viernes, 6 de febrero de 2026

Porrota

La Gaceta de la Iberosfera, 30 de diciembre de 2024.

https://gaceta.es/opinion/porrota-20241230-0220/ 

Porrota

Hace unos días supimos que la Comunidad Autónoma Vasca ha dejado de participar en las evaluaciones impulsadas por la OCDE. Los alumnos vascos ya no se someten a los exámenes de competencias matemáticas ni a los que miden las habilidades digitales. El apagón es total, pues las provincias vascongadas, que destinan casi 11.000 euros por alumno frente a los 8.000 que gasta Castilla y León, tampoco publican los resultados de sus propias pruebas. Pese a tan gran desequilibrio entre dos comunidades vecinas, en realidad, pertenecientes a una misma entidad histórica, Castilla, los últimos informes PISA, sostienen que Castilla y León supera con creces en comprensión lectora y matemáticas al País Vasco, que se sitúa en mitad de la tabla regional. Los datos plantean una serie de interrogantes de entre los que se abre paso uno cuya sola invocación levanta ampollas: ¿el fracaso pudiera responder al modelo de inmersión lingüística?

La pregunta resulta ofensiva para los oídos piadosamente autonómicos, pues si hay algo sagrado en el régimen del 78 son las señas de identidad, la mayor parte de ellas fabricadas o normalizadas, que dan la coartada, en el caso vasco, acompañada por el terror etarra, para chantajear al Estado, un Estado plural, nos recuerdan machaconamente sus apóstoles, como si existieran Estados no plurales.

El ensimismamiento educativo vasco sorprende no sólo por lo infantil de tratar de ocultar tamaño fracaso, sino porque va en contra de la inercia histórica del europeísta PNV, partido protegido por potencias extranjeras durante el franquismo para tener preparada una vía alternativa al comunismo. No en vano, en 1950, la puesta de largo del proyecto cultural yanqui para Europa tuvo entre sus invitados en Berlín al sacerdote Alberto de Onaindía Zuloaga, que desarrolló un importante papel en el Pacto de Santoña y fue compañero de viaje de José Antonio Aguirrelehendakari en el exilio, y a la aristócrata Carmen de Gurtubay Alzola, que estuvo al servicio de Manuel de Irujo, ministro de la República española en el exilio y dirigente del Partido Nacionalista Vasco.

Contrariamente a esta trayectoria, los mandamases vascos han decidido autogestionar sus magros resultados académicos sin hacer autocrítica y sin ser conscientes de que su apuesta inmersiva a lo máximo a lo que alcanzará es a la sustitución del español por el inglés, herramienta fundamental para desenvolverse en esa Europa en la que se encontrarían con otras naciones liberadas del yugo español. Los síntomas ya son visibles, pues, aunque no es privativo de los hijos de Aitor, en la tierra de Elcano ya se puede leer Basque Culinary Center, rótulo con el que los cocineros vascongados tratan de ofrecer al mundo los platos de su genuino country.

El drama aumenta no sólo porque los vecinos castellanos y leoneses, maketos según la terminología xenófoba araniana, sacan mejores notas, sino por el hecho de que la propia configuración de la sociedad vasca se aleja cada día más de la homogeneidad necesaria para el adoctrinamiento en los dogmas peneuvistas. Con una tasa de natalidad bajísima, la euskorreposición se hace harto complicada y los nuevos vascos, al igual que los nuevos catalanes, no se ajustan al canon que, contra todos los baremos, se empeñan en mantener quienes han hecho de él una industria.

 

Un fular en Waterloo

La Gaceta de la Iberosfera, 23 de diciembre de 2024.

https://gaceta.es/opinion/un-fular-en-waterloo-20241223-0259/ 

Un fular en Waterloo

Apenas un mes después de ser reelegido secretario general de UGT, José María Álvarez puso rumbo a Waterloo para trabajar a favor de los intereses de Pedro Sánchez, que son los suyos pues, por más propaganda y fetiches, singularmente el canto, puño en alto, de La Internacional en los actos públicos del sindicato, el sueldo del asturiano depende enteramente del Gobierno y de los gobiernillos regionales, tanto de los «progresistas», como de los «conservadores», entre ellos, el de Moreno Bonilla.

Ha de recordarse que este trabajo, que podríamos calificar de fontanería, burdamente enmascarado bajo la excusa de negociar la reducción de la jornada laboral, viene a suceder a la visita que el sindicalista, en compañía de Juan Rosell, presidente de la CEOE, hizo en prisión a otro golpista, Oriol Junqueras, y que su vertical Unión General de Trabajadores pidió el indulto para los golpistas. Al cabo, tanto empresarios como sindicalistas forman parte del tinglado autonómico y del reparto de dádivas y subvenciones. Ambos, bajo diferentes marcas, recogen nueces como las que, caídas gracias a la deslealtad administrada por el mundo secesionista, va a disfrutar Cataluña, región que recibirá la mayor cantidad, un 15% del total, de los fondos de recuperación de la UE destinados a España.

El alineamiento de la UGT con el supremacismo catalanista es un clásico. Como anécdota, puedo esgrimir el hecho de que, en la única vez que he tenido la oportunidad de hablar con Álvarez, durante un programa de televisión, a la pregunta de cómo es posible que su sindicato trague con la inmersión lingüística obligatoria en Cataluña, el asturiano, incapaz de quitarme la razón, apenas esbozó unos balbuceos, antes de irse por los cerros de Montserrat e invocar un ascensor social movido por la ley del embudo. 

A pesar de lo contradictorio, en virtud de los ideales que dicen defender los sindicatos de clase, de estos trabajos a los que se entrega Álvarez, sus andanzas tienen pleno sentido si reparamos en que el principal gestor del régimen autonómico, el PSOE, marca el paso de las políticas e ideologías dominantes. Desaparecida gran parte de la industria pesada, esa que justificaba la existencia de sindicatos «de clase», estas organizaciones han virado hacia territorios, los identitarios, que nada tienen que ver con sus objetivos fundacionales. Vaciados de su original contenido, UGT y CCOO son hoy poco más que correas de transmisión de los partidos a los que sirven. De otro modo no se entendería que Álvarez pasee su fular por Waterloo para meter en vereda, en la del «Gobierno de progreso», a un prófugo de la justicia española cuyo fin último es destruir la nación española y con ello la unidad de mercado y de trabajadores, para dar paso a una republiqueta en la que no tendría espacio Álvarez alguno, pues la cuota de charnegos útiles sería innecesaria en una Cataluña independiente que no tuviera una España a quien echar la culpa de sus males.

Tanto o más interés que el propio Puigdemont, tiene Álvarez en que el golpista regrese a España. No en vano, él depende de que la maquinaria gubernamental siga dando oxígeno a su organización como pago a los servicios que presta como correveidile, en este caso, sí, internacional.

 

Historia de una escalera (confederal)

La Gaceta de la Iberosfera, 16 de diciembre de 2024.

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Historia de una escalera (confederal)

En 1949, Antonio Buero Vallejo ganó el premio Lope de Vega del Ayuntamiento de Madrid por su obra Historia de una escalera, que se estrenó el 14 de octubre de ese mismo año en el Teatro Español de Madrid. En el drama, sobre un escenario quebrado, el de las tabicas y las huellas, se desarrollan las historias de los vecinos del edificio, ambientadas en la primavera de 1919, el otoño de 1929 y el invierno de 1949. El verano de 1936 queda omitido. Años antes de la llegada de la televisión, las tablas de los teatros eran las plataformas más populares para trasladar, envueltas en metáforas, en alegorías y otros trucos literarios, críticas a la situación por la que atravesaba España. Al final de la década, la amistad entre dos dramaturgos, Pablo Martí Zaro, que en 1951 había obtenido el Premio Nacional Calderón de la Barca, por la obra El mal que no quiero, unieron sus destinos en el seno del Comité español del Congreso por la Libertad de la Cultura, organización anticomunista y europeísta, en un sentido federal, auspiciada por los servicios secretos del imperio useño. Buero se mantuvo en dicha organización, a la que le dedicamos Nuestro hombre en la CIA. Guerra Fría, federalismo, antifranquismo, hasta que a la prensa afloró la realidad del origen de sus auspicios.

Las actividades de ese y otros grupos que operaron durante el franquismo, dieron como fruto el actual régimen, publicitado como elquelosespañolesnoshemosdado, cuyos efectos disgregadores son patentes. Medio siglo después del hecho biológico incontrovertible que el PSOE se dispone a celebrar organizando una apretada agenda de ardorosa lucha contra el franquismo, todavía no concluido, si nos atenemos a las palabras de Ana Pardo de Vera, la foto tomada la pasada semana en la escalera del Palacio de la Magdalena, en Santander, resulta de lo más elocuente. En el centro de la imagen, Felipe VI, flanqueado por Pedro Sánchez, en cuya solapa refulge el rosco 2030, y por Francina Armengol. Cerrando la fila, los presidentes de las comunidades autónomas vasca y catalana, principales impulsoras de la desigualdad, dicen que por motivos identitarios, entre españoles. Detrás, el resto de presidentes.

Antes de la toma de esa imagen, las telepantallas ofrecieron los paseíllos de los barones, que son varones y hembras, es decir, barones y baronesas. El despliegue mediático tenía por objeto acercar al pueblo la realidad de la cogobernanza, retruécano pandémico que sirve al objetivo que llaman federal, pero que en realidad es confederal y, por supuesto, europeísta y antifranquista. Falta una nueva Guerra Fría —¿quizá el conflicto Rusia-Ucrania?— para reproducir el subtítulo mentado más arriba. Tal y como se preveía, la XXVII Conferencia de Presidentes celebrada en la históricamente llamada Montaña, parió un ratón. Según revelaron los presidentes populares, la cita giró en torno a una serie de folios en blanco, acaso repartidos para que cada uno de ellos escribiera su particular carta a los Reyes Magos, esos que no pernoctan en La Zarzuela. Porque sólo la magia puede terciar, por su manejo de las apariencias falaces, en el debate sobre los dineros, principalmente aquellos que necesita entregar Sánchez a las sectas catalanistas, hoy algo apaciguadas por la meliflua voz del conseguidor Illa, para permanecer en La Moncloa y sostener el tinglado con sede en Ferraz. Próxima cita: la Barcelona de la inmersión lingüística obligatoria y otras singularidades.

 

Blâh Infante ande o no ande

La Gaceta de la Iberosfera, 9 de diciembre de 2024.

https://gaceta.es/opinion/blah-infante-ande-o-no-ande-20241209-0355/ 

Blâh Infante ande o no ande

Muchas veces, durante mis andanzas por el Pumarejo y la Alameda, me entretenía leyendo las frases, repletas de circunflejos, apóstrofos y haches, que algunos, con más o menos ingenio —No tengo calôh, tengo mieo—, van dejando por las calles —pared blanca, papel de necios— sevillanas. De todas ellas, la más oportuna en estos días es la que, con rotulador indeleble se mantiene sobre un rugoso revoco: Blâh Infante ande o no ande. La frase es ambigua, se presta a la interpretación, pues su autor: ¿es blasinfantista? ¿acaso blasinfantilista? ¿estamos, quizá, ante un antiblasinfantista con sorna?

En línea con esas tropelías ortográficas parietales, Carolina España, Consejera de Economía, Hacienda y Fondos Europeos de la Junta de Andalucía, sostuvo, la semana pasada, en el contexto de los fastos conmemorativos de la ahistórica bandera andaluza, lo siguiente: «El habla andaluza, nuestro acento, es seña de identidad. Crearemos un grupo de trabajo para impulsar el habla andaluza, fomentar su uso y su valoración social, que centrará su difusión en centros educativos, universidades y el ámbito público y medios de comunicación». Por su parte, Juan Manuel Moreno Bonilla, afirmaba en español que, «el habla andaluza es el reflejo del alma de los andaluces, y la vamos a cuidar siempre. Firmamos, en la víspera del 4D, un protocolo con la Fundación Alejandro Rojas Marcos para promover nuestro acento y para que se respete». Con esta decisión, el así llamado Juanma, da continuidad al despliegue de una estrategia envolvente, capaz de engullir, untamiento mediante, a sindicatos de clase y a andalucistas del pelaje de Rojas Marcos.

¿Anxa êh Câttiya? ¡Po mâ anxa êh Andalucia!, parece pensar, en sintonía con otro grafiti, Moreno Bonilla, que ha acelerado, como en su día lo hizo Fraga con esa Galicia que para muchos ya es únicamente Galiza, el proceso de construcción e implantación de unas centralizadoras señas de identidad andaluzas que, transmitidas a los alumnos en las aulas, fabricarán nuevos andalucistas. A la adoración de Blas Infante, cuyo busto se alza a las puertas del salón de plenos de la que fue iglesia del Hospital de las Cinco Llagas, hoy Parlamento de Andalucía, el popular añade ahora algo esencial dentro del Estado de las Autonomías: la búsqueda de un idioma que convierta en impropio al español. Cateto tú que n´ontiendê l´andalûh, sostiene otra pintada deliciosa para la Fundación Alejandro Rojas Marcos, entregada a la búsqueda del acento más puro, a la decantación, como ya se ha hecho en Asturias con los bables aniquilados por una neolengua llamada «asturiano», de las hablas, hasta encontrar la común, la verdaderamente andaluza.

Aunque el tiempo lo dirá, no parece probable que el proceso emprendido por el actual presidente, andalûh a rabiâh, parece gritar otra pared, dé frutos tan analfabetizadores como los plasmados en las calles sevillanas. Sin embargo, esa apuesta por el alma de los andaluces excluye a muchos de ellos, singularmente a muchos de los más distinguidos hombres que históricamente ha dado esa tierra perteneciente a la Corona de Castilla, cuyos símbolos perduran en los escudos de sus ciudades frente a la artificiosa unificación verdiblanca. Sépalo o no Juanma, la actual Andalucía es un fruto decimonónico que nada tiene que ver con la ideología que profesan muchos de los que emborronan las paredes sevillanas. Con esos con los que coquetea el presidente, confiado en sus habilidades. Nada de eso —ar caraho tó— parece importar al graduado en protocolo y organización de eventos que preside esta comunidad autónoma, aspirante, como todas, a convertirse en un estadito justificado en las diferencias con el resto de regiones españolas.

 

Congreso Federal del PSOE: autoayuda y propaganda

La Gaceta de la Iberosfera, 2 de diciembre de 2024.

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Congreso Federal del PSOE: autoayuda y propaganda

Sin asomo alguno de rubor en sus mejillas, los participantes en el 41º Congreso Federal del PSOE cerraron la última sesión con una ceremonia puramente fetichista: el canto, puño en alto, de La Internacional. Bajo las luces rojas que han teñido el Congreso, los militantes de la empresa radicada en Ferraz han entonado el «famélica legión» y han cantado el «arriba parias de la tierra» con el que, a despecho del tráfico de sobres y mordidas, tratan de distanciarse del «arriba España» de ese franquismo irredento que combaten, a despecho de sobres de billetes y mordidas. Sobre el escenario, El 1, el hombre que, tras patearse el Estado español acompañado por Santos Cerdán y José Luis Ábalos en un Peugeot 407, devolvió el poder, no a los sóviets, sino a los militantes, hábil maniobra estatutaria que le permitió controlar, desde entonces, el mastodóntico aparato ferrazita. Agradecidos, incluso emocionados, el 90% de los socialistas de carnet le han devuelto el gesto renovando su poder, ese denunciado recientemente por Tomás Gómez en una entrevista en la que el madrileño, además calificar al PSOE como una «agencia de colocación VIP», aludió a las labores de los fontaneros de los que el amoral —«no sabe la diferencia entre el bien y el mal», sostiene Gómez— que pernocta en La Moncloa, se sirve para eliminar cualquier voz discordante.

Sea como fuere, las jornadas sevillanas han dado el fruto deseado: fortalecer la autoconfianza de la militancia. Al cabo, conocido de antemano el resultado del Congreso, en lo que su convocante, Sánchez, se refiere, de lo que se trataba era de darse un baño de emotividad, de mantenerse en el convencimiento de que el PSOE es puro progreso, puro bien, incluso. Y de que la existencia de ciertos garbanzos negros no puede aniquilar al partido de la paz, el diálogo y la tolerancia, virtudes que encarna el rehabilitado Zapatero, frente a las quejas de esos trasnochados gruñones que hace décadas compartían tortilla… y financiación extranjera.

El congreso de Sevilla ha cumplido con creces el objetivo: estrechar las filas de una militancia sectaria, convencida de militar en el mejor de los partidos posibles. Una militancia embrutecida por la propaganda, capaz de asumir los mensajes de Pilar Alegría o creerse el último lanzamiento de fango, protagonizado por Zapatero durante el Congreso, cuando afirmó que tuvieron que pasar seiscientos años «en este país», desde que los hombres accedieron a la Universidad, para que las mujeres pudieran acceder «a la educación, ni más. No a la Universidad». Una pausa dramática desató el delirio. Tras el silencio, ZP dijo: «Y en cuarenta, en cincuenta años, le hemos dado la vuelta totalmente, hemos rectificado la Historia. Hemos cambiado España y el destino de las mujeres, absolutamente». Al lado de tal logro —Elena Maseras, matriculada en la Facultad de Medicina de Barcelona en 1872, debía ser un hombre— ¿cómo no emocionarse?, ¿cómo no sentirse partícipe de una aventura única que cuatro fascistas quieren abortar? 

Pese a lo que digan las encuestas, el partido hegemónico del régimen del 78 mantiene un poderoso sustrato de votantes y un conjunto de apoyos durmientes que se activarán a su debido tiempo, pues no ha de olvidarse que quien ha moldeado la mentalidad de amplios sectores de la población española es la empresa citada. La misma que es capaz de contentar o confundir al mismo tiempo a ERC y a Junts, la misma que sale de Sevilla con esta cuadratura del círculo:

«La reforma del Sistema de Financiación Autonómica deberá garantizar mayores recursos para todas las Comunidades Autónomas, reforzando los servicios públicos y reconociendo las singularidades y las diferentes variables determinantes en su coste, de manera que garantice la igualdad de derechos en el acceso a los servicios públicos independientemente del territorio en el que se viva».

 

Javier Cercas ingresa en la Fachosfera

La Gaceta de la Iberosfera, 25 de noviembre de 2024.

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Javier Cercas ingresa en la Fachosfera

La semana pasada, en la Extremadura, especialmente en el caso de la provincia de Cáceres, que se desangra demográficamente, se aprobó, con el único voto en contra de VOX, la declaración del estremeñu como Bien de Interés Cultural. La feliz idea partió de Unidas por Extremadura. En una comunidad autónoma con tan gran peso del funcionariado, el bien lo será, con toda probabilidad, para quienes se ocupen de preservar dicha lengua o, por mejor decir, neolengua, por más que sus defensores se hayan dedicado estos días a evocar a Gabriel y Galán y otros literatos de la región.

En la España autonómica, las señas de identidad, singularmente, las lenguas vernáculas, llamadas propias, frente al impropio e impuesto español, a menudo reducido a la condición de castellano, justifican puestos de trabajos, secretarías, lanzamientos editoriales, dietas, sueldos, en definitiva. Así, en los últimos años, el negocio idiomático regional se ha ido ampliando con el fortalecimiento de lenguas como el cántabru, el asturiano, el llionés, el aragonés, el extremeño. Un ejercicio deliberado de faltas de ortografía se puede contemplar en los blancos muros de Sevilla. Andaluz, le llaman, y no ha de faltar un pícaro capaz de rentabilizar las haches aspiradas o la mutilación de las eses.

Confieso que la irrupción del extremeñu me ha sorprendido por motivos vitales. Hijo de cacereña, toda mi familia materna es, o más bien, fue, extremeña. Siempre, salvo en algún vocablo o expresión concreta, entendí perfectamente a mi abuela Catalina. A lo sumo, en su habla aparecía un veleí… Pasado el tiempo, a la luz de esta novedad, pudiera ser que hablara extremeñu y que yo haya sufrido una inmersión lingüística doméstica cuyos efectos me habrían llevado, incluso, a no percibir rastro alguno de este idioma en las Cartas de Relación que el metellinense Hernán Cortés escribió de su puño y letra. Ironías al margen, el artefacto extremeño no es más que un nuevo producto que, de manera mimética a lo que ocurre en otros lugares, servirá para aumentar distancias entre españoles, entre aquellos que disponen de una lengua franca como el español, con el que pueden moverse por todo el mundo.

La casualidad ha querido que, casi coincidiendo con el nuevo estatus dado al extremeñu, el viveño Javier Cercas, el cacereño Cercas, de tan exitosa carrera literaria, haya tomado posesión del sillón «R» de la RAE. La noticia ha sido difundida por TVE. En una fugaz entrevista, el cacereño ha afirmado, en relación a la lengua, la española, que se trata de «la principal riqueza de la que disponemos los españoles y los hispanohablantes». No contento con una afirmación que, sin duda, ofenderá a los usuarios de las lenguas originarias, el escritor ha señalado a los políticos, pidiéndoles que sean conscientes de ello y obraran en consecuencia.

Las palabras del Cercas, que en su momento confesó sentirse estafado, al comprobar, que pese a sus esfuerzos integradores, nunca alcanzó el estatus de catalán. En su inicial ingenuidad, el extremeño creyó, vana ilusión, ser capaz de despojarse de su condición de charnego. Sin embargo, el tiempo le ofrece ahora una inmejorable ocasión para el desquite. Sentado en la silla «R», de rebeldía, también de reaccionario, condición que, sin duda, le atribuirán muchos de los que han escuchado sus palabras, Cercas puede señalar, con la seguridad que otorga tal reconocimiento, a los políticos concretos, con nombres, apellidos y siglas, que impiden que en muchas escuelas españolas se enseñe en español.

 

La espantá

La Gaceta de la Iberosfera, 18 de noviembre de 2024.

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La espantá

La aplastante victoria de Trump ha causado consternación en amplios sectores de la sociedad española, cuyo corazón lleva años congelado por su adscripción a una de las dos américas: la demócrata o la republicana. Hasta el día de las elecciones, los medios tradicionales, informaban o, por mejor decir, propagaban, la idea de que la presidencia del Imperio gringo se jugaba en algunas décimas. El progreso, encarnado en la figura de Kamala Harris, acariciaba un éxito que impediría que la reacción, personificada en Trump, se instalara en la Casa Blanca. Sin embargo, lejos de los datos que arrojaban esos estudios demoscópicos, la realidad es que Trump, en cuyo éxito ha jugado un papel central el uso de unas redes de las que fue expulsado antes de los anteriores comicios, venció con claridad y ya ha comenzado a configurar un nuevo Gobierno que, según los más apocalípticos analistas, nos puede llevar a un infierno terrenal. El mazazo ha llevado a muchos a abandonar la red X, propiedad del magnate Elon Musk, que ha exhibido sin tapujos su preferencia por Trump, a quien los antiguos propietarios de Twitter, no precisamente unos menesterosos, expulsaron.

Entre los nombres que integran la desbandá, destaca al periódico más potente, es decir, el más subvencionado, del supremacismo catalán, uno de los redactores del editorial conjunto a favor del Estatuto de Cataluña, publicado en 2009, un galleguista malencarado y un canario tan cultivador del mito de la Cultura como dócil con el sistema del que vive desde hace décadas. Tres habituales, por cierto, de la televisión con la que se ha hecho Sánchez en mitad de la tragedia valenciana.

La salida de X se ha visto acompañada por vídeos y mensajes en los que los escapistas nos avisan del estercolero en el que permaneceremos los que no supimos valorar el paraíso de libertad y rigor que era Twitter antes de su compra por el trumpista Musk. Ante esta realidad, los mentados, movidos por su insobornable dignidad, se marchan, sin que los que nos quedamos seamos capaces de valorar su sacrificio. Y no será porque no estemos avisados. La salida de Juan Cruz es ya la tercera que se produce, con dos regresos que no hemos agradecido lo suficiente. Esta parece ser la definitiva marcha de un luchador por la democracia, cuyo hilillo de voz nos alertaba contra las asechanzas del mal que hoy campa por sus respetos en el capricho de un multimillonario.

El abandono de estos defensores de la libertad, de estos luchadores contra un fascismo siempre irredento, deja una sensación de orfandad, de indefensión, pues la larga marcha, no olvidemos que algunos de ellos nos han dado la oportunidad de rogarles que se quedaran, nos sitúa ante un futuro marcado por la intolerancia, el negacionismo, el fascismo —«facismo», en boca del borbonicida Tardá—, en suma. Sin embargo, para consuelo de demócratas, estas luminarias del pensamiento ofrecerán sus dones a través de plataformas, al parecer, controladas por humildes propietarios, tales como Instagram, TikTok o Bluesky. Será desde esos púlpitos desde donde distribuyan, para quienes estén limpios de pecado, el pasto espiritual agostado por el malicioso algoritmo.

 

España: apagada o fuera de cobertura

La Gaceta de la Iberosfera, 11 de noviembre de 2024.

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España: apagada o fuera de cobertura

Más de dos semanas después de que la DANA arrasara la periferia de la ciudad de Valencia, los principales administradores del Estado autonómico, que se han reafirmado en su credo, pugnan por lanzar sobre el adversario las culpas de una pésima gestión que ha dejado centenares de muertos y enormes daños materiales. «El Estado autonómico ha funcionado», sostuvo recientemente quien fue barón antes de candidato a la presidencia desde las filas del partido alternante.

Mientras tanto, desde la empresa radicada en Ferraz se han movido los hilos, con la habilidad característica, para que la prensa subvencionada desplace el foco de la responsabilidad a ese Mazón desde cuyo celular nos sigue llegando el familiar, «el teléfono al que llama, está apagado o fuera de cobertura». Ese, al menos, ha sido el punto de confluencia, pero también de controversia, entre el PSOE y el PP.

Está en juego el relato, es decir, el poder. Y en este juego, el PSOE es un consumado tahúr, máxime si quien lo preside es esa amoralidad que vimos semi desmayada por las calles de Valencia. La Audiencia Nacional ya busca a los autores de ese intento de magnicidio, sólo comparable al sufrido por Julio César o a Kennedy. A los puñales y el rifle, se une ahora el palo de una escoba como arma homicida.

Ajenas a la limpieza y atención a los damnificados por la catástrofe, pues de eso se ha ocupado, según el aparato de propagada gubernamental, la chavalada ultraderechista y un conjunto de empresarios sin escrúpulos que, con sus donaciones, sólo buscan publicidad, las huestes sanchistas, las de carnet y los facciosos que sostienen al Presidente del Gobierno y al tinglado que cuelga de él, han estado ocupadas en lanzar un contragolpe callejero en el que las escobas no han servido para barrer, sino para sostener pancartas contra Mazón. Entre las entidades convocantes, esa Acció Cultural, a la que Ximo Puig regó convenientemente, antes de dejar la presidencia valenciana. Favor con favor se paga. 

La manifestación del sábado por la noche, con su previsible fin violento, buscaba culpar de todo al ilocalizable Mazón, que se encontraba trabajando en lo que Sánchez ya resolvió recientemente: el control de los medios de comunicación, en su caso el de RTVE. Por ello, era preciso censurar las voces que se alzaban contra un hombre, Sánchez, cuyo desempeño no es explicable, en exclusiva, por causas psicológicas. Que el madrileño es un apasionante caso de estudio, está fuera de toda duda. Que su mantenimiento en el poder es una inmejorable ocasión para los que le apoyan, también.

El Estado autonómico que está en camino de convertirse en Estado confederal, necesita cuidar a Sánchez y desplazar la culpa hacia el partido de la gestión. Sólo así se entiende que a Valencia acudieran plataformas pancatalanistas, las mismas que, en su día, llevadas por su fobia a la Nación española, bloquearon un Plan Hidrológico Nacional que Rajoy ni siquiera se atrevió a mentar.  

Sólo así se entiende que amplios sectores de la sociedad española, que dicen hablar en nombre del pueblo, el mismo que el régimen del 78 quiere cuartear, envenenados por su sectarismo y por intereses espurios, se nieguen a admitir la responsabilidad del Gobierno. Caiga o no Mazón, el sanchismo, es decir, el PSOE y sus socios, comienzan a recuperarse de los únicos daños que les importan, aquellos que erosionen su estructura. La convicción de que al Gobierno central, es decir, a Sánchez, Marlaska y Ribera, correspondía asumir la coordinación ante el desastre, se diluye en las telepantallas, dependientes de los dividendos de la España multinivel. 

 

La corona y el barro

La Gaceta de la Iberosfera, 4 de noviembre de 2024.

https://gaceta.es/opinion/la-corona-y-el-barro-20241104-0304/ 

La corona y el barro 

Cinco días después de que la DANA devastara municipios enteros de Valencia, Albacete y Cuenca, y se llevara un número aún no comunicado de vidas por delante, los reyes de España visitaron la zona. Felipe VI lo hizo vestido de paisano, detalle no menor. Bajo los ya clásicos cánticos de «¡Pedro Sánchez, hijo de puta!», tan habituales cuando el cordón de seguridad reduce el perímetro que aleja al presidente del Gobierno del «pueblo», se pudo ver al matrimonio regio tratar de dar algo de consuelo a quien no lo hallará. Un día antes, el sábado, el presidente del Gobierno se dirigió a la nación a través de la televisión que con tanta urgencia se ha apresurado a controlar, repartiendo cuotas entre esos socios, a los que compra con pólvora del rey. En su intervención, Sánchez dejó una frase para la historia de la infamia («si quieren ayuda, que la pidan»), que recuerda, por su frialdad, aquellas palabras de Sabino Arana, no recogidas en sus Obras completas: «Si algún español que estuviese, por ejemplo, ahogándose en la ría, pidiese socorro, contéstale: niz eztakit erderaz (no sé castellano)».

Ayer, lejos de los focos y el maquillaje, Sánchez se parapetó por partida doble tras Felipe VI. El rey llegó cinco días después de que la lluvia ahogara Valencia, y no son pocos quienes han echado de menos al monarca durante todo este tiempo. Sin embargo, huelga recordar que visitas de esta naturaleza deben ser autorizadas y planificadas –la presencia de los caballos de la policía así lo demuestra- por el Ejecutivo. La situación no es nueva. No hay más que recordar los viajes del rey, apenas acompañado por algún diplomático, a tomas de posesión presidenciales en la Hispanoamérica que menos gusta al Gobierno de progreso. La instrumentalización de Felipe VI por parte de un gobierno apoyado por algunas facciones que gozan gritando «¡muerte al Borbón!», debiera mover a algunos cortesanos a moderar su prudencia, pues flaco favor hacen a un rey, símbolo máximo de nuestra nación, España, cuya constitución, por más defectos que tenga, no podía prever la llegada a la Presidencia del Gobierno de un individuo de la catadura moral de Sánchez. Un Sánchez que no sólo se escudó en la agenda regia, sino que, incluso, lo hizo de forma física. A diferencia de esas ocasiones en las que los servicios de protocolo hubieron de retirarle de la escena, en su visita a Valencia, Sánchez anduvo unos pasos por detrás del rey, lo cual no impidió que recibiera una lluvia de insultos y el lanzamiento de un palo que, según se ha dicho, habría impactado en su persona. Todo suma, sin embargo, para un Gobierno tan asentado en la propaganda y en la compra de voluntades. Tras la espantá de Paiporta, la algarada, pues cuando se trata de Sánchez, el vox populi, vox Dei, no aplica, fue atribuida… a la extrema derecha.

La tragedia valenciana deja un enorme rastro de muerte y destrucción, pero debería servir para reflexionar acerca de la realidad de una estructura estatal que ha demostrado su falta de operatividad. Tras el paso de la DANA no quedó espacio para los hechos diferenciales ni para esos folclores que sirven para justificar baronías. En medio de la disputa competencial, tan sólo quedó el espanto y la apelación a lo común, singularmente a la Guardia Civil, al Ejército, a lo común, en definitiva. Durante la visita que reunió a una Corona a la que se pretendió manchar de fango, a la presidencia del Gobierno y a la de la comunidad autónoma, los gritos se cebaron con estas dos últimas áreas del poder, en la convicción de que a ellas corresponde solucionar el día a día de una nación, España, que hoy guarda luto.

El neoliberalismo es pecado

La Gaceta de la Iberosfera, 28 de octubre de 2024.

https://gaceta.es/opinion/el-neoliberalismo-es-pecado-20241028-0415/ 

El neoliberalismo es pecado

«Contra la Unidad Católica se han levantado muchos errores, pero quizás el más temible haya sido el liberalismo, verdadera lepra de la sociedad». Casi ocho décadas después de que se escribieran estas palabras, debidas a Manuel Senante y publicadas, bajo el título, «Constante lucha de la verdadera España contra el liberalismo», en la revista Cristiandad, el liberalismo, transformado en neoliberalismo, ha sido señalado como culpable de errores humanos, demasiado humanos. Yerros cometidos por el personaje en el que permanece, atrapada, la persona de Íñigo Errejón, caído tras ser incapaz de cabalgar tamaña contradicción. Si el liberalismo fue señalado por Félix Sardá y Salvany en su, El Liberalismo es pecado: cuestión candente (Barcelona, 1884), como el mayor peligro para el catolicismo, el neoliberalismo es la nueva perversidad, la más grave amenaza para el podemismo, adanismo del que Errejón ha sido uno de sus más destacados símbolos.

Es difícil saber si el puntual afloramiento de las andanzas de cama de Errejón se ha debido a fuego amigo, ya desde Sumar ya desde las filas de un Podemos que busca aniquilar a uno de sus hermanos carnales. Es pronto para saber quién hará leña electoral de este árbol caído. Rivalidades partidistas al margen, lo llamativo han sido las reacciones a la conducta de don Íñigo, confundido por los cantos de sirena del neoliberalismo. Existían, no obstante, señales de que el custodio del núcleo irradiador podía atravesar una profunda crisis. Esa, por decirlo con Surfin´ Bichos, «mandíbula cuadrada» que, como un ejemplo vivo de esa gente abollada a la que cantaban los albaceteños, trató de justificarse con no recuerdo qué trastorno. Existían, ahora lo sabemos, fundadas sospechas de lo que hacía el diputado cuando nadie, salvo la más o menos interesada, lo veía. Nadie levantó la voz. Los réditos electorales eran superiores a los desajustes con el, en fórmula de Sharon Calderón-Gordo, «feminismo administrado», que pretende, vana ilusión, reglamentar todo lo que ocurre más allá del ojo de la cerradura.

Las claves las ha dado Ana Redondo, Ministra de Igualdad, en la televisión que cada vez pertenece a menos. Según ella, el machismo es estructural y lleva con nosotros 10.000 años. Dicho de otra forma, todo hombre lleva en su interior un violador, un depredador de mujeres, a las cuales debe protegerse, pues no se les otorga la fuerza y el discernimiento suficientes para afrontar según qué situaciones. En estas milenarias circunstancias, el Ministerio se hace imprescindible. Los puntos violetas deben extenderse como una mancha de aceite. Los cursillos deben ampliarse, pues hasta adalides del feminismo como Errejón pueden caer en el lado oscuro. Errejón como fallo del sistema, como tara de la parte luminosa de un sistema que, a la división hombre-mujer -luz frente a oscuridad, añade la fractura entre la izquierda, siempre sensible y pedagógica, y la de la derecha, eternamente envuelta en tinieblas y dogmatismo.

Dos años después de la aprobación de la Ley de garantía integral de la libertad sexual, uno de sus impulsores, Íñigo Errejón, ya juzgado en la escena pública y expuesto a una condena de hasta cinco años, podrá, no obstante, beneficiarse de las bondades de la ley del «solo sí es sí» que su acusadora, ajena a la calentura de su retoño, le recordó en la noche de autos. En cualquier caso, sean cuales sean los verdaderos motivos de la excomunión de Errejón, lo importante es que su caso ha sacado a relucir las vergüenzas de un feminismo que no funciona, y no porque sea falso que todos los hombres sean unos violadores, que lo es, sino porque las políticas que pregonan, y que hemos de suponer férreamente asumidas por sus partidarios, singularmente por el absentista becario de la Universidad de Málaga, se han declarado completamente inútiles.

 

 

ETA ya no existe

La Gaceta de la Iberosfera, 21 de octubre de 2024.

https://gaceta.es/opinion/eta-ya-no-existe-20241021-0417/ 

ETA ya no existe

El 7 de marzo de 2008, la banda terrorista ETA asesinó al concejal socialista de Mondragón, Isaías Carrasco. Antes de poner en marcha su coche para ir a trabajar, Carrasco cayó abatido por cinco disparos. Un par de días más tarde, la Liga de Fútbol Profesional decretó un minuto de silencio en todos los estadios. En San Mamés, el homenaje apenas duró unos segundos, pues los abucheos dejaron claro el sentir de la grada. Dieciséis años más tarde, ETA ha regresado al remodelado estadio del Athletic Club de Bilbao. En efecto, el sábado pasado, la afición del Bilbao ovacionó a Martín Zabaleta, primer alpinista español que escaló el Everest, y que, lindo maridaje, exhibió en su cima la bandera del PNV con el anagrama de ETA. La hazaña, la de la coronación de esa cumbre, se entiende, se produjo el 14 de mayo de 1980, fecha en la que Zabaleta, acompañado del sherpa Pasang Temba llegó a la cima más alta del mundo.

Cuatro años antes de que Zabaleta ascendiera al Everest, el 5 de diciembre de 1976, los capitanes del Athletic de Bilbao y la Real Sociedad, Cortabarría e Iríbar, saltaron al campo portando la enseña araniana, la bandera del PNV, que hoy es la de la Comunidad Autónoma Vasca y que aspira a desplazar a la muy histórica bandera de Navarra para cubrir toda Euskal Herria con esta versión de la Union Jack. El sábado, Zabaleta y Temba hicieron el saque de honor bajo la alargada sombra de José Ángel Iríbar, El Chopo, Txopo para los afectos a la ortografía del Régimen, fundador, junto a los Telesforo Monzón, Patxi Zabaleta, Francisco Letamendia y Jon Idígoras, de la mesa de Herri Batasuna.

La escena, el saque de honor, fue hurtada a los espectadores de las plataformas televisivas de pago, pues LaLiga decidió censurar unas imágenes que son tan importantes como un gol, pues, ¿acaso el fútbol es una esfera ajena a la política? ¿no dijo Vázquez Montalbán que el Barça, cuya web cultiva una ficción antifranquista, pese a la concesión de tres condecoraciones al Caudillo, es el ejército desarmado de Cataluña?

El caluroso homenaje tributado a Zabaleta no es más que una muestra del grado de degradación moral y política al que ha llegado una sociedad privilegiada, la vasca, cultivadora de un supremacismo al que se pliegan muchos sectores de la sociedad española que fantasea con combatir a Franco, pero que no consienten la menor mención de la banda terrorista, publicitada por el proetarra montaraz, pues esta fue derrotada, tal es la narrativa oficial, en tiempos de Zapatero, fontanero de Maduro en la Venezuela que acogió a un puñado de etarras. ETA, en definitiva, ha vencido, y recoge ahora, desde cómodos despachos, los frutos de su terror. Su entorno más cercano, la aplaudidora sociedad vasca, vive al amparo de un anacrónico y pingüe concierto, y los círculos concéntricos de su poder, radicados en Madrid, ceden complacidos a cambio de un rato más en el Gobierno. El tiempo irá dotando de un barniz romántico a ETA. De una pátina netamente progresista, a pesar de sus profundas raíces reaccionarias, alimentadas por la atmósfera viciada de las sacristías y los seminarios. ETA es un elemento constitutivo de la España «que nos hemos dado», y por ello, el partido hegemónico maniobra sin rubor para excarcelar a unos etarras que, desde sus celdas, ya escuchan una sorda ovación.

 

Del Día de la Raza al 15M

La Gaceta de la Iberosfera, 14 de octubre de 2024.

https://gaceta.es/opinion/del-dia-de-la-raza-al-15m-20241014-0235/ 

Del Día de la Raza al 15M

Era previsible que el Día de la Raza, rebautizado en tiempos felipistas como Fiesta Nacional de España y conocido popularmente como Día de la Hispanidad, exhibiera, una vez más, los manidos argumentos de la Leyenda Negra y de su reverso rosado. Mientras los partidarios del #Nadaquecelebrar se han refocilado chapoteando en el supuesto charco de sangre que, para ellos, fue el Imperio español, los cultivadores de la leyenda dorada han presentado poco menos que una Arcadia hispánica igualitaria en la que no existía la esclavitud. Ambas posturas, que cabe insertar en un eterno contraria sunt circa eadem, se repetirán puntualmente dentro de un año.

De entre las manifestaciones públicas, todas ellas expresadas en un perfecto español, me llamaron la atención las proferidas por Ione Belarra, a la que la cámara, para disgusto de la pamplonesa, sigue sin querer. En la red social X, la diputada se desahogó de este modo: «España no se merece que el día que nos celebramos como país conmemore un genocidio y el saqueo de un pueblo hermano. Es el momento de reparar el daño y cambiar la celebración a otro día del que podamos estar orgullosas, como el 15M».

El mensaje no tiene desperdicio. Por un lado, la Belarra, al contrario de lo que le ocurría a Pablo Iglesias, es perfectamente capaz de decir «España», evitando así la expresión preferida por el franquismo y por sus amigos, los de la navarra, secesionistas: «Estado español». Sin embargo, el reconocimiento de una realidad nombrada de forma tan sonora («España») vino acompañado del término «país», antecedido por un «nos» que dice pertenencia o posesión común. Elección consciente, sin duda, la de doña Ione, que niega a España la condición de «nación», en coherencia con su idea de una España plurinacional.

Unitaria o plurinacional, esa España, la que le paga su sueldo desde hace tiempo, debe abjurar de un pasado reducido al genocidio y al saqueo de «un pueblo hermano». He aquí otro de los hitos de su mensaje, pues, ¿de qué pueblo estará hablando Belarra? La respuesta sólo puede ser una: la eurodiputada, a despecho de la arqueología, la cronística y la genética, considera que el mundo prehispánico estaba constituido por un pueblo. O lo que es lo mismo, Belarra se ha tragado enterito el mito del indígena, la ficción literaria, incluso evangélica, por su carga lascasiana, del buen salvaje. Nada nuevo bajo el sol podemita, por otro lado. Ese pretendido pueblo saqueado sería, además, «hermano», lo cual nos lleva a preguntarnos ¿por qué tan estrecho grado de parentesco? Dada la cortedad, en cuanto a lo extensivo, del mensaje, sólo podemos especular con la contestación a ese interrogante. Acaso somos hermanos por compartir vínculos culturales, lingüísticos, principalmente. ¿Acaso la fraternidad iría dirigida contra otros imperialismos? ¿El yanqui, por ejemplo? Nada sabemos.

Detectado el problema (genocidio y saqueo), ha llegado la hora de la reparación. Sin embargo, doña Ione nada nos dice del modo según el cual la España actual debería resarcir al «pueblo hermano», hoy cuarteado en naciones, a menudo enfrentadas entre sí, con líderes (Maduro vs Milei) antagónicos en cuanto a sus políticas y a la propia percepción del pasado. Sin que se atisbe nada que no sea autodesprecio, desde el mundo podemita apuntan a una solución acompañada de una dosis de orgullo de consumo interno: sustituir el 12O por el 15M.

El año que viene, más.

 

No toda España paga traidores

La Gaceta de la Iberosfera, 7 de octubre de 2024.

https://gaceta.es/opinion/no-toda-espana-paga-traidores-20241007-0455/ 

No toda España paga traidores

Apenas unas horas, aunque sí muchos kilómetros de distancia han separado las pitadas con las que el público, un público muy particular, ha recibido a Fernando Grande-Marlaska y a Salvador Illa. El ministro del Interior fue abucheado por los asistentes al concierto de la Guardia Civil que abarrotaban el Teatro romano de Mérida, mientras el presidente de la Generalidad de Cataluña recibía los pitos del público que contemplaba el concurso de castells de Tarragona. El consabido grito a favor de la independencia de esa región atronó el recinto al que había accedido quien recientemente, pretextando la búsqueda de la normalidad, ha recibido al cabecilla del clan Pujol y al detector de baches en el ADN de los españoles, ese Joaquín Torra que ve en los españoles bestias con apariencia humana Illa y Marlaska, Marlaska e Illa, tanto monta. Dos caras de la misma moneda, dos marcas de la empresa con sede en Ferraz que exprime la rentabilidad del desmantelamiento de la nación en colaboración con los caciques territoriales.

El sonoro recibimiento dado al ministro no pudo encontrar un escenario mejor que el de las piedras del teatro construido en una ciudad que albergó a los soldados eméritos, a aquellos que se habían ganado un cálido retiro después de combatir en las guerras cántabras. Si Roma no pagaba a traidores, es seguro que más de un asistente al concierto trocó el nombre de aquel imperio por el de España, nación en la que, de un tiempo a esta parte, el del llamado «sanchismo», son los delincuentes, los traidores, quienes redactan unas leyes que, a diferencia de las de Atenas, son más endebles que una tapia. Parapetado tras su cohorte de escoltas, el juez fue insultado por quienes se ven directamente perjudicados por la modificación de la ley de seguridad ciudadana, cesión hecha a esa Bildu, a la que el Partido Popular, aferrado a una visión formalista de la democracia, se negó a ilegalizar, que se duele de los pelotazos de goma pero que sigue desarrollando las políticas etarras. Nada extraño, pues, a pesar de la alta dosis de cinismo que exhiben los bildutarras, varias decenas de miembros de la banda terrorista fueron incluidos en las listas a las elecciones europeas del partido acaudillado Arnaldo Otegui, ungido como hombre de paz por José Luis Rodríguez Zapatero, el venezolano.

Lejos de Mérida, pero también en una ciudad orgullosa de su pasado romano, Salvador Illa, heraldo de la convivencia que publicita Sánchez, fue increpado. Al cabo, el PSC, partido engañacharnegos dispuestos a dejarse engañar, no deja de ser una marca españolista para quienes compiten en su visceralidad contra una España sobre la que proyectan sus propios complejos. De nada sirve que Illa haya llegado al poder en Cataluña con el objetivo que impulsar la ya acostumbrada obtención de privilegios que desde La Moncloa se otorga a los colectivos más desleales para con la nación. De nada que redoble sus esfuerzos por erradicar el español, en beneficio del inglés, aunque él no lo sepa, del espacio público. Illa no es de los suyos ni lo será nunca, por más que se esfuerce, pues la senda de la secesión está jalonada de jugosos negocios a los que los custodios de las esencias catalanistas no están dispuestos a renunciar.

Los de Mérida y Tarragona son dos momentos hostiles, dos trances por los que han de pasar quienes han contribuido a construir el muro. El próximo día 12, si las distancias siderales que le suelen separar del «pueblo» no lo impiden, será Sánchez quien habrá de escuchar los silbidos de aquellos a quienes los periodistas orgánicos se encargarán de adjetivar.