viernes, 17 de diciembre de 2021

Blasinfantilismo

 La Gaceta de la Iberosfera, 13 de agosto de 2021:

https://gaceta.es/opinion/blasinfantilismo-20210813-1023/

Blasinfantilismo

            Como era de prever, Vox no acudió al florilegio que, encabezado por Moreno Bonilla, se tributó a Blas Infante ante su monumento en la antigua carretera de Carmona en Sevilla, con motivo del 85º aniversario de su fusilamiento. Como toda taifa autonómica que se precie, Andalucía escogió hace décadas a su patriótico padre, del mismo modo que hace más de un siglo, Sabino Arana asumió la paternidad de los secesionistas vascos o Rafael de Casanova, una vez mutilado su pregón austracista, lo es de los catalanes que quieren alzarse con la tierra para hurtárnosla al resto de españoles. En el extremo occidental, la Galicia de Feijoo se abraza a Castelao en busca de una referencia paterna.

            Las reacciones ante la ausencia de Vox de estos fastos no se han hecho esperar. Entre ellas ha destacado una tribuna de opinión publicada en el Diario de Sevilla bajo el título «La nueva pataleta de Vox». Su autor, Isidoro Moreno, catedrático emérito de Antropología y miembro de la Fundación Blas Infante, que se encargará de elaborar los contenidos de un programa titulado Andalucía: un pueblo con Historia que verá la luz gracias a un convenio de colaboración entre la susodicha fundación y Canal Sur. En el escrito, don Isidoro, además de exhibir su largo currículum, hace gala de su andalucismo, pero también de su pertenencia al Partido del Trabajo durante el tardofranquismo, paso previo a su paso al «nacionalismo soberanista y solidario blasinfantiano», más atractivo que la ortodoxia marxista que, a su decir, profesaba hasta ese momento. Su desmarque del PSOE, -«Desde el año 82 no he tenido militancia partidista alguna y rehusé incorporarme, como hubiera sido fácil e hicieron muchos, al carro de la supuesta izquierda triunfante: el PSOE de Felipe González y Alfonso Guerra»- del que hace gala en el artículo, fue breve. De hecho, en el muy socialista año de 1986, Moreno, que tiempo atrás había lanzado unas impotentes y gremialistas críticas al libro de Gustavo Bueno, Etnología y Utopía, participó en una reunión celebrada en Madrid, que convocó a diversas organizaciones indígenas americanas, encuentro que auspició la Comisión del V Centenario.

            Más allá de la colaboración con una comisión que ajustó las conmemoraciones de 1992  a los vergonzantes quicios ideológicos dominantes -«encuentro» en lugar de «descubrimiento»- del momento, la mayor aportación de Isidoro Moreno a la Andalucía blasinfantista a la que, desde diferentes posiciones y con diversa intensidad, se ha sumado todo el espectro partitocrático andaluz, tiene que ver con la Semana Santa y con una serie de señas de identidad útiles para sostener la idea de que la andaluza es una «cultura negada, frivolizada o prostituida». Una cultura, en definitiva, propia de «un pueblo dependiente y subalternizado» que, así lo ha sostenido Moreno, «ha sido permanentemente negada, frivolizada o incluso prostituida principalmente desde el poder estatal dominante y desde la intelectualidad al servicio de este. Y también ha sido negada por quienes, instalados en el reduccionismo marxista, confundieron el subdesarrollo económico con la imposibilidad de existencia de cultura específica, negando de hecho a los pueblos y clases populares la facultad de ser creadores de cultura y otorgando, al menos implícitamente, esta capacidad sólo a las burguesías dominantes» («La cultura andaluza en el comienzo del tercer milenio: balance y perspectivas», Revista de Estudios Regionales, 2002). Cautivo del mito de la cultura, Isidoro Moreno ha mantenido con insistencia sus tesis plenamente compatibles con el modelo plurinacional que, amparado por el comodín del federalismo, tratan de implantar en España las facciones políticas, económicas y mediáticas hegemónicas: «Como hemos venido señalando desde hace años (Moreno, 1981, 1985, 1986a, 1986b, 1993, 2001b) la mayor dificultad para la consolidación de la conciencia cultural andaluza ha sido, y en gran parte continúa siendo, la apropiación de lo específicamente andaluz por parte de los poderes estatales para tratar de construir, con base en algunas de las expresiones formales de la cultura andaluza, desfuncionalizadas y vaciadas de sus más importantes significaciones y potencialidades, una “cultura española” genérica, negadora del carácter pluricultural».

            Defensor de las esencias culturales andaluzas, blasinfantista confeso, Isidoro Moreno, incorporado a las estructuras que han cristalizado al calor del autonomismo socialista, ha pasado de asumir el lema «pan, trabajo, tierra y libertad», puesto en circulación por el sacerdote Diamantino García Acosta y empleado por postconciliar Partido del Trabajo, a sumarse a la demonización de Vox operada, en su caso, en el de un defensor de la Semana Santa, bajo el patronazgo de un muladí.

Wikiconexiones

 La Gaceta de la Iberosfera, 8 de agosto de 2021:

https://gaceta.es/opinion/wikiconexiones-20210808-1104/

Wikiconexiones

            Firmado por Carlos Enrique Bayo, el pasado 6 de agosto, el diario Público ofreció a sus lectores un artículo titulado «Grandes fortunas y altos ejecutivos españoles financiaron el nacimiento de Vox a partir del grupo ultracatólico Hazte Oír». En el texto se incorporaba una tabla en la que se desvelaban los dineros dados por tan acaudalados personajes al partido de Abascal. La suma de las aportaciones ascendía, sin embargo, a la magra cantidad de 48.000 euros, corta cifra para tratarse de «grandes fortunas y altos ejecutivos».

            El artículo de Bayo se apoyaba en las filtraciones realizadas por la plataforma de alertadores de Wikileaks. Un total de17.000 documentos fechados entre 2001, año en que Ignacio Arsuaga fundó Hazte Oír, antes de poner en marcha CitizenGo en 2013, y 2017, fecha en la que se celebró el Word Family Congress (WFC) en Budapest, en la que intervino Orban, a quien siguió Salvini en la edición de 2019. Por en medio, en 2012, el WTC se organizó en España, momento en el cual se produjeron las aludidas donaciones, entre las que destacan las de los llamados «grandes donantes», que aportaron la siguiente calderilla: Esther Koplowitz (10.000 euros), Isidoro Álvarez (10.000 euros) o Juan Miguel Villar-Mir (5.000 euros). El artículo tantea la conexión rusa de Hazte Oír y, por supuesto, la de Abascal con la llamada extrema derecha europea, antes de desgranar el desencuentro entre el de Amurrio y Arsuaga, cuyos vínculos con El Yunque se anuncian para la siguiente entrega.

            Como es lógico, Virginia P. Alonso, directora de Público, presidente de la Plataforma en Defensa de Libertad de Información (PDLI) y miembro de la junta ejecutiva del International Press Institute (IPI), instituciones que, tal y como demostró Andréi Kononov, están financiadas por George Soros, se hizo eco de la exclusiva de Bayo, facilitada por la macrofiltración de Wikileaks, plataforma conectada con el mundo lazi a través de Julian Assange, fundador tanto del portal de filtraciones como del partido paneuropeísta DiEM 25, que propugna una Unión Europea convertida en una sola jurisdicción en la cual el mantenimiento de Cataluña como parte de España sería irrelevante. Durante los golpistas días de 2017, Assange llegó a publicar un tuit cada trece minutos a favor de los facciosos, que hallaron tal atractivo en el australiano, que Oriol Soler, hombre de Puigdemont, se reunió con él en la embajada de Ecuador en Londres.

            Si de oscuras conexiones se trata, las de Wikileaks con Soros también existen. De nuevo es Kononov quien nos las ofrece. La plataforma y su fundador deben su existencia al Centre of Investigative Journalism (CIJ), dirigido por Gavin MacFayden, que contó con la financiación, entre otros, del Open Society Institute, pero también de la Fundación Ford, añeja tapadera de la Central de Inteligencia Americana. Al entorno sorosiano pertenecen también muchos de los letrados que han defendido a Assange, incluido el británico Ben Emmerson, abogado del miembro de Al-Qaeda, Abu Qatada, pero también del fugado Puigdemont ante Naciones Unidas. Para cerrar la lista de togados que orbitan sobre este complejo entramado, hemos de mencionar a Baltasar Garzón, defensor de Assange, cuya fundación -Fundación Internacional Baltasar Garzón (FIBGAR)-, según se puede comprobar en la página de Open Society, recibió 25.000 dólares en 2018.

            Tan sólo ingenuos y sobornados pueden permanecer al margen de la evidencia de poderosas ingerencias externas en la política española. De hecho, la existencia de una sociedad política completamente blindada ante las estrategias de sus enemigos es una quimera. En paralelo a los intereses estatales, existen nexos ideológicos que ligan a grupos de diferentes naciones. Tarea del investigador es tratar de esclarecer la naturaleza y operatividad de las diferentes trabazones. Por lo que respecta a Vox, su ascenso a partir de 2017 no se debe a extrañas alianzas con grupos ultras, sino al hecho de haberse convertido en la única fuerza política que se opone sin complejos al ataque a la soberanía nacional operado en Cataluña, factor este, imperceptible para un medio como Público.

Castillo Terrones: entre Túpac Amaru y la Agenda 2030

 La Gaceta de la Iberosfera, 31 de julio de 2021:

https://gaceta.es/actualidad/castillo-terrones-entre-tupac-amaru-y-la-agenda-2030-20210731-0700/

Castillo Terrón: entre Túpac Amaru y la Agenda 2030

La subida del impuesto alcabalero que gravaba la industria de los arrieros dio lugar a la revuelta encabezada por el peruano José Gabriel Condorcanqui en 1780. Alzado contra la autoridad virreinal, don José Gabriel, que había recibido una esmerada y trilingüe -quechua, español y latín- educación en el Colegio San Francisco de Borja o Colegio de Caciques del Cuzco, trocó su nombre por el de Túpac Amaru II y sustituyó sus vestimentas hispanas por las de incaica usanza, las empleadas por sus ennoblecidos antepasados. Casado con la mestiza zamba Micaela Bastidas, Condorcanqui Noguera había sido nombrado cacique de los territorios que le correspondían por herencia, fijando en Cuzco su residencia, ciudad desde donde viajaba para controlar sus negocios.

La mecha de la rebelión, que se cobró la vida del corregidor Antonio de Arriaga, la prendió el motín de Arequipa, al que siguió el de Socorro. El lema coreado por las altas esferas criollas, las directamente perjudicadas por el alza impositiva, se escuchó décadas después, con escasas modificaciones, en otros núcleos urbanos del Imperio español: «¡Viva el rey, muera el mal gobierno!». Pronto, la revuelta criolla amplió sus dimensiones inciales, al sumarse los indios, que desplegaron una inusitada e indiscriminada violencia de la que fueron víctimas tanto criollos como españoles peninsulares. Así, el móvil y origen del conflicto se distorsionó por completo, hasta el punto obligar a las fuerzas criollas a sofocarlo. Hoy mitificado, muchos de quieren profesan admiración por Túpac Amaru II ignoran que, aunque su propósito fue expulsar de Perú a los españoles peninsulares, principales competidores de los criollos, el niño acuñado bajo la impronta jesuítica nunca cuestionó la autoridad de la Iglesia ni la de la Corona. De hecho, su mayor aspiración fue hacer valer su elevada ascendencia inca para reclamar el título de «Don José primero por la gracia de Dios, Inca Rey de Perú», aspiración que no alcanzó, pues el sedicente rey inca fue ajusticiado junto a su familia en la plaza de Cuzco, con extrema y ejemplarizante crueldad, el 18 de mayo de 1781.

Doscientos cuarenta años después del desmembramiento de Túpac Amaru, su nombre volvió a aparecer en el discurso de toma de posesión del nuevo presidente peruano, don Pedro Castillo Terrón, que lamentó que el abrupto final de la revuelta acabara con las élites andinas y subordinara aún más a la mayoría de los habitantes indígenas de su rico país. Los culpables de todo aquello fueron, así aseveró el presidente, «los hombres de Castilla», que contaron con el auxilio de un multitud de felipillos, esto es, de intérpretes que facilitaron el éxito de los codiciosos españoles dentro de la convulsa realidad que hallaron en el edénico y ecológicamente sostenible Tawantinsuyo.

El discurso del nuevo presidente peruano, trufado de tópicos negrolegendarios y evocaciones de un infantil espiritualismo, fue presenciado, ayudado por altas dosis de estoicismo, por el rey Felipe VI, heredero de aquel Carlos IV al que el artificiosamente indigenizado Túpac Amaru, cuyo nombre fue empleado a finales del siglo XX por un movimiento revolucionario, expresó su inquebrantable lealtad. Inasequible a la contradicción de reivindicar a un representante tan genuino del antiguo régimen, el virreinal, al que culpa de todos los males peruanos, Castillo, fiel observante del credo ambientalista, aunque opuesto al aborto y al matrimonio homosexual, lanzó al aire oficialista una última bermejía: no ocupará la Casa de Pizarro, vencedor en la Cajamarca en la que vio sus primeras luces quien ha accedido al poder de la nación que surgió de la transformación del Virreinato del Perú, tocado por un blanco chapeo y montado a lomos de un caballo. 

Buscando a Bronston

 La Gaceta de la Iberosfera, 25 de julio de 2021:

https://gaceta.es/opinion/buscando-a-bronston-20210725-0800/

Buscando a Bronston

            «Una lengua de progreso y emprendimiento», en referencia al idioma español, y el deseo de convertir a «España en el Hollywood de Europa», son los titulares más sonoros que Pedro Sánchez ha dejado, junto a las críticas a oceánica distancia a la oposición, en el curso de su gira comercial por los Estados Unidos. Consciente de que en el país de las barras y las estrellas hay más de 44 millones de hispanohablantes, número que, previsiblemente, crecerá en los próximos años, el antiguo alumno del Ramiro de Maeztu no pudo menos que escenificar una  particular defensa de la hispanidad, encareciendo las potencialidades de la lengua española que mantiene su impronta en la toponimia -Los Ángeles- sobre la que se ha movido un Sánchez que, lógicamente, ha ocultado la realidad de que en la nación que gobierna, su partido es cómplice, cuando no impulsor, de la erradicación de la lengua de Cervantes de la vida oficial.

            A pesar de la usofobia que exhiben algunos de sus principales socios, Sánchez sigue buscando con denuedo -recordemos aquel fugaz paseíllo- una imagen junto al emperador Biden, contrafigura de un Trump convertido en símbolo de la derecha airada y extrema. Parafraseando a Machado -Antonio, no Manuel-, parece inevitable que uno de los dos presidentes hiele el partitocrático corazón español. Más allá de tan publicitarias identificaciones, pues el imperio norteamericano no puede escorar bruscamente su estrategia dependiendo de quién ocupe la Casa Blanca, llama poderosamente la atención un anhelo, el cinematográfico de Sánchez, que hace inevitable su conexión con el tiempo que sirve de obsesiva referencia para gran parte del espectro político y sociológico español: el franquismo.

            Según se desprende de sus declaraciones, Pedro Sánchez parece reclamar la llegada de un nuevo Samuel Bronston capaz de revitalizar una de las industrias que más ha apoyado la causa izquierdista durante las últimas décadas. Al cabo, a nadie le es ajeno el hecho de que los despectivamente llamados «titiriteros» han contribuido decisivamente tanto a establecer una particular visión sobre el pasado, coincidente con la recogida en la recientemente aprobada Ley de Memoria Democrática, como a imponer una serie de cánones de lo política, sexual y ambientalmente correcto tan rigurosos, que aquel que se aparte de ellos es expelido de una industria que goza de jugosas subvenciones. Hasta tal punto alcanza el sectarismo de este sector, que produce efectos tan disparatados como las manifestaciones de Alba Flores en las que afirmaba que su abuela, «de haber tenido conciencia política habría tenido que exiliarse», palabras que precedieron a una suerte de disculpa por las habituales actuaciones de La Faraona ante el general gallego contra el que combaten ardorosamente, casi medio siglo después de su muerte, muchas de las gentes del celuloide.

            Los guiños de Sánchez a la industria audiovisual norteamericana llegan sesenta años después de que en España se estrenara El Cid, película producida por Samuel Bronston, dirigida por Anthony Mann y asesorada históricamente por don Ramón Menéndez Pidal, con Charlton Heston y Sofía Loren como protagonistas. El filme llegó a las pantallas después del apoyo dado por los Estados Unidos para la entrada de España en la ONU y de la visita que el 21 de diciembre de 1959 realizó Eisenhower a la base de Torrejón de Ardoz, en la cual dio un abrazo a Franco que para sí querría el actual presidente español, trocando al general presidente norteamericano por el demócrata Biden.

            Como toda producción de índole histórica, El Cid de principios de los 60 no se limitó a reconstruir ingenuamente las hazañas del protagonista de uno de los cantares más célebres del medievo. El cantar, que ya distorsionó al Cid histórico, dio cuerpo a una película de enorme carga alegórica, que sirvió tanto a los intereses norteamericanos como a los españoles de aquel tiempo. Los sarracenos, amenaza de la civilización occidental en su momento, podían ser interpretados a mediados del siglo XX como una suerte de precedente bárbaro de los soviéticos, visión compatible con la que el Caudillo  incluyó en su discurso pronunciado el 24 de julio de 1955, durante la inauguración del Monumento al Cid Campeador erigido en Burgos. De algún modo, Franco se identificaba con el guerrero de Vivar, tal y como se desprende de sus palabras: 

«El Cid es el espíritu de España. Suele ser en la estrechez y no en la opulencia cuando surgen estas grandes figuras. Las riquezas envilecen y desnaturalizan, lo mismo a los hombres que a los pueblos. Ya lo vislumbraba nuestro genial escritor y glorioso manco en su historia inmortal, en la pugna ideológica del Caballero Andante y del escudero Sancho. Lanzada una nación por la pendiente del egoísmo y la comodidad, forzosamente tenía que caer en el envilecimiento. Así pudo llegarse a esa monstruosidad que hace unos momentos se evocaba de alardear de cerrar con siete llaves el sepulcro del Cid. ¡El gran miedo a que el Cid saliera de su tumba y encarnase en las nuevas generaciones! ¡Que surgiera de nuevo el pueblo recio y viril de Santa Gadea y no el dócil de los trepadores cortesanos y negociantes! Este ha sido el gran servicio de nuestra Cruzada, la virtud de nuestro Movimiento: el haber despertado en las nuevas generaciones la conciencia de lo que fuimos, de lo que somos y de lo que podemos ser.»

En un contexto diferente a comentado, de salir adelante la conversión de «España en el Hollywood de Europa», cabe preguntarse acerca de qué materiales históricos pueden ser útiles a las actuales estrategias del imperio del dólar y qué papel podría jugar en ellas un Sánchez comparado en los Estados Unidos con Supermán.


Matria

 La Gaceta de la Iberosfera, 18 de julio de 2021:

https://gaceta.es/opinion/matria-20210718-1049/

Matria

Aunque no era la primera vez que lo empleaba, como ella misma se encargó de recordar posteriormente, el reciente manejo del término «matria» por parte de la Vicepresidenta Segunda del Gobierno de España y Ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, ha causado cierto revuelo en las redes sociales y otros reñideros sujetos a censura. Al cabo, no todo el mundo está dispuesto a mutilar su léxico y, al tiempo, asumir contenidos de una jerigonza, indoctamente feminista, que incorpora palabras como miembras, todes o soldadas, en relación, esta última, a unas mujeres dedicadas a la milicia, «religión de hombres honrados» a decir de Calderón de la Barca.

Acaso para revestirse de cierta de pátina de clasicismo, doña Yolanda, a la cual se le han caído tres másteres del curriculum con el que accedió a su cartera ministerial, recordó que Unamuno, Borges, Virginia Woolf o Julia Kristeva ya hablaban de «un espacio que nada tiene que ver con la tierra de nacimiento, ni con el Estado, sino con un lugar interior en el que crear un lugar propio», razón, a su parecer, suficiente, para cambiar patria por matria. Antes de desgranar tan heterogénea retahíla de nombres, Díaz, haciendo gala de su fe europeísta, se refirió a Edgar Morin, padre del rótulo «Matria Europa», que en 1956, gracias a los auspicios de la Fundación Ford, pantalla del anticomunista Congreso por la Libertad de la Cultura, fundó la revista Arguments, publicación que echó a rodar un lustro después de que el ya centenario Morin fuera expulsado del  Partido Comunista Francés por su antiestalinismo. Ignoro si la Díaz, militante del PCE, conoce estos datos, aunque no me cabe duda de que podría sortear con facilidad estas aparentes contradicciones, pues el partido que le provee de carnet giró hacia el eurocomunismo en tiempos de Carrillo, facilitando la convergencia europeísta de la abogada española y el sociólogo francés.

            Sea como fuere, el regreso a la actualidad mediática del vocablo «matria», madre en latín, ofrece una magnífica oportunidad de buscar sus primeros usos en español, tarea que nos lleva a tiempos muy anteriores a los de Morin, pero también de los de Unamuno. En efecto, el martes 27 de Abril de 1819, en la Crónica científica y literaria, se insertó esta noticia acerca de la bibliografía extranjera:

 

Continúa la publicación del diccionario de Ciencias médicas que está ya en su trigésimo volumen. Contiene varios artículos interesantísimos, entre ellos los intitulados: Mana, Matrimonio, Matria, Médico y Medicina.

 

Décadas más tarde, en el Primer diccionario general etimológico de la lengua española, debido a Roque Barcia y publicado en Barcelona en 1894, se encuentra una referencia a la voz «matria» que remite a los tiempos de Plutarco. En la entrada dedicada a tal palabra, se sostiene, basándose en los estudios de Pedro Felipe Monlau, militante del Partido Progresista, que el autor de Vidas paralelas optaba por decir matria en lugar de patria, «por cuanto debemos más beneficios a nuestras madres que a nuestros padres. Por esta consideración sin duda los cretenses llamaban matria a la patria». Un razonamiento que cabría completar con el muy romano semper certa est, pater semper incertus est.

Un salto hasta mediados del siguiente siglo nos aproxima a las palabras de Yolanda Díaz. En concreto a las del cubano negro para unos, racializado para otros,  Angel César Pinto Albiol, que caracterizó a José Martí como krausista, etiqueta adherida al prócer cubano que le condujo a la marginación. Pinto Albiol, tan marginado antes de la revolución como tras el éxito de esta, obtenido bajo el lema «Patria -que no matria- o muerte» usó el término «matria» en su obra El pensamiento filosófico de José Martí y la revolución cubana, y otros ensayos, publicado en La Habana en 1946. En concreto, la empleó en «Patriotismo proletario y patriotismo burgués», al cuestionarse acerca de qué es la patria, coincidiendo con Monlau, es decir, acudiendo a Plutarco, autor situado a mil leguas de Yolanda Díaz, solícita asistente de la mesa de secesión catalana en la que se negociarán, bajo el anestésico poder del diálogo, privilegios y desigualdades entre españoles.

Guterres bendice la mesa

 La Gaceta de la Iberosfera, 9 de julio de 2021:

https://gaceta.es/opinion/guterres-bendice-la-mesa-20210709-1009/

Guterres bendice la mesa

            El pasado 2 de julio, ante un Pedro Sánchez que no pudo contener una sonrisa de global satisfacción, Antonio Guterres, secretario general de la ONU, se pronunció a favor de los próximos pasos que el Gobierno tiene previstos para seguir plegándose a las exigencias del golpismo del que depende para mantenerse en el poder y llevar a cabo las profundas transformaciones a las que su partido está entregado. En concreto, el lisboeta dijo: «Para mí hay un principio esencial: todos los problemas tienen que solucionarse políticamente y el diálogo es esencial para solucionar los problemas de nuestro tiempo». Con tan zapateriles palabras, el socialista luso bendijo la mesa de concesiones al mundo lazi que con mimo han preparado personajes como Iceta o Pablo Iglesias, oportunamente asistidos por empresarios, obispos, sindicatos e incluso medios de comunicación y relatores extranjeros siempre receptivos a estos lucrativos procesos disolventes.

            La relación de Guterres con esas líneas llamadas «fronteras», tan molestas para ciertos planes y programas, viene de lejos. Como es sabido, después de ser elegido diputado nacional, don Antonio fue miembro de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, dentro de la cual presidió la Comisión de Migraciones, Refugiados y Población, entre 1981 y 1983. Nadie mejor que él, por lo tanto, para terciar en una polémica -interesadamente llamada «conflicto»- apoyada en la ficción de una inexistente frontera entre Cataluña y el resto de España, alrededor de la cual podrían producirse migraciones. Experiencia para afrontar los problemas que podrían derivarse en el caso de que fructificara la secesión de Cataluña, no le falta a quien también fuera Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados entre 2005 y 2015.

            Como es lógico, entre los intereses personales de Sánchez y Guterres y los objetivos en los que, con mayor o menor consciencia, están insertados, se abre una distancia histórica y geoestratégica que nos conduce a los tiempos de la Guerra Fría, momento en el cual se impulsó la Europa de las Regiones, estructura en la que tendrían cabida tanto una Cataluña independiente como otras comunidades autónomas de una escala similar a la del Portugal natal de Guterres, nación en la que, por cierto, no está prohibido el diálogo, pero sí los partidos políticos programáticamente secesionistas. Acaso sea esta escala, la portuguesa, la más idónea para el éxito de determinados intereses que operan dentro de la institución que preside Guterres, la Organización de Naciones (en algunos casos plurinacionales) Unidas, que ve con buenos ojos la posibilidad de la ruptura de la soberanía española.

            La estrategia divisora, decíamos, tiene un largo recorrido que nos conduce a los años sesenta, cuando en España se organizaron, auspiciados por el tan federalista como europeísta Congreso por la Libertad de la Cultura, los diálogos Cataluña-Castilla, que pronto se abrieron a la participación de otras regiones -Vascongadas, Andalucía, Galicia, Canarias…-, que ya en el nuevo régimen convivieron con artificios como el cántabro o el riojano.

            Sobre ese trasfondo de fusiones y rupturas territoriales, determinadas por los efectos de la Segunda Guerra Mundial -tanto la ONU como el CLC echaron a rodar tras el sobre un fondo de nubes hongo- se mueven Guterres y Sánchez quienes, sin embargo, no contemplan la ninguna estructura ibérica, sino la integración de Portugal y de las piezas del desguace español en la Europa antes citada. Y ello a pesar de que aquellos proyectos diseñados por la CIA, en estricta observancia del divide y vencerás diseñado para hacer frente al expansionismo soviético, también tantearon una posibilidad alternativa a la del llamado Bloque Ibérico que surgió del pacto bilateral rubricado en 1942 por los gobiernos de Franco y Salazar. Aquel proyecto, como tantos otros, decayó, y acaso haya que felicitarse por ello, pues probablemente hubiera precipitado la realidad, disolvente para la nación española, a la que nos conduce el ibérico y dialogante dúo que con tanto agrado están dispuestos a sentarse con golpistas.


Patxi Aldecoa

 La Gaceta de la Iberosfera, 2 de julio de 2021:

https://gaceta.es/opinion/patxi-aldecoa-20210702-1110/

Patxi Aldecoa, por los indultos hacia la Europa federal 

            En los últimos años hemos asistido a la quiebra de ese thelos europeísta que, por una suerte de inercia, conducía indefectiblemente a las naciones del Viejo Mundo hacia una unión que sucedió a la de mercado y ésta a la del carbón y el acero en los tiempos de la Guerra Fría. A pesar de que los españoles son, según las encuestas, los más fervorosos europeístas, acaso como consecuencia de la mezcla de aldeanismo y autodesprecio que reina entre nuestros compatriotas, hace un par de décadas, un riojano, Gustavo Bueno, cuestionó tan armónico determinismo al definir a Europa como una biocenosis, es decir, como un ámbito en el cual se lucha por la supervivencia. Tres décadas después de que así se pronunciara el filósofo español, Reino Unido abandonó la UE para poner a salvo sus finanzas y fortalecer otros frentes, entre ellos el atlantista al que, por motivos históricamente diferentes, tan vinculada está España. En el otro extremo continental no es una salida sino una amenaza de expulsión, la que pende sobre Hungría, nación que, dando la vuelta al dicho mexicano, está más cerca de Dios o, por mejor decir, del cristianismo, que algunos de los preceptos de obligada observancia que se exigen para formar parte de un club con sede en Bruselas deseoso de trocar el virginal círculo de estrellas por el sostenible redondel multicolor.

            A pesar de los evidentes obstáculos que se interponen entre los deseos integradores y la realidad de una Europa con naciones de muy diferente escala y diversos intereses, muchos son los agentes que, bien por convicción bien por devoción, operan a favor del modelo federal que si en un principio se basaba en unidades nacionales, ahora lo hace, en retazos de las mismas, es decir, en regiones rebautizadas redundantemente como eurorregiones.

            Entre las filas de este ejército de ideólogos, figura Francisco Aldecoa Luzárraga, vulgo Patxi Aldecoa, Catedrático de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid y firmante de un email fechado el 11 de junio y dirigido a Jorge Buxadé -consulte el lector su perfil de Twitter-, en el cual informaba al eurodiputado de VOX de su reciente nombramiento como miembro del Plenario de la Conferencia sobre el Futuro de Europa (CoFoE) como representante, nada menos, que de la sociedad civil española. Diez días después -seguimos la secuencia tuitera- Aldecoa fue entrevistado por un reportero de Estado de Alarma que, sin conocer su calidad y condición, le preguntó si «¿Es concordia sacar a delincuentes de la cárcel?», a lo que el interpelado respondió: «Yo creo que sí. Creo que va a facilitar el entendimiento entre los españoles y va hacer que la unidad de España se fortalezca». Espantado ante la respuesta, el entrevistador insistió: «Ellos van contra la Constitución. Es negativo para la democracia ir contra la Constitución, ¿no?», obteniendo esta respuesta: «Sí, pero la Constitución tiene los resortes para resolver y absorber a los que están fuera», completada con una mención a las nefastas condiciones que tendría una sentencia desfavorable emitida en Estrasburgo.

            La sorpresa del reportero hubiera sido menor de haber conocido algunos de los aspectos biográficos de don Francisco, miembro del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo, cargo que explica muchas de sus respuestas. En efecto, el CFEME, cuya sede estuvo en un local del PNV en París, se articuló en torno a colectivos catalanistas, vasquistas y gallegistas, y contó con Salvador de Madariaga como primer presidente. Fueron estos grupos, que se hicieron plenamente visibles en 1962 en compañía de facciones liberales en el llamado Contubernio de Múnich, quienes comenzaron a cultivar, apoyados por los servicios de inteligencia norteamericanos, la idea de las «comunidades diferenciadas» españolas, antesala de las comunidades autónomas que aparecen en la actual Constitución y que, según ciertos intérpretes, establecen las bases de una España federal cuya piezas bien pudieran integrarse en una Europa de las Regiones mucho más manejera para el gran capital que la configurada por naciones políticas. Otros hitos previos a la cristalización de esa estructura, largamente planificada, fueron las periódicas reuniones del CFEME, entre las que se puede citar la que tuvo lugar en París el 23 de septiembre de 1967, a la que asistieron: el fundador de la CEDA, José María Gil Robles, en representación de Democracia Social Cristiana e Izquierda Social Cristiana; los liberales José Maldonado y Fernando Valera; Rodolfo Llopis y Carlos Martínez Parera por el PSOE; Enrique Gironella, José Sans y Juan Sauret, por el Consejo Catalán; Manuel Irujo y Gonzalo Nardiz, por el Consejo Vasco; Javier Alvajar, por el grupo gallego; el ex POUM Julián Gorkin y Pablo Martí Zaro por la Unión Socialdemócrata de España que encabezaba Dionisio Ridruejo. Seis años más tarde, la Asamblea General del CFEME se concentró en los locales de Force Ouvrière de París. Asistieron, además de su presidente, Manuel de Irujo, y su secretario general, Enrique Gironella: Carlos Martínez Parera, Enrique Múgica, Pablo Castellanos, Julián Gorkin, Carmen García de Robledo, Arsenio Jimeno, Ramón Hernández, Mikel Isasi, Ramón Sota, Félix Millet, Martí Barrera, Canielles, Juan Sauret, Josep Sans, Fernando Álvarez Miranda, José María del Valle, José María Armengol, Javier Alvajar y Macrino Suárez.

            Por añadir más nombres a la nómina federalista hispana, podemos citar los que comparecieron en Madrid durante la conferencia España en Europa. A Fernando Álvarez de Miranda, se unió la presencia del diplomático francés Georges Berthoin, miembro en su día del grupo que elaboró el Plan Marshall e integrado en la Trilateral a la que pertenecieron David Rockefeller y Edmond Rothschild. Junto a ellos estuvieron, el valón Jean Rey, como presidente de honor, y los españoles Miguel Martínez Cuadrado, Daniel Busturia, José Vidal Beneyto, Enrique Múgica, Miguel Boyer, Marcelino Oreja y Jesús Aguirre, ya convertido en duque consorte de Alba.

            En la estela de esta tarea federalista, para la cual es precisa la configuración de una serie de naciones surgidas de la fragmentación de España, propósito para el cual se hace imprescindible saturar de concordia indultatoria a los golpistas encarcelados, se sitúa Francisco Aldecoa, que trabaja codo con codo con personalidades que representan a las habituales cuotas regionales. Tales son los casos de Xavier Ferrer Junqué, Presidente del Consejo Catalán del Movimiento Europeo, continuador de la tarea de Joan Colom Marina Moreno y firme partidario del federalismo plurinacional; o el de Domènec Miguel Ruiz Devesa, que desde hace años predica su eurofederalismo.

            Estos y otros nombres trabajan sin desmayo por el federaldesquiciamiento de España, objetivo ya anhelado por el PSOE surgido en los años 70 gracias al apoyo económico de fundaciones como la  Friedrich Ebert Stiftung, colaboradora de la Fundación Alternativas a la que pertenece Aldecoa, pero también de la Fundación Manuel Giménez Abad, con sede en el Parlamento de Aragón donde, contradiciendo el consejo cervantino, se dedica a criar la sierpe -federalista en este caso- en el seno.


Notas sobre el informe Cilevics

 La Gaceta de la Iberosfera, 22 de junio de 2021:

https://gaceta.es/opinion/notas-sobre-el-informe-cilevics-20210622-1614/

Notas sobre el informe Cilevics

            Días antes de que la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa sometiera a consideración el humanístico informe elaborado por el letón Boris Cilevics a propósito del trato recibido por los golpistas que cumplen condena por sus graves delitos, en ese reñidero llamado Twitter, el perfil que responde al nombre de Andrei Kononov - @andrei_kononov- hizo públicas las conexiones de aquél con el Open Society Institute, organización tras la cual se oculta el magnate George Soros, cuya labor a favor del secesionismo catalán ya fue expuesta por Juan Antonio de Castro y Aurora Ferrer en su Soros. Rompiendo España (Homo Legens, 2019). Cilevics es el fundador de MINELRES, un directorio sobre Derechos Humanos financiado por la Open Society, que se ha dedicado a la elaboración de informes sobre las minorías étnicas europeas, tarea para la que nadie puede ser más útil que un elemento perteneciente a una de las repúblicas surgidas tras el derrumbe de la Unión Soviética. Como es sabido, desde el final de la II Guerra Mundial existe una larga tradición de fichajes, convenientemente blanqueados, de individuos procedentes de la Alemania nazi o de la propia URSS, de cuyos desprendidos bordes bálticos procede un Cilevics que ha participado en una decena de proyectos europeos de Derechos Humanos financiados por entorno soriano.

            Surgidos durante el atómico tiempo de silencio abierto en 1945, los Derechos Humanos, a los que el mundo coranizado dio cumplida respuesta con la aprobación en 1990 de la Declaración de El Cairo, que hacía pasar a aquéllos por el riguroso aro de la sharia, han servido a las potencias políticas encargadas de administrarlos para favorecer sus intereses. Al cabo, el rigor en la aplicación de los tales derechos choca con la tozuda realidad de un mundo sobre el que no se asientan humanos desprovistos de atributos, sino ciudadanos de naciones con intereses contrapuestos y grandes desequilibrios de poder. Bajo tan elástico como oportunista amparo, Cilevics ha firmado un informe titulado ¿Deberían enjuiciarse los políticos por declaraciones realizadas en el ejercicio de su mandato?, en el que, además de establecer paralelismos entre Turquía y España, se acumulan argumentos y afirmaciones tan semejantes a los sostenidos por el mundo lazi como compatibles con las iniciativas impulsadas recientemente por el Gobierno indultista, que debe su poder al apoyo de secesionistas de diverso pelaje. En su escrito, don Boris llega a exhortar a las autoridades españolas a reformar las disposiciones penales sobre rebelión y sedición, pero también, citamos textualmente, a «considerar la posibilidad de indultar o liberar de prisión a los políticos catalanes condenados por su papel en la organización del referéndum inconstitucional de octubre de 2017 y las manifestaciones masivas pacíficas relacionadas, y considerar la posibilidad de abandonar los procedimientos de extradición contra los políticos catalanes que viven en el extranjero y que son buscados por los mismos motivos», petición, esta última, que bien pudiera haberse redactado en un maletero.

            La concesión de los indultos ha sido interpretada por muchos como el pago hecho a los golpistas por un narcisista, Pedro Sánchez, a cambio de permanecer más tiempo en La Moncloa, lugar en el que recibió a Soros apenas había comenzado su mandato. Razones no faltan para ello, habida cuenta de las muchas ocasiones en las que el madrileño ha demostrado ser un hombre pagado de sí mismo. Sin embargo, reducir semejante decisión a los intereses egoístas de un único individuo, supone incurrir en un flagrante psicologismo, pues el poder de Sánchez no es omnímodo. Otras son las razones que sustentan tal medida de gracia para con unos individuos que han advertido que volverán a cometer delitos tan graves como los que les han conducido a prisión. Sin descartar las satisfacciones o pasajeras contrapartidas que los indultos puedan ofrecer al ego diminuto del Presidente, la medida no hace sino desarrollar planes largamente elaborados por personas ajenas al mundo de Sánchez y sus corifeos. Hombres como el filósofo suizo Denis de Rougemont, federalista e ideólogo de la Europa de las regiones en las que encajaría una Cataluña independiente, pero también aquellos que se integraron en la Plataforma de Convergencia Democrática, estructura de la que formaron parte el PSOE y UGT, entre otros, en la que se larvó gran parte de una Constitución, la vigente, que dejó la puerta abierta, bajo la coartada servida por su artículo segundo, a la existencia de colectivos facciosos que operan dentro de la legalidad financiados por el dinero público que sirve para comprar las voluntades de relatores, periodistas, clérigos, empresarios, sindicatos y oscuros agentes al servicio de determinadas balcanizaciones.

Si las cosas se normalizan...

 La Gaceta de la Iberosfera, 18 de junio de 2021:

https://gaceta.es/opinion/si-las-cosas-se-normalizan-20210618-0928/

Si las cosas se normalizan…

            Las palabras que dan da título a esta columna desbordaron el arco de los dientes de Antonio Garamendi, presidente de la CEOE, en el curso de una entrevista concedida a la periodista Gemma Nierga, otrora nochera conductora de Hablar por hablar. El final de la frase, en alusión a la concesión de un indulto a los políticos golpistas presos, lo hubieran podido firmar Otegui, Echenique y, por supuesto, Pedro Sánchez: «bienvenido sea».

            Para arropar semejante muestra de hospitalidad, Garamendi transitó por los habituales lugares comunes. Don Antonio, al que suponemos ignorante de las enormes dosis de censura que caracterizan estos nuestros días, afirmó que «estamos en un país democrático donde cualquiera puede opinar lo que quiera», antes de envolverse en el manto constitucional, tan lleno de rotos y descosidos: «Normalidad, entiendo, es estado de Derecho, respeto a la Constitución. Represento a una organización que defiende la unidad de España y la Constitución». Cauto -el dinero es cobarde, sostienen quienes conocen los arcanos del jurdó-, Garamendi aclaró que en su «casa» hay una gran pluralidad de opiniones, olvidando que de una de esas estancias, concretamente de Cataluña, se ha marchado un gran número de empresarios hartos del totalitarismo lazi. El olvido de este colectivo desafecto a los cánones acuñados por los herederos de Pujol contrasta con el exquisito respeto con el que don Antonio ha valorado las palabras del presidente del Círculo de Economía, firme partidario de los indultos.

            A pesar de que han levantado cierta polvareda mediática, las manifestaciones de Garamendi se ajustan a la perfección al tornadizo proceder de parte del empresariado español, cuyas vigorosas raíces conducen en muchos casos a periodos de nuestra Historia en los cuales -acuda el lector a El privilegio catalán, de Jesús Laínz- esa España de la que reniegan, blindó sus posibilidades comerciales con aranceles protegidos con ingentes cantidades de ardorosos patriotas tocados con barretina. Nada hay de nuevo en la viscosa postura adoptada por esa CEOE que ha practicado una dócil y rentable adecuación al marco autonómico en el que las lenguas vernáculas, antes que las mascarillas, amordazaron a gran parte de una mano de obra crecientemente estabulada y pauperizada. Ninguna defensa de la nación puede esperarse de un colectivo que permanece en silencio ante las explícitas peticiones del nuevo diseño territorial de España que reclaman los empresarios catalanes que dominan aquella región por medio de políticos interpuestos. Un diseño que apunta al de una confederación de Estados, tras llegar al extremo de la asimetría autonómica, tutelados por un PSOE convertido en una suerte de reedición del Partido Socialista Monárquico Obrero Alfonso XIII, que operó en España entre 1916 y 1931.

            Esa y no otra, por más musicalidad que muchos encuentren en el término federal, es la estructura, acompañada del metafísico «derecho a decidir», al que tienen todos estas estas manifestaciones de parte del empresariado a las que se ha sumado, con la descarga de un aguacero bendito, la Conferencia Episcopal Tarraconense, órgano que aglutina a las diócesis catalanas que ahora se aprestan a reajustar, a la baja, el número de parroquias de la Cataluña que prefirió la importación de mano de obra coranizada a la llegada de hombres hispanoparlantes.

            Patronal, Iglesia, pero también los sindicatos que venden su paz social a los poderes autonómicos -véase el reciente caso de Andalucía-, se mantienen unidos en la tarea de balcanizar la nación española, labor que ha hallado en esa encarnación del narcisismo que responde al nombre de Pedro Sánchez, la herramienta ideal. Endeudado con todos los enemigos de la nación, Sánchez, sostenido en el poder por individuos como Juan Espadas, capaz de pronunciar estas palabras: «apoyo al Gobierno en la concesión de los indultos, igual que lo apoyaría si no los concediera», confía en que la adormidera mediática administrada al electorado a través de medios que se sustentan en la publicidad de muchas empresas pertenecientes a la CEOE, le permitan seguir gobernando una nación que dicen plurinacional, confeccionada a la imagen y semejanza del PSOE ebertiano.

Desahuciar Melilla

 La Gaceta de la Iberosfera, 13 de junio de 2021:

https://gaceta.es/opinion/desahuciar-melilla-20210613-0615/

Desahuciar Melilla

            El pasado jueves 10 de junio, Javier Ortega Smith protagonizó un acto en la Plaza de España de Melilla. A la misma hora, la Delegación del Gobierno en la ciudad autónoma había autorizado una movilización convocada por la plataforma Stop Desahucios cuyo cierre debía hacerse en ese mismo enclave, dando lugar a una posible coincidencia de imprevisibles resultados, máxime después de lo ocurrido hace unas semanas en Ceuta. Al lema de los antidesahucios -«Manifestación contra la Islamofobia y el racismo de Vox»-, se unió la inevitable tamborrada y el ondear de banderas españolas segundorrepublicanas. Nada nuevo bajo el Sol antidesahuciatorio que, por su afecto a la bandera tricolor, parece más interesado en desahuciar a Felipe VI que en evitar aquello por lo que dice trabajar este colectivo, pues los desahucios han crecido un 13,4 % en el primer trimestre de 2021.

            La manifestación de la Plataforma, cuya demora en su laico procesionar impidió la coincidencia con la concentración voxera, fue simplemente un acto contra el partido de Abascal, a quien, con la complicidad de todas aquellas estructuras políticas y financieras beneficiarias del sistema autonómico, se le tratan de adjudicar las más desagradables etiquetas, entre ellas las que figuran en el mentado lema. Válida para un roto, pero también para un descosido, la bandera tricolor se emplea en reivindicaciones que nada tienen que ver con el efímero régimen del cual fue símbolo. En el caso que nos ocupa, o que debiera ocupar a quienes dicen tener su razón de ser en el problema de la vivienda, hay que recordarle a los manifestantes que la Ley de Casas Baratas se aprobó en 1921, durante la Dictadura de Primo de Rivera que, en 1925, extendió estos beneficios mediante un Real, que no republicano, Decreto. Fue precisamente durante la II República cuando se suspendió la tramitación de dichas ayudas. Terminada la Guerra Civil, en 1939 se fundó el Instituto Nacional de la Vivienda, coordinado con la Obra Sindical del Hogar, que dio impulso a un amplio programa de viviendas protegidas de las cuales todavía quedan las famosas placas en los portales que tanto molestan a los ardorosos españoles que queman su vida combatiendo al franquismo medio siglo después de la muerte de quien dio nombre a tal régimen

            Pero, si la II República española no destacó por su impulso a la vivienda: ¿qué sentido tiene hacer ondear esas banderas por parte de una plataforma vinculada a las así llamadas «soluciones habitacionales»? La respuesta conduce a Francisco Franco, figura que preside, por motivos propagandísticos, la actualidad política española. Una figura que desde las filas autodenominadas progresistas, pero también desde las de viejos socios del militar gallego, singularmente el PNV santoñés, trata de soldarse a VOX, partido que se presenta por la prensa mercenaria como netamente franquista. Ello explicaría la presencia de banderas tricolores en los aledaños del acto presidido por Ortega Smith, cuyo partido se opuso a la retirada de la estatua del comandante Franco que desde 1978 se alzaba a los pies de las murallas de Melilla, hasta su retirada, celebrada con júbilo por los antifranquistas post mortem, decidida el pasado 23 de febrero, con la abstención del PP, en la Asamblea de Melilla. Sin embargo, la pretendida identificación, acompañada de las acusaciones de islamofobia y racismo, hace aguas si se tiene en cuenta que durante el franquismo, que en 1948 no reconoció al Estado de Israel mientras apoyaba la causa palestina, se insistió constantemente en la «tradicional amistad hispano-árabe»,

            Más allá de estos contorsionismos y arabescos, por más tela tricolor que se agite, por más tambores que marquen el ritmo del deambular de la izquierda indefinida, nada puede hacer desaparecer la inhumana realidad que acecha tras la frontera melillense que el sultán marroquí quiere hacer desaparecer para alcanzar sus objetivos políticos y teocráticos, acaso con la colaboración de una plataforma dispuesta a sumarse al desahucio de España de un territorio que es español desde hace más de medio milenio.


Petaqueros

 La Gaceta de la Iberosfera, 6 de junio de 2021:

https://gaceta.es/opinion/petaqueros-20210606-1418/

Petaqueros

            Una montaña de arenas contaminadas por amianto y otras sustancias tóxicas crece y se compacta a los pies del Peñón de Gibraltar, a la espera de alcanzar la suficiente solidez para que sobre ellas se alcen nuevas construcciones ilegales. Sin que el Gobierno de España mueva un músculo para, al menos dificultar una operación plenamente visible desde este lado de la valla, que no frontera, los llanitos ganan terreno a unas aguas que Utrecht les negó y de las que ellos se apropiaron por el expeditivo método de arrojar una serie de bloques de hormigón erizados de barras de acero corrugado capaces de rasgar las redes de los pescadores gaditanos. La montaña de Tarik, en cuya base se asentaron los últimos neandertales de Europa, preside una devastada realidad, la determinada por la conjugación de la existencia de ese sumidero económico con unas condiciones geográficas únicas para el tráfico o el tráfago que da nombre a uno de sus principales enclaves. Como alternativa al blanqueo de capitales y al narcotráfico, tan íntimamente relacionados -recordemos a Capone- el Campo de Gibraltar ofrece mano de obra barata a la colonia británica, tan barata que, como ya señalara en su día Chico Ocaña, cantante de Mártires del Compás, abre un amplio abanico de profesiones liberales capaces de comparecer con voz propia en el cervantino Patio de Monipodio. A los puntos y aguadores, se suman sutiles variedades integradas en las complejas estructuras presididas por la partícula -narco. Entre ellas figura la de los petaqueros, cuya actividad consiste en suministrar combustible a las lanchas o gomas que viajan desde Marruecos a España que, cargadas de hachís, son manejadas por manos tan diestras en el arte de marear como conocedoras de las peculiaridades jurídicas del Estrecho.

            Los pilotos que transportan la resina cannábica, vulgo costo, conocen los límites de la franja de aguas internacionales entre los cuales aguardan la llegada de las lanchas repostadoras. Allí permanecen a la espera del gas oil procedente de las gasolineras del Campo de Gibraltar a las cuales se acercan los petaqueros para repostar vehículos convertidos en depósitos rodantes que descargan su contenido en locales y viviendas donde miles de litros de tan peligroso líquido aguardan el momento de surtir a las gomas. La infracción que cometen por contribuir de esa forma al tráfico de drogas es meramente administrativa, condición que las precarias fuerzas de seguridad que operan en la zona, pretenden que sea sustituida, a partir de una cantidad de combustible a todas luces excesiva, por un delito de carácter penal.

            Sirvan estas apresuradas notas para engrosar el léxico de la narcojerga que crece vigorosa entre la picardía gibraltareña y la desidia gubernamental española que ha situado al campo gibraltareño al borde de convertirse en un territorio donde el Estado es residual para regocijo de quienes se enriquecen a costa de la estupefacción.

El asedio del parador de Ceuta

 La Gaceta de la Iberosfera, 29 de mayo de 2021:

https://gaceta.es/opinion/el-asedio-del-parador-de-ceuta-20210529-0700/

El asedio del parador de Ceuta

            El pasado 24 de mayo estaba prevista la celebración de un mitin protagonizado por Santiago Abascal en la ciudad de Ceuta. A las 20 horas, el acto, que debía celebrarse en la Plaza de los Reyes, se desplazó a la Plaza de Nuestra Señora de África, vacío urbano flanqueado por la catedral ceutí, la iglesia del mismo nombre y el Parador de Ceuta, edificio construido hace medio siglo sobre las murallas -de hecho, antes de ser parador, fue el Gran Hotel La Muralla- del antiguo Parque de Artillería que hace las delicias de los amantes de la arquitectura del turismo desarrollista que tan honda impronta dejó en cierto cine de la época. Para completar la escena, es obligado señalar que en el centro de la plaza se alza un monolito neogótico en recuerdo a los soldados españoles caídos en la Guerra de África de 1859-1860, inaugurado el 4 de mayo de 1895, en cuya base se conservan bajorrelieves de bronce alusivos al general Prim y sus voluntarios catalanes.

            Como antecedente inmediato de esta jornada, ha de señalarse Abascal se había desplazado a Ceuta la semana anterior, en medio de la invasión orquestada por el régimen marroquí como represalia al acogimiento, por parte del Gobierno español, del líder del Frente Polisario, Brahim Gali. El enorme éxito cosechado por el presidente de VOX, contrastó con desprecio e incluso los graves insultos que recibió Pedro Sánchez durante su visita a la ciudad. Era, pues, previsible, que toda la maquinaria manejada por quienes gobiernan la ciudad, es decir, el PSOE y el PP, se pusiera en funcionamiento para evitar la repetición de semejantes imágenes. El primer paso se dio en los tribunales, donde se interpusieron todas las trabas posibles para evitar la celebración del acto. El segundo pude presenciarlo en primera fila.

            A eso de las seis de la tarde, con todo el colectivo de VOX desplazado a la ciudad, es decir, con representantes de Andalucía, Canarias, Melilla y la propia Ceuta, además de Abascal y sus acompañantes, alojados en el parador, dio comienzo a una concentración en la plaza, fuertemente vigilada por efectivos policiales y antidisturbios. Según avanzaba la tarde, el número de asistentes fue en aumento, al tiempo que comenzaban a aparecer algunas banderas nacionales recién estrenadas, dada su pulcritud. Banderas a las cuales se unió posteriormente la de Palestina, cuyos colores se pueden ver en algunas tapias del barrio del Príncipe, lugar desde el que se jaleó, la semana anterior, a quienes entraban en España en avalancha. Un tenue cordón policial, siempre en retroceso, apenas contenía a una turba que llegó a superar el medio millar de personas y que comenzó a proferir una serie de gritos. Dos de ellos me llamaron la atención particularmente.

            El primero fue el de «¡Pedro Sánchez, presidente!», tras el cual se oculta algo más que el antagonismo entre dos rivales políticos. El grito no sólo recuerda a quien lo escuche, particularmente a Abascal, la victoria política de Sánchez, sino también la reivindicación de la tan cacareada España plural, antesala de su disolución nacional en favor de una estructura confederal, cuando no en la renuncia a parte del territorio nacional en favor de otras potencias, basada en telúricas y metafísicas identidades. El segundo de ellos fue el célebre Allahu Akbar, esto es, «Alá es grande», que los oídos más pánfilos interpretan ingenuamente como un simple canto al poder del dios del Corán, pero que los más afinados entienden como una amenaza en toda regla, toda vez que la fe mahomética divide a los hombres entre sometidos y cafres.

            Según caía la tarde, el gentío, del cual formaban parte, en distinto grado de agresividad, elementos vinculados al narcotráfico, alguno de ellos con crímenes a sus espaldas, personal ebrio de, entre otras sustancias, multiculturalismo e, incluso, algún que otro afecto al PP y, naturalmente, al PSOE y a otras formaciones políticas más promarroquíes, fue creciendo y cercando el parador, a cuyo vestíbulo llegaban el rumor exterior y algún impacto de guijarros. Confiado en la disolución de la concentración, el máximo mando policial, no frenó el avance de la masa voxfóbica, que llegó a plantarse en las mismas puertas del hotel, hasta el punto de estar a punto de entrar en él por la puerta de aparcamiento, en el que fue el momento de máxima tensión, finalizado por una serie de detonaciones disuasorias.

            Quedaba, no obstante, un tercer acto, el protagonizado por los representantes de PP, PSOE, MDyC y Caballas en la Asamblea de Ceuta, que firmaron una declaración institucional para arrojar sobre VOX la responsabilidad de lo ocurrido durante la mentada tarde, empleando el habitual argumento de las bondades de una convivencia cada día más desmentida por la realidad.


Notas sobre la invasión de Ceuta

 La Gaceta de la Iberosfera, 19 de mayo de 2021:

https://gaceta.es/opinion/notas-sobre-la-invasion-de-ceuta-20210519-0241/

Notas sobre la invasión de Ceuta

            A raíz de la invasión marroquí de la ciudad de Ceuta y, en menor medida, de Melilla, la prensa oficialista se ha apresurado a buscar todo tipo de fórmulas con las que encubrir la realidad y tratar de seguir engañando, con la eticista complacencia de esta, a gran parte de la sociedad española. La expresión más repetida es «crisis migratoria», rótulo que no ha tardado en verse acompañado de alguna imagen doblemente infantil, por el uso de escenas protagonizadas por niños y por el inmaduro efecto que estas suelen producir en un público incapaz de percibir hasta qué punto los infantes, los menores, son meros instrumentos en el tablero político.

            Los medios, esos medios, tratan de recubrir con una pátina «humanitaria» lo que es simple y llanamente una crisis política que involucra no solo a España y a Marruecos, sino también al Sáhara Occidental, afectado por la postura hecha pública en los tiempos trumpianos y sostenida, como es lógico, pues las directrices imperiales están sujetas a una poderosa inercia, en los bidenianos. Al fondo de este conflicto geoestratégico se situaría Israel, cuya Cúpula de Hierro, mantenida por su ejército, ha permitido a la grey judía mantener la observancia de sus preceptos religiosos. Sin embargo, y aunque sean seres humanos quienes se echan al agua para doblar el espolón y entrar en tierra española, el conflicto es, insistimos, político. Las razones que permiten adjetivarlo así son evidentes pues, si se tratara de la ambición de los marroquíes por buscar una vida mejor ¿por qué precisamente en este momento?, ¿por qué de forma tan coordinada?

            Preguntas cuya carga retórica se percibe con nitidez si se tiene en cuenta que los hechos se han producido justo después o, por decirlo de otro modo, como consecuencia de que España haya acogido a un líder político argelino. Las imágenes son elocuentes: policías marroquíes colaborando con el desbordamiento de sus fronteras, parálisis del Gobierno de España, abismado ante una realidad que hace añicos sus tan queridos mantras -«ningún ser humano es ilegal»- y, por último, la entrega de  treinta millones de euros a Marruecos que suenan a pago feudatario. Marruecos, cuyo papel en algunos trágicos episodios nacionales permanece sin esclarecer, ha vuelto a demostrar hasta qué punto es capaz de controlar y dirigir el flujo humano con fines económicos y, por ende, políticos, pues toda economía es política. El problema adquiere mayores dimensiones si se tienen en cuenta otros aspectos, en concreto aquellos que tienen que ver con nuestros recursos, lo que nos lleva a desplazar el foco de atención a nuestras, las de todos los españoles, aguas territoriales en el archipiélago canario, bajo las cuales hay importantes reservas de teleno. Aguas de las que ya se ha apropiado nuestro «socio y amigo», Sánchez dixit, del sur.

            La invasión ceutí recuerda poderosamente a aquella Marcha Verde lanzada en unos tiempos -los fundamentalistas democráticos sabrán disculparme- de aguda crisis gubernativa. Casi medio siglo después, la nación española, cuyo gobierno está sostenido por secesionistas y sectas extractivas, está aún más debilitada, a pesar de haber alcanzado el sueño desindustrializador de entrar en la Europa que acoge a nuestros golpistas y permite, sin apenas exigencias, la entrada de productos marroquíes.

            Cabe, por último, buscar razones que expliquen por qué gran parte de nuestros compatriotas permanecen despreocupados ante la grave amenaza que se cierne sobre Ceuta. Como todo el mundo sabe, la actual democracia coronada se ha desarrollado bajo la hegemonía del PSOE, partido cuyos representantes en la ciudad de las siete colinas son abiertamente maurófilos y proislámicos, cuestión no menor, habida cuenta de que ambos poderes están concentrados en la figura de Mohamed VI.  Hace casi dos décadas, el diplomático español Máximo Cajal, encuadrado en las filas socialdemócratas y entusiasta de la Alianza de Civilizaciones, publicó un libro cuyo título venía marcado por un interrogante: Ceuta, Melilla, Olivenza y Gibraltar ¿Dónde acaba España? En lo tocante a las ciudades norteafricanas, don Máximo, admirador del Jordi Pujol que abrió la puerta a los magrebíes en detrimento de los hispanos, refractarios al uso del idioma de Verdaguer, hablaba textualmente de «quinientos años de supuesta españolidad acompañados, invariablemente, de casi otros tantos de obstinado rechazo de tal carácter, de violenta oposición a la invasión, de negación -aunque a la postre frustrada- de algo colectivamente indeseado. Y ello dando por bueno que aquellos miserables presidios, aquellos baluartes fueran desde la primera hora tierra española y no unas fortalezas como tantas otras en el norte de África o, a mayor abundamiento, en Nápoles, en el Franco-Condado o en Flandes». De aquellos ideólogos, estos propagandistas. 

Juanma implora a Pepe

 La Gaceta de la Iberosfera, 14 de mayo de 2021:

https://gaceta.es/opinion/juanma-implora-a-pepe-20210514-1009/

Juanma implora a Pepe

            Durante el XII Congrego de UGT Andalucía, celebrado recientemente en Antequera, el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, pidió a este sindicato, verticalmente subvencionado, que le echara «una mano, que les echen una mano», en referencia al gobierno que, en coalición con Ciudadanos, él encabeza, para lograr «la recuperación social y económica» de Andalucía.

            El receptor de la solicitud fue ni más ni menos que José María Álvarez, vulgo Pepe Álvarez, el mismo que accedió a la presidencia del sindicato socialista bajo un catalanizado nombre, Josep Maria Álvarez, a pesar de haber visto sus primeras luces en la asturiana Alvariza en 1956, año en el que el PCE publicó la declaración, «Por la reconciliación nacional, por una solución democrática y pacífica del problema español». Afiliado al sindicato en 1975, don José María ha desarrollado toda su carrera a una prudente distancia de la actividad del metal, pues el mismo año en el que abandonó Asturias para radicarse en Barcelona y trabajar en La Maquinista Terrestre y Marítima, ya se afilió al sindicato en el cual permanece después de ascender a su cima hace cinco años, sucediendo a Cándido Méndez.

            La petición de Juanma a Pepe venía precedida de una noticia que, sin duda, debe ablandar el metálico corazón de Álvarez, pues el Ejecutivo andaluz ha concedido un aplazamiento de 15 años para el pago de los 40 millones de euros que la Unión General de Trabajadores adeuda a la Junta de Andalucía. La paz social, deberá pensar Moreno Bonilla, bien vale una leguleya demora que evite el embarazoso trance de ver desfilar por las calles, para beneficio de las empresas de pancartas y pasquines, a los habituales liberados sindicales coreando a voz en cuello oxidadas proclamas.

            No es necesario acudir a la vieja imagen, marisquera, cocalera y prostibular, que unió a algunos de los más altos políticos andaluces con el mundo gestionado por unos sindicatos cada vez más carentes de contenido, el de unos cursos de formación desarrollados en una España cada vez más desindustrializada como pago por la entrada en «Europa», para afear a Moreno Bonilla su dócil solicitud antequerana. Basta con recordar hechos mucho más recientes que el dirigente malagueño, apegado a la más inmediata actualidad, o ha olvidado deliberadamente o es incapaz de percibir, encapsulado como está, en la estructura autonómica a la que debe su poder. Basta simplemente con recordarle que Álvarez tuvo como invitado estrella del Congreso de la UGT, celebrado hace un par de meses en las Vascongadas, nada menos que al veterano terrorista Arnaldo Otegui, conocido como El Gordo antes de ser pomposamente nombrado «hombre de paz» por José Luis Rodríguez Zapatero. Cabe también traer a la memoria del implorante Moreno Bonilla, que la UGT, junto a CC.OO., firmaron un manifiesto favorable a la excarcelación de los políticos golpistas a los que en el Centro Penitenciario de Lledoners tratan, con escaso éxito, de recuperar de tan nefasta patología política.

            Nada de esto parece inquietar al político popular, ocupado como está en consolidar su autonómico poder. Al cabo, tanto su partido como el sindicato, hace tiempo que añadieron una «A» a sus clásicas siglas, elocuente adición que da cuenta de hasta qué punto ambos están alineados con una estructura estatal que obstaculiza sobremanera la movilidad laboral, contribuyendo a la consolidación de las oligarquías locales. Por decirlo de otro modo, la verdadera paz social que tanto ansía Moreno Bonilla no depende, apenas, del sindicato con el que se acaba de congraciar, pues este hace décadas que dejó de ser, a pesar del mantenimiento de su interesada propaganda, representante de una «clase obrera» cada vez más desdibujada y distanciada de quienes se erigen en sus salvadores. Convertidos en una suerte de funcionarios, los representantes sindicales son insuficientes para tapar con sus pancartas la cruda realidad que tratarán de encubrir los fondos europeos. Tras los manifiestos y las habituales ceremonias, embridadas por la mentada moratoria, existe un mundo de trabajadores autónomos, de polígonos industriales vacíos, de economía sumergida, pagos en «B» y precariedad laboral. Un mundo real con el que hace tiempo perdieron el contacto un conjunto de fetichistas enredados en bizantinos debates acerca de la memoria, la estructura del Estado o el cambio climático.


Tabernidad

 La Gaceta de la Iberosfera, 7 de mayo de 2021:

https://gaceta.es/opinion/tabernidad-20210507-0932/

Tabernidad

            Marcada por un gran despliegue de violencia verbal, e incluso física, la campaña electoral que precedió a las elecciones madrileñas dejó a su paso la extravagante teoría del presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el socialista José Félix Tezanos, autor de un artículo publicado en la revista Temas en el que llamó «tabernarios» a los votantes del PP. El escrito vio la luz en una fecha tan simbólica como el 1 de mayo, día en el cual la Ministra de Trabajo se echó a la calle para ser llevada en volandas por sus sindicatos amigos, esos que, teóricamente deberían exigirles mejoras para una clase, la obrera, cansada de la retórica de unos liberados duchos en el manejo de viejos fetiches. El artículo de Tezanos, un grosero ataque a la victoriosa Isabel Díaz Ayuso, pretendió identificar la clave del éxito de la política madrileña en lo que dio en llamar «la tabernidad».Para explicar un éxito electoral que los sondeos de los que ya disponía, anticipaban, el sociólogo socialista dio estas razones: Díaz Ayuso habría recurrido a «un amplio sector social que se nuclea en torno al mundo de las tabernas, los bares, los restaurantes y otros establecimientos similares. Establecimientos que Madrid tiene en abundancia. Posiblemente más que ninguna otra ciudad del mundo». Para mayor abundamiento en su peculiar tesis, añadía: «A partir de esa potencialidad numérica, que incluye a los clientes más habituales de tales establecimientos la candidata y sus asesores han desarrollado un discurso sociológico y político que, bajo la bandera de la libertad -libertad de tabernas, se podría decir-, ha logrado movilizar un amplio apoyo». El sociólogo, en suma, se dolía de cómo los todavía inquilinos de Génova 13 habían detectado una importante bolsa de eventuales votantes dentro de esa «tabernidad», convertida en una suerte de seña de identidad madrileña, que habría pasado inadvertida para las huestes del candidato «Soso, serio y formal».

            No se puede dudar de que Madrid está repleta de bares, tabernas -con la de Antonio Sánchez como decana-, cafés, restaurantes y garitos de diversa condición. Madrid, es, en efecto, tabernaria, y probablemente las medidas tomadas por Isabel Díaz Ayuso para con tan amplio colectivo hayan contribuido a su arrollador éxito. Junto a ese colectivo, muchos han sido los parroquianos que han visto con buenos ojos la apertura de lugares donde se charla, se celebra, se discute, se liga e incluso se huye de domicilios que amenazan con aplastar a sus inquilinos. Muchos de ellos también se habrán decantado electoralmente por quien les franqueaba el paso a unos humildes paraísos cantados en su día por Gabinete Caligari.

            Sorprende, sin embargo, que Tezanos haya expuesto una teoría tan tabernariamente tosca. Al cabo, el partido en el que él mismo milita se reclama heredero -con grandes dosis de voluntarismo, cuando no de ficción- de aquel que se fundó el 2 de mayo de 1879, nada menos que en Casa Labra. Fue en ese establecimiento al que en los años 60 acudían las modistas de El Corte Inglés a tomar el vermú, donde comenzó a rodar un partido inicialmente compuesto por dieciséis tipógrafos, entre ellos Pablo Iglesias Posse, primer presidente del mismo, cuatro médicos, un doctor en ciencias, dos joyeros, un marmolista y un zapatero. Apenas dos años más tarde, en 1881, el Partido Socialista Obrero Español fue legalizado.

            Junto a tan politizada casa podrían figurar otros establecimientos tales como el Café Lyon, en cuyo sótano, conocido como La Ballena Alegre, se escribió el himno de Falange, por el que, tras la Guerra Civil siguieron desfilando personalidades como Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Gerardo Diego y Dionisio Ridruejo, o el Café Gijón, en el que se escuchó la voz del abuelo de la médico y madre que ha cosechado en Madrid más votos que el partido antaño representado por el puño y la rosa. A la lista podríamos sumar Lhardy, entre cuyas paredes se trazó gran parte de nuestra actual Constitución o Casa Chicote, dispensario de cócteles pero también de penicilina. Por cerrar tan morosa lista, añadiremos el disoluto American Bar Pidoux, por el que se movió el galleguista Piñeiro, en compañía de destacados peneuvistas.

            Madrid es, en efecto, una ciudad caracterizada por su tabernidad, una ciudad tabernaria en la que recientemente se quebrantado el pacto de los botellines.

lunes, 8 de noviembre de 2021

Afromexicanidad

 La Gaceta de la Iberosfera, 30 de abril de 2021:

https://gaceta.es/opinion/afromexicanidad-20210430-1151/

Afromexicanidad

            Debida al dos veces desterrado, precisamente a los Estados Unidos, Nemesio García Naranjo, la frase «pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos» constituye uno de los más frecuentados lugares comunes de la nación del águila y el nopal. A menudo, su simple enunciación sirve para evitar elaboradas explicaciones acerca de las causas de los males mexicanos, atribuidos a la norteña nación blanca y protestante. Sin embargo, la gringofobia que se aloja en el entrecomillado, se desdibuja en todas aquellas ocasiones, que no son pocas, en las que México se mira, a veces con deleite, en dicho espejo septentrional.

            Prueba de ello es el acto que el gobierno mexicano dedicará al presidente Vicente Guerrero Saldaña en el contexto del bicentenario de la independencia de la nación. Según se ha explicado, entre los motivos que llevan a Andrés Manuel López Obrador a homenajear a Guerrero figura su ascendencia africana o, por decirlo de otro modo, su afromexicanidad, mérito al que ha de añadirse su lucha contra la esclavitud.

            Temprano seguidor del Grito de Dolores, Guerrero sucedió a José María Morelos en la causa que desembocó en la independencia mexicana cuando este fue ejecutado. Su cénit político lo alcanzó durante nueve meses que transcurrieron entre 1829 y 1830, cuando ocupó la presidencia mexicana, durante la cual aprobó el decreto de abolición de la esclavitud, pero también la Ley de Expulsión de los españoles. A su acceso al poder no fue ajena su adhesión al presidente Guadalupe Victoria, que en 1826 firmó un acuerdo con Inglaterra que prohibía el comercio de esclavos, ni su pertenencia a la masonería yorkina, implantada en México por el agente norteamericano Joel Roberts Poinsett, caracterizada por su federalismo y antiespañolismo, rasgo que acaso explique el decreto de expulsión de unos gachupines que eran más partidarios del modelo masónico escocés, de marcado centralismo.

            Por lo que respecta a abolición de la esclavitud culminada por Guerrero, esta vino acompañada por la liberación inmediata de los esclavos, pero también por la indemnización de sus propietarios cuando las exhaustas arcas mexicanas lo permitieran. Sea como fuere, es innegable el papel jugado por el presidente en este proceso. Esta circunstancia se une ahora al caudal africano que corría por las venas de Guerrero, disimulado en los retratos desracializadores que en su día se le hicieron tratando de difuminar este aspecto, proceso que se ha invertido dos siglos después, pues lo que antes se distraía, hoy, en plena Cuarta Transformación, se exalta hasta el punto de que recientemente Martín Luther King III visitó Oaxaca para honrar la oscura memoria de Guerrero, símbolo de una afromexicanidad que apenas une al 2% de los mexicanos tienen esa ascendencia.

            Estos y otros factores permiten dudar de la sentencia de don Nemesio, pues si bien es complicado medir la distancia que hoy separa a México de Dios, parece claro que su cercanía a los Estados Unidos puede ser mayor que nunca si trata de buscar en su seno algo parecido al racismo yanqui, cuyos nefastos efectos se evidenciaron durante el mandato de Trump y, lógicamente, continúan sintiéndose en los primeros cien días de gobierno de Biden, pues no se trata de un problema puntual, sino de un factor constitutivo de la nación que se reclama, de la libertad. Aunque Vasconcelos negó a los negros su pertenencia a la raza cósmica, por él consideraba el mayor logro mexicano, solo cabe desear que sus compatriotas no caigan en un absurdo mimetismo que desemboque en un Black Lives Matter asentado al sur del Río Bravo.