La Gaceta de la Iberosfera, 23 de febrero de 2026.
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Alerta ante el fascio durmiente
El pasado 18 de febrero, Sarah Santaolalla, Gabriel Rufián y Emilio Delgado llenaron la Sala Galileo Galilei. Ante un público tan esperanzado como temeroso ante el acceso al poder de la extrema derecha y la llegada de algo muy parecido al Apocalipsis, el trío, sentado bajo un lema que rezaba, Disputar el presente para ganar el futuro, junto a un puño izquierdo, repasó los principales males que aquejan a la sociedad española. Unos males que resultaron ser, en gran parte, … los mismos que denuncia Vox. La ceremonia, que contó con la retransmisión en directo de Televisión Española, planteó una hipotética candidatura conjunta, de carácter estatal, pues el término «nacional» es tabú en ese ambiente, de cara a las próximas elecciones generales.
Aunque la Santaolalla, por aquello de las proporciones comentadas por Rosa Belmonte, acaparó gran parte de la atención, Rufián fue quien más se acercó a una propuesta concreta. Tras confesar que tenía miedo «como demócrata», el más pichi de los diputados españoles, se preguntó: «¿Qué sentido tiene que catorce izquierdas representando lo mismo se presenten en el mismo sitio? ¿Quién se presenta en Girona (sic), en Sevilla, en Valencia, en Madrid…? ¿Vale la pena seguir compitiendo entre nosotros para ver quién es más puro y quién hace mejores tuits?».
La solución la dio él mismo: que el partido con más posibilidades dentro del ámbito izquierdista dejado por el PSOE, sea el único que concurra en aquellos lugares en los que la rivalidad entre siglas debilite a todos. La fórmula del de Santa Coloma de Gramanet supondría, por ejemplo, que su propio partido no se debería presentar en las provincias catalanas, pues Comuns les superó en votos. Como era de prever, el golpista Junqueras terció de inmediato para aclarar que ERC concurrirá en las cuatro provincias catalanas.
En cuanto al principal apoyo del Gobierno, EH Bildu, la cuestión se resolvió automáticamente. Con unas encuestas que atisban el sorpaso a sus mayores, al PNV, los de Otegui no piensan prestarse a la estrategia de un maketo que, a su vez, es un charnego, cuestiones estas, las de la xenofobia vasquista y catalanista, que parece haber olvidado nuestro hombre, plenamente integrado en los ambientes madrileños en los que le ríen las gracias. El BNG también se ha desmarcado pues, al igual que las marcas mencionadas, los bloquistas fantasean vivir ya en una nación, por lo que no ven sentido a invadir territorios ajenos. En definitiva, la ocurrencia de Rufián, que hace tiempo se quejaba de que con sus impuestos se pagaba el comedor de sus primos de Jaén, ha nacido muerta, aunque ha servido de revulsivo.
En efecto, como réplica a la charla del Galileo, el izquierdismo partitocrático ha regresado en el Círculo de Bellas Artes, también de Madrid, pues el plurinacionalismo rara vez se lanza desde provincias. En el edificio de Antonio Palacios, Rita Maestre, Lara Hernández, Antonio Maíllo, y los ministros Ernest Urtasun y Mónica García, en representación de Más Madrid, Sumar, Izquierda Unida y Comuns, se comprometieron a tejer las alianzas de siempre.
En el acto, titulado Un paso al frente, destacaron las palabras de Mónica García: «La izquierda no tenemos la culpa de que esté Vox. La culpa es del fascio durmiente desde el franquismo, esa nueva temporada de The Walking Dead. La culpa de Vox es de un PP mimetizado con todo su catálogo de ideas ultras». O lo que es lo mismo, un nuevo «que viene el lobo».
La inquietud cunde en el espectro a la siniestra de Sánchez hasta el punto de que varios miembros de su Gobierno plantean transformaciones que les permitan sobrevivir. Fuera de foco, los podemitas, por boca de Irene Montero, ya han anunciado la buena nueva. «Hay ganas de izquierda», dice la vocera de Galapagar, que anticipa «caerán por su propio peso». Es decir, por la cuenta que les trae.
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