domingo, 1 de febrero de 2026

Elogio de los brigadistas

La Gaceta de la Iberosfera, 1 de mayo de 2023.

https://gaceta.es/opinion/elogio-de-los-brigadistas-20230501-0654/ 

Elogio de los brigadistas

Desde hace más de medio siglo, las sectas secesionistas catalanas, integradas por elementos pertenecientes a los ambientes políticos, económicos y clericales, que de ese ingrediente siempre anduvo sobrado un catalanismo cada vez más wokizado, han contado con la complicidad objetiva de muchos de sus pares en Madrid. El objetivo, a menudo indisimulado, era repartirse el cortijo o, por mejor decir, masía cimentada durante el periodo de acumulación capitalista sólo posible por la pertenencia de Cataluña a esa a la que gustan de llamar «Puta España». Con un fin preciso, las acciones de varias generaciones de facciosos han conseguido reducir al Estado a esa condición residual de la que se jactó en su día Pascual Maragall.

Favorecidos por tantas circunstancias y complejos, los niños consentidos por esa nada terrible madrastra, la España que así fue definida por uno de sus hijos apellidado Bolívar, dieron un golpe de Estado en 2017 cuyas consecuencias penales fueron prácticamente eliminadas por el doctor Sánchez que, apelando a un manipulado europeísmo, elaboró leyes tan la carta que permiten a esos delincuentes manifestar abiertamente que lo volverán a hacer. Con un Estado que ni está ni se le espera, el secesionismo se ha apoderado de las calles sustituyendo el nomenclátor, eliminando monumentos y convirtiendo el espacio público en un gran panel propagandístico lleno de lemas y símbolos. Entre estos últimos destaca la omnipresente presencia de la bandera estrellada, sustitutiva de la bandera histórica de Cataluña, en contraste con la ausencia de la bandera nacional con la que tantas semejanzas tiene la señera.

Ante la irresponsable permisividad de quienes debieran impedir que las calles se llenen de una bandera bajo la cual se trata de socavar la soberanía nacional, un conjunto de ciudadanos se dedican a limpiar Cataluña de ese auténtico trapo de colores. El colectivo, a la fuerza noctámbulo, se hace llamar Asociación Unión de Brigadas y se dedica, desde hace más de un lustro, a la eliminación de esas bayetas incapaces de absorber la incontinente humedad onírica de aquellos compatriotas que supuran hispanofobia. Conscientes de lo violento del movimiento secesionista y del colaboracionismo de ciertos policías regionales, los brigadistas, cual furtivos maletillas, «hacen la luna» para quitar de mástiles y balcones ese operativo textil que envuelve el intento de expropiación de una región española por parte de sus caciques y paniaguados. Inasequibles al desaliento y al desamparo de quienes debieran hacer tan importante trabajo de limpieza, estos ciudadanos, de mucho más honor merecedores, manejan, como si de la lanza quijotesca se tratara, una pértiga llamada Catalina, con la que arrancan lazos y banderas sediciosas que muestran al amanecer antes de volver a su vida cotidiana. En un plano diferente pero complementario, como complemento de sus patrióticas actividades, se une ahora la Fundación César Velasco, cuyo primer punto programático es la defensa de los símbolos nacionales y, en especial, el cumplimiento de la Ley de Banderas en espacios públicos.

 

El robo de la toponimia

La Gaceta de la Iberosfera, 24 de abril de 2023.

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El robo de la toponimia

¿Qué mejor lugar que Barcelona para presentar un libro en el que se aborda el proceso sustitutorio de la toponimia en español por formas vernáculas reales o inventadas? Un día antes de la celebración libresca que inunda de papel impreso y rosas la ciudad de Barcelona, otrora capital editorial del idioma de Cervantes, se presentó en el hotel Voraport el libro El robo de los nombres de nuestros pueblos. La sinrazón de la toponimia en España, editado por Hablamos español, que no Hablamos castellano. Ante más de un centenar de personas, algunos de los autores del libro expusieron el proceso de borrado que las sectas secesionistas, cuando no directamente los partidos hegemónicos —PSOE y PP—, han impulsado en algunas regiones españolas con el propósito de erradicar algo más que los nombres de los pueblos en español. En efecto, el, por decirlo con la fórmula orwelliana, vaporizado de esos modos de llamar a los lugares va mucho más allá de lo meramente sustantivo. Su eliminación arrastra, para hacerla desaparecer, la carga histórica que las acompaña. El proceso, cuyo objetivo es claro: la erradicación de español en esas regiones, corre paralelo al de la inmersión lingüística obligatoria contra la que batalla sin descanso Hablamos español o al de la sustitución de los nombres personales por variantes pretendidamente arcaicas que no son sino novedades más o menos imaginativas. Busque el lector en la paz de los cementerios Kepas finados hace un par de siglos. Busque los dígrafos «tx» y «tz» en lápidas y libros de difuntos de las parroquias vascongadas. Busque, incluso, Euskadi.

Envueltos por el aroma del café, los autores desgranaron numerosos ejemplos sustitutorios. Dentro de un negocio tan rentable como es el de las identidades, para el mundo hispanófobo, España es, indudablemente, plural, sin embargo, las comunidades autónomas con ínfulas nacionales son inmutablemente homogéneas, razón por la cual deben proceder a la eliminación de todo rastro del Estado opresor, dándose paradojas como la explicada por Andrés Freire: una Galicia sin mácula de semitismo, pues los secesionismos patrios mantienen un inequívoco sustrato xenófobo camuflado bajo un manto de cosmopolitismo, no puede permitirse la existencia de un lugar llamado Mezquita, atribuible, únicamente, a un impuro influjo mesetario, acaso andalusí. Por su parte, Finisterre cambiado por el coloquial Fisterra se aleja del Finis Terrae a cuya espalda se hallaba el Viejo Mundo al que cantara Camarón.

En las páginas de El robo de los nombres de nuestros pueblos aparecen numerosos casos que delatan las monomanías que aquejan a muchos de nuestros compatriotas, algunos de los cuales han hecho fortuna eliminado, de paso, rivales laborales, insertándose en artificiosas estructuras capaces de agredir al Guevara de origen céltico para transformarlo en un Gebara libre de esa v que consideran ajena a la tierra que holló Túbal. El proceso, sin embargo, topa con tozudas realidades como las mostradas por Javier Barraycoa, que señaló a Barcelona y a Tarragona como ciudades para las cuales apenas hay una forzada entonación que deja incólumes, al contrario que ese Bilbo que trata de ganar terreo a Bilbao, las formas de designación más clásicas.

Ante esta censura subvencionada y leguleya que afecta a todos los hispanoparlantes, decir o escribir Lérida, Fuenterrabía, Gerona o La Coruña constituye un auténtico acto revolucionario.

 

La Ruina

La Gaceta de la Iberosfera, 17 de abril de 2023.

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La Ruina

Resulta complaciente creer que el enorme número de ensayos que se publican anualmente en España tienen un impacto real sobre la población. Creer que los sesudos análisis acerca del federalismo o del etnonacionalismo sirven para escorar hacia algún lado la opinión pública. Sin embargo, la realidad es muy otra y otros son quienes, en realidad, marcan o consolidan las tesis dominantes. Una Rociíto ahorra cien analistas. Ajustados al biotopo político del que se nutren, cómicos y famosos de variado pelaje constituyen la herramienta más poderosa para consolidar contenidos ideológicos. Conscientes de tal realidad, quienes tratan de aparecen como transgresores, se cuidan muy mucho de no morder la mano que les da de comer.

Atrás quedaron los Pajares y Esteso, atrás unos Martes y Trece que hoy serían cancelados sistemáticamente, atrás un Gila, pero también un Eugenio de difícil encaje en el humor militante que debe criticar a la aldea vecina. Asentada la estructura autonómica, en las regiones que fantasean con su liberación nacional han proliferado politizados graciosos que distribuyen el pasto espiritual entre su fanatizada clientela. Dentro de esta particular variedad destaca la factoría que opera en TV3, televisión pública dedicada a fomentar la hispanofobia cuya labor será completada a partir de esta semana por Radio Televisión Española, toda vez que en sus desconexiones para Cataluña ha decidido asumir los elevadísimos costes de las gracietas de Empar Moliner, cuya mayor hazaña fue quemar un ejemplar de la Constitución española, y de las de Toni Soler, que, junto a Jair Domínguez, otro cómico del régimen, ha acaparado los focos mediáticos recientemente a cuenta de la Virgen del Rocío y de una reedición de la ridiculización de los andaluces. El programa, pagado con los impuestos de los españoles, lleva el muy apropiado nombre de «La Ruina» y será producido por Mediapro, propiedad de Jaume Roures, baranda de Pablo Iglesias.

Así pues, durante 10 programas de 50 minutos, los cómicos adscritos al lazismo podrán seguir cultivando sus obsesiones favoritas, todas ellas vinculadas a su negativa idea de España, y exhibiendo un supremacismo que suele tener como contrafigura de su narcisismo a los andaluces, esos, en palabras del cabecilla del clan Pujol, hombres destruidos, poco hechos, atrapados en un «estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual» del que forma parte la mismísima Virgen del Rocío, advocación que, al contrario que ocurre con la Moreneta, se puede vilipendiar pues, al cabo, quienes cruzan con ella el río Quema son parientes de esos ñordos que, asentados en lugares como Santaco, siguen hablando un español muy similar al empleado por la enfermera recientemente hostigada por criticar la exigencia de tener que demostrar el nivel C1 de catalán para desarrollar el arte de Hipócrates.

España, en definitiva, sigue pagando, y muy bien, a traidores ora solemnes ora pretendidamente irreverentes, siempre en sintonía con la ideología y la financiación hegemónicas. Casi dos décadas después de que Pascual Maragall afirmara que con el nuevo Estatuto impulsado por Zapatero el Estado tendría en Cataluña un carácter meramente residual, Radio Televisión Espantosa —Rosa María Mateo dixit— se suma a esta estrategia ofreciendo una nueva ruina.

 

Botellines: fin de existencias

La Gaceta de la Iberosfera, 10 de abril de 2023.

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Botellines: fin de existencias

La moción de censura contra el gobierno del aliado del golpismo y de los gestores de los réditos del terrorismo etarra sirvió, entre otras cosas, para evidenciar que, bajo el pretexto de la gestión, el Partido Popular practicará su habitual seguidismo respecto a las cuestiones ideológicas impulsadas por el PSOE. Las críticas vertidas contra el discutido doctor por parte de los populares no dejaron de ser una suerte de pellizcos de monja, si se tiene en cuenta su sentido de voto y sus manifestaciones posteriores. Así las cosas, el turnismo goza de buena salud y sólo hay que esperar a diciembre para conocer a quién situarán en La Moncloa las fuerzas disolventes que el Estado mima mientras mengua.

La moción de censura también sirvió como puesta de largo, así lo señaló Tamames, del proyecto que encabeza la hiperemotiva Yolanda Díaz. Subida al púlpito de la Carrera de los Jerónimos, la Díaz desgranó una serie de vaguedades en lo que respecta a asuntos que un gobernante de España, o un aspirante a ello, no puede soslayar. Sumar, que así se llama el proyecto que construye de manera retórica contra el propio Gobierno del que forma parte gracias a la gracia de Iglesias, se presentó en el Congreso antes de hacerlo ante un enfervorecido público del más variado pelaje en el pabellón Antonio Magariños, feudo de la Demencia y escenario de los brincos juveniles de Sánchez.

El ascenso mediático y demoscópico de Sumar, al que muchos consideran una marca blanca del PSOE capaz de mantener a Sánchez, siempre dispuesto a ceder antes lazis y aberchales, al tiempo que ofrece migajas a marcas turolizantes y existenciales, en el poder, coincide con la erosión de Podemos, herramienta en Madrid de todos los secesionismos e impulsor de leyes que el PSOE aprueba pero cuyos efectos señalan a las crispadas Montero y Belarra, mantenidas en el Gobierno para hacer un trabajo sucio que no debe salpicar al Sánchez más europeísta.

El deterioro de Podemos supone también un baño de realidad para sus cabezas pensantes, singularmente para la de Iglesias, impulsor, en su día, del Pacto de los Botellines. Botellines centralistas, por cierto, pues en cuestiones cerveceras también está España dividida y repartida. Creyendo poder llevarse el voto y las estructuras de Izquierda Unida, Iglesias brindó con el ministro insectófilo y siguió colocando piezas en el Gobierno de coalición. Pero hoy la verdad, desagradable, asoma. El personalismo podemita, su estética aberchalizante, palidece ante la así llamada Fashionaria, ante ese calculado producto que reniega de las sudaderas para enfundarse en costosos vestidos y sofisticados complementos. Imagine el lector a Yolanda Díaz moviéndose entre las tiendas de campaña de aquel 15M del que emergió Iglesias, incapaz de asaltar los cielos y convertido en comentarista televisivo que pugna en la exhibición de citas con quien, como él, está dispuesto a entregar toneladas de soberanía.

La victoriosa opción estética de la azucarada Díaz, en cuyo atuendo, tarde o temprano, acabarán apareciendo los lamparones propios del mundo del que procede, remite a aquel artículo que Gustavo Bueno publicara en noviembre de 2010. Se titulaba «Sobre la transformación de la oposición política izquierda/derecha en una oposición cultural (subcultural) en sentido antropológico» y el tiempo y la Díaz han venido a ilustrarlo. La vieja dicotomía izquierda/derecha hace tiempo que demostró su debilidad. Caído el Muro, en pleno siglo XXI, lo cultural, entiéndase aquí lo vestimental, pesa mucho más que las doctrinas del marxismo ligado al mono de trabajo. A pesar de sus referencias a aquella izquierda definida y arcaica, doña Yolanda se dirige a su verdadero público, el mismo al que hablaba el podemismo vestido de Quechua, esa elite que dispone de tiempo y recursos para discutir acerca del sexo de ángeles laicos y para adaptarse a su verdadero biotopo: las zonas de bajas emisiones.

Qué dirán…

La Gaceta de la Iberosfera, 3 de abril de 2023.

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Qué dirán...

Desde la elaboración de las Bases de Manresa, en aquellos días en los que el proteccionismo que envaneció a los estratos más acomodados de la sociedad catalana decaía, existe en Cataluña el proyecto de disponer de un poder judicial propio capaz de ser manejado por el poder ejecutivo reservado para las gentes de aquella tierra. La documentación decimonónica así lo señala: «Sólo los catalanes, tanto los de nacimiento como los que lo sean por naturalización, podrán desempeñar cargos públicos en Cataluña, incluidos los gubernativos y administrativos que dependan del poder central». Las semejanzas entre estos propósitos y los que reaparecieron durante el pujolato son evidentes y, en gran medida, comprensibles si se tiene en cuenta el grado de corrupción que distingue a gran parte de los poderes, desde la Generalidad al Camp Nou, que manejan la región con excelentes dividendos para quienes se insertan en ellos.

Como consecuencia de los actos relacionados con el golpe de Estado dado en 2017 por un conjunto de facciosos adulados durante décadas, algunos de estos elementos tienen cuentas pendientes, pocas después de la reforma legal hecha a medida por Sánchez en cumplimiento de sus oscuros acuerdos, con la Justicia española. Dos de ellos, o por mejor decir, de ellas, se han visto las caras con los jueces recientemente. Como es tradición en este colectivo, Laura Borrás montó un numerito victimista antes de ser condenada por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña a cuatro años y medio de cárcel y 13 de inhabilitación por trocear contratos para adjudicarlos a dedo. O lo que es lo mismo, la Borrás ha sido condenada por sus corruptelas delictivas, quedando impunes las más graves, las consentidas. A saber, aquellas que tratan de corromper a la Nación española, propósito para el cual trabaja doña Laura a tiempo completo mientras fracciona contratos a tiempo parcial para entregárselos a un amigo. Lo más sorprendente de la sentencia es que el propio tribunal, que haría las delicias de los redactores de la mentadas Bases, propone un indulto parcial que rebaje a la pena de prisión a menos de dos años para que la señora pueda eludir la cárcel.

El otro sainete de la semana lo protagonizó Clara Ponsatí, acaso enviada a España por el fugado Puidgemont para sondear el ambiente y, de paso, ganar cierta cuota de pantalla de cara a las próximas elecciones catalanas, objetivo más que cumplido, pues a doña Clara se le permitió dar una rueda de prensa trufada de todos los argumentos del mundo lazi. La escena se remató con la Ponsatí blandiendo su carné de eurodiputada ante un mozo de escuadra que, amabilísimamente, procedió a detenerla. La escena se resolvió con la suelta de la barcelonesa que tanto conmina a sus correligionarios a entregarse al martirologio y el emplazamiento para que declare en el futuro. 

En lo que se refiere a su dimensión esperpéntica, nada de nuevo tienen estos incidentes, pues el secesionismo suele ofrecer este tipo de espectáculos, sabedor de que su odiado Estado español rara vez actúa con contundencia ante sus agresores. En efecto, desde hace medio siglo, a excepción de acciones que se volvieron en contra de la propia España, los sucesivos gobiernos, dependientes siempre de los anómalamente legales partidos independentistas, han preferido ir cediendo a sus pretensiones. A ello ha de sumarse el factor Europa, ante el que muchos españoles se abisman, ofreciendo su rostro más acomplejado, paralizados ante el qué dirán del que tanto lazis como aberchales sacan innumerables réditos.

 

El paraíso (fiscal) vasco

La Gaceta de la Iberosfera, 27 de marzo de 2023.

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El paraíso (fiscal) vasco

En 1806, el escritor guipuzcoano Juan Bautista Erro y Azpiroz publicó en Madrid su Alfabeto de la lengua primitiva de España, libro en el que sostenía que el vascuence era la lengua más antigua del mundo pues la habría usado el mismísimo Adán en el Paraíso. Superviviente del guirigay de la Torre de Babel, el vascuence también salió indemne del Diluvio Universal por ser el idioma empleado por Noé, instrumento divino que, tras encallar con su arca en el monte Ararat, sirvió para dar comienzo a esa suerte de gran reseteo que comenzó con la bajada del nivel de las aguas llovidas como justo castigo a los hombres. Aceptadas estas tesis, el lector se preguntará cómo un idioma tan arcaico ha resistido en las provincias vascongadas hasta su normalización. La respuesta conduce a uno de los nietos de Noé, Túbal, que se asentó en la tierra en la que ya ha concentrado Pedro Sánchez a los etarras condenados a prisión en estricto cumplimiento de los acuerdos establecidos con quienes tutelan el submundo del hacha y la serpiente, reptil que conecta el Génesis con el terrorismo vasco. Como es sabido, el tubalismo, teoría que toma el nombre del mentado nieto de Noé, que habría llegado a Vasconia en tan lejanos días, operó a favor del mantenimiento de una serie de privilegios en unas tierras que exceden a la actual Comunidad Autónoma Vasca, Euskadi, según el torcido neologismo araniano. Al calor de semejante mito oscurantista, las provincias vascongadas, mantenedoras de las esencias de un remotísimo cristianismo, deberían ser recompensadas por España.

Siglos después de la aparición de aquella obra y del eclipse de un tubalismo que fue sustituido por las señas de identidad que cultivan la idea de un mundo vasco completamente ajeno a España, la recompensa económica lleva asentada muchas décadas y todo hace prever que estos privilegios se mantendrán en el futuro por una mezcla de complejo de inferioridad y por mero tacticismo de los partidos hegemónicos. Por de pronto, la Comunidad Autónoma Vasca, gracias a la excepcionalidad ante la que antaño se postraba el Partido Popular y hogaño lo hace el Gobierno de Sánchez, es la región española que menos gravará a las grandes fortunas. Así pues, en las tierras entregadas al PNV, gestor de una Hacienda propia ajustada a sus predios, los que atesoren una fortuna de tres millones de euros pagarán un 1% menos de lo que lo harán los acaudalados en otros lugares de España en los que el Gobierno de Sánchez busca neutralizar las bonificaciones existentes mientras hace la vista gorda con los avecindados en las Vascongadas. La consecuencia es evidente: la región vasca se va a convertir en un lugar muy atractivo para las grandes fortunas, una suerte de paraíso fiscal que nada tiene que ver con fórmulas retóricas como la del «Paraíso Natural» asociado a la cada vez más deshabitada, como efecto de la desindustrialización con la que pagamos nuestro ingreso en el club europeo, Asturias.

La medida, ante la que la autodenominada izquierda calla mientras exige, por boca de la aditiva Díaz, una armonización fiscal en Europa que se pretende lograr durante la presidencia de Sánchez, ahonda en las diferencias entre españoles, acaso lo único que, en relación a cuestiones genéricas, lingüísticas y fiscales, puede garantizar el actual Gobierno.

 

Sus mayores electores

La Gaceta de la Iberosfera, 20 de marzo de 2023.

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Sus mayores electores

Con las elecciones municipales y autonómicas recortadas sobre un horizonte inmediato, los partidos hegemónicos hacen guiños a sus socios de siempre, es decir, a las sectas catalanistas y vasquistas que llevan medio siglo condicionando la política y la vida de los españoles. Es importante no molestar a los compañeros de viaje, con los cuales, tanto el PSOE como el PP pretenden seguir caminado hacia una España marcada por innumerables desigualdades y privilegios vinculados tanto al territorio como a la autopercepción. La cita electoral del 28 de mayo es la antesala de la que convocará a todos los españoles para elegir a un presidente que, sea del color que sea, perseverará en los vicios que caracterizan a la España surgida a partir de 1978 como transformación de la previa.

Ante la inminencia de esos hitos electorales, Josep Piqué, miembro del nuevo tanque de pensamiento –think tank en jerga bárbara- del Partido Popular, ha realizado una suerte de ejercicio de autocrítica relativo al comportamiento que su partido tuvo para con los catalanes –entiéndase con los secesionistas catalanes- mientras gobernó. Su conclusión es clara: de llegar al poder, el PP deberá mejorar la financiación –entiéndase dar más dinero- a esa Cataluña gobernada por el golpismo inspirado en ese espejo de corruptos llamado Jordi Pujol. Si en su momento, Feijóo ya hizo guiños al PNV, ahora toca hacerlos al entramado extractivo y desleal apostado en Cataluña bajo diversas siglas. La conclusión es clara: el PP, siempre abonado a la estéril política del apaciguamiento, seguirá destinando los recursos de todos los españoles a los proyectos de destrucción nacional que constituyen una de las industrias más pujantes de Cataluña.

Mientras todo eso se cuece en una de las esquinas del cuadrilátero político patrio, en la otra, Pedro Sánchez ha puesto sus ojos en un nicho electoral fundamental dentro de la España que se suicida demográficamente: el de los pensionistas. En efecto, en ausencia de ciertos barones que han hecho mutis para no contaminarse con la presencia de un Sánchez al que le entregarán sus votos humedecidos por lágrimas de cocodrilo autonómico, el Presidente ha anunciado un Nuevo Marco de Sostenibilidad del Sistema Público de Pensiones tras alcanzar un acuerdo con las dóciles UGT y CC.OO. Un marco dentro del cual caben nada menos que 11 millones de pensionistas –nuestros mayores- que acudirán a las urnas acompañados por el recuerdo propagandístico que, sin duda, activará el Gobierno a través de sus poderosas y subvencionadas terminales mediáticas. 

Naturalmente, el mentado marco se sostiene gracias al aumento impositivo al que se someterá a la base de la invertida pirámide poblacional española. Los más afectados serán aquellos que tengan ingresos superiores a los 60.000 euros anuales, que empezarán a notar los efectos de las medidas anunciadas este mismo mes de marzo. La reforma plantea una evidente incógnita. Ante el aumento de una carga impositiva que va destinada a los puestos de trabajo más cualificados: ¿no constituye esta una invitación a que estos trabajadores se conviertan en potenciales protagonistas de Españoles por el mundo que canten las bondades de la vida lejos de una España habitada por jóvenes aferrados a bonos sociales o anestesiados por plataformas desde las cuales se administra el nuevo pasto espiritual?

 

CNA

La Gaceta de la Iberosfera, 13 de marzo de 2023.

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CNA

Durante la noche del 27 al 28 de abril de 711, el bereber Tariq ibn Ziyad cruzó el estrecho de Gibraltar al mando de 7.000 hombres. Ya en tierra firme, con el fin de estimular la participación de los fieles se acuñó una moneda que animaba a esforzarse en el camino de Dios, es decir, a sumarse a la guerra santa. En julio de ese año, don Rodrigo murió durante la llamada batalla de Guadalete. Un año después, Musa ibn Nusayr, el Muza de las crónicas cristianas, acompañado de don Julián, desembarcó en Algeciras. Aproximadamente una década más tarde se produjo la batalla de Covadonga que 1.300 años después es objeto de discusión entre las diversas facciones histórico-ideológicas que hielan el corazón de los españoles. A ese hecho de armas, punto inicial de la Reconquista, que concluyó el 2 de enero de 1492 y que desencadena uno de los masoquistas «Nada que celebrar» que jalonan el calendario, ha dedicado su última obra el pintor Augusto Ferrer-Dalmau, en cuyo cuadro algunos han llegado a ver una visigótica rojigualda y otros, incluso, un guiño a la CNT. 

Mientras todo esto ocurre en el terreno académico y en las redes sociales, se ha anunciado la presentación, precisamente en Algeciras, del Consejo Nacional Andalusí (CNA), cuyo miembro de honor será el periodista Alejandro Delmás Infante, nieto del Padre de la Patria Andaluza, que recientemente viajó a Chaouen con el Corán de su abuelo -.que quien esto escribe pudo en su día hojear– bajo el brazo, para alimentar el fetichismo libresco marroquí. El Consejo, que alberga en sus siglas el término «nacional», ha manifestado su apoyo al Partido Andalusí del ceutí Dris Mohamed Amar, que parece contar con más solidez que aquel nebuloso PRUNE. La muy marroquinizada Algeciras, ciudad en la que un súbdito de Mohammed VI con orden de expulsión no ejecutada degolló a un sacristán, es el lugar donde Dris Mohamed Amar aspira a obtener una concejalía desde la que impulsaría un programa que propone integrar en la comunidad autónoma andaluza a las ciudades de Ceuta y Melilla, iniciativa que el expansivo Marruecos ve con buenos ojos. De hecho, durante la visita de Delmás, Ali Raisuni, miembro del Consejo Personal de Mohamed VI, manifestó que «Blas Infante es un pensador español que en 1918 puso su primer ladrillo para construir y comprender el pensamiento islámico del sur de al-Andalus». Repare el lector en el matiz: Raisuni habla del sur andalusí, presuponiendo un norte que, en todo caso, es difuso pues, como es sabido, al-Andalus no coincidió con la actual Andalucía sino que experimentó una atomización y mengua paulatina según avanzaban los reinos cristianos españoles. 

Las urnas de mayo servirán para medir el verdadero alcance del Partido Andalusí. Sin embargo, el nuevo proyecto cuenta con las generosas simpatías de Marruecos y aparece en un contexto favorable, toda vez que el Partido Popular de Andalucía, que según Moreno Bonilla, siempre dispuesto a replegarse tras Despeñaperros, no está condicionado por nadie, profesa una gran devoción por la figura del muladí Blas Infante, disputándose su figura con quienes siempre lo reivindicaron como defensor de la postrada –entiéndase oprimida por esa España que venció en Granada– Andalucía.

 

Ferrovial: bulla y silencios

La Gaceta de la Iberosfera, 6 de marzo de 2023.

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Ferrovial: bulla y silencios

El traslado de la sede social de Ferrovial a los Países Bajos ha dado lugar a una previsible catarata de manifestaciones en contra de una decisión que, sin duda, debilita el tejido industrial español, o lo que queda de él después de que su desmantelamiento fuera el precio pagado por entrar en el club europeo. Los ataques más feroces recibidos por la empresa crecida durante el franquismo y recrecida bajo la democracia coronada han venido del bando de Unidas Podemos, cuyos globalistas miembros cultivan la imagen tópica e infantil del empresario déspota y explotador. En la ofensiva desplegada por los rigoristas de la deslocalizadora Agenda 2030 ha destacado la ministra Ione Belarra, que ha adelantado que su grupo llevará al Congreso una ley para que Ferrovial, a la cual ha llegado a calificar de pirata en el curso de una ceremonia de consumo interno, devuelva las ayudas estatales percibidas durante la última década.

Ocurre, no obstante, que la maniobra de Ferrovial se ajusta a la aplastante lógica que el propio Gobierno de coalición impulsa con su política de difuminación de fronteras y su beatería europeísta. En este contexto, lo lógico es que la decisión de Ferrovial fuera aplaudida, aunque fuera de un modo silencioso en recuerdo de aquellos primaverales días del 15M, desde la Moncloa y los círculos podemitas, pues es seguro que la empresa, que factura un 90% fuera de España, se ajustará a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, aquellos con los que difícilmente pueden cumplir las pymes y los esforzados autónomos españoles, potenciales agresores del planeta a bordo de sus contaminantes furgonetas.

La decisión de Ferrovial no es sino un movimiento lógico dentro del tablero internacional en el que se mueve. Huelga recordar, por otro lado, que las empresas multinacionales fabrican donde los costes son menores, razón por la cual el grupo presidido por Rafael del Pino ha decidido poner rumbo a un lugar donde la carga impositiva es menor, alejándose, de paso, de contribuir a la financiación, por vía impositiva, de algunas de las estructuras marcadamente ideológicas que mantienen redes clientelares sobre las que se asienta el actual Gobierno, estrategia que ya desveló en su día Íñigo Errejón.

Las críticas vertidas por la Belarra o la Díaz, a las que se ha sumado el doctor Sánchez, que tanto debe al IBEX 35, contrastan poderosamente con omisiones perfectamente predecibles. Silencios propios del mundo de contradicciones, dogmas y complejos en el que se mueven, con excelentes dividendos para sus cuentas corrientes, los, las y les podemitas. El rigor aplicado a Ferrovial contrasta con la ausencia de comentarios acerca del blindaje del Concierto Económico Vasco, agravio asentado en supuestos derechos históricos. Las críticas a la multinacional conviven también con un mutismo sepulcral acerca del mayor intento de privatización y expropiación, a obreros y empresarios, que se cierne contra lo común. Me refiero, naturalmente, al intento de secesión, de robo, en suma, que tratan de consumar los secesionistas catalanes, antes los cuales se postra la grey podemita. El clamor contra Del Pino, choca, por último, con el silencio que Unidas Podemos y el mundo que orbita a su alrededor guarda en relación a la banda terrorista ETA, que en 1991 asesinó al directivo de Ferrovial, José Edmundo Casañ, y que en 2009 hizo explotar un coche lleno de explosivos en la sede central de Madrid, hechos ante los cuales la memoria democrática se desvanece.

 

El redil

La Gaceta de la Iberosfera, 27 de febrero de 2023.

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El redil

Antes de viajar a Ucrania, durante su última comparecencia en el Congreso de los Diputados, Pedro Sánchez pidió al Partido Popular que volviera «al redil de cumplir con la Constitución». La exhortación del doctor transita por una línea argumental ya ampliamente explotada por los socios prioritarios de Bildu, ERC y Unidas Podemos, según la cual, los populares deberían regresar de las arriscadas posiciones en las que se habrían situado después de que un bolso ocupara el escaño de Mariano Rajoy, perdido en la noche madrileña mientras se disolvía su presidencia del Gobierno.

Desde su acceso al poder tras el éxito de una moción de censura, Sánchez y sus aliados, a los que ha pagado ampliamente sus apoyos, han ido situando gente afín en todas las instituciones, hallando en el Tribunal Constitucional el territorio más hostil para la colocación de los elementos necesarios para consolidar los diversos cacicazgos regionales en las diferentes regiones de España, algunas de ellas con ínfulas nacionales. Con el propósito de vencer las resistencias del Partido Popular ante el descarado intento de manejar las enlodadas togas a su antojo, los de Ferraz pusieron en marcha su enorme aparato mediático subvencionado, tratando de presentar al tibio partido del charrán como un colectivo de radicales, de gentes echadas a un monte alejado de los predios constitucionales. Y en ello se mantienen, sabedores de que, tal y como se ha demostrado en relación a la ley trans o respecto a la del aborto, el PP practica un pastueño seguidismo con respecto a las izquierdas políticas españolas en relación a todo aquello que tenga un mínimo sesgo ideológico.

Satisfecho por el éxito de una estrategia tan simple como trufada de superioridad moral, Sánchez, apoyado en proetarras y secesionistas de todo pelaje, no duda en emplearla cuantas veces sean necesarias para perdonar la vida a los de la calle Génova, que esperan pacientemente su turno para gobernar o, como ellos se ufanan en aclarar, para gestionar la economía sin alternar mínimamente el entramado legal construido durante décadas por el PSOE y sus compañeros de redil. Un corral en el que, más allá de la propaganda sanchista, siempre se ha mantenido el PP, fautor de algunas de las transformaciones más profundas de la España que nos ha traído a esta España de nuestros días. No ha de olvidarse que fue el PP, concretamente bajo la presidencia de ese Aznar que tan fiero pintan, quien más cedió ante otro distinguido miembro del aprisco configurado a partir de 1978: el partido liderado por Jordi Pujol, sobre cuya familia penden las acusaciones de organización criminal y blanqueo de capitales. En este contexto, tratar de presentar al Partido Popular como una organización radical no deja de ser una burda maniobra propagandística destinada a mantener prietas las filas socialdemócratas. Prueba de ello es el hecho de que en la misma semana en la que Sánchez lanzaba su envenenada invitación, los de Feijóo han sumado sus votos a los de los socialistas para aprobar el Cupo Vasco y el Concierto Navarro, instituciones tan constitucionales como garantes de la desigualdad entre españoles.

Con la legislatura ya en tiempo de descuento, el PP trata de buscar socios futuros dentro del redil constitucionalista, ese mismo que Sánchez rompió por dos veces al decretar sus estados de alarma, tratando de dejar fuera a un Vox que, siguiendo con el símil pastoril, jugaría el papel del lobo.

 

¿Qué se debe a Marruecos?

La Gaceta de la Iberosfera, 20 de febrero de 2023.

https://gaceta.es/opinion/que-se-debe-a-marruecos-20230220-0700/ 

¿Qué se debe a Marruecos?

Antes de emitir una respuesta preconcebida, Masson de Morvilliers se preguntaba de forma retórica y en tono paternalista: «¿Pero qué se debe a España? Y desde hace dos siglos, desde hace cuatro, desde hace diez, ¿Qué ha hecho ésta por Europa? Se parece hoy a esas colonias débiles y desgraciadas, que necesitan sin cesar el brazo protector de la metrópoli: hay que ayudarla con nuestras artes, con nuestros descubrimientos; se parece incluso a esos enfermos desesperados que, sin conciencia de su enfermedad, rechazan el brazo que les da la vida». Estas interrogantes, que preceden a la afirmación de que España es «un pueblo de pigmeos» debido a su dependencia de frailes y curas, están incluidas en la entrada «España» del primer volumen de la Encyclopédie méthodique ou par ordre des matières. Géographie moderne, editada en París en 1782. Desencadenante de una viva polémica, la entrada encontró, entre otras, cumplida respuesta por parte del sacerdote y botánico valenciano, seguidor de las teorías de Linneo, Antonio José Cavanilles. 

Parafraseando al enciclopedista, cabe hoy preguntarse, ¿qué se le debe a Marruecos?, interrogante obligada en virtud de las concesiones dadas por el actual socio de Bildu y ERC en el Gobierno, el PSOE, al reino de Mohamed VI. Unas cesiones apenas respondidas, singularmente en lo relativo a Sáhara otrora español, por Unidas Podemos, que harto tiene con retener sus estructuras de poder mientras mantiene, con ciega obcecación, sus posiciones en asuntos como la ley del «sólo sí es sí», que ha desprotegido como nunca a las mujeres, tanto a las que responden a su canon feminista como a las que se mantienen en su más estricta observancia. Aferrada a las cuestiones «de género», la formación morada alzó tímidamente la voz ante la saharaui dejación de funciones llevada a cabo por un Sánchez que, en palabras de López Aguilar, debe, por razones no aclaradas, tragar una serie de batracios.

Una deglución de sapos que cabe identificar, por ejemplo, con las declaraciones de la exministra Trujillo, que afirmó la necesidad de que España «cambie su posición sobre Ceuta, Melilla y las Islas Chafarinas» o con la imagen de todo un presidente del Gobierno posando con la bandera de España invertida a sus espaldas. A esta ingesta ha de añadirse la postración del africanista Sánchez, solemne desenterrador del general Franco, ante la tumba del nada demócrata y, para más inri, «príncipe de los creyentes», Hassan II.

Estos y otros episodios, recuerde el lector el asunto de las aguas que bañan las Canarias, bajo las cuales hay ricos yacimientos minerales o el oportuno capote echado recientemente en el Parlamento Europeo, completan la agenda entreguista de un PSOE que se ha comprometido a no ofender la soberanía de Marruecos, o lo que es lo mismo, a seguir tragando con la estrategia anexionista del vecino del sur que maneja con oportunismo la llave de paso de la inmigración ilegal. En este contexto, la pregunta que hacíamos más arriba debe ser reformulada en el sentido siguiente: ¿Qué le debe el PSOE a Marruecos?

La respuesta acaso se encuentre en el mundo de la telefonía que marca los destinos de España desde el 11 de marzo de 2004.

 

sábado, 31 de enero de 2026

La rebelión de las batas baleares

La Gaceta de la Iberosfera, 13 de febrero de 2023.

https://gaceta.es/opinion/la-rebelion-de-las-batas-baleares-20230213-0610/ 

La rebelión de las batas baleares

Siempre al servicio de la causa subvencionatoria, los medios de comunicación afines al Gobierno publicitan sin descanso las protestas, previsiblemente crecientes hasta la celebración de las próximas elecciones autonómicas, de los sanitarios madrileños. Dentro de una estrategia selectiva de desgaste, pues la madrileña no es, ni mucho menos, la sanidad más precarizada de España, son constantes los testimonios televisivos de determinados integrantes de este colectivo, algunos de ellos, ¡oh, casualidad!, afiliados a los partidos que han hecho bandera de esta causa.

Mientras Madrid, rompeolas de todas las mareas, sigue siendo el terreno de batalla ideológico más visible, en Baleares ha ocurrido algo inaudito: la rebelión de los galenos frente a las imposiciones de ese subproducto del catalanismo que responde al nombre de Francesca Lluc Armengol Socías, Francina Armengol en los carteles electorales. Allí, los médicos han decidido no someterse a los dictados lingüísticos, en concreto la exigencia de la posesión del título de catalán para trabajar en la sanidad pública del archipiélago, con los que el gobierno balear trata de erradicar el idioma español del espectro público. Firmes en sus posiciones, algunos sanitarios han manifestado su propósito de abandonar las islas si esta medida se aplica. Si tal ocurriera, la sanidad balear se resentiría gravemente, aunque cabe dudar de que ello tuviera una cobertura mediática adecuada.

La actitud de este colectivo contradice muchas de las mostradas otros que, debidamente encauzados por los sindicatos subvencionados que se dicen «de clase», se han ajustado a los excluyentes quicios autonómicos, engolfándose y blindando sus puestos de trabajo frente a colegas de otras regiones. Un proceso, este, que se ha dado singularmente en el terreno de la enseñanza, allí donde la lengua divide con la precisión de un bisturí. Sirva como ejemplo la última medida emprendida por el Gobierno autonómico de Cataluña, cuyo consejero de Educación, bajo la coartada de lograr una «comunidad integrada» (sic), impondrá el catalán en las guarderías para erosionar todavía más el dominio que los jóvenes catalanes tienen de la lengua de Cervantes, idioma que, al parecer, no requiere de enseñanza reglada.

La nueva medida del gobierno de Aragonés, que se ha jactado de eludir la aplicación de un mísero 25% de horas en español, no hallará, más allá de algún aspaviento, oposición alguna por parte de los partidos mayoritarios, siempre plegados a las políticas de sus socios secesionistas. Que el máximo responsable de esta nueva vuelta de tuerca lingüística es el gobierno catalán, está fuera de toda duda, pero también es indudable que la actual situación no hubiera sido posible sin la colaboración de muchos de los docentes catalanes, muchos de los cuales miraron para otro lado cuando, hace más de cuatro décadas, las amenazas e incluso alguna bala, hicieron que muchos maestros abandonaran Cataluña ante la imposición de una medida similar como la que ha llevado a las batas baleares a enfrentarse al sucedáneo gubernamental catalanista que opera en Baleares.

La reacción de los sanitarios de las islas, a la que se le aplica sordina por si encontrara eco en otros gremios y regiones, demuestra que es posible enfrentarse a las políticas disgregadoras a las que los diversos inquilinos de la Moncloa no han tenido el arrojo de enfrentarse. Cunda, pues, este ejemplo. Surjan una, dos, tres Baleares.

 

Marroquinerías

La Gaceta de la Iberosfera, 6 de febrero de 2023.

https://gaceta.es/opinion/marroquinerias-20230206-1237/ 

Marroquinerías

«Sí, es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta». Estas palabras, pronunciadas en su día por Franklin Delano Roosevelt en relación al dictador nicaragüense Somoza, ilustran a la perfección un hecho muy común en política internacional: la necesidad de obviar algunos aspectos, en esta caso el déficit democrático del país centroamericano, en clara contradicción con el modelo yanqui, en aras de la consecución de determinados objetivos geoestratégicos. Dentro de esa lógica podrían encuadrarse algunas de las imágenes que ha dejado la reciente visita de Pedro Sánchez a Marruecos. 

Entre ellas destaca la del doctor inclinado ante la tumba de Hasan II mientras dejaba sobre ella una corona de flores, antes de guardar un respetuoso silencio frente a los restos mortales de quien fue rey y cabeza religiosa de Marruecos. Un homenaje, en suma, a un gobernante absolutamente incompatible con las exigencias del Gobierno de coalición, siempre dispuesto a exhibir sus inequívocas convicciones demócratas, feministas y laicas. Unas convicciones, en todo caso, matizables, pues en España no todo puede ser consultado a toda la ciudadanía española ni se admite un feminismo no normativo ni la proclamación del laicismo oculta un, en muchas ocasiones, cerril anticlericalismo católico. 

Sea como fuere, la gravedad mostrada por Sánchez ante la tumba podría interpretarse como una concesión, una especie de «las buenas relaciones con Marruecos bien valen una ofrenda floral». Incluso, si se buscan justificaciones más elaboradas por el aparato propagandístico que arropa al presidente, se podría aducir que la Marcha Verde, apoyada por la CIA y por Arabia Saudita, se hizo en tiempos de un dictador como Franco, a pesar de que la encabezara un político no precisamente democrático…

Los recursos y los medios subvencionados para justificar la escena son abundantísimos, sin embargo, las cortinas de humo movidas para tratar de desviar la atención sobre las andanzas marroquíes de Sánchez no pueden ocultar el desdén con el que ha sido tratado por Mohamed VI, que no recibió al presidente español durante la cumbre de dos días mantenida por los Gobiernos de España y Marruecos. Esta serie de hechos, que muchos reducen a meros gestos, si bien los gestos son fundamentales en toda relación diplomática, deben conectarse con otros ajenos a las mínimas normas de la cortesía.

El plantón a Sánchez no es una simple descortesía, sino que forma parte de toda una serie de hechos que deberían preocupar a los españoles. Ha de recordarse que Marruecos emplea la inmigración ilegal como un arma arrojadiza con la que trata de avanzar en la consecución una serie de objetivos. Singularmente en lo que se refiere a su intento de absorción de las ciudades autónomas españolas de Ceuta y Melilla, anhelo al que no parece oponerse con la suficiente claridad el partido de Sánchez, tal y como demuestran las declaraciones de la exministra Trujillo, inscrita, al igual que algunos históricos del partido con sede en la calle Ferraz, en la órbita marroquí. Esta estrategia anexionista se ha visto reforzada recientemente gracias al espionaje a algunos ministros españoles y al del propio jefe del gobierno español. Unas circunstancias que han llevado al africanista PSOE, siempre preocupado por su supervivencia, a votar en contra de una resolución europea que exigía la libertad de prensa en Marruecos e incluso a reconocer la necesidad, así lo afirmó el eurodiputado López Aguilar, de tragar unos sapos marroquíes cuya indigestión afectará a todos los españoles.

 

 

En la muerte de Juan Velarde

La Gaceta de la Iberosfera, 4 de febrero de 2023.

https://gaceta.es/espana/en-la-muerte-de-juan-velarde-20230204-1820/ 

En la muerte de Juan Velarde

El 30 de enero de 2013 tuve la oportunidad de entrevistar a Juan Velarde Fuertes en su despacho de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en el curso de una serie de entrevistas preparatorias para mi libro Nuestro hombre en la CIA. Guerra Fría, antifranquismo y federalismo (Ed. Encuentro, 2020). Dos años después hice lo propio para la Fundación DENAES, en relación a la enseñanza del Islam en la educación pública española. Esas fueron las dos únicas ocasiones en las que tuve contacto, exquisito, por otra parte, con el eminente economista asturiano cuyo magisterio abarca a varias generaciones de discípulos, entre los que destaca, por ejemplo, Mikel Buesa, anatemizado por sus paisanos por denunciar el timo que subyace bajo el cupo vasco.

Un anatema, el de Buesa, que, al calor de los efectos de sectarismo que caracteriza la legislación memoriohistoricista, alcanzó, bien que tangencialmente dada la escala del personaje, al propio Velarde, al que algunos siguieron refiriéndose como Juanito el Flecha por su pertenencia a Falange. La invectiva fue neutralizada por el propio Velarde, que no sólo no negó esa vinculación, sino que matizó la misma, exhibiendo su adscripción joseantoniana. 

Asistente al Congreso de Falange de 1953, Velarde fue testigo y aún protagonista del giro que transformó el primigenio nacionalsindicalismo en el socialismo de derechas que caracterizó, según fórmula acuñada por Gustavo Bueno, con quien el de Salas tuvo tanta relación, a ese periodo evolutivo y lleno de matices, mal que les pese a los manejadores de la brocha gorda maniquea, llamado franquismo. En efecto, tal y como se puede comprobar en la primera de las entrevistas aludidas, Velarde presenció las pugnas internas que caracterizaron el régimen desde el primer momento, cuando, a la fusión entre las facciones de Ledesma y Redondo se unió un tradicionalismo que era visto con recelo desde el lado más obrerista y estatalista, partidario de las nacionalizaciones y mantenedor de un vigor sindicalista que fue reconducido oportunamente. Desde este último grupo surgió la temprana figura de un Velarde que, un lustro antes de su asistencia al susodicho congreso, arremetía contra la economía liberalcapitalista por entender que esta dejaba indefenso a un ciudadano que encontraba en las estructuras comunes la garantía de su propia libertad.

Naturalmente, el curso vital de Velarde fue moldeando y matizando sus posiciones sin que ello mermara su capacidad analítica acerca de la transformación que experimentó España después de una devastadora guerra civil que obligó a una dura reconstrucción y ofreció al mundo polarizado de la Guerra Fría la imagen de una nación ni democrática ni comunista. Esta anomalía dentro de un contexto que, o bien propugnaba, en ocasiones con elevada carga retórica, la entrega del poder al proletariado o la invocación a la metafísica autorregulación del mercado, unida a la realidad, subrayada por el propio Velarde, de unos gobiernos de concentración que daban cabida a las diferentes familias ideológicas sobre las que se apoyó Franco, ofrecieron, no obstante, una oportunidad que destaca en la charla mantenida en el despacho de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

En mitad de la conversación, don Juan afirmó que la España franquista, en cuyo seno se mantenía la figura del proteccionista catalán Gual Villalbí, que trataba de incorporarse a un Mercado Común Europeo orientado hacia una configuración confederal de corte liberal-demócrata apuntada en el Informe Birkelbach de 1964, encontraba en su autoritarismo un obstáculo que el pragmatismo de la nueva Europa surgida tras el Plan Marshall supo disculpar hasta el punto de que en 1970 estableció con nuestra nación un acuerdo preferencial que hubiera permitido a España una integración mucho más favorable que la realmente se dio, tutelada –Velarde cuenta las llamadas que recibía Felipe González–, en todo momento por la Alemania que financió al PSOE de los jóvenes turcos.

Quisiera, dentro de este modesto homenaje a Juan Velarde Fuertes, subrayar esta cuestión obviada por todos aquellos que, ahítos de unamuniano papanatismo, cultivan ciegamente el mito europeo.

 

Euskoestrella

La Gaceta de la Iberosfera, 30 de enero de 2023.

https://gaceta.es/opinion/euskoestrella-20230130-0703/ 

Euskoestrella

Después de hacer pública confesión de su fe europeísta, Andoni Ortúzar expresó su ambición: unos Estados Unidos de Europa en los cuales Euskadi, acreedora de la estrella, acaso euskoestrella, número 29, quedaría integrada en pie de igualdad con el resto de naciones que compondrían tal estructura política. Arropado por los suyos durante un desayuno de Fórum Europa-Tribuna Euskadi, el dirigente peneuvista afirmó que el partido de la Ley Vieja desea la aprobación de una Constitución europea que facilite la unión de «pueblos y naciones» en el Viejo Continente.

Nada nuevo bajo el sol peneuvista, que en su día hizo más que guiños, tal y como demuestra el documental Una esvástica sobre el Bidasoa, a uno de los proyectos europeístas más potentes y mejor alineado con sus postulados racistas: el impulsado por la Alemania nazi, que en sus ensoñaciones cartográficas daba espacio propio a algo parecido a Euskal Herria. Si desde este lado del Bidasoa se veía a Hitler como un posible aliado contra Franco, desde la otra orilla, Herbert Brieger rodó un documental titulado Im Lande der Basken En Tierra de Vascos, en el que se exaltaba la arcaica pureza cultural e idiomático de las Vascongadas.

Llevados por su secular oportunismo y visceral hispanofobia, los dirigentes peneuvistas, que en agosto de 1937 pasaron de estar del lado del Frente del Norte a echarse en brazos mussolinianos, es decir, en los de los aliados de Franco, cambiaron nuevamente de bando tras la caída de la Alemania nazi. En efecto, en 1950, el clérigo Alberto de Onaindía Zuloaga, elemento fundamental en el aludido Pacto de Santoña, y la aristócrata Carmen de Gurtubay Alzola, trabajaron en Berlín a favor de la causa de Manuel de Irujo, ministro de la República española en el exilio y dirigente del Partido Nacionalista Vasco, partido que ahora se situaba en la órbita norteamericana encargada de impulsar un nuevo proyecto europeísta muy similar al deseado por Ortúzar casi ocho décadas después.

En plena Guerra Fría, el tornadizo PNV se integró en la estrategia norteamericana que buscada, de manera explícita, la configuración de unos Estados Unidos de Europa cuyas piezas, las naciones políticas de este lado del Telón de Acero, se fusionarían según fórmulas federalistas. Tan germanizante como anglófilo, siempre en función de sus intereses, el PNV fue sostenido durante el franquismo y afloró al final de este como una pieza muy útil para la neutralización de otro partido europeizante, el PCE que ya había abrazado el eurocomunismo. Fue así como, en la línea de salida de la actual democracia coronada, el partido de Sabino Arana logró ciertos particularismos para las provincias vascas que hoy perduran para mantener privilegios y discriminaciones. Entre ellos destaca el célebre Cupo Vasco que un vasco anatemizado como Mikel Buesa se encargó de rebautizar como un auténtico Pufo.  Una estafa, en suma, desde la que se alza la voz del «eurocentrista» Ortúzar, que quiere mirar más allá del Bidasoa para dar la espalda a Maketania.