La Gaceta de la Iberosfera, 19 de enero de 2026.
https://gaceta.es/opinion/ortega-lara-o-la-amnesia-democratica-20260119-0015/
Ortega Lara o la amnesia democrática
El año 2025 se cerró, y como cantaba Gardel, el mundo sigue andando. Los fastos que se desarrollaron al subvencionado calor del programa España en libertad que, en realidad, celebraba los 50 años de la muerte del general gallego, apenas han servido para que los propagandistas habituales sigan haciendo caja a rebufo de aquella Memoria histórica puesta en marcha por Zapatero y reimpulsada por Sánchez al trocar «histórica» por «democrática».
Si de aniversarios se trata, la semana pasada se cumplió uno al que el Gobierno «de progreso» no ha prestado la atención que se merece: los 30 años del inicio del secuestro de José Antonio Ortega Lara a manos de la banda que, según denunció el Colectivo de Víctimas del Terrorismo, nutrió las listas de candidatos de las elecciones de mayo de 2023 con 44 condenados por pertenecer a ETA. En efecto, el 17 de enero de 1996 la banda terrorista secuestró al funcionario de prisiones en Burgos y lo trasladó a una nave industrial de Mondragón. Ortega Lara permaneció 532 día bajo tierra, enterrado en vida en un zulo de 3 metros de largo por 2,5 de ancho y 1,8 m de altura. El 1 de julio de 1997, gracias a la actuación de la Guardia civil, al mando del, por entonces, capitán Manuel Sánchez Corbi, fue liberado.
Todo el que tenga algo de memoria episódica recuerda la mirada desorientada de aquel hombre macilento que, según contó, se había dejado una larga barba porque a su hijo le gustaba jugar con la de su tío. La esperanza de aquel espectro humano quedó condensada en una barba propia de un profeta. Desesperado, Ortega Lara llegó, incluso, a pedir ser ejecutado, pero fue arrancado de la muerte por los hombres de Sánchez Corbi, destituido por el ministro Fernando Grande-Marlaska en agosto de 2018 por «pérdida de confianza».
El Año Franco se cerró con más pena que gloria para un Gobierno aquejado de una monomanía franquista que empieza a dar resultados contrarios a los esperados. Hartos de tan burda caricatura, muchos son los jóvenes —rebeldía obliga— que se han empezado a interesar por la figura histórica de Franco y del franquismo. Toda leyenda negra tiene su correlato rosa. Las nuevas generaciones pasan de pedirle a papá que le cuente otra vez esa historia tan bonita. La desidia es lógica, pues quien la contaba, cuando la contaba, es ya el abuelo, y la distancia generacional se agranda día a día. Y muchos de esos abuelos, supuestamente protagonistas de la Transición, estaban menos ideologizados de lo que desean los beneficiarios de una memoria democrática en la que no tiene cabida Ortega Lara, del que no faltan quienes piensen que «algo habría hecho».
En este 2026 que tendría que tener mucho de Año Ortega Lara, su recuerdo es molesto, pues el socio más fiable del PSOE es EH Bildu, formación cuya portavoz en el Congreso estuvo tras un titular que da cuenta de su catadura moral: «Ortega vuelve a la cárcel». Treinta años después, el etarra Bolinaga ya cubrió su ciclo vital. El resto de secuestradores —José Luis Erostegui Bidaguren, José Miguel Gaztelu Ochandorena y Javier Ugarte Villar— gozan ya de libertad y del reconocimiento de gran parte de una sociedad tan sobrefinanciada como enferma.
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