miércoles, 11 de febrero de 2026

¿Por qué nos odian tanto?

La Gaceta de la Iberosfera, 26 de mayo de 2025.

https://gaceta.es/opinion/por-que-nos-odian-tanto-20250526-0002/ 

¿Por qué nos odian tanto?

La semana pasada, Francisco Javier Patxi López, secretario de Política Federal del PSOE y portavoz del Grupo Socialista en el Congreso de los Diputados, se hacía esta pregunta ante el conjunto de periodistas afines que dan cobertura a las ruedas de prensa de los representantes de la empresa radicada en Ferraz. «¿Por qué nos odian tanto?», decía sin aclarar quién es el sujeto odiador, mientras señalaba, sin mentarlo, a un enemigo imaginario: «la ultraderecha». Haciendo gala de un tono victimista, López, que en su día presidió la Comunidad Autónoma Vasca gracias al apoyo del PP y de UPyD, se dolía de que su partido se hubiera convertido en «el enemigo a batir por cualquier medio y de cualquier manera». La respuesta a tan teatrales interrogantes es, sin embargo, bastante sencilla.

Por lo que respecta a su figura, a la del propio López, basta recordar las palabras que le dirigió en su día la madre del socialista Joseba Pagazaurtundúa, víctima e ETA: «Quien pacta con traidores es un traidor». Quienes ignoren el motivo de esas declaraciones, pues el mismo PSOE que ofrece en sus medios la dosis diaria de antifranquismo post mortem, despliega un manto de olvido sobre la banda terrorista ETA, han de saber que esas palabras se hicieron en el contexto de las negociaciones que Zapatero mantenía con los del hacha y la serpiente. Hoy, los objetivos etarras se canalizan a través del socio más fiable del Gobierno de Sánchez: EHBildu, cuya portavoz Maite Aizpurúa, fue condenada por apología del terrorismo.

El PSOE es también quien ha impulsado los indultos a los golpistas catalanes. Es el partido que, en presencia de un relator internacional, se sienta en el corazón de Europa para negociar, es decir, asumir las exigencias de Puigdemont, del que Sánchez dijo que traería a España para ser juzgado y al que ahora se trata, por todos los medios, de aplicarle una amnistía confeccionada a medida, que le permita regresar a Cataluña para seguir dañando a España. Si los escándalos que rodean al Presidente hieden, el trato dado al golpismo catalán supone el más alto grado de corrupción política imaginable, pues reactiva el proceso secesionista que ataca lo común: la nación.

Por seguir con esta morosa relación de los motivos por los cuales López derrama lágrimas de cocodrilo, podríamos aludir a las prometidas y nunca construidas 140.000 viviendas, o, aunque el Gobierno ha tratado de desviar toda la responsabilidad hacia Unidas Podemos, los efectos de la aprobación de la Ley del sólo sí es sí, que tanto ha beneficiado a delincuentes sexuales, y que se aprobó con el feminista Sánchez a la cabeza del Ejecutivo. «¿Por qué nos odian tanto?», se pregunta cínicamente López, portavoz de un Gobierno que en 2023 anunció la construcción de un «muro de democracia, de convivencia y de tolerancia», es decir, de sectarismo, frente al seguidista y dócil PP y a VOX, al que sus innumerables propagandistas demonizan. Sánchez transita por la senda abierta por el rehabilitado Zapatero, aquel que decía que le convenía un poco de tensión. El mismo que propició una fractura de la sociedad española que Sánchez mantiene, aupado sobre un majano de mentiras y compra de voluntades.

 

Los nueve apóstoles europeos

La Gaceta de la Iberosfera, 19 de mayo de 2025.

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Los nueve apóstoles europeos

En 1523, reclamados por Hernán Cortés, que los recibió arrodillado, llegaron a la Nueva España doce franciscanos que revivieron el apodo de los Doce Apóstoles. El gesto del conquistador ante tan pobres visitantes, produjo un enorme impacto entre los indígenas, que contemplaron atónitos la escena. Se abría, de este modo, un proceso evangelizador imparable. Cinco siglos después, otra misión se dirige a la vieja España: la constituida por una delegación de Bruselas que pretende que nuestra nación se ajuste a la ley electoral europea, aprobada en 2018, que establece, para los países que poseen más de 35 europarlamentarios, un umbral comprendido entre el 2 y el 5% de votos para obtener representación en tan distinguido hemiciclo.

Si para Cortés, el catolicismo era la fe verdadera, para los socialdemócratas españoles y para sus socios secesionistas, Europa supone una suerte de cielo político. Un objetivo irrenunciable. Sin embargo, al contrario que en el caso del metelinense, el actual Presidente del Gobierno, El 1, está poniendo todo tipo de trabas a asumir este aspecto de la doctrina europea. La razón es sencilla: de implantarse esa condición, los grupos ultras a los que debe su poder se quedarían fuera del Parlamento Europeo. De hecho, de haberse implantado la norma, incluso en su límite más alto, ERC, Junts, EHBildu, Sumar y Podemos, no habrían accedido a dicho parlamento y a los jugosos viáticos que ello conlleva. Ante esta anomalía, reformulación del España es diferente, la misión de la Comisión de Asuntos Constitucionales del Parlamento Europeo, compuesta no por doce, sino por nueve europarlamentarios, llega hoy a España para conocer las razones del incumplimiento. 

Ante tan incómoda visita, Bolaños le ha pasado la pelota a Grande-Marlaska, y este la ha despejado hasta los terrenos de Carmen López García, directora de Política Interior, que será la encargada de ejercitar el arte de birlibirloque ante los misioneros, para tratar de mantener el actual equilibrio, consistente en la coordinación de secesionismos y rapiñas, llevada a cabo por la empresa radicada en Ferraz. A diferencia de lo que ocurre en muchos casos, en los que la invocación a Europa, a menudo acompañada por ojos que parecen mirar a un Altísimo político, sirve para justificar cualquier cosa, en esta ocasión, de lo que se trata es de desparramar la vista, de desviarla hacia excusas que blinden la actual situación. En esta ocasión, lo que menos desea el PSOE es converger con Europa pues, de hacerlo, se esfumaría gran parte de su poder. 

Tras recibir el más que predecible capotazo de la López, pues no en vano, nos hallamos en plena Feria de San Isidro, los misioneros visitarán diversas instituciones —las Cortes, el Tribunal Supremo, entre otras—, para indagar acerca de la excepción española, pues España es el único país que incumple una reforma de ley electoral que, y esto lo decimos nosotros, debiera acometerse en clave interna para evitar que organizaciones faccionas mantengan sus políticas extractivas y marginadoras que, con tan buenos ojos, contempla el partidismo, siempre dispuesto a complacer a los secesionistas que nos hemos dado.

 

Aragón contra Felipe V

La Gaceta de la Iberosfera,12 de mayo de 2025.

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Aragón contra Felipe V

En esta España nuestra que baila cuando se produce un apagón general, en esta en la que millones de compatriotas permanecen impertérritos ante las continuas cesiones de Sánchez al secesionismo, pues, al menos, no gobierna la derecha, en esta misma nación, de naciones, dicen algunos, a despecho de la teoría de conjuntos, en la que, por un lado te acortan la jornada laboral y por otro te alargan la edad de jubilación, no hay día sin su medida disgregadora.

La pasada semana, hemos sabido que los grupos parlamentarios de la Chunta Aragonesista y el Partido Aragonés, han registrado en las Cortes de Aragón una proposición de ley de derogación de los Decretos de Nueva Planta impuestos por Felipe V tras su victoria sobre el Archiduque Carlos de Austria, en la Guerra de Sucesión. Con esta propuesta, las dos marcas aragonesas pretenden recuperar los derechos históricos de Aragón. La consecuencia más tangible para los avecindados en las tres provincias, sería la posibilidad de disponer de una Hacienda Foral propia. O lo que es lo mismo, el partido de ¡A la mierda! Labordeta y el de la derecha menguante, buscan lo mismo que los secesionistas catalanes: la llave de la caja.

Unidos ante el régimen común, entendido como no común, como ajeno a las esencias del terruño, derechistas e izquierdistas aragoneses representan la reacción, pues buscan el regreso de parte del Antiguo Régimen. La iniciativa, sin embargo, carece de originalidad, pues la invocación de los «derechos históricos» es un mantra habitual en los más adelantados de la clase en eso de exprimir al común de los españoles: las facciones vasquistas y catalanistas, tanto las «progresistas» como las «conservadoras». Engolfados en una visión parcial e interesada de la Historia, pues de los derechos de la nobleza y del clero nada quieren saber, estos expertos en recoger nueces y en establecer conciertos, son el espejo en el que se miran ahora el par de marcas mañas, pero también la Diputación de Valencia, en la que se ha aprobado una moción similar con los votos de todos los partidos, excepto VOX. Envalentonado ante su éxito, el presidente de la Asociación de Juristas Valencianos, ha asistido, acaso como observador internacional, a la presentación de la proposición de ley en las cortes aragonesas.

Ignoro hasta qué punto la iniciativa de PAR y Chunta Aragonesista pueda tener recorrido. Su sola presentación es elocuente del grado de corrupción al que ha llegado un Estado autonómico del que no creo que nadie se siga creyendo su propaganda justificativa: el acercamiento de la administración al ciudadano. Como es sabido por todo el que quiera saber, el Estado autonómico español se diseñó con un propósito divisor de la Nación española. Como una herramienta útil para las oligarquías locales y para su red clientelar, ideólogos incluidos. El efecto de Estado autonómico español es evidente: el debilitamiento de la Nación española y la división entre compatriotas. Su principal gestor tiene su sede en Ferraz; su muleta, en Génova. Su horizonte final: una confederación tan europeísta como rústica.

 

Desobedecer

La Gaceta de la Iberosfera, 5 de mayo de 2025.

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Desobedecer

Para sorpresa de nadie, el PSC ha pactado con ERC sortear las sentencias judiciales a favor de los derechos de los hispanoparlantes de Cataluña. Sin asomo de rubor, Esther Niubó, consejera de Educación de la Generalidad que preside Salvador Illa, ha anunciado su intención de mantener, usando las añagazas que sean necesarias, la inmersión lingüística obligatoria en Cataluña, en el caso de que el Tribunal Constitucional falle contra ese modelo de discriminación único en el mundo. La postura de la consejera tiene, sin emgargo, una lógica aplastante, si tenemos en cuenta que el acuerdo de investidura prestó especial atención al mantenimiento de un modelo que sus impulsores, ahítos de autoestima, califican como «de éxito». Un éxito apuntalado por una constante coacción y por el apoyo de políticos, periodistas, sindicalistas, comisarios, chivatos y otros colaboradores de un régimen que se dice defensor de la lengua catalana, pero que oculta la marginación de la española. 

El régimen se enfrenta ahora a lo que califica como un auténtico drama: el que supondría la aplicación de un exiguo 25% de horas lectivas en español. La declaración de intenciones de la Niubó viene, sin embargo, precedida de un andamiaje legislativo puesto en pie hace tres años, cuando el PSC ya se sumó a ERC, Junts y los Comunes, para evitar la ejecución de la sentencia del 25%. Ahora, todo depende de la polvorienta toga de Conde Pumpido.

Sin pronunciar la palabra maldita, «desobediencia», asesores y publicistas acuden al prontuario de eufemismos y de fórmulas elusivas, alertando del riesgo que supondrían un puñado de horitas en español. Razones tienen para ello, pues en torno a la lengua catalana ha cristalizado un enorme negocio que gana terrenos inesperados. La inmersión ofrece un remanente de profesionales que, eliminada la competencia interna, buscan nuevas salidas. Muchas de ellas, propiciadas por apóstoles del plurilingüismo, que callan como supuestas meretrices invitadas por un ministro socialista a un parador, cuando se les mienta el monolingüismo obligatorio que se impone en Cataluña. Calla también el Gobierno central, que repite las fórmulas de los secesionistas de los que depende su mantenimiento en el poder, desde el que gestiona, cogobernanza mediante, el desmantelamiento nacional, al tiempo que coordina el surgimiento de nuevas naciones no precisamente plurilingües. El catalán, en suma, es un modelo para otros negocios lingüísticos. 

La propagada gubernamental, es decir, la de La Moncloa y la de los secesionistas que manejan la región, dicta que se ha restablecido la convivencia en Cataluña. Y probablemente, así sea, pues elección a elección, las fuerzas catalanistas más o menos radicales en las formas, idénticas en el fondo hispanófobo, siguen recibiendo apoyos. En el mantenimiento de esa situación ocupa un lugar central la escuela catalana, en la que se adoctrina a los alumnos, ofreciéndoles una machacona propaganda, siempre en catalán, distribuida por vías más o menos sutiles. Una tupida red de medios de comunicación, capaces de apretar sus filas cuando convenga —recuerde el lector el editorial conjunto de todos ellos cuando vieron peligrar sus viáticos—, remata la faena en un sector de edad más alto, al que se ofrecen tradiciones cuasi telúricas.

Ejecutar la sentencia del mísero 25% pondría en jaque algo más que el entramado del que tantos dependen, y ante el que se postran muchos de los que viven dominados por sus complejos. La ejecución podría ejecutar la presidencia de Illa, pero también, por un efecto dominó, la del propio Sánchez, dependiente de un fugado de la justicia, que exigirá más lamparones en la toga más importante de la democracia que nos hemos dado.

 

Las cuentas de los ultras

La Gaceta de la Iberosfera, 28 de abril de 2025.

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Las cuentas de los ultras

El jueves pasado se cumplió un año de ese hito del género epistolar salido de la pluma de quien manifestó ser «un hombre profundamente enamorado de mi mujer que vive con impotencia el fango que sobre ella esparcen día sí y día también». Cinco días después de su carta a la ciudadanía, Sánchez visitó a Felipe VI para comunicarle… que se quedaba, claro. Muchos de los que de él dependen, respiraron aliviados. La España sanchista es así, se inquieta por las cuitas personales del doctor, que también tranquilizó a los suyos —«estoy bien»— después de ese paseíllo, el único, que se dio por Paiporta. Nada hay que reprochar a Sánchez, que ya enseñó parte de su voluminoso ego cuando afirmó que pasaría a la historia por haber exhumado al dictador de su tumba en el Valle de los Caídos. El reproche, en todo caso, debe dirigirse a sus palmeros, los mismos que ahora asumen, beatíficamente, la subida en el gasto militar hasta lo exigido por el emperador Trump. Todo vale con tal de llegar a 2027 pues, por el camino, pueden pasar muchas cosas.

Con un aparato mediático tan bien engrasado, Sánchez, que ahora ofrece una nueva dosis de circo llamada La familia de la tele, que tiene algo de regio, pues cuenta con una princesa, la del pueblo, es capaz de resignificar la compra de material bélico bajo la fórmula «adquisición de instrumentos de defensa». Eufemismos aparte, la medida choca frontalmente, aunque eso a quién le importa, con sus manifestaciones pretéritas. El mismo Sánchez que dijo que prescindiría del Ministerio de la Guerra, el de Defensa, mueve partidas presupuestarias para comprar armas, sin exponerse a debate alguno en el Congreso. La medida ha sido respondida con un mohín de la papista Yolanda Díaz. Por cierto, si el término «ultra», está conectado históricamente con el de «ultramontano», es decir, con el de los fieles a Roma: ¿cabe calificar de «ultras» a los franciscanistas españoles?

El veto a la compra de armas a Israel ha servido para dar un efímero balón de oxígeno a la gallega y a Izquierda Unida. Incluso para que algunos recuperen el «¡OTAN no! ¡Bases fuera!». Los mismos que, sin plantear una alternativa realista, beben los vientos por la autodeterminación de los pueblos, es decir, por el divide y vencerás tan útil a los imperios. La minicrisis ha beneficiado también a Podemos, cuyas cabezas visibles, la otra anda a vueltas con la ampliación de la Taberna Garibaldi que han de pagar quienes le siguen en su lucha contra el fascismo, han sido las más beligerantes contra la escalada armamentística de Sánchez. Bien saben Montero y Belarra que la izquierda española es la campeona del pacifismo, por lo que, acaso un nuevo «¡No a la guerra!», podría suponer un revulsivo, una ocasión para mantener esos escaños inaccesibles ya para los compañeros, compañeras y compañeres de base.

Así las cosas, la izquierda española, o estatal, si se prefiere, parece dispuesta a un reparto de papeles que pudiera dar los números en unas futuras elecciones. El PSOE adoptaría el papel institucional, grave, ese que requiere de responsabilidad, es decir, de elevación del gasto militar. Una inyección de propaganda convencerá a su electorado, nunca inferior a los 100 escaños. A Sumar le quedará la lucha por la reducción de jornada laboral, ligada al fortalecimiento de las redes clientelares o asistenciales. En el extremo, completado por los secesionistas, el anticlerical Podemos, guardián de las esencias franciscanas, las del finado Bergoglio.

 

 

lunes, 9 de febrero de 2026

La lengua de la libertad

La Gaceta de la Iberosfera, 21 de abril de 2025.

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La lengua de la libertad

Cataluña, con casi 60.000 delegados, lidera la clasificación de las comunidades autónomas españolas en materia sindical. Una región en la cual, los jóvenes de entre 14 y 24 años usan el español como lengua prioritaria en su ocio. La conexión entre ambos datos podemos establecerla acudiendo a la última resolución de la Comisión Obrera Nacional (sic) de Cataluña, titulada, Treballem en català! (Trabajemos en catalán). El argumento principal dado por esta comisión que debería servir a la clase obrera, pretendidamente universal, aunque negada con ese «nacional» que figura en su nombre, es que el idioma del nada leído Verdaguer es «un elemento de cohesión social y de igualdad de oportunidades». Lleno de trampas, el manifiestillo se apoya en el manido argumento de la «normalización lingüística» y en el modelo de escuela catalana, esa que excluye casi por completo a la lengua que mayoritariamente hablan los susodichos jóvenes en los ámbitos en los que no operan comisarios políticos y fanáticos lenguaraces. La contradicción es evidente y muestra hasta qué punto las políticas que desde hace medio siglo tratan de erradicar el idioma de Cervantes, tan elogioso para con Cataluña en su obra magna, han fracasado allí donde no imperan la coacción o los intereses económicos, pues en torno al catalán ha fraguado un importante negocio, palabra que, literalmente, significa, no ocio. Sirva como muestra de esto último, la graciosa concesión de Pedro Sánchez a sus socios secesionistas, de un canal que pagaremos todos los españoles, que emitirá íntegramente en catalán y que servirá para colocar a un buen número de propagandistas de la causa catalanista. 

Las contradicciones, aunque esto a las sectas catalanistas poco le importe, se arremolinan en torno a la lengua regional que, a pesar de ser considerada propia, es menos hablada que la entendida como impropia. Prueba de ello es el hecho de que el presidente de la Generalidad, que rara vez usa el español en sus comunicaciones, ha tenido, bien que a su pesar, que rectificar ciertas políticas de imposición lingüística: las que afectan al personal sanitario. Siendo el español una lengua impropia, resulta que en Barcelona, el 53% de las nuevas colegiaciones las hacen facultativos llegados de fuera de la Unión Europea, siendo los argentinos, colombianos, cubanos y venezolanos los más frecuentes. A este contingente ha de sumarse un 15% de sanitarios formados en provincias españolas no catalanas. El hecho de que exista un 30% de plazas de médicos sin cubrir, lo que provoca que más de 200.000 catalanes lleven más 18 meses esperando el análisis de su expediente de incapacidad laboral, algo que debiera preocupar a los sindicatos más que la lengua en la que se realiza la anamnesis, ha obligado a Illa a rebajar la exigencia del conocimiento del catalán a un simple B1, dando un plazo de 3 años a quienes ahora se incorporen a la sanidad catalana para alcanzar el nivel C1.

Pese a la ingente de millones invertidos por los gobiernos locales desde el comienzo de la democracia, el español, abandonado por el poder central, sigue siendo la lengua mayoritaria de los catalanes y lo seguirá siendo por mucho tiempo, para alimentar el pingüe negocio que, parapetado en victimismo, ha cristalizado en torno a la segunda lengua más hablada en la región.

 

 

Montero y el voto distraído

La Gaceta de la Iberosfera, 14 de abril de 2025.

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Montero y el voto distraído

Durante la rueda de prensa que María Jesús Montero, secretaria general del PSOE en Andalucía, Ministra de Economía y candidata a desalojar a Moreno Bonilla del Palacio de San Telmo, dio en Sevilla la semana pasada, hizo «un llamamiento y una invitación» a la «reunificación» del «espacio a la izquierda» del PSOE, «respetando absolutamente a todos los partidos».

No lo tiene fácil esta Montero, no la otra, para desbancar a Juanma, pues el dirigente popular, siempre suave en las formas, que para eso estudió protocolo, se ha encargado de copar la estructura andaluza diseñada por el PSOE en la autonosuya andaluza. En algunos aspectos, Moreno Bonilla ha ido más lejos que los del puño y la rosa, tan seguros de su poder e impunidad, que durante el chavismo —de Manuel Chaves—, pusieron en marcha la Fundación Fondo de Formación y Empleo y otras estructuras clientelares de las que emergieron individuos como Juan Lanzas, cuya madre se ufanaba de que su vástago tenía «dinero pa asar una vaca». La hegemonía del PSOE en Andalucía ha sido total durante décadas. Sin embargo, pese al mal resultado electoral obtenido en 2018, por esas carambolas democráticas, es decir, por el apoyo de VOX para desalojar a Griñán del poder, permitieron a Moreno Bonilla acceder a la presidencia de la Junta de Andalucía. Desde entonces, el barcelonés criado en Málaga no ha hecho más que arrimar el ascua subvencionadora a su espeto, es decir, favorecer a una serie de colectivos, incluidos los sindicatos afines al sistema, que le permiten operar en la centralidad andaluza.

En estas circunstancias, la Montero del PSOE tiene difícil desbancar a un Partido Popular decididamente andalucista, que rinde pleitesía a Blas Infante, instaura el Día de la bandera andaluza, asume la política agrícola de Bruselas, la perspectiva de género y que, incluso, favorece al supuesto idioma andaluz. Ante tan crudo panorama, la Ministra apela al mito de la unidad de la izquierda, demostrando su ignorancia, pues las diversas especies de izquierda política se han caracterizado históricamente por sus enfrentamientos. Miembro de un partido que impulsa los 50 años de libertad por la muerte de Francisco Franco, destacada figura de un PSOE amnistiador de golpistas catalanes, Montero debería saber, por ejemplo, que el llamamiento («¡Amnistía! ¡Amnistía!») que Santiago Carrillo hizo desde Mundo Obrero para liberar a auténticos presos políticos, fue contestado desde las filas socialistas con una negativa, por entender que se trataba de una «maniobra comunista». De conocer este hecho, no es descartable que la sevillana respondiera, como ya ocurrió con su presidente, que ese es otro PSOE, diferente al del clan de la tortilla… aunque su miembro más destacado, González, sea ahora un incómodo jarrón.

El toque a rebato que la Montero hace a quienes considera sus compañeros de viaje a San Telmo, choca con las luchas de programa pero, sobre todo, de poder, que enfrentan a las marcas encabezadas por Yolanda Díaz y la otra Montero. Partidos que, por decirlo en la jerga del mitificado Tierno Galván, deben evitar distracciones y permanecer al loro, para colocarse.

 

La fauna ibérica y la secesión

La Gaceta de la Iberosfera, 7 de abril de 2025.

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La fauna ibérica y la secesión

Permítanme recurrir al tópico. A la identificación totémica de una nación con un animal. España suele ir ligada a la figura del toro, razón por la cual, los españoles que no quieren serlo, pero tampoco buscarse otro suelo, suelen abatir al de Osborne. De un tiempo a esta parte, el toro, como la trenka, es un clasificador político. Las autodenominadas izquierdas son, mayoritariamente, antitaurinas. Sobre todo, las globalistas que, en muchos casos, se dicen herederas de un comunismo cuyas aristas necesitan, como si de los pitones de un morlaco se tratara, afeitar. La filiación ofrece dificultades. Aquellos ambientes presididos por la hoz y el martillo eran, en muchos casos, abiertamente taurinos. No hay más que recordar a Picasso y su afición por los alamares y los capotes. El propio autor del toro de Osborne, Manuel Prieto, era comunista y diseñó carteles para el bando republicano durante la Guerra Civil. 

A pesar de la fuerza del toro, cuya piel extendida se identifica con la silueta de la Península Ibérica, el animal que ha simbolizado a España históricamente es el león. En El Quijote, el león que se da media vuelta e ignora al Caballero de la Triste Figura, se ha interpretado como una España que, adormecida, rechaza la lucha. Algo parecido ocurre con el perro de Las Meninas, impasible ante el puntapié del bufón Nicolasito Pertusato. El can velazqueño también ha sido visto como una representación de una España desdeñosa frente a las amenazas.  En cualquier caso, nuestra nación, así lo proclamó —«España es muy bonita, es un león»— Leopoldo María Panero cuando era un niño, tiene como numen tutelar a ese felino melenudo. 

Si, según muchos, a cada lengua le corresponde una nación, algo parecido ocurriría con los animales, aunque Portugal y Francia lo comparten. En España, pese a la hegemonía tauro leonina, también existen hechos diferenciales animales. Si el toro o el león representan a todos, no faltan quienes, precisamente por eso, se abrazan a otros miembros del Reino, o acaso la República, animal. Aunque ya en retirada, durante el tiempo pre lazi, los secesionistas solían decorar sus vehículos con la silueta de un burro negro osborne. Se trataba, al parecer, de una variedad autóctona, de una peculiaridad asnal circunscrita a Cataluña. El rucio catalán nada tendría que ver con los que se criaban, por ejemplo, en Rute. Prohibidos los toros en la región, el borrico se alzaba, aunque no mucho, como animal representativo de quienes aspiraban a evadirse de la prisión o establo de pueblos, llamada España. 

Y la verdad es que, aunque a paso lento, como de burro, los secesionistas van al alcanzando sus objetivos, pues las estructuras de Estado que ya manejan no paran de crecer. En la pugna que mantienen ERC y Junts, los primeros, encabezados por Junqueras, detector de semejanzas genéticas entre los catalanes y los franceses, piden ahora el traspaso del aeropuerto de El Prat, lugar que sus huestes bloquearon en 2019. En socorro de estas y de las próximas peticiones ha salido nada menos que quien fuera apodado Bambi: José Luis Rodríguez Zapatero, que acaba de manifestar, probablemente, de susurrar, contrafigura de la berrea, que «hay que ir al reconocimiento de la identidad nacional de Cataluña».

 

Kit de supervivencia

La Gaceta de la Iberosfera, 31 de marzo de 2025.

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Kit de supervivencia

Como si de un anuncio de la Teletienda se tratara, la semana pasada, Hadja Lahbib, comisaria europea de Igualdad, lanzó un vídeo en el que iba mostrando todos los componentes, incluida una baraja de póker y una navaja suiza, de lo que se ha denominado, «kit de supervivencia». El lote, pues sí, se puede evitar el anglicismo, está compuesto, en su versión ampliada, por: material sanitario para primeros auxilios, dinero en efectivo —se calcula que entre 200 y 500 euros por cabeza—, cinco litros de agua embotellada, medicamentos y pastillas de yodo, cinta adhesiva, alimentos fáciles de preparar y preferiblemente no perecederos, una radio a pilas, una linterna, una batería para el móvil, un hornillo portátil de cocina portátil provisto de gas (no se especifica el origen del mismo), artículos de higiene, combustible y cerillas. Provisto de esta panoplia, el europeo de a pie, así lo afirman desde Bruselas, puede sobrevivir durante 72 horas. Afortunadamente, el humor que todavía cultiva la sociedad española, ha ofrecido descacharrantes alternativas a este, como diría el cosmopaleto, pack. La inminencia de un ataque ruso a España, no parece preocupar, de momento, a nuestros compatriotas, acuciados por problemas más próximos e inmediatos, incluidos los territoriales. Tras la experiencia de las mascarillas, no faltan quienes sospechan que tras estas recomendaciones se esconde un gran negocio, unas jugosas comisiones que, acaso en un futuro no muy lejano, conozcamos.

Parafraseando a Monterroso, podríamos decir que, cuando nos despertamos, si es que, de verdad, hemos despertado, la guerra seguía ahí. Tras décadas de protección norteamericana, muchos españoles, imbuidos del Síndrome del Pacifismo Fundamentalista, creyeron que las guerras eran cosa del pasado, reminiscencias de un estado de barbarie felizmente superado. El amigo americano, al que dábamos infantiles patadas en la espinilla, nos protegía, hasta el punto de mantener lejos de nuestra tierra los conflictos bélicos. La conciencia era lavada en las calles de vez en cuando. Si la derecha de Aznar había eliminado la mili hace casi un cuarto de siglo, El 1 llegó a afirmar en 2014, que si tenía que eliminar algún ministerio, el elegido sería el de Defensa. Entre medias, Zapatero lanzó, nada menos que la Alianza de Civilizaciones, con Tayyip Erdogan como socio. El futuro, parecía despejado de armas. Por fin, los españoles, salvo algunos arriscados, se podían dedicar a elevadas tareas como salvar el planeta, mientras borraban las huellas del pasado belicista al que un militar gallego les sometió.

Sin embargo, la realidad de la guerra siempre ha estado ahí, es decir, en el mismo mundo que se pretende descarbonizar. La invasión de Ucrania no es más que uno de esos ejemplos. Si bien, un ejemplo inquietante. La invasión de Ucrania, en definitiva, recuerda que todo tiempo es tiempo de entreguerras. Si vis pacem, para bellum, por decirlo de un modo clásico. Ante esta cruda realidad, Sánchez, dócil muchacho en los elegantes salones europeos, debe recurrir a sus demostradas dotes de contorsionista. Los arabescos ya han empezado, pues el Presidente del Gobierno, que estaría encantado de disolver nuestras Fuerzas Armadas en unas europeas, ya ha puesto en circulación la fórmula elusiva de una Plan Nacional de Impulso Tecnológico. El truco, uno más, tendrá buena acogida entre muchos de sus seguidores, que probablemente crean que una guerra es poco más que un videojuego. La ilusión drónica favorece esa percepción. Sin embargo, para El 1 será muy complicado convencer a algunos de sus socios de gobierno de que el ejército español debe recibir más dinero. Si los podemitas encarnan el pacifismo más radical, el resto de fuerzas, cuyo objetivo es la destrucción de la nación española, difícilmente favorecerán fortalecer uno de sus principales poderes, el militar, borrado de nuestras calles durante décadas y distraído en misiones ajenas a la verdadera amenaza: esa que está más cerca del Atlas que de los Urales.

 

 

El amo del puto amo

La Gaceta de la Iberosfera, 24 de marzo de 2025.

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El amo del puto amo 

Hace casi un año, Óscar Puente, Ministro de Transportes, sentenció: «Sánchez es el puto amo». Al decir del vallisoletano, cuyo horizonte histórico parece limitarse a la democracia coronada que, según la propaganda, los españoles nos dimos, la influencia alcanzada por el doctor supera a la que tuvo Felipe González. En su intervención mitinera, teñida de adulación, Puente justificó el putoamismo de Sánchez en su «predicamento en el exterior». Sánchez, recordó, tiene discurso, autonomía y, sobre todo, habla inglés. Las comparaciones son odiosas, pero cabría recordar al pucelano que al XXVII Congreso del PSOE renovado, financiado por dineros que hablaban alemán e inglés, asistieron, Willy Brandt, François Miterrand, Olof Palme y Pietro Nenni, entre otras destacadas figuras internacionales de la socialdemocracia del momento. 

En cualquier caso, es innegable que Sánchez es bien acogido en muchos, no en todos, recordemos a Trump mandándole sentarse, en inglés, en la cumbre del G-20 de 2019, ambientes internacionales. En Europa o, por ser más precisos, en los sectores más globalistas de la Unión Europea, Sánchez es bien recibido. Al cabo, se trata del campeón de el europeísmo multicolor. Un buen chico, con buena planta y con un impecable inglés. Una garantía de cumplimiento, en definitiva. Sin embargo, es también en Europa donde menos putoamismo ejerce el marido de Begoña Gómez.

En efecto, apenas a 24 kilómetros de Bruselas, donde Sánchez alcanza sus mayores cotas de aceptación, se encuentra Waterloo, lugar de residencia de Puigdemont y de sus cortesanos. Más a tras mano, aunque también en Europa, en Ginebra, es donde se reúnen, bajo la insultante presencia de un relator internacional, la del salvadoreño Francisco Galindo Vélez, los equipos de negociación, es decir, de cesiones, del Gobierno de España y los representantes de Juntos por Cataluña. Todo ello conduce a una conclusión evidente. Si, según Puente, Sánchez es el puto amo por discurso, autonomía y dominio del inglés, estos tres atributos quedan empequeñecidos ante la figura de Puigdemont

En cuanto al discurso y la autonomía, es evidente que, por más que más dosis de propaganda que se inyecten en los medios subvencionados, que la vanguardia corresponde a los golpistas, que marcan los tiempos y que echan abajo las iniciativas del puto amo cuando les viene en gana. No hay más que seguir la actualidad del Congreso de los Diputados, para comprobar quién maneja los tiempos. Por lo que respecta al inglés, es de suponer que, siendo el mediador un salvadoreño, las conversaciones ginebrinas se desarrollen en español, aunque no es descartable que en ellas se manejen pinganillos. Pagados por todos los españoles, por supuesto.

No afectado por los indultos concedidos a sus compañeros de asonada, pues nunca llegó a ser juzgado ni a ser traído a España, tal y como prometió Sánchez, Puigdemont, que se dio un paseíto por Las Ramblas cuando le vino en gana, exigió la aprobación de una ley de amnistía, hoy recurrida ante el Tribunal Constitucional, dominado por «jueces progresistas» y presidido por Cándido Conde Pumpido. A esta corrupción de la nación española han de sumarse otras cesiones, entre las que destaca una financiación a la carta, con una quita de deuda catalana, ahora situada en 15.000 millones, que a Junts le parecen insuficientes.

Puente podrá seguir haciendo méritos ante El 1, llamándole puto amo, pero la realidad es que existe un amo del puto amo, apellidado Puigdemont.

 

Sindicatos clasistas

La Gaceta de la Iberosfera, 17 de marzo de 2025.

https://gaceta.es/opinion/sindicatos-clasistas-20250317-0455/ 

Sindicatos clasistas

El 21 de mayo de 2013, acudí a la casa de Pablo Castellano en la madrileña calle de Fernando VI para entrevistarle acerca de los movimientos políticos previos a la aprobación de la maleable Constitución de 1978. Durante su torrencial intervención, don Pablo se retrotrajo al mundo libertario al que perteneció en su juventud, antes de entrar en las pugnas que caracterizaron la configuración del partido hegemónico de esa democracia que «nos hemos dado», fórmula que recuerda la murga lotera del 22 de diciembre, cuando se subraya que el premio ha estado «muy repartido». Dos ejemplos de democracia, de reparto de premios. También de culpas.

Entre recuerdos de la prisión de Burgos, el penal al que se llamó universidad, en el que, entre otros, estuvieron presos el comunista José María Laso Prieto y el socialista Enrique Múgica, Castellano habló de una suerte de polígono de fuerzas sindical configurado por organizaciones como el sindicato de panaderos de Madrid, el de las artes blancas o gráficas, que remite al Pablo Iglesias fundacional, e incluso, subrayando su componente poético, del sindicato de tracción de sangre, es decir, el de cocheros, que mantenía tan arcaica denominación. Don Pablo se curtió en el mundo de la abogacía, al tiempo que se situaba en la órbita del PSOE de Rodolfo Llopis, pero también en la de la UGT que sirvió de trampolín a Felipe González, del que hoy reniegan muchos socialistas, no así Aznar.

Viene todo esto a cuento, por las palabras que Abascal pronunció el pasado fin de semana, durante el acto en el que Rodrigo Alonso, secretario general del sindicato Solidaridad, cedió su puesto a Jordi de la Fuente, concejal de VOX en Sant Adrián del Besós. En su intervención, el de Amurrio recordó que la UGT y CCOO han recibido 380 millones de dinero público en cuatro años. La enorme cifra acciona un automatismo: ambas centrales pueden caracterizarse, por su dependencia económica de «lo público», de verticales.

El texto constitucional nada dice de prebendas económicas. Aunque se reconoce el derecho a sindicarse, también se dice que nadie puede ser obligado a afiliarse a un sindicato. Sin embargo, el dinero que reciben los sindicatos citados procede, en efecto, de «lo público», por lo que la sindicación se lleva a cabo «democráticamente». En definitiva, el españolito que al mundo viene está destinado a financiar tanto a sindicatos como a empresarios.

La caricatura grosera podría justificar a estos últimos, aficionados al dinero, obstáculo, cuando no directamente explotador, de la clase obrera. Sin embargo, las contradicciones se agolpan en el lado obrerista. En efecto, los documentos emitidos por UGT y CCOO están repletos de alusiones a la clase universal llamada a hacer la revolución siempre pendiente, siempre truncada por hombres que fuman puros y coronan sus testas con sombreros de copa. Sin embargo, este burdo señuelo se desvanece cuando se analiza en profundidad el proceder de los sindicatos más subvencionados, a menudo puras correas de transmisión de los partidos de la izquierda. Cómo explicar si no, que Álvarez asuma las aspiraciones políticas de Puigdemont: la secesión de un territorio que fragmentaría aún más a los parias de la tierra, pero también a los que se nutren de crustáceos.

Los sindicatos, huelga decirlo, deben autofinanciarse con las insobornables cuotas de sus afiliados, no estar al servicio de un poder, en este caso, el ostentado por un Gobierno que trabaja denodadamente en establecer diferencias entre españoles, trabajadores o no. De lo contrario, los años del sanchismo lo demuestran, toda su parafernalia no es más el atrezo con el que salen a las calles cuando peligra la viabilidad de sus estructuras.

 

domingo, 8 de febrero de 2026

Évole cedió su fusil

La Gaceta de la Iberosfera, 10 de marzo de 2025.

https://gaceta.es/opinion/evole-cedio-su-fusil-20250310-0455/ 

Évole cedió su fusil

Reconozco que no sigo a Jordi Évole, que no veo, salvo en casos puntualísimos, su programa de televisión, que tampoco leo sus columnas en La Vanguardia. Sin embargo, este fin de semana, Víctor Lenore reproducía un fragmento del último artículo del antaño Follonero, personaje con el que Évole, que hacía el papel de mosca cojonera, por supuesto inofensiva, del poder, saltó a la fama. En su «”¿Cómo?, ¿cómo?, ¿qué ha dicho?”», Évole reconstruye la pugna entre el Gobierno y Junts por el relato, es decir, por la propaganda, en relación a la cesión a Cataluña —Catalunya en el texto— de las competencias de inmigración. La columna terminaba con estas líneas: «En caso de intervención en Ucrania, Europa necesitará manos. Muchas manos. Igual entonces ya no vemos con tan malos ojos la llegada de inmigrantes. Si les hemos confiado la recogida de nuestras fresas, de nuestra uva, de hortalizas, si les hemos confiado el cuidado de nuestros mayores y de nuestros niños, ¿no les vamos a confiar que sean ellos los que vayan al frente para defendernos? Al final, siempre acaban en trabajos que los de aquí no queremos hacer».

Nacido en Cornellá de Llobregat el 21 de julio de 1974, Évole, ya lo advertían Los Ilegales cuando, en su Ángel exterminador decían «guerra excitante y prohibida/sólo es para menores/de 40 años», no podría ser movilizado. En consecuencia, Jordi, siempre tan cercano, cede su fusil dejando impecable su conciencia. Al cabo, reconoce que a los extranjeros que ahora se podría entregar el cuerno de chivo, ya les hemos dado azadones y tijeras para recolectar nuestros campos. Quedan, no obstante, algunos pequeños detalles por resolver. En concreto, el origen de los 800.000 millones de euros que Angela Von Der Leyen pide a España para llegar a un 2% del presupuesto en materia armamentística, cifra a la que algunos de los partidos que con tanto mimo trata Évole, no están dispuestos a llegar… de momento.

Podemos, por boca de Ione Belarra, ya ha puesto el grito en el cielo —es un decir— tras conocer semejante exigencia, y ha propuesto la salida de España de OTAN, deseo que nos remite a los años 80, en los que el partido hegemónico pasó del «OTAN de entrada NO», al «Vota SÍ en interés de España». En cuanto al resto de socios del gobierno, todos ellos secesionistas por distintas vías, la idea de un aumento del presupuesto sólo sería admitida si es en favor de la seguridad europea, ámbito en el cual pretenden tener voz propia, una vez conseguida la construcción nacional.

Frente a tamaña complejidad política, Évole, hábil funambulista que ya mostró su rostro más estupefacto cuando Evo Morales dijo ser enemigo del independentismo, tira por la vía eticista gracias a una mezcla de globalismo y de ese catalanismo a cuyas productoras audiovisuales debe su carrera. Bajo sus palabras subyace el famoso lema «ningún ser humano es ilegal». De este modo, se abre la posibilidad de un diletantismo que obvia su principal contradicción: la carne humana que podría ir a la guerra, hecho ante el que don Jordi podría hasta arquear una ceja, lo haría alineada con una estructura netamente política, con el objetivo de estabilizar una frontera, institución que separa legalidades y ciudadanías.

 

Trump, Zelenski y la caja tonta

La Gaceta de la Iberosfera, 3 de marzo de 2025.

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Trump, Zelenski y la caja tonta

En 2002, Gustavo Bueno publicó Telabasura y democracia, obra en la que analizaba las conexiones entre lo que los más simplistas, también los más pedantes, llamaban «la caja tonta» y la democracia de mercado pletórico, es decir, aquellas que van más allá de lo procedimental y ofrecen al consumidor, más o menos satisfecho, una amplia gama de productos. En su libro, el filósofo exponía de qué modo, una tal democracia, una nematología tal, por utilizar otros términos, necesitaba, se realimentaba, de cierta tecnología. Si en su momento, el protestantismo contó con la imprenta, las democracias occidentales contaron con herramientas masivas de propaganda, singularmente con la televisión, capaz de penetrar en el ámbito doméstico, capaz, hoy, por la vía celular, de llegar de un modo personalizado a quien elige, ya sea una camiseta ya una papeleta. En este contexto, en el de la realidad televisada, el bronco encuentro entre Zelenski, Trump y Vance, ha constituido algo más que un espectáculo. 

Para los más exquisitos, Trump ha sido una suerte de Jesús Gil yanqui, un nuevo rico venido a más, que humilla a un pobre cómico en traje de faena (militar). Las formas pierden al déspota rubio, afirman quienes exhiben su piel más fina confortablemente calefactados por el gas ruso. Trump es, incluso, un putinejo, un tiranuelo que se mira en el espejo moscovita tras el que aguarda una U.R.S.S. que resurge empapada en fanatismo y vodka. Sin embargo, conviene evitar que los árboles, en este caso, los modales, no impidan ver el bosque geoestratégico en el que se dan cita las diferentes plataformas imperiales de la actualidad.

Fuera de plano, en el ángulo muerto, aguarda un cuarto invitado a una reunión que, gracias a las telepantallas, a la «caja tonta», fue accesible al gran público —ojalá algo igual con las conversaciones que el Gobierno de España mantiene con los golpistas en Suiza—, que pudo presenciar las vergüenzas que se ocultan tras la elegante fórmula de los arcana imperii. El gran ausente a la reunión es, naturalmente, China, principal rival de los Estados Unidos que han protegido, desde el Plan Marshall, a la Europa de la democracia y los Derechos Humanos que brotaron al tiempo que se disipaban las nubes hongo nucleares, evocadas por Trump cuando se refirió a una posible III Guerra Mundial.

Consumido el primer cuarto de siglo, Europa, que vio caer el Muro a principios de los 90, ha perdido su centralidad en el nuevo mapamundi, y su pretendida unidad hace aguas cuando se comprueba que el acuerdo de paz que se pretende presentar a los Estados Unidos, lo elaboran, el Reino Unido, país extracomunitario, Francia y Ucrania. En este escenario, España, cuyo ursuliano presidente, fiel observante de las políticas ambientalistas, afirmó en 2014 que el Ministerio de Defensa sobraba, debe establecer una política internacional realista, acorde con sus intereses, no con los de una élite afincada en Bruselas. Un plan que vaya más allá de la repetición de los habituales mantras irenistas y los cantos a una Europa sublime, con las notas del Imagine como fondo.

 

La carpa de Rentería

La Gaceta de la Iberosfera, 24 de febrero de 2025.

https://gaceta.es/opinion/la-carpa-de-renteria-20250224-0455/ 

La carpa de Rentería

En el mapa del terror confeccionado por COVITE, la localidad guipuzcoana de Rentería está sembrada de hitos criminales, los asesinatos cometidos por la banda terrorista ETA, encabezada, en su día, por Ignacio Gracia Arregi, Iñaki de Rentería, que el pasado octubre vio cómo la Audiencia Nacional archivaba la causa abierta contra él y contra Mikel Antza, por el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, al considerar que los hechos están prescritos. Que el partido de Ortega Lara quiera tener presencia en un lugar con tanta sangre derramada por la banda del hacha y la serpiente, va de suyo. 

Dentro de esta lógica, VOX solicitó la instalación de una carpa informativa en la Alameda de Rentería. La petición fue respondida por una declaración institucional, auspiciada por EH Bildu, PNV y Podemos, en la que, quienes dicen haber «recorrido un largo camino en defensa de los derechos y las libertades», hacían cantos a la democracia y pedían «evidenciar mediante el vacío la falta de apoyo que [los reaccionarios] tienen en nuestro municipio». La singularidad de tal carga de cinismo, es que Antonio Vicente Zubicoa, concejal del Partido Popular, se sumó a la declaración institucional.

Como era de prever, una vez instalada la carpa, comenzó el hostigamiento a la veintena de integrantes del partido de Santiago Abascal. Entre ellos, la diputada autonómica, Amaia Martínez, junto a un puñado de afiliados vascos y otros llegados de Cantabria, región de acogida de los amenazados por la banda del hacha y la serpiente o por sus muchos colaboradores, los embrutecidos hijos de Sabino, tenuemente bronceados por radiaciones marxianas. Blanco de una catarata de insultos, rodeados por la burda copia de la Union Jack y por enseñas palestinas, sólo la actuación de la policía regional —«cipayos», según la horda proetarra— impidió las agresiones físicas. 

«ETA es pasado», tal es la fórmula que, como movida por un resorte interno, suelen proferir quienes buscan algún tipo de acuerdo con EHBildu. Algunos lo hacen con cierto pudor, el que emana de la falsa conciencia; otros, encanallados, le añaden vehemencia. Para estos, quien, en lugar de luchar contra el eterno franquismo, menciona a ETA, desea su regreso. ETA, en amplios sectores de la sociedad española, es prácticamente un tabú y todo hace prever que en la futura, será, a lo sumo, un borroso recuerdo. Y es a esa futura España a la que mira, también, el Partido Popular, que anhela un democristiano pacto con Junts, a ser posible con Puigdemont echado a un lado, y otro con un PNV cada vez más mimetizado con las organizaciones cimentadas en los chicos de la gasolina, del tiro en la nuca y del coche-bomba, hoy aggiornadas gracias a altas dosis de multiculturalismo y ecologismo. No hay, por lo tanto, de qué extrañarse por lo realizado por Zubicoa. Medio siglo de concesiones, de pufo y de adoctrinamiento, tienen consecuencias y responsables: los sucesivos inquilinos de La Moncloa. 

Entre tanta miseria moral y política hay, no obstante, deslumbrantes destellos de dignidad. El mismo día que los hispanófobos de Rentería, cada vez más menguados demográficamente por la pujanza de maketos de lejana procedencia, berreaban, se celebró en Vitoria un homenaje a Fernando Buesa y a su escolta, Jorge Díez, asesinados hace 25 años por la banda terrorista. Durante el mismo, Begoña Elorza, madre de Díez, sin aspaviento alguno, pero con firmeza, expulsó del acto a los políticos de EH Bildu —Pello Ochandiano y Rocío Vitero— que habían tenido el cuajo de asistir. Suerte que también deberían correr los representantes del PNV e, incluso, un buen puñado, cada vez más amplio, de miembros del partido en el que militó Buesa, que tiene en EH Bildu a su socio más fiable a cambio de ir cediendo a los propósitos para los que corrió tanta sangre española.