sábado, 14 de febrero de 2026

La normalidad según Illa

La Gaceta de la Iberosfera, 8 de septiembre de 2025.

https://gaceta.es/opinion/la-normalidad-segun-illa-20250908-0107/ 

La normalidad según Illa

El próximo jueves se celebrará el así llamado Día Nacional de Cataluña​, vulgo Diada. Prohibida durante la Dictadura de Primo de Rivera, la Diada reapareció durante la II República y se volvió a prohibir durante el franquismo. Pese a ello, en los años cuarenta, el Frente Nacional de Cataluña realizó algunas acciones reivindicativas y en el muy franquista año de 1964 se constituyó el Comité del Once de Septiembre para celebrar el 250 aniversario de lo ocurrido en 1714. Alrededor de 3.000 personas, siete de las cuales fueron detenidas y multadas, se dieron cita en la conmemoración. En 1967, CC.OO., apoyada por el PSUC, se sumó a las celebraciones, decisión que fue cuestionada por la Coordinadora del Metal por entender que ello suponía «una clara tendencia integradora de la clase en la sociedad burguesa, pretendiendo confundir sus objetivos con los de la burguesía nacionalista llamando a la unidad en la «lucha por las libertades de Cataluña, por encima de los intereses de clase»».

La primera celebración legal de la Diada se hizo en Sant Boi de Llobregat, localidad en la que se encuentra la tumba de Casanova, fallecido en 1743 tras dedicar sus últimos años a la abogacía, el 11 de septiembre de 1976. El acto lo convocó la Asamblea de Cataluña, compuesta por partidos y sindicatos catalanistas. Un año después, la manifestación se trasladó a Barcelona bajo el lema, Libertad, amnistía y estatuto de autonomía, que se aprobó el 25 de octubre de 1979. Desde entonces, el catalanismo, controlador de todos los resortes educativos, económicos y mediáticos de Cataluña, ha empleado la derrota de las tropas austracistas concentradas en Barcelona como una afrenta histórica contra España. Ante esta falsificación histórica, un abrumador silencio oficial, pues el bipartidismo siempre ha estado dispuesto a plegarse a los poderes fácticos de esta región tan beneficiada por el franquismo.

Este año no será una excepción, varios pesebres catalanistas —la Asamblea Nacional Catalana, Ómnium Cultural, el Consejo de la República (sic), la Intersindical y el Centro Internacional Escarré por las minorías étnicas y las naciones— han convocado concentraciones en Barcelona, ​​Gerona y Tortosa para denunciar «los agravios de seguir formando parte de España, así como todos los motivos que nos señalan que el único camino por la supervivencia de la nación catalana es la independencia». En consecuencia, el lema elegido es, Independencia, más motivos que nunca. Es decir, más de lo mismo que condujo al golpe de Estado encabezado por el prófugo de la justicia, Carles Puigdemont, al que Salvador Illa ha visitado esta semana para rendirle pleitesía y buscar algún enjuague con Moncloa. Nada, por otro lado, sorprendente, pues el PSC es el tocomocho histórico del catalanismo, el conseguidor susurrante, el empleador de charnegos asimilados, el cultivador del mito del seny, la organización que condiciona a un PSOE, ya desalojado de Andalucía, que trata de mantener una mastodóntica maquinaria a cuyos mandos, como si del conductor de un Peugeot se tratara, está Sánchez. La pesecedependencia de la empresa radicada en Ferraz se mantiene desde los tiempos de Zapatero y llega al extremo de conceder el cuponazo catalán y asumir sus previsibles consecuencias en otras federaciones. No hay exigencia del catalanismo a la que el PSOE se oponga. Y en este proceso, en este re-proceso, Illa es la pieza fundamental. Sólo él podría decir, en la antesala de una Diada a la que acudirá con solemne envaramiento, que no habrá normalidad hasta que Puigdemont vuelva y Junqueras sea candidato. Así es la normalidad illesca. Un nuevo reparto de la obra extractiva que opera bajo diversas marcas en busca de un privilegio que pagaremos todas las «bestias con forma humana».

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