sábado, 21 de febrero de 2026

Junts y la ruptura blanda

La Gaceta de la Iberosfera, 27 de octubre de 2025.

https://gaceta.es/opinion/junts-y-la-ruptura-blanda-20251027-0738/ 

Junts y la ruptura blanda

Después de terminar esta columna, he puesto un 3-1 en la porra familiar. Aunque el Madrid juega en casa, mi pronóstico tiene, como siempre, mucho de deseo. En unas horas sabré si he acertado. Unas horas después de que este escrito se publique, sabremos algo más del rumbo que va a tomar Junts. Las aguas de la política, permítaseme el tópico, siempre son procelosas, pero en el caso de las que surcan los neoconvergentes, su derrota va camino de algo parecido al Mar de los Sargazos. Puigdemont está atrapado en una situación kafkiana. Veamos.

Tras su huida al corazón de Europa en julio de 2023, la geometría d´Hont convirtió a sus siete escaños en llave de gobierno del Estado opresor. Consciente de ello, el de Amer buscó, ante todo, escapar de la acción de la justicia española. Sin embargo, a pesar de que Sánchez elaboró una ley de amnistía a la medida de los golpistas, algo que Josep Pagès le espetó -nosotros, Junts per Catalunya, somos los responsables de que la redacción de la amnistía sea la que es- a Cayetana Álvarez de Toledo en Comisión Constitucional del pasado 28 de febrero, Puigdemont sigue sin pisar Cataluña. Desde 2017, la única visita conocida a Cataluña fue aquella en la que los mozos de escuadra respetaron escrupulosamente los semáforos, permitiéndole volver a Europa. Con Cerdán en prisión, su actual visitante es Rodríguez Zapatero. Por lo que respecta a cuestiones ajenas a Su Golpidad, escasos avances. Las competencias de inmigración no han sido transferidas y el catalán sigue sin ser oficial en la Unión Europea, aunque su marginación en Cataluña la ejerce ahora Salvador Illa. La foto con Sánchez aún no se ha producido, aunque todo parece indicar que se hará, cuando toque. «¡Hala, ya tenéis el corte!», espetó Sánchez a sus dóciles periodistas la semana pasada.

En estas circunstancias, Junts se plantea la ruptura con el PSOE y sus socios. La decisión dependerá, la cosmética democrática así lo exige, del voto de la militancia, ente la cual se cuentan alcaldes que agarran con fuerza sus varas. Sin embargo, ¿qué significa romper? Votar por libre, tras fruncir mucho el ceño o aumentar la tensión mandibular de Miriam Nogueras es una vía ya explorada. La otra es mucho más arriesgada. Se llama moción de censura. Y dentro de esa senda, la medida podría conducir a la elección de una figura que inmediatamente convocara elecciones. Sin embargo, y sin descartar la remontada socialista, es decir, la posibilidad de que el PSOE alcanzara un número de escaños suficiente para entregar lo común a las sectas extractivas a cambio de mantenerse en La Moncloa, es muy posible que las urnas propiciaran un gobierno PP-VOX. En ese caso, Junts sería acusado de propiciar el regreso de la temida derecha, espantajo que agitaría Sánchez para aglutinar al izquierdismo estatal, al poder en España. 

El tiempo corre contra Puigdemont. Si hasta julio de 2023, el olvido, que como afirma el tango, todo destruye, era su mayor amenaza, hoy debe tomar una decisión apremiado por el ascenso de Alianza Catalana, marca emergente que ha recuperado las esencias hispanófobas del catalanismo. Con la estrella de David sobre su solapa, ajena a la deriva de la flotilla, Orriols es una firme alternativa al personalismo de Puigdemont, que tendrá que romper sin romper del todo. Como en el caso del Clásico, pronto lo sabremos.

 

Iglesias y las agallas

La Gaceta de la Iberosfera, 20 de octubre de 2025.

https://gaceta.es/opinion/iglesias-y-las-agallas-20251020-0100/ 

Iglesias y las agallas

En 2010, Rosa Díez fue escrachada. En aquel tiempo conocimos ese vocablo adscrito al lunfardo revolucionario. El acto de hostigamiento tuvo lugar en la Universidad Complutense que, desde hacía tiempo, era de todo menos universal, pues desde hace décadas, el entrismo llevado a cabo por facciones izquierdistas orilló a sus azulados predecesores. Tres lustros después, la semana pasada, la universidad catalana, controlada por secesionistas, ha vuelto a ofrecer su rostro más hispanófobo, representado por una pancarta en la que se pudo leer: «Fuera escoria castellana de la UAB». Una prueba más de la convivencia alcanzada por Sánchez tras darlo todo a las sectas que allí operan.

Regresemos por un momento al escrache complutense. Íñigo Errejón, su hermano Guillermo y Rita Maestre, que jugaba a revolucionaria desde el «sóviet de la Complu», jugaron un papel protagonista bajo la dirección de Pablo Manuel Iglesias. Las imágenes son reveladoras. Iglesias mueve sus peones y cuando la tensión sube, se mantiene inmóvil, haciendo gala de un activismo voyeur. Él es un coreógrafo, un ideólogo, alguien a quien no deben llegarle las salpicaduras del barro en el que se adentran sus correligionarios. Refugiado en su engolamiento Iglesias siempre eludió el cuerpo a cuerpo. Abandonó, incluso, Asturias —para él, Asturies— por unas pintadas roedoras en una carretera. Se blindó en su mansión ante una megafonía insoportable, pues, recordemos, él no puede decir España.

Retirado de la circulación política oficial, la tentación de salir de las sombras ha devuelto a Iglesias a una actualidad distinta a la tabernaria. Su regreso, que evoca aquel machirulo «VUELVE», se ha producido en la llamada Uni de Otoño Podemos, que nada de universal tiene. Durante su intervención, Iglesias se insinuó al PSOE: «aquí nos tenéis para reventar a los activos de la derecha y llegar donde sea necesario». 

Dañada tras su fallido asalto a los cielos, la formación morada trata de agarrarse a un nuevo «No a la guerra» que es un sí a Hamás y un no radical, aniquilador —«Desde el río hasta el mar»— a Israel, al que sólo falta atribuir una reedición de los Protocolos de los sabios de Sión. Iglesias no podía perderse esta ocasión. No podía dejar todo en manos de Montero y Belarra, esas que recientemente se derritieron en presencia de Otegui. ¿Acaso no se derritió antes Iglesias en aquella herriko taberna?

Tras victimizarse en presencia de sus tifosi, Iglesias pasó a la ofensiva, siempre desde la barrera. En este caso parapetado tras una mesa de debate titulada: «Poderes más allá de la democracia: cómo hacerles frente». Las «agallas» a las que apeló, deberán ponerlas otros, pues harto tiene ÉL con diseñar estrategias gramscianas contra jueces cultivadores del lawfare y periodistas a los que hay que amordazar. No por casualidad, Sarah Santaolalla, principal propagandista animal print del sanchismo, compartió mesa con Iglesias. Frente al Sumar «pagafantas», Iglesias pretende recuperar terreno ofreciendo esencias democráticas, es decir, sectarias, al PSOE, dueño de casi todos los resortes del Estado, generoso subvencionador de medios afines, hábitat del que Iglesias nunca salió.

Coincidiendo con las palabras de Iglesias Turrión, Pedro Sánchez homenajeó al primer Pablo Iglesias, al fundador del PSOE. En la red X, el yerno de Sabiniano escribió: «175 años después, su inspiración sigue presidiendo nuestro compromiso. Orgullosos de nuestra memoria». Todo un canto a quien demostró tener agallas suficientes como para decirle a Antonio Maura: «Hemos llegado al extremo de considerar que antes de que Su Señoría suba al poder debemos llegar hasta el atentado personal». Doce días después de hablar así en el Congreso de los Diputados, Maura sufrió un atentado.

 

12-O, Día de la Sanchidad

La Gaceta de la Iberosfera, 13 de octubre de 2025.

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12-O, Día de la Sanchidad

Llegó un nuevo 12 de octubre y, como es tradición, no defraudó. No hubo sorpresas. Un año más, puntuales a su cita anual, las izquierdas españolas cumplieron con el trámite negrolegendario. Nada que celebrar, repitieron, con gesto grave. Irene Montero, siempre vocinglera, relacionó la fecha con el que calificó como «genocidio del pueblo palestino». El acuerdo de paz inducido por Trump escuece en el podemismo, cuya génesis universitaria siempre estuvo envuelta en kufiyas y otros fetiches. Como acompañamiento a los alaridos monterianos, Ione Belarra ahondó en la matraca. Belarra no soporta el desfile militar que, diche, expulsa a la «gente de izquierdas» de este país al que no nombra y a las «nacionalidades históricas», cuyos nombres da por sabidos. En su intervención se acordó incluso de la «caza de brujas de la Edad Media», en una evocación velada a la Inquisición. Ese disco rayado apellidado Belarra, repitió una y otra vez la palabra «genocidio», que casa mal con la petición de un homenaje a «los pueblos hermanos de América Latina», pues si hubo genocidio esos pueblos no podrían hoy existir. Por otro lado, ¿qué sino los atributos de la Hispanidad nos une a tales pueblos? ¿Cómo, si no hubiera sido por la implantación de estructuras virreinales tendría algo en común una española como la Belarra y un boliviano? Contradicciones son esas que la diputada deberá cabalgar.

Si los topicazos podemitas resonaron con la habitual vehemencia, Pedro Sánchez no fue a la zaga de los susodichos subproductos morados. Sánchez se descolgó con un vídeo que se abría con una confesión: al profundo amor que profesa a la antigua contable de los vaporosos negocios de su finado suegro, el doctor añadió el orgullo que siente de ser español. Extraño amor el suyo, pues su mantenimiento en la presidencia del gobierno de España, palabra que no aparece en el vídeo, se produce a costa de dar cesiones continuas a las facciones hispanófobas que todos mantenemos. Dicho de otro modo, el de Sánchez es un amor que mata, que desmantela, que debilita a la nación.

En el vídeo no aparecen imágenes que conecten al espectador con el pasado histórico. Hacerlo supondría aceptar muchas de las cosas que detesta el PSOE o que aborrecen la totalidad de sus socios: una historia común. Las tan cacareadas «nacionalidades históricas» gustan de dar un salto mortal para vincularse a ficciones victimistas cuando no a fantásticos pasados truncados por una España que Sánchez no nombra.

La pieza contiene una dosis guerracivilista —El Guernica— y mucha cultura, mucho folclore, mucha tradición, excepción hecha de la tauromaquia, claro está. El espectador ve desfilar una serie de imágenes que ilustran otra de las ideas-matraca del bipartidismo: la diversidad. Una anciana enmascarillada recibe su dosis vacunífera. La UME —entérate, Mañueco—, lanza un chorro de agua. Una bandera arco iris ondea, en ausencia de la rojigualda. Zerolo aplaude desde la tribuna del Congreso. El «genocidio» de Gaza también se asoma entre mujeres, mujeres y más mujeres. Mujeres instrumentalizadas por el Gobierno de las pulseras fallidas y de dosis tan aplastantes de propaganda como para sanchizar, incluso, el 12 de octubre.

 

Lechuga, sol y chistorra

La Gaceta de la Iberosfera, 6 de octubre de 205.

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Lechuga, sol y chistorra

Poco más de doscientos habitantes, según el censo, tiene Maranchón. El pueblo, sin embargo, mantiene las huellas de su antiguo esplendor. Cuna de tratantes, la localidad alcarreña alcanzó renombre en el ya desaparecido mundo de la muletería. Su fama trascendió a la hoy llamada «Siberia española», con capital en Molina de Aragón. En su episodio nacional, Narváez, Galdós contó que los maranchoneros, de los que también habló Baroja, llegaron a emplear obligaciones de pago para facilitar las transacciones con sus clientes. Como ocurría con tantos otros oficios, los maranchoneros tenían incluso una jerga propia: la migaña —palabra que puede proceder de la expresión «me engaña»— para hacer sus tratos. 

Hace mucho tiempo que el motor de explosión, hoy amenazado por el eléctrico, eclipsó a las acémilas. Sin embargo, la picaresca y su lenguaje, que tanto llamó la atención de Cervantes, goza de buena salud. Prueba de ello son las últimas revelaciones de la UCO, que nos han descubierto la jerga koldiana, pues al antaño portero del club Rosalex, se debe el renombre de los billetes de 100, 200 y 500 euros. Lechuga, sol y chistorra son los nombres que el navarro daba a un papel moneda que al contrario de lo que dice la copla, no corría como la falsa moneda, sino como jugosas retribuciones de difícil encaje contable. Cada cual tiene sus referencias, y si los Pujol hablaban de misales para referirse a los millones de pesetas que iban hacia sus cuentas andorranas, Koldo ha secularizado ese vocabulario para confeccionar un plato combinado similar a los que pudo degustar, junto al resto de peugeotnautas, mientras reconstruían a Sánchez. El escándalo cuenta, en este caso, con la imagen de sobres con el logotipo del PSOE, para los que la empresa radicada en Ferraz ha elaborado un contraargumento —se trataría de retribuciones limpias— que el tiempo y las togas se encargarán de avalar, con uve… o no. 

Al cierre de esta columna, Sánchez tiene imputados a su hermano, del que hemos sabido que vivió como un topo en Moncloa para mejorar sus balances fiscales, a su esposa, a sus dos ex secretarios de Organización y al Fiscal General del Estado, al que le separan tres semanas de sentarse en el banquillo de los acusados. Los sobres vendrían ahora a «barcenizar» al PSOE y hemos de recordar que la imaginativa contabilidad genovesa fue la excusa para articular la moción de censura que llevó a Sánchez a un Palacio de La Moncloa que no abandonará sin usar cualquier recurso a su favor. Su demostrada amoralidad es su mayor fortaleza.

Mal harían quienes acarician con los dedos el fin del sanchismo. El PSOE es el principal constructor del régimen del 78 y las inercias de este son potentes. La exigencia de transparencia y de honradez, esa de la que tanto ha presumido el partido de Sánchez, son valores maleables sujetos al momento político. Hace siete años, la trama Gürtel, es decir, la de la financiación ilegal del PP, desbancó a Rajoy. Hoy, las noticias que vamos conociendo se asemejan mucho a un caso análogo. Sin embargo, los socios del Gobierno callan. Y las razones de ese silencio son bien conocidas. Sánchez es un auténtico filón para las sectas extractivas que la democracia «que los españoles se dieron» ha fomentado. Sólo él sería capaz de indultar y amnistiar a golpistas, de mantener abierto un canal de negociación con Puigdemont, de permitir el trato privilegiado que se da a los etarras o de dar una financiación privilegiada a la región que acumula más deslealtad. 

Por todas estas razones, no cabe esperar ningún movimiento por de Sumar, EH Bildu, ERC, etc. Para los primeros, Sánchez, que los devorará, es la garantía de una supervivencia que se agotaría en unas elecciones inmediatas. Para los otros, el madrileño no es más que un español, es decir, un individuo en el que se concentran los contravalores del supremacismo que España financia con algo más que lechugas, soles y chistorras.

 

Pablo Iglesias se cae del caballo

La Gaceta de la Iberosfera, 29 de septiembre de 2025.

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Pablo Iglesias se cae del caballo

Cabalgar contradicciones es una de las frases más recordadas del hoy exvicepresidente del Gobierno de España, Pablo Iglesias, hábil surfeador de las mareas y confluencias del 15M.  Tras su ascenso fulgurante, la figura del jinete madrileño, que irrumpió en el sector tabernario, buscó refugio en el ámbito televisivo que le vio crecer. Sin poder regresar a la Universidad por carecer de la puntuación mínima necesaria, Iglesias inauguró recientemente una sede de Canal Red en Ciudad de México. La fascinación de Iglesias por las telepantallas se mantiene desde aquellos tiempos de La Tuerka y de sus apariciones en Intereconomía como elemento exótico, que el entonces vecino de Vallecas publicitaba como actos heroicos consumados dentro de una caverna mediática. Desde aquellas modestas plataformas, el autodefinido hijo del frapero acarició el asalto de los cielos, para el que pedía controlar TVE. Sin embargo, como en aquella canción de Mártires del compás que hablaba de una mujer que quiso comerse el mundo y se comió una esquina, con dos aceras y una bombilla encendida, la toma del poder se quedó en eso, en una intentona. 

De nada sirvieron los sesudos tratados, de nada el agitprop y las cadenas de mensajes telefónicos. Una década después del momento asambleario del que emergió, Podemos es una fuerza menor, aunque no muerta, y don Pablo sigue siendo el mismo que asistía inmóvil a los hostigamientos universitarios que alentaba en su eterna lucha contra el fascismo. El trabajo sucio era cosa de otros, él era y es un ideólogo. Sin embargo, quien tuvo retuvo, y por eso, Iglesias sigue moviéndose entre bambalinas y platós.

La semana pasada, el madrileño participó en el programa de TV3, Els Matins. El debate giró en torno a la decisión de Podemos de tumbar la Proposición de Ley acordada entre Junts y el PSOE para traspasar las competencias de inmigración a Cataluña. La razón principal para la negativa del partido morado es que el motor de esa ley, que decayó en el Congreso, es el racismo. Conectado en remoto, Iglesias, visiblemente alterado, dijo: «me sorprende ver a mi amigo Joan Tardà y a Rufián bajando las orejas y tragándose toda esta mierda de Junts y del pujolismo, que dicen que Podemos es españolista», ante lo cual, la presentadora, Ariadna Oltra, tras pedirle respeto, le cortó el micrófono.

El episodio es elocuente. Iglesias, que tanto había cabalgado en las televisiones, se cayó del caballo en directo. Si Pablo de Tarso lo hizo camino de Damasco, Pablo Iglesias lo hizo camino de Sant Joan Despí, localidad donde se hallan los estudios de ese altavoz del secesionismo llamado TV3. Pablo, en definitiva, descubrió el Mediterráneo, ese Mare Nostrum por la que avanza la flotilla escoltada por un buque de la Armada. Las contradicciones se cabalgan, pero también se navegan. 

Enmudecido, Iglesias probó el jarabe secesionista con el que tanto traficó bajo la coartada plurinacional. Sin embargo, a pesar de haberle bailado el agua a todo movimiento disgregador de esa España cuyo nombre no puede pronunciar, para los lazis, también para esos amigos que ahora le decepcionan, el de la taberna Garibaldi tiene la misma consideración que un charnego. Un charnego útil, siempre postrado ante los catalanistas a los que, ¡a buenas horas!, ha descubierto su racismo seminal.

 

sábado, 14 de febrero de 2026

A Sánchez también le gusta la fruta

La Gaceta de la Iberosfera, 22 de septiembre de 2025.

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A Sánchez también le gusta la fruta

El 15 de noviembre, durante una sesión celebrada en el Congreso de los Diputados, las cámaras captaron a Isabel Díaz Ayuso, presente en la tribuna de invitados, pronunciando lo que muchos entendieron como «hijo de puta», frase que se trocó en un «me gusta la fruta», a decir de la presidenta madrileña contra la que el PSOE lanza continuos ataques. La herida del tamayazo sigue abierta. Desde entonces, son multitud los que se han desahogado, aireando su amor frutícola, en la creencia de que combaten ardorosamente al sanchismo. «¡Me gusta la fruta!», exclaman algunos, acompañando su afirmación con un mohín que busca complicidad.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte, los sanchistas, pero no sólo, también han hecho un acto de exaltación frutícola. Así, desde el pasado verano, la sandía, por sus colores, se ha convertido en un símbolo vegetal de apoyo a la causa Palestina, indistinguible, a menudo, de la de Hamas, pues el lema «Desde el río hasta el mar» acompaña con frecuencia a la raja, evocadora de la franja.

«Y era tanta la grita y lloro de los niños y mujeres, que no había persona a quien no quebrantase el corazón». Así, como si de un corresponsal de guerra se tratara, se expresó Hernán Cortés hace medio milenio al describir la salida de los famélicos habitantes que abandonaron el asedio de Tenochtitlan por lo que hoy denominaríamos «corredor humanitario». La guerra deja siempre imágenes brutales y nuestro presente, pleno de cámaras, nos las ofrece con toda su crudeza, pero también con toda su edición, es decir, con su selección. Las violaciones, mutilaciones y brutalidad desplegada por los terroristas tras el ataque a la rave que desencadenó la ofensiva israelita, han quedado empequeñecidas por las que protagonizan niños gazatíes desnutridos, madres que lloran a sus hijos. El Guernica ha regresado a las paredes y la palabra «genocidio», puesta en circulación tras la II Guerra Mundial, no se cae de la boca de aquellos que no reclaman la liberación de los rehenes israelíes ni el desarme de la banda terrorista.

Lejos de la devastación, en nuestras calles, en nuestras carreteras, las de la Vuelta, pero no las de la Volta, las banderas palestinas han ofrecido una imagen que Sánchez, tal es la grandilocuencia del partido que en su día publicitó la reunión entre Zapatero y Obama como «un acontecimiento histórico planetario», quiere proyectar al mundo. Agarrado a la bandera evocada por las sandías, Sánchez trata de cerrar filas dentro del sector izquierdista en el que militan multitudes incapaces de enarbolar la rojigualda, pues, dicen, ese trapo de colores se lo ha apropiado la derecha, la ultraderecha, la extrema derecha, el fascismo irredento.

Mientras busca nuevas dádivas que entregar a sus socios golpistas y filoetarras, en su intento de zafarse de la marea de corrupción que le rodea, Sánchez, al que ahora también le gusta la fruta, busca una nueva causa, un nuevo Irak, un renovado «No a la guerra». Envuelto en una kufiya ética, Sánchez, que nada tiene que objetar a la existencia o, por mejor decir, inexistencia de las mujeres veladas, trata, desesperadamente, de activar a sus bases desde el que califica, no sin recordar que carece de armamento atómico, como «lado correcto de la historia». 

 

«El PSOE no ha podido hacer más»

La Gaceta de la Iberosfera, 15 de septiembre de 2025.

https://gaceta.es/opinion/el-psoe-no-ha-podido-hacer-mas-20250915-0003/ 

«El PSOE no ha podido hacer más»

Aunque esta semana sus abogados esperan que el recurso presentado le permita abandonar la cárcel, la oposición de la Fiscalía Anticorrupción supone un serio obstáculo para los anhelos del peugeotnauta Santos Cerdán. A pesar de que en estos dos meses largos de reclusión el interno de Soto del Real ha gozado de privilegios —celda individual, escolta, televisión y celular—, es posible que el ex número 3 del PSOE haya tarareado alguna vez aquella canción de Los Chichos: «Libre, libre, quiero ser/Quiero ser, quiero ser, libre». Al cabo, el talego, aun en su versión más edulcorada, la de los lazis en Lledoners, por ejemplo, no lo quiere nadie.

A las repercusiones que tiene para su persona y para la organización radicada en Ferraz, su neutralización ha provocado una réplica en el corazón de Europa, refugio de golpistas, pues a él le ha correspondido la indigna tarea de hacer entregas a Puigdemont y a su banda extractiva. Ante la presencia de Francisco Galindo, relator internacional exigido por Junts para levantar acta de lo hablado con lo que Miriam Nogueras calificó como «estercolero putrefacto», es decir, con España, Cerdán ha ido dosificando cesiones a los secesionistas. Como el lector recordará, el 3, destacado representante del 1, llegó a fotografiarse con Puigdemont bajo la foto de una urna del sediciente referéndum del 1 de octubre de 2017. No hay aro intraspasable con tal de ocupar La Moncloa y acceder a las canonjías y sinecuras que de ella dependen, debió pensar el navarro antes de dar con sus huesos en la trena y comenzar a recopilar boletos de la piscina de su pueblo para acreditar una vida austera que, en cualquier caso, no elimina el hedor, como de sauna mal ventilada, que desprende el entorno de Sánchez al que él ha pertenecido durante tanto tiempo.

El bochornoso espectáculo debía, no obstante, continuar. Los Presupuestos Generales del Estado ni están ni, de momento, se les espera, por más que en su día Sánchez afirmara que «un Gobierno sin presupuestos es un Gobierno que no gobierna nada», o que «gobernar no consiste en vivir en La Moncloa». A esa tarea dedica ahora sus esfuerzos José Luis Rodríguez Zapatero, individuo que mantiene cierta aura cuasi mesiánica en amplios sectores socialdemócratas y que es bienquisto por los secesionistas, que no olvidan su «apoyaré la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento catalán», pronunciado hace más de dos décadas.

ZP ha ido a Zúrich con el propósito de engrasar un nuevo acuerdo, es decir, de establecer otro hito en el vaciamiento del Estado en Cataluña. «El PSOE no ha podido hacer más», ha dicho, en relación a la aplicación total de la amnistía al prófugo Puigdemont, de cuyos votos es rehén Sánchez. La malversación, en la que se enrocan unos jueces tildados de fachas, es el único obstáculo que se cruza en la hoja de ruta del secesionismo, ante el que ZP se abisma. En esas circunstancias, y tras la visita de Illa, en la que pidió normalidad, es decir, impunidad, la foto de Sánchez con el huido parece más cercana. Mientras tanto, Puigdemont, como si de un nuevo Bernal Díaz del Castillo se tratara, anuncia que, puesto que el PSOE no puede hacer nada más a favor de su causa, «pasarán cosas nunca vistas hasta ahora». Cosas dañinas para España que se decidirán en Suiza.

 

La normalidad según Illa

La Gaceta de la Iberosfera, 8 de septiembre de 2025.

https://gaceta.es/opinion/la-normalidad-segun-illa-20250908-0107/ 

La normalidad según Illa

El próximo jueves se celebrará el así llamado Día Nacional de Cataluña​, vulgo Diada. Prohibida durante la Dictadura de Primo de Rivera, la Diada reapareció durante la II República y se volvió a prohibir durante el franquismo. Pese a ello, en los años cuarenta, el Frente Nacional de Cataluña realizó algunas acciones reivindicativas y en el muy franquista año de 1964 se constituyó el Comité del Once de Septiembre para celebrar el 250 aniversario de lo ocurrido en 1714. Alrededor de 3.000 personas, siete de las cuales fueron detenidas y multadas, se dieron cita en la conmemoración. En 1967, CC.OO., apoyada por el PSUC, se sumó a las celebraciones, decisión que fue cuestionada por la Coordinadora del Metal por entender que ello suponía «una clara tendencia integradora de la clase en la sociedad burguesa, pretendiendo confundir sus objetivos con los de la burguesía nacionalista llamando a la unidad en la «lucha por las libertades de Cataluña, por encima de los intereses de clase»».

La primera celebración legal de la Diada se hizo en Sant Boi de Llobregat, localidad en la que se encuentra la tumba de Casanova, fallecido en 1743 tras dedicar sus últimos años a la abogacía, el 11 de septiembre de 1976. El acto lo convocó la Asamblea de Cataluña, compuesta por partidos y sindicatos catalanistas. Un año después, la manifestación se trasladó a Barcelona bajo el lema, Libertad, amnistía y estatuto de autonomía, que se aprobó el 25 de octubre de 1979. Desde entonces, el catalanismo, controlador de todos los resortes educativos, económicos y mediáticos de Cataluña, ha empleado la derrota de las tropas austracistas concentradas en Barcelona como una afrenta histórica contra España. Ante esta falsificación histórica, un abrumador silencio oficial, pues el bipartidismo siempre ha estado dispuesto a plegarse a los poderes fácticos de esta región tan beneficiada por el franquismo.

Este año no será una excepción, varios pesebres catalanistas —la Asamblea Nacional Catalana, Ómnium Cultural, el Consejo de la República (sic), la Intersindical y el Centro Internacional Escarré por las minorías étnicas y las naciones— han convocado concentraciones en Barcelona, ​​Gerona y Tortosa para denunciar «los agravios de seguir formando parte de España, así como todos los motivos que nos señalan que el único camino por la supervivencia de la nación catalana es la independencia». En consecuencia, el lema elegido es, Independencia, más motivos que nunca. Es decir, más de lo mismo que condujo al golpe de Estado encabezado por el prófugo de la justicia, Carles Puigdemont, al que Salvador Illa ha visitado esta semana para rendirle pleitesía y buscar algún enjuague con Moncloa. Nada, por otro lado, sorprendente, pues el PSC es el tocomocho histórico del catalanismo, el conseguidor susurrante, el empleador de charnegos asimilados, el cultivador del mito del seny, la organización que condiciona a un PSOE, ya desalojado de Andalucía, que trata de mantener una mastodóntica maquinaria a cuyos mandos, como si del conductor de un Peugeot se tratara, está Sánchez. La pesecedependencia de la empresa radicada en Ferraz se mantiene desde los tiempos de Zapatero y llega al extremo de conceder el cuponazo catalán y asumir sus previsibles consecuencias en otras federaciones. No hay exigencia del catalanismo a la que el PSOE se oponga. Y en este proceso, en este re-proceso, Illa es la pieza fundamental. Sólo él podría decir, en la antesala de una Diada a la que acudirá con solemne envaramiento, que no habrá normalidad hasta que Puigdemont vuelva y Junqueras sea candidato. Así es la normalidad illesca. Un nuevo reparto de la obra extractiva que opera bajo diversas marcas en busca de un privilegio que pagaremos todas las «bestias con forma humana».

Juanis, perros e inmigrantes

La Gaceta de la Iberosfera, 1 de septiembre de 2025.

https://gaceta.es/opinion/juanis-perros-e-inmigrantes-20250901-0005/ 

Juanis, perros e inmigrantes

Los últimos días del mes de agosto, marcados por el reparto desigual de menas, es decir, por los privilegios vasco y catalán, a los que el Gobierno accede, nos han ofrecido la petición de varias grandes empresas de traer inmigrantes para cubrir 16.000 puestos de trabajo vacantes. Frente a esa solicitud, los datos: un paro general del 11%, que en el caso juvenil asciende hasta el 24%. La interpretación de la demanda de las tres multinacionales es automática: quieren mano de obra barata. Más allá de esta inmediatez, el panorama de gran parte de la juventud española es sombrío. Su falta de perspectivas vitales explica algunas cosas a las que he regresado tras el fallecimiento de la actriz Verónica Echegui y la reposición de la película que la consagró, Yo soy la Juani.

Como recordará el lector, la protagonista trata de dejar atrás una vida precaria caracterizada por una sobreabundancia de objetos de consumo inmediato. La Juani se mueve dentro de un horror vacui superado por la acumulación de complementos baratos, estridentes, horteras. Casi dos décadas después de su estreno, la película nos recuerda los años del tuneado de coches y de personas, hoy superado o, por mejor decir, transformado. El trasfondo, no obstante, es parecido: una generación —en realidad más de una—, sin posibilidades de alcanzar estabilidad económica o familiar. Una generación acompañada por un co- permanente, del que sobresale el coliving, forma bárbara de llamar a la imposibilidad de acceder a una vivienda propia.

Las consecuencias de este, por decirlo en palabras de los Sex Pistols, No future, son diversas. Me limitaré a señalar dos. La primera de ellas conecta con la película de Bigas Luna. La juventud, sometida a sueldos precarios, a la intermitencia fija discontinua, no puede trazar planes a largo plazo. Mucho menos aspirar a tener un hogar propio. Consciente de ello, el Gobierno reparte una lismosnita: el bono joven. Un pequeño pasar. La consecuencia es la juanización, el gasto en recursos y experiencias inmediatas. En las alcobas del hogar familiar que, a lo sumo, se aspira a heredar, se acumula ropa, calzado, complementos. En los corchos que antes contenían horarios escolares, cuelgan pulseras de festivales. Tardes de domingo comiendo techo.

El sustitutivo, sin embargo, siempre aparece. Si en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, un animal real era algo inalcanzable, un artículo de lujo sólo accesible para los privilegiados, la realidad española es inversa. En España hay más de 30 millones de mascotas. Casi un tercio de ellas son perros o perrijos. Sustitutos de los hijos que no vendrán o propiedad del Jonah de turno. En torno a esta realidad ha cristalizado una potente industria, pues el perro ya no puede ser alimentado con las sobras del improbable cocido del domingo. Hasta la televisión pública dedica ya un programa —Dog House— para el que no hay paralelismo alguno con los hijos como protagonistas. No existe un Son House. Que se reproduzcan ellos, piensan, en referencia a los inmigrantes, las autodenominadas izquierdas, ensimismadas en disquisiciones de género. Que trabajen —precariamente— ellos, susurran los patronos, principales beneficiarios de una industria de brazos y fronteras abiertas.

 

Una polémica DellaOstia

La Gaceta de la Iberosfera, 25 de agosto de 2025.

https://gaceta.es/opinion/una-polemica-dellaostia-20250825-0045/ 

Una polémica DellaOstia

La pasada semana, la pareja de Guillem Roma, concejal de distrito de ERC en el barrio barcelonés de Gracia, pidió un helado de «xocolata i maduixes», es decir, de chocolate y fresa, en la heladería DellaOstia, propiedad del argentino Leandro Rincón. La empleada que en ese momento atendía a la clientela, y que lleva poco tiempo en la Ciudad Condal, dijo no conocer el significado de «maduixes». En ese momento, Rincón terció en la conversación para recordar que en Cataluña hay dos idiomas oficiales, el español y el catalán, antes de afirmar que «en última instancia, estamos en España». Oída la palabra tabú, la clienta llamó «imbécil» al argentino. Al día siguiente, como represalia ante tamaño agravio, la heladería amaneció vandalizada. Como detalle histórico-narcisista, hemos de recordar que hace una década, los secesionistas, que creían acariciar con los dedos su ansiada república, publicitaban esta como una Cataluña en la que habría «helado de postre cada día», sin aclarar si este contendría «maduixes». La república en la que, tal y como recordó aquel mozo de escuadra, muchos idiotas creyeron, duró menos de lo que tarda un helado en derretirse, sin embargo, los efectos de décadas de adoctrinamiento persisten en amplios sectores de la sociedad catalana.

Como es sabido, los secesionistas siempre han intentado, y medio lo han conseguido gracias a la figura del diplomático salvadoreño Francisco Galindo, mediador entre Junts y el gobierno de Sánchez, internacionalizar el «conflicto». Pues bien, lo ocurrido en la heladería DellaOstia lo ha conseguido, ya que el diario argentino Clarín se ha hecho eco de la actitud cerril de estos embrutecidos representantes del seny que ahora tratan de hundir el negocio de Rincón.

Como es lógico, desde mi perfil en X salí en apoyo de la heladería con el siguiente mensaje: «En España, lo más cercano al totalitarismo, idea límite, es la inmersión lingüística obligatoria en Cataluña. Con sus chivatos, sus multas y sus paniaguados».

La reacción de la horda secesionista fue la previsible. Unos me pedían que me metiera en mis asuntos que, al parecer, se circunscriben a lo que ocurre en mi Cuenca natal. La mayoría de los mensajes estaban en catalán y empleaban, con buen criterio, el vocablo «Conca», en lugar de Cuenca. Repare el lector en lo que ocurre en el caso contrario: los hostigadores de DellaOstia exigen que los topónimos catalanes se mantengan en catalán incluso cuando se habla en español. En apoyo de este error, a menudo emboscados en argumentos leguleyos —el nombre oficial y tal— acuden siempre los progres útiles. Por supuesto, no han faltado insultos de todo tipo y alusiones al franquismo, monomanía de muchos catalanistas que deben gran parte de la prosperidad arruinada por ellos mismos, al general gallego.

Satisfecho del resultado obtenido, hacer ver la xenofobia y el supremacismo de estas gentes, un día después publiqué otro mensaje en el que aludía al presidente de la Generalidad, callado cual mascarilla ante el comportamiento de algunos de sus gobernados: «No veo ningún mensaje de apoyo de @salvadorilla a la heladería vandalizada por fanáticos catalanistas. Esta es la convivencia tan cacareada por el @PSOE».

El tono de las respuestas fue el mismo. Más xenofobia y más insultos, la mayoría de ellos formulados por esos sujetos que viven «en catalán» y ante los que no pierdo el tiempo en responder a sus bramidos, salvo en el caso de un personaje especialmente chulesco, un tal Sergi Maraña. 

Estas pequeñas tormentas en un vaso de agua, desencadenadas por personajillos que se ocultan bajo nombres tan ficticios como esa Cataluña ajena a España en la que fantasean con vivir, son elocuentes del nivel de odio que se ha inoculado en parte de esa sociedad, envenenada por los efectos de un cóctel que mezcla falsedades históricas con altas dosis de adulación. El resultado es el descrito: un colectivo narcisista que desprecia a quienes considera enemigos. A la cabeza de este proceso que busca privilegios y otorga títulos de buen catalán, figura un presidente apoyado en unas siglas, antaño engañacharnegos, que hoy constituyen la herramienta más poderosa para alcanzar los objetivos del catalanismo de toda la vida.

Mientras todo eso ocurre, X nos permite mantener el combate frente a esta horda que berreará su victimismo y su odio el próximo 11 de septiembre, fecha ideal para escribir nuevos mensajes. 

 

El pueblo

La Gaceta de la Iberosfera, 18 de agosto de 2025.

https://gaceta.es/opinion/el-pueblo-2-20250818-0002/ 

El pueblo 

Ecuador del mes de agosto en el pueblo. Hijos adultos y reaparición en las fiestas. El pase de tarde ha desaparecido. También los pasodobles y los turroneros, sustituidos por feriantes globalistas que ofrecen productos con sospechosos sellos CE. Algún puesto de escopetillas como testimonio del pasado, como última resistencia antes de la próxima prohibición. La nostalgia es un veneno, un refugio tan ventajista como cualquier otro. La certeza transita por terrenos más sólidos. Y la certeza es que la España rural languidece, aunque reaparece, como artificio, como un decorado, en verano. Las trillas se han convertido en mesas y agosto en una semana cultural.

En los últimos años han aparecido ensayos, como el superventas La España vacía, en los que se abordan las causas y consecuencias del éxodo campo-ciudad que dio comienzo durante el franquismo y que parece imparable. No hay wi-fi que remedie la carencia de servicios en los miles de pueblos españoles que, año a año, ven descender su censo o lo maquillan con empadronamientos ficticios que nadie osa denunciar. El pueblo suscita sentimientos encontrados: la salida que fue una huida del apero y el pudor por perder esa conexión telúrica, esa extraña imantación.

En el pueblo al que se regresa, al que se volvía con el coche repleto de objetos aculturizadores, aguardan las bicicletas y los ríos. También la silla de anea y el frescor de un portal. Allí reside la melancolía del último día del verano, anticipado por una tormenta y el acortamiento de las tardes. El regreso late en el mismo momento en el que se emprende la vuelta a la ciudad, ese en el que se enuncian deseos que no se cumplirán. Sin embargo, allí permanece la raíz, la casa vieja, solar conocido, casi siempre, por un mote.

Sin embargo, ante esas verdades, tan intangibles, la realidad, cruda, reaparece a finales de agosto, ese eterno ferragosto hoy vinculado, como si un acto de fe se tratara, al cambio climático, credo obligatorio, a despecho de los mecheros que queman el monte para asegurar trabajos o dar cumplimiento a pulsiones remotas.

La desaparición o modificación esencial del mundo rural es un hecho, aunque el breve trampantojo estival trate de ocultarlo o demorarlo. Y las consecuencias van mucho más allá de unos incendios que son un ejemplo palmario del abandono de las prácticas que construyeron ese paisaje falsamente natural. Al cabo, la biodiversidad la hicieron las cañadas y veredas, la trashumancia, no las directrices de los burócratas que hoy dictan nuevas técnicas de poda y regulaciones paralizantes. Los animales se han convertido en sagrados, pero también en plaga que acecha al borde de las carreteras. 

En dos semanas, los banderines amarillearán. Pero tras el invierno, cuajado de Sintrom y de casas cerradas, volverán las orquestas con sus destellos. Y una pareja bailará, aferrada a ritmos anticuados, como un testimonio del paso de la vida que se escapa, pero que regresa, caprichosa, en la pintada clandestina de una tapia que une los nombres de dos adolescentes. Porque eso, sobre todo eso, es el pueblo al que siempre se vuelve.

 

España no es al-Ándalus

La Gaceta de la Iberosfera, 11 de agosto de 2025.

https://gaceta.es/opinion/espana-no-es-al-andalus-20250811-0130/ 

España no es al-Ándalus

La pasada semana, este tuit, «España no es Al-Ándalus», publicado por Santiago Abascal, desencadenó una catarata de reacciones de lo más previsible. Desde el esencialismo católico hasta la más entregada islamofilia, pasando por diversas modulaciones relativistas, el mensaje recibió todo tipo de respuestas. La frase es, a mi juicio, totalmente acertada. Es más, creo que se puede ir más lejos y afirmar que España, así lo defendí en Reconquista. La construcción de España, se hizo contra —o frente, si así lo prefieren los oídos más sensibles— al Islam.

Sobre el verdadero significado de al-Ándalus hay diversas teorías. Una de ellas es la que sostiene el arabista y diputado de VOX por Córdoba, José Ramírez del Río. Según argumentó en un artículo publicado en 2017, es decir, antes del auge del partido de Abascal, el término deriva del griego «anatolé», que alude a Venus, planeta que los griegos llamaron Hésperos o Hesperia. En consecuencia, «al-Andalus» significaría «la tierra de Venus». Sea o no ese el significado de «al-Ándalus», lo cierto es que nada tiene que ver con «Hispania», origen del «Spania» empleado por los visigodos en una continuidad evidente respecto al sustrato romano. Una divergencia que desborda la toponimia, pues las incompatibilidades entre al-Ándalus y la España cristiana, eran más profundas.

La principal incompatibilidad era de carácter religioso, pues los musulmanes, no confundir con los moros, pues estos eran tan sólo una facción norteafricana, llamaban politeístas a los cristianos por su observancia del dogma trinitario. La cuestión, hoy tan remota, es esencial, si se quiere entender lo ocurrido entre 711 y 1492. Ahmad ibn Muhammad al-Razi (888-955) dejó escritas estas reveladoras palabras: «Los islamitas, luchando contra los politeístas y forzándoles a emigrar, se habían apoderado de su país hasta llegar a Ariyula, de la tierra de los francos, y habían conquistado Pamplona en Galicia y no había quedado sino la roca donde se refugió el rey llamado Pelayo con trescientos hombres. Los musulmanes no cesaron de atacarle hasta que sus soldados murieron de hambre y no quedaron en su compañía sino treinta hombres y diez mujeres. Y no tenían que comer sino la miel que tomaban de la dejada por las abejas en las hendiduras de la roca. La situación de los musulmanes llegó a ser penosa, y al cabo los despreciaron diciendo: «¿Treinta asnos salvajes, qué daño pueden hacernos?»».

Aquellos «treinta asnos salvajes», calificativo que habla más de rebeldía que de necedad, son el núcleo de un proceso histórico, llamado «Reconquista», durante el cual se fraguó la nación histórica española, sin perjuicio de que este incorporara algunos elementos provenientes de al-Ándalus, precedente de la actual nación política. Esa España histórica tuvo como modelo la España goda, y hasta tal punto se distanció de al-Ándalus, que extirpó el adopcionismo mozárabe surgido en Toledo, que ofrecía compatibilidades con el credo coránico.

España, en efecto, no es al-Ándalus. De hecho, si se diera una suerte de reedición de al-Ándalus, esta no sería España, pues ambos credos, el católico y el musulmán, manejan ideas de persona diferentes, incluso enfrentadas. Sorprende, por ello, o acaso no, pues nada parecen haber aprendido de los efectos del diálogo cristiano-marxista, la postura adoptada por el alto clero español, en relación a lo ocurrido en Jumilla. Menos sorprendente resulta el mensaje de la blasinfantista Teresa Rodríguez. Tan asumido tiene la Rodríguez el cuento romántico andalusí que, en respuesta a Abascal, ha dejado esta perla: «Entonces, Andalucía no es España».

 

Núñez, Ángel e Higuero y otros titulados del montón

La Gaceta de la Ibersofera, 4 de agosto de 2025.

https://gaceta.es/opinion/nunez-angel-e-higuero-y-otros-titulados-del-monton-20250804-0650/ 

Núñez, Ángel e Higuero y otros titulados del montón

«Tuvo muchas veces competencia con el cura de su lugar —que era hombre docto, graduado en Sigüenza—sobre cuál había sido mejor caballero: Palmerín de Inglaterra o Amadís de Gaula». La cita corresponde al capítulo primero de la primera parte del Quijote, en la cual, el hidalgo debatía con el sacerdote de su localidad acerca de la valía de aquellos personajes de fábula. Cervantes, nacido en la ciudad universitaria de Alcalá de Henares se mofaba del clérigo, formado en una universidad de menor prestigio, la de Sigüenza.

Aunque la España de la banda del Peugeot remita al Patio de Monipodio, nunca está de más regresar al Quijote. La visita es obligada a tenor de la crisis curricular desatada por la ya ex diputada popular, Noelia Núñez, a la que han dado continuidad el socialista José María Ángel, comisionado del Gobierno para la DANA y, de momento, el tránsfuga extremeño Ignacio Higuero. Es muy posible que la terna se vea aumentada pronto. El más firme candidato a convertirla en cuarteto es el prófugo de la justicia, Carles Puigdemont. En efecto, según ha desvelado Telemadrid, el de Amer no es ni licenciado en Periodismo ni en Filología Catalana, títulos que figuraron en su hoja de méritos. Indignado por el desvelamiento de esta basura curricular, el golpista envió un burofax a la cadena de Ayuso. En él, el golpista reconocía que el único título oficial que atesora es el de bachillerato. Un bachillerato ajustado a las leyes franquistas que lo equipara con uno de sus predecesores: José Montilla, ex presidente con menor pedigrí, a causa de su nacimiento en Iznájar.

El uso del término «titulitis» comenzó en los inicios de la década de los 70 y alcanzó su cénit cuando amplios sectores de la generación del baby boom, accedieron a la universidad pública, tiempo en el cual, los comedores de las viviendas obreras vieron colgar de sus paredes orlas y diplomas que enorgullecían a los padres de licenciados e, incluso, de doctores. Pronto, esos títulos requirieron de añadidos de pago: los máster. Generalizada la titulación, muchos políticos, bajo la fórmula «estudios de», adornaron sus currículums con títulos no completados e, incluso, como hemos visto en estos días, con carreras finalizadas antes de su implantación universitaria. Efectos de la titulación retrospectiva. 

La picaresca española goza de buena salud. De hecho, lo rufianesco, y en este caso no me refiero a don Gabriel, graduado social, une a España con la otra orilla del charco. Hace una década, en la Plaza de Santo Domingo de la Ciudad de México, siempre amenizada por el teclear de viejas máquinas de escribir, vi cómo se ofrecían títulos a la carta, obtenidos al instante a cambio de un puñado de pesos.

Aunque el caso de la joven ex diputada ha tenido un eco mediático, la que podríamos denominar doctrina Núñez, es decir, la dimisión o cese de quien se atribuya títulos que no posee, no parece que vaya a cuajar, pues de aplicarse, torres más altas que la de ese peón ayusista, caerían. Una de ellas, según ha desvelado la prensa, responde al nombre de Pilar Bernabé, delegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana y secretaria de igualdad del PSOE, protegida por el doctor que habita La Moncloa.