convierte, según el principio de autonomía, en un consumidor o usuario de bisturíes, así que puede decir en la mesa de operaciones: «haga usted que me operen». Libre consentimiento, el consentimiento informado. A un individuo que está en coma por accidente, ¿qué le haces?, ¿le pides el consentimiento informado? Es un principio completamente ficticio, porque en realidad quien está decidiendo es el grupo (los médicos, la familia, los amigos). El principio de autonomía es un principio que supone, que finge que el individuo es completamente libre, responsable, no sometido a nadie, etcétera. Pero es completamente ficticio que el poder esté únicamente en el propio individuo, en la decisión individual.
Entonces, el poder parece que es una estructura que tiene que ver con la realidad mucho más que la solidaridad, la cooperación y estas historias, que no son más que eufemismos para disimular el poder. Las propias normas éticas, donde al parecer es el individuo el que decide, están enteramente determinadas por el grupo social. Una norma ética, como por ejemplo ir por la carretera y atender a un accidentado, en muchos países te supone una multa tremenda, porque lo que hay que hacer es llamar a alguien que pueda atenderle en debidas condiciones. Ahí la ética se ha incorporado a unas normas legales.
Toda esta cuestión del análisis del poder, me parece a mí, es esencial, pero está enfocada por Foucault de un modo enteramente idealista y metafísico, como lo es el principio mismo de la libertad indeterminista. La Microfísica del Poder está clarísimo por donde va: se está pensando en el indeterminismo de la física, la física cuántica de Heisenberg, Bohr, etcétera. Pero claro, Paul Forman ha demostrado cómo se creó ideológicamente esta física, un poco como lo de Boris Hessen con Newton, como un producto ideológico inspirado en La decadencia de Occidente de Spengler. Aquello vino a la física totalmente desde fuera, al margen de que los experimentos tuvieran su contenido objetivo. Ahora, ¿qué es el indeterminismo o el acausalismo? La idea de causalidad funciona, está tallada, sobre cuerpos. Pero el cuerpo es una categoría difícil de delimitar, que habría que reconstruir totalmente, puesto que habrá que suponer que el cuerpo no es la materia, ni siquiera la materia física. El cuerpo tiene que ser tridimensional pero, ¿por qué tres dimensiones? Pues porque son espacios geométricos y no físicos. Poincaré responde diciendo que los cuerpos son tridimensionales porque el espacio óptico es tridimensional. Pero, ¿por qué el ojo tiene tres dimensiones? Se pide el principio, pues el ojo no es sino un cuerpo más. El cuerpo tiene tres dimensiones por algo parecido a la razón de que la circunferencia tenga los radios iguales: porque es la estructura de la circunferencia, así que si no tuviera tres dimensiones sencillamente no sería cuerpo. Una entidad bidimensional, por de pronto, no puede ser organismo, no puede ser un viviente, puesto que, por ejemplo, como se sabe, el tubo digestivo lo partiría en dos. Hay unidades bidimensionales como las cuerdas, pero esas precisamente no son cuerpos. Por lo tanto, no puede decirse que haya acausalidad allí. El principio no tiene por que ser universal, sino que, como todos los principios, se aplica a un campo determinado. Así que cuando ese campo desaparece, desaparece la causalidad. Los cuerpos se encuentran a una escala determinada, precisamente la escala de los hombres y animales. Al hablar de indeterminismo se olvida que los cuerpos tienen su propia estructura y escala, pero cuando desaparecen los cuerpos no desaparece la materia. Creo que éste es uno de los principios centrales del materialismo. Por lo tanto, la física indeterminista está en otro orden de la causalidad (lo que sería indeterminista es que, en una mesa de billar, al darle con el taco a una bola, la otra saliera por donde quisiese. Pero eso es lo que justamente no ocurre).
Cuaderno.- Ahora se ha extendido bastante esta idea del microcosmos indeterminista, mesocosmos pseudodeterminista y macrocosmos determinista...
G. Bueno.- Sí, pero en realidad en el microcosmos no rige el principio de no contradicción, ni el del tercer excluido, es decir, no es ni determinista ni indeterminista. Esa distinción de infra, meso y macro, es más bien una distinción para andar por casa, propia de estos premios Nobel que al final de su vida escriben una Visión del mundo por un biólogo: Pero hombre, tu no tienes que ver al mundo, sino al mundo de los vivientes, que es tu oficio (parece que tener un premio Nobel lo justifica todo).
Cuaderno.- En un texto suyo publicado en el Basilisco con el título de «Crítica a la constitución de una sociedad política como Estado de Derecho»1, dice usted que la base donde se asienta el Estado de Derecho es la división de poderes de Montesquieu, lo que sería uno de los mitos políticos modernos fundamentales. Hoy se habla, no de la división de poderes, sino de una multiplicación sin límites, de manera que el poder político (al menos, se pretende que lo es) se ejercería en multitud de planos y ámbitos. ¿Cuáles serían para usted los parámetros adecuados para delimitar una idea política de poder que en principio se muestra tan confusa?
G. Bueno.- La referencia a Montesquieu que yo hago ahí es más bien ad hominem, es un poco para plantear la cuestión tal y como la plantean los politólogos y los teóricos del Estado de Derecho, que plantean el principio de la división de poderes de Montesquieu como principio fundamental; cosa que leyendo a Montesquieu ves que no es así, porque éste considera incluso que el poder judicial se reabsorbe en los otros dos. Es decir, que la independencia de los poderes es otro concepto que no tiene ningún sentido. ¿De dónde sacó Montesquieu semejante teoría? Yo trato de vincular esto con la tesis de Polibio, Licearco, etcétera. Esto viene de una tradición en cierto modo mecánica, de las diferentes formas de gobierno en donde se contrapesan las unas con las otras, la idea de equilibrio de los poderes. Entonces, que sean justamente tres los poderes en Montesquieu es todavía más difícil de saber, porque el ejecutivo parece que tiene mucho que ver con la aristocracia, el legislativo tendría que ver en una época más moderna con el consejo real, con las ciudades, y el judicial con la Iglesia (incluso los hábitos y las costumbres de los jueces son eclesiásticos). La independencia de poderes ha sido criticada por muchos (hegelianos, marxistas...) porque el concepto de independencia no tiene mucho sentido, se ve estos días con todos estos asuntos del proceso de Barrionuevo y Vera. "El poder judicial es independiente", ¿qué quiere decir ésto? Teóricamente quiere decir que ellos juzgan con absoluta independencia de influencias ajenas al recinto donde están teniendo lugar sus deliberaciones.
Cuaderno.- Influencias a las que justamente llaman "políticas".
G. Bueno.- Influencias al nivel del ejecutivo, quieren decir. Para empezar, el famoso sumario es una abstracción, ellos mismos dicen: «lo que no está en el sumario no está en el mundo». De acuerdo, lo que no está en la instrucción del sumario no existe, pero, ¿quién hace el sumario? El sumario es un recorte ad hoc de las reglas que tu has hecho; innecesariamente, porque no puedes meter a todo el mundo en el sumario, entonces tienes que empezar a recortar el sumario. En este caso, concretamente, has eliminado a Felipe González y al Rey, por ejemplo, porque es mucho tirar para arriba, con lo cual has cortado por la cúpula del Ministerio del Interior de aquellos años. Entonces, la justicia que haya que hacer ya está dentro del sumario mismo, porque has desconectado a otros sectores, o porque no tienes pruebas... Bien, vamos a suponer que el juicio fuese independiente, en el sentido de que no estuviese influido por la ideología, intereses prestados, etcétera. Ahora dictan la sentencia, ¿quién ejecuta la sentencia? Pues la ejecuta el ejecutivo: si no van luego unos policías a coger a éstos y a meterlos en la cárcel todo aquello es papel mojado. El poder judicial será muy importante, pero como pura ficción, pura ceremonia. El poder judicial, si no se cumple la sentencia, no es poder, es un juicio especulativo. Pero, ¿cómo el ejecutivo va a cumplir una sentencia que va contra él mismo? El poder judicial está siempre atado de pies y manos al ejecutivo por estructura. Así que hablar de independencia es una ficción, porque no hay una armonía preestablecida sino que se establece en cada momento, sabiendo los jueces por la propia sindéresis qué es lo que pueden pedir al ejecutivo. Y luego está la facultad de indulto, que ya es el colmo.
El Estado de Derecho, a mi juicio, es otro concepto puro propio de abogados. Claro, los abogados hablan del Estado de Derecho, porque es su oficio; es como si los arquitectos quisieran el Estado de Obra o de Construcción. Me parece que era Oscar Wilde el que defendía un socialismo que propiciase la literatura, el Estado de los literatos, si no, no le interesaba. Igual de vago es esto del Estado de Derecho, porque habrá que decir la materia del derecho. Recuerdo que el año pasado se decía que en España no había pena de muerte porque era un Estado de Derecho, ¿Y los EEUU no son un Estado de Derecho?, ¿el Estado romano no es un Estado de Derecho? (lo inventaron ellos. Como decía Engels: los romanos que eran unos ladrones inventaron el derecho de propiedad para quedárselo). Entonces, el poder político no es que sea el único poder, sino que está en una capa que se mantiene en una esfera más compleja que las otras; es como una reflexión sobre las otras. Esto es compartido por muchos antropólogos. En la organización tribal, prepolítica, todavía no hay Estado ni nada parecido y no hay posibilidad de disenso (el que se separa de aquello es liquidado). Ahora bien, en cuanto empieza la confluencia de diferentes organizaciones tribales que están, por ejemplo, regidas por normas de parentesco, o de vecindad, de lugar, etcétera, cuando se reúnen varias unidades de esta índole en una forma de convivencia generalmente debida a la hegemonía de una sobre las demás, o a un pacto frente a terceros, entonces aparecen unas normas donde se contempla más o menos el disenso, la posibilidad de tener opiniones diferentes, y entonces el monopolio de ciertas penas capitales, como la pena de muerte, la tiene uno sólo, lo que evita los conflictos a muerte de los particulares.
En ese sentido, el poder político es un poder que tiene el monopolio de ciertas penas y actividades normativas. Pero no es un poder que nazca por sí sólo, es un poder que está soportado sobre otra serie de capas de poderes, intermedias, pero tan activas como lo otro, que es lo que en última instancia coordina. Todo esto se concreta en el Estado, y el Estado se constituye frente a otros Estados. Y esto es muy parecido estructuralmente a todo lo que ocurre en el proceso de la revolución orgánica, donde se van organizando las primeras células por endobiosis de las anteriores, digiriendo bacterias, y así se van formando estructuras cada vez más amplias a través de los pluricelulares, etcétera. El poder no es que venga de arriba, sino que es siempre un grupo el que detenta el poder frente a otros grupos.
Cuaderno.- Dice usted en Primer ensayo sobre las categorías de las ciencias políticas que lo que caracteriza en último extremo a lo político es la duración, la capacidad de perdurar en razón de la organización política de lo social; ¿hasta qué punto no es ésto un legado organicista, tan influyente en las primeras teorías políticas de la modernidad (por ejemplo en la idea compartida por Hobbes y Rousseau del Estado como individuo cuyos miembros serían los ciudadanos)?
G. Bueno.- Tiene que ver con esto, pero no tanto por ser orgánico como por ser estructural. El criterio de la duración, que es la eutaxia, es un criterio que quiere ser materialista en el sentido de eliminar todo tipo de valoración extrapolítica. Si tú dices: «este sistema político es bueno porque es justo», bien, ¿y qué es eso de justo? ¿Justo para qué y para quién? Entonces introduces problemas de carácter moral y ético que son extrapolíticos. Si priorizas la fortaleza, el poder pero sin incluir la duración, tendrás que decir que el Imperio de los Hunos es tan potente como el de los romanos. Así que desde categorías históricas, que es desde dónde está visto ésto, la historia supone un despliegue en el tiempo, un tiempo histórico que está organizado según la influencia de los antepasados, las morfologías de los antepasados. Que nosotros estemos aquí hablando con estos instrumentos, libros, etcétera, es influencia de los antepasados. Estamos hablando aquí porque no hay osos ahí al lado, ni tigres con dientes de sable. «Voy al campo, a la naturaleza»; que te crees tú eso, vas a una naturaleza totalmente domesticada y adaptada a tus intereses. Bueno, pues la idea de duración histórica es para apelar a un principio objetivo, inicialmente neutro. Es un poco la idea de que algo que sólo dura una generación no tiene interés histórico, de que la medida de la historia es lo que salta por encima de las generaciones (si algo sólo dura una generación tendrá otro tipo de valor, pero no el histórico). Así que si la política es una estructura histórica, cuanto más dure es un indicio (no digo que sea la razón formal) de que aquella estructura es fuerte, es potente, aunque sea injusta. Quiere decir esto también, como principio programático, que cualquier estructura revolucionaria que no dure o no esté programada para perdurar no tiene importancia política, es puro idealismo. La duración de una estructura política, pues, es un indicio seguro de que aquella estructura tiene una organización potente para seguir funcionando, sea organicista o no sea organicista.
Cuaderno.- ¿Se podría decir, entonces, que el núcleo de lo político es la organización de lo social?
G. Bueno.- Sí, pero no en el sentido propiamente organicista. Estos días hubo un congreso en Zaragoza sobre evolución, y me encomendaron la conferencia final; bueno, pues yo traté allí de desconectar la idea de evolución de la idea de escala de la Naturaleza. Hay escalas de la Naturaleza que no son evolucionistas sino procesionistas, como en el caso de los neoplatónicos, las hay inmovilistas, como en el caso de Aristóteles, y en cambio fue seguramente Spencer quien ligó la idea de proceso con la de evolución. Y las principales categorías de Spencer son las que tomó Darwin: la idea de lucha por la vida, la idea misma de evolución... Darwin las tomó casi a regañadientes, porque estaban tan extendidas que para hacerse entender no tenía otras. Después, la idea de evolución se extiende a todo lo demás, por debajo de la naturaleza orgánica, y se habló de nuestro siglo como el Siglo de la Evolución. La misma tabla de los elementos no es una tabla como la de Lineo, sino que es evolutiva. En el siglo pasado, hacia 1815, Prout sugirió que todos los elementos procedían del hidrógeno, pero como no había teoría de los isótopos, resulta que no salían las cuentas (salían unos decimales que no tenían sentido), así que aquella teoría quedó arrinconada hasta que, con la teoría atómica, se integró perfectamente y Gamow, a raíz de la II Guerra Mundial, empezó a presentar la tabla de los elementos como una tabla evolutiva.
Ahora evolución se aplica a todo: evolución de la Humanidad, de la bicicleta, de los coches, de las formas arquitectónicas; todo es evolución. Yo aplicaba a la idea de evolución la tesis materialista de que toda gran idea tiene un origen tecnológico muy humilde. Concretamente, la idea de escala de la Naturaleza viene de una escalera, que unas veces se sube y otras se baja. Y la idea de evolución supone una tecnología más desarrollada, que es el rollo, el libro en rollo, porque cuando desplegabas el rollo eso era la evolutio (Cicerón dice: «evolutio poetarum», es decir, los poetas que van desplegando según escriben el rollo). En el siglo XVIII esta idea empieza a aplicarse a la ontogénesis, al despliegue del individuo que tenía en sí todo escrito, las teorías del holismo y la preformación, así que el individuo es la metáfora de un libro. Luego se extiende a la especie, que es como, por ejemplo, una biblioteca maravillosa donde los libros, que son el código genético, tuvieran capacidad para producir otros rollos distintos. En definitiva, la tesis que yo mantenía era que la idea de evolución del darwinismo hay que restringirla estrictamente al terreno orgánico. Que solamente lo orgánico tiene evolución, así que lo demás tendrá algo parecido pero no evolución. Por lo tanto, es gravísimo operar con la idea de evolución en cosas que no son orgánicas, entre otras razones porque sólo en el organismo se produce el origen de las especies de un modo diatético, es decir, en donde los nuevos rollos se producen por acción de los anteriores. Entonces, abundando en ésto, se podría decir que la "evolución" de las formas políticas no es orgánica sino superorgánica, tiene otra estructura diferente. Son estructuras que siguen funcionando, por ejemplo, cuando el Estado provee la distribución de alimentos, incorporando las necesidades anteriores con leyes propias, normas y ritmos diferentes.
Cuaderno.- También en Primer ensayo sobre las categorías de las ciencias políticas dice usted que el político se caracteriza, antes que por sus analogías con el líder religioso o con alguna forma de divinidad, por anular su pertenencia a una clase social concreta; ¿cómo, pues, habría que entender desde el materialismo esta forma de transcendencia, tan en principio contraria a las determinaciones sociales del materialismo histórico?
G. Bueno.- Este es un tema muy conocido, sobre todo en la teoría de la democracia (los líderes políticos que luego se desclasan del grupo dónde se les ha elegido), el propio Max Weber lo ha tratado. La idea central creo que se podría resumir en esta frase: la democracia no se produce a sí misma. No es un resultado primigenio de una sociedad, de un pacto social, sino que es un resultado histórico. No es la forma originaria que ha sido corrompida, que es un poco la idea de Rousseau y los contractualistas. Suponer que van a contratar allí los chimpancés, los simios o nuestros antepasados de Atapuerca es una cosa ridícula, es idealismo puro. Se organiza algo parecido a la democracia cuando hay una forma política definida porque en ella se apuntan corrientes diferentes (una sociedad ya política, tipo tribu, etcétera), cuando en una sociedad hay corrientes objetivamente discrepantes, en conflicto. Discrepancia que no sólo puede ser del tipo opresores/oprimidos, sino de otros muchos tipos. En estas corrientes diferentes, el que detenta el poder político representa de algún modo al grupo, no es que mire al bien común (eso es más bien un modo de hablar), sino que tiene que tener en cuenta a los demás para que no destruyan el orden y el equilibrio establecido y organizado por él (de nuevo al margen de que este orden sea justo o injusto). Si es buen político tiene que pensar en los demás en forma de todo. En una batalla de babuinos con leopardos, por ejemplo, el babuino jefe mira rápidamente el conjunto, mide las fuerzas de unos y otros, y huyen todos juntos a su orden. Esta es una acción prepolítica que ya está mirando a la banda entera y no al individuo, a pesar de que él prefiriese terminar con su rival antes que huir. En el fondo se está exponiendo una cuestión muy tradicional pero que acaba de suprimir todos los componentes ideológicos que tenía. Es decir, el príncipe que está dando normas, legislaciones u organizando las fuerzas para que se mantenga la eutaxia busca el bien común, pero es que el bien común no es más que la eutaxia. Tiene que estar constantemente dando disposiciones que se alejan, en las democracias, de aquello que se había propuesto en el programa electoral. Lo hemos visto cuarenta veces, las propuestas de los programas del PSOE o del PP antes de llegar al poder y en el poder. Cuando vino la transición: «¡Ha sido una traición!». Pues sí, ha sido una traición objetiva, si quieres, pero no subjetiva, porque si hubieras sido "coherente", lo hubieras disparatado todo, lo hubieras puesto todo patas arriba.
Hay unas normas que impone la estructura del poder en la medida en que va haciéndose más vieja, más firme, más determinista. Por eso el líder político tiene que empezar a representar otra cosa diferente de lo que los que le eligieron creían. Se podría analizar desde el 18 de Brumario, cuando Napoleón no podía cumplir los ideales revolucionarios en nombre de los cuales fue apoyado. Es decir, aparecen paisajes, escenas y horizontes nuevos, desconocidos por todos. Ahora con lo de Rusia se hace una presentación de "la lucha por el poder" verdaderamente infantil, porque parece que se reduce al espíritu subjetivo. Yeltsin está inválido, enfermo... "la lucha por el poder". Es como si fuera un gallinero dónde el gallo quiere apoderarse del primer puesto. En realidad es todo un sistema como la antigua URSS donde unas corrientes están confluyendo, pero son esas corrientes y no los individuos, los individuos no significan nada, representan a grupos.
Cuaderno.- De nuevo la idea de grupo frente a la de individuo.
G. Bueno.- El individuo no significa nada, yo creo que esa es la expresión del materialismo en política: considerar al individuo incluido siempre en un grupo; lo contrario es idealismo espiritualista, que significa la libertad individual, la libre decisión y todas esas cosas.
Esta mañana estaba oyendo las proclamas de las abortistas: «la mujer debe tener libre decisión», bueno, ¿eso que es? «Yo soy propietaria de mi cuerpo y por lo tanto soy propietaria de todo lo que está en él, por ejemplo una verruga que me ha salido ahí». Primero, eso de que tú eres propietaria de tu cuerpo es puro espiritualismo, porque si tú fueras un espíritu podrías tener tu cuerpo como un instrumento tuyo, pero si tú eres tu cuerpo, tú no eres su propietaria, eres tu cuerpo. Da otra razón, da por ejemplo la razón de la lucha por la vida: tu feto es tu enemigo. No es que no lo desees, es que te va a plantear unos problemas, entonces destrúyelo como si destruyeras a un enemigo que te amenaza. Son unas discusiones tan terribles las que tienen lugar sobre este asunto, donde entran ideologías... también esta mañana un grupo de antiabortistas decían unas argumentaciones tan malas y deleznables como las de las otras (estaban tal para cual). «El derecho de la mujer a decidir, porque soy mía y es mi cuerpo», ¿pero tu por qué vas a decidir? Otra vez el individualismo. El que decide es el grupo.
Cuaderno.- Hablamos todo el tiempo en el ámbito de las ciencias políticas, pero su estatuto científico, como usted dice a raíz de su Teoría del Cierre Categorial, es bastante problemático. ¿Podría hacernos un pequeño mapa de ese estatuto?
G. Bueno.- Yo creo que se podría decir, sintetizando, que las ciencias políticas son de muchas clases: lo que llaman ciencias políticas es toda una familia de disciplinas muy distintas y cada una tiene su propio estatuto. Por ejemplo, hay un conjunto de ciencias políticas que se organizan desde el punto de vista de la antropología política. De tal manera que el análisis politológico de sociedades más o menos primitivas, origen de las primeras monarquías, de los estados fluviales, etcétera, es bastante riguroso. Es la parte más científica de la antropología política, sin creer por ello que sea una ciencia en estado alfa puro2, porque los componentes ideológicos son de tal calibre que ningún antropólogo está libre de sus ideologías particulares. Sin embargo, hay una serie de estudios, por ejemplo los de Pritchard sobre los Nuer, que son muy minuciosos y usan categorías antropológicas muy precisas, aunque sirven sobre todo para las sociedades primitivas. Pasa como con la etología: los estudios etológicos, cada vez más de moda, tratan de demostrar que los primates se organizan de forma política en coaliciones, grupos de bandas con luchas de salto al poder. Aplican categorías políticas a situaciones sociológicas, como si esto fuera evidente, y no lo es ni mucho menos, fundamentalmente porque no hay historia: una sociedad de leones o de primates no tiene duración, depende de la muerte del macho dominante, de la venida de otros de la manada, de las lluvias y esas cosas. Aunque hay influencia entre las diferentes generaciones, no hay historia, sobre todo porque no hay lenguaje, no hay transmisión. Lo que caracteriza a las sociedades humanas es que, partiendo enteramente de estas otras sociedades, sin embargo han introducido la historia, tanto por el lenguaje como por la cultura extrasomática. Tenemos en cierto modo decidida nuestra conducta política por el hecho de que haya un edificio que se llama las Cortes, otro edificio que tiene forma de un hemiciclo, por el hecho de tener teléfono, libros... allí está ya escrita nuestra conducta, estamos instalados en una situación histórica que no tienen los primates, resultado de un proceso histórico acumulativo que marca una diferencia totalmente irreversible.
Luego está el derecho político comparado, que constituye una orientación de los politólogos y de los catedráticos de teoría política sumamente positivo en cuanto a su contenido, porque van comparando lo que empezó Aristóteles con la constitución de Atenas: las diferentes constituciones y gobiernos. Y entonces tienes un método comparativo muy parecido a cualquier taxonomía o cualquier estudio comparativo de sociología comparada o historia comparada. Esto si que es una disciplina fundamental, y de hecho si todavía seguimos hablando de democracia, aristocracia, anarquía, es gracias a estas ideas de Aristóteles y los griegos, porque son las grandes clasificaciones (como las que hizo Espeusipo, que luego tomó Lineo, de animales vegetales). Incluso después de la teoría de los cinco reinos de Whitaker, esa teoría sigue siendo cosa de especialistas. En las facultades se sigue hablando de Botánica y de Zoología). Desde el punto de vista del derecho político comparado hay posibilidades de desarrollar amplios márgenes de ciencia política positiva, como pueda ser las organizaciones comparadas, o la ciencia lingüística (cuando empiezan a comparar el indoeuropeo y el arameo, lo que llaman la filología comparada, que es en realidad el único método que hay para empezar a hacer ciencia).
Luego está la fase de las cuestiones implícitas en todo ésto, la fase de la filosofía política, diríamos. Filosofía política que no se puede plantear así en abstracto, sino que brota de todos los conocimientos anteriores y no es una ciencia (lo cual no quiere decir que no sea racional). La filosofía política lleva implícita la crítica a la cientificidad de las otras ciencias. Porque lo que se presenta como ciencia política, sobre todo en las Facultades (a algunos que escriben ahora en El País y en El Mundo se les llama "catedráticos de ciencia política", como si escribieran científicamente, cuando es una cosa electoral), no es sino ideología mala, filosofía barata. En estos puntos se replantean los problemas generales de la filosofía de la ciencia, aquello que decía Edington: «físico, líbrate de la metafísica». Pues aquí habría que decir lo mismo: «político científico, líbrate de la ideología». Pero no se puede librar. Tu puedes dar una definición más o menos precisa de lo que es la aceleración, pero a ver como defines el poder político. Es imposible definirlo, no tienes coordenadas. Estás trabajando con otra serie de conceptos o ideas más o menos borrosas y entonces, formar un sistema con todo aquello, ya no es científico, es filosófico. Así que todo el mundo tiene la filosofía pero nadie le llama así por razones de propaganda. Resulta que la filosofía política se convierte sobre todo en una crítica a los "científicos" de la política, y excuso decir lo que pasa ahí: no hay nada que hacer, porque entonces te dicen que eres un intruso y todas esas cosas.
Lo mismo pasa con la evolución. Los que tienen que decir qué es la evolución son los biólogos evolucionistas, pero cuando comienzan a hablar de la evolución desbordan inmediatamente su disciplina y ya no saben lo que están haciendo (por ejemplo, el concepto de especie ya no saben lo que es: «no, es que la especie es un puro nombre». Entonces resulta que el evolucionismo es un nombre (son nominalistas). Pero si no hay especies, ¿que es entonces la evolución de las especies? Al final te dicen: «mire, déjeme en paz que yo estoy aquí trabajando sobre los amonites y no quiero saber nada más». Pues muy bien, pero por lo menos no me fastidie).
Cuaderno.- En su teoría política caracteriza usted a la palabra como un elemento fundamental en la mediación política entre sujetos, es decir, que la palabra representaría los planes y programas que una parte intenta generalizar a la totalidad. Hoy tienen bastante repercusión las teorías del diálogo, por ejemplo a través de Jürgen Habermas. ¿Cómo puede el materialismo filosófico integrar la idea de comunicación intersubjetiva como un componente fundamental de la teoría política sin deslizarse hacia el idealismo?
G. Bueno.- Skinner ha trabajado mucho en esto. La palabra es simplemente un aspecto de la conducta y por eso es tan distinta la palabra oral de la escrita. El carisma es la palabra y el gesto, y como los programas políticos los lee muy poca gente, hacen falta los líderes que los exponen, la figura del orador. ¿Y que es lo que el público que va a votar aplaude del orador? Para eso la experiencia en televisión es muy importante; yo una temporada pensé que el efecto de la televisión era puramente etológico, que las razones por las que se ponían a favor tuyo o te criticaban eran etológicas: el timbre de voz, el modo de mover las manos, la pinta (por ejemplo, que parezcas un jesuita). No descarto que esto sea así, pero me di cuenta en varias intervenciones, hace cuatro o cinco años, delante de un gran público, de por qué te aplaudían o te abucheaban: no es suficiente el tono de voz, los gestos o la elocuencia, sino que hay un componente lógico, argumentativo, que está ligado con la ideología. Recuerdo en San Sebastián un diálogo de religiones, donde estaban un chamán inca, un musulmán, también Puente Ojea, y en la primera parte del programa me aplaudían sin parar, y es porque me metía con la iglesia. Pero luego, a mitad del programa, empezaron a abuchearme, y es porque ya me metía con Dios. Me aplaudían anticlericales, pero cuidado, no se meta usted con Dios. En otra cosa en Madrid, con una televidente argentina, me di cuenta de que la gente aplaudía cuando había entendido una argumentación que dejaba al otro callado, era una cosa enteramente retórica, sofística, era como el Odeón, que la gente aplaudía según como se hablara (San Juan Crisóstomo va al Odeón, les echa un discurso diciéndoles que no busca el aplauso sino la palabra divina y tal y tal.. y después del discurso le aplauden). Es decir, que hay siempre un componente lógico: que la gente entienda el chiste, el silogismo o el razonamiento que has hecho, se de cuenta de que en aquel momento relativo tiene más potencia este argumento que el otro (lo cual no quiere decir que sea verdadero, sino que es un arte especial de la sofística o la retórica). Dentro de un debate, el que se lleva el gato al agua no es que tenga razón ni exponga teorías más profundas, ni mucho menos, sino más adaptadas para aquel grupo. Es decir, es una cuestión etológica pero a otro nivel más alto. Así que confiar en la palabra en el sentido del diálogo y demás es peligrosísimo. Que la palabra puede ser muy tramposa lo vemos con los políticos de ahora, que hablan bien y tienen carisma (claro que el carisma es una capacidad que también tienen los chimpancés: capacidad y poder no sólo físico, sino también psicológico). Otra cosa es que luego, como la palabra viene ya precedida de una discusión política muy amplia de intereses, etcétera, ya esté definido el público que te va a aplaudir o abuchear. La elección ya está dada previamente entre tres o cuatro opciones. Es decir, la palabra es un componente más de algo mucho más complejo.
Cuaderno.- Pero también Habermas y el pragmatismo americano entienden la palabra inserta en contextos, incluso en contextos ideales de diálogo.
G. Bueno.- Sí, pero el contexto de la palabra no tiene ningún misterio porque no son otras palabras, ese contexto es la estructura general de la conducta. Ahí creo que Skinner es una mejor guía para ver como funciona la palabra.
Cuaderno.- Parece que hoy la idea de representación es uno de los pilares de lo político, ¿es otra forma de transcendencia política?
G. Bueno.- Hoy, con el avance de los procedimientos electrónicos de votaciones continuas, puede irse registrando en cada momento en una banco de datos lo que va pensando cada ciudadano. Es lo que se está haciendo ahora con Clinton: se ve la serie de adhesiones que tiene, el 50 o el 60 por ciento. Allí es democracia directa, está todo el mundo eligiendo en cada momento por encuestas. Pero claro, a efectos de la eutaxia yo no le veo a esta democracia directa mayores ventajas sobre lo otro. Es como en la Bolsa, que da la impresión de un movimiento puramente aleatorio. Se dice que sigue unas leyes que son libres pero que luego no lo son. Cada uno elige acciones de tal cosa o de tal otra pero no personalmente. De repente caen todas las acciones de tal sitio, ¿pero qué sabe la gente, estos inversionistas de 5000 pesetas, de si la empresa.. que si el petróleo? Es la ficción de que el inversionista elige libremente y de que las compañías de inversión representan sus intereses. Pero la palabra representación es también ficción, porque es aquello que se vuelve a repetir y, sin embargo, lo que has pedido en la base no puedes reproducirlo porque las condiciones son diferentes.
Cuaderno.- Respecto a este asunto, ¿no le parece paradójico que el carácter voluntarista de la idea moderna de soberanía siga siendo tan relevante (por ejemplo en la idea del elector libre y plenamente consciente del Estado de Derecho que usted mismo critica) cuando las determinaciones económicas y sociales parecen desbordarlo?
G. Bueno.- Yo creo que está ligado directamente a la economía de mercado y consumo. La democracia actual está totalmente vinculada a la sociedad de consumo. El individuo es un consumidor, esto que decíamos antes del enfermo como un consumidor. También he leído: "consumidor de paisajes" (vas a ver el mar y estás consumiendo paisajes, lo cual tiene su fundamento, porque el turismo ha hecho unas inversiones para que tú las "consumas"). Este verano oí también en una exposición en Madrid: "para consumidores de arte", vas a consumir "Sauras" (él los produce y tú los consumes). Entonces, la sociedad de consumo, ligada con la calidad de vida, etcétera, exige necesariamente para que haya mercado la "libre" elección, en el sentido relativo de diferenciada de otra. Dicho de otra manera: en una sociedad que produjera bienes uniformes no habría posibilidad de elección. Mercado hay cuando empiezas a elegir y para que haya democracia tienes que elegir entre dos o tres candidatos. Esa diferenciación es la que crea una situación de magnitudes alternativas en donde es necesario que el individuo sea quien elige. A medida que la sociedad se va descomponiendo o transformando en una sociedad de individuos, la industria planea para ellos. Antes el cabeza de familia, por ejemplo la madre, compraba alimentos para toda la semana. Las fabricaciones de electrodomésticos, casas o apartamentos de viviendas de tal tipo o de tal otro, están en función de como va socialmente la familia. Así que hacer apartamentos para uno o para dos, pero no para tres, cambia absolutamente todo, la forma de las camas, la cocina, la estructura. Entonces, el mercado de la democracia exige que el individuo elija, así que se fabrica para el individuo, y tiene que haber posibilidad de elegir. Esta elección supone una organización donde la libertad es esencial. Lo que va variando es el que elige (la familia, el ecónomo del convento, los monjes solitarios. Ahora somos como monjes solitarios). En la fabricación de un producto, por tanto, se está preveyendo la capacidad de elección, por ejemplo a través de la propaganda, pero siempre sobre la base de que la unidad de elección es el individuo.
Cuaderno.- Se habla hoy de la disolución de los Estados nación en otras formas políticas, incluso se dice que la idea de Estado no tiene sentido. ¿Qué supone la situación histórica actual para el Estado y como podrían influir los posibles cambios en una teoría política como la suya, tan inspirada en las ideas de pólis y Estado?
G. Bueno.- Sí, este es un problema fundamental. Bueno, yo creo que estas críticas al alcance del Estado, como estructura política de referencia o como primer analogado, en gran parte proceden de una propaganda de las que crea la llamada sociedad civil, los tres sectores: el sector primero, que vienen a ser las multinacionales, el capitalismo; el sector segundo, que es el Estado; y el tercero, que es la sociedad civil, incluidas las ONG,s (que resulta que están financiadas por el Estado. Justamente se les llama en sentido negativo "no gubernamentales" para disimular que son gubernamentales. En realidad son organizaciones de servicios públicos comunes) y los sindicatos. Las multinacionales introducen una novedad fundamental, propia del capitalismo, que es quitar a la Iglesia católica. Una organización transversal al Estado fue precisamente la Iglesia católica, que por mucho que se diga no fue un Estado, más fue una multinacional, incluso económicamente: fue una agencia internacional entre los reinos sucesores que adquirió un poder político extraordinario, pero sin ser ella política. La Iglesia conchabada con el Estado, uno instrumento del otro y viceversa (como en España con Felipe II y el Concilio de Trento). Entonces, la multinacional es una estructura transversal al Estado, una estructura nueva económicamente, pero que no es una novedad absoluta justamente porque la Iglesia católica, aún no siendo esto, era el paralelo. Es más, la idea misma de sociedad civil propugnada actualmente por esta división de los tres sectores es la idea que la Iglesia tenía de sociedad civil temporal frente a la sociedad espiritual (la Ciudad de Dios). De manera que yo creo que las sociedades multinacionales siguen apoyándose en los Estados, y lo que ocurre es que efectivamente esos Estados siguen funcionando, pero integrados, como pasa en la Unión Europea, en la que se busca un Superestado con la forma del Estado (con su parlamento, su cámara de representantes, su gobierno, su banco central, su poder judicial). Lo que se quiere hacer son los Estados Unidos de Europa. Otra cosa es que la forma de esos Estado federales o confederados, a medida que vayan creciendo, se pueda transformar. ¿Dónde irá la transformación? Eso es para el año 3000. Pueden resultar otras formas de organización muy distintas, pero la estructura yo creo que sigue siendo la misma.
Así que el privilegio gnoseológico del Estado, las razones por las cuales el Estado supone un primer analogado, es por una forma muy compacta que se recorta frente a otras formas parecidas. No entiendo que quepa un Estado solo, los Estados son múltiples: aparecen precisamente por los otros. Es decir, toda la capa cortical3 está generada en el Estado porque se enfrenta con otros Estados. Los Estados están definidos frente a otros Estados. Así que las grandes confederaciones, EEUU y la UE (si llega a tener éxito), amplían los límites frente a otros parecidos, como por ejemplo pudo ser la URSS. Ahora, en América del Sur hay un proyecto muy fuerte de hacer una comunidad hispanoamericano de Estados. Pero eso no suprime la forma del Estado (por analogía con lo que pasa con los organismos: por el hecho de que empiecen los pluricelulares a ser cada vez más potentes, más grandes, no quiere decir que desaparezca la forma del organismo. El organismo está igual en una ameba que en un mamífero).
Niembro, 22 de Septiembre de 1998.
Bibliografía
el pensamiento político de Gustavo Bueno
1972.- Ensayo sobre las Categorías de la Economía Política, Barcelona, La Gaya Ciencia.
1972.- «El concepto de "implantación de la conciencia filosófica". Implantación gnóstica e implantación política», en Homenaje a Aranguren, Madrid, Revista de Occidente, págs. 37-71.
1973.- «El "materialismo histórico" de Gramsci como teoría del "espíritu objetivo"» en J.M. Laso: Introducción al pensamiento de Gramsci, Madrid, Ayuso, págs 7-25.
1973.- «Sobre el significado de los Grundrisse en la interpretación del marxismo», Sistema, nº 2, págs. 15-39.
1973.- «Los Grundrisse de Marx y la Filosofía del Espíritu Objetivo de Hegel», Sistema, nº 4, págs. 35-46.
1975.- «Teoría y praxis. Veinte cuestiones cara al XII Congreso de Filósofos Jóvenes», Oviedo, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Oviedo.
1977.- «Crítica al libro ¿Qué es el Estado? de Agustín García Calvo», Sistema, nº 20, págs. 128-132.
1978.- «Sobre el poder», El Basilisco, nº 1, págs. 120-125.
1978.- «Determinismo cultural y materialismo histórico», El Basilisco, nº 4, págs. 4-29.
1978.- «La República de Platón y el Archipiélago Gulag», Alborá, nº 0, págs. 31-34.
1989.- «Filosofía y fascismo», El Basilisco (2ª época), nº 1, págs. 85-87.
1990.- «La teoría marxista a la luz de la perestroika», Meta, IV, nº 5, págs. 79-93.
1990.- «Libertad, Igualdad, Fraternidad», El Basilisco (2ª época), nº 4, págs. 69-88.
1991.- Primer ensayo sobre las categorías de las "ciencias políticas", Logroño, Cultural Rioja.
1997.- «Crítica a la constitución de una sociedad política como Estado de Derecho», El Basilisco (2ª época). nº 22, Julio/Diciembre.
1997.- «La democracia como ideología», Ábaco, nº12/13.
miércoles, 19 de octubre de 2011
Españolista/Antiespañolista
Página elaborada para el epígrafe Rótulos, del Proyecto de Filosofía en Español:
http://www.filosofia.org/ave/002/b040.htm
Españolista/Antiespañolista
Pese a la inmutable y aséptica definición que desde 1936 ofrece la rae del adjetivo españolista («dado o afecto al españolismo»), dicho vocablo ha adquirido diversos sentidos según las circunstancias en que ha sido empleado desde sus primeros usos, uno de los cuales sea acaso el que se le dio en el contexto del naciente México del primer tercio del siglo XIX. Es ahí donde hemos hallado su primer empleo, en unas cartas que aluden a las oscuras maniobras del ministro norteamericano y destacado miembro de la masonería, Joel Roberts Poinsett. Este plenipotenciario norteamericano fue una figura clave en el proceso de anexión de Tejas a los Estados Unidos de América, realizado, en principio, gracias a la presión ejercida sobre ese territorio mexicano por parte del creciente número de colonos y contrabandistas norteamericanos. Poinsett, difundió la especie según la cual, desde España, después del fracaso de Tampico, se preparaba otra ofensiva para atacar a la nación mexicana, territorio que en el propio documento los gobernantes mexicanos denominan «la América española». Las acciones de Poinsett iban encaminadas a desligar totalmente las nuevas repúblicas americanas, mediante su unión en una Federación Americana liderada por su país, de las naciones europeas. El ministro yanqui, entusiasmado por las doctrinas de Monroe, pretendía que tal Federación fuera liderada por los Estados Unidos del Norte de América, visionario propósito para el que la caída de Lucas Alamán supuso la eliminación de un firme obstáculo. Sus deseos, empero, nunca llegaron a cumplirse, debiendo regresar a los Estados Unidos el 3 de enero de 1930 tras cinco años en los cuales cabe destacar la constitución, en México y en torno a su figura, de una red de logias yorkinas.
http://www.filosofia.org/ave/002/b040.htm
Españolista/Antiespañolista
Pese a la inmutable y aséptica definición que desde 1936 ofrece la rae del adjetivo españolista («dado o afecto al españolismo»), dicho vocablo ha adquirido diversos sentidos según las circunstancias en que ha sido empleado desde sus primeros usos, uno de los cuales sea acaso el que se le dio en el contexto del naciente México del primer tercio del siglo XIX. Es ahí donde hemos hallado su primer empleo, en unas cartas que aluden a las oscuras maniobras del ministro norteamericano y destacado miembro de la masonería, Joel Roberts Poinsett. Este plenipotenciario norteamericano fue una figura clave en el proceso de anexión de Tejas a los Estados Unidos de América, realizado, en principio, gracias a la presión ejercida sobre ese territorio mexicano por parte del creciente número de colonos y contrabandistas norteamericanos. Poinsett, difundió la especie según la cual, desde España, después del fracaso de Tampico, se preparaba otra ofensiva para atacar a la nación mexicana, territorio que en el propio documento los gobernantes mexicanos denominan «la América española». Las acciones de Poinsett iban encaminadas a desligar totalmente las nuevas repúblicas americanas, mediante su unión en una Federación Americana liderada por su país, de las naciones europeas. El ministro yanqui, entusiasmado por las doctrinas de Monroe, pretendía que tal Federación fuera liderada por los Estados Unidos del Norte de América, visionario propósito para el que la caída de Lucas Alamán supuso la eliminación de un firme obstáculo. Sus deseos, empero, nunca llegaron a cumplirse, debiendo regresar a los Estados Unidos el 3 de enero de 1930 tras cinco años en los cuales cabe destacar la constitución, en México y en torno a su figura, de una red de logias yorkinas.
1830 «No es posible, dicen esplicarse con mas amargura ni con mayor desprecio de los mexicanos, que lo ha hecho aquí Mr. Poinsset (sic): no puede ocultar sus deseos de venganza, su desprecio por el gobierno, que califica de monarquista, de españolista; y sus anuncios de terribles convulsiones han dado aquí de esa república una idea muy desventajosa» (EE., Registro Oficial del Gobierno de los Estados-Unidos Mexicanos. Año 1º. Jueves 4 de marzo de 1830. Núm. 43, Imprenta del Águila. México.)
Joel Roberts Poinsett
En 1832, el término «españolista» continúa girando en torno a los procesos de independencia de las naciones hispanas. Manuel Montúfar Alfaro (1809-1857) lo emplea para dar cuenta de cómo Guatemala, aun continuando fiel a España, estaba obligada a tomar el mismo camino que el resto de territorios hispanos, el de la emancipación. Máxime siendo limítrofe con el México que acababa de redactar el Plan de Iguala (1821) al que finalmente se adhirió la antigua capitanía guatemalteca, de la mano de Gabino Gaínza y por medio de votaciones locales, hasta la caída de Iturbide en 1823.
1832 «Gainza no tomó medidas para preservar el reino de una insurrección: tenía recursos y podía contar con todos los jefes de las provincias, tanto como con el partido españolista, a cuya cabeza estaba Valle; pero cierto de que era imposible que Guatemala se conservase bajo la dependencia española siendo Méjico independiente, no oponía sino débiles diques al torrente de la opinión: se manifestaba como un agente de España, disputaba los derechos de los americanos a la independencia; pero sus relaciones más íntimas eran con los independientes, y no tomaba medidas para contrariar sus proyectos.» ([Manuel Montúfar], Memorias para la historia de la revolución de Centro-América, por un guatemalteco, Jalapa 1832, pág. 4.)
A la pluma del militar y político liberal colombiano José Hilario López Valdés (1798-1869), debemos un nuevo uso del término, incluido en el primer tomo de sus Memorias. Su empleo se produce al aludir al clérigo que se ocupó de él durante la jornada previa a la ejecución de su condena a muerte, decretada por las tropas realistas. Librado de este trance sufrido a la edad de 18, su perdón le procuró la ocasión de participar en decisivos episodios de la independencia de la Nueva Granada que llegaría a presidir, iniciando con su mandato, profundas reformas de desigual resultado.
Gabino Gaínza
1857 «Mi director espiritual, que era españolista, pero moderado, me dijo: esto es verdad; pero los que son enterrados en las iglesias gozan de muchas indulgencias que pueden servirle a usted de sufragios para su alma.» (José Hilario López, Memorias del general José Hilario López, antiguo presidente de la Nueva Granada, escritas por él mismo, París 1857, tomo I, pág. 58.)
José Hilario López
Tras estas referencias americanas, las siguientes referencias halladas, nos llevan a España, a una España que está a punto de perder los últimos restos del Imperio, para comenzar a sufrir diversos conflictos políticos internos que arrancan a finales del XIX. El término «españolista» toma nuevos sentidos ligados a movimientos secesionistas de las provincias de ultramar... y del interior del propio territorio peninsular. Antes de la emancipación de las islas de las Antillas y de Filipinas, en relación con estas últimas, encontramos una utilización referida a lo sucedido en la colonia denominada Barcelona. En una noticia de La Época se da cuenta de unos documentos incautados durante un registro, de los que se dice:
1889 «Puedo añadir que todos los folletos han sido enviados y proceden de Filipinas. Tres de ellos tienen autorización eclesiástica y van contra la masonería; otros tres son contestaciones, y hay uno, escrito en verso tágalo, que es en extremo españolista, de igual modo que los demás folletos» («Ecos del Día». La Época, Madrid, domingo 15 de diciembre de 1889, pág. 1.)
A partir de 1894, «españolista» se ciñe sobre todo a la política española peninsular, y sirve para designar a aquellos que se oponen a los pujantes movimientos secesionistas que comienzan a operar en las provincias vascongadas y en Cataluña. En las primeras, cobra gran vigor el llamado bizkairratismo, ideología reaccionaria y de fuertes contenidos racialistas a cuya cabeza se situará, tras su adoctrinamiento en tierras catalanas, Sabino Arana, fundador del PNV y creador de toda una cosmogonía vasca que, impregnada de un fuerte contenido católico, prestó gran atención al vascuence –al que se le dotó de una ortografía contradistinta a la española–, abarca aspectos de todo tipo, entre los que se incluye la bandera del partido que ahora preside las instituciones políticas vascas. A las acciones de los bizkaitarras se opusieron diversos grupos, fundados en torno a principios opuestos a los sectarios de Arana, quien los clasifica de este modo:
1894 «Pero esperad cuatro días y veréis a los socialistas celebrar, si tienen humor, la ridícula fiesta obrera del 1.° de mayo, y al día siguiente los españolistas liberales atronarán vuestros oídos con músicas y cohetes y repiques y cañonazos, para recordaros el 2 de mayo de 1874, en que se levantó el sitio carlista de Bilbao, y los españolistas católicos en memoria de 1808, en que Madrid quedó libre de los franceses. Del socialismo ¿qué vamos a hablar? Predicado por tres o cuatro maketos, hijos de un pais que no ha conocido jamás ni libertad, ni igualdad, ni fraternidad, ni equilibrio económico, y siendo en si considerado un sistema radicalmente opuesto a nuestras antiguas y sabias leyes, no ha encontrado eco en Bizkaya, y no es cosa de darle una importancia de que carece.» (Sabino Arana Goiri, «Glorias y fiestas bastardas», Bizkaitarra, núm. 9, extraordinario, viernes 27 abril 1894.)
Sabino Arana
1895 «El 2 de Febrero se estrenó la zarzuela del Sr. Azkue intitulada Vizcay’tik Bizkai’ra, obra netamente bizkaina. Su resonancia fue grande. El espíritu bizkaino se agitó en el seno de los partidos españolistas.» «La parte sana del carlismo en Bizkaya, el pueblo que está afiliado a ese partido españolista, va poco a poco comprendiendo su error y conociendo a su Patria.» («Ir por lana y salir trasquilado», Bizkaitarra, nº 23, Bilbao 24 de marzo de 1895.)
«Art. 60. La aptitud para pertenecer a la Sociedad, se determina por las condiciones siguientes: 1º. Profesar la doctrina política explanada en el capítulo II, con exclusión de toda otra que sea anticatólica, españolista ó personal. Son políticas anticatólicas todas las liberales: la anarquista, la socialista, la republicana en todas sus formas y la monárquica en sus distintos grados; el liberalismo radical, el moderado y el catolicismo liberal. Las políticas españolistas actuales son todas las liberales y, además las siguientes: la carlista o tradicionalista monárquica, la integrista o tradicionalista católica, la euskolerriaca o regionalista moderna exclusivista, la regionalista moderna ecléctica, la unionista católica unitarista y la unionista-católica regionalista.» («Los del bizkaitarra. El euskaldun batzokija», La Época, Madrid, martes 24 septiembre 1895, pág. 1.)
El mismo año en el que su autor se suicida en las gélidas aguas del finlandés río Dvina, aparece el término en la novela de Ángel Ganivet, Los trabajos del infatigable creador Pío Cid (Sucesores de Rivadeneyra, Madrid 1898):
«Pío Cid gravemente. —Jaime ha empezado muy pronto a estudiar idiomas, y el que menos conoce es el suyo propio; lo habla como un extranjero.
—Dicen que esta es la mejor edad para estudiarlos...
—Sí, es la mejor, a condición de que al estudiar los idiomas extranjeros no se olvide el propio, y de que con las palabras extranjeras no entre también el espíritu extranjero.
—Usted es españolista rígido por lo que se ve.
—Soy español nada más, y no me asusto de que abramos las puertas de par en par a todas las ideas, vengan de donde vengan. Lo que no me parece bien es que perdamos nuestra personalidad y seamos imitadores serviles...»
Movimientos paralelos a los del País Vasco se desplegaban en Cataluña al finalizar el siglo XIX. Al españolismo oponen un catalanismo que, en principio, no sería secesionista. Sin embargo, las tesis racistas están presentes en el discurso del catalanismo, que encuentra en el río Ebro una barrera natural entre arios y semíticos. En el origen de la efervescencia catalanista, se sitúan los postulados y objetivos recogidos en las Bases para la Constitución Regional Catalana, conocidas como Bases de Manresa, documento que se puede considerar fundacional del nacionalismo catalán cuya aprobación se produce los días 27 y 28 de marzo de 1892. Inspiradas por Prat de la Riba apostaban por una España monárquica y federalista. Se proponía un poder judicial propio y la proclamación del catalán como única lengua oficial de Cataluña, de obligado conocimiento para quienes optaran a ejercer la función pública en tal región.
Arturo Campión, con firma en Pamplona el 5 de Mayo de 1899, lo emplea en La regeneración y la verdad, inserto en el libro de Emilia Pardo Bazán La España de ayer y la de hoy:
1899 «El segundo es la exacerbación del sentimiento del propio valer; la apoteosis del orgullo españolista; la popularización del convencimiento de que es el pueblo español el más valeroso y heroico de la tierra, e invencible, por tanto, en las guerras defensivas.» (La España de ayer y la de hoy, Imprenta de Agustín Avrial, Madrid, páginas 13-30.)
«El grupo españolista se dirigió a la redacción del Noticiero, apedreado el otro día por los catalanistas, vitorearon al periódico y al propietario de dicho periódico y director de esta Agencia, felicitándole por su campaña y excitándole para que siga en ella.» (El Lábaro: diario independiente, Año III, número 767, Salamanca 17 de octubre de 1899.)
1900 «El meeting empieza a las tres y media de la tarde, bajo la presidencia del Sr. Reuyé. El presidente, después de felicitar a los diputados catalanes, dice que no se declara españolista, porque vivirá y morirá catalanista, lo cual no es ser separatista ni anexionista. Pide autoridades dignas del pueblo catalán. Después cede la presidencia al Sr. Folguera, presidente de la Unión catalanista. Este señor se felicita de la solemnidad que reviste el meeting. El Sr. Mallofre, director de la Nació Catalana, ataca duramente a los diputados enemigos de Cataluña. Pide que Cataluña sea sólo para los catalanes. Mencheta, por teléfono.» («El “meeting” de Lérida», El País, Madrid, lunes 19 de febrero de 1900, pág. 1.)
También emplea el término el poeta Juan Maragall, en una recensión de El alma castellana, de Azorín:
«Aquí hay algo vivo gobernado por algo muerto, porque lo muerto pesa más que lo vivo y va arrastrándolo en su caída a la tumba. Y siendo ésta la España actual, ¿quién puede ser españolista de esta España, los vivos o los muertos?» (31 de julio de 1900.)
Con menor beligerancia, el término «españolista» es también empleado en contextos menos políticos:
1901 «El Sr. Menéndez Pelayo fué cegado en este punto por su fervor españolista. En Heterodoxos, tomo II, resuelve que Báñez creó la premonición para oponerse a Molina.» (Fr. Luis G. Alonso Getino, «Indagaciones críticas para la historia de la Teología», Revista Ibero-Americana de Ciencias Eclesiásticas, Madrid 1901, Tomo II, pág. 563, nota.)
José Domingo Corbató, El españolismo de Aparisi Guijarro (Discurso pronunciado en París el 24 de Marzo de 1900 en el Salón de la Sociedad Agriculteurs de France por José Domingo Corbató), Tip. Moderna, Valencia [1901], 60 págs.
1902 «El Universo hace notar la reacción católica y españolista que se observa en Cuba.» (S., «Revista de periódicos», Revista Ibero-Americana de Ciencias Eclesiásticas, Madrid, abril de 1902, tomo suplementario del III, pág. 30.)
En junio de 1902 Sabino Arana, desde prisión, propone, en un artículo titulado publicado sin firma en el semanario nacionalista La Patria, –que tras su cierre en 1903 se transformará en Patria–, un giro en la política nacionalista vasca, cuyo objetivo será la búsqueda del mayor nivel de autonomía posible dentro del llamado «Estado español». Se trata del controvertido «giro españolista» de Sabino Arana. En una carta escrita el lunes 23 de junio y dirigida a su hermano Luis, le lanza la siguiente exhortación: «…hay que hacerse españolistas.» Poco después, en una entrevista, responderá a la pregunta: «¿Es exacto que el actual partido nacionalista acataría la legalidad, tomando la forma de un partido vasco, y en qué momento y en qué acto realizaría ese pensamiento?», en los siguientes términos:
«Hasta ahora, también el partido nacionalista ha acatado prácticamente en todos sus actos la legalidad española. Trocándose de nacionalista en españolista, la acataría y reconocería aun en su fin.» «Nada conseguiríamos: ni apareceríamos ante el pueblo lo bastante nacionalistas para poder hacer propaganda de nuestras ideas, ni ante la autoridad española lo bastante españolistas para evitar sus golpes. El pueblo no nos creería ni comprendería, porque nos oiría privadamente una cosa, y en público la contraria; el gobierno sabría, por su parte, que éramos los mismos de antes con diferente nombre.» («Nuestro voto», La Patria, nº 36, lunes 29 de junio de 1902.)
Sin embargo, en una carta de fecha 25 de junio que Arana escribe a La Patria, matiza su evolución españolista como mero subterfugio de supervivencia para el PNV:
«Pero ni españolista ó partidario de la unidad del estado español, comprendiéndose en él al pueblo vasco, me he declarado ante nadie, ni pienso por ahora hacerlo más después: antes al contrario, como habrá visto quien lea bien, en mis declaraciones publicadas por la prensa, tengo el propósito, si llega a realizarse la reforma doctrinal del partido nacionalista, de no ingresar en el nuevo.» («Comunicado», La Patria, nº 36, lunes 29 de junio de 1902.)
«Por tanto, según el pensamiento de referencia, el partido vasco nacionalista dejaría de serlo, para transformarse en vasco españolista. De aquí cómo habría renunciado a su fin, para aspirar a otro sustancialmente diverso. Sólo el sujeto, el conjunto de personas que constituyen el partido, permanecería; el objeto, la idea política, habría sido reemplazada por otra de naturaleza opuesta: porque vasco nacionalista y vasco españolista no se puede ser a un tiempo».(«Aclaraciones», La Patria, lunes 6 de julio de 1902. Carta escrita el día 4 de julio de 1902.)
A principios de agosto de 1902 el artículo «El Nuevo Partido» busca adhesiones para un partido vasco españolista. Aunque no está firmado, se supone que fue escrito por Eduardo de Arriaga. La intención de fundar la Liga de Vascos Españolistas parece ya madura en el otoño::
«…acudan todos a alistarse en las filas de este partido, nuevo por su existencia, pero mucho más antiguo por su origen histórico-político que cuantos partidos españolistas han seguido hasta ahora los vascos; acudan todos a prestar con decisión y fe su concurso a esta magna empresa de levantar de su postración a la nación vasca, dentro del estado español, ya que sea forzoso desistir de resucitar de su muerte a los estados vascos.» («El nuevo Partido. Adhesión. Programa. Organización. Plan de ordenación. La asamblea», La Patria, nº 53, lunes 26 de octubre de 1902.)
De estos trascendentales asuntos, se hará eco la prensa nacional:
«El nuevo partido vasco-españolista, próximo a nacer del vasco-nacionalista, reconocerá la unidad política del Estado español y la Constitución española. Podrán pertenecer al nuevo partido monárquicos y republicanos, y «afirmará los derechos españolistas, renunciando a la personalidad política del pueblo vasco.» («Informaciones», La Época, Madrid, martes 16 de diciembre de 1902, pág. 2.)
«El nuevo partido vasco-españolista, próximo a nacer del vasco-nacionalista, reconocerá la unidad política del Estado español y la Constitución española. Podrán pertenecer al nuevo partido monárquicos y republicanos, y «afirmará los derechos españolistas, renunciando a la personalidad política del pueblo vasco.» («Partido Vasco Españolista», por teléfono, El Liberal, Madrid, martes 16 de diciembre de 1902, pág. 2.)
«Sábese que en Bilbao están muy adelantados los trabajos para la constitución del partido vasco españolista. De él podrán formar parte monárquicos y republicanos. Se admite la unidad política de la Patria y la Constitución vigente. La gente política de esta Corte comenta favorablemente la constitución de dicho partido.» («Nuevo partido», La Dinastía, Barcelona, miércoles 17 de diciembre de 1902, pág. 2.)
Sobre este giro, tratará en extenso Felipe de Zabala, en artículos como «De actualidad, El Nuevo Partido Vasco-Españolista», (El Nervión, 8 de diciembre de 1902) y otras importantes personalidades del nacionalismo vasco como José de Arrindiaga, Joala, quien se preguntaba si Arana se había vuelto loco en carta dirigida en 1903 a Engracio de Aranzadi, publicada después en el periódico Euzkadi el 23 de julio de 1922. El proyecto, sin embargo, perdería vigor, y hoy se explica, desde las posiciones peneuvistas como una simple maniobra realizada por causa del debilitado estado en que se encontraba el partido de Euskadi y las Leyes Viejas.
A veces el españolismo se identificará con la causa monárquica, acaso por la alianza política que se estableció entre catalanismo y republicanismo, con el objetivo de eliminar dicha institución, como paso previo a alcanzar ulteriores objetivos políticos.
1904 «El Sr. Roig y Bergadá ha dicho: «El recibimiento dispensado al Rey ha sido grande, entusiasta, y representa la reincorporación moral de Cataluña al sentir de la Patria entera. La recepción ha sido, sobre todo y ante todo, una fiesta españolista. Barcelona ha aprovechado la ocasión para protestar contra el influjo que han ejercido catalanistas y republicanos, que no se ha traducido en buenas medidas administrativas en el Municipio.» («Opiniones sobre el viaje». La Época, Madrid, viernes 8 de abril de 1904, pág. 2.)
José de Arriandiaga y Larrinaga, Respuesta a un Españolista, Talleres Tip. de la Casa editorial J. de Elizalde, 1904, 146 págs.
«El autor de los folletos es el médico de Mundaca D. José Orandiaga, que firma con el pseudónimo de Ioals. El título del folleto es A un españolista. El Juzgado trasladóse a Mundacas y procedió a la detención de Orandiaga, que ingresó anoche en la cárcel de Larrinaga.» («Los “bizkaitarras”. Folleto antipatriótico» La Época, Madrid, viernes 18 de noviembre de 1904, pág. 2.)
«Precisamente lo contrario es lo cierto! porque si no se comprende que sea un buen españolista quien no ame a su religión, a su provincia, a su pueblo, hasta a su calle, no se comprende tampoco que el buen regionalista, que el verdadero descentralizador, el autonomista entusiasta, sea enemigo de España y busque su ruina y su aniquilamiento.» (Benigno, «Liberalismo y separatismo», El Siglo Futuro. Diario católico, Madrid, sábado 8 de diciembre de 1904, pág. 1.)
En 1905 ya conviven los términos «españolista» y «antiespañolista». Su uso se debe al médico y senador vitalicio Ángel Pulido. El filosefardí da cuenta de los enfrentamientos internos que vive esta comunidad en torno a sus relaciones con España (que el doctor había de fortalecer en 1910, bajo el patronato de Alfonso XIII, con la Unión-Hispano-Hebrea):
1905 «Estando ya declarada la guerra y hechos los primeros disparos, los dos partidos se habían formado, los dos tan convencidos como porfiados: Los españolistas y los antiespañolistas.» (Ángel Pulido Fernández, Españoles sin Patria y la raza sefardí, Establecimiento Tipográfico de E. Teodoro, Amparo, 102, y Ronda de Valencia, 8. Madrid))
«...bien que para cervanto jilear un rato y epatar a cualquier cotarro cafetil antiespañolista basta y sobra con traer a cuento a Amádis de Gaula y Pérsiles y Segismundo (histórico), gritará que huelga todo lo que no sea cervantismo puro, sin mezcla del algodón que los pobretes que no vamos para genios buscamos y solemos hallar entre el polvo de los archivos.» (Edición crítica por Francisco Rodríguez Marín de Rinconete y Cortadillo, novela de Miguel de Cervantes Saavedra. Obra honrada con el premio, en certamen público extraordinario, por votación unánime de la Real Academia Española é impresa á sus expensas. Tipografía de Francisco de P. Díaz, Sevilla, 1905).
Eugenio Sellés Dasí & Antonio García Pérez, Hojas sueltas de un Catecismo Españolista, Viuda e hijos de J. Peláez, 1905, 47 págs.
1906 «Sin más, aprovecha esta ocasión para ofrecerse de usted atento y seguro servidor, este españolista que le admira.» (Carlos de Xérica y Egaña, en «Cartas», al Sr. D. Ramon Nocedal, con membrete: Zarauz 7 de enero de 1906, El Siglo Futuro. Diario católico, Madrid, jueves 11 de enero de 1906, pág. 1.)
«Preciso es deslindar campos y purificar las ideas: si el regionalismo ha de ser en lo sucesivo una fuerza positiva, ha de convertirse en aspiración nacional, ha de purificarse de errores históricos, ha de ser españolista, librándose del carácter exclusivo, local, que lo reduce a fuerza meramente negativa.» («El regionalismo republicano», El País. Madrid, viernes 9 de febrero de 1906, pág. 1.)
1907 «Manifestó que las Cortes se componían de una sola cámara; que los diputados tenían carácter nacional, respondiendo a la tendencia españolista de que se ha hablado en anteriores lecciones; que debían prestar juramento, y se rodeaban de garantías contra el Rey, ya haciendo que éste tuviese que contar con las Cortes, ya impidiendo que pudiera ejercer presión sobre aquéllos; que las Cortes...» (J. B. «Ateneo. Historia contemporánea». La Época, Madrid, lunes 8 de abril de 1907, pág. 5.)
«La Rambla está llena de grupos en los que se comenta vivamente el resultado de las elecciones. Entre los antisolidarios hay mucha agitación. He oído de muchos monárquicos lamentarse de la situación a que se han visto hoy. Si se adherían a la tendencia francamente españolista, tenían que votar a los antisolidarios republicanos; si se inclinaran a la solidaridad, favorecían al famoso conglomerado, contrario también a la actual monarquía…» («En Barcelona». El Imparcial, Madrid, lunes 22 de abril de 1907, pág. 2.)
«Hoy ha sido obsequiado con un banquete el nuevo presidente de la Diputación de Vizcaya, D. Luis Salazar, por distinguidas personalidades, que querían demostrarle su estimación por la simpática nota españolista que dio en su discurso al tomar posesión del cargo. Entre los comensales había bastantes jefes del ejército» (Tuero. «El nuevo presidente». El Imparcial, Madrid, sábado 27 de abril de 1907, pág. 1.)
«Los separatistas de la solidaridad protestaron ayer, al inaugurarse la Exposición de Bellas Artes, porque en la Memoria leída había frases de sabor españolista. Se dice que la Memoria será, por tal motivo, desaprobada por la comisión organizadora de la Exposición.» («Lo de la exposición de Bellas Artes». El Imparcial, Madrid, lunes 29 de abril de 1907, pág. 1.)
«Los separatistas de la Solidaridad, protestaron ayer al inaugurarse la Exposición de Bellas Artes de Barcelona, porque en la Memoria leída había frases de sabor españolista. Se dice que la Memoria será, por tal motivo, desaprobada por la comisión organizadora de la Exposición. Parécenos que este caso está pidiendo a voces la aplicación de la ley de Jurisdicciones, tan odiada por muchos, y que, si de algo peca, es de excesivamente blanda con los repugnantes enemigos de la Patria.» («La Solidaridad». La Correspondencia Militar, Madrid, lunes 29 de abril de 1907, pág. 1.)
«Asegúrase que se practican con buen resultado gestiones para que se dé la nota españolista en los Juegos florales que se celebrarán el próximo domingo.» («Desde Barcelona». El Heraldo de Madrid, Madrid, miércoles 8 de mayo de 1907, pág. 1.)
«Con motivo de la coronación de la Virgen de la Misericordia, el Ayuntamiento de Canet de Mar, antisolidario, españolista, organizó para el 10 del actual una función religiosa, cuya presidencia había ofrecido al Rey, y en la que habían de tomar parte numerosos elementos separatistas que proyectaban dar al acto una significación y un alcance que en modo alguno eran los que le correspondían.» («Separatistas chasqueados». La Correspondencia Militar, Madrid, jueves 21 de noviembre de 1907, pág. 1.)
1908 «…acudamos a los Sres. Prat de la Riva y Cambó, alma de la solidaridad. El primero, hace algún tiempo, declaraba que no era, por ahora, separatista, porque lo impedían las conveniencias, pero no era españolista.» («Basta de hipocresías». El Imparcial, Madrid, martes 14 de enero de 1908, pág. 1.)
«En algún novelucho del profesor Mock, en cambio, un gallardo joven flamenco que se enamora de una señorita españolista, y esta media vuelta a la izquierda es lo mismo que la media vuelta a la derecha, sólo que es todo lo contrario.».(Marcial. «Los segadores, comedia dramática en tres actos, original de D. Luis Armiñán». El Siglo Futuro. Madrid, jueves 30 de enero de 1908, pág. 2.)
«Hechos y ¡palabras repercuten en el corazón y en el entendimiento de este fervoroso españolista, natural, bueno es recordarlo, de Cataluña.» (R. C. «Carlos Malagarriga. Prosa muerta», El País. Madrid, sábado 7 de marzo de 1908, pág. 1.)
«Son los mismos diarios del desastre colonial; del ataque sistemático anticatalán; del derrotado leurroxismo, considerado como símbolo españolista; de la apología del Gobierno liberal, manifiesto enemigo de Cataluña, y de cien equivocaciones y caídas que aumenta por días la ridiculez de sus informaciones equivocadas y de sus infundados juicios.» («El viaje del Rey a Barcelona. El fracaso de una campaña periodística». La Época, Madrid, lunes 13 de marzo de 1908, pág. 2.)
«Llega a nosotros La Voz de España del 5 de marzo, y en este número se ratifica cuanto dijo el españolista colega.» («Nuestros cónsules», El País. Madrid, sábado 18 de abril de 1908, pág. 1.)
«No cupieron en el cerebro del sabio catedrático del Instituto barcelonés D. Hermenegildo Ginés de los Ríos, al desempeñar la primera tenencia de Alcaldía, esas estrecheces de criterio, esas particularistas reformas. Su espíritu fué siempre amplio, generoso, genuinamente españolista, al par que eminentemente catalán.» (Juan Caballero, «El presupuesto de cultura». El Día. Madrid, viernes 31 de julio de 1908, pág. 2)
1909 «Nótese con qué persistencia registra un día y otro día todas las manifestaciones, aún las más tímidas, aquellas más tenues, de este resurgimiento españolista de Galicia, de Valencia, de Extremadura, de la propia Castilla, y con qué fraternal cariño, hace suyo y convierte –perdóneseme este rasgo de orgullo- en propia substancia este patriótico aliento, este clamor de vida que va doquiera creciendo y difundiéndose.» (B. Santos Vall, «Ecos de Cataluña», Cap. IV «Política de expansión», Nuestro Tiempo, Madrid, enero-marzo de 1909, pág. 70.)
«La actitud del Sr. Sol y Ortega y sus declaraciones, han satisfecho a toda la opinión verdaderamente liberal y genuinamente españolista.» («En campaña. Las declaraciones de Sol y Ortega», El País, Madrid, domingo 17 de enero de 1909, pág. 1.)
«El semanario carlista Tradición Vasca arremete hoy contra los bizkaitarras por la campaña de éstos contra el franciscano Baestel, que en sus sermones de la villa de Lequeitio da la nota españolista.» (El corresponsal, El Heraldo de Madrid, Madrid, domingo 4 de abril de 1909, pág. 4.)
«Nos es simpático el Sr. Cano. No es neo, antes ha fustigado virulentamente y ha «asaeteado» a los «Justos» de esa calaña. Es liberal. Es hombre de nobles sentimientos: ama la patria, es fervoroso españolista, ama a los pobres, a los caídos, a los derrotados, a los náufragos de la sociedad...» (R. «“La Pasionaria” en la academia», El País, Madrid, lunes 12 abril 1909, pág. 1.)
«Faltaba darle otra orientación, y al fin surgió, de quien debía surgir, de elementos neutros, para no despertar recelos que desplegaron la bandera sin más colores que los de Valencia españolista. Cobijándonos a todos y fundiéndonos en un ideal común de paz y progreso.» (J. Fillol Sanz, «”Carnet” de exposición. Que conste», El Heraldo de Madrid, Madrid, lunes 31 mayo 1909, pág. 1.)
En 1910 encontramos un sentido más amplio del término «españolista». Este vendrá dado por referirse a la cultura hispana. El contexto será el ciclo que el Ateneo de París dedicará a lo hispano. Por esta institución francesa desfilaron los más brillantes literatos españoles e hispanoamericanos del momento, así como representantes de otras disciplinas artísticas:
1910 «Acción españolista» (La Correspondencia Militar, Madrid, jueves 24 de febrero de 2010, pág. 3.)
La defensa del españolismo se escoró a menudo hacia la esfera cultural, mediante la exaltación de personajes históricos. Tal es el caso de un certamen literario celebrado en septiembre de ese mismo año en Tarragona. El concurso homenajeaba a Jaime El Conquistador, proclamándose vencedor el poeta mallorquín D. Lorenzo Ribé Campuis, cuya obra era españolista, en contraposición con las iniciativas catalanistas que se situaban en el origen de tal certamen. En un sentido parecido encontramos a Miguel S. Oliver, quien exalta el españolismo de Antonio Capmany:
«Al mismo tiempo fué españolista furioso y mereció el sobrenombre de «dictador del idioma castellano» por la intransigencia con la que lo defendió contra los neologistas, os afrancesados y los traductores jornaleros» (Miguel S. Oliver, «De Barcelona- Crónicas fugaces», La Ilustración Artística, Barcelona, lunes 10 de octubre de 1910, pág. 650.)
El españolismo de principios de siglo, no fue, ni mucho menos unívoco, como prueba el artículo del filólogo zaragozano Julio Cejador sobre los juicios que, en torno al españolismo de Joaquín Costa, había difundido Ramiro de Maeztu, sustanciada en una supuesta deriva europeísta del regeneracionista oscense; o el uso de Mariano de Cavia en referencia a políticos franceses:
1911 «…había estudiado y tan á fondo conocía: fué un españolista que abogó por la españolización de España.» «…Costa fué, pues, españolista, y quiso la españolización, tomando de Europa lo necesario como materia médica, pero estudiando la España tradicional para sabérselo aplicar.» (Julio Cejador, «Costa rectificado», Heraldo de Madrid, Madrid, viernes 10 marzo 1911, pág. 1.)
«Como se ve, Mr. Rouvier era un españolista. Aunque solamente lo fuera de zarzuela…» (Mariano de Cavia, El Imparcial, Madrid, viernes 9 de junio de 1911, pág. 3.)
En paralelo, la identificación entre españolismo y la evangelización llevada a cabo por los españoles en el Nuevo Mundo, sigue vigente en las publicaciones católicas. Comenzada la segunda década del siglo XX, se percibe, al menos desde algunos medios, cierta decadencia del catalanismo:
1912 «Pero no han pasado en vano unos cuantos años, en los que se ha operado en el pueblo catalán una intensa reacción españolista. Hoy nos acordamos de las viejas jornadas separatistas...» (Arturo Mori, «Los que fueron», El País, Madrid, lunes 16 de septiembre de 1912, pág. 2.)
Si bien se sugiere la identificación entre la derecha política y el españolismo. Así lo podemos advertir en el artículo firmado por José Deleito y Piñuela –quien empleó con relativa frecuencia tal concepto– al abordar la crítica de la obra en torno a la Leyenda Negra, realizada por Julián Juderías:
1914 «La posición españolista de Juderías en este asunto le lleva a coincidir muchas veces con las derechas, no obstante las salvedades y reparos que cuida de hacer constantemente para mantener su independencia. Ello nace por derivación natural de la esencia del asunto.» (José Deleito y Piñuela, «La Leyenda Negra y la verdad histórica», La Lectura, Núm. 165, Madrid, septiembre de 1914.)
A los sentidos apuntados, hemos de sumar el que, envuelto en aromas krausistas, añade el maestro salmantino, Juan Caballero Rodríguez, quien, partiendo de una Unión Ibérica, propondrá un aumento de escala, siempre guiado por métodos pacifistas, que alcance al total de la Humanidad. Los ideales propios de la Institución Libre de Enseñanza, con la que colaboró activamente, envuelven sus escritos. Veamos uno de sus textos, publicado en la revista fundada por Francisco Ferrer Guardia:
1915 «Yo por tales razones soy españolista, mirando con simpatía: una Unión Ibérica, primero; Latina, después, y Universal más tarde.» (Juan Caballero Rodríguez, «D. Francisco Giner de los Ríos», La Escuela Moderna, Núm. 287, julio de 1915, pág. 483.)
En un sentido muy diferente al pretendido por Poinsett, hallamos una noticia que da cuenta de los intentos de fortalecer los vínculos entre Iberoamérica y España:
1918 «Manuel González Prada (n. 1844), peruano, carácter de acero, librepensador, revolucionario, antiespañolista furibundo, en todo extremado, piedra de escándalo en el Perú por sus doctrinas y manera de propagarlas...» (Julio Cejador y Frauca, Historia de la lengua y literatura castellana, comprendidos los autores hispano-americanos, Volumen VIII, Madrid 1918.)
1919 «Aumenta extraordinariamente el número de adictos a la idea de crear en todo el Brasil una Liga patriótica española, centralizada en Río de Janeiro. Uno de sus propósitos es el de intensificar las relaciones entre España y Brasil, y hacen una labor españolista que contrarresta lo que se viene haciendo por determinados elementos.» («La Liga patriótica española», La Ilustración española y americana, núm. 31, Madrid 22 de agosto de 1919, pág. 495.)
«Campaña antiespañolista. La censura postal. Lisboa 10. La «Gaceta de Ferrocarriles» apoya la oposición que se hace en España a la proyectada línea de Dax a Algeciras…» (El País, Madrid, sábado 12 de abril de 1919, pág. 2.)
«Hablaron después los Sres. Sanz de Buigas, Morera y Bofill que expresaron su confianza en el triunfo de los regionalistas. El Sr. Morera dijo que si es españolismo lo que representa la Unión Monárquica, él se siente antiespañolista.» (Barangó-Solís, «Mitin de propaganda catalanista», El Imparcial, Madrid, viernes 30 de mayo de 1919, pág. 2.)
1920 «El Municipio ha aprobado una moción del concejal don Manuel Martínez, protestando contra la manifestación antiespañolista demostrada en los juegos Florales de Barcelona.» («Información de provincias. En Almería» El Siglo Futuro, Madrid, miércoles 12 de mayo de 1920, pág. 2.)
1922 «Póngase en el regionalismo todo el virus antiespañolista que se quiera; supóngase que ha habido –alguna vez las ha habido, en efecto– campañas violentas contra el sentimiento de la unidad nacional...» («No lo entendemos», La Época, Madrid, sábado 18 marzo 1922, pág. 1.)
«…que no están inspiradas, como erróneamente se propala, en un ideal antiespañolista, sino en el ideal anticapitalista imperante, que cristaliza actualmente en todo el mundo…» («Los españoles en Méjico», El Siglo Futuro, Madrid, miércoles 5 de junio de 1922, pág. 2).
«Claro que la campaña antiespañolista que algunos periódicos franceses llevan a cabo no es para ignorarla. Más de una vez hemos opuesto nosotros la repulsa que correspondía a especies de tendenciosa intención.» («Ecos del día», La Época, Madrid, jueves 17 de agosto de 1922, pág. 1.)
1923 «Pero las afinidades profundas de Costa con el decadentismo, la anarquía y la crítica antiespañolista son nulas. Costa, más que un innovador, era un moralizador de la política. El pensamiento era en él poco importante.» (M. A., «Hechos y comentarios», España, Madrid 20 de octubre de 1923, Año IX, Núm. 392, pág. 2.)
«Al tramarse la burda maniobra que, tomando como triste punto de partida una falsa persecución de Gaona, tenia por objeto hacer labor antiespañolísta en Méjico, Refulgente Alvarez, espontáneamente, escribió a los periódicos de su país, advirtiéndoles de lo que se trataba y elogiando calurosamente la hospitalidad española para con todos los artistas extranjeros.» («Refulgente Alvarez», The Times, Madrid, domingo 28 de octubre de 1923, pág. 3.)
1924 «La Sociedad de Estudios Vascos formulará una protesta contra la afirmación hecha por el corresponsal de ABC en Bilbao, el cual dijo que la Diputación de Vizcaya ha negado una subvención a dicha Sociedad por antiespañolista. Se entablará la correspondiente querella por injurias.» («Querella por injurias»,La Voz, Madrid 1 de abril de 1924, pág. 2.)
«El Rey contestó al discurso del alcalde afirmando que abrigaba la convicción de que Cataluña no sentía desvío alguno hacia otras regiones, y que si alguna manifestación antiespañolista se había registrado, era debida a que los pueblos habían sido engañados.» («Un discurso del Rey», El Sol, Madrid, martes 8 de julio de 1924, pág. 3.)
«La Liga de Acción Monárquica de Bilbao protesta contra la campaña antiespañolista.» (La Época, Madrid, lunes 15 de diciembre de 1924, pág. 4.)
A partir de 1924, el término «antiespañolista» prácticamente desaparece temporalmente de los periódicos. Existe un salto en prensa, un vacío que coincide casi plenamente con la Dictadura del general Miguel Primo de Rivera, muy severa con los movimientos anarquistas y separatistas que la precedieron y aun propiciaron. Tras la dimisión de Primo de Rivera el vocablo reaparece con fuerza, adquiriendo un renovado vigor durante la II República. El resurgir de los nacionalismos fraccionarios y la reacción de sus antagonistas, propicia un nuevo y vigoroso empleo de la dupla españolista/antiespañolista al final de la década.
1925 «¿Cómo ha podido decirse jamás que el señor Lugones era poco españolista? Incomprensión de sus acusadores. ¡Si es más español que la inmensa mayoría de los españoles! Español por la concordancia filosófica de la idea con la realidad. Merece la ciudadanía honoraria de la España presente.» (Luis Araquistain, «Lo explicable y lo inexplicable del Sr. Lugones», El Sol, Madrid, jueves 18 de abril de 1925, pág. 1).
«La juventud ansía el españolismo. Por la sociología y la experiencia, somos algo franceses; pero... clásicamente españolistas por una sed honda de idealismo.» («Huésped ilustre. El catedrático don Mario Sáenz», El Sol, Madrid, viernes 24 de abril de 1925, pág. 1.)
«Si algún defecto tenía su españolismo era su exceso: en ese trabajo –de 1917– censura el afán europeísta de algunos españoles. Creo que más tarde rectificó esta opinión; pero de todos modos esa superabundancia españolista le llevó a la ingente tarea de querer organizar un nuevo hispanoamericanismo.» (Luis Araquistain, «Edwin Elmore», El Sol, Madrid, jueves 19 de noviembre de 1925, pág. 1.)
1926 Esbozo españolista del doctor Juan José Remos Rubio. (Aurelio Baig Baños. S.n., 1926. 15 págs..)
1930 «No más tarde de ayer reiterábamos nuestra opinión al censurar que en las esferas gubernamentales haya quien estime como necesaria la atracción del Sr. Cambó, no obstante su significación antiespañolista, desoyendo, en cambio, nuestros leales consejos para que se fomente y estimule la institución de un vigoroso frente monárquico,..» («Aproximación necesaria y compatible», El Imparcial, Madrid, domingo 9 de marzo de 1930, pág. 1.)
«Don Mario García Kohly, avecindado en Madrid desde el 13, y desde hace varios embajador de Cuba en España. Muy bienquisto en nuestras altas esferas, incluso en la intelectual, ha publicado un libro: «Grandes hombres de Cuba», “A B C”, en su sección bibliográfica, dedicó un comentario adverso, porque el crítico encargado de juzgarla encontró la obra inspirada en un sentimiento antiespañolista e impertinente, sobre todo en un diplomático, por la exaltación que hace en ella de las seis figuras más destacadas de la independencia de Cuba.» (Juan G. Olmedilla, «El embajador de Cuba en España se ratifica en su hispanofilia de siempre», El Heraldo de Madrid, 31 de julio de 1930, pág. 1.)
En la década de los 30 resurgirá el término españolista –no ocurre lo mismo con el temporalmente desaparecido vocablo antiespañolista–. Lo encontramos empleado en una sesión del Congreso de los Diputados celebrada el día 22 de octubre de 1931, en el contexto de los debates que en torno a la cuestión de las lenguas vernáculas se desarrollaban en la recién nacida II República Española. El diario de sesiones del Congreso así lo refleja:
«El Sr. Presidente del Gobierno (Azaña): «Y yo digo; Sr. Maura, que el error más grave, si no se tratara de S.S. diría que la pifia más grave (Rumores), que se puede cometer en esta materia, es contraponer el criterio de S.S., en nombre del españolismo, al criterio de los Diputados catalanes o de los partidarios de las autonomías o de los demás partidos políticos que tienen un criterio opuesto a S.S., pero que no dejan de ser españoles ni españolistas por ser autonomistas y catalanes. (Muy bien.)
Este es el error fundamental. Su señoría es muy dueño de apreciar la situación como le plazca, pero ni S.S ni nadie tiene derecho a decir que es más españolista que los demás si éstos no comparten el criterio que su señoría acaba de defender.»
El Sr. Maura: Españolista me ha llamado S. S. Indudablemente, S.S. tiene una habilidad dialéctica extraordinaria; pero no se atiene a la realidad, porque yo no he hablado en nombre del españolismo, sino en nombre de la autonomía más perfecta y acabada, que es como han hablado los señores de la minoría socialista.
[…] ¿Es eso ser españolista? ¿Es eso levantar la bandera españolista? No, Sr. Azaña; eso –permítame S. S. que se lo diga– es discutir con no muy buena fe.»
1933 «...aunque jamás se haya producido entre nosotros un tipo de hombre que se parezca a Franklin, y eso que se han escrito veinte o treinta Vidas de su admirador Sarmiento, que producirán nuevos Sarmientos en todos nuestros pueblos, porque Sarmiento, con su soberbia, su ingenio, su energía, su autodidactismo y hasta su antiespañolismo, es un ejemplar neto y castizo de la raza; pero, [118] en cambio, las personas de su intimidad a quienes trata Sarmiento en sus Recuerdos de Provincia...» (Ramiro de Maeztu, «La Hispanidad en crisis», Acción Española, Madrid, 1 de enero de 1933, páginas 113-122.)
El nuevo auge de los términos que venimos estudiando, cobran un nuevo impuso durante la Guerra Civil, en relación con su uso por parte de los grupos que ideológicamente suelen identificarse con uno de los dos bandos políticos clasificados con relación a otro par: izquierdas/derechas. Hecha la salvedad de aquellas facciones ideológicas en las que pesa más la intención secesionista, tanto izquierdas como derechas se disputarán la posesión del verdadero españolismo.
1937 «Los falangistas hacen una política destinada a atraerse a las capas indigentes de la población, a base de predicar un imperialismo españolista.» (Argos. «Empezamos a ponernos de acuerdo con Hitler: al “führer”, a él tampoco le gustan los carlistas». La Voz, Madrid, miércoles 27 enero 1937, pág. 1.)
«Pero dejando de un lado el aspecto español o, mejor, españolista de la cuestión, que se encierra a mi juicio, en este claro dilema: o escribimos sin olvidar al pueblo, o sólo escribiremos tonterías...» (Antonio Machado, «Sobre la defensa y la difusión de la cultura» Discurso pronunciado en Valencia en la sesión de clausura del Congreso Internacional de Escritores. Hora de España, Valencia, agosto de 1937, pág. 16.)
Terminada la Guerra Civil, contra lo que se pudiera pensar, el vocablo «españolista» no es muy común durante el franquismo. En 1951, la conexión español-realista está en plena vigencia al menos por parte de un sector de historiadores. Este es el caso de Ciriaco Pérez Bustamante, catedrático de Historia General de España en las Universidades de La Laguna, Santiago, Sevilla, Valladolid y Madrid:
1951 «Un Congreso general instalado en Caracas proclamó la independencia de los Estados Unidos de Venezuela (5 de julio de 1811), promulgó una Constitución federal inspirada en la norteamericana y, ante la resistencia del partido españolista y de las tropas leales que mandaba el capitán de fragata don Domingo Monteverde, se disolvió, quedando como dictador y generalísimo de las fuerzas de mar y tierra Francisco de Miranda (1812).» (Ciriaco Pérez Bustamante, Historia del Imperio Español, Ediciones Atlas, Madrid, 1951).
1954 «A las 17,30 de la tarde pronunció una brillante conferencia el doctor en Derecho don Ignacio Arenillas, tratando el tema Sentido romántico de la exaltación españolista en Donoso Cortés.» («Extensión cultural». Boletín Dirección General de Archivos y Bibliotecas, Madrid, miércoles 1 de septiembre de 1954, pág. 38)
1956 A mediados del siglo XX, la referencia a Menéndez Pelayo parecía inevitable. De este modo, el gran historiador queda caracterizado como «españolista» en trabajos como el artículo del director honorario de la biblioteca del C.S.I.C., Benito Sánchez Alonso: «Epistolario de Ramón Menéndez Pelayo con bibliotecarios y bibliófilos», incluido en la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (Quinta época, Tomo LXII, Núms. 1,2,3. Madrid 1956). En este artículo, se citan otros, como el debido a la pluma de Leandro de la Vega, titulado «El sentido españolista de Menéndez Pelayo», publicado en el Diario de Burgos el 28 de febrero de 1956.
En ese mismo año, hallamos la reaparición del término en México, por medio de José Vasconcelos, quien en su obra Breve Historia de México, dice:
«En todo caso, ¿quién era más sombrío, Alamán españolista o Juárez, que no pudiendo ser indigenista por que no existe lo indio tuvo que convertirse en testaferro de protestantes y masones yankees.»
La celebrada transición democrática española, será el escenario ideal para que resurja el empleo ideológico de los vocablos reseñados. A principios del siglo XXI, el auge revisionista que lleva aparejada la memoria histórica, contribuirá a exhumar interesantes materiales que se ponen en conexión con el contexto político existente en la actualidad:
1980 «[…] gente toda ella que estaba detrás de José Antonio, al que habían promocionado por la sencilla razón de que, a pesar de sus defectos, José Antonio era encantador. Esta gente le hizo presiente de los kostkas, de los luises y, más tarde, de las Juventudes Vasco-Navarras, una cosa españolista y católico-amarilla.» (Eugenio Ibarzábal, «Lezo de Urreiztieta, un aberriano». Muga, Nº 4, marzo 1980, págs. 15-16.)
1981 José del Río Rodríguez, El 14 de abril y su reafirmación españolista: conferencia pronunciada el 14 de abril de 1981... en el Centro Cultural de la Villa de Madrid, Agrupación de Madrid de Acción Republicana Democrática Española, 1981. 20 págs.
1988 Bernardo Moreno Carrillo, Don Juan Valera y Francia: semblanza crítica de un españolista francófilo, Editorial de la Universidad Complutense, Madrid 1988, 797 págs.
1990 El Españolista: revista quincenal independiente editada por y para españolistas. (Universo Editorial. Madrid.)
1999 «Para Txillardegi, en cambio, todo vasco españolista era un harka, un traidor a la nación, y esa actitud marcó a los que vinieron después.» (Jon Juaristi, Sacra Némesis. Nuevas historias de nacionalistas vascos. Ed. Espasa. Madrid 1999, pág. 174.)
2002 «El primer poblamiento humano de Canarias según la concepción «españolista» de José Pérez de Barradas» (Farrujia de la Rosa, A. José y del Arco Aguilar, Mª del Carmen. Archaia, Vol.2, nº 2, Edita Sociedad Española de Historia de la Arqueología, Madrid 2002, págs. 60-70).
«Me han acusado de españolista y antiespañolista –señaló ayer a este diario–, lo cual demuestra que he sido absolutamente objetivo.» (Juan Carlos Merino, «Álvarez Junco gana el Nacional de Ensayo con Mater dolorosa», La Vanguardia, Barcelona 17 octubre 2002, pág. 46.)
La identificación del españolismo con la reivindicación del uso de lengua española, polarizará el uso de ambos términos en una época de inmersiones lingüísticas orientadas a implantar, por la vía legalista y desde los ámbitos propios de la capa conjuntiva de la sociedad política española, el plurilingüismo. En el Estado de las Autonomías, especialmente en aquellas que cuentan con lengua propia, la elaboración de señas de identidad que pongan el acento en lo que separa, encontrará en el asunto lingüístico un verdadero filón que con entusiasmo explotarán los más furibundos hispanófobos.
2009 «Para añadirle a Torres Mora el tercer tren, que, siguiendo su terminología y su particular concepto de nacionalismo, sería el tren antiespañolista, el del PSOE.» (Edurne Uriarte, «El tren antiespañolista». ABC, Madrid, sábado 28 de marzo de 2009, pág.20).
Pero si, como se puede advertir, las cuestiones lingüísticas sirven para que sobre ellas graviten los adjetivos que estamos analizando, otros contenidos culturales de gran simbolismo, servirán para reavivar la polémica y la polarización ideológica en torno a los mismos. Sirva de ejemplo el intenso debate que suscitó la prohibición de la celebración de corridas de toros que la Generalidad de Cataluña aprobó en su parlamento frente al decidido apoyo de los encierros de toros. Las señas de identidad….
2010 «Es el argumento con que el PP acusa de hipócritas y antiespañolistas a los nacionalistas al defender los encierros mientras vetan las corridas.» (Ferrán Balsells, «'Correbous' en el diván», El País, Madrid, domingo 1de agosto de 2010.)
Por último, el maniqueísmo de la escena política española actual, servirá para que en tono a cambiantes posturas y percepciones en torno a lo que cada uno entienda como actitud españolista, servirá para enconar el enfrentamiento. La derecha española será identificada como españolista frente a una autodenominada izquierda que apuesta decididamente por la España plural. Miméticas maniobras tacticistas llevadas a cabo por la derecha, propiciarán que dentro de ésta, también se reproduzcan este antagonismo.
2011 «Los más críticos fueron los líderes del sector llamado «regionalista», por lo que, de manera casi automática, se situó a Bauzá en la órbita del otro sector con un peso igualmente relevante en el partido, el llamado «españolista.» (Josep Maria Aguiló, «Bauzá, el prudente», ABC, Palma de Mallorca, lunes 6 de junio de 2011.)
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