sábado, 21 de febrero de 2026

Lechuga, sol y chistorra

La Gaceta de la Iberosfera, 6 de octubre de 205.

https://gaceta.es/opinion/lechuga-sol-y-chistorra-20251006-0001/ 

Lechuga, sol y chistorra

Poco más de doscientos habitantes, según el censo, tiene Maranchón. El pueblo, sin embargo, mantiene las huellas de su antiguo esplendor. Cuna de tratantes, la localidad alcarreña alcanzó renombre en el ya desaparecido mundo de la muletería. Su fama trascendió a la hoy llamada «Siberia española», con capital en Molina de Aragón. En su episodio nacional, Narváez, Galdós contó que los maranchoneros, de los que también habló Baroja, llegaron a emplear obligaciones de pago para facilitar las transacciones con sus clientes. Como ocurría con tantos otros oficios, los maranchoneros tenían incluso una jerga propia: la migaña —palabra que puede proceder de la expresión «me engaña»— para hacer sus tratos. 

Hace mucho tiempo que el motor de explosión, hoy amenazado por el eléctrico, eclipsó a las acémilas. Sin embargo, la picaresca y su lenguaje, que tanto llamó la atención de Cervantes, goza de buena salud. Prueba de ello son las últimas revelaciones de la UCO, que nos han descubierto la jerga koldiana, pues al antaño portero del club Rosalex, se debe el renombre de los billetes de 100, 200 y 500 euros. Lechuga, sol y chistorra son los nombres que el navarro daba a un papel moneda que al contrario de lo que dice la copla, no corría como la falsa moneda, sino como jugosas retribuciones de difícil encaje contable. Cada cual tiene sus referencias, y si los Pujol hablaban de misales para referirse a los millones de pesetas que iban hacia sus cuentas andorranas, Koldo ha secularizado ese vocabulario para confeccionar un plato combinado similar a los que pudo degustar, junto al resto de peugeotnautas, mientras reconstruían a Sánchez. El escándalo cuenta, en este caso, con la imagen de sobres con el logotipo del PSOE, para los que la empresa radicada en Ferraz ha elaborado un contraargumento —se trataría de retribuciones limpias— que el tiempo y las togas se encargarán de avalar, con uve… o no. 

Al cierre de esta columna, Sánchez tiene imputados a su hermano, del que hemos sabido que vivió como un topo en Moncloa para mejorar sus balances fiscales, a su esposa, a sus dos ex secretarios de Organización y al Fiscal General del Estado, al que le separan tres semanas de sentarse en el banquillo de los acusados. Los sobres vendrían ahora a «barcenizar» al PSOE y hemos de recordar que la imaginativa contabilidad genovesa fue la excusa para articular la moción de censura que llevó a Sánchez a un Palacio de La Moncloa que no abandonará sin usar cualquier recurso a su favor. Su demostrada amoralidad es su mayor fortaleza.

Mal harían quienes acarician con los dedos el fin del sanchismo. El PSOE es el principal constructor del régimen del 78 y las inercias de este son potentes. La exigencia de transparencia y de honradez, esa de la que tanto ha presumido el partido de Sánchez, son valores maleables sujetos al momento político. Hace siete años, la trama Gürtel, es decir, la de la financiación ilegal del PP, desbancó a Rajoy. Hoy, las noticias que vamos conociendo se asemejan mucho a un caso análogo. Sin embargo, los socios del Gobierno callan. Y las razones de ese silencio son bien conocidas. Sánchez es un auténtico filón para las sectas extractivas que la democracia «que los españoles se dieron» ha fomentado. Sólo él sería capaz de indultar y amnistiar a golpistas, de mantener abierto un canal de negociación con Puigdemont, de permitir el trato privilegiado que se da a los etarras o de dar una financiación privilegiada a la región que acumula más deslealtad. 

Por todas estas razones, no cabe esperar ningún movimiento por de Sumar, EH Bildu, ERC, etc. Para los primeros, Sánchez, que los devorará, es la garantía de una supervivencia que se agotaría en unas elecciones inmediatas. Para los otros, el madrileño no es más que un español, es decir, un individuo en el que se concentran los contravalores del supremacismo que España financia con algo más que lechugas, soles y chistorras.

 

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