sábado, 14 de febrero de 2026

A Sánchez también le gusta la fruta

La Gaceta de la Iberosfera, 22 de septiembre de 2025.

https://gaceta.es/opinion/a-sanchez-tambien-le-gusta-la-fruta-20250922-0001/ 

A Sánchez también le gusta la fruta

El 15 de noviembre, durante una sesión celebrada en el Congreso de los Diputados, las cámaras captaron a Isabel Díaz Ayuso, presente en la tribuna de invitados, pronunciando lo que muchos entendieron como «hijo de puta», frase que se trocó en un «me gusta la fruta», a decir de la presidenta madrileña contra la que el PSOE lanza continuos ataques. La herida del tamayazo sigue abierta. Desde entonces, son multitud los que se han desahogado, aireando su amor frutícola, en la creencia de que combaten ardorosamente al sanchismo. «¡Me gusta la fruta!», exclaman algunos, acompañando su afirmación con un mohín que busca complicidad.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte, los sanchistas, pero no sólo, también han hecho un acto de exaltación frutícola. Así, desde el pasado verano, la sandía, por sus colores, se ha convertido en un símbolo vegetal de apoyo a la causa Palestina, indistinguible, a menudo, de la de Hamas, pues el lema «Desde el río hasta el mar» acompaña con frecuencia a la raja, evocadora de la franja.

«Y era tanta la grita y lloro de los niños y mujeres, que no había persona a quien no quebrantase el corazón». Así, como si de un corresponsal de guerra se tratara, se expresó Hernán Cortés hace medio milenio al describir la salida de los famélicos habitantes que abandonaron el asedio de Tenochtitlan por lo que hoy denominaríamos «corredor humanitario». La guerra deja siempre imágenes brutales y nuestro presente, pleno de cámaras, nos las ofrece con toda su crudeza, pero también con toda su edición, es decir, con su selección. Las violaciones, mutilaciones y brutalidad desplegada por los terroristas tras el ataque a la rave que desencadenó la ofensiva israelita, han quedado empequeñecidas por las que protagonizan niños gazatíes desnutridos, madres que lloran a sus hijos. El Guernica ha regresado a las paredes y la palabra «genocidio», puesta en circulación tras la II Guerra Mundial, no se cae de la boca de aquellos que no reclaman la liberación de los rehenes israelíes ni el desarme de la banda terrorista.

Lejos de la devastación, en nuestras calles, en nuestras carreteras, las de la Vuelta, pero no las de la Volta, las banderas palestinas han ofrecido una imagen que Sánchez, tal es la grandilocuencia del partido que en su día publicitó la reunión entre Zapatero y Obama como «un acontecimiento histórico planetario», quiere proyectar al mundo. Agarrado a la bandera evocada por las sandías, Sánchez trata de cerrar filas dentro del sector izquierdista en el que militan multitudes incapaces de enarbolar la rojigualda, pues, dicen, ese trapo de colores se lo ha apropiado la derecha, la ultraderecha, la extrema derecha, el fascismo irredento.

Mientras busca nuevas dádivas que entregar a sus socios golpistas y filoetarras, en su intento de zafarse de la marea de corrupción que le rodea, Sánchez, al que ahora también le gusta la fruta, busca una nueva causa, un nuevo Irak, un renovado «No a la guerra». Envuelto en una kufiya ética, Sánchez, que nada tiene que objetar a la existencia o, por mejor decir, inexistencia de las mujeres veladas, trata, desesperadamente, de activar a sus bases desde el que califica, no sin recordar que carece de armamento atómico, como «lado correcto de la historia». 

 

«El PSOE no ha podido hacer más»

La Gaceta de la Iberosfera, 15 de septiembre de 2025.

https://gaceta.es/opinion/el-psoe-no-ha-podido-hacer-mas-20250915-0003/ 

«El PSOE no ha podido hacer más»

Aunque esta semana sus abogados esperan que el recurso presentado le permita abandonar la cárcel, la oposición de la Fiscalía Anticorrupción supone un serio obstáculo para los anhelos del peugeotnauta Santos Cerdán. A pesar de que en estos dos meses largos de reclusión el interno de Soto del Real ha gozado de privilegios —celda individual, escolta, televisión y celular—, es posible que el ex número 3 del PSOE haya tarareado alguna vez aquella canción de Los Chichos: «Libre, libre, quiero ser/Quiero ser, quiero ser, libre». Al cabo, el talego, aun en su versión más edulcorada, la de los lazis en Lledoners, por ejemplo, no lo quiere nadie.

A las repercusiones que tiene para su persona y para la organización radicada en Ferraz, su neutralización ha provocado una réplica en el corazón de Europa, refugio de golpistas, pues a él le ha correspondido la indigna tarea de hacer entregas a Puigdemont y a su banda extractiva. Ante la presencia de Francisco Galindo, relator internacional exigido por Junts para levantar acta de lo hablado con lo que Miriam Nogueras calificó como «estercolero putrefacto», es decir, con España, Cerdán ha ido dosificando cesiones a los secesionistas. Como el lector recordará, el 3, destacado representante del 1, llegó a fotografiarse con Puigdemont bajo la foto de una urna del sediciente referéndum del 1 de octubre de 2017. No hay aro intraspasable con tal de ocupar La Moncloa y acceder a las canonjías y sinecuras que de ella dependen, debió pensar el navarro antes de dar con sus huesos en la trena y comenzar a recopilar boletos de la piscina de su pueblo para acreditar una vida austera que, en cualquier caso, no elimina el hedor, como de sauna mal ventilada, que desprende el entorno de Sánchez al que él ha pertenecido durante tanto tiempo.

El bochornoso espectáculo debía, no obstante, continuar. Los Presupuestos Generales del Estado ni están ni, de momento, se les espera, por más que en su día Sánchez afirmara que «un Gobierno sin presupuestos es un Gobierno que no gobierna nada», o que «gobernar no consiste en vivir en La Moncloa». A esa tarea dedica ahora sus esfuerzos José Luis Rodríguez Zapatero, individuo que mantiene cierta aura cuasi mesiánica en amplios sectores socialdemócratas y que es bienquisto por los secesionistas, que no olvidan su «apoyaré la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento catalán», pronunciado hace más de dos décadas.

ZP ha ido a Zúrich con el propósito de engrasar un nuevo acuerdo, es decir, de establecer otro hito en el vaciamiento del Estado en Cataluña. «El PSOE no ha podido hacer más», ha dicho, en relación a la aplicación total de la amnistía al prófugo Puigdemont, de cuyos votos es rehén Sánchez. La malversación, en la que se enrocan unos jueces tildados de fachas, es el único obstáculo que se cruza en la hoja de ruta del secesionismo, ante el que ZP se abisma. En esas circunstancias, y tras la visita de Illa, en la que pidió normalidad, es decir, impunidad, la foto de Sánchez con el huido parece más cercana. Mientras tanto, Puigdemont, como si de un nuevo Bernal Díaz del Castillo se tratara, anuncia que, puesto que el PSOE no puede hacer nada más a favor de su causa, «pasarán cosas nunca vistas hasta ahora». Cosas dañinas para España que se decidirán en Suiza.

 

La normalidad según Illa

La Gaceta de la Iberosfera, 8 de septiembre de 2025.

https://gaceta.es/opinion/la-normalidad-segun-illa-20250908-0107/ 

La normalidad según Illa

El próximo jueves se celebrará el así llamado Día Nacional de Cataluña​, vulgo Diada. Prohibida durante la Dictadura de Primo de Rivera, la Diada reapareció durante la II República y se volvió a prohibir durante el franquismo. Pese a ello, en los años cuarenta, el Frente Nacional de Cataluña realizó algunas acciones reivindicativas y en el muy franquista año de 1964 se constituyó el Comité del Once de Septiembre para celebrar el 250 aniversario de lo ocurrido en 1714. Alrededor de 3.000 personas, siete de las cuales fueron detenidas y multadas, se dieron cita en la conmemoración. En 1967, CC.OO., apoyada por el PSUC, se sumó a las celebraciones, decisión que fue cuestionada por la Coordinadora del Metal por entender que ello suponía «una clara tendencia integradora de la clase en la sociedad burguesa, pretendiendo confundir sus objetivos con los de la burguesía nacionalista llamando a la unidad en la «lucha por las libertades de Cataluña, por encima de los intereses de clase»».

La primera celebración legal de la Diada se hizo en Sant Boi de Llobregat, localidad en la que se encuentra la tumba de Casanova, fallecido en 1743 tras dedicar sus últimos años a la abogacía, el 11 de septiembre de 1976. El acto lo convocó la Asamblea de Cataluña, compuesta por partidos y sindicatos catalanistas. Un año después, la manifestación se trasladó a Barcelona bajo el lema, Libertad, amnistía y estatuto de autonomía, que se aprobó el 25 de octubre de 1979. Desde entonces, el catalanismo, controlador de todos los resortes educativos, económicos y mediáticos de Cataluña, ha empleado la derrota de las tropas austracistas concentradas en Barcelona como una afrenta histórica contra España. Ante esta falsificación histórica, un abrumador silencio oficial, pues el bipartidismo siempre ha estado dispuesto a plegarse a los poderes fácticos de esta región tan beneficiada por el franquismo.

Este año no será una excepción, varios pesebres catalanistas —la Asamblea Nacional Catalana, Ómnium Cultural, el Consejo de la República (sic), la Intersindical y el Centro Internacional Escarré por las minorías étnicas y las naciones— han convocado concentraciones en Barcelona, ​​Gerona y Tortosa para denunciar «los agravios de seguir formando parte de España, así como todos los motivos que nos señalan que el único camino por la supervivencia de la nación catalana es la independencia». En consecuencia, el lema elegido es, Independencia, más motivos que nunca. Es decir, más de lo mismo que condujo al golpe de Estado encabezado por el prófugo de la justicia, Carles Puigdemont, al que Salvador Illa ha visitado esta semana para rendirle pleitesía y buscar algún enjuague con Moncloa. Nada, por otro lado, sorprendente, pues el PSC es el tocomocho histórico del catalanismo, el conseguidor susurrante, el empleador de charnegos asimilados, el cultivador del mito del seny, la organización que condiciona a un PSOE, ya desalojado de Andalucía, que trata de mantener una mastodóntica maquinaria a cuyos mandos, como si del conductor de un Peugeot se tratara, está Sánchez. La pesecedependencia de la empresa radicada en Ferraz se mantiene desde los tiempos de Zapatero y llega al extremo de conceder el cuponazo catalán y asumir sus previsibles consecuencias en otras federaciones. No hay exigencia del catalanismo a la que el PSOE se oponga. Y en este proceso, en este re-proceso, Illa es la pieza fundamental. Sólo él podría decir, en la antesala de una Diada a la que acudirá con solemne envaramiento, que no habrá normalidad hasta que Puigdemont vuelva y Junqueras sea candidato. Así es la normalidad illesca. Un nuevo reparto de la obra extractiva que opera bajo diversas marcas en busca de un privilegio que pagaremos todas las «bestias con forma humana».

Juanis, perros e inmigrantes

La Gaceta de la Iberosfera, 1 de septiembre de 2025.

https://gaceta.es/opinion/juanis-perros-e-inmigrantes-20250901-0005/ 

Juanis, perros e inmigrantes

Los últimos días del mes de agosto, marcados por el reparto desigual de menas, es decir, por los privilegios vasco y catalán, a los que el Gobierno accede, nos han ofrecido la petición de varias grandes empresas de traer inmigrantes para cubrir 16.000 puestos de trabajo vacantes. Frente a esa solicitud, los datos: un paro general del 11%, que en el caso juvenil asciende hasta el 24%. La interpretación de la demanda de las tres multinacionales es automática: quieren mano de obra barata. Más allá de esta inmediatez, el panorama de gran parte de la juventud española es sombrío. Su falta de perspectivas vitales explica algunas cosas a las que he regresado tras el fallecimiento de la actriz Verónica Echegui y la reposición de la película que la consagró, Yo soy la Juani.

Como recordará el lector, la protagonista trata de dejar atrás una vida precaria caracterizada por una sobreabundancia de objetos de consumo inmediato. La Juani se mueve dentro de un horror vacui superado por la acumulación de complementos baratos, estridentes, horteras. Casi dos décadas después de su estreno, la película nos recuerda los años del tuneado de coches y de personas, hoy superado o, por mejor decir, transformado. El trasfondo, no obstante, es parecido: una generación —en realidad más de una—, sin posibilidades de alcanzar estabilidad económica o familiar. Una generación acompañada por un co- permanente, del que sobresale el coliving, forma bárbara de llamar a la imposibilidad de acceder a una vivienda propia.

Las consecuencias de este, por decirlo en palabras de los Sex Pistols, No future, son diversas. Me limitaré a señalar dos. La primera de ellas conecta con la película de Bigas Luna. La juventud, sometida a sueldos precarios, a la intermitencia fija discontinua, no puede trazar planes a largo plazo. Mucho menos aspirar a tener un hogar propio. Consciente de ello, el Gobierno reparte una lismosnita: el bono joven. Un pequeño pasar. La consecuencia es la juanización, el gasto en recursos y experiencias inmediatas. En las alcobas del hogar familiar que, a lo sumo, se aspira a heredar, se acumula ropa, calzado, complementos. En los corchos que antes contenían horarios escolares, cuelgan pulseras de festivales. Tardes de domingo comiendo techo.

El sustitutivo, sin embargo, siempre aparece. Si en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, un animal real era algo inalcanzable, un artículo de lujo sólo accesible para los privilegiados, la realidad española es inversa. En España hay más de 30 millones de mascotas. Casi un tercio de ellas son perros o perrijos. Sustitutos de los hijos que no vendrán o propiedad del Jonah de turno. En torno a esta realidad ha cristalizado una potente industria, pues el perro ya no puede ser alimentado con las sobras del improbable cocido del domingo. Hasta la televisión pública dedica ya un programa —Dog House— para el que no hay paralelismo alguno con los hijos como protagonistas. No existe un Son House. Que se reproduzcan ellos, piensan, en referencia a los inmigrantes, las autodenominadas izquierdas, ensimismadas en disquisiciones de género. Que trabajen —precariamente— ellos, susurran los patronos, principales beneficiarios de una industria de brazos y fronteras abiertas.

 

Una polémica DellaOstia

La Gaceta de la Iberosfera, 25 de agosto de 2025.

https://gaceta.es/opinion/una-polemica-dellaostia-20250825-0045/ 

Una polémica DellaOstia

La pasada semana, la pareja de Guillem Roma, concejal de distrito de ERC en el barrio barcelonés de Gracia, pidió un helado de «xocolata i maduixes», es decir, de chocolate y fresa, en la heladería DellaOstia, propiedad del argentino Leandro Rincón. La empleada que en ese momento atendía a la clientela, y que lleva poco tiempo en la Ciudad Condal, dijo no conocer el significado de «maduixes». En ese momento, Rincón terció en la conversación para recordar que en Cataluña hay dos idiomas oficiales, el español y el catalán, antes de afirmar que «en última instancia, estamos en España». Oída la palabra tabú, la clienta llamó «imbécil» al argentino. Al día siguiente, como represalia ante tamaño agravio, la heladería amaneció vandalizada. Como detalle histórico-narcisista, hemos de recordar que hace una década, los secesionistas, que creían acariciar con los dedos su ansiada república, publicitaban esta como una Cataluña en la que habría «helado de postre cada día», sin aclarar si este contendría «maduixes». La república en la que, tal y como recordó aquel mozo de escuadra, muchos idiotas creyeron, duró menos de lo que tarda un helado en derretirse, sin embargo, los efectos de décadas de adoctrinamiento persisten en amplios sectores de la sociedad catalana.

Como es sabido, los secesionistas siempre han intentado, y medio lo han conseguido gracias a la figura del diplomático salvadoreño Francisco Galindo, mediador entre Junts y el gobierno de Sánchez, internacionalizar el «conflicto». Pues bien, lo ocurrido en la heladería DellaOstia lo ha conseguido, ya que el diario argentino Clarín se ha hecho eco de la actitud cerril de estos embrutecidos representantes del seny que ahora tratan de hundir el negocio de Rincón.

Como es lógico, desde mi perfil en X salí en apoyo de la heladería con el siguiente mensaje: «En España, lo más cercano al totalitarismo, idea límite, es la inmersión lingüística obligatoria en Cataluña. Con sus chivatos, sus multas y sus paniaguados».

La reacción de la horda secesionista fue la previsible. Unos me pedían que me metiera en mis asuntos que, al parecer, se circunscriben a lo que ocurre en mi Cuenca natal. La mayoría de los mensajes estaban en catalán y empleaban, con buen criterio, el vocablo «Conca», en lugar de Cuenca. Repare el lector en lo que ocurre en el caso contrario: los hostigadores de DellaOstia exigen que los topónimos catalanes se mantengan en catalán incluso cuando se habla en español. En apoyo de este error, a menudo emboscados en argumentos leguleyos —el nombre oficial y tal— acuden siempre los progres útiles. Por supuesto, no han faltado insultos de todo tipo y alusiones al franquismo, monomanía de muchos catalanistas que deben gran parte de la prosperidad arruinada por ellos mismos, al general gallego.

Satisfecho del resultado obtenido, hacer ver la xenofobia y el supremacismo de estas gentes, un día después publiqué otro mensaje en el que aludía al presidente de la Generalidad, callado cual mascarilla ante el comportamiento de algunos de sus gobernados: «No veo ningún mensaje de apoyo de @salvadorilla a la heladería vandalizada por fanáticos catalanistas. Esta es la convivencia tan cacareada por el @PSOE».

El tono de las respuestas fue el mismo. Más xenofobia y más insultos, la mayoría de ellos formulados por esos sujetos que viven «en catalán» y ante los que no pierdo el tiempo en responder a sus bramidos, salvo en el caso de un personaje especialmente chulesco, un tal Sergi Maraña. 

Estas pequeñas tormentas en un vaso de agua, desencadenadas por personajillos que se ocultan bajo nombres tan ficticios como esa Cataluña ajena a España en la que fantasean con vivir, son elocuentes del nivel de odio que se ha inoculado en parte de esa sociedad, envenenada por los efectos de un cóctel que mezcla falsedades históricas con altas dosis de adulación. El resultado es el descrito: un colectivo narcisista que desprecia a quienes considera enemigos. A la cabeza de este proceso que busca privilegios y otorga títulos de buen catalán, figura un presidente apoyado en unas siglas, antaño engañacharnegos, que hoy constituyen la herramienta más poderosa para alcanzar los objetivos del catalanismo de toda la vida.

Mientras todo eso ocurre, X nos permite mantener el combate frente a esta horda que berreará su victimismo y su odio el próximo 11 de septiembre, fecha ideal para escribir nuevos mensajes. 

 

El pueblo

La Gaceta de la Iberosfera, 18 de agosto de 2025.

https://gaceta.es/opinion/el-pueblo-2-20250818-0002/ 

El pueblo 

Ecuador del mes de agosto en el pueblo. Hijos adultos y reaparición en las fiestas. El pase de tarde ha desaparecido. También los pasodobles y los turroneros, sustituidos por feriantes globalistas que ofrecen productos con sospechosos sellos CE. Algún puesto de escopetillas como testimonio del pasado, como última resistencia antes de la próxima prohibición. La nostalgia es un veneno, un refugio tan ventajista como cualquier otro. La certeza transita por terrenos más sólidos. Y la certeza es que la España rural languidece, aunque reaparece, como artificio, como un decorado, en verano. Las trillas se han convertido en mesas y agosto en una semana cultural.

En los últimos años han aparecido ensayos, como el superventas La España vacía, en los que se abordan las causas y consecuencias del éxodo campo-ciudad que dio comienzo durante el franquismo y que parece imparable. No hay wi-fi que remedie la carencia de servicios en los miles de pueblos españoles que, año a año, ven descender su censo o lo maquillan con empadronamientos ficticios que nadie osa denunciar. El pueblo suscita sentimientos encontrados: la salida que fue una huida del apero y el pudor por perder esa conexión telúrica, esa extraña imantación.

En el pueblo al que se regresa, al que se volvía con el coche repleto de objetos aculturizadores, aguardan las bicicletas y los ríos. También la silla de anea y el frescor de un portal. Allí reside la melancolía del último día del verano, anticipado por una tormenta y el acortamiento de las tardes. El regreso late en el mismo momento en el que se emprende la vuelta a la ciudad, ese en el que se enuncian deseos que no se cumplirán. Sin embargo, allí permanece la raíz, la casa vieja, solar conocido, casi siempre, por un mote.

Sin embargo, ante esas verdades, tan intangibles, la realidad, cruda, reaparece a finales de agosto, ese eterno ferragosto hoy vinculado, como si un acto de fe se tratara, al cambio climático, credo obligatorio, a despecho de los mecheros que queman el monte para asegurar trabajos o dar cumplimiento a pulsiones remotas.

La desaparición o modificación esencial del mundo rural es un hecho, aunque el breve trampantojo estival trate de ocultarlo o demorarlo. Y las consecuencias van mucho más allá de unos incendios que son un ejemplo palmario del abandono de las prácticas que construyeron ese paisaje falsamente natural. Al cabo, la biodiversidad la hicieron las cañadas y veredas, la trashumancia, no las directrices de los burócratas que hoy dictan nuevas técnicas de poda y regulaciones paralizantes. Los animales se han convertido en sagrados, pero también en plaga que acecha al borde de las carreteras. 

En dos semanas, los banderines amarillearán. Pero tras el invierno, cuajado de Sintrom y de casas cerradas, volverán las orquestas con sus destellos. Y una pareja bailará, aferrada a ritmos anticuados, como un testimonio del paso de la vida que se escapa, pero que regresa, caprichosa, en la pintada clandestina de una tapia que une los nombres de dos adolescentes. Porque eso, sobre todo eso, es el pueblo al que siempre se vuelve.

 

España no es al-Ándalus

La Gaceta de la Iberosfera, 11 de agosto de 2025.

https://gaceta.es/opinion/espana-no-es-al-andalus-20250811-0130/ 

España no es al-Ándalus

La pasada semana, este tuit, «España no es Al-Ándalus», publicado por Santiago Abascal, desencadenó una catarata de reacciones de lo más previsible. Desde el esencialismo católico hasta la más entregada islamofilia, pasando por diversas modulaciones relativistas, el mensaje recibió todo tipo de respuestas. La frase es, a mi juicio, totalmente acertada. Es más, creo que se puede ir más lejos y afirmar que España, así lo defendí en Reconquista. La construcción de España, se hizo contra —o frente, si así lo prefieren los oídos más sensibles— al Islam.

Sobre el verdadero significado de al-Ándalus hay diversas teorías. Una de ellas es la que sostiene el arabista y diputado de VOX por Córdoba, José Ramírez del Río. Según argumentó en un artículo publicado en 2017, es decir, antes del auge del partido de Abascal, el término deriva del griego «anatolé», que alude a Venus, planeta que los griegos llamaron Hésperos o Hesperia. En consecuencia, «al-Andalus» significaría «la tierra de Venus». Sea o no ese el significado de «al-Ándalus», lo cierto es que nada tiene que ver con «Hispania», origen del «Spania» empleado por los visigodos en una continuidad evidente respecto al sustrato romano. Una divergencia que desborda la toponimia, pues las incompatibilidades entre al-Ándalus y la España cristiana, eran más profundas.

La principal incompatibilidad era de carácter religioso, pues los musulmanes, no confundir con los moros, pues estos eran tan sólo una facción norteafricana, llamaban politeístas a los cristianos por su observancia del dogma trinitario. La cuestión, hoy tan remota, es esencial, si se quiere entender lo ocurrido entre 711 y 1492. Ahmad ibn Muhammad al-Razi (888-955) dejó escritas estas reveladoras palabras: «Los islamitas, luchando contra los politeístas y forzándoles a emigrar, se habían apoderado de su país hasta llegar a Ariyula, de la tierra de los francos, y habían conquistado Pamplona en Galicia y no había quedado sino la roca donde se refugió el rey llamado Pelayo con trescientos hombres. Los musulmanes no cesaron de atacarle hasta que sus soldados murieron de hambre y no quedaron en su compañía sino treinta hombres y diez mujeres. Y no tenían que comer sino la miel que tomaban de la dejada por las abejas en las hendiduras de la roca. La situación de los musulmanes llegó a ser penosa, y al cabo los despreciaron diciendo: «¿Treinta asnos salvajes, qué daño pueden hacernos?»».

Aquellos «treinta asnos salvajes», calificativo que habla más de rebeldía que de necedad, son el núcleo de un proceso histórico, llamado «Reconquista», durante el cual se fraguó la nación histórica española, sin perjuicio de que este incorporara algunos elementos provenientes de al-Ándalus, precedente de la actual nación política. Esa España histórica tuvo como modelo la España goda, y hasta tal punto se distanció de al-Ándalus, que extirpó el adopcionismo mozárabe surgido en Toledo, que ofrecía compatibilidades con el credo coránico.

España, en efecto, no es al-Ándalus. De hecho, si se diera una suerte de reedición de al-Ándalus, esta no sería España, pues ambos credos, el católico y el musulmán, manejan ideas de persona diferentes, incluso enfrentadas. Sorprende, por ello, o acaso no, pues nada parecen haber aprendido de los efectos del diálogo cristiano-marxista, la postura adoptada por el alto clero español, en relación a lo ocurrido en Jumilla. Menos sorprendente resulta el mensaje de la blasinfantista Teresa Rodríguez. Tan asumido tiene la Rodríguez el cuento romántico andalusí que, en respuesta a Abascal, ha dejado esta perla: «Entonces, Andalucía no es España».

 

Núñez, Ángel e Higuero y otros titulados del montón

La Gaceta de la Ibersofera, 4 de agosto de 2025.

https://gaceta.es/opinion/nunez-angel-e-higuero-y-otros-titulados-del-monton-20250804-0650/ 

Núñez, Ángel e Higuero y otros titulados del montón

«Tuvo muchas veces competencia con el cura de su lugar —que era hombre docto, graduado en Sigüenza—sobre cuál había sido mejor caballero: Palmerín de Inglaterra o Amadís de Gaula». La cita corresponde al capítulo primero de la primera parte del Quijote, en la cual, el hidalgo debatía con el sacerdote de su localidad acerca de la valía de aquellos personajes de fábula. Cervantes, nacido en la ciudad universitaria de Alcalá de Henares se mofaba del clérigo, formado en una universidad de menor prestigio, la de Sigüenza.

Aunque la España de la banda del Peugeot remita al Patio de Monipodio, nunca está de más regresar al Quijote. La visita es obligada a tenor de la crisis curricular desatada por la ya ex diputada popular, Noelia Núñez, a la que han dado continuidad el socialista José María Ángel, comisionado del Gobierno para la DANA y, de momento, el tránsfuga extremeño Ignacio Higuero. Es muy posible que la terna se vea aumentada pronto. El más firme candidato a convertirla en cuarteto es el prófugo de la justicia, Carles Puigdemont. En efecto, según ha desvelado Telemadrid, el de Amer no es ni licenciado en Periodismo ni en Filología Catalana, títulos que figuraron en su hoja de méritos. Indignado por el desvelamiento de esta basura curricular, el golpista envió un burofax a la cadena de Ayuso. En él, el golpista reconocía que el único título oficial que atesora es el de bachillerato. Un bachillerato ajustado a las leyes franquistas que lo equipara con uno de sus predecesores: José Montilla, ex presidente con menor pedigrí, a causa de su nacimiento en Iznájar.

El uso del término «titulitis» comenzó en los inicios de la década de los 70 y alcanzó su cénit cuando amplios sectores de la generación del baby boom, accedieron a la universidad pública, tiempo en el cual, los comedores de las viviendas obreras vieron colgar de sus paredes orlas y diplomas que enorgullecían a los padres de licenciados e, incluso, de doctores. Pronto, esos títulos requirieron de añadidos de pago: los máster. Generalizada la titulación, muchos políticos, bajo la fórmula «estudios de», adornaron sus currículums con títulos no completados e, incluso, como hemos visto en estos días, con carreras finalizadas antes de su implantación universitaria. Efectos de la titulación retrospectiva. 

La picaresca española goza de buena salud. De hecho, lo rufianesco, y en este caso no me refiero a don Gabriel, graduado social, une a España con la otra orilla del charco. Hace una década, en la Plaza de Santo Domingo de la Ciudad de México, siempre amenizada por el teclear de viejas máquinas de escribir, vi cómo se ofrecían títulos a la carta, obtenidos al instante a cambio de un puñado de pesos.

Aunque el caso de la joven ex diputada ha tenido un eco mediático, la que podríamos denominar doctrina Núñez, es decir, la dimisión o cese de quien se atribuya títulos que no posee, no parece que vaya a cuajar, pues de aplicarse, torres más altas que la de ese peón ayusista, caerían. Una de ellas, según ha desvelado la prensa, responde al nombre de Pilar Bernabé, delegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana y secretaria de igualdad del PSOE, protegida por el doctor que habita La Moncloa. 

 

Confederal el último

La Gaceta de la Iberosfera, 28 de julio de 2025.

https://gaceta.es/opinion/confederal-el-ultimo-20250728-0434/ 

Confederal el último

«En 18 meses dejaré mi escaño para regresar a la República Catalana». La frase la pronunció Gabriel Rufián a hace ya una década. En este tiempo, el diputado por Barcelona ha protagonizado unos cuantos numeritos y ha acumulado una importante suma de dinero procedente del Estado opresor, ese que impide la cristalización de la república que el de Santa Coloma de Gramanet acariciaba con los dedos en 2015. La vida en la Villa y Corte ofrece numerosas posibilidades y el Congreso de los Diputados imanta al portavoz de ERC. Rufián es, prácticamente, un madrileño más. De hecho, hasta exhibe un toque cheli desde la tribuna de oradores. Gabriel es, incluso, un parroquiano más de las tabernas que rodean el que algunos cursis llaman «Templo de la Palabra». 

Vienen a cuenta estas pequeñas pinceladas acerca del veterano diputado, porque la semana pasada su figura creció al proponer la construcción de una alianza plurinacional, que uniría a ERC, Compromís, BNG, Bildu y Adelante Andalucía. Los elementos aglutinantes serían Podemos e IU, cada vez más desmarcados del PSOE y de quien los desplazó de los bancos azules: Movimiento Sumar.

Las marcas que pretende unir Rufián se autocalifican como «de izquierdas», sin mayores especificaciones. No se precisa si se trata de comunistas, anarquistas o socialistas, por aludir a las corrientes más clásicas. Las piezas que vendrían a constituir un pequeño y zurdo Frankenstein tienen, sin embargo, algo en común: su percepción de España como una cárcel de esos pueblos a los que dicen representar. Por ello, lo urgente es sacudirse ese yugo para, inmediatamente, luchar contra los derechismos locales. Es decir, contra el PNV, Junts, Aliança Catalana y otros partidos que reproducen, a escala regional -nacional para Rufián & c.-, la correlación de fuerzas del Estado español. La configuración de este frente serviría, además, para impedir un Gobierno formado por la derecha y la ultra derecha, es decir, por el PP y VOX. Servirían, incluso, para aniquilar a los sumaritas.

Ocurre, sin embargo, que este frente, al que parece que Podemos se uniría de forma entusiástica, habida cuenta de cómo se derritieron Irene Montero y Ione Belarra en presencia de Otegui, alberga muchas contradicciones que cabalgar. La principal de todas ellas es el hecho de que, al margen combatir al «fascismo», es decir, a un fantasma, poco más hay en común que la búsqueda de la secesión de sus respectivas regiones o, como se dice ahora, territorios. EH Bildu ya ha mostrado una de las costuras, al alinearse, como siempre, con el PSOE, en su posición favorable al Decreto antiapagones al que Podemos votó en contra, o lo que es lo mismo, al votar, así funciona la lógica propagandística, «con VOX».

La España plurinacional con la que sueñan estos colectivos es una España profundamente desigual desde hace muchas décadas, y el desarrollo del Régimen del 78 no ha hecho más que ahondar en estas diferencias. Por ello, los modelos «izquierdistas» son muy diferentes en función del terruño en el que traten de implantarse, a pesar de los engolados contorsionismos de un puñado de profesores universitarios madrileños encantados de jugar a niños terribles en sus visitas a las herriko tabernas. 

Por otro lado, no hay que descartar que la tal alianza podría, en función de los resultados que arrojen las futuras elecciones generales, convertirse, una vez más y por oposición al «fascismo», en la muleta del PSOE, aunque fuera al precio de trocar su difuso federalismo y adoptar un nuevo lema: confederal el último.

 

De la mano

La Gaceta de la Iberosfera, 21 de julio de 2025.

https://gaceta.es/opinion/de-la-mano-2-20250721-0100/ 

De la mano

La semana pasada, el representante de la Comisión Europea ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea hizo público el descubrimiento del Mediterráneo. Tras sesudas investigaciones, el gobierno de la Unión Europea ha llegado a la conclusión de que la amnistía concedida por Sánchez a los golpistas catalanes no se debió al interés general de España, sino a su propia ambición, largamente cultivada en ambientes envueltos por una nube de vapor. Esos que frecuentó, al parecer, alguien que responde a las iniciales J. B. Se especula con que las grabaciones de sus visitas a las saunas de los Gómez allanaron el camino recorrido por el famoso Peugeot.  

Hace casi ocho años, Puigdemont a bordo de un Skoda primero, y de un Mazda, después, huyó al que creía paraíso, hoy convertido en un lugar hostil: Europa. Como tantos otros españoles que se autodesprecian por serlo, el de Amer creyó que más allá de los Pirineos todo el monte sería orégano. Al cabo, él es catalán, y es sabido, tal reza la propaganda, que los catalanes, a diferencia del resto de españoles, son europeos y, por ende, demócratas y tolerantes. La causa de la fantasmagórica República catalana, a la que un mozo de escuadra se encargó de bajar los humos, debía ser atendida en Bruselas. Y así lo pareció al principio, cuando el golpista se paseaba por algunas ciudades del Viejo Continente que, según el credo supremacista de los Torra, Junqueras y demás, hace frontera con África en el Ebro. Por seguir con la enumeración de vehículos relacionados con la corrupción de la nación española, es decir, con la secesión de parte de su territorio, Puigdemont, gracias a la pasividad de las fuerzas del orden, se dio un garbeo por Barcelona el año pasado a bordo de un Honda.

Sin embargo, recientemente, las cosas se han empezado a torcer para el prófugo de la justicia española. Europa se muestra insensible ante el narcisismo de los catalanistas. Lo último, a pesar de que Albares se deja la vida en ello, ha sido un nuevo rechazo a que el catalán sea oficial dentro de la UE. Antes de recibir ese nuevo jarro de agua fría, el de Amer ya había vuelto su mirada hacia la opresora España. Hastiado de tanta incomprensión, el ex presidente de la Generalidad ha pedido amparo a las polvorientas togas del Tribunal Constitucional. Su objetivo es lograr la suspensión de la orden nacional de detención que mantiene Pablo Llarena. Ante la tenacidad del juez, Gonzalo Boye, condenado en 1996 a 14 años de prisión por colaborar con ETA en el secuestro de Emiliano Revilla, ha solicitado la adopción de una medida cautelarísma. Trata, con ello, de evitar los perjuicios que estaría sufriendo su cliente ante un final muy distinto al que deseamos los que no vemos interés general alguno en amnistiar a golpistas.

Mientras se resuelve la situación judicial de Puigdemont, Sánchez se sigue plegando a todas y cada una de las exigencias de un catalanismo que ha salido reforzado de aquel 1 de octubre de 2017. La pieza que ahora quieren cobrarse los secesionistas es nada menos que una financiación singular, es decir, privilegiada, para la región. Un cupo catalán que, de implantarse, será muy difícilmente reversible. Tanto como ese, en palabras de Mikel Buesa, pufo vasco, que en su día defendió Cristóbal Montoro, oportuna cortina de humo que disipa la obscena imagen esbozada por Boye: la de un Gobierno, el de España, y la de los secesionistas, yendo de la mano.

El vaho de la sauna

La Gaceta de la Iberosfera, 14 de julio de 2025.

https://gaceta.es/opinion/el-vaho-de-la-sauna-20250714-0010/ 

El vaho de la sauna

La semana pasada, las informaciones, fango, en palabras del Presidente y de sus corifeos, que se han venido publicando con cuentagotas, sobre el mundo desde el que medró Sánchez, llegaron con toda crudeza al Congreso de los Diputados. En algunos medios, los testimonios de seguratas y de gentes que desfilaron por las saunas y prostíbulos del clan de Sabiniano, lo salpicaron todo, como si del descorche de una botella de champán, largamente reservada para la ocasión, se tratase. De repente, todo encajó.

Las declaraciones de Rafael Amargo, que confesó dar techo a un chico que trabajaba de escort en las saunas de prostitución masculina del padre de Begoña Gómez, regresaron a las pantallas. También volvió La Veneno, musa de esos Javis que posaron con Pedro Sánchez en la fiesta en la que celebró sus primeros 100 días en La Moncloa. También regresó su novio, Andrea Petruzzelli, que confirmó lo ya conocido: que la Sauna Adán no era un lugar destinado a eliminar toxinas por vía cutánea, sino un prostíbulo en el que hizo servicios durante el tiempo de una legislatura. Por no faltar, no ha faltado siquiera una referencia libresca, con tarifa —40 euros— incluida, a cargo de Bob Pop.

Los próximos días nos traerán detalles cada vez más sórdidos, más escatológicos, sobre el, nunca mejor dicho, ambiente que elevó a un Sánchez que, según contó en su epístola, sigue profundamente enamorado de quien, dicen, preparaba los sobres para pagar a aquellas a las que El Pana brindó su último toro en la Monumental de México: daifas, meselinas, meretrices, prostitutas, suripantas, buñis, putas. Si al torero mexicano le dieron «protección y abrigo en sus pechos y en sus muslos», a Begoña, los putos y putas, en correcta paridad, le procuraron lujosos cobijos, viviendas en las que se instaló el pasajero más apuesto del Peugeot.

El vaho de las saunas de Sabiniano seguirá trayendo borrosas imágenes. Una neblina capaz de ablandar las más firmes convicciones de las feministas —Pilar Alegría, Ana Redondo, Elma Saiz— gubernamentales que, hasta hace poco, saltaban con la ensobradora en los fastos del 8M. El argumentario ya ha comenzado a rodar: quienes critican a Sánchez son homófobos… Sánchez no es culpable de la conducta de su finado suegro…

El vapor de las saunas de Sabiniano, sin embargo, ha sido muy útil esta semana para el principal propósito de Sánchez: su permanencia en La Moncloa. Durante estas lúbricas jornadas apenas se ha prestado atención a la intención del Gobierno de dotar a Cataluña de una financiación publicitada como «singular», pues llamarla privilegiada chirriaría hasta en los oídos más piadosos del izquierdismo estatal. Ante la inminencia de las reuniones bilaterales, Oriol Junqueras ha recordado que la Presidencia tiene, de momento, un precio: la gestión de 30.000 millones en tributos por parte de un fisco catalán autónomo. El delincuente ha deslizado también una amenaza: si Sánchez no destruye la caja común, «no acompañaremos al PSOE». Al ex recluso le ha faltado aclarar el lugar al que se presta a seguir al así llamado «galgo»: a una España, ya corrompida por los conciertos económicos vasco y navarro, convertida en un Estado confederal asimétrico donde el supremacismo —«los catalanes tenemos más proximidad genética con los franceses que con los españoles», dijo en su día Junqueras— campe a sus anchas.

 

De Jesulín a Pedro Sánchez

La Gaceta de la Iberosfera, 7 de julio de 2025.

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De Jesulín a Pedro Sánchez

En 1994, Jesulín de Ubrique, bajo el lema «Va por ellas», se encerró con seis toros en el coso de Aranjuez ante 9.000 mujeres. La corrida, retransmitida por Antena3, se convirtió en la más vista de la historia. Ante el éxito obtenido, Jesulín repitió el 20 de octubre del año siguiente en el Puerto de Santa María. 14.000 hembras arroparon al diestro gaditano, que cerró su gira, tan plena de lances como de lencería, en Granada. El pasado sábado, en su intervención en el Congreso Federal, Pedro Sánchez, que nada quiere saber de la tauromaquia, pues se trata de una actividad ajena al progresismo que tanto predica, dijo estar dispuesto a «capear el temporal», sin aclarar si lo pretendía hacer por delantales, gaoneras o ejecutando un trincherazo.

La capa, real o metafórica, no es lo único que une al diestro gaditano y al zurdo madrileño. Si Janeiro se rodeó de aquella multitud de mujeres, acaso demasiadas, que diría C Tangana, Sánchez hizo lo propio en un acto, eminentemente sexista, camuflado de feminista. De un feminismo administrado, que diría Sharon Calderón. Un feminismo, ya lo dijo Ábalos en 2020 —«soy feminista porque soy socialista»— conectado de forma biunívoca con Ferraz, lugar en el que Sánchez se encerró, a lo Jesulín, con un puñado de mujeres del partido, entiéndase, del PSOE, para marcar distancias con su entorno más inmediato, el que le convirtió en El uno

Apenas un día después de su baño de estrógenos, saltó la noticia de que otro miembro de su entorno más inmediato, Francisco Salazar, pieza clave para neutralizar a Susana Díaz, al que Sánchez pretendía incorporar a la dirección socialista, acosaba a sus compañeras. Según parece, las «actitudes babosas» del ayatolá de Montellano comenzaron hace años, tiempo en el cual, los canales internos de denuncia estuvieron obturados. 

Ante esa realidad, la imagen de Sánchez aplaudido por un conjunto de compañeras, palidece. El tan comentado narcisismo —«estoy bien»— de Sánchez, encantado de ser aplaudido, sólo es posible si un conjunto de cortesanos, en este caso, de hembras, lo consolidan, pues el socio de EH Bildu no puede pisar la calle sin escuchar insultos o alusiones al mundo canino. Ajenas a esa realidad, las que miraron para otro lado cuando Irene Montero impulsó su nefasta ley del sólo sí es sí, ovacionaron al campeón del feminismo, al capitán al que deben su puesto. Las que, fieles al argumentario que sostiene al «puto amo», repiten al unísono que Salazar ha sido apartado de inmediato, permanecieron, sin embargo, mudas como sobrinas mientras el feminista Ábalos se mantenía en el partido durante más de un año. Las que arroparon a Sánchez y se complacen con la iniciativa «abolicionista» de la prostitución, también han defendido a capa y espada a la contable de unas saunas cuyos clientes no se limitaban a la lectura de las obras de Cavafis. Muchas de ellas se partieron las manos hace años en una interminable ovación a Ábalos, compañero de viaje Pedro Sánchez, que al igual que Yolanda Díaz, palmera mayor del reino, no supo responder a Santiago Abascal cuando este les hizo una pregunta que Jesulín hubiera contestado sin titubear: «¿Qué es una mujer para ustedes?».

 

Illa el doliente

La Gaceta de la Iberosfera, 30 de junio de 2025.

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Illa el doliente

El 28 de febrero, durante la sesión de la Comisión Constitucional, el portavoz de Junts, Josep Pagès Massó, aclaró a Cayetana Álvarez de Toledo que no debía imputar la amnistía al ministro Bolaños. Aclaró que la redacción de la ley de amnistía había sido cosa de sus mismos beneficiarios. La pasada semana, el día en el que la ley recibió el aval de las seis togas más polvorientas, Jordi Turull, secretario general de Junts, se apresuró a confesar que él participó en su redacción, antes de acusar al Tribunal Supremo de prevaricar por mantener la orden de detención que pesa sobre Carlos Puigdemont. Ante el éxito obtenido los secesionistas se dan codazos para salir en la foto de los redactores de una ley que no sólo olvida lo ocurrido, sino que sienta las bases para un nuevo y anunciado golpe de Estado. «Lo volveremos a hacer», proclaman, ufanos, los secesionistas a los que su odiado Estado español mima.

Para conseguir la total impunidad de sus actos, para el ansiado regreso de Puigdemont, que hace casi un año se dio un garbeo por el centro de Barcelona sin que nadie tocara un pelo de su famosa cabellera, tan sólo queda el obstáculo del Tribunal Supremo, que sigue insistiendo en la imposibilidad de amnistiar el delito de malversación de fondos, algo sobre lo que los muchachos de Conde-Pumpido no se han pronunciado. Los dineros, como en el caso de Al Capone, son la última posibilidad de bloquear el renacimiento golpista del que tendremos nuevos episodios a la vuelta del verano.

En medio del gallareo de los golpistas, se abrió paso la voz del máximo representante del Estado en Cataluña, Salvador Illa, que, una vez conocida la decisión del Tribunal Constitucional, dijo: «Como presidente de Cataluña me duele que en Cataluña haya personas que todavía no se hayan podido beneficiar de esta ley de amnistía», en clara referencia al fugado Carles Puigdemont, cuyas políticas, singularmente la de la marginación del español, han tenido continuidad con la llegada al poder del líder del PSC. Apenas un día después de dolerse por la situación del golpista afincado en el corazón de Europa, Illa, que en su día, cuando convenía, sostenía la inconstitucionalidad de la amnistía, recibió la visita de Albares, ministro que se deja la piel para hacer oficial el catalán en la Unión Europea, al tiempo que mantiene sus anteojos empañados frente a la realidad de la marginación que sufre la lengua de Cervantes en la tierra gobernada por su anfitrión. 

Un siglo después de que Miguel de Unamuno pronunciara su famoso «¡Me duele España!», Illa se duele por el golpismo pues, a pesar del tono beatífico que emplea en sus manifestaciones, el licenciado en Filosofía que gobierna Cataluña es plenamente consciente de la necesidad que su partido, y su sucursal de Ferraz, tienen de un secesionismo sólido. El proyecto confederal debe seguir su curso, y para ello, es necesaria la acción coordinada de los dos socialismos, el catalán y el estatal, siempre dispuestos a debilitar la unidad de la nación, siempre abismados ante los cacicazgos regionales. De ahí que un representante de cada marca, el doliente Illa y Bolaños, actúen como arietes contra un Tribunal Supremo que todavía resiste.

 

Acomodar la masculinidad

La Gaceta de la Iberosfera, 23 de junio de 2023.

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Acomodar la masculinidad

El 5 de diciembre de 1990, el F. C. Barcelona y el Real Madrid jugaron en el Camp Nou el partido de ida de la Supercopa de España. Aquella noche dejó dos imágenes para la historia de los clásicos: el pisotón que Hristo Stoichkov dio al árbitro Ildefonso Urízar Azpitarte y el obsceno gesto que Hugo Sánchez dedicó a los aficionados culés al concluir el encuentro con victoria blanca. A ambos les cayeron sendas sanciones. Aunque en el caso del búlgaro, se habló en todo momento de pisotón, en el del mexicano se empleó una forma eufemística: Hugo había acomodado su masculinidad ante los espectadores que le increpaban. 

Recientemente, la red X ha ofrecido una evocación, probablemente involuntaria, del gesto del mítico nueve. El protagonista ha sido el propietario del restaurante Pescador, sito en localidad tarraconense de La Rápita. Así expuso los hechos la Associació Acció pel català: «El propietario de este comercio ha sido un maleducado cuando alguien del equipo ha intentado hablar con él para cambiar rotulaciones. Literalmente la respuesta ha sido: ponerse la mano en la cojonera y decir que por aquí el catalán… catalanofobia en estado puro».

El pecado de este trabajador ha sido colocar a los lados de su puerta unos carteles de fondo azulado en los que anuncia, ¡únicamente en español!, pulpo a la gallega, bravas y gambitas rebozadas. Toda una afrenta para los asociados que se dedican al chivatazo y a la denuncia pública de quienes consideran catalanófobos por el simple hecho de emplear el idioma mayoritario en la región. Por elegir, en definitiva, el idioma que creen más conveniente para sus objetivos comerciales, razón por la cual, el interpelado, que habla catalán, ha echado mano de su masculinidad.

El gesto no pasa de ser una mera anécdota. Sin embargo, las reacciones al mensaje de la asociación delatora, que en su web tiene habilitada una línea de denuncias, son elocuentes. En ellas aparecen todos los componentes del supremacismo que impregna a amplios sectores de una región que, como respuesta al desprecio, cuando no odio, mostrado por sus gobernantes y sus satélites, hacia el resto de la nación, recibe constantes concesiones por parte del Gobierno de turno, en un proceso que se realimenta. El drama que vive la Asociación Acción por el catalán ha coincidido con la reunión de Pedro Sánchez con Salvador Illa, presidente de la Generalidad, institución que ampara las denuncias por no rotular en catalán y que destina ingentes cantidades de dinero para intentar erradicar de la escena pública al español. Son muchas las especulaciones acerca de lo hablado por los dos socialistas. Una de ellas insinúa que el marido de Begoña podría ceder su sitio, garantizando de algún modo su seguridad jurídica, a Illa. La posibilidad de que ello ocurriera llevaría a un miembro del PSC a gobernar España, haciendo visible lo que todo el mundo sabe: que Ferraz, al menos desde los tiempos de Zapatero, se sostiene desde Barcelona. Esta opción abriría la vía confederal, también llamada plurinacional. Se podría, incluso, dar al catalán el carácter de lengua oficial en toda España, manteniendo, por supuesto, la marginación del español en Cataluña, y favorecer su uso en la Unión Europea, empeño en el que Albares gasta sus energías. Todo ello se haría con mucho seny, con la doblez característica de gentes como esos señaladores a los que el dueño del Pescador ha transmitido su discrepancia del modo más gestual.