domingo, 8 de febrero de 2026

Évole cedió su fusil

La Gaceta de la Iberosfera, 10 de marzo de 2025.

https://gaceta.es/opinion/evole-cedio-su-fusil-20250310-0455/ 

Évole cedió su fusil

Reconozco que no sigo a Jordi Évole, que no veo, salvo en casos puntualísimos, su programa de televisión, que tampoco leo sus columnas en La Vanguardia. Sin embargo, este fin de semana, Víctor Lenore reproducía un fragmento del último artículo del antaño Follonero, personaje con el que Évole, que hacía el papel de mosca cojonera, por supuesto inofensiva, del poder, saltó a la fama. En su «”¿Cómo?, ¿cómo?, ¿qué ha dicho?”», Évole reconstruye la pugna entre el Gobierno y Junts por el relato, es decir, por la propaganda, en relación a la cesión a Cataluña —Catalunya en el texto— de las competencias de inmigración. La columna terminaba con estas líneas: «En caso de intervención en Ucrania, Europa necesitará manos. Muchas manos. Igual entonces ya no vemos con tan malos ojos la llegada de inmigrantes. Si les hemos confiado la recogida de nuestras fresas, de nuestra uva, de hortalizas, si les hemos confiado el cuidado de nuestros mayores y de nuestros niños, ¿no les vamos a confiar que sean ellos los que vayan al frente para defendernos? Al final, siempre acaban en trabajos que los de aquí no queremos hacer».

Nacido en Cornellá de Llobregat el 21 de julio de 1974, Évole, ya lo advertían Los Ilegales cuando, en su Ángel exterminador decían «guerra excitante y prohibida/sólo es para menores/de 40 años», no podría ser movilizado. En consecuencia, Jordi, siempre tan cercano, cede su fusil dejando impecable su conciencia. Al cabo, reconoce que a los extranjeros que ahora se podría entregar el cuerno de chivo, ya les hemos dado azadones y tijeras para recolectar nuestros campos. Quedan, no obstante, algunos pequeños detalles por resolver. En concreto, el origen de los 800.000 millones de euros que Angela Von Der Leyen pide a España para llegar a un 2% del presupuesto en materia armamentística, cifra a la que algunos de los partidos que con tanto mimo trata Évole, no están dispuestos a llegar… de momento.

Podemos, por boca de Ione Belarra, ya ha puesto el grito en el cielo —es un decir— tras conocer semejante exigencia, y ha propuesto la salida de España de OTAN, deseo que nos remite a los años 80, en los que el partido hegemónico pasó del «OTAN de entrada NO», al «Vota SÍ en interés de España». En cuanto al resto de socios del gobierno, todos ellos secesionistas por distintas vías, la idea de un aumento del presupuesto sólo sería admitida si es en favor de la seguridad europea, ámbito en el cual pretenden tener voz propia, una vez conseguida la construcción nacional.

Frente a tamaña complejidad política, Évole, hábil funambulista que ya mostró su rostro más estupefacto cuando Evo Morales dijo ser enemigo del independentismo, tira por la vía eticista gracias a una mezcla de globalismo y de ese catalanismo a cuyas productoras audiovisuales debe su carrera. Bajo sus palabras subyace el famoso lema «ningún ser humano es ilegal». De este modo, se abre la posibilidad de un diletantismo que obvia su principal contradicción: la carne humana que podría ir a la guerra, hecho ante el que don Jordi podría hasta arquear una ceja, lo haría alineada con una estructura netamente política, con el objetivo de estabilizar una frontera, institución que separa legalidades y ciudadanías.

 

Trump, Zelenski y la caja tonta

La Gaceta de la Iberosfera, 3 de marzo de 2025.

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Trump, Zelenski y la caja tonta

En 2002, Gustavo Bueno publicó Telabasura y democracia, obra en la que analizaba las conexiones entre lo que los más simplistas, también los más pedantes, llamaban «la caja tonta» y la democracia de mercado pletórico, es decir, aquellas que van más allá de lo procedimental y ofrecen al consumidor, más o menos satisfecho, una amplia gama de productos. En su libro, el filósofo exponía de qué modo, una tal democracia, una nematología tal, por utilizar otros términos, necesitaba, se realimentaba, de cierta tecnología. Si en su momento, el protestantismo contó con la imprenta, las democracias occidentales contaron con herramientas masivas de propaganda, singularmente con la televisión, capaz de penetrar en el ámbito doméstico, capaz, hoy, por la vía celular, de llegar de un modo personalizado a quien elige, ya sea una camiseta ya una papeleta. En este contexto, en el de la realidad televisada, el bronco encuentro entre Zelenski, Trump y Vance, ha constituido algo más que un espectáculo. 

Para los más exquisitos, Trump ha sido una suerte de Jesús Gil yanqui, un nuevo rico venido a más, que humilla a un pobre cómico en traje de faena (militar). Las formas pierden al déspota rubio, afirman quienes exhiben su piel más fina confortablemente calefactados por el gas ruso. Trump es, incluso, un putinejo, un tiranuelo que se mira en el espejo moscovita tras el que aguarda una U.R.S.S. que resurge empapada en fanatismo y vodka. Sin embargo, conviene evitar que los árboles, en este caso, los modales, no impidan ver el bosque geoestratégico en el que se dan cita las diferentes plataformas imperiales de la actualidad.

Fuera de plano, en el ángulo muerto, aguarda un cuarto invitado a una reunión que, gracias a las telepantallas, a la «caja tonta», fue accesible al gran público —ojalá algo igual con las conversaciones que el Gobierno de España mantiene con los golpistas en Suiza—, que pudo presenciar las vergüenzas que se ocultan tras la elegante fórmula de los arcana imperii. El gran ausente a la reunión es, naturalmente, China, principal rival de los Estados Unidos que han protegido, desde el Plan Marshall, a la Europa de la democracia y los Derechos Humanos que brotaron al tiempo que se disipaban las nubes hongo nucleares, evocadas por Trump cuando se refirió a una posible III Guerra Mundial.

Consumido el primer cuarto de siglo, Europa, que vio caer el Muro a principios de los 90, ha perdido su centralidad en el nuevo mapamundi, y su pretendida unidad hace aguas cuando se comprueba que el acuerdo de paz que se pretende presentar a los Estados Unidos, lo elaboran, el Reino Unido, país extracomunitario, Francia y Ucrania. En este escenario, España, cuyo ursuliano presidente, fiel observante de las políticas ambientalistas, afirmó en 2014 que el Ministerio de Defensa sobraba, debe establecer una política internacional realista, acorde con sus intereses, no con los de una élite afincada en Bruselas. Un plan que vaya más allá de la repetición de los habituales mantras irenistas y los cantos a una Europa sublime, con las notas del Imagine como fondo.

 

La carpa de Rentería

La Gaceta de la Iberosfera, 24 de febrero de 2025.

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La carpa de Rentería

En el mapa del terror confeccionado por COVITE, la localidad guipuzcoana de Rentería está sembrada de hitos criminales, los asesinatos cometidos por la banda terrorista ETA, encabezada, en su día, por Ignacio Gracia Arregi, Iñaki de Rentería, que el pasado octubre vio cómo la Audiencia Nacional archivaba la causa abierta contra él y contra Mikel Antza, por el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, al considerar que los hechos están prescritos. Que el partido de Ortega Lara quiera tener presencia en un lugar con tanta sangre derramada por la banda del hacha y la serpiente, va de suyo. 

Dentro de esta lógica, VOX solicitó la instalación de una carpa informativa en la Alameda de Rentería. La petición fue respondida por una declaración institucional, auspiciada por EH Bildu, PNV y Podemos, en la que, quienes dicen haber «recorrido un largo camino en defensa de los derechos y las libertades», hacían cantos a la democracia y pedían «evidenciar mediante el vacío la falta de apoyo que [los reaccionarios] tienen en nuestro municipio». La singularidad de tal carga de cinismo, es que Antonio Vicente Zubicoa, concejal del Partido Popular, se sumó a la declaración institucional.

Como era de prever, una vez instalada la carpa, comenzó el hostigamiento a la veintena de integrantes del partido de Santiago Abascal. Entre ellos, la diputada autonómica, Amaia Martínez, junto a un puñado de afiliados vascos y otros llegados de Cantabria, región de acogida de los amenazados por la banda del hacha y la serpiente o por sus muchos colaboradores, los embrutecidos hijos de Sabino, tenuemente bronceados por radiaciones marxianas. Blanco de una catarata de insultos, rodeados por la burda copia de la Union Jack y por enseñas palestinas, sólo la actuación de la policía regional —«cipayos», según la horda proetarra— impidió las agresiones físicas. 

«ETA es pasado», tal es la fórmula que, como movida por un resorte interno, suelen proferir quienes buscan algún tipo de acuerdo con EHBildu. Algunos lo hacen con cierto pudor, el que emana de la falsa conciencia; otros, encanallados, le añaden vehemencia. Para estos, quien, en lugar de luchar contra el eterno franquismo, menciona a ETA, desea su regreso. ETA, en amplios sectores de la sociedad española, es prácticamente un tabú y todo hace prever que en la futura, será, a lo sumo, un borroso recuerdo. Y es a esa futura España a la que mira, también, el Partido Popular, que anhela un democristiano pacto con Junts, a ser posible con Puigdemont echado a un lado, y otro con un PNV cada vez más mimetizado con las organizaciones cimentadas en los chicos de la gasolina, del tiro en la nuca y del coche-bomba, hoy aggiornadas gracias a altas dosis de multiculturalismo y ecologismo. No hay, por lo tanto, de qué extrañarse por lo realizado por Zubicoa. Medio siglo de concesiones, de pufo y de adoctrinamiento, tienen consecuencias y responsables: los sucesivos inquilinos de La Moncloa. 

Entre tanta miseria moral y política hay, no obstante, deslumbrantes destellos de dignidad. El mismo día que los hispanófobos de Rentería, cada vez más menguados demográficamente por la pujanza de maketos de lejana procedencia, berreaban, se celebró en Vitoria un homenaje a Fernando Buesa y a su escolta, Jorge Díez, asesinados hace 25 años por la banda terrorista. Durante el mismo, Begoña Elorza, madre de Díez, sin aspaviento alguno, pero con firmeza, expulsó del acto a los políticos de EH Bildu —Pello Ochandiano y Rocío Vitero— que habían tenido el cuajo de asistir. Suerte que también deberían correr los representantes del PNV e, incluso, un buen puñado, cada vez más amplio, de miembros del partido en el que militó Buesa, que tiene en EH Bildu a su socio más fiable a cambio de ir cediendo a los propósitos para los que corrió tanta sangre española. 

 

Vindicación de Vizcaíno Casas

La Gaceta de la Iberosfera, 17 de febrero de 2025.

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Vindicación de Vizcaíno Casas

En su libro, Puigdemont. El integrista que pudo romper España (La Esfera de los Libros, Madrid 2024), Iñaki Ellakuría y Pablo Planas cuentan que el golpista de quien depende el gobierno de España, cuando tenía que viajar a Madrid, en lugar de tomar el puente aéreo, buscaba conexiones internacionales para tener que mostrar su pasaporte a la llegada de la capital del Estado opresor del que ha sido máximo representante en su región natal. Siete años después de su huida, el Partido Popular, que sueña con establecer un pacto, al precio de ceder lo que es de todos, con Junts, ha permitido que en el Parlamento de Baleares se apruebe una Proposición no de Ley para que Aena use el catalán de forma preferente en lo que respecta a la toponimia balear. El nuevo servicio al catalanismo, al que alfombró el camino hace décadas cuando sustituyó el mallorquín por el catalán, se produce en la misma semana en la que Alberto Núñez Feijóo empleaba el topónimo «Lleida» en un mensaje en X redactado en español. Cosas de la oficialidad, respondería si se le preguntara a quien se jactaba de no emplear la lengua de Cervantes durante sus mandatos en Galicia. Nada nuevo bajo el Sol bipartidista.

Cualquier nación que dispusiera de un idioma internacional de la potencia del español, lo cuidaría al máximo. España, sin embargo, es diferente. Inmersa en un proceso de demolición, por la vía de la desnacionalización, desde hace medio siglo, en gran parte del suelo patrio el mundo oficial ha marginado, hasta su práctica erradicación, el idioma en el que se redactaron, por ejemplo, las actas fundacionales del PSOE y del PCE. Por ello, la decisión tomada en Palma de Mallorca no es más que un paso más dentro de un curso que desemboca en la disolución de España en Europa, tierra dominada por el idioma inglés que, poco a poco, se va consolidando como alternativa al español allí donde la lengua vernácula se implanta por obligación y amonestación.

La evolución de la España autonómica ya la anunció, hace más de cuatro décadas, Fernando Vizcaíno Casas, de cuyo nacimiento se cumplirán 100 años dentro de doce meses. Los que peinamos canas recordamos las apariciones televisivas del escritor valenciano, siempre trajeado, con su labio superior atravesado por un bigotito. En la naciente España posfranquista, Vizcaíno Casas ocupaba una cuota nostálgica neutralizada por la abrumadora mayoría progresista, por aquellos a los que se agarró otro incondicional del traje cruzado: Enrique Tierno Galván. Consciente de su papel, el escritor valenciano, que despachaba cientos de miles de ejemplares, exhibía socarronería, pero también datos que eran sepultados por la sobredosis de optimismo dominante.

Sin embargo, el tiempo ha convertido en clásicos algunas de sus obras satíricas. Especialmente, Las autonosuyas, publicada en el tempranamente democrático año de 1981, que fue llevada al cine, con más éxito que subvenciones, dos años después. Recuerde el lector: Austrasigildo, alcalde de Rebollar de la Mata, convierte a su pueblo en una autonomía y busca la complicidad de los ediles vecinos para «chupar del bote», ponerse altos sueldos y disponer de chófer. La herramienta diferencial: una neolengua, el farfullo, inspirado en un problema de dicción del propio alcalde, que pretendía que el nuevo idioma fuese obligatorio en las escuelas.

Aunque Vizcaíno Casas, precedente castizo de Houellebecq en labores oraculares, manifestó que con su obra no pretendía herir a determinadas regiones, es evidente que Las autonosuyas se miraron en el espejo de la España del hecho diferencial. Un proceso aparentemente imparable, pues si a principios de los ochenta, catalán, vascuence y gallego, ya consagrados en tiempos segundorrepublicanos, parecían ser las únicas alternativas al español, el tiempo y el trabajo de laboratorio han conseguido que el asturiano, el cántabru, el extremeñu, el andalú, el llionés, el aranés o el aragonés, hayan recibido un impulso que les sitúa al borde de la oficialidad. No es, por lo tanto, descartable, que en un futuro no muy lejano, coincidiendo con la visita de Papá Noel, el Olentzero, el Apalpador, el Anguleru y el parto del Caga Tió, la cúspide de la arquitectura constitucional tenga que decir: Feliz Navidad, Bon Nadal, Eguberri on, Bo nadal, Feliz Navidá, Felís Naviá, Feliz Ñavidá, Bon Nadau, Goyosa Navidat, etc.

 

Asturias ye España

La Gaceta de la Iberosfera, 10 de febrero de 2025.

https://gaceta.es/opinion/asturias-ye-espana-20250210-0317/ 

Asturias ye España

Entre el 4 y el 7 de febrero, se ha celebrado en el Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo, institución que está poniendo en marcha la figura del «vigía de la igualdad» a base de chivatos voluntarios, el Congresu Mundial de Cultura Asturiana. Según consta en el programa del Congresu, publicado en bable batúa e inglés, durante el mismo, se abordaron cuestiones relacionadas con el mundo rural, la familia, el parentesco, el patrimonio, el paisaje, la tradición oral, la ciudad, pero también con la cultura expresiva, los procesos de identidad, la educación, el género y la pertenencia al Arco Atlántico. A pesar, o acaso por ello, de que el Gobiernu del Principáu d’Asturies, es el principal financiador del Congresu, las palabras «España» o «español» no figuraron en lugar alguno. Cosas de la cogobernanza baronil y disolvente.

Amenizada por el sonido de la gaita, la ceremonia de inauguración de unos fastos impulsados por l’Academia de la Llingua Asturiana, contó con la presencia del presidente autonómico, Adrián Barbón, denodado asturianista que hace unos meses se administró unos suaves pellizcos de monja al hacerse público el plan, es decir, la cesión de Sánchez a los golpistas catalanes de los que depende su gobernanza, que es cogobernanza con ribetes federalistas. Que es disolvencia en agendas globalistas. Que es alineamiento, al parecer, con la China que no tolera disidencias ni señas de identidad divergentes respecto a las que orbitan sobre la etnia han.

De la miscelánea mundial que se ha aliñado en Oviedo, topónimo que retrocede ante ese Uviéu que hiere mis córneas, cabe destacar su cartel, necesariamente ilustrativo. En él aparecen, en rigurosa paridad, unos paisanos en traje regional, un hórreo, una cabaña… un menhir que parece establecer una conexión indigenista entre los actuales asturianos y los astures prerrománicos, quizá con los celtas, pero también una torre minera y las chimeneas de ENSIDESA, empresa fundada por el Instituto Nacional de Industria en el muy franquista año de 1950 que, junto a otras de carácter estatal, determinaron las condiciones materiales necesarias para la transformación de un régimen en otro régimen. La entrada en Europa terminó con ese tiempo y a las chimeneas apenas las sostiene la arqueología industrial. Las jubilaciones acallaron los gritos de una generación tras la cual apenas hay otra generación, pues Asturias no es tierra de niños, sino de ancianos y perrhijos.

Convertida en un paraíso natural en el que el asturiano es casi el animal más exótico, la socialdemocracia gobernante ha tirado por la vía de la identidad indígena fabricada, del bable pasterizado del que hablara en su día Gustavo Bueno. Situado frente a los espejos catalán, vasco y gallego, Barbón ha impulsado definitivamente la llingua que rotula un Congresu en el que han participado elementos argentinos y mexicanos, que en lugar de hablar en lunfardo y náhualt, lo han hecho en la lengua, al parecer, impropia, de una tierra que tradicionalmente se ha considerado España frente a la tierra conquistada. Arropado por Ignacio Villaverde, «Rector Magníficu de la Universidá d’Uviéu» y sus consejeros de Educación, Cultura y Política Lingüística, Barbón juega a ser Pujol y Fraga en una tierra geográficamente inserta en el Arco Atlántico, pero también en el hemisferio norte o en uno de los planetas del sistema solar. Pero, sobre todo, aunque el programa lo omita cuidadosamente, de España.

 

Universal opositor a la caverna

La Gaceta de la Iberosfera, 3 de febrero de 2025.

https://gaceta.es/opinion/universal-opositor-a-la-caverna-20250203-0455/ 

Universal opositor a la caverna

Hace más de siete décadas, en plena Guerra Fría, España se vinculó, por no decir, se subordinó, a los Estados Unidos. La opción alternativa era la ligazón, que años atrás también había sido subordinación, por parte de socialistas y comunistas, a la Unión Soviética. Al corazón del españolito que al mundo llegaba se le planteaba una de esas dos helazones. En cuanto a las filias y fobias imperiales, al menos desde 1898, la caricaturización que de España hizo la prensa amarilla yanqui desencadenó una aversión por el americano, ya fuera por su protestantismo ya por ser la proa del capitalismo. En los albores de la actual democracia coronada, el giro atlantista del PSOE, al que siguió el desahogo aznariano —aquellos pies encima de una mesa durante una cumbre del G8—, hicieron converger a los partidos hegemónicos del régimen del 78. El OTAN no, bases fuera, se fue acallando. El hundimiento de dos estructuras, la central de Chernóbil primero, y el Muro después, hicieron que los prosoviéticos comenzaran a mirar al otro lado del Atlántico para sumarse a un nuevo socialismo aderezado con ingredientes negrolegendarios e indigenistas. El Tío Sam seguía siendo el enemigo. Viviendo contra él, aunque se asumieran los postulados contraculturales elaborados en sus universidades, esos que ahora se vuelven contra algunos de sus heraldos, se podía simpatizar, incluso, con el Islam.

En ese contexto, las marcas indignadas fueron domesticadas con facilidad por el principal constructor de la España que, décadas antes, se acostó franquista y se levantó demócrata. Por el camino, el PSOE acusó el desgaste, pero sobrevivió y, lo que es más importante, gobierna apoyado por toda suerte de sediciosos a los que sujeta entregando jirones de la nación, es decir, de lo público. Con las encuestas en contra y la corrupción anegando las plantas más nobles de Ferraz, el entramado que encabeza Pedro Sánchez busca algo nuevo que ofrecer a sus devotos, pues el antifranquismo retrospectivo no es suficiente en 2025, aunque algún rédito le quede por dar, siquiera en forma de agradecimiento por parte de los agraciados por los fastos organizados por la muerte, natural y en un hospital público, del general gallego.

El nuevo coco con el que se pretende asustar a quien está dispuesto a asustarse, siquiera como ejercicio de falsa conciencia, es la ultraderecha, la extrema derecha y otras etiquetas similares que garantizan cierto heroísmo, el de la izquierda autodefinida como valiente. Dentro de esta estrategia de consumo interno, la llegada al poder de Donald Trump resulta de lo más oportuna, pues ha permitido a Sánchez autoproclamarse universal opositor a la caverna. El método escogido para retar a lo que ha calificado de «Internacional ultraderechista» no tiene nada de original: vincularse a otro imperio. A China, naturalmente, país que los reyes visitarán en noviembre. Así pues, el Eje Madrid-Pequín, a tal apunta la propaganda, se opondrá a Washington, sede de la intolerancia y el fanatismo propagados por el multimillonario Musk. Trump ha servido en bandeja al doctor los argumentos, incluyendo, por error, a España entre los BRICS, a los que China, a cuyos productos va a poner altos aranceles, pertenece. En ese contexto, España formaría parte de ese + que se añadió hace tiempo al acrónimo.

Sin embargo, las cosas de la geopolítica no son tan simples. A pesar de que China, pero también la Rusia gobernada por un Putin con el que Trump siempre encontró un punto de equilibrio, aporta su sigla, el imperio de las barras y las estrellas no percibe a todos sus miembros por igual. Prueba de ello es el hecho de que Trump parece estar en sintonía con Narendra Modi, presidente de la India que ha superado en población al Imperio del Centro, esa China a la que Gustavo Bueno comparaba con un convento sobre el que convergen recursos atraídos por su fuerza centrípeta. Frente a la China que compra tierras raras y arma puertos lejos de sus fronteras, la India, quinta economía del planeta. Nación joven dominadora de tecnologías de futuro, India es vista con tan buenos ojos por Trump, que ya ha establecido contactos por medio de su Secretario de Estado, Marco Rubio, encargado de hacer lo propio con Emiratos Árabes Unidos. Con tan, en principio, exóticas piezas, parece surgir un nuevo bloque que se alza frente al dominado por esa China a la que quiere ligarse, entiéndase en un sentido político, Pedro Sánchez.

 

Va con todo

La Gaceta de la Iberosfera, 27 de enero de 2025.

https://gaceta.es/opinion/va-con-todo-20250127-0355/ 

Va con todo

Corren tiempos difíciles para quien figura en la portada del libro Manual de resistencia. A, como máximo, dos años del final de una legislatura cimentada en acuerdos con el golpismo diestro e izquierdista de Cataluña y con el mundo filoetarra y el del PNV, al que le ha puesto algo más que un pisito, acaso para bailar un último aurrescu, en la capital de Francia, las encuestas no ofrecen la reedición del apaño urdido por Sánchez en 2018 bajo la excusa de acabar con la corrupción del PP. Sometido a las inasumibles exigencias del secesionismo que España patrocina y que el PSOE coordina desde hace medio siglo, en alternancia con el partido de la gestión, el doctor sobrevive, semana a semana, a sucesivos chantajes e incluso a humillaciones como las que le procura el prófugo de la justicia española que él prometió traer para colocarlo ante los togados. Ni una mala palabra, ni un mal gesto para con el sedicioso protegido en el corazón de la Europa, por la que el hermano de David Azagra pasea el rosco de la Agenda 2030 como si de un detente bala progre se tratara.

La consigna, pues el principio de no contradicción no rige en la empresa radicada en Ferraz, es resistir, pues ya lo dijo Cela: «En España, el que resiste, gana». Y si en este caso, como en los anteriores, no gana, negocia, es decir, cede, es decir, se entrega, es decir, compra voluntades con el dinero de todos. Acorralado por la corrupción delictiva que, en cualquier caso, es menos grave que sus indultos y amnistías a los golpistas, Sánchez, que ya enseñó la patita cuando habló de la dependencia última de la Fiscalía de un Estado que identifica, en primer término, con su partido, y en último, consigo mismo, va con todo. Que un programa de entretenimiento lanza ácidas críticas contra su persona, contra «El Uno» —¿o acaso cabría llamarle «El Huno»?—, se ficha un cómico dócil y se le coloca en la franja de mayor audiencia de una Televisión Española cuyo Consejo de Dirección domina. Que los jueces no sentencian a favor de sus intereses, se orquesta, con los periodistas y las cadenas amigas, por subvencionadas, una campaña de descrédito del poder judicial. Y da resultado, pues hoy, gran parte de la parroquia socialista considera que los jueces, a pesar de que son mayoritariamente mujeres, son una panda de fachas y machistas recalcitrantes. ¿Solución?: una modificación del acceso a la carrera judicial de sesgo popular, que evite a muchos juristas el engorroso trámite de las oposiciones. A esta medida se le suma la limitación de la acusación… popular.

La estrategia colonizadora alcanza también a las grandes empresas, y a las que no alcanza se les hace una campaña de desprestigio. Recientemente le ha tocado el turno a Telefónica. Sánchez, repito, va con todo, y mal harían sus opositores en subestimarle, pues ha dado sobradas pruebas, aunque, probablemente, nos tiene guardada alguna más, de ser capaz de cualquier cosa para mantenerse en Moncloa. Apoyos, los de todo el frente secesionista, gran parte del poder económico y mediático, y una amplia red clientelar tejida durante décadas, no le van a faltar.

 

Inconstitucionalismo

La Gaceta de la Iberosfera, 20 de enero de 2025.

https://gaceta.es/opinion/inconstitucionalismo-20250120-0007/ 

Inconstitucionalismo

El 20 de marzo del año pasado, el Congreso de los Diputados se convirtió, una vez más, en un altavoz no metafórico sino literal, pues su espacio se llenó con las voces dadas por la ministra de Igualdad, Ana Redondo, que sucede en el cargo a Irene Montero, reputada vocinglera. En aquella sesión, en el que el parlamento fue sustituido por el berrido, la Redondo, en su respuesta al popular Jaime de Santos, gritó por tres veces un «¡Vergüenza!», seguido de otros tres «¡No se puede!», que forman parte, al igual que aquellos disparos de Tejero, de la atmósfera del edificio. Enmarcado por sus habituales pendientes, cuyas plumas, imagino, nada tienen que ver con los gallos —casta, belleza y pluma— de sus escatológicos paisanos, el rostro de la ministra se crispó hasta extremos indecibles. Por razones fácilmente adivinables, las poseedoras de la cartera que elaboró la ley del Sólo del sólo sí es sí, dotada en 2024 con 511,5 millones de euros, son las que más usan de gestos y gritos. Alaridos, incluso, con los que tratan de transmitir, especialmente la Montero, la idea de que los jueces son una panda de recalcitrantes machistas que no han sabido entender el verdadero espíritu de la ley. Poco importa que en la actualidad, el 57,2% de los jueces y magistrados sean hembras, frente a un 42,8% de machos. Si esa es la realidad, pensará la avecindada en Galapagar, peor para la realidad, pues el relato debe permanecer inalterable.

Ana Redondo ha regresado esta semana a la actualidad, después de que un sacerdote de Segovia haya negado la comunión a una pareja homosexual. Tirando de gremialismo, la doctora ha invocado nada menos que el artículo 14 de la Constitución española —«Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social»— para salir en defensa de los dos ciudadanos a los que se les ha negado la hostia consagrada bajo el siguiente argumento, esgrimido por el Obispado: «Para recibir la Eucaristía, tanto si son homosexuales como heterosexuales, se necesitan unas condiciones objetivas de moralidad, y que la Iglesia tiene autoridad para negar la comunión cuando no se cumplen, sobre todo si provoca escándalo entre los fieles como ha sucedido en los casos de Segovia».

Las relaciones de las izquierdas españolas con la Iglesia católica son todo un mundo. Los que se conducen bajo un ciego anticlericalismo anticatólico, pues es raro encontrar alguna crítica a un imán, se fijan en los casos de pederastia y piden unas reparaciones que no colectivizan del mismo modo cuando los que comenten tan graves actos van enfundados en un chándal, por poner un ejemplo. Paralelamente a esta denuncia, que se acompaña, a veces, con la de los supuestos bebés robados por hombres y mujeres con faldas, se sitúan los que ven en ciertos sectores de la iglesia, los constituidos por los llamados curas rojos, grupo en el que figura desde el padre Llanos, ex confesor de Franco, al sacerdote de la bufanda, perejil de todas las salsas madrileñas, una oportunidad, dominada por el diálogo y el eticismo. Todos conocemos los resultados del diálogo cristiano-marxista, pero ¿acaso el PSOE no renegó del filósofo alemán hace medio siglo?

En este totum revolutum se mueve la ministra, incapaz de entender que, para fortuna de nuestra nación, construida bajo cánones católicos, la política y la religión son, a diferencia de lo que ocurre en las teocracias, mundos disociados. No cabe, por ello, y Redondo no puede ignorarlo, por más rédito político que le pueda dar al Gobierno, apelación alguna al texto constitucional, cuya invocación a la igualdad no afecta, por cierto, a la ley Sólo del sólo sí es sí, cuyo ámbito de aplicación excluye —«La presente ley orgánica es de aplicación a las mujeres, niñas y niños»— a los varones, gusten o no, de otros varones.

 

Marroquinización

La Gaceta de la Iberosfera, 13 de enero de 2025.

https://gaceta.es/opinion/marroquinizacion-20250113-0450/ 

Marroquinización

Que, a este paso, Ceuta y Melilla acabarán perteneciendo a Marruecos, es un hecho difícilmente discutible. Desde hace décadas, el sultán, antes el segundo Hassan, hoy el sexto Mohamed, y su majzén, trabajan con un objetivo concreto: la incorporación de esas ciudades, que consideran suyas, a un gran Marruecos en continua expansión, a las que se les da el mismo color en los mapas políticos. En estas circunstancias, la anexión es cuestión de tiempo. El PSOE, fuerza hegemónica del régimen de 1978 ya dispone, incluso, de una doctrina justificatoria: la trazada en su día por Máximo Cajal, adalid de la Alianza de Civilizaciones.

Por un momento, con el cierre de las aduanas, el proceso de entrega pareció detenerse o, al menos, estancarse. Sin embargo, la apertura estaba ya prefigurada en Ferraz y hoy es una asimétrica realidad, pues el dominio sobre ese filtro político es netamente marroquí. Consciente de su posición dominante, el sultanato, estructura teocrática respetadísima por la izquierda española, ha comenzado por bloquear la entrada de los dos primeros camiones españoles pactados con Sánchez. El pago, uno más, por el paso de los vehículos es la cesión del espacio aéreo saharaui. La Marcha Verde de 1975, año tan necrológicamente celebrado por el sanchismo, adquiere así una sutil continuidad, en un contexto de reconfiguración geopolítica en el que España va quedando fuera de foco, enredada en su aldeano cainismo y su autodesprecio.

La exigencia marroquí, aparentemente intangible, etérea, no lo es en absoluto, pues los cielos reclamados son surcados por los aviones militares de Mohamed VI. La falta de control español sobre ese espacio permitiría que el sultanato, que cada año aumenta su partida en gasto militar, dispusiera del vuelo saharaui, una vez conseguido el suelo. Las aguas que bañan Canarias, bajo las cuales se adivinan valiosos recursos, serían el siguiente paso. 

En la consecución del proyecto del Gran Marruecos, del que forman parte las ciudades autónomas, pero también los peñones y las Canarias, no es previsible, al menos, de momento, el uso de la fuerza bélica. La estrategia, pensada a largo plazo y ejecutada desde hace medio siglo, se acoge a los argumentos dados en su día por Bumedian. En efecto, los vientres de mujeres son más útiles que los uniformes caqui para lograr la marroquinización de Ceuta y Melilla, fenómeno ya plenamente visible, pues en estas ciudades, la sectorización es un hecho y existen guetos, convenientemente romantizados en las telepantallas, tales como el Barrio del Príncipe, morería que vive según sus propias leyes. Poco a poco, las ciudades españolas en el norte de África se van convirtiendo en un destino apenas de paso para profesionales atraídos por ventajas fiscales que viven de espaldas a su entorno, volcados en ambientes cada vez más cerrados.

En estas condiciones, difícilmente reversibles, pues no hay voluntad de parar el proceso de asimilación, la anexión, acaso facilitada tras un proceso de cosoberanía y ciertas consultas populares supervisadas por relatores, parece acercarse. Las condiciones demográficas apuntan a esa dirección y el bipartidismo ya trabaja para dotar de una envoltura cultural adecuada. Prueba de ello es la aprobación, con el apoyo del PP, de la iniciativa presentada por el PSOE en el último pleno de la Asamblea de Ceuta, para convertir el dariya en patrimonio de la ciudad, paso previo a su conversión en lengua cooficial, con el fin cortoplacista de ganar los votos de unos musulmanes ligados por fortísimos vínculos al sultán al que Sánchez visitará en noviembre.

 

Irene vuelve a callar

La Gaceta de la Iberosfera, 6 de enero de 2025.

https://gaceta.es/opinion/irene-vuelve-a-callar-20250106-0355/ 

Irene vuelve a callar

Día y medio después —esta columna se escribe cuando la noche de Reyes ha caído— de que la noticia saltara a los medios ingleses, Irene Montero, ex Ministra de Igualdad del Gobierno de España, actual eurodiputada y principal impulsora de la vulgarmente conocida como «Ley del sí es sí», Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual, para ser precisos, no ha comentado nada en la red X acerca del ocultamiento de los graves delitos sexuales cometidos por machos islamizados de origen paquistaní en suelo británico. Según se ha sabido, la salvaguarda de los sacrosantos valores del multiculturalismo se antepuso a los derechos de los menores violados. El miedo a ser acusada de racista paralizó, al parecer, a las autoridades políticas británicas, que obstruyeron la investigación sobre las bandas de prostitución que operaban en Oldham, ciudad en la que uno de los cabecillas fue contratado como agente de derechos sociales, nombramiento que podría dar lugar a una nueva expresión, Síndrome de Oldham, trastorno que premia al depredador sexual, otorgándole poder sobre potenciales futuras víctimas.

Oldham no fue la única urbe en la que los pederastas operaron con impunidad. En Telford, al menos 1.000 niñas fueron violadas durante tres décadas mientras las autoridades miraban para otro lado. La lista isleña puede continuarse con el caso de Bradford, donde una niña de 14 años fue casada con su abusador, o con las bestialidades desplegadas por los seguidores del profeta del que fuentes canónicas musulmanas dicen que consumó el matrimonio con Aisha cuando la niña tenía nueve años, en Rochdale. La relación de atrocidades encubiertas saltó al continente hace al menos siete años, cuando se supo que en la ciudad de Erasmo las violaciones a menores fueron comunes. En todos los casos, la corrección política determinó la destrucción de informes y de grabaciones en las que las víctimas daban testimonio de los abusos sufridos. 

Nada de ello ha merecido el menor reproche de la pareja de Pablo Iglesias Turrión, que ha dedicado la tarde a criticar un gorjeo de la Guardia Civil, a la que ha acusado de «racismo institucional» por, según ella, «criminalización de las personas negras», a propósito de una imagen en la que los Reyes Magos aparecían con sus rostros cubiertos por una especie de pasamontañas negros. Dos que duermen, presuntamente, en el mismo colchón, se vuelven de la misma racializada condición, podría argüirse. Al cabo, es casi imposible ver una crítica de esta lucrativa sociedad a un individuo con cierta carga de melanina, pues el hombre blanco, máxime si es heterosexual, es un potencial violador en los ambientes en los que ha medrado la pareja. El caso que nos ocupa parece reproducir aquellas imágenes en las que Iglesias, en una gesto que protagonizado por otro le valdría el insultante calificativo de machista, tapaba con su mano la boca de Irene, antigua portadora de una cartera que desde 2020 ha aumentado su presupuesto en un 216%, cantidad destinada a, en expresión de Sharon Calderón-Gordo, fomentar el «feminismo administrado», ese que no impide que los delitos sexuales crezcan, como demuestran los datos de la Comunidad Autónoma de Cataluña, en la que se han triplicado las violaciones en los últimos cinco años. Dato ante el cual, doña Irene, al igual que Sira Rego, Ministra de Juventud e Infancia del Gobierno de España, y orgullosa feminista en redes, también calla.

 

viernes, 6 de febrero de 2026

Porrota

La Gaceta de la Iberosfera, 30 de diciembre de 2024.

https://gaceta.es/opinion/porrota-20241230-0220/ 

Porrota

Hace unos días supimos que la Comunidad Autónoma Vasca ha dejado de participar en las evaluaciones impulsadas por la OCDE. Los alumnos vascos ya no se someten a los exámenes de competencias matemáticas ni a los que miden las habilidades digitales. El apagón es total, pues las provincias vascongadas, que destinan casi 11.000 euros por alumno frente a los 8.000 que gasta Castilla y León, tampoco publican los resultados de sus propias pruebas. Pese a tan gran desequilibrio entre dos comunidades vecinas, en realidad, pertenecientes a una misma entidad histórica, Castilla, los últimos informes PISA, sostienen que Castilla y León supera con creces en comprensión lectora y matemáticas al País Vasco, que se sitúa en mitad de la tabla regional. Los datos plantean una serie de interrogantes de entre los que se abre paso uno cuya sola invocación levanta ampollas: ¿el fracaso pudiera responder al modelo de inmersión lingüística?

La pregunta resulta ofensiva para los oídos piadosamente autonómicos, pues si hay algo sagrado en el régimen del 78 son las señas de identidad, la mayor parte de ellas fabricadas o normalizadas, que dan la coartada, en el caso vasco, acompañada por el terror etarra, para chantajear al Estado, un Estado plural, nos recuerdan machaconamente sus apóstoles, como si existieran Estados no plurales.

El ensimismamiento educativo vasco sorprende no sólo por lo infantil de tratar de ocultar tamaño fracaso, sino porque va en contra de la inercia histórica del europeísta PNV, partido protegido por potencias extranjeras durante el franquismo para tener preparada una vía alternativa al comunismo. No en vano, en 1950, la puesta de largo del proyecto cultural yanqui para Europa tuvo entre sus invitados en Berlín al sacerdote Alberto de Onaindía Zuloaga, que desarrolló un importante papel en el Pacto de Santoña y fue compañero de viaje de José Antonio Aguirrelehendakari en el exilio, y a la aristócrata Carmen de Gurtubay Alzola, que estuvo al servicio de Manuel de Irujo, ministro de la República española en el exilio y dirigente del Partido Nacionalista Vasco.

Contrariamente a esta trayectoria, los mandamases vascos han decidido autogestionar sus magros resultados académicos sin hacer autocrítica y sin ser conscientes de que su apuesta inmersiva a lo máximo a lo que alcanzará es a la sustitución del español por el inglés, herramienta fundamental para desenvolverse en esa Europa en la que se encontrarían con otras naciones liberadas del yugo español. Los síntomas ya son visibles, pues, aunque no es privativo de los hijos de Aitor, en la tierra de Elcano ya se puede leer Basque Culinary Center, rótulo con el que los cocineros vascongados tratan de ofrecer al mundo los platos de su genuino country.

El drama aumenta no sólo porque los vecinos castellanos y leoneses, maketos según la terminología xenófoba araniana, sacan mejores notas, sino por el hecho de que la propia configuración de la sociedad vasca se aleja cada día más de la homogeneidad necesaria para el adoctrinamiento en los dogmas peneuvistas. Con una tasa de natalidad bajísima, la euskorreposición se hace harto complicada y los nuevos vascos, al igual que los nuevos catalanes, no se ajustan al canon que, contra todos los baremos, se empeñan en mantener quienes han hecho de él una industria.

 

Un fular en Waterloo

La Gaceta de la Iberosfera, 23 de diciembre de 2024.

https://gaceta.es/opinion/un-fular-en-waterloo-20241223-0259/ 

Un fular en Waterloo

Apenas un mes después de ser reelegido secretario general de UGT, José María Álvarez puso rumbo a Waterloo para trabajar a favor de los intereses de Pedro Sánchez, que son los suyos pues, por más propaganda y fetiches, singularmente el canto, puño en alto, de La Internacional en los actos públicos del sindicato, el sueldo del asturiano depende enteramente del Gobierno y de los gobiernillos regionales, tanto de los «progresistas», como de los «conservadores», entre ellos, el de Moreno Bonilla.

Ha de recordarse que este trabajo, que podríamos calificar de fontanería, burdamente enmascarado bajo la excusa de negociar la reducción de la jornada laboral, viene a suceder a la visita que el sindicalista, en compañía de Juan Rosell, presidente de la CEOE, hizo en prisión a otro golpista, Oriol Junqueras, y que su vertical Unión General de Trabajadores pidió el indulto para los golpistas. Al cabo, tanto empresarios como sindicalistas forman parte del tinglado autonómico y del reparto de dádivas y subvenciones. Ambos, bajo diferentes marcas, recogen nueces como las que, caídas gracias a la deslealtad administrada por el mundo secesionista, va a disfrutar Cataluña, región que recibirá la mayor cantidad, un 15% del total, de los fondos de recuperación de la UE destinados a España.

El alineamiento de la UGT con el supremacismo catalanista es un clásico. Como anécdota, puedo esgrimir el hecho de que, en la única vez que he tenido la oportunidad de hablar con Álvarez, durante un programa de televisión, a la pregunta de cómo es posible que su sindicato trague con la inmersión lingüística obligatoria en Cataluña, el asturiano, incapaz de quitarme la razón, apenas esbozó unos balbuceos, antes de irse por los cerros de Montserrat e invocar un ascensor social movido por la ley del embudo. 

A pesar de lo contradictorio, en virtud de los ideales que dicen defender los sindicatos de clase, de estos trabajos a los que se entrega Álvarez, sus andanzas tienen pleno sentido si reparamos en que el principal gestor del régimen autonómico, el PSOE, marca el paso de las políticas e ideologías dominantes. Desaparecida gran parte de la industria pesada, esa que justificaba la existencia de sindicatos «de clase», estas organizaciones han virado hacia territorios, los identitarios, que nada tienen que ver con sus objetivos fundacionales. Vaciados de su original contenido, UGT y CCOO son hoy poco más que correas de transmisión de los partidos a los que sirven. De otro modo no se entendería que Álvarez pasee su fular por Waterloo para meter en vereda, en la del «Gobierno de progreso», a un prófugo de la justicia española cuyo fin último es destruir la nación española y con ello la unidad de mercado y de trabajadores, para dar paso a una republiqueta en la que no tendría espacio Álvarez alguno, pues la cuota de charnegos útiles sería innecesaria en una Cataluña independiente que no tuviera una España a quien echar la culpa de sus males.

Tanto o más interés que el propio Puigdemont, tiene Álvarez en que el golpista regrese a España. No en vano, él depende de que la maquinaria gubernamental siga dando oxígeno a su organización como pago a los servicios que presta como correveidile, en este caso, sí, internacional.

 

Historia de una escalera (confederal)

La Gaceta de la Iberosfera, 16 de diciembre de 2024.

https://gaceta.es/author/ivelez/page/6/ 

Historia de una escalera (confederal)

En 1949, Antonio Buero Vallejo ganó el premio Lope de Vega del Ayuntamiento de Madrid por su obra Historia de una escalera, que se estrenó el 14 de octubre de ese mismo año en el Teatro Español de Madrid. En el drama, sobre un escenario quebrado, el de las tabicas y las huellas, se desarrollan las historias de los vecinos del edificio, ambientadas en la primavera de 1919, el otoño de 1929 y el invierno de 1949. El verano de 1936 queda omitido. Años antes de la llegada de la televisión, las tablas de los teatros eran las plataformas más populares para trasladar, envueltas en metáforas, en alegorías y otros trucos literarios, críticas a la situación por la que atravesaba España. Al final de la década, la amistad entre dos dramaturgos, Pablo Martí Zaro, que en 1951 había obtenido el Premio Nacional Calderón de la Barca, por la obra El mal que no quiero, unieron sus destinos en el seno del Comité español del Congreso por la Libertad de la Cultura, organización anticomunista y europeísta, en un sentido federal, auspiciada por los servicios secretos del imperio useño. Buero se mantuvo en dicha organización, a la que le dedicamos Nuestro hombre en la CIA. Guerra Fría, federalismo, antifranquismo, hasta que a la prensa afloró la realidad del origen de sus auspicios.

Las actividades de ese y otros grupos que operaron durante el franquismo, dieron como fruto el actual régimen, publicitado como elquelosespañolesnoshemosdado, cuyos efectos disgregadores son patentes. Medio siglo después del hecho biológico incontrovertible que el PSOE se dispone a celebrar organizando una apretada agenda de ardorosa lucha contra el franquismo, todavía no concluido, si nos atenemos a las palabras de Ana Pardo de Vera, la foto tomada la pasada semana en la escalera del Palacio de la Magdalena, en Santander, resulta de lo más elocuente. En el centro de la imagen, Felipe VI, flanqueado por Pedro Sánchez, en cuya solapa refulge el rosco 2030, y por Francina Armengol. Cerrando la fila, los presidentes de las comunidades autónomas vasca y catalana, principales impulsoras de la desigualdad, dicen que por motivos identitarios, entre españoles. Detrás, el resto de presidentes.

Antes de la toma de esa imagen, las telepantallas ofrecieron los paseíllos de los barones, que son varones y hembras, es decir, barones y baronesas. El despliegue mediático tenía por objeto acercar al pueblo la realidad de la cogobernanza, retruécano pandémico que sirve al objetivo que llaman federal, pero que en realidad es confederal y, por supuesto, europeísta y antifranquista. Falta una nueva Guerra Fría —¿quizá el conflicto Rusia-Ucrania?— para reproducir el subtítulo mentado más arriba. Tal y como se preveía, la XXVII Conferencia de Presidentes celebrada en la históricamente llamada Montaña, parió un ratón. Según revelaron los presidentes populares, la cita giró en torno a una serie de folios en blanco, acaso repartidos para que cada uno de ellos escribiera su particular carta a los Reyes Magos, esos que no pernoctan en La Zarzuela. Porque sólo la magia puede terciar, por su manejo de las apariencias falaces, en el debate sobre los dineros, principalmente aquellos que necesita entregar Sánchez a las sectas catalanistas, hoy algo apaciguadas por la meliflua voz del conseguidor Illa, para permanecer en La Moncloa y sostener el tinglado con sede en Ferraz. Próxima cita: la Barcelona de la inmersión lingüística obligatoria y otras singularidades.

 

Blâh Infante ande o no ande

La Gaceta de la Iberosfera, 9 de diciembre de 2024.

https://gaceta.es/opinion/blah-infante-ande-o-no-ande-20241209-0355/ 

Blâh Infante ande o no ande

Muchas veces, durante mis andanzas por el Pumarejo y la Alameda, me entretenía leyendo las frases, repletas de circunflejos, apóstrofos y haches, que algunos, con más o menos ingenio —No tengo calôh, tengo mieo—, van dejando por las calles —pared blanca, papel de necios— sevillanas. De todas ellas, la más oportuna en estos días es la que, con rotulador indeleble se mantiene sobre un rugoso revoco: Blâh Infante ande o no ande. La frase es ambigua, se presta a la interpretación, pues su autor: ¿es blasinfantista? ¿acaso blasinfantilista? ¿estamos, quizá, ante un antiblasinfantista con sorna?

En línea con esas tropelías ortográficas parietales, Carolina España, Consejera de Economía, Hacienda y Fondos Europeos de la Junta de Andalucía, sostuvo, la semana pasada, en el contexto de los fastos conmemorativos de la ahistórica bandera andaluza, lo siguiente: «El habla andaluza, nuestro acento, es seña de identidad. Crearemos un grupo de trabajo para impulsar el habla andaluza, fomentar su uso y su valoración social, que centrará su difusión en centros educativos, universidades y el ámbito público y medios de comunicación». Por su parte, Juan Manuel Moreno Bonilla, afirmaba en español que, «el habla andaluza es el reflejo del alma de los andaluces, y la vamos a cuidar siempre. Firmamos, en la víspera del 4D, un protocolo con la Fundación Alejandro Rojas Marcos para promover nuestro acento y para que se respete». Con esta decisión, el así llamado Juanma, da continuidad al despliegue de una estrategia envolvente, capaz de engullir, untamiento mediante, a sindicatos de clase y a andalucistas del pelaje de Rojas Marcos.

¿Anxa êh Câttiya? ¡Po mâ anxa êh Andalucia!, parece pensar, en sintonía con otro grafiti, Moreno Bonilla, que ha acelerado, como en su día lo hizo Fraga con esa Galicia que para muchos ya es únicamente Galiza, el proceso de construcción e implantación de unas centralizadoras señas de identidad andaluzas que, transmitidas a los alumnos en las aulas, fabricarán nuevos andalucistas. A la adoración de Blas Infante, cuyo busto se alza a las puertas del salón de plenos de la que fue iglesia del Hospital de las Cinco Llagas, hoy Parlamento de Andalucía, el popular añade ahora algo esencial dentro del Estado de las Autonomías: la búsqueda de un idioma que convierta en impropio al español. Cateto tú que n´ontiendê l´andalûh, sostiene otra pintada deliciosa para la Fundación Alejandro Rojas Marcos, entregada a la búsqueda del acento más puro, a la decantación, como ya se ha hecho en Asturias con los bables aniquilados por una neolengua llamada «asturiano», de las hablas, hasta encontrar la común, la verdaderamente andaluza.

Aunque el tiempo lo dirá, no parece probable que el proceso emprendido por el actual presidente, andalûh a rabiâh, parece gritar otra pared, dé frutos tan analfabetizadores como los plasmados en las calles sevillanas. Sin embargo, esa apuesta por el alma de los andaluces excluye a muchos de ellos, singularmente a muchos de los más distinguidos hombres que históricamente ha dado esa tierra perteneciente a la Corona de Castilla, cuyos símbolos perduran en los escudos de sus ciudades frente a la artificiosa unificación verdiblanca. Sépalo o no Juanma, la actual Andalucía es un fruto decimonónico que nada tiene que ver con la ideología que profesan muchos de los que emborronan las paredes sevillanas. Con esos con los que coquetea el presidente, confiado en sus habilidades. Nada de eso —ar caraho tó— parece importar al graduado en protocolo y organización de eventos que preside esta comunidad autónoma, aspirante, como todas, a convertirse en un estadito justificado en las diferencias con el resto de regiones españolas.