sábado, 14 de febrero de 2026

Núñez, Ángel e Higuero y otros titulados del montón

La Gaceta de la Ibersofera, 4 de agosto de 2025.

https://gaceta.es/opinion/nunez-angel-e-higuero-y-otros-titulados-del-monton-20250804-0650/ 

Núñez, Ángel e Higuero y otros titulados del montón

«Tuvo muchas veces competencia con el cura de su lugar —que era hombre docto, graduado en Sigüenza—sobre cuál había sido mejor caballero: Palmerín de Inglaterra o Amadís de Gaula». La cita corresponde al capítulo primero de la primera parte del Quijote, en la cual, el hidalgo debatía con el sacerdote de su localidad acerca de la valía de aquellos personajes de fábula. Cervantes, nacido en la ciudad universitaria de Alcalá de Henares se mofaba del clérigo, formado en una universidad de menor prestigio, la de Sigüenza.

Aunque la España de la banda del Peugeot remita al Patio de Monipodio, nunca está de más regresar al Quijote. La visita es obligada a tenor de la crisis curricular desatada por la ya ex diputada popular, Noelia Núñez, a la que han dado continuidad el socialista José María Ángel, comisionado del Gobierno para la DANA y, de momento, el tránsfuga extremeño Ignacio Higuero. Es muy posible que la terna se vea aumentada pronto. El más firme candidato a convertirla en cuarteto es el prófugo de la justicia, Carles Puigdemont. En efecto, según ha desvelado Telemadrid, el de Amer no es ni licenciado en Periodismo ni en Filología Catalana, títulos que figuraron en su hoja de méritos. Indignado por el desvelamiento de esta basura curricular, el golpista envió un burofax a la cadena de Ayuso. En él, el golpista reconocía que el único título oficial que atesora es el de bachillerato. Un bachillerato ajustado a las leyes franquistas que lo equipara con uno de sus predecesores: José Montilla, ex presidente con menor pedigrí, a causa de su nacimiento en Iznájar.

El uso del término «titulitis» comenzó en los inicios de la década de los 70 y alcanzó su cénit cuando amplios sectores de la generación del baby boom, accedieron a la universidad pública, tiempo en el cual, los comedores de las viviendas obreras vieron colgar de sus paredes orlas y diplomas que enorgullecían a los padres de licenciados e, incluso, de doctores. Pronto, esos títulos requirieron de añadidos de pago: los máster. Generalizada la titulación, muchos políticos, bajo la fórmula «estudios de», adornaron sus currículums con títulos no completados e, incluso, como hemos visto en estos días, con carreras finalizadas antes de su implantación universitaria. Efectos de la titulación retrospectiva. 

La picaresca española goza de buena salud. De hecho, lo rufianesco, y en este caso no me refiero a don Gabriel, graduado social, une a España con la otra orilla del charco. Hace una década, en la Plaza de Santo Domingo de la Ciudad de México, siempre amenizada por el teclear de viejas máquinas de escribir, vi cómo se ofrecían títulos a la carta, obtenidos al instante a cambio de un puñado de pesos.

Aunque el caso de la joven ex diputada ha tenido un eco mediático, la que podríamos denominar doctrina Núñez, es decir, la dimisión o cese de quien se atribuya títulos que no posee, no parece que vaya a cuajar, pues de aplicarse, torres más altas que la de ese peón ayusista, caerían. Una de ellas, según ha desvelado la prensa, responde al nombre de Pilar Bernabé, delegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana y secretaria de igualdad del PSOE, protegida por el doctor que habita La Moncloa. 

 

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