sábado, 4 de septiembre de 2021

Mear sangre

 Libertad Digital, 21 de agosto de 2021:

https://www.clublibertaddigital.com/ideas/sala-lectura/2021-08-21/ivan-velez-mear-sangre-6810883/?_ga=2.149221622.1754358076.1630742868-798291235.1500231908

Mear sangre

            Mear sangre se publicó en 1976. Convertida en pieza de culto, aquella primera edición alcanza hoy precios desorbitantes. Cuarenta y cinco años después, la editorial Autsaider ha devuelto al mercado, de un modo accesible, la cruda narración que Dum Dum Pacheco hizo de su turbulenta vida, cuando todavía se hallaba en activo como boxeador. Mear sangre transita por muchos de los ambientes marginales del franquismo, los de la periferia de las ciudades a las que llegó un aluvión de gentes que dejaban atrás el campo para buscar fortuna en núcleos industrializados. A las chabolas construidas en una noche llegaba el fulgor de las luces que iluminaban sonoros nombres evocadores de aquel mundo al que se accedía en los cines de sesión continua. En aquellos arrabales creció y se curtió José Luis Pacheco, orgulloso aprendiz de mil oficios -fotograbador, churrero, tornero, albañil,…-, que acudía a bailar a La Pajarita los fines de semana. Allí fue donde el adolescente, deslumbrado por las motos y la ropa que vestían otros chicos, comenzó su carrera delictiva como tironero. Un corto periodo de tiempo que le condujo a la prisión de Carabanchel a la edad de dieciséis años. Pacheco narra de este modo sus primeras impresiones en la cárcel:

Al principio no hubo problemas, pero me di cuenta de que había mucho afeminado, y también algo así como matrimonios. La última planta de la quinta galería está dedicada a los maricones, que eran perfectas mujeres puteando con el que se ponía delante. Cuando pasaba por el túnel al ir a por la cena veía a muchos enganchados en los rincones. Había verdaderos amores entre ellos. Me río yo de los que hay en la calle entre un hombre y una mujer comparados con estos. Sin darme cuenta llegaron las primeras dificultades. Andaba paseando en el cuarto piso de la tercera galería y uno de los presos más conocidos me dio un manotazo en el culo al mismo tiempo que me decía: «¡Cómo estás de hermoso, chaval!». Sin pensarlo me lancé por él y de un golpe lo metí en la celda.

En esas circunstancias, el boxeo, que Pacheco había practicado antes de su reclusión, apareció como vía de escape, incluso como camino de redención dentro de un mundo de celdas de castigo, chivatos, lecturas del catecismo y cartas familiares. Del ambiente claustrofóbico de Carabanchel, el joven pasó a la cargada atmósfera de los gimnasios y al acotado territorio de las doce cuerdas. Su segundo combate, como si de un guiño a Aldecoa se tratara, lo disputó contra Young Martín. Comenzaba así una carrera meteórica, no exenta de discutibles puntuaciones, interrumpida por un kafkiano regreso a prisión, de la cual salió para volver años después como figura pugilística.

Tosco y fiero dentro del ring, Dum Dum, a quien los recuerdos carcelarios siguieron hurtándole el sueño, conoció tímidamente el sexo en las barras americanas y en la oscuridad de los cines madrileños, antes de tirar la toalla y mear sangre tras un combate en Barcelona al que se presentó después de pasar una noche de desenfreno con Geli, o de obtenerlo a cambio de diez dólares en Bangkok junto a otro mito del boxeo español: Perico Fernández.

Junto al boxeo, el otro pilar vital de Pacheco fue su pertenencia a la legión, su servicio, así lo confiesa orgulloso Dum Dum en su libro, a la patria. La suma entre disciplina y acción que ofrecía la legión, era el freno ideal a su impulsivo carácter, el chapiri, que tantas veces lució antes de subirse al cuadrilátero, un símbolo de su pertenencia a una gran familia donde no se hacen preguntas sobre el pasado.

Casi medio siglo después de que Mear sangre viera la luz, su lectura, repleta de imágenes carcelarias, nos conduce a la antesala de la cinematográfica delincuencia, cargada de heroína, que llegó para sustituir al Huesos, al Guiri o al chota Carrión, con los que malvivió un Pacheco que, aferrado a su particular trinidad -Franco, Hernán Cortés y Elvis Presley-, se abrió camino a golpes.


La rapsodia negrolegendaria de Castillo Terrones

 Libertad Digital, 29 de julio de 2021:

https://www.libertaddigital.com/opinion/ivan-velez/la-rapsodia-negrolegendaria-de-castillo-terrones-6805443/

La rapsodia negrolegendaria de Castillo Terrones

            Bajo el ala del sombrero -chotano, para más señas-, tantas veces embozada, una lágrima -indigenista- asomada, -Pedro Castillo Terrones- no pudo contener durante su discurso de investidura como presidente del Perú, del que fueron testigos los congresistas de la nación, así como los presidentes de las repúblicas de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, México y, citamos textualmente: su Alteza el Rey de España.

            Cuando se cumplen dos siglos desde la cristalización de la nación política peruana, Castillo aprovechó para saludar a los descendientes, todos ellos, al parecer, hermanos, de los pueblos originarios del Perú prehispánico, pero también a los afroperuanos y a las «distintas comunidades descendientes de migrantes, así como a todas las minorías desposeídas del campo y la ciudad». Arrogándose la voz de todos ellos, el nuevo presidente lanzó, en un equilibrado bilingüismo quechua-español, un: «¡Seguimos existiendo!».

            La afirmación dio paso a una reivindicación de los «cinco mil años de civilizaciones y culturas trascendentales» asentadas en la república que recién comienza a presidir, heredera, al parecer de Castillo, del estado Wari y, posteriormente, del mítico Tawantinsuyo, tránsito realizado de manera pacífica, dialogada, en armonía con la Naturaleza y con la providencia siempre a favor de obra. Así, de un modo tan arcádico, siempre según la particular visión del victorioso candidato de Perú Libre, se vivió en aquellas tierras hasta la llegada de «los hombres de Castilla, que con la ayuda de múltiples felipillos y aprovechando un momento de caos y desunión, lograron conquistar al estado que hasta ese momento dominaba gran parte de los Andes centrales». Sin sujetarse al principio de no contradicción, Castillo afirmó una cosa y la contraria, pues si aquellas culturas tan trascendentales como originarias habían logrado establecer un estado tan perfecto: ¿cómo explicar la existencia de múltiples «felipillos», es decir, de intérpretes colaboracionistas con los hombres de Castilla, y de un estado de caos que facilitó el éxito de los barbudos?

            La rapsodia negrolegendaria, no obstante, continuó ante las barbas del rey de España. Después de trazar tan bucólico cuadro, al que, no obstante, se le adivinaban ya algunas preocupantes grietas hace medio milenio, Castillo atribuyó a la etapa virreinal, que mezcló con la colonial, el establecimiento de castas y diferencias persistentes hasta la actualidad, pues los doscientos años de independencia política peruana no han sido capaces, logro que él pretende alcanzar ahora, de darle una solución. En definitiva, todos los males de Perú se deben, según la encastillada visión de don Pedro, a los tres siglos de dominación de la corona española, tiempo dedicado a la pura extracción de minerales, al coste de la explotación de los antepasados de los actuales peruanos, fórmula que el mentor de Errejón, José Luis Villacañas, condensó hace años en el simplista lema, «oro y esclavos», que obvia la realidad de que la mita, es decir, los trabajos obligatorios para sacar metal, era una institución asentada en aquellas mineras tierras mucho antes de la llegada de los españoles, y que la esclavitud no fue ninguna novedad introducida por Pizarro, ese cuya casa se niega a visitar Castillo Terrones.

            No podía faltar, en un discurso tan previsible como el de Castillo, una alusión a la revuelta encabezada por Tupac Amaru, a quien el presidente, en atención a estos paritarios tiempos, hizo acompañar por su esposa, Micaela Bastidas. Como el mismo presidente señaló, la represión de aquel episodio de rebeldía terminó con las élites andinas, reconociendo de este modo unas desigualdades que casan mal con su anhelo igualitario. De hecho, el mitificado Tupac Amaru, lejos de ser un representante popular, se llamaba en realidad, José Gabriel Condorcanqui, y recibió formación en el Colegio San Francisco de Borja o Colegio de Caciques del Cuzco, regentado por la Compañía de Jesús. Contradicciones estas, que sin duda sabrá cabalgar Pedro Castillo Terrones sin perder su identitario sombrero.


La gran venganza

 Libertada Digital, 25 de junio de 2021:

https://www.clublibertaddigital.com/ideas/sala-lectura/2021-06-25/ivan-velez-la-gran-venganza-6793790/?_ga=2.219034585.1754358076.1630742868-798291235.1500231908

La gran venganza

            El santanderino Jesús Laínz es, probablemente, uno de los escritores que más tiempo ha dedicado a roturar un terreno histórico tan convulso como aquel en el que cristalizaron los nacionalismos fragmentarios que amenazan la soberanía de la nación española. Desde su Adiós España, publicado exitosamente en  2004, el montañés ha dado a la imprenta un considerable número de volúmenes en los que el lector puede hallar abundantes claves para entender cómo se ha llegado a la preocupante situación actual. El último de esos libros, todos ellos publicados en Ediciones Encuentro, es La gran venganza. De la memoria histórica al derribo de la monarquía, recopilación de artículos aparecida poco después de que lo hiciera el capítulo «Memoria de la destrucción contra la destrucción de la memoria», incluido en el libro colectivo “Memoria histórica”, amenaza para la paz en Europa (ECR Grupo, 2020).

            Estructurado en cuatro bloques, La gran venganza es un libro que debe mucho a José Luis Rodríguez Zapatero, impulsor de la Ley de Memoria Histórica, aprobada por el Congreso de los Diputados el 31 de octubre de 2007, después de un intenso periodo propagandístico en el que los medios afines -quien subvenciona, manda- se volcaron en implantar una visión maniquea del pasado que obligó a muchos a indagar acerca de la ideología o bando en el que se movieron sus abuelos. Más de dos décadas después, sabedores de los réditos dados por esa ley, sus beneficiarios -la autodenominada izquierda española y los secesionistas de todo pelaje- manejan ya un anteproyecto de Ley de Memoria Democrática que, sin duda, contará con los idénticos propagandistas, los mismos que se han volcado en tratar de justificar los indultos del inquilino de la Moncloa, cuyo discurso conecta de nuevo con el último libro de Laínz. «La venganza no es un valor constitucional», afirmó Sánchez días antes de indultar a los golpistas a los que debe su cargo y con los que comparte el proyecto de balcanizar, con las necesarias dosis de europeísmo y federalismo, España, para mayor gloria y dividendos de las oligarquías regionales y de terceras potencias. Es evidente que entre las posiciones ideológicas de Laínz y Sánchez media un abismo, sin embargo, el sonoro empleo de la palabra venganza, les une de alguna manera. Un modo que cabría calificar de psicologista. Si para el montañés el uso interesado que se hace del pasado de nuestra nación por las facciones antes citadas responde a una venganza tomada por los perdedores de la Guerra Civil, para el madrileño, las acciones judiciales emprendidas por el Estado contra los golpistas, a los que su persona nunca calificará de este modo, vendrían motivadas por un sentimiento parecido del que, no obstante, se puede escapar con la administración de ingentes cantidades de concordia.

            A esta semejanza, que podríamos calificar de visceral, le acompañan factores netamente racionales que se alejan de esa visión simplista según la cual las innumerables mentiras de Sánchez en relación al golpismo catalanista responden a intereses puramente personales. Y ello porque, a pesar de que parece evidente que tal impulso existe, a este le acompañan programas largamente elaborados para cuya puesta en marcha nadie ofrece más posibilidades que el tornadizo ex alumno del Ramiro de Maeztu. Una serie de planes que resultan más comprensibles gracias a obras como la de Laínz, repleta de testimonios y materiales de hemeroteca que permiten entender de qué modo, bajo la coartada de una particular interpretación de la memoria, se retuercen y se vaporizan biografías y reliquias con fines tan plenamente actualistas como el que cierra el subtítulo del libro.


Visita y anatomía del campamento de Piniers

Libertad Digital, 28 de mayo de 2021:

Visita y anatomía del campamento de Piniers

            Escrita hacia 1635, en el contexto de la guerra entre Francia y España, Visita y Anatomía de la cabeza del Eminentísimo Cardenal Armando Richelieu vio la luz  tres siglos más tarde gracias al eminente Luis Astrana Marín. Obra de Francisco de Quevedo, Visita y Anatomía es un libelo, que se finge escrito en Milán por un francés llamado Acnoste, que narra la reunión de un grupo de médicos dirigidos por Andrés Vesalio, dispuestos a estudiar la cabeza de Richelieu. Finalmente, es el propio Vesalio quien, vestido «de embeleco y de embuste», se interna en la cabeza del Cardenal, aquejada de un contagioso «Morbo Regio», a través de sus oídos. En su interior, el doctor halla capelos y turbantes que aluden a los frentes en los que está involucrada la España de la época. Terminada la excursión craneana, Vesalio valora la posibilidad de  transmitir aquellas visiones al Señor de la Montaña –acaso Montaigne- para que éste se la traslade al rey francés, si bien, esta posibilidad se desestima por entender que el monarca galo es una marioneta en manos del taimado Cardenal.

            Sin necesidad de entrar vestido de esa guisa, el pasado martes, en el curso de una visita a Ceuta celebrada un día después del asedio mahomético-sanchista del Parador de la ciudad, tuve la oportunidad de visitar el campamento de menas de Piniers, donde permanecen acogidos alrededor de doscientos de los alrededor de dos mil menores marroquíes que entraron la pasada semana en territorio español formando parte de la avalancha teledirigida por los dirigentes del país vecino como represalia política. El lugar escogido para alojar a estos niños y adolescentes se sitúa en el árido recodo que deja la prisión Mendizábal y una empresa de maquinaria industrial. Es allí donde se ha dispuesto un campamento de casetas de obra en las cuales pernoctan y pasan gran parte del día, atravesado por los gritos de los que juegan al fútbol en una cancha habilitada para la ocasión, hasta seis MENAS por cada habitáculo, divididos por sexos e incluso, en el caso de los contagiados por COVID, perimetrados por una cinta rojiblanca. En el centro de la explanada, una carpa cumple con el precepto errejonista de la administración de tres comidas diarias.

            Sin necesidad de descender a detalles organolépticos, Piniers es el desolador exponente de los efectos que ha producido en España la inmersión de la política en la ética, la asunción de irresponsables lemas como aquel «ningún ser humano es ilegal» que sirve para encubrir realidades como la ceutí. Los muchos compatriotas transidos de buenismo incapaces de percibir la magnitud del problema de la inmigración ilegal infantil, deben saber que a quienes hoy pasarán el día en Piniers, soñando acaso con emular las hazañas de esos ídolos futbolísticos cuyos nombres enumeran de carrerilla, les aguarda un crudo futuro marcado por el desarraigo que les ha empujado hacia a esa ciudad española en cuya retaguardia, la policía marroquí, conocedora de las condiciones legales españolas en materia infantil, se interponen entre los niños y sus familias, bloqueando el regreso de estos a sus hogares.

            Habilitado para la ocasión a causa del desbordamiento de las limitadas plazas para el acogimiento de MENAS de las que dispone Ceuta, Piniers es el verdadero efecto de unos límites que exceden su aspecto fisicalista. En la frontera hispano-marroquí convergen dos modelos antropológicos antitéticos que ninguna alianza de civilizaciones, por más dosis irenistas que se le apliquen, puede obviar.


Proyecto de sociedad para la Emancipación universal

 Libertad Digital, 30 de abril de 2021:

https://www.clublibertaddigital.com/ideas/tribuna/2021-04-30/ivan-velez-proyecto-de-sociedad-para-la-emancipacion-universal-6750788/?_ga=2.213316820.1754358076.1630742868-798291235.1500231908

Proyecto de sociedad para la Emancipación universal

            Muchos son los aniversarios que se presentan en este 2021. No en vano, la floración onomástica, centrada a veces en los asuntos y reivindicaciones más extravagantes, es creciente y ha dado lugar, incluso, a una industria laudatoria que se despliega en una plétora mercadotécnica. Dentro de tan continua actividad celebratoria, es seguro que pasará inadvertido el natalicio de Ildefonso Martínez Fernández, médico asturiano que, a pesar de su temprana muerte, dejó tras de sí algunos documentos del máximo interés y una intensa vida política desarrollada en los ambientes madrileños de mediados del siglo XIX. Entre su producción, destaca su «Proyecto de sociedad para la Emancipación universal». El documento, un manuscrito autógrafo recientemente transcrito por María José Ordóñez Vergara, está fechado en mayo de 1847, es decir, apenas unos meses antes de la publicación del Manifiesto comunista, que vio la luz en Londres el 21 de febrero de 1484. De hecho, don Ildefonso incluso manejó el término «comunismo», en concreto, «comunismo de ideas», en las mismas fechas en las que pergeñaba su proyecto emancipatorio, que debía acompañarse de la publicación de un periódico doctrinal para el que barajaba dos luminosas manchetas: La Democracia o El Porvenir. Su publicación debía, entrar «en polémica de principios con los periódicos contrarios en opiniones, porque no teme las doctrinas que sostienen otros principios porque los cree erróneos e insubsistentes, y el crisol de la discusión fuera resaltar los principios democráticos tanto como el sol brilla en medio de las densas nieblas de un día de invierno». De la previsible victoria dialéctica se derivaría el establecimiento de «un verdadero comunismo de ideas, pensamientos y doctrinas y un día poner en ejecución unas mismas acciones regularizadas por un pensamiento general y cuya tendencia sea hacia un mismo y único fin».

            Cinco años antes de alcanzar la estabilidad laboral en 1851, cuando se hizo con la plaza de médico director de los baños de Bellús, el joven Ildefonso acariciaba con los dedos una suerte de final armónico de la Historia, en el cual, el género humano alcanzaría su ansiada unidad, secularmente hurtada por monarcas y aristócratas, pero también obstruida por la fragmentación de aquellos a quienes consideraba integrables en su proyecto: carbonarios, masones, comunistas, socialistas y comuneros.

            En un contexto marcado por la cristalización de las naciones políticas, la industrialización -respondida por los luditas- y un primer éxodo de la ciudad al campo, factores que podemos poner en consonancia con elementos de nuestro presente, las ideas de Martínez Fernández recogen ecos de proyectos desarrollados en suelo hispano. En concreto, y a una escala muy inferior, casi celular, el gran Proyecto de sociedad para la Emancipación universal parece una ampliación global del impulsado en Tempul por el fourierista español Manuel Sagrario de Beloy, discípulo del liberal Joaquín Abreu, que tanto influyó en el socialista Fernando Garrido.

            De hecho, es a los liberales, carentes de apellido, a los que interpela el doctor para llevar a cabo su cósmica utopía:

A vosotros liberales toca llevar a cabo este profundo proyecto, y no dudéis que con más o menos tiempo venceremos, pudiendo decir con orgullo, yo también ayudé la empresa, mientras que si la abandonamos los futuros siglos nos apuntarán diciendo: «he ahí un siglo egoísta». Temed pues liberales el fallo de la posteridad que siempre es justo con los tiempos que le antecedieron, y embelleced la historia de la humanidad con el proyecto más precioso y grande que ha podido imaginarse volviendo vuestra vista entusiasmada hacia ese fondo de miseria, abyección e ignorancia en que se encuentran la mayor parte de vuestros hermanos, y si no os bastase ese panorama de tristeza y degradación mirad al cielo y en él veréis impreso con el dedo del tiempo la máxima de «camina humanidad, aúnate y vencerás»; palabras que no borrarán los siglos porque son la huella que dejó el gran arquitecto del universo a quien debéis gloria y honor, y no se la podéis dar mejor que trabajando en favor de la humanidad y sus sacrosantos fueros. Valor, pues, que el día llegará. Salud, fraternidad, confianza y el triunfo es inevitable. Dios y Libertad.

Para llegar a semejante resultado, Ildefonso Martínez Fernández no tenía duda alguna de que la forma ideal de gobierno debía ser de tipo federal, sin distinción de razas, pues todas serían una dentro de una común estructura política pues, tal y como se recoge en su proyecto: «No hay naciones, no existen Alpes ni Pirineos, ni océano ni mediterráneo, todos somos hermanos, todos partícipes de la desgracia o la fortuna de los bienes y los males porque todos os dirigís a un centro solo la Emancipación, la Libertad», palabras que evocan las que aparecen en Gálatas 3:28:

Ya no hay judío ni gentil, esclavo ni libre, hombre ni mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús.


Por el triunfo de la desmelladización

 Libertad Digital, 23 de abril de 2021:

https://www.clublibertaddigital.com/ideas/tribuna/2021-04-23/ivan-velez-y-roca-barea-llamo-imbecil-integral-a-blas-infante-6748276/?_ga=2.150380534.1754358076.1630742868-798291235.1500231908

Por el triunfo de la desmelladización

            Los diputados no adscritos del Parlamento autonómico andaluz han exigido al presidente Juan Manuel Moreno Bonilla que retire a María Elvira Roca Barea la Medalla de Andalucía concedida hace tres años. El motivo de dicha petición ha sido la calificación dada por la autora de Imperiofobia a Blas Infante. Al parecer, doña Elvira ha llamado «botarate» e «imbécil integral» al llamado padre de la patria andaluza en el curso de una conferencia pronunciada en la Universidad de Valladolid. El encargado de dar cauce a la indignación andalucista ha sido el diputado Nacho Molina Arroyo, cuyo voluminoso palmito suele dar soporte textil a diversas reivindicaciones de una autoproclamada izquierda caracterizada por poner entre paréntesis a España. Al cabo, la facción política en la que se encuadra su señoría se mueve entre la región, autopercibida como nación, y el planeta, dejando a la innombrable y verdadera nación a la que, quiera o no, pertenece don Ignacio, la adjudicación de males sin tasa, entre ellos, la culpa del secular y no exento de victimismo, atraso andaluz.

            Como buen hombre antisistema amparado por el sistema, Molina se ha agarrado a la estructura autonómica, la misma que le permite ser cargo público, para salir en defensa de don Blas, pues, tal y como ha manifestado en rueda de prensa, Infante está en el Estatuto…«y en nuestra memoria». Una memoria que, en todo caso, es «histórica». Molina, en definitiva, se alinea con uno de productos estrella del zapaterismo: la visión maniquea del pasado que ha polarizado a la sociedad española desde hace casi dos décadas. En esta dialéctica cainita se mueven Molina y gran parte de los infantistas, muchos de los cuales no lo serían si el notario de Casares, casado con la enriquecida Angustias García Parias, no hubiera sido fusilado en 1940 por el bando franquista por haber formado parte, según reza la sentencia, «de una candidatura de tendencia revolucionaria en las elecciones de 1931 y en los años sucesivos hasta 1936 se significó como propagandista de un partido andalucista o regionalista andaluz».  

            Los disparos que pusieron fin a su vida son, sin duda, decisivos para la apoteosis autonómica experimentada por Blas Infante, que en 1924 viajó a Agmhat y visitó la tumba de Motamid, último rey de la taifa sevillana, para convertirse públicamente al islam. El 15 de septiembre, con dos descendientes de moriscos como testigos, Infante trocó el Blas por el Ahmad y comenzó su apostolado islamista, aderezado con los resabios krausistas y federalistas asumidos en su juventud, ingredientes indispensables en toda alternativa izquierdista española, casi siempre hispanófoba, operante en nuestra partitocracia.

            De salir adelante la iniciativa liderada por Molina, Elvira Roca sería desposeída de la medalla otorgada el 22 de febrero de 2018 por el Gobierno andaluz presidido por Susana Díaz, concesión que venía a reconocer, merecidamente, un gran trabajo acompañado de un enorme éxito de ventas. Su autora, y acaso ello contribuyó al mentado premio, se situaba de manera explícita fuera de los ambientes tenidos por derechistas, convirtiéndose así en una figura reivindicable por una socialdemocracia obligada a hacer equilibrios territoriales para lograr la gobernabilidad o, por decirlo en terminología covidiana, cogobernabilidad. Una distinción institucional que, en cualquier caso, resulta inadmisible para los rigoristas de una plurinacionalidad imposibilitada por la madrastra, permítasenos el adjetivo bolivariano, España.  

            No necesita María Elvira Roca Barea defensa alguna, pues durante estos años ha dado sobradas pruebas de su solvencia frente a ataques tan burdos y groseramente personales como, por ejemplo, los lanzados por el gurú de Íñigo Errejón, autor de una libresca ecolalia en espejo plena de descalificaciones y delirantes explicaciones de las causas del éxito de la malagueña. Sirvan estas líneas como reconocimiento de una labor, la suya, que excede con mucho el valor de una medalla autonómica.


Domésticos seres sintientes

 Libertad Digital, 16 de abril de 2021:

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Domésticos seres sintientes

            En su Crónica del Perú, Pedro Cieza de León dio cuenta de cómo Diego de Almagro derrochaba su dinero en dádivas con las que trataba de obtener el favor de los españoles residentes en Cuzco. Ejemplo de ello fue la compra de un gato, el primero que llegó al Perú, a un tal Montenegro, por un precio de 600 pesos de oro, cantidad astronómica para la época. El felino montenegrino fue la primera mascota, probablemente cazadora de ratones, con la que contó un español en tan luengas tierras.

            Casi medio milenio después de aquel perulero episodio gatuno, el Gobierno de la Junta de Andalucía ha presentado un Anteproyecto de Ley de bienestar animal de Andalucía cuyo artículo 13, titulado «Esterilización», incluye este punto:

Los animales de compañía que sean objeto de venta, cesión o donación deberán ser esterilizados previamente antes de cumplir el año de edad y, preferiblemente, antes de su primer celo. En el supuesto de que por la edad o por cualquier situación sanitaria desfavorable se desaconseja su esterilización, deberá aportarse certificado veterinario que lo justifique y en el que se refleje el periodo máximo de espera que, salvo lo previsto en el apartado siguiente para los animales mayores de un año, no podrá exceder de 3 meses. Los animales de compañía mayores de un año de edad deberán ser esterilizados con anterioridad a su venta, cesión o donación salvo que exista un certificado veterinario que desaconseje la esterilización por motivos de salud de animal.

            El párrafo, salido de la coalición del gobierno popular-ciudadano, augura importantes consecuencias en la Andalucía rural, ámbito en el cual es usual la venta de cachorros destinados al ámbito doméstico, pero también, y esto es algo que a menudo se olvida, a actividades productivas y cinegéticas, ámbitos cada vez más amenazados por la robotización y por las consecuencias del animalismo imperante impulsado, so capa de argumentos vinculados al cambio climático, por esas élites globalistas financieras ante las cuales se abisman las izquierdas indefinidas. Como es lógico, la medida tendrá un impacto fiscalizador sobre un mercado que escapa al control impositivo, al tiempo que abre una posibilidad cuasi monopolística. En efecto, si el animal, por ejemplo un perro destinado al mundo urbano, allí donde el mascotismo - aquel que no entiende la posesión de un animal como una forma de explotación, que de todo hay- está más asentado y rodeado de una industria de servicios caninos, pierde su capacidad reproductiva tras una temprana castración, la re-producción de estos animales quedará circunscrita a un reducido círculo de criadores, acaso acreditados por etiquetas interesadamente coloridas. Una industria que, por regresar al tiempo en el que hemos arrancado en este artículo, recuerda aquellas factorías caballares o caninas que proveían a los conquistadores de los carísimos equinos y perros que fueron trascendentales durante la conquista del Nuevo Mundo, ya sea como máquinas de guerra, ya como despensa viviente, pues son abundantes los casos documentados en los cuales la hambruna de los barbudos hizo girar sus ojos hacia los brutos para saciar sus estómagos.

            Tan castradora medida, que propiciará un rentable campo emasculatorio, intuimos que más químico que mecánico dado lo incruento de nuestros tiempos, puede producir efectos genéticamente empobrecedores o al menos exclusivistas sobre los que se definen como «seres sintientes» a los cuales hay que reconocer «la individualidad y peculiaridad de cada uno de ellos», singularidades que parecen evocar los anhelos animalísticos de los protagonistas de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, cuya posesión más preciada era un animal verdadero en lugar de un sucedáneo artificial.

            Nada hay que objetar al intento de garantizar unas buenas condiciones de vida para aquellos animales que nos llevan acompañando -recordemos la transformación del lobo en perro- desde los tiempos hoy llamados «ancestrales» u «originarios». Unas condiciones fuertemente condicionadas por la disneyzación operada sobre los animales durante el último siglo, que ha llegado prácticamente a borrar, en sus casos más extremos, las diferencias entre bestias y humanos, línea difuminada ya en su día por la tan ecológica como nacionalsocialista Alemania que comparó a Jesse Owens con un primate y acudió a la imagen de la rata para referirse a los judíos.


Madariaga

 Libertad Digital, 8 de abril de 2021:

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Madariaga

            Traspasado por el dolor, el pasado 6 de abril, Arnaldo Otegui escribió este tuit al conocer la noticia del fallecimiento de Julen Madariaga:

Ha fallecido Julen Madariaga, fundador de ETA y militante de HB y de Aralar. Abertzale y comprometido con la libertad de nuestro pueblo. Mis condolencias a familiares y amigos. Irabazi arte!

            Una rosa socialista cerró un trino, por no decir graznido, en el que el nuevo ídolo del sindicalismo plurinacional, el hombre de la paz zapateril, el referente del mundo lazi, reconocía eso que resulta tan incómodo para uno de los pilares del gobierno de coalición: la conexión, más que evidente, entre EHBildu y el mundo del hacha y la serpiente. Como es lógico, semejante mensaje, que en Instagram y Facebook supuso una pena de bloqueo de 24 horas de duración, suscitó múltiples reacciones. Entre ellas la del historiador español Jesús Laínz, que rescató esta cita del finado:

Nuestra política de defendernos de la violencia del tiránico ocupante por medio de la violencia no la hemos elegido nosotros los vascos; nos la han impuesto.

            Palabras, las del ideólogo etarra que ha adoptado la forma cadavérica, que convertirían al ocupante de la fantasmagórica Euskal Herria, Vizcaya para Sabino, es decir, a España, en culpable de los mil asesinados de ETA y de su interminable rastro de sangre, extorsión y extrañamiento de cientos de miles de vascos. Las ideas de don Julen, que en sus últimos años se desmarcó de la estrategia criminal, laten tras el mensaje de Otegui, rematadas con ese Irabazi arte!, es decir, con un «¡Hasta ganar!» que en su momento era el grito preferido de los terroristas callejeros y que ahora, en tiempos de repliegue armado y legitimación del brazo político secesionista, se ha transferido a los campos de fútbol en los que se libra una batalla menos cruenta pero igual de disolvente, tal y como se puede comprobar echando un vistazo a las equipaciones de los futbolistas o comprobando cómo, amparadas en una particular interpretación de la libertad de expresión, las pitadas a los símbolos nacionales españoles, son ya habituales. La vía oteguiana, y el tuit referido así lo confirma, supone la continuación del proyecto de Madariaga por otros medios, pues los empleados bajo el influjo del muerto, a quien se ha

            Unos medios ajustados al mismo propósito, la secesión de una región española, que han sido propiciados por los sucesivos Gobiernos de la nación, todos ellos confortablemente acogidos bajo el frondoso nogal peneuvista al que empiezan a salirle algunas ramas rebeldes. En efecto, conforme el PSOE y el PP se iban plegando a las exigencias peneuvistas con el fin de cuadrar las cuentas de escaños para acceder a La Moncloa, la abertzalización ha ido avanzando hasta tal límite, que comienza a suponer una amenaza para el partido hegemónico en la Comunidad Autónoma Vasca. Un avance que viene propiciado por componentes internos al mundo araniano, fundamentalmente la lengua normalizada, la onomástica y la toponimia, pero también por otros de procedencia menos localizable. Factores de índole planetaria que exceden, por su implantación política, las famosas chanzas acerca de la universalidad natalicia vasca: aquellos que tienen que ver con proyectos globalizadores apoyados en pequeñas comunidades que resultan muy manejeras para las grandes corporaciones y los imperios que, de diferentes formas, configuran nuestra realidad.

            Es a esta estrategia a la que sirven, sépalo o no, cierre el puño o adorne sus mensajes con rosas, Otegi y sus correligionarios, para los cuales no hay más Madariaga que Julen, pues de otro, de Salvador de Madariaga, nada saben, aunque acaso estén más próximos a sus ideas de lo que creen, pues este último, relevante figura durante la Guerra Fría operó dentro de una estrategia imperial, la del mundo al que respondía su acendrado liberalismo, que alumbró una CEE cuya transformación ha dañado tanto nuestro tejido industrial e incluso nuestra solidez como nación, con el acogimiento de golpistas, y en su día de etarras, incluido. Al cabo, entre las obras del diplomático figura una en cuyo título, Memorias de un federalista, se contiene la fórmula en la que se cifran todas las esperanzas de los múltiples y variados compatriotas que, al igual que le ocurría a ese líder político ya ajustado a los quicios autonómicos, no pueden decir España


La balada de la cárcel de Ponent

 Libertad Digital, 2 de marzo de 2021:

https://www.libertaddigital.com/opinion/ivan-velez/la-balada-de-la-carcel-de-ponent-6714910/

La balada de la cárcel de Ponent

            Casado con Constance Lloyd en año 1884, los dos hijos habidos en el matrimonio no bastaron a Óscar Wilde para disipar la sombra de la homosexualidad que siempre le persiguió. La acusación del marqués de Queensberry, con cuyo hijo mantenía Wilde una relación erótica, llevó al escritor a la cárcel, donde hubo de enfrentarse a una condena de dos años de trabajos forzados. Wilde ingresó en la prisión de Reading en 1895, lugar de donde salió destruido. Tres años después, el dramaturgo murió solo en su exilio parisino, devorado por la meningitis. Aquel duro bienio de reclusión dio como fruto una extensa carta -De profundis- destinada a su amante, Lord Alfred Douglas, pero también el poema La balada de la cárcel de Reading, en el cual se relatan las duras condiciones del presidio, incluida la ejecución por ahorcamiento de un preso.

            Recientemente, otro dramaturgo, Pablo Rivadulla Duro, anunciado en los carteles del arte como Hasél, ha ingresado en la cárcel para cumplir condena por una serie de delitos que cierta prensa ha pretendido hacer pasar como una suerte de castigo, a todas luces desmedido, por rapear, burda manipulación que la realidad desmiente, pues las peleas de gallos se siguen celebrando a despecho de los resultados líricos que de tales tenidas se deriven. Rivadulla, una vez fracasado su esperpéntico intento de hacerse fuerte en la Universidad de Lérida, ha acabado en el centro penitenciario de Ponent, sirviendo como perfecta excusa para que los chicos que se mueven a la torriana voz del ¡Apreteu!, vuelvan a vandalizar y a someter a pillaje a la ciudad de Barcelona mientras el bardo ilerdense, en lugar de optar por la vía ornitológica a la que se entregó Burt Lancaster en El hombre de Alcatraz, ha retomado la pluma. De ella o, por mejor decir, de su teclado, salió el pasado 19 de febrero un poema, una suerte de Balada de la cárcel de Ponent, titulado Fuego en las calles, con falta de ortografía incluida.

            Unos versos incendiarios que han encontrado su mejor ilustración en las calles de la Ciudad Condal, en las cuales se ha visto arder un furgón policial con un guardia urbano dentro, que afortunadamente pudo escapar a tiempo de las llamas de un cóctel Molotov arrojado a los bajos del vehículo. La balada haseliana es una arenga y, a la vez, una justificación de la violencia desatada en las calles catalanas. El inflamado verbo de Rivadulla se duele de la falsedad de la democracia en que vive, queja lastimera que conecta con la fórmula del «derecho a decidir», a decidir la secesión de una parte del territorio nacional, los Países Catalanes, fantasía que humedece los sueños de los sectarios de Arran, la CUP o la propia Esquerra, formaciones adoradoras de la urna, siempre y cuando de ella se haga un uso privativo ajustado a sus particulares intereses.

            No cabe duda de que entre las condiciones de vida presidiaria de Wilde y de Hasél media un abismo tan grande como el que separa sus composiciones. Si en la obra del primero se relata el sereno camino de un hombre hacia el patíbulo y su posterior descanso eterno en un lecho de cal, en el de nuestro flamígero poeta, la composición no es más que una rapsodia de soflamas y lugares comunes escritos por quien se sabe tan protegido que, en un rapto de infantil rebeldía, se ha negado a colaborar en las labores de limpieza propias de una prisión. Si el compositor de La importancia de llamarse Ernesto hubo de buscar oxígeno fuera de su Inglaterra, el de Inhalando amor apenas puede aspirar a reeditar la esperpéntica huida, escondido en un maletero, de Puigdemont. Sea como fuere, en el pecado lírico lleva Rivadulla su penitencia. Si Wilde será siempre recordado por obras como El retrato de Dorian Grey, mucho nos tememos que de Hásel quedará poco más que una estridente pintada.


El bandolerismo español

 Libertad Digital, 25 de febrero de 2021:

https://www.clublibertaddigital.com/ideas/sala-lectura/2021-02-25/ivan-velez-el-bandolerismo-espanol-6713347/?_ga=2.148765687.1754358076.1630742868-798291235.1500231908

El bandolerismo español

            Para la generación a la que pertenezco, la melodía de Waldo de los Ríos con la que se abrían los capítulos de la serie Curro Jiménez es sólo comparable con la que daba inicio a El hombre y la Tierra. Recortadas sobre el horizonte, las siluetas de El Estudiante, El Algarrobo, El Gitano y El Fraile galopaban al lado de Sancho Gracia, actor encargado de encarnar al bandolero más televisivo. Acaso este recuerdo infantil sea el que me ha llevado a leer el reciente libro de Enrique Martínez Ruiz, El bandolerismo español (Catarata, 2020), obra en el cual se aborda un fenómeno popular del que tuve un primer conocimiento gracias a mi abuela Catalina, que me recitaba una coplilla de Diego Corrientes y su caballo, tratando, a menudo en vano, de darme de comer.

            La del bandolero es, junto a la de las majas, los gitanos y los toreros, una de las estampas más recurrentes de la imagen romántica de España. De hecho, en Ronda existe un Museo del Bandolero consagrado a aquellos hombres echados al monte, generosos con los pobres, mujeriegos y hábiles manejadores del trabuco y la navaja. Sin embargo, a pesar del arraigo de semejante imagen, la variedad de bandoleros que en España han sido excede al citado modelo, acuñado entre el final del siglo XVIII y la centuria posterior. Un modelo que contó con precedentes como el que aparece en El Quijote, cuando el Caballero de la Triste Figura trata de calmar a Sancho con estas palabras:

 

—No tienes de qué tener miedo, porque estos pies y piernas que tientas y no vees sin duda son de algunos forajidos y bandoleros que en estos árboles están ahorcados, que por aquí los suele ahorcar la justicia, cuando los coge, de veinte en veinte y de treinta en treinta; por donde me doy a entender  debo de estar cerca de Barcelona.

            La presencia de esos miembros colgados de los árboles preludia la aparición de Roque Guinart, bandolero que tuvo existencia real en un personaje homónimo que nos permite referirnos a un bandolerismo, el catalán, organizado en torno a la pugna entre los feudalistas nyerros, con Juan de Serrallonga a la cabeza, y los realistas cadells, representados por un Pedro de Santacilla, que acabó ahorcado y despedazado en la Plaza del Rey de Barcelona. Pese a la fuerza icónica de los bandoleros andaluces, Cataluña fue escenario de bandidos propios que nos conducen hasta los días de Isabel II, en los que por el Principado pululaban latrofacciosos y trabucaires. Nada tiene de particular tan secular presencia de este tipo de hombres en aquellas tierras, al cabo, la palabra «bandolero» tiene un origen catalán, pues procede del vocablo «bandol», del que deriva y al que «bandoler», término ya localizado en el siglo XV, que se castellanizó como «bandolero» y que  inicialmente no tuvo carga peyorativa, pues era sinónimo de banderizo o partidario.

            Para el rastreo del bandolerismo, Martínez Ruiz traza el retrato de una España devastada por las guerras, con deficientes caminos y diferentes proyectos, desarrollados por el poder político, para neutralizar a aquellos hombres que vivían al margen de la ley. Una serie de cuerpos que nos llevan a la Santa Hermandad o a la Justicia de las Montañas, y que desemboca en una imagen no menos conocida que la de los bandoleros: la de la pareja de la guardia civil, cuerpo creado en 1844. El bandolerismo español reconstruye la evolución paralela de un tipo de vida delictivo y los intentos de su erradicación, ofreciendo un tipo de Historia, trufada de datos sociológicos, demográficos y geográficos, de diferente escala a la ensayada por el autor en su reciente y monumental biografía sobre Felipe II.

            Martínez Ruiz distingue entre dos tipos fundamentales de bandoleros: los románticos, grupo al que pertenece Curro Jiménez, inspirado en un personaje real, el barquero de Cantillana, y los de retorno.

            Indudablemente son los románticos los bandoleros que más atención han suscitado. De hecho, muchos de sus nombres siguen siendo conocidos. Dentro de este colectivo militan, José María el Tempranillo, Juan Palomo o los Siete Niños de Écija. Algunos de ellos concentraron en sus vidas todos los tópicos del romanticismo español, tal fue el caso de José Mateo Balcázar, Tragabuches, perteneciente al clan citado, que fue cantaor, banderillero, matador de toros tras tomar la alternativa en Salamanca en 1802, contrabandista y marido de la bailaora María la Nena, a la que tiró por la ventana tras descubrir sus amoríos con un sacristán llamado el Listillo, al que ultimó de una puñalada.

            Martínez Ruiz rescata también la trayectoria de aquellos que, tras vivir en el monte, se reintegraron en las instituciones de las que tuvieron que huir. Así ocurrió con El Tempranillo, casado, tras asesinar al gitano con el que roneaba, con María Jerónima Francés. Muerta esta en un tiroteo, José María huyó con su cadáver atado a la espalda y su hijo en la faja. Salvado aquel trance, obtuvo el perdón de la justicia y se convirtió en jefe del Escuadrón Franco de Protección y Seguridad Pública de Andalucía para combatir a los bandoleros que le dieron muerte el 22 de septiembre de 1833 durante una emboscada organizada por un antiguo compañero de montaraces escaramuzas: el Barberillo.

            Frente a este bandolerismo llamado romántico, apareció el llamado bandolerismo de retorno, surgido en tiempos de posguerra, cuando algunos hombres que, o bien lo habían perdido todo o habían cometido graves delitos, hubieron de mantenerse lejos del alcance del bando vencedor, circunstancia que determinó incluso su uso como arma arrojadiza entre liberales y absolutistas. Con la situación política más aquietada, el bandolerismo derivó hacia formas organizativas más complejas, algunas de ellas vigentes, vinculadas al contrabando, el secuestro y otros delitos. Ello condujo a la cristalización de un entramado delictivo que incluyó numerosas especies tales como chivatos, hurones, martelos, bailaores, martingalos, comediantes, lagartos, predecesores de esos puntos, winstoneros, buscamanis y gorrillas que han trocado la jaca por la planeadora.


Plegarias podemíticoandalusíes

 Libertad Digital, 24 de febrero de 2021:

https://www.clublibertaddigital.com/ideas/2021-02-04/ivan-velez-plegarias-podemitico-andalusies-6705485/?_ga=2.144504053.1754358076.1630742868-798291235.1500231908

Plegarias podemíticoandalusíes

 

Mi madre está todo el día rezando.

Ella es cristiana, mora y judía.

Mi madre está todo el día rezando.

Ella se llama Andalucía.

            Con estos versos del grupo Califato 3/4, Isabel Franco, secretaria general de Podemos Andalucía y diputada de Podemos por Sevilla en el Congreso de los Diputados, se adornó durante una intervención transida del multiculturalismo que, a su juicio, caracterizó a Al Andalus –que de manera indocta identifica con la actual Andalucía- antes de la irrupción de la Monarquía Hispánica (sic), responsable, a su decir, de «una enorme invasión, genocidio y ocultación». De nada sirvió la sensiblera defensa de su compañero de partido, Pablo Echenique, que terció tuiteramente a su favor, aprovechando para insultar a Vox, pues las reacciones ante tal cúmulo de disparates no se hicieron esperar. Procede, pues, desmontar morosamente los argumentos, pretendidamente históricos, expuestos por Franco en sede parlamentaria.

            En este sentido, llama poderosamente la atención la apelación a una monarquía, la hispánica, que no existió en los idílicos tiempos que añora doña Isabel, nombre de la reina adjetivada papalmente como «católica». Sea como fuere, la arcadia multicultural ultimada por la, según nuestra diputada, Monarquía Católica, no fue quien rompió la armonía andalusí, pues aquel estado, que entendemos que coincide con el califato, ya se fracturó en taifas durante el siglo XI. Unas taifa que, sépalo o no Franco, a menudo buscaron el amparo de los cristianos para defenderse u ofender a sus compañeros de hasta cinco rezos diarios. En definitiva, su señoría permanece cautiva del mito de las tres culturas, razón por la cual excluye de sus reivindicaciones regionales a iberos –acaso entendidos como pueblo originario-, griegos y los imperialistas romanos. Columbramos, puesto que habla de una Andalucía cristiana, que este credo estaría ligado a los visigodos…

            Que Franco carece de una filosofía de la Historia solvente, capaz de despejar las ensoñaciones con las que se deleita, parece algo evidente. Su caso no es único, pues amplios sectores de la población española en general y de la andaluza en particular, asumen la idea de un pasado de convivencia entre las tres religiones que el fanatismo cristiano se encargó de destruir. Sin embargo, un mínimo acercamiento a las fuentes historiográficas refuta tan nubladas visiones. Nunca hubo tal convivencia entre musulmanes, judíos y cristianos en la idealizada Al-Andalus. A lo sumo hubo una cohabitación o coexistencia no exenta de constantes desigualdades y tensiones. En la tierra coranizada, en la cual la presencia de esclavos era habitual, los judíos y los cristianos constituían colectivos marginados por unas leyes que, además de exigir el pago de elevados impuestos, sufrían un evidente señalamiento y grandes limitaciones de derechos. El avance cristiano, tras cuyas fronteras también se producían graves desigualdades, no supuso, por lo tanto, el colapso de un paraíso lleno de plegarias. De hecho, el flujo de cristianos y judíos hacia el norte fue constante, especialmente a partir del siglo XI, cuando a la península llegaron los almorávides. El desplazamiento de este colectivo cristiano, que huía de los fanáticos musulmanes en pos de unas tierras menos hostiles, dio lugar al mundo mozárabe y al surgimiento de juderías.

            Hechas estas urgentes precisiones, no podemos cerrar este comentario sin referirnos a la, por decirlo suavemente, cuestión judía, asunto que ocupa habitualmente a Podemos, partido que en sus fundacionales días recibió financiación de la República Islámica de Irán, la misma que sigue constituyendo una amenaza nuclear para Israel. En efecto, Unidas Podemos, promueve la aprobación de unas mociones llamadas «BDS» consistentes en declarar a determinados municipios y ciudades «Espacios Libres de Apartheid Israelí», fórmula que recuerda poderosamente el Judenfrei nazi que, a efectos prácticos, supone la exclusión la actividad económica, cultural y social de esas poblaciones, no sólo de las empresas y ciudadanos israelíes, sino de los españoles vinculados a Israel. En particular, Andalucía concentra el 25% de estos casos que, de momento, la justicia, gracias a la acción de asociaciones como ACOM (Acción y Comunicación sobre Oriente Medio), se ha encargado de desactivar. En la Andalucía de Isabel Franco, los judíos podrán rezar todo lo que quieran, si bien lo harán en evidentes condiciones de marginalidad.

            Bien sabemos que estos argumentos son estériles ante una podemita recién comulgada de multiculturalismo, como en el franquista caso que nos ocupa. Sirvan estas líneas como preservativo para aquellos que todavía no han sido alcanzados por la matriarcal ensoñación andalusí.


Cruz del Llanito de las Descalzas: sección horizontal

 Libertad Digital, 28 de enero de 2021:

https://www.clublibertaddigital.com/ideas/tribuna/2021-01-28/ivan-velez-cruz-del-llanito-de-las-descalzas-seccion-horizontal-6703356/?_ga=2.258342090.1754358076.1630742868-798291235.1500231908

Cruz del Llanito de las Descalzas: sección horizontal

            El pasado 19 de enero, el disco de una radial, manejada por manos expertas, se abrió paso en el hormigón que, en forma de cruz, se mantenía en pie al lado de la puerta del Monasterio de San José y de San Roque de Aguilar de la Frontera. Pronto, la limpia sección horizontal se convirtió en tosca horadación gracias a un martillo compresor. Una grúa de la que pendía una cinta, garantizó la seguridad de los operarios, pero también la de la propia cruz, impidiendo que esta se hiciera añicos contra el suelo. Tumbada sobre la caja de un camión, el considerado escombro cruciforme terminó tirado en una escombrera de Moriles. La operación fue realizada gracias a la decisión de la alcaldesa del municipio, doña Carmen Flores Jiménez, perteneciente a Izquierda Unida Los Verdes-Convocatoria por Andalucía, que, sin hallar amparo en la Ley de Memoria Histórica, decidió la eliminación de la cruz para evitar las humedades que el arriate sobre el que se eleva produce en el templo. Argumento que reforzó esgrimiendo su escaso valor artístico. La retirada de determinadas cruces no es algo insólito. De hecho es una práctica que cuenta con sonoros y nocturnos precedentes como el de Callosa de Segura. El caso aguilarense acusa, no obstante, ciertas peculiaridades que nos obligan a retroceder más de ocho décadas.

            Morosamente, la secuencia de los hechos es la que sigue. El 24 de julio de 1936 el pueblo fue bombardeado por la aviación del bando sublevado, tratando así de bloquear el avance del bando antagonista –a menos de una semana del 18 de julio,  la distinción nacional/republicano es del todo imprecisa-. El saldo de víctimas de aquel ataque ascendió a cuatro fallecidos. A este bombardeo le sucedió otro, de signo contrario, ocurrido el 25 de octubre de 1938, que dejó 42 víctimas entre muertos y heridos, además de devastadores daños materiales. Como en tantos otros enclaves, en memoria de estos últimos, con la prosodia propia de aquellos tiempos, en 1939 se erigió la cruz que recientemente se ha eliminado.

            Ya en tiempos de la actual democracia coronada, la placa que acompañaba a la cruz comenzó a ser cuestionada hasta el punto de que la comisión municipal permanente decidió por unanimidad retirar la lápida de la Cruz de los Caídos en la Cruzada de Liberación Nacional –citamos literalmente- «por considerar que estaba desfasada en el tiempo». José María Navarro León, concejal del partido socialista del ayuntamiento de Aguilar de la Frontera, llegó a sugerir una alternativa. Considerando que «el recuerdo de todos los que murieron en La Guerra Civil Española debe perdurar ya que en aquella contienda cada uno defendía los ideales de que estaba poseído», propuso la sustitución de la lápida por otra «con una inscripción que aluda a todos los caídos que murieron en la pasada Guerra Civil Española. La aludida podía ser la siguiente: En Memoria de los caídos en la Guerra Civil Española 1936-1939». Corría el año 1981. Eliminada la alusión al bando vencedor, alrededor del símbolo cristiano se han celebrado homenajes en recuerdo de los caídos del otro bando, que perdió la guerra, mas no, al menos en su totalidad, la fe. De hecho, la cruz, pintada de amarillo, formaba parte del paisaje del municipio, sin que nada delatara el motivo de su construcción.

            Como es sabido, a principios del presente siglo, José Luis Rodríguez Zapatero –recordemos su «nos conviene que haya tensión», confesado a Gabilondo- impulsó una polarización guerracivilista de la sociedad española que le procuró importantes réditos electorales y que, posteriormente, dio paso a una ley, antesala de la de Memoria Democrática con la que se pretende mantener el efecto de la referida a la Memoria Histórica. Pese al pretexto de las filtraciones y eflorescencias que pueda producir la tierra sobre la que se asentaba la cruz, las manifestaciones hechas por la alcaldesa -«esa Cruz no tiene ninguna connotación religiosa»-, muestran hasta qué punto el verdadero motivo de su retirada es ideológico.

            El tiempo dirá si la decisión tomada pasa factura al actual consistorio y si, en función del efecto logrado, cunde o no el ejemplo en otros municipios en los cuales una cruz puede valer una alcaldía. Más allá de estos efectos prácticos y de las ofensas que tales actos pueden suponer, ofensas que, en todo caso, siempre se dirigen contra cristianos pues las dirigidas a la secta mahomética se pagan caras, el actual iconoclasmo guerracivilista es, desde el punto de vista historiográfico, un grave error, dado que la erradicación de estos monumentos supone una importante merma a la hora de elaborar una historia fenomenológica que requiere de relatos, pero también de reliquias que puedan explicar que hace más de ochenta años, en efecto, hubo quien murió aferrado a un credo y a una concreta manera de entender España.


Tres centenarios mexicanos

 Libertad Digital, 15 de enero de 2021:

https://www.clublibertaddigital.com/ideas/tribuna/2021-01-15/ivan-velez-tres-centenarios-mexicanos-6697329/?_ga=2.253771720.1754358076.1630742868-798291235.1500231908

Tres centenarios mexicanos

            El pasado 7 de enero, la cuenta de Twitter del Gobierno de México -@GobiernoMX-, lanzó el siguiente trino:

En 2021 conmemoramos 700 años de la fundación de México, 500 años de la invasión europea y 200 años de nuestra Independencia.

La imagen oficial estará dedicada a Quetzalcóatl, cuya figura representa la grandeza y la herencia cultural de los pueblos indígenas.

 

            Tan conmemorativo año pretende, por emplear la fórmula zweigiana, aunar tres momentos estelares acaecidos en el territorio sobre el que hoy se asientan los Estados Unidos Mexicanos. La primera fecha nos llevaría al tiempo en el cual el Quinto Sol, Huitzilopochtli, transformado en águila, se posó sobre un nopal alzado en un islote alrededor del cual se levantó la ciudad de Tenochtitlan. Hijo de Coatlicue, la diosa de la falda de serpientes, y hermano de la diosa luna, Coyolxauhqui, a quien, según la leyenda, derrotó y desmembró, arrojándola desde una montaña, Huitzilopochtli, dios tutelar de los mexicas, también era llamado «El Colibrí Azul». A él y a otros dioses del panteón zoomorfo al que pertenecía, se ofrecía sangre humana y sacrificios con los cuales se trataba de evitar un fin catastrófico.

            Los 500 años señalan la fecha de la «invasión europea». De los tres centenarios este es, a nuestro juicio, el que amerita un comentario más elaborado. Permite, incluso, señalar una fecha concreta: la coincidente con el día de san Hipólito de 1521, jornada en la cual la ciudad de Tenochtitlan cayó, después de que un europeo nacido en Cáceres, el capitán García de Holguín, prendiera a Cuauhtémoc cuando este, a bordo de una canoa, trataba de romper el cerco de las tropas de Hernán Cortés. Según cuentan las crónicas, llevado ante el de Medellín, el último tlatoani puso su mano en el puñal que Cortés llevaba en su cintura y pidió que le matase, acaso para morir sacrificado. El Imperio mexica quedaba de este modo sujeto a la obediencia de Carlos I de España, que a su vez era la cabeza del Sacro Imperio Romano Germánico, circunstancia esta, unida a la presencia entre los hombres de Cortés de soldados no nacidos en España, que justificaría el uso de la expresión «invasión europea», fórmula que suavizaría el habitual encono de las autoridades mexicanas para con el español Hernán Cortés, encarnación de todos los males para los intoxicados por la leyenda negra, pero que también permitiría eludir la, por distintos motivos polémica, palabra «España». Cabe, también, interponer otra objeción a la particular formulación de este V centenario: la pretendida atribución europea de aquella «invasión», pues por todos es sabido que en el asedio que finalizó aquel 13 de agosto participaron decisivamente, con el aporte de guerreros pero también con el decisivo apoyo logístico, de naciones étnicas, singularmente la tlaxcalteca, enemigas de esos mexicas que, por metonimia, han dado nombre al actual México que, según esta mítica versión oficial, se fundó hace siete centurias.

            Por último, la independencia mexicana nos lleva a 1821, año en el cual culmina un proceso cuyo origen suele establecerse en el 16 de septiembre de 1810, cuando el cura  de Dolores, Miguel Hidalgo y Costilla, hizo sonar la campana de la iglesia y, seguido por una turba de indígenas y artesanos lanzó el grito, «¡Viva Nuestra Señora de Guadalupe!¡Viva Fernando VII!¡Mueran los gachupines!», en el cual, por cierto, no aparece la palabra «México». Un grito que le procuró la excomunión, motivada, en palabras del obispo Manuel Abad y Queipo, por ser el cabecilla de un grupo de «perturbadores del orden público, seductores del pueblo, sacrílegos y perjuros». 1821 conduce al Plan de Iguala, que propugnaba un México independiente bajo un monarca de la casa Borbón, circunstancia que nunca se dio. Sobre los cimientos virreinales se levantó el primer México, que pronto perdió una enorme parte de su territorio ante el empuje, de resabios masónicos y providencialistas, del vecino del norte. Aludimos a tales estructuras imperiales hispanas porque sostenemos que lo que cristaliza  a partir de la última fecha celebrada no es, ni mucho menos, una restauración del mundo de Moctezuma, sino una transformación de la sociedad virreinal que se estableció tras la conquista española de un territorio ocupado, en efecto, por pueblos indígenas que no coexistían de manera armónica. No fueron mexicas sino novohispanos criollos quienes, apoyados en las instituciones hispanas, tanto civiles como religiosas, operaron el gran cambio que condujo a la actual nación que ha decidido ilustrar tres centenarios con la figura de un dios, Quetzalcóatl, que, legendariamente, remite a Hernán Cortés y a los pálidos barbudos que un día llegaron desde Oriente para traer la cruz y la espada, pero también la pluma con la que comenzó a expandirse el idioma español, hablado hoy por los casi 130 millones de mexicanos sobre los que gobierna un hombre apellidado López Obrador.


Marranos en La Florida

 Libertad Digital, 7 de enero de 2021:

https://www.clublibertaddigital.com/ideas/historia-espana/2021-01-07/ivan-velez-marranos-en-la-florida-6695335/?_ga=2.149745782.1754358076.1630742868-798291235.1500231908

Marranos en La Florida

Marranos españoles, los castigaremos colgándolos de las entenas de sus naos e de las nuestras, para que no nos vengan otra vez a buscar a esta nuestra tierra.

            Estas fueron las palabras con las que Jean Ribault, Juan Ribao en las crónicas españolas, brindó por la cabeza de Pedro Menéndez de Avilés. En 1562, el francés llegó con su flota a Santa Elena. Tres años después, Menéndez de Avilés, Adelantado de La Florida, partió de Cádiz al mando de una escuadra con rumbo a la península en la que la pugna hispano-francesa lo era también entre religiones, pues Ribault y sus hombres eran hugonotes, es decir, calvinistas, o lo que es lo mismo, herejes cuya destrucción arrastró a muchos asturianos y vizcaínos a embarcarse, siendo innecesaria la incorporación de los 500 esclavos negros que se tenían por imprescindibles antes de levar anclas.

            El 28 de agosto de 1565, la armada avistó la costa de Florida, ante la que se declamó, con las rodillas hincadas sobre las cubiertas de las naves, un Te Deum laudamus. Días más tarde, el 8 de septiembre, el Adelantado tomó posesión de la tierra y dio de comer a los indios que allí halló. Por ellos conoció la localización del enclave francés, si bien, nada pudo averiguar acerca de su hijo Juan, que años atrás había desaparecido en el canal de Bahamas. La Península, en la que Juan Ponce de León trató de hallar la Fuente de la Eterna Juventud, capaz de «tornar mancebos a los hombres viejos», había sido objeto de una expedición encabezada por el llamado Alférez de la Fe, el lascasiano fray Luis Cáncer O. P., que pretendía dar continuidad a la evangelización de Guatemala, en la que participó. Obtenido el permiso para fundar misiones, murió a manos de indios cerca de Tampa.

            Por su parte, los franceses merodeaban desde hacía años. En 1543, Jacques Cartier desembarcó en el estuario del río San Lorenzo. A él le sucedió el almirante Gaspar de Coligny, que se estableció con un puñado de hugonotes. En 1564, su compañero de fe, René de Laudonnière -Ludunice para los españoles- fundó Fort Caroline en honor a Carlos IX de Francia. Fue tras la toma de ese enclave cuando Ribault fue consciente de su debilidad. Tratando de salvar la vida, ofreció a sus católicos captores una alta suma de dinero e incluso entregó un estandarte y un sello real. Sin embargo, se mantuvo firme en su religión antes de entonar el Domine memento mei que preludió, en atención a su calidad, su decapitación.

            El origen del término «marrano», e incluso su sentido, constituye una cuestión disputada. En 1380 ya se usó en las Cortes de Soria, en las cuales se acordó que «cualquier que llamare marrano o tornadizo u otras palabras injuriosas a los que se tornaren a la fe católica, que le peche trescientos maravedís cada vez que lo llamare». El despectivo término fue profusamente empleado en Italia. En diversos escritos italianos, los autores se refieren a los españoles como «marranos», identificándolos con los judíos. Así ocurrió incluso con el papa Alejandro VI, nacido en Játiva, que protegió a los judíos expulsados de España. El cardenal Giuliano della Rovere, más tarde Julio II, le llamó «marrano circunciso», acusación que se sumó a la de simonía. Por su parte, Tomás Campanella llegó a afirmar que los españoles, fruto de los siglos de contacto con moros y judíos, tenían rasgos orientalizantes. Estos y otros datos llevaron al historiador sueco Sverker Arnoldsson a localizar en Italia el germen de la leyenda negra, tesis que desarrolló en su obra póstuma: La leyenda negra, estudios sobre sus orígenes (Gotemburgo, 1960). Italia, en suma, acuñó un patrón negrolegendario de perfiles racistas y religiosos que se completó con los materiales americanos proveídos por españoles como el  padre Las Casas.

            Barridos los franceses de La Florida en 1565, los ingleses se asentaron más al norte, lejos del alcance unos españoles que mantenían vigentes las palabras pronunciadas por Francisco I de Francia cuando, en el contexto de la expedición de las bulas alejandrinas –marranas a los ojos de quienes codiciaban la tiara papal- dijo: «El sol luce para mí como para otros. Querría ver la cláusula del testamento de Adán que me excluye del reparto del mundo y le deja todo a castellanos y portugueses». Siglos después, el sol, que no se ponía en el Imperio español, comenzó a nublarse en el norte del Nuevo Mundo para dar paso al providencialista Destino Manifiesto enunciado en 1845 por John L. Sullivan. Si España, Patronato de Indias mediante, llevó el catolicismo al continente americano, el contragolpe contra los herederos de aquellos llamados marranos, prosigue al sur de la mayoritariamente protestante Florida, y con él, al igual que en el caso hispano, intereses puramente terrenales.


Una calavérica verdad

Libertad Digital, 17 de diciembre de 2020:

https://www.clublibertaddigital.com/ideas/historia-espana/2020-12-17/ivan-velez-una-calaverica-verdad-6690963/?_ga=2.214824279.1754358076.1630742868-798291235.1500231908

Una calavérica verdad

            El llamado Códice del Aperreamiento es un documento pintado alrededor de 1560 en el que se muestran hechos acaecidos en 1523. El dibujo, a color y acompañado de glosas en náhuatl, tiene como escena central a un español que sujeta con una cadena a un perro que ha hecho presa en el cuello de un indígena. En la parte superior, Hernán Cortés hace la señal de una «V» invertida con sus dedos, gesto que sugiere la convocatoria de una reunión. A su lado, doña Marina sostiene un rosario mientras el animal ejecuta la sentencia emitida frente a un posible caso de rebelión, pues uno de los encadenados tiene en sus manos una espada. En la parte inferior del dibujo aparece Andrés de Tapia, apoyado en una espada y hablando a dos indios. La presencia de un coyote parece indicar que el sangriento castigo se produjo en Coyoacán.

            Andrés de Tapia fue uno de los hombres de confianza de Cortés. Su voto contribuyó a elegir al de Medellín como capitán y justicia mayor en Veracruz. Su inquebrantable lealtad para con el conquistador le procuró la gran encomienda de Cholula, dotada de 10.000 tributarios, si bien, poco después, Cortés se la retiró y la sustituyó por otras encomiendas de menor renta, lo que no impidió que viviera de manera holgada. En 1528 regresó a España, acompañando a Hernán Cortés, para volver a la Nueva España al año siguiente. Un lustro más tarde se convirtió en mayordomo personal del conquistador, del cual narró sus hazañas en su Relación de algunas cosas de las que acaecieron al muy ilustre señor don Hernando Cortés, marqués del Valle, desde que se determinó a ir a descubrir en la Tierra Firme del Mar Océano. Tapia también acompañó al Marqués del Valle cuando fue a explorar California y cruzó de nuevo el Océano con él en 1540, participando en la infeliz jornada de Argel en 1541. Años después, retornó a la Nueva España, en la que murió de su muerte en 1561.

            Casi medio siglo después de que aquel perro de guerra ejecutara al presunto rebelde, se ha conocido un nuevo hallazgo arqueológico hecho público por el Instituto Nacional de Antropología e Historia que nos remite a la obra de don Andrés. Según se ha sabido, en el subsuelo de la calle Guatemala se han encontrado 119 cráneos humanos, algunos de ellos deformados en vida, de jóvenes guerreros, pero también de mujeres y de niños, que vienen a sumarse a los 484 hallados hace un lustro. De tan fragmentaria manera se está reconstruyendo el gran tzompantli -estandarte de cabellos en lengua náhuatl-, que vio con sus propios ojos Andrés de Tapia en la gran Tenochtitlan de Moctezuma. Esta fue su descripción de aquella estructura de cráneos y argamasa erigida en honor a Huitzilopochtli, dios tutelar de los mexicas, que exigía su tributo de sangre:

Estaban frontero de esta torre sesenta o setenta vigas muy altas hincadas desviadas de la torre cuanto un tiro de ballesta, puestas sobre un treatro (sic) grande, hecho de cal e piedra, e por las gradas dél muchas cabezas de muertos pegadas con cal, e los dientes hacia fuera. Estaba de un cabo e de otro destas vigas dos torres hechas de cal e de cabezas de muertos, sin otra alguna piedra, e los dientes hacia fuera, en lo que se pudie parecer, e las vigas apartadas una de otra poco menos que una vara de medir, e desde lo alto dellos fasta abajo puestos palos cuan espesos cabien, e en cada palo cinco cabezas de muerto ensartadas por las sienes en el dicho polo: e quien esto escribe, y un Gonzalo de Umbría, contaron los polos que habie, e multiplicando a cinco cabezas cada palo de los que entre viga y viga estaban, como dicho he, hallamos haber ciento treinta y seis mill cabezas, sin las de las torres.

Lejos está el macabro registro arqueológico de sumar tantas calaveras como contaron aquellos barbudos y espantados visitantes, si bien, como en tantas otras ocasiones, los hallazgos vienen a avalar la credibilidad de aquellos relatos. Desposeídos de sus parietales, los cráneos encontrados vuelven a poner de relieve hasta qué punto la relación entre reliquias y relatos, la convergencia entre huesos y crónicas, demuestra hasta qué punto los españoles, al margen de intereses personales y de factores providencialistas que jugaron un importante papel en la conquista, dijeron la verdad.