lunes, 9 de febrero de 2026

La lengua de la libertad

La Gaceta de la Iberosfera, 21 de abril de 2025.

https://gaceta.es/opinion/la-lengua-de-la-libertad-20250421-0445/ 

La lengua de la libertad

Cataluña, con casi 60.000 delegados, lidera la clasificación de las comunidades autónomas españolas en materia sindical. Una región en la cual, los jóvenes de entre 14 y 24 años usan el español como lengua prioritaria en su ocio. La conexión entre ambos datos podemos establecerla acudiendo a la última resolución de la Comisión Obrera Nacional (sic) de Cataluña, titulada, Treballem en català! (Trabajemos en catalán). El argumento principal dado por esta comisión que debería servir a la clase obrera, pretendidamente universal, aunque negada con ese «nacional» que figura en su nombre, es que el idioma del nada leído Verdaguer es «un elemento de cohesión social y de igualdad de oportunidades». Lleno de trampas, el manifiestillo se apoya en el manido argumento de la «normalización lingüística» y en el modelo de escuela catalana, esa que excluye casi por completo a la lengua que mayoritariamente hablan los susodichos jóvenes en los ámbitos en los que no operan comisarios políticos y fanáticos lenguaraces. La contradicción es evidente y muestra hasta qué punto las políticas que desde hace medio siglo tratan de erradicar el idioma de Cervantes, tan elogioso para con Cataluña en su obra magna, han fracasado allí donde no imperan la coacción o los intereses económicos, pues en torno al catalán ha fraguado un importante negocio, palabra que, literalmente, significa, no ocio. Sirva como muestra de esto último, la graciosa concesión de Pedro Sánchez a sus socios secesionistas, de un canal que pagaremos todos los españoles, que emitirá íntegramente en catalán y que servirá para colocar a un buen número de propagandistas de la causa catalanista. 

Las contradicciones, aunque esto a las sectas catalanistas poco le importe, se arremolinan en torno a la lengua regional que, a pesar de ser considerada propia, es menos hablada que la entendida como impropia. Prueba de ello es el hecho de que el presidente de la Generalidad, que rara vez usa el español en sus comunicaciones, ha tenido, bien que a su pesar, que rectificar ciertas políticas de imposición lingüística: las que afectan al personal sanitario. Siendo el español una lengua impropia, resulta que en Barcelona, el 53% de las nuevas colegiaciones las hacen facultativos llegados de fuera de la Unión Europea, siendo los argentinos, colombianos, cubanos y venezolanos los más frecuentes. A este contingente ha de sumarse un 15% de sanitarios formados en provincias españolas no catalanas. El hecho de que exista un 30% de plazas de médicos sin cubrir, lo que provoca que más de 200.000 catalanes lleven más 18 meses esperando el análisis de su expediente de incapacidad laboral, algo que debiera preocupar a los sindicatos más que la lengua en la que se realiza la anamnesis, ha obligado a Illa a rebajar la exigencia del conocimiento del catalán a un simple B1, dando un plazo de 3 años a quienes ahora se incorporen a la sanidad catalana para alcanzar el nivel C1.

Pese a la ingente de millones invertidos por los gobiernos locales desde el comienzo de la democracia, el español, abandonado por el poder central, sigue siendo la lengua mayoritaria de los catalanes y lo seguirá siendo por mucho tiempo, para alimentar el pingüe negocio que, parapetado en victimismo, ha cristalizado en torno a la segunda lengua más hablada en la región.

 

 

Montero y el voto distraído

La Gaceta de la Iberosfera, 14 de abril de 2025.

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Montero y el voto distraído

Durante la rueda de prensa que María Jesús Montero, secretaria general del PSOE en Andalucía, Ministra de Economía y candidata a desalojar a Moreno Bonilla del Palacio de San Telmo, dio en Sevilla la semana pasada, hizo «un llamamiento y una invitación» a la «reunificación» del «espacio a la izquierda» del PSOE, «respetando absolutamente a todos los partidos».

No lo tiene fácil esta Montero, no la otra, para desbancar a Juanma, pues el dirigente popular, siempre suave en las formas, que para eso estudió protocolo, se ha encargado de copar la estructura andaluza diseñada por el PSOE en la autonosuya andaluza. En algunos aspectos, Moreno Bonilla ha ido más lejos que los del puño y la rosa, tan seguros de su poder e impunidad, que durante el chavismo —de Manuel Chaves—, pusieron en marcha la Fundación Fondo de Formación y Empleo y otras estructuras clientelares de las que emergieron individuos como Juan Lanzas, cuya madre se ufanaba de que su vástago tenía «dinero pa asar una vaca». La hegemonía del PSOE en Andalucía ha sido total durante décadas. Sin embargo, pese al mal resultado electoral obtenido en 2018, por esas carambolas democráticas, es decir, por el apoyo de VOX para desalojar a Griñán del poder, permitieron a Moreno Bonilla acceder a la presidencia de la Junta de Andalucía. Desde entonces, el barcelonés criado en Málaga no ha hecho más que arrimar el ascua subvencionadora a su espeto, es decir, favorecer a una serie de colectivos, incluidos los sindicatos afines al sistema, que le permiten operar en la centralidad andaluza.

En estas circunstancias, la Montero del PSOE tiene difícil desbancar a un Partido Popular decididamente andalucista, que rinde pleitesía a Blas Infante, instaura el Día de la bandera andaluza, asume la política agrícola de Bruselas, la perspectiva de género y que, incluso, favorece al supuesto idioma andaluz. Ante tan crudo panorama, la Ministra apela al mito de la unidad de la izquierda, demostrando su ignorancia, pues las diversas especies de izquierda política se han caracterizado históricamente por sus enfrentamientos. Miembro de un partido que impulsa los 50 años de libertad por la muerte de Francisco Franco, destacada figura de un PSOE amnistiador de golpistas catalanes, Montero debería saber, por ejemplo, que el llamamiento («¡Amnistía! ¡Amnistía!») que Santiago Carrillo hizo desde Mundo Obrero para liberar a auténticos presos políticos, fue contestado desde las filas socialistas con una negativa, por entender que se trataba de una «maniobra comunista». De conocer este hecho, no es descartable que la sevillana respondiera, como ya ocurrió con su presidente, que ese es otro PSOE, diferente al del clan de la tortilla… aunque su miembro más destacado, González, sea ahora un incómodo jarrón.

El toque a rebato que la Montero hace a quienes considera sus compañeros de viaje a San Telmo, choca con las luchas de programa pero, sobre todo, de poder, que enfrentan a las marcas encabezadas por Yolanda Díaz y la otra Montero. Partidos que, por decirlo en la jerga del mitificado Tierno Galván, deben evitar distracciones y permanecer al loro, para colocarse.

 

La fauna ibérica y la secesión

La Gaceta de la Iberosfera, 7 de abril de 2025.

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La fauna ibérica y la secesión

Permítanme recurrir al tópico. A la identificación totémica de una nación con un animal. España suele ir ligada a la figura del toro, razón por la cual, los españoles que no quieren serlo, pero tampoco buscarse otro suelo, suelen abatir al de Osborne. De un tiempo a esta parte, el toro, como la trenka, es un clasificador político. Las autodenominadas izquierdas son, mayoritariamente, antitaurinas. Sobre todo, las globalistas que, en muchos casos, se dicen herederas de un comunismo cuyas aristas necesitan, como si de los pitones de un morlaco se tratara, afeitar. La filiación ofrece dificultades. Aquellos ambientes presididos por la hoz y el martillo eran, en muchos casos, abiertamente taurinos. No hay más que recordar a Picasso y su afición por los alamares y los capotes. El propio autor del toro de Osborne, Manuel Prieto, era comunista y diseñó carteles para el bando republicano durante la Guerra Civil. 

A pesar de la fuerza del toro, cuya piel extendida se identifica con la silueta de la Península Ibérica, el animal que ha simbolizado a España históricamente es el león. En El Quijote, el león que se da media vuelta e ignora al Caballero de la Triste Figura, se ha interpretado como una España que, adormecida, rechaza la lucha. Algo parecido ocurre con el perro de Las Meninas, impasible ante el puntapié del bufón Nicolasito Pertusato. El can velazqueño también ha sido visto como una representación de una España desdeñosa frente a las amenazas.  En cualquier caso, nuestra nación, así lo proclamó —«España es muy bonita, es un león»— Leopoldo María Panero cuando era un niño, tiene como numen tutelar a ese felino melenudo. 

Si, según muchos, a cada lengua le corresponde una nación, algo parecido ocurriría con los animales, aunque Portugal y Francia lo comparten. En España, pese a la hegemonía tauro leonina, también existen hechos diferenciales animales. Si el toro o el león representan a todos, no faltan quienes, precisamente por eso, se abrazan a otros miembros del Reino, o acaso la República, animal. Aunque ya en retirada, durante el tiempo pre lazi, los secesionistas solían decorar sus vehículos con la silueta de un burro negro osborne. Se trataba, al parecer, de una variedad autóctona, de una peculiaridad asnal circunscrita a Cataluña. El rucio catalán nada tendría que ver con los que se criaban, por ejemplo, en Rute. Prohibidos los toros en la región, el borrico se alzaba, aunque no mucho, como animal representativo de quienes aspiraban a evadirse de la prisión o establo de pueblos, llamada España. 

Y la verdad es que, aunque a paso lento, como de burro, los secesionistas van al alcanzando sus objetivos, pues las estructuras de Estado que ya manejan no paran de crecer. En la pugna que mantienen ERC y Junts, los primeros, encabezados por Junqueras, detector de semejanzas genéticas entre los catalanes y los franceses, piden ahora el traspaso del aeropuerto de El Prat, lugar que sus huestes bloquearon en 2019. En socorro de estas y de las próximas peticiones ha salido nada menos que quien fuera apodado Bambi: José Luis Rodríguez Zapatero, que acaba de manifestar, probablemente, de susurrar, contrafigura de la berrea, que «hay que ir al reconocimiento de la identidad nacional de Cataluña».

 

Kit de supervivencia

La Gaceta de la Iberosfera, 31 de marzo de 2025.

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Kit de supervivencia

Como si de un anuncio de la Teletienda se tratara, la semana pasada, Hadja Lahbib, comisaria europea de Igualdad, lanzó un vídeo en el que iba mostrando todos los componentes, incluida una baraja de póker y una navaja suiza, de lo que se ha denominado, «kit de supervivencia». El lote, pues sí, se puede evitar el anglicismo, está compuesto, en su versión ampliada, por: material sanitario para primeros auxilios, dinero en efectivo —se calcula que entre 200 y 500 euros por cabeza—, cinco litros de agua embotellada, medicamentos y pastillas de yodo, cinta adhesiva, alimentos fáciles de preparar y preferiblemente no perecederos, una radio a pilas, una linterna, una batería para el móvil, un hornillo portátil de cocina portátil provisto de gas (no se especifica el origen del mismo), artículos de higiene, combustible y cerillas. Provisto de esta panoplia, el europeo de a pie, así lo afirman desde Bruselas, puede sobrevivir durante 72 horas. Afortunadamente, el humor que todavía cultiva la sociedad española, ha ofrecido descacharrantes alternativas a este, como diría el cosmopaleto, pack. La inminencia de un ataque ruso a España, no parece preocupar, de momento, a nuestros compatriotas, acuciados por problemas más próximos e inmediatos, incluidos los territoriales. Tras la experiencia de las mascarillas, no faltan quienes sospechan que tras estas recomendaciones se esconde un gran negocio, unas jugosas comisiones que, acaso en un futuro no muy lejano, conozcamos.

Parafraseando a Monterroso, podríamos decir que, cuando nos despertamos, si es que, de verdad, hemos despertado, la guerra seguía ahí. Tras décadas de protección norteamericana, muchos españoles, imbuidos del Síndrome del Pacifismo Fundamentalista, creyeron que las guerras eran cosa del pasado, reminiscencias de un estado de barbarie felizmente superado. El amigo americano, al que dábamos infantiles patadas en la espinilla, nos protegía, hasta el punto de mantener lejos de nuestra tierra los conflictos bélicos. La conciencia era lavada en las calles de vez en cuando. Si la derecha de Aznar había eliminado la mili hace casi un cuarto de siglo, El 1 llegó a afirmar en 2014, que si tenía que eliminar algún ministerio, el elegido sería el de Defensa. Entre medias, Zapatero lanzó, nada menos que la Alianza de Civilizaciones, con Tayyip Erdogan como socio. El futuro, parecía despejado de armas. Por fin, los españoles, salvo algunos arriscados, se podían dedicar a elevadas tareas como salvar el planeta, mientras borraban las huellas del pasado belicista al que un militar gallego les sometió.

Sin embargo, la realidad de la guerra siempre ha estado ahí, es decir, en el mismo mundo que se pretende descarbonizar. La invasión de Ucrania no es más que uno de esos ejemplos. Si bien, un ejemplo inquietante. La invasión de Ucrania, en definitiva, recuerda que todo tiempo es tiempo de entreguerras. Si vis pacem, para bellum, por decirlo de un modo clásico. Ante esta cruda realidad, Sánchez, dócil muchacho en los elegantes salones europeos, debe recurrir a sus demostradas dotes de contorsionista. Los arabescos ya han empezado, pues el Presidente del Gobierno, que estaría encantado de disolver nuestras Fuerzas Armadas en unas europeas, ya ha puesto en circulación la fórmula elusiva de una Plan Nacional de Impulso Tecnológico. El truco, uno más, tendrá buena acogida entre muchos de sus seguidores, que probablemente crean que una guerra es poco más que un videojuego. La ilusión drónica favorece esa percepción. Sin embargo, para El 1 será muy complicado convencer a algunos de sus socios de gobierno de que el ejército español debe recibir más dinero. Si los podemitas encarnan el pacifismo más radical, el resto de fuerzas, cuyo objetivo es la destrucción de la nación española, difícilmente favorecerán fortalecer uno de sus principales poderes, el militar, borrado de nuestras calles durante décadas y distraído en misiones ajenas a la verdadera amenaza: esa que está más cerca del Atlas que de los Urales.

 

 

El amo del puto amo

La Gaceta de la Iberosfera, 24 de marzo de 2025.

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El amo del puto amo 

Hace casi un año, Óscar Puente, Ministro de Transportes, sentenció: «Sánchez es el puto amo». Al decir del vallisoletano, cuyo horizonte histórico parece limitarse a la democracia coronada que, según la propaganda, los españoles nos dimos, la influencia alcanzada por el doctor supera a la que tuvo Felipe González. En su intervención mitinera, teñida de adulación, Puente justificó el putoamismo de Sánchez en su «predicamento en el exterior». Sánchez, recordó, tiene discurso, autonomía y, sobre todo, habla inglés. Las comparaciones son odiosas, pero cabría recordar al pucelano que al XXVII Congreso del PSOE renovado, financiado por dineros que hablaban alemán e inglés, asistieron, Willy Brandt, François Miterrand, Olof Palme y Pietro Nenni, entre otras destacadas figuras internacionales de la socialdemocracia del momento. 

En cualquier caso, es innegable que Sánchez es bien acogido en muchos, no en todos, recordemos a Trump mandándole sentarse, en inglés, en la cumbre del G-20 de 2019, ambientes internacionales. En Europa o, por ser más precisos, en los sectores más globalistas de la Unión Europea, Sánchez es bien recibido. Al cabo, se trata del campeón de el europeísmo multicolor. Un buen chico, con buena planta y con un impecable inglés. Una garantía de cumplimiento, en definitiva. Sin embargo, es también en Europa donde menos putoamismo ejerce el marido de Begoña Gómez.

En efecto, apenas a 24 kilómetros de Bruselas, donde Sánchez alcanza sus mayores cotas de aceptación, se encuentra Waterloo, lugar de residencia de Puigdemont y de sus cortesanos. Más a tras mano, aunque también en Europa, en Ginebra, es donde se reúnen, bajo la insultante presencia de un relator internacional, la del salvadoreño Francisco Galindo Vélez, los equipos de negociación, es decir, de cesiones, del Gobierno de España y los representantes de Juntos por Cataluña. Todo ello conduce a una conclusión evidente. Si, según Puente, Sánchez es el puto amo por discurso, autonomía y dominio del inglés, estos tres atributos quedan empequeñecidos ante la figura de Puigdemont

En cuanto al discurso y la autonomía, es evidente que, por más que más dosis de propaganda que se inyecten en los medios subvencionados, que la vanguardia corresponde a los golpistas, que marcan los tiempos y que echan abajo las iniciativas del puto amo cuando les viene en gana. No hay más que seguir la actualidad del Congreso de los Diputados, para comprobar quién maneja los tiempos. Por lo que respecta al inglés, es de suponer que, siendo el mediador un salvadoreño, las conversaciones ginebrinas se desarrollen en español, aunque no es descartable que en ellas se manejen pinganillos. Pagados por todos los españoles, por supuesto.

No afectado por los indultos concedidos a sus compañeros de asonada, pues nunca llegó a ser juzgado ni a ser traído a España, tal y como prometió Sánchez, Puigdemont, que se dio un paseíto por Las Ramblas cuando le vino en gana, exigió la aprobación de una ley de amnistía, hoy recurrida ante el Tribunal Constitucional, dominado por «jueces progresistas» y presidido por Cándido Conde Pumpido. A esta corrupción de la nación española han de sumarse otras cesiones, entre las que destaca una financiación a la carta, con una quita de deuda catalana, ahora situada en 15.000 millones, que a Junts le parecen insuficientes.

Puente podrá seguir haciendo méritos ante El 1, llamándole puto amo, pero la realidad es que existe un amo del puto amo, apellidado Puigdemont.

 

Sindicatos clasistas

La Gaceta de la Iberosfera, 17 de marzo de 2025.

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Sindicatos clasistas

El 21 de mayo de 2013, acudí a la casa de Pablo Castellano en la madrileña calle de Fernando VI para entrevistarle acerca de los movimientos políticos previos a la aprobación de la maleable Constitución de 1978. Durante su torrencial intervención, don Pablo se retrotrajo al mundo libertario al que perteneció en su juventud, antes de entrar en las pugnas que caracterizaron la configuración del partido hegemónico de esa democracia que «nos hemos dado», fórmula que recuerda la murga lotera del 22 de diciembre, cuando se subraya que el premio ha estado «muy repartido». Dos ejemplos de democracia, de reparto de premios. También de culpas.

Entre recuerdos de la prisión de Burgos, el penal al que se llamó universidad, en el que, entre otros, estuvieron presos el comunista José María Laso Prieto y el socialista Enrique Múgica, Castellano habló de una suerte de polígono de fuerzas sindical configurado por organizaciones como el sindicato de panaderos de Madrid, el de las artes blancas o gráficas, que remite al Pablo Iglesias fundacional, e incluso, subrayando su componente poético, del sindicato de tracción de sangre, es decir, el de cocheros, que mantenía tan arcaica denominación. Don Pablo se curtió en el mundo de la abogacía, al tiempo que se situaba en la órbita del PSOE de Rodolfo Llopis, pero también en la de la UGT que sirvió de trampolín a Felipe González, del que hoy reniegan muchos socialistas, no así Aznar.

Viene todo esto a cuento, por las palabras que Abascal pronunció el pasado fin de semana, durante el acto en el que Rodrigo Alonso, secretario general del sindicato Solidaridad, cedió su puesto a Jordi de la Fuente, concejal de VOX en Sant Adrián del Besós. En su intervención, el de Amurrio recordó que la UGT y CCOO han recibido 380 millones de dinero público en cuatro años. La enorme cifra acciona un automatismo: ambas centrales pueden caracterizarse, por su dependencia económica de «lo público», de verticales.

El texto constitucional nada dice de prebendas económicas. Aunque se reconoce el derecho a sindicarse, también se dice que nadie puede ser obligado a afiliarse a un sindicato. Sin embargo, el dinero que reciben los sindicatos citados procede, en efecto, de «lo público», por lo que la sindicación se lleva a cabo «democráticamente». En definitiva, el españolito que al mundo viene está destinado a financiar tanto a sindicatos como a empresarios.

La caricatura grosera podría justificar a estos últimos, aficionados al dinero, obstáculo, cuando no directamente explotador, de la clase obrera. Sin embargo, las contradicciones se agolpan en el lado obrerista. En efecto, los documentos emitidos por UGT y CCOO están repletos de alusiones a la clase universal llamada a hacer la revolución siempre pendiente, siempre truncada por hombres que fuman puros y coronan sus testas con sombreros de copa. Sin embargo, este burdo señuelo se desvanece cuando se analiza en profundidad el proceder de los sindicatos más subvencionados, a menudo puras correas de transmisión de los partidos de la izquierda. Cómo explicar si no, que Álvarez asuma las aspiraciones políticas de Puigdemont: la secesión de un territorio que fragmentaría aún más a los parias de la tierra, pero también a los que se nutren de crustáceos.

Los sindicatos, huelga decirlo, deben autofinanciarse con las insobornables cuotas de sus afiliados, no estar al servicio de un poder, en este caso, el ostentado por un Gobierno que trabaja denodadamente en establecer diferencias entre españoles, trabajadores o no. De lo contrario, los años del sanchismo lo demuestran, toda su parafernalia no es más el atrezo con el que salen a las calles cuando peligra la viabilidad de sus estructuras.

 

domingo, 8 de febrero de 2026

Évole cedió su fusil

La Gaceta de la Iberosfera, 10 de marzo de 2025.

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Évole cedió su fusil

Reconozco que no sigo a Jordi Évole, que no veo, salvo en casos puntualísimos, su programa de televisión, que tampoco leo sus columnas en La Vanguardia. Sin embargo, este fin de semana, Víctor Lenore reproducía un fragmento del último artículo del antaño Follonero, personaje con el que Évole, que hacía el papel de mosca cojonera, por supuesto inofensiva, del poder, saltó a la fama. En su «”¿Cómo?, ¿cómo?, ¿qué ha dicho?”», Évole reconstruye la pugna entre el Gobierno y Junts por el relato, es decir, por la propaganda, en relación a la cesión a Cataluña —Catalunya en el texto— de las competencias de inmigración. La columna terminaba con estas líneas: «En caso de intervención en Ucrania, Europa necesitará manos. Muchas manos. Igual entonces ya no vemos con tan malos ojos la llegada de inmigrantes. Si les hemos confiado la recogida de nuestras fresas, de nuestra uva, de hortalizas, si les hemos confiado el cuidado de nuestros mayores y de nuestros niños, ¿no les vamos a confiar que sean ellos los que vayan al frente para defendernos? Al final, siempre acaban en trabajos que los de aquí no queremos hacer».

Nacido en Cornellá de Llobregat el 21 de julio de 1974, Évole, ya lo advertían Los Ilegales cuando, en su Ángel exterminador decían «guerra excitante y prohibida/sólo es para menores/de 40 años», no podría ser movilizado. En consecuencia, Jordi, siempre tan cercano, cede su fusil dejando impecable su conciencia. Al cabo, reconoce que a los extranjeros que ahora se podría entregar el cuerno de chivo, ya les hemos dado azadones y tijeras para recolectar nuestros campos. Quedan, no obstante, algunos pequeños detalles por resolver. En concreto, el origen de los 800.000 millones de euros que Angela Von Der Leyen pide a España para llegar a un 2% del presupuesto en materia armamentística, cifra a la que algunos de los partidos que con tanto mimo trata Évole, no están dispuestos a llegar… de momento.

Podemos, por boca de Ione Belarra, ya ha puesto el grito en el cielo —es un decir— tras conocer semejante exigencia, y ha propuesto la salida de España de OTAN, deseo que nos remite a los años 80, en los que el partido hegemónico pasó del «OTAN de entrada NO», al «Vota SÍ en interés de España». En cuanto al resto de socios del gobierno, todos ellos secesionistas por distintas vías, la idea de un aumento del presupuesto sólo sería admitida si es en favor de la seguridad europea, ámbito en el cual pretenden tener voz propia, una vez conseguida la construcción nacional.

Frente a tamaña complejidad política, Évole, hábil funambulista que ya mostró su rostro más estupefacto cuando Evo Morales dijo ser enemigo del independentismo, tira por la vía eticista gracias a una mezcla de globalismo y de ese catalanismo a cuyas productoras audiovisuales debe su carrera. Bajo sus palabras subyace el famoso lema «ningún ser humano es ilegal». De este modo, se abre la posibilidad de un diletantismo que obvia su principal contradicción: la carne humana que podría ir a la guerra, hecho ante el que don Jordi podría hasta arquear una ceja, lo haría alineada con una estructura netamente política, con el objetivo de estabilizar una frontera, institución que separa legalidades y ciudadanías.

 

Trump, Zelenski y la caja tonta

La Gaceta de la Iberosfera, 3 de marzo de 2025.

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Trump, Zelenski y la caja tonta

En 2002, Gustavo Bueno publicó Telabasura y democracia, obra en la que analizaba las conexiones entre lo que los más simplistas, también los más pedantes, llamaban «la caja tonta» y la democracia de mercado pletórico, es decir, aquellas que van más allá de lo procedimental y ofrecen al consumidor, más o menos satisfecho, una amplia gama de productos. En su libro, el filósofo exponía de qué modo, una tal democracia, una nematología tal, por utilizar otros términos, necesitaba, se realimentaba, de cierta tecnología. Si en su momento, el protestantismo contó con la imprenta, las democracias occidentales contaron con herramientas masivas de propaganda, singularmente con la televisión, capaz de penetrar en el ámbito doméstico, capaz, hoy, por la vía celular, de llegar de un modo personalizado a quien elige, ya sea una camiseta ya una papeleta. En este contexto, en el de la realidad televisada, el bronco encuentro entre Zelenski, Trump y Vance, ha constituido algo más que un espectáculo. 

Para los más exquisitos, Trump ha sido una suerte de Jesús Gil yanqui, un nuevo rico venido a más, que humilla a un pobre cómico en traje de faena (militar). Las formas pierden al déspota rubio, afirman quienes exhiben su piel más fina confortablemente calefactados por el gas ruso. Trump es, incluso, un putinejo, un tiranuelo que se mira en el espejo moscovita tras el que aguarda una U.R.S.S. que resurge empapada en fanatismo y vodka. Sin embargo, conviene evitar que los árboles, en este caso, los modales, no impidan ver el bosque geoestratégico en el que se dan cita las diferentes plataformas imperiales de la actualidad.

Fuera de plano, en el ángulo muerto, aguarda un cuarto invitado a una reunión que, gracias a las telepantallas, a la «caja tonta», fue accesible al gran público —ojalá algo igual con las conversaciones que el Gobierno de España mantiene con los golpistas en Suiza—, que pudo presenciar las vergüenzas que se ocultan tras la elegante fórmula de los arcana imperii. El gran ausente a la reunión es, naturalmente, China, principal rival de los Estados Unidos que han protegido, desde el Plan Marshall, a la Europa de la democracia y los Derechos Humanos que brotaron al tiempo que se disipaban las nubes hongo nucleares, evocadas por Trump cuando se refirió a una posible III Guerra Mundial.

Consumido el primer cuarto de siglo, Europa, que vio caer el Muro a principios de los 90, ha perdido su centralidad en el nuevo mapamundi, y su pretendida unidad hace aguas cuando se comprueba que el acuerdo de paz que se pretende presentar a los Estados Unidos, lo elaboran, el Reino Unido, país extracomunitario, Francia y Ucrania. En este escenario, España, cuyo ursuliano presidente, fiel observante de las políticas ambientalistas, afirmó en 2014 que el Ministerio de Defensa sobraba, debe establecer una política internacional realista, acorde con sus intereses, no con los de una élite afincada en Bruselas. Un plan que vaya más allá de la repetición de los habituales mantras irenistas y los cantos a una Europa sublime, con las notas del Imagine como fondo.

 

La carpa de Rentería

La Gaceta de la Iberosfera, 24 de febrero de 2025.

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La carpa de Rentería

En el mapa del terror confeccionado por COVITE, la localidad guipuzcoana de Rentería está sembrada de hitos criminales, los asesinatos cometidos por la banda terrorista ETA, encabezada, en su día, por Ignacio Gracia Arregi, Iñaki de Rentería, que el pasado octubre vio cómo la Audiencia Nacional archivaba la causa abierta contra él y contra Mikel Antza, por el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, al considerar que los hechos están prescritos. Que el partido de Ortega Lara quiera tener presencia en un lugar con tanta sangre derramada por la banda del hacha y la serpiente, va de suyo. 

Dentro de esta lógica, VOX solicitó la instalación de una carpa informativa en la Alameda de Rentería. La petición fue respondida por una declaración institucional, auspiciada por EH Bildu, PNV y Podemos, en la que, quienes dicen haber «recorrido un largo camino en defensa de los derechos y las libertades», hacían cantos a la democracia y pedían «evidenciar mediante el vacío la falta de apoyo que [los reaccionarios] tienen en nuestro municipio». La singularidad de tal carga de cinismo, es que Antonio Vicente Zubicoa, concejal del Partido Popular, se sumó a la declaración institucional.

Como era de prever, una vez instalada la carpa, comenzó el hostigamiento a la veintena de integrantes del partido de Santiago Abascal. Entre ellos, la diputada autonómica, Amaia Martínez, junto a un puñado de afiliados vascos y otros llegados de Cantabria, región de acogida de los amenazados por la banda del hacha y la serpiente o por sus muchos colaboradores, los embrutecidos hijos de Sabino, tenuemente bronceados por radiaciones marxianas. Blanco de una catarata de insultos, rodeados por la burda copia de la Union Jack y por enseñas palestinas, sólo la actuación de la policía regional —«cipayos», según la horda proetarra— impidió las agresiones físicas. 

«ETA es pasado», tal es la fórmula que, como movida por un resorte interno, suelen proferir quienes buscan algún tipo de acuerdo con EHBildu. Algunos lo hacen con cierto pudor, el que emana de la falsa conciencia; otros, encanallados, le añaden vehemencia. Para estos, quien, en lugar de luchar contra el eterno franquismo, menciona a ETA, desea su regreso. ETA, en amplios sectores de la sociedad española, es prácticamente un tabú y todo hace prever que en la futura, será, a lo sumo, un borroso recuerdo. Y es a esa futura España a la que mira, también, el Partido Popular, que anhela un democristiano pacto con Junts, a ser posible con Puigdemont echado a un lado, y otro con un PNV cada vez más mimetizado con las organizaciones cimentadas en los chicos de la gasolina, del tiro en la nuca y del coche-bomba, hoy aggiornadas gracias a altas dosis de multiculturalismo y ecologismo. No hay, por lo tanto, de qué extrañarse por lo realizado por Zubicoa. Medio siglo de concesiones, de pufo y de adoctrinamiento, tienen consecuencias y responsables: los sucesivos inquilinos de La Moncloa. 

Entre tanta miseria moral y política hay, no obstante, deslumbrantes destellos de dignidad. El mismo día que los hispanófobos de Rentería, cada vez más menguados demográficamente por la pujanza de maketos de lejana procedencia, berreaban, se celebró en Vitoria un homenaje a Fernando Buesa y a su escolta, Jorge Díez, asesinados hace 25 años por la banda terrorista. Durante el mismo, Begoña Elorza, madre de Díez, sin aspaviento alguno, pero con firmeza, expulsó del acto a los políticos de EH Bildu —Pello Ochandiano y Rocío Vitero— que habían tenido el cuajo de asistir. Suerte que también deberían correr los representantes del PNV e, incluso, un buen puñado, cada vez más amplio, de miembros del partido en el que militó Buesa, que tiene en EH Bildu a su socio más fiable a cambio de ir cediendo a los propósitos para los que corrió tanta sangre española. 

 

Vindicación de Vizcaíno Casas

La Gaceta de la Iberosfera, 17 de febrero de 2025.

https://gaceta.es/opinion/vindicacion-de-vizcaino-casas-20250217-0455/ 

Vindicación de Vizcaíno Casas

En su libro, Puigdemont. El integrista que pudo romper España (La Esfera de los Libros, Madrid 2024), Iñaki Ellakuría y Pablo Planas cuentan que el golpista de quien depende el gobierno de España, cuando tenía que viajar a Madrid, en lugar de tomar el puente aéreo, buscaba conexiones internacionales para tener que mostrar su pasaporte a la llegada de la capital del Estado opresor del que ha sido máximo representante en su región natal. Siete años después de su huida, el Partido Popular, que sueña con establecer un pacto, al precio de ceder lo que es de todos, con Junts, ha permitido que en el Parlamento de Baleares se apruebe una Proposición no de Ley para que Aena use el catalán de forma preferente en lo que respecta a la toponimia balear. El nuevo servicio al catalanismo, al que alfombró el camino hace décadas cuando sustituyó el mallorquín por el catalán, se produce en la misma semana en la que Alberto Núñez Feijóo empleaba el topónimo «Lleida» en un mensaje en X redactado en español. Cosas de la oficialidad, respondería si se le preguntara a quien se jactaba de no emplear la lengua de Cervantes durante sus mandatos en Galicia. Nada nuevo bajo el Sol bipartidista.

Cualquier nación que dispusiera de un idioma internacional de la potencia del español, lo cuidaría al máximo. España, sin embargo, es diferente. Inmersa en un proceso de demolición, por la vía de la desnacionalización, desde hace medio siglo, en gran parte del suelo patrio el mundo oficial ha marginado, hasta su práctica erradicación, el idioma en el que se redactaron, por ejemplo, las actas fundacionales del PSOE y del PCE. Por ello, la decisión tomada en Palma de Mallorca no es más que un paso más dentro de un curso que desemboca en la disolución de España en Europa, tierra dominada por el idioma inglés que, poco a poco, se va consolidando como alternativa al español allí donde la lengua vernácula se implanta por obligación y amonestación.

La evolución de la España autonómica ya la anunció, hace más de cuatro décadas, Fernando Vizcaíno Casas, de cuyo nacimiento se cumplirán 100 años dentro de doce meses. Los que peinamos canas recordamos las apariciones televisivas del escritor valenciano, siempre trajeado, con su labio superior atravesado por un bigotito. En la naciente España posfranquista, Vizcaíno Casas ocupaba una cuota nostálgica neutralizada por la abrumadora mayoría progresista, por aquellos a los que se agarró otro incondicional del traje cruzado: Enrique Tierno Galván. Consciente de su papel, el escritor valenciano, que despachaba cientos de miles de ejemplares, exhibía socarronería, pero también datos que eran sepultados por la sobredosis de optimismo dominante.

Sin embargo, el tiempo ha convertido en clásicos algunas de sus obras satíricas. Especialmente, Las autonosuyas, publicada en el tempranamente democrático año de 1981, que fue llevada al cine, con más éxito que subvenciones, dos años después. Recuerde el lector: Austrasigildo, alcalde de Rebollar de la Mata, convierte a su pueblo en una autonomía y busca la complicidad de los ediles vecinos para «chupar del bote», ponerse altos sueldos y disponer de chófer. La herramienta diferencial: una neolengua, el farfullo, inspirado en un problema de dicción del propio alcalde, que pretendía que el nuevo idioma fuese obligatorio en las escuelas.

Aunque Vizcaíno Casas, precedente castizo de Houellebecq en labores oraculares, manifestó que con su obra no pretendía herir a determinadas regiones, es evidente que Las autonosuyas se miraron en el espejo de la España del hecho diferencial. Un proceso aparentemente imparable, pues si a principios de los ochenta, catalán, vascuence y gallego, ya consagrados en tiempos segundorrepublicanos, parecían ser las únicas alternativas al español, el tiempo y el trabajo de laboratorio han conseguido que el asturiano, el cántabru, el extremeñu, el andalú, el llionés, el aranés o el aragonés, hayan recibido un impulso que les sitúa al borde de la oficialidad. No es, por lo tanto, descartable, que en un futuro no muy lejano, coincidiendo con la visita de Papá Noel, el Olentzero, el Apalpador, el Anguleru y el parto del Caga Tió, la cúspide de la arquitectura constitucional tenga que decir: Feliz Navidad, Bon Nadal, Eguberri on, Bo nadal, Feliz Navidá, Felís Naviá, Feliz Ñavidá, Bon Nadau, Goyosa Navidat, etc.

 

Asturias ye España

La Gaceta de la Iberosfera, 10 de febrero de 2025.

https://gaceta.es/opinion/asturias-ye-espana-20250210-0317/ 

Asturias ye España

Entre el 4 y el 7 de febrero, se ha celebrado en el Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo, institución que está poniendo en marcha la figura del «vigía de la igualdad» a base de chivatos voluntarios, el Congresu Mundial de Cultura Asturiana. Según consta en el programa del Congresu, publicado en bable batúa e inglés, durante el mismo, se abordaron cuestiones relacionadas con el mundo rural, la familia, el parentesco, el patrimonio, el paisaje, la tradición oral, la ciudad, pero también con la cultura expresiva, los procesos de identidad, la educación, el género y la pertenencia al Arco Atlántico. A pesar, o acaso por ello, de que el Gobiernu del Principáu d’Asturies, es el principal financiador del Congresu, las palabras «España» o «español» no figuraron en lugar alguno. Cosas de la cogobernanza baronil y disolvente.

Amenizada por el sonido de la gaita, la ceremonia de inauguración de unos fastos impulsados por l’Academia de la Llingua Asturiana, contó con la presencia del presidente autonómico, Adrián Barbón, denodado asturianista que hace unos meses se administró unos suaves pellizcos de monja al hacerse público el plan, es decir, la cesión de Sánchez a los golpistas catalanes de los que depende su gobernanza, que es cogobernanza con ribetes federalistas. Que es disolvencia en agendas globalistas. Que es alineamiento, al parecer, con la China que no tolera disidencias ni señas de identidad divergentes respecto a las que orbitan sobre la etnia han.

De la miscelánea mundial que se ha aliñado en Oviedo, topónimo que retrocede ante ese Uviéu que hiere mis córneas, cabe destacar su cartel, necesariamente ilustrativo. En él aparecen, en rigurosa paridad, unos paisanos en traje regional, un hórreo, una cabaña… un menhir que parece establecer una conexión indigenista entre los actuales asturianos y los astures prerrománicos, quizá con los celtas, pero también una torre minera y las chimeneas de ENSIDESA, empresa fundada por el Instituto Nacional de Industria en el muy franquista año de 1950 que, junto a otras de carácter estatal, determinaron las condiciones materiales necesarias para la transformación de un régimen en otro régimen. La entrada en Europa terminó con ese tiempo y a las chimeneas apenas las sostiene la arqueología industrial. Las jubilaciones acallaron los gritos de una generación tras la cual apenas hay otra generación, pues Asturias no es tierra de niños, sino de ancianos y perrhijos.

Convertida en un paraíso natural en el que el asturiano es casi el animal más exótico, la socialdemocracia gobernante ha tirado por la vía de la identidad indígena fabricada, del bable pasterizado del que hablara en su día Gustavo Bueno. Situado frente a los espejos catalán, vasco y gallego, Barbón ha impulsado definitivamente la llingua que rotula un Congresu en el que han participado elementos argentinos y mexicanos, que en lugar de hablar en lunfardo y náhualt, lo han hecho en la lengua, al parecer, impropia, de una tierra que tradicionalmente se ha considerado España frente a la tierra conquistada. Arropado por Ignacio Villaverde, «Rector Magníficu de la Universidá d’Uviéu» y sus consejeros de Educación, Cultura y Política Lingüística, Barbón juega a ser Pujol y Fraga en una tierra geográficamente inserta en el Arco Atlántico, pero también en el hemisferio norte o en uno de los planetas del sistema solar. Pero, sobre todo, aunque el programa lo omita cuidadosamente, de España.

 

Universal opositor a la caverna

La Gaceta de la Iberosfera, 3 de febrero de 2025.

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Universal opositor a la caverna

Hace más de siete décadas, en plena Guerra Fría, España se vinculó, por no decir, se subordinó, a los Estados Unidos. La opción alternativa era la ligazón, que años atrás también había sido subordinación, por parte de socialistas y comunistas, a la Unión Soviética. Al corazón del españolito que al mundo llegaba se le planteaba una de esas dos helazones. En cuanto a las filias y fobias imperiales, al menos desde 1898, la caricaturización que de España hizo la prensa amarilla yanqui desencadenó una aversión por el americano, ya fuera por su protestantismo ya por ser la proa del capitalismo. En los albores de la actual democracia coronada, el giro atlantista del PSOE, al que siguió el desahogo aznariano —aquellos pies encima de una mesa durante una cumbre del G8—, hicieron converger a los partidos hegemónicos del régimen del 78. El OTAN no, bases fuera, se fue acallando. El hundimiento de dos estructuras, la central de Chernóbil primero, y el Muro después, hicieron que los prosoviéticos comenzaran a mirar al otro lado del Atlántico para sumarse a un nuevo socialismo aderezado con ingredientes negrolegendarios e indigenistas. El Tío Sam seguía siendo el enemigo. Viviendo contra él, aunque se asumieran los postulados contraculturales elaborados en sus universidades, esos que ahora se vuelven contra algunos de sus heraldos, se podía simpatizar, incluso, con el Islam.

En ese contexto, las marcas indignadas fueron domesticadas con facilidad por el principal constructor de la España que, décadas antes, se acostó franquista y se levantó demócrata. Por el camino, el PSOE acusó el desgaste, pero sobrevivió y, lo que es más importante, gobierna apoyado por toda suerte de sediciosos a los que sujeta entregando jirones de la nación, es decir, de lo público. Con las encuestas en contra y la corrupción anegando las plantas más nobles de Ferraz, el entramado que encabeza Pedro Sánchez busca algo nuevo que ofrecer a sus devotos, pues el antifranquismo retrospectivo no es suficiente en 2025, aunque algún rédito le quede por dar, siquiera en forma de agradecimiento por parte de los agraciados por los fastos organizados por la muerte, natural y en un hospital público, del general gallego.

El nuevo coco con el que se pretende asustar a quien está dispuesto a asustarse, siquiera como ejercicio de falsa conciencia, es la ultraderecha, la extrema derecha y otras etiquetas similares que garantizan cierto heroísmo, el de la izquierda autodefinida como valiente. Dentro de esta estrategia de consumo interno, la llegada al poder de Donald Trump resulta de lo más oportuna, pues ha permitido a Sánchez autoproclamarse universal opositor a la caverna. El método escogido para retar a lo que ha calificado de «Internacional ultraderechista» no tiene nada de original: vincularse a otro imperio. A China, naturalmente, país que los reyes visitarán en noviembre. Así pues, el Eje Madrid-Pequín, a tal apunta la propaganda, se opondrá a Washington, sede de la intolerancia y el fanatismo propagados por el multimillonario Musk. Trump ha servido en bandeja al doctor los argumentos, incluyendo, por error, a España entre los BRICS, a los que China, a cuyos productos va a poner altos aranceles, pertenece. En ese contexto, España formaría parte de ese + que se añadió hace tiempo al acrónimo.

Sin embargo, las cosas de la geopolítica no son tan simples. A pesar de que China, pero también la Rusia gobernada por un Putin con el que Trump siempre encontró un punto de equilibrio, aporta su sigla, el imperio de las barras y las estrellas no percibe a todos sus miembros por igual. Prueba de ello es el hecho de que Trump parece estar en sintonía con Narendra Modi, presidente de la India que ha superado en población al Imperio del Centro, esa China a la que Gustavo Bueno comparaba con un convento sobre el que convergen recursos atraídos por su fuerza centrípeta. Frente a la China que compra tierras raras y arma puertos lejos de sus fronteras, la India, quinta economía del planeta. Nación joven dominadora de tecnologías de futuro, India es vista con tan buenos ojos por Trump, que ya ha establecido contactos por medio de su Secretario de Estado, Marco Rubio, encargado de hacer lo propio con Emiratos Árabes Unidos. Con tan, en principio, exóticas piezas, parece surgir un nuevo bloque que se alza frente al dominado por esa China a la que quiere ligarse, entiéndase en un sentido político, Pedro Sánchez.

 

Va con todo

La Gaceta de la Iberosfera, 27 de enero de 2025.

https://gaceta.es/opinion/va-con-todo-20250127-0355/ 

Va con todo

Corren tiempos difíciles para quien figura en la portada del libro Manual de resistencia. A, como máximo, dos años del final de una legislatura cimentada en acuerdos con el golpismo diestro e izquierdista de Cataluña y con el mundo filoetarra y el del PNV, al que le ha puesto algo más que un pisito, acaso para bailar un último aurrescu, en la capital de Francia, las encuestas no ofrecen la reedición del apaño urdido por Sánchez en 2018 bajo la excusa de acabar con la corrupción del PP. Sometido a las inasumibles exigencias del secesionismo que España patrocina y que el PSOE coordina desde hace medio siglo, en alternancia con el partido de la gestión, el doctor sobrevive, semana a semana, a sucesivos chantajes e incluso a humillaciones como las que le procura el prófugo de la justicia española que él prometió traer para colocarlo ante los togados. Ni una mala palabra, ni un mal gesto para con el sedicioso protegido en el corazón de la Europa, por la que el hermano de David Azagra pasea el rosco de la Agenda 2030 como si de un detente bala progre se tratara.

La consigna, pues el principio de no contradicción no rige en la empresa radicada en Ferraz, es resistir, pues ya lo dijo Cela: «En España, el que resiste, gana». Y si en este caso, como en los anteriores, no gana, negocia, es decir, cede, es decir, se entrega, es decir, compra voluntades con el dinero de todos. Acorralado por la corrupción delictiva que, en cualquier caso, es menos grave que sus indultos y amnistías a los golpistas, Sánchez, que ya enseñó la patita cuando habló de la dependencia última de la Fiscalía de un Estado que identifica, en primer término, con su partido, y en último, consigo mismo, va con todo. Que un programa de entretenimiento lanza ácidas críticas contra su persona, contra «El Uno» —¿o acaso cabría llamarle «El Huno»?—, se ficha un cómico dócil y se le coloca en la franja de mayor audiencia de una Televisión Española cuyo Consejo de Dirección domina. Que los jueces no sentencian a favor de sus intereses, se orquesta, con los periodistas y las cadenas amigas, por subvencionadas, una campaña de descrédito del poder judicial. Y da resultado, pues hoy, gran parte de la parroquia socialista considera que los jueces, a pesar de que son mayoritariamente mujeres, son una panda de fachas y machistas recalcitrantes. ¿Solución?: una modificación del acceso a la carrera judicial de sesgo popular, que evite a muchos juristas el engorroso trámite de las oposiciones. A esta medida se le suma la limitación de la acusación… popular.

La estrategia colonizadora alcanza también a las grandes empresas, y a las que no alcanza se les hace una campaña de desprestigio. Recientemente le ha tocado el turno a Telefónica. Sánchez, repito, va con todo, y mal harían sus opositores en subestimarle, pues ha dado sobradas pruebas, aunque, probablemente, nos tiene guardada alguna más, de ser capaz de cualquier cosa para mantenerse en Moncloa. Apoyos, los de todo el frente secesionista, gran parte del poder económico y mediático, y una amplia red clientelar tejida durante décadas, no le van a faltar.

 

Inconstitucionalismo

La Gaceta de la Iberosfera, 20 de enero de 2025.

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Inconstitucionalismo

El 20 de marzo del año pasado, el Congreso de los Diputados se convirtió, una vez más, en un altavoz no metafórico sino literal, pues su espacio se llenó con las voces dadas por la ministra de Igualdad, Ana Redondo, que sucede en el cargo a Irene Montero, reputada vocinglera. En aquella sesión, en el que el parlamento fue sustituido por el berrido, la Redondo, en su respuesta al popular Jaime de Santos, gritó por tres veces un «¡Vergüenza!», seguido de otros tres «¡No se puede!», que forman parte, al igual que aquellos disparos de Tejero, de la atmósfera del edificio. Enmarcado por sus habituales pendientes, cuyas plumas, imagino, nada tienen que ver con los gallos —casta, belleza y pluma— de sus escatológicos paisanos, el rostro de la ministra se crispó hasta extremos indecibles. Por razones fácilmente adivinables, las poseedoras de la cartera que elaboró la ley del Sólo del sólo sí es sí, dotada en 2024 con 511,5 millones de euros, son las que más usan de gestos y gritos. Alaridos, incluso, con los que tratan de transmitir, especialmente la Montero, la idea de que los jueces son una panda de recalcitrantes machistas que no han sabido entender el verdadero espíritu de la ley. Poco importa que en la actualidad, el 57,2% de los jueces y magistrados sean hembras, frente a un 42,8% de machos. Si esa es la realidad, pensará la avecindada en Galapagar, peor para la realidad, pues el relato debe permanecer inalterable.

Ana Redondo ha regresado esta semana a la actualidad, después de que un sacerdote de Segovia haya negado la comunión a una pareja homosexual. Tirando de gremialismo, la doctora ha invocado nada menos que el artículo 14 de la Constitución española —«Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social»— para salir en defensa de los dos ciudadanos a los que se les ha negado la hostia consagrada bajo el siguiente argumento, esgrimido por el Obispado: «Para recibir la Eucaristía, tanto si son homosexuales como heterosexuales, se necesitan unas condiciones objetivas de moralidad, y que la Iglesia tiene autoridad para negar la comunión cuando no se cumplen, sobre todo si provoca escándalo entre los fieles como ha sucedido en los casos de Segovia».

Las relaciones de las izquierdas españolas con la Iglesia católica son todo un mundo. Los que se conducen bajo un ciego anticlericalismo anticatólico, pues es raro encontrar alguna crítica a un imán, se fijan en los casos de pederastia y piden unas reparaciones que no colectivizan del mismo modo cuando los que comenten tan graves actos van enfundados en un chándal, por poner un ejemplo. Paralelamente a esta denuncia, que se acompaña, a veces, con la de los supuestos bebés robados por hombres y mujeres con faldas, se sitúan los que ven en ciertos sectores de la iglesia, los constituidos por los llamados curas rojos, grupo en el que figura desde el padre Llanos, ex confesor de Franco, al sacerdote de la bufanda, perejil de todas las salsas madrileñas, una oportunidad, dominada por el diálogo y el eticismo. Todos conocemos los resultados del diálogo cristiano-marxista, pero ¿acaso el PSOE no renegó del filósofo alemán hace medio siglo?

En este totum revolutum se mueve la ministra, incapaz de entender que, para fortuna de nuestra nación, construida bajo cánones católicos, la política y la religión son, a diferencia de lo que ocurre en las teocracias, mundos disociados. No cabe, por ello, y Redondo no puede ignorarlo, por más rédito político que le pueda dar al Gobierno, apelación alguna al texto constitucional, cuya invocación a la igualdad no afecta, por cierto, a la ley Sólo del sólo sí es sí, cuyo ámbito de aplicación excluye —«La presente ley orgánica es de aplicación a las mujeres, niñas y niños»— a los varones, gusten o no, de otros varones.